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BAHÁ'U'LLÁH



(c) Comunidad Internacional Bahá'í
Oficina de Información Pública, New York

Título original en inglés:
BAHÁ'U'LLÁH




CONTENIDO



Bahá'u'lláh
El nacimiento de una nueva Revelación
Exilio
La Declaración en el Jardín de Ri¤ván
"La Inmutable Fe de Dios"
La Manifestación de Dios
"Una civilización en continuo progreso"
El Día de Dios
La Proclamación a los Reyes
La llegada a Tierra Santa
La religión como luz y oscuridad
La Paz Mundial
"No por Mi propia Voluntad"
El Convenio de Dios con la Humanidad

Notas



El 29 de mayo de 1992 señala el centenario del fallecimiento de Bahá'u'lláh. Su visión de la humanidad como un solo pueblo y de la Tierra como una patria común, que fue rechazada sin prestarle atención por los líderes del mundo a quienes se les proclamó por primera vez hace más de cien años, se ha convertido hoy en el centro de convergencia de la esperanza humana. Del mismo modo, resulta ineludible el derrumbamiento del orden moral y social, previsto en esta misma declaración con sobrecogedora claridad.
Este acontecimiento ha motivado la publicación de esta breve introducción a la vida y obra de Bahá'u'lláh. Preparada a petición de la Casa Universal de Justicia, responsable de la empresa mundial que los acontecimientos de hace un siglo pusieron en marcha, ofrece una perspectiva del sentimiento de confianza con el que los bahá'ís de todo el mundo contemplan el futuro de nuestro planeta y nuestra especie.



BAHÁ'U'LLÁH

A medida que se aproxima el nuevo milenio, la necesidad crucial de la raza humana es encontrar una visión unificadora de la naturaleza del hombre y la sociedad. Durante el último siglo la respuesta de la humanidad a este impulso ha desencadenado una serie de conmociones ideológicas que han convulsionado nuestro mundo y que ahora parecen haber quedado exhaustas. La pasión invertida en el esfuerzo, a pesar de sus resultados desalentadores, da prueba de la profundidad de tal necesidad, puesto que sin una convicción común sobre el curso y la dirección de la historia humana, es inconcebible que se puedan poner los cimientos de una sociedad mundial con la que el conjunto de la humanidad pueda comprometerse.
Tal visión se desarrolla en los escritos de Bahá'u'lláh, la figura profética del siglo diecinueve cuya influencia creciente es el hecho más destacable de la historia religiosa contemporánea. Nacido en Persia el 12 de noviembre de 1817, Bahá'u'lláh1 emprendió a la edad de 27 años una labor que ha cautivado gradualmente la imaginación y la lealtad de varios millones de personas de prácticamente todas las razas, culturas, clases y naciones de la Tierra. El fenómeno es de tal magnitud que no tiene punto de comparación en el mundo contemporáneo, sino que está asociado más bien con los culminantes cambios de dirección del pasado colectivo de la raza humana. Bahá'u'lláh declaró ser nada menos que el Mensajero de Dios para la edad de la madurez humana, el Portador de una Revelación Divina que cumple las promesas hechas en las religiones anteriores y que generará el valor y los recursos espirituales necesarios para la unificación de los pueblos del mundo.
Aunque sólo fuera por los efectos que ya han tenido, la vida y los escritos de Bahá'u'lláh deberían atraer la atención sincera de cualquier persona que crea que la naturaleza humana es fundamentalmente espiritual y que la organización venidera de nuestro planeta debe estar inspirada en este aspecto de la realidad. La documentación que acredita estas afirmaciones está abierta a la investigación general. Por primera vez en la historia, la humanidad tiene a su disposición una crónica detallada y verificable tanto del nacimiento de un sistema religioso independiente como de la vida de su Fundador. Igualmente accesible es la crónica de la respuesta que ha generado la nueva fe con el nacimiento y desarrollo de una comunidad mundial que ya puede afirmar con justicia que representa un microcosmos de la raza humana2.
Durante las primeras décadas de este siglo este proceso era relativamente desconocido. Los escritos de Bahá'u'lláh prohiben el proselitismo agresivo que ha permitido a muchos mensajes religiosos ser ampliamente difundidos. Además, la prioridad que dio la comunidad bahá'í al establecimiento de grupos a nivel local por todo el planeta iba en detrimento de la rápida aparición de grandes concentraciones de creyentes en cualquier país o de la movilización de los recursos requeridos para programas de información pública a gran escala. Arnold Toynbee, interesado por cualquier fenómeno que pudiera representar el surgimiento de una nueva religión universal, señaló en los años cincuenta que la Fe Bahá'í era entonces más o menos tan conocida por el occidental de cultura media como el Cristianismo lo había sido para la clase equivalente del Imperio Romano durante el siglo segundo d.C.3
En años más recientes, al acelerarse el crecimiento numérico de comunidades bahá'ís en muchos países, la situación ha cambiado de manera radical. Prácticamente no existe hoy día una zona del mundo donde no esté echando raíces el modelo de vida enseñado por Bahá'u'lláh. El respeto que los proyectos de desarrollo económico y social de la comunidad están comenzando a ganar en círculos gubernamentales, académicos y de las Naciones Unidas refuerza aún más el argumento a favor de un examen objetivo y serio del impulso que yace tras un proceso de transformación social que es, en sus aspectos fundamentales, único en nuestro mundo.
No hay ninguna duda sobre la naturaleza del impulso generador. Los escritos de Bahá'u'lláh abarcan una enorme variedad de temas, desde cuestiones sociales como la integración racial, la igualdad de sexos y el desarme, a aquellas cuestiones que afectan a la vida íntima del alma humana. Los textos originales, muchos de ellos de Su propio puño, otros dictados y ratificados por Su autor, han sido conservados meticulosamente. Durante varias décadas y mediante un programa sistemático de traducción y publicación se han hecho asequibles diversas selecciones de los escritos de Bahá'u'lláh a gentes de todas partes, en más de ochocientos idiomas.


El nacimiento de una nueva Revelación

La misión de Bahá'u'lláh comenzó en una mazmorra subterránea de Teherán en agosto de 1852. Nacido en el seno de una familia noble cuyo linaje se remontaba hasta las grandes dinastías del pasado imperial de Persia, no aceptó la carrera ministerial que se Le brindaba en el gobierno y escogió, en su lugar, dedicar Sus energías a diversas acciones filantrópicas que, para comienzos de la década de 1840, Le habían ganado amplio renombre como el "Padre de los Pobres". Esta existencia privilegiada se desmoronaría rápidamente después de 1844, cuando Bahá'u'lláh se convirtió en uno de los principales defensores de un movimiento que había de cambiar el curso de la historia de Su país.
Los primeros años del siglo XIX fueron un período de expectativas mesiánicas en muchos países. Profundamente perturbados por las implicaciones de las investigaciones científicas y de la industrialización, creyentes sinceros de muchas procedencias religiosas se volvieron hacia las escrituras de sus respectivas confesiones intentando comprender los cada vez más acelerados procesos de cambio. En Europa y América, grupos como los "templers" y los "milleristas" creyeron haber encontrado pruebas en las escrituras cristianas que apoyaban su convicción de que la historia había terminado y que el retorno de Jesucristo estaba muy próximo. Una conmoción de similares características ocurrió en Oriente Medio en torno a la creencia de que el cumplimiento de varias profecías del Corán y de las tradiciones islámicas era inminente.
Sin duda, el más dramático de estos movimientos milenaristas había sido el surgido en Persia alrededor de la persona y las enseñanzas de un joven comerciante de la ciudad de Shiraz, conocido por la Historia como el Báb4. Durante nueve años, de 1844 a 1853, persas de todas las clases sociales se vieron envueltos en un torbellino de esperanza y entusiasmo desatado por el anuncio hecho por el Báb de que el Día de Dios estaba cerca y que Él mismo era el Prometido de las escrituras islámicas. La humanidad estaba, según decía Él, en el umbral de una era que presenciaría la reestructuración de todos los aspectos de la vida. Nuevos campos del conocimiento aún inconcebibles permitirían que incluso los niños de la nueva era sobrepasaran al más erudito de los sabios del siglo diecinueve. La raza humana era llamada por Dios a abrazar estos cambios emprendiendo una transformación de su vida espiritual y moral. Su propia misión era la de preparar a la humanidad para el acontecimiento que constituía el corazón mismo de estos sucesos, la venida de ese Mensajero universal de Dios, "Aquél a Quien Dios manifestará", esperado por los seguidores de todas las religiones5.
Esta declaración suscitó una violenta hostilidad por parte del clero musulmán, que enseñaba que el proceso de la Revelación Divina había terminado con Muhammad y que cualquier afirmación de lo contrario constituía una apostasía castigable con la muerte. Sus acusaciones contra el Báb obtuvieron en seguida el apoyo de las autoridades persas. Miles de seguidores de la nueva fe perecieron en una horrenda serie de masacres llevadas a cabo por todo el país y el Báb fue ejecutado públicamente el 9 de julio de 18506. En una época de creciente presencia occidental en Oriente, estos hechos despertaron el interés y la compasión de círculos europeos influyentes. La nobleza de la vida y enseñanzas del Báb, el heroísmo de Sus seguidores y la esperanza de reformas fundamentales que habían prendido en un país oscurecido, ejercieron una poderosa atracción sobre personalidades entre las que se contaban Ernest Renan, Leon Tolstoy, Sara Bernhardt y el Conde de Gobineau7.
Debido a su destacado papel en la defensa de la causa del Báb, Bahá'u'lláh fue arrestado y conducido, encadenado y a pie, hasta Teherán. Protegido en cierta medida por una reputación personal impresionante y por la posición social de Su familia, así como por las protestas que el holocausto de los babíes había provocado por parte de embajadas occidentales, no fue sentenciado a muerte como propugnaban influyentes figuras de la corte real. En lugar de ello, fue arrojado al famoso Siyáh- Chál, el "Pozo Negro", una mazmorra profunda y plagada de sabandijas que se había creado en uno de los abandonados depósitos de agua de la ciudad. No se presentaron cargos, pero Él y unos treinta compañeros fueron confinados sin apelación posible en la oscuridad y suciedad de ese pozo, rodeados de curtidos criminales, muchos de ellos condenados a muerte. En torno al cuello de Bahá'u'lláh cernieron una pesada cadena, tan famosa en los ambientes penitenciarios que se le había dado nombre propio. Como no pereció tan rápidamente como esperaban, intentaron envenenarle. Las marcas de la cadena habrían de quedar en Su cuerpo para el resto de Su vida.
En los escritos de Bahá'u'lláh ocupa un lugar fundamental la exposición de los grandes temas que han preocupado a los pensadores religiosos de todas las épocas: Dios, el papel de la Revelación en la historia, la relación que existe entre los diferentes sistemas religiosos del mundo, el significado de la fe y la autoridad moral como base de la organización de la sociedad humana. Algunos pasajes de estos textos hablan de forma íntima de Su propia experiencia espiritual, de Su respuesta a la llamada de Dios y del diálogo con el "Espíritu de Dios", cuestiones que laten en el corazón mismo de Su misión. Nunca antes la historia religiosa ha ofrecido al investigador la oportunidad de tener un encuentro tan sincero con el fenómeno de la Revelación Divina.
Hacia el final de Su vida, los escritos de Bahá'u'lláh sobre Sus primeras experiencias incluyen una breve descripción de las condiciones del Siyáh-Chál.
Fuimos recluídos durante cuatro meses en un lugar pestilente más allá de toda comparación. [...] El calabozo estaba envuelto en profunda oscuridad y el número de nuestros compañeros de prisión llegaba casi a ciento cincuenta almas: ladrones, asesinos y salteadores de caminos. Atestado como estaba, no tenía otra salida que el pasadizo por el cual entramos. No hay pluma que pueda describir aquel lugar, ni lengua alguna expresar su repugnante hedor. La mayoría de aquellos hombres no tenía ropas ni lecho donde acostarse. ¡Sólo Dios sabe lo que Nos aconteció en aquel hediondo y lóbrego lugar!8
Cada día los centinelas descendían los tres empinados tramos de escalera que daban al pozo, prendían a uno o más prisioneros y los arrastraban fuera para ser ejecutados. En las calles de Teherán, los observadores occidentales quedaban horrorizados ante las escenas de víctimas babíes a las que disparaban desde la boca de un cañón, asestaban hachazos y golpes de espada hasta darles muerte, o conducían al lugar de su martirio con velas encendidas incrustadas en las heridas que les hacían en el cuerpo9. Fue en estas circunstancias, ante la perspectiva de Su propia e inminente muerte, cuando Bahá'u'lláh recibió las primeras señales de Su misión :
Cierta noche, en un sueño, se escucharon por doquier estas exaltadas palabras: "Verdaderamente, Te haremos victorioso por Ti mismo y por Tu pluma. No Te aflijas por lo que Te ha acontecido, ni temas porque Tú estás a salvo. Dentro de poco Dios hará surgir los tesoros de la tierra: hombres que Te ayudarán por Ti mismo y por Tu nombre, para lo cual Dios ha hecho revivir los corazones de aquellos que Le han reconocido."10
La experiencia de la Revelación Divina, tratada sólo de forma indirecta en los relatos que se han conservado sobre la vida de Buda, Moisés, Jesucristo y Muhammad, es descrita de forma gráfica por las propias palabras de Bahá'u'lláh:
Durante los días en que yací en la prisión de Teherán, a pesar de que el mortificante peso de las cadenas y la atmósfera hedionda sólo Me permitían dormir un poco, aun en esos infrecuentes momentos de adormecimiento Yo sentía como si algo fluyera desde la corona de Mi cabeza sobre Mi pecho, como un poderoso torrente que se precipitara sobre la tierra desde la cumbre de una elevada montaña. Como consecuencia de ello, cada miembro de Mi cuerpo se encendía. En esos momentos Mi lengua recitaba lo que ningún hombre soportaría oír.11


Exilio

Finalmente, y todavía sin haberse celebrado juicio ni haberse presentado recurso alguno, Bahá'u'lláh fue liberado de la prisión y desterrado inmediatamente de Su tierra natal, confiscándosele arbitrariamente Sus riquezas y propiedades. El representante diplomático ruso, que Le conocía personalmente y había seguido las persecuciones babíes con creciente preocupación, Le ofreció su protección y refugio en tierras que estaban bajo el control de su gobierno. Dado el clima político imperante, la aceptación de tal ayuda hubiese sido tergiversada por otros, casi con seguridad, atribuyéndola a implicaciones políticas12. Quizá por esta razón Bahá'u'lláh prefirió aceptar el destierro al vecino territorio de Iraq, en aquel entonces bajo el dominio del Imperio Otomano. Esta expulsión fue el comienzo de cuarenta años de exilio, encarcelamiento y amarga persecución.
En los años inmediatamente posteriores a Su salida de Persia, Bahá'u'lláh dio prioridad a las necesidades de la comunidad babí que se había agrupado en Bagdad, una tarea que había recaído sobre Él por ser el único verdadero líder babí que había sobrevivido a las masacres. La muerte del Báb y la pérdida casi simultánea de la mayoría de los maestros y guías de la nueva fe habían dejado a los creyentes dispersos y desmoralizados. Cuando Sus esfuerzos por reunir a los que habían huído a Iraq despertaron celos y disensión13, Él siguió el camino que todos los Mensajeros de Dios anteriores habían tomado y se retiró a un lugar desierto, escogiendo para este propósito la región montañosa del Kurdistán. Su retiro, como diría posteriormente, "no contemplaba regreso". El motivo "era evitar llegar a ser objeto de discordia entre los fieles, fuente de disturbios para nuestros compañeros". Aunque los dos años pasados en el Kurdistán fueron un período de severas privaciones y sufrimiento físico, Bahá'u'lláh los describe como una época de intensa felicidad durante la cual reflexionó profundamente sobre el mensaje que se Le había confiado: "A solas, comulgábamos con Nuestro espíritu, ajenos al mundo y a todo lo que hay en él."14
Sólo con grandes reticencias, y porque estimaba que era Su responsabilidad hacia la causa del Báb, accedió finalmente ante los mensajes urgentes del resto del desesperado grupo de exiliados de Bagdad que habían descubierto Su paradero y Le rogaban que volviera y asumiera la dirección de la comunidad.
Dos de los volúmenes más importantes de los escritos de Bahá'u'lláh datan de este primer período de exilio que precede a la declaración de Su misión en 1863. El primero de ellos es un pequeño libro que Él tituló Las Palabras Ocultas. Escrito en forma de compilación de aforismos morales, este volumen constituye el corazón ético del mensaje de Bahá'u'lláh. En versos que Bahá'u'lláh describe como la esencia de las enseñanzas espirituales de todas las Revelaciones del pasado, la voz de Dios habla directamente al alma humana:
¡Oh Hijo del Espíritu!
Lo más amado de todo ante Mi vista es la Justicia; no te separes de ella si está en Mí tu anhelo y no la menosprecies para tener en ti Mi confianza. Con su ayuda verás con tus propios ojos y no por los ojos de otros y comprenderás por tu propio entendimiento y no por el de tu vecino. Pondera en tu corazón cómo te corresponde ser. En verdad, la Justicia es Mi dádiva para ti y el signo de Mi amorosa bondad. Manténla pues ante tus ojos.
¡Oh hijo del Ser!
Ámame para que Yo pueda amarte. Si tú no Me amas, Mi amor no puede en modo alguno llegar a ti. Sábelo, oh siervo.
¡Oh Hijo del Hombre!
No te aflijas a menos que estés lejos de Nosotros. Y no te regocijes a menos que te acerques y vuelvas a Nosotros. [...]
¡Oh Hijo del Ser!
Con las manos del poder te hice y con los dedos de la fuerza te creé; y dentro de ti he puesto la esencia de Mi luz. Conténtate con ella y no busques nada más, pues Mi obra es perfecta y Mi mandato es ineludible. No lo cuestiones ni lo pongas en duda.15
La segunda de las dos obras fundamentales compuestas por Bahá'u'lláh durante este período es el Libro de la Certeza, una amplia exposición de la naturaleza y propósito de la religión. En pasajes que extraen significados no sólo del Corán, sino con igual facilidad y penetración del Antiguo y Nuevo Testamento, se describe a los Mensajeros de Dios como agentes de un proceso único y continuo: el despertar de la raza humana a sus potencialidades espirituales y morales. Una humanidad que ha llegado a la madurez puede responder ante una presentación directa de las enseñanzas que va más allá del lenguaje de la parábola o la alegoría; la fe es una cuestión no ya de creencia ciega, sino de conocimiento consciente. Ya no se requiere la guía de una élite eclesiástica: el don de la razón confiere a cada individuo en esta nueva era de iluminación y educación la capacidad de responder a las instrucciones divinas. Es una prueba de sinceridad:
Ningún hombre podrá alcanzar las orillas del océano del verdadero entendimiento a menos que se haya desprendido de todo lo que hay en el cielo y en la tierra. [...] La esencia de estas palabras es que quienes hollan el sendero de la fe, quienes ansían el vino de la certeza, deben purificarse de todo lo terrenal: sus oídos de la palabrería ociosa; sus mentes de las imaginaciones vanas; sus corazones de las aficiones mundanas y sus ojos de lo que perece. Deben poner su confianza en Dios y, asiéndose firmemente a Él, seguir Su camino. Entonces se harán merecedores de las resplandecientes glorias del sol del divino conocimiento y comprensión [...] por cuanto el hombre no puede esperar jamás alcanzar el conocimiento del Todo Glorioso [...] a menos que deje de considerar las palabras y acciones de los hombres como norma para la verdadera comprensión y reconocimiento de Dios y Sus Profetas.
Considera el pasado: Cuántos hombres, elevados y humildes, han esperado ansiosamente en toda época el advenimiento de las Manifestaciones de Dios en la santificada persona de Sus Elegidos. [...] Y siempre que se abrieron las puertas de la gracia y las nubes de munificencia divina se vertieron sobre la humanidad y la luz del Invisible brilló sobre el horizonte de poder celestial, todos ellos Le negaron y se apartaron de Su rostro, el rostro de Dios mismo. [...]
Sólo cuando la lámpara de la búsqueda, del esfuerzo ardiente, del deseo anhelante, de la devoción apasionada, del amor fervoroso, del arrobamiento y del éxtasis se haya encendido en el corazón del buscador y sople sobre su alma la brisa de Su amorosa bondad, será disipada la oscuridad del error, será dispersada la bruma de las dudas y los recelos y su ser será envuelto por la luz del conocimiento y de la certeza. [...] Entonces los múltiples favores y la efusión de gracia del santo y eterno Espíritu conferirán al buscador una nueva vida tal que se hallará dotado de una vista nueva, un oído nuevo, un corazón nuevo y una mente nueva. [...] Mirando con el ojo de Dios, percibirá dentro de cada átomo una puerta que le conducirá a las posiciones de la certeza absoluta. En todas las cosas descubrirá [...] las evidencias de una sempiterna Manifestación.
Cuando el canal del alma humana se haya limpiado de todo apego impeditivo y mundano, percibirá indefectiblemente, a través de distancias inmensurables, el hálito del Bienamado y, guiado por su perfume, llegará a la Ciudad de la Certeza y entrará en ella. [...]
Aquella Ciudad no es otra que la Palabra de Dios, revelada en cada época y dispensación. [...] Toda la guía, las bendiciones, el conocimiento, la comprensión, la fe y la certeza conferidas a cuanto hay en el cielo y en la tierra, están ocultas y se atesoran en esas Ciudades.16
No se hace referencia abiertamente a la propia misión, aún no anunciada, de Bahá'u'lláh; en concreto, El Libro de la Certeza está estructurado en torno a una vigorosa exposición de la misión del martirizado Báb. Una de las razones, no la menos importante, de la poderosa influencia del libro sobre la comunidad babí, que contaba con un buen número de eruditos y ex-seminaristas, fue el dominio del pensamiento y enseñanzas islámicas que despliega su autor al demostrar la pretensión del Báb de haber cumplido las profecías del Islam. Dirigiéndose a los babíes para pedirles que fueran dignos de la confianza que el Báb había depositado en ellos y del sacrificio de tantas vidas heroicas, Bahá'u'lláh puso ante ellos el desafío no sólo de conducir su vida personal en conformidad con las enseñanzas divinas, sino de hacer de su comunidad un modelo para la heterogénea población de Bagdad, la capital provincial iraquí.
Aunque vivían en circunstancias materiales muy apuradas, los exiliados fueron revitalizados por esta visión. Uno de los miembros del grupo, un hombre llamado Nabíl, que posteriormente iba a dejar una historia detallada de los ministerios del Báb y de Bahá'u'lláh, ha descrito la intensidad espiritual de aquellos días:
Muchas noches más de diez personas subsistían con tan sólo un puñado de dátiles. Nadie sabía a quién pertenecían realmente los zapatos, las capas o las túnicas que se hallaban en sus casas. Ninguno de ellos, cuando iba al bazar, podía asegurar que los zapatos que llevaba eran los suyos y tampoco cada uno de los que entraba en presencia de Bahá'u'lláh podía afirmar que la capa o túnica que llevaba le pertenecía. [...] ¡Oh, qué júbilo el de aquellos días y qué felicidad y asombro en aquellas horas!"17
Para consternación de las autoridades consulares persas, que creían que el "episodio" babí había concluido, la comunidad de exiliados llegó gradualmente a convertirse en un elemento respetado e influyente en la capital provincial de Iraq y en las ciudades cercanas. Debido a que varios de los más importantes santuarios del Islam Shiíta se encontraban en la zona, había un flujo constante de peregrinos persas que se veía así expuesto, en las circunstancias más favorables, a la reanudación de la influencia babí. Entre los dignatarios que visitaron a Bahá'u'lláh en la sencilla casa que ocupaba se encontraban príncipes de la familia real. Tan encantado quedó uno de ellos con la experiencia que concibió la idea un tanto ingenua de que, erigiendo un duplicado de aquella casa en los jardines de su propia residencia, podría así volver a experimentar algo de la atmósfera de pureza espiritual y desprendimiento que por un breve tiempo había encontrado. Otro, conmovido más profundamente por la experiencia de su visita, expresó a sus amigos su sentimiento: "si todos los pesares del mundo se apiñaran en mi corazón, creo que todos se desvanecerían estando en presencia de Bahá'u'lláh. Es como si hubiese entrado al mismísimo Paraíso[...]."18.



La Declaración en el Jardín de Ridván

En 1863 Bahá'u'lláh vio llegado el momento de empezar a familiarizar a algunos de los que Le rodeaban con la misión que Le había sido confiada en la oscuridad del Siyáh-Chál. Esta decisión coincidió con una nueva etapa en la campaña de oposición a Su labor que el clero musulmán shiíta y los representantes del gobierno persa habían seguido manteniendo implacablemente. Temiendo que la aprobación y los elogios que empezaban a dedicar a Bahá'u'lláh algunos de los persas influyentes que visitaban Iraq volvieran a encender el entusiasmo popular en Persia, el gobierno del Sháh presionó a las autoridades otomanas para que Le trasladaran lejos de la frontera, hacia el interior del imperio. Finalmente, el gobierno turco accedió a estas presiones e instó al exiliado a que, en calidad de invitado, estableciera Su residencia en la capital, Constantinopla. A pesar de los términos corteses en los que estaba redactado el mensaje, la intención era claramente la de exigir su cumplimiento19.
Para entonces la devoción del pequeño grupo de exiliados se había centrado en la persona de Bahá'u'lláh y en Su exposición de las enseñanzas del Báb. Eran cada vez más los que habían llegado al convencimiento de que Él hablaba no sólo como el defensor del Báb, sino en nombre de aquella causa mucho mayor que Éste último había declarado inminente. La creencia pasó a ser certeza a finales de abril de 1863, cuando Bahá'u'lláh, en vísperas de Su partida hacia Constantinopla, reunió a varios de Sus compañeros en un jardín al que más tarde se le daría el nombre de Ridván ("Paraíso") y les confió el hecho central de Su misión. Durante los cuatro años siguientes, aunque no se consideró apropiado anunciarlo abiertamente, los que habían oído a Bahá'u'lláh compartieron gradualmente con amigos de confianza la noticia de que las promesas del Báb se habían cumplido y que "el Día de Dios" había amanecido.
Las circunstancias concretas que rodearon esta comunicación privada, en palabras de la autoridad bahá'í más íntimamente familiarizada con la documentación de la época, están "envueltas en una oscuridad que los futuros historiadores hallarán difícil de penetrar."20 La naturaleza de la declaración puede apreciarse en varias referencias que Bahá'u'lláh habría de hacer a Su propia misión en muchos de Sus escritos posteriores:
El propósito que cimenta toda la creación es la revelación de este muy sublime y santísimo Día, conocido como el Día de Dios en Sus Libros y Escrituras; el Día que todos los Profetas, Elegidos y santos, han deseado presenciar.21
[...] éste es el Día en el que la humanidad puede contemplar el Rostro y oír la Voz del Prometido. La Llamada de Dios ha sido proclamada y la luz de Su Semblante se ha levantado sobre los hombres. Incumbe a cada hombre borrar de la tablilla de su corazón la huella de toda palabra vana y contemplar, con mente abierta e imparcial, los signos de Su Revelación, las pruebas de Su Misión y las señales de Su Gloria.22
Tal como se enfatiza repetidamente en la exposición que Bahá'u'lláh hace sobre el mensaje del Báb, el propósito fundamental de Dios al revelar Su voluntad es llevar a cabo una transformación en el carácter de la humanidad, desarrollar en el interior de aquellos que responden las cualidades morales y espirituales que están latentes dentro de la naturaleza humana:
Embelleced vuestras lenguas, oh pueblo, con la veracidad y adornad vuestras almas con el ornamento de la honradez. Cuidado, oh pueblo, no sea que obréis traicioneramente con alguien. Sed los fiduciarios de Dios entre Sus criaturas y los emblemas de Su generosidad en medio de Su pueblo. [...]23
Iluminad y santificad vuestros corazones; no dejéis que sean profanados por las espinas del odio ni por los abrojos de la malicia. Habitáis en un solo mundo y habéis sido creados por la acción de una única Voluntad. Bendito es aquel que se asocia con todos los hombres con un espíritu de máxima bondad y amor.24
El proselitismo agresivo que había caracterizado en épocas pasadas los esfuerzos para promover la causa de la religión es declarado indigno del Día de Dios. Cada persona que ha reconocido la Revelación tiene la obligación de compartirla con quienes crea que están buscando, pero dejando la respuesta enteramente en manos de quienes le escuchan:
Mostrad paciencia, benevolencia y amor los unos con los otros. Si alguno de vosotros no pudiera captar cierta verdad o estuviera haciendo esfuerzos por comprenderla, mostrad en vuestra conversación con él un espíritu de suma bondad y buena voluntad. [...]25
Todo el deber del hombre en este Día es alcanzar aquella parte del torrente de la gracia que Dios derrama para él. Por tanto, que ninguno considere si el receptáculo es grande o pequeño. [...]26
En contraste con los sangrientos acontecimientos de Persia, Bahá'u'lláh no sólo dijo a sus seguidores que "si te matan, esto es mejor para ti que matar", sino que les exhortó a dar ejemplo de obediencia a la autoridad civil: "En cualquier país donde resida alguno de los de este pueblo, su conducta hacia el gobierno de ese país debe ser de lealtad, honradez y veracidad."27
Las condiciones que rodearon la salida de Bahá'u'lláh de Bagdad proporcionaron una demostración dramática de la potencia de estos principios. En tan sólo unos años, un grupo de exiliados extranjeros cuya llegada a la zona había suscitado la desconfianza y la aversión por parte de sus vecinos, se había convertido en uno de los sectores más respetado e influyente de la población. Se ganaban la vida mediante prósperos negocios; como grupo, eran admirados por su generosidad y por la integridad de su conducta; las virulentas alegaciones de fanatismo religioso y de violencia, esparcidas diligentemente por los funcionarios consulares persas y por miembros del clero musulmán shiíta, habían dejado de tener efecto sobre la opinión pública. Para el 3 de mayo de 1863, cuando salió a caballo de Bagdad junto con Su familia y aquellos compañeros y sirvientes elegidos para acompañarle hasta Constantinopla, Bahá'u'lláh se había convertido en una figura enormemente popular y querida. En los días inmediatamente anteriores a Su partida afluyeron al jardín en el que había fijado temporalmente Su residencia un gran número de personalidades, entre las que se encontraba el propio Gobernador de la provincia, recorriendo en muchos casos largas distancias con el fin de presentarle sus respetos. Testigos que presenciaron el momento de la partida han descrito en términos conmovedores el clamor con que Le despidieron, las lágrimas de muchos de los presentes y la preocupación de las autoridades otomanas y los funcionarios civiles por hacer los honores a su visitante28.



"La inmutable Fe de Dios"

Tras la Declaración de su Misión en 1863, Bahá'u'lláh comenzó a tratar en profundidad un tema ya abordado en El Libro de la Certeza, la relación entre la Voluntad de Dios y el proceso evolutivo por el que encuentran su expresión las capacidades espirituales y morales latentes en la naturaleza humana. Esta exposición ocuparía un lugar central en Sus escritos durante los treinta años restantes de Su vida. La realidad de Dios, asegura Él, es y seguirá siendo siempre incognoscible. Cualquier palabra que el pensamiento humano pueda atribuir a la naturaleza divina está relacionada sólo con la existencia humana y es producto de los esfuerzos humanos por describir una experiencia humana:
¡Lejos, muy lejos de Tu gloria esté lo que los hombres mortales puedan afirmar de Ti o atribuirte, o la alabanza con la que puedan glorificarte! Cualquier deber que Tú hayas prescrito a Tus siervos de ensalzar al máximo Tu majestad y gloria es sólo una muestra de Tu gracia hacia ellos, a fin de que les sea posible ascender a la posición conferida a su propio ser interior, la posición del conocimiento de sí mismos.29
Es evidente para todo corazón perspicaz e iluminado que Dios, la Esencia incognoscible, el Ser divino, es inmensamente exaltado por encima de todo atributo humano, tal como existencia corpórea, ascenso y descenso, salida y retorno. Lejos esté de Su Gloria el que la lengua humana pueda referir apropiadamente Su alabanza, o que el corazón humano pueda comprender Su misterio insondable. Él está y ha estado siempre velado en la antigua eternidad de Su Esencia y permanecerá en Su Realidad eternamente oculto a la vista de los hombres. [...]30
Lo que la humanidad experimenta al volverse hacia el Creador de toda la existencia son los atributos o cualidades que están asociados a las sucesivas Revelaciones de Dios:
Estando así cerrada la puerta del conocimiento del Antiguo de los Días a la faz de todos los seres, la Fuente de gracia infinita ha hecho que [...] aparezcan del reino del espíritu aquellas luminosas Joyas de Santidad, en la noble forma del templo humano, y sean reveladas a todos los hombres a fin de que comuniquen al mundo los misterios del Ser inmutable y hablen de las sutilezas de Su Esencia imperecedera. [...]31
Estos Espejos santificados [...] son todos y cada uno los Exponentes en la tierra de Aquel que es el Astro central del universo, su Esencia y Propósito último. De Él procede Su conocimiento y poder; de Él proviene Su soberanía. La belleza del semblante de estos Espejos Santificados es solamente un reflejo de la imagen de Dios; Sus revelaciones, un signo de la gloria inmortal de Dios. [...]32
Las Revelaciones de Dios no difieren una de otra en ningún aspecto esencial, aunque las necesidades cambiantes de las que se ocupan, de época en época, han exigido de cada una de ellas respuestas especiales para cada caso:
Estos atributos de Dios no son ni jamás han sido concedidos especialmente a ciertos Profetas y negados a otros. Al contrario, todos los Profetas de Dios, Sus favorecidos, Sus santos y escogidos Mensajeros, son sin excepción los portadores de Sus nombres y las personificaciones de Sus atributos. Sólo difieren en la intensidad de Su revelación y en la potencia relativa de Su luz. [...]33
Se advierte a los que estudian la religión que no permitan que los dogmas teológicos u otros prejuicios les lleven a hacer discriminaciones entre aquellos a quienes Dios ha utilizado como canales de Su luz:
Cuidado, oh creyentes en la Unidad de Dios, no seáis tentados a hacer distinción alguna entre las Manifestaciones de Su Causa o menospreciar los signos que han acompañado y proclamado Su Revelación. Éste es ciertamente el verdadero significado de la Unidad Divina; ojalá seáis de los que comprenden esta verdad y creen en ella. Además, estad seguros de que las obras y hechos de todas y cada una de estas Manifestaciones de Dios, más aún, todo lo que a Ellas atañe y todo lo que manifiesten en el futuro está ordenado por Dios y es un reflejo de Su Voluntad y Propósito. [...]34
Bahá'u'lláh compara las intervenciones de las Revelaciones Divinas con el retorno de la primavera. Los Mensajeros de Dios no son meros maestros, aunque ésta es una de sus funciones principales; antes bien, el espíritu de Sus palabras, junto con el ejemplo de Sus vidas, tiene la capacidad de penetrar en las raíces de la motivación humana y producir cambios fundamentales y duraderos. Su influencia abre nuevas esferas para la comprensión y para la realización de mayores logros:
Y puesto que no puede haber un lazo de comunicación directa que vincule al Dios único y verdadero con Su creación, y puesto que ninguna semejanza puede existir entre lo transitorio y lo Eterno, lo contingente y lo Absoluto, Él ha ordenado que en cada edad y dispensación un Alma pura e inmaculada se manifieste en los reinos de la tierra y del cielo.[...] Conducidos por la luz de indefectible guía e investidos con soberanía suprema, Ellos (los Mensajeros de Dios) están facultados para usar la inspiración de Sus palabras, las efusiones de Su gracia infalible y la brisa santificadora de Su Revelación para limpiar, de todo corazón anhelante y de todo espíritu receptivo, la escoria y polvo de las preocupaciones y limitaciones terrenales. Entonces y sólo entonces el Legado de Dios latente en la realidad del hombre surgirá [...] para implantar la insignia de Su gloria revelada sobre las cumbres de los corazones de los hombres.35
Sin esta mediación del mundo divino, la naturaleza humana permanece esclava del instinto, así como de suposiciones inconscientes y modelos de conducta que han sido determinados culturalmente:
Habiendo creado el mundo y todo lo que en él vive y se mueve, Él (Dios) [...] escogió conferirle al hombre la singular distinción y capacidad de conocerle y amarle, una capacidad que debe necesariamente ser considerada el impulso generador y el objetivo primordial que sostiene la creación entera. [...] Sobre la más íntima realidad de cada cosa creada Él ha derramado la luz de uno de Sus nombres y la ha hecho un recipiente de la gloria de uno de Sus atributos. Sobre la realidad del hombre, sin embargo, Él ha concentrado el esplendor de todos Sus nombres y atributos y la ha hecho un espejo de Su propio Ser. De todas las cosas creadas sólo el hombre ha sido escogido para recibir un favor tan grande y una generosidad tan perdurable.
Estas energías con las que [...] la Fuente de guía celestial ha dotado a la realidad del hombre permanecen, sin embargo, latentes dentro de él, así como la llama está oculta dentro de la vela y los rayos de luz están presentes potencialmente en la lámpara. El resplandor de estas energías puede ser oscurecido por los deseos mundanos, así como la luz del sol puede quedar oculta bajo el polvo y la escoria que cubren el espejo. Ni la vela, ni la lámpara pueden encenderse por sus propios esfuerzos, sin ayuda, ni tampoco le será jamás posible al espejo librarse por sí solo de su escoria. Es claro y evidente que la lámpara nunca se encenderá mientras no se le prenda fuego. A menos que se limpie de la superficie del espejo la escoria que la cubre, éste nunca podrá representar la imagen del sol ni reflejar su luz y gloria.36
Ha llegado el tiempo, dijo Bahá'u'lláh, de que la humanidad tenga tanto la capacidad como la oportunidad de ver el panorama completo de su desarrollo espiritual como un único proceso: "Inigualable es este Día, pues es como un ojo para edades y siglos pasados y como una luz para la oscuridad de los tiempos."37 En esta perspectiva, los seguidores de las diferentes tradiciones religiosas deben esforzarse por comprender lo que Él llamaba "la inmutable Fe de Dios"38 y distinguir su impulso espiritual primordial de las leyes y conceptos cambiantes que fueron revelados para satisfacer las necesidades de una sociedad humana en continua evolución:
Los Profetas de Dios deben ser considerados como médicos cuya tarea es fomentar el bienestar del mundo y sus pueblos para que, mediante el espíritu de unidad, puedan curar la dolencia de una humanidad dividida. [...] No sería de extrañar, entonces, si se encontrara que el tratamiento prescrito por el médico en este día no es idéntico al que prescribió anteriormente. ¿Cómo podría ser de otra manera, cuando las dolencias que afectan al paciente necesitan un remedio especial en cada etapa de su enfermedad? De igual modo, cada vez que los Profetas de Dios han iluminado al mundo con el resplandeciente brillo del Sol del conocimiento Divino, han emplazado invariablemente a sus pueblos a abrazar la luz de Dios por los medios que mejor se adaptaban a las exigencias de la época en que aparecieron. [...] 39
No sólo el corazón, sino también la mente, deben dedicarse a este proceso de descubrimiento. La razón, afirma Bahá'u'lláh, es el mayor don de Dios al alma, "un signo de la revelación [...] del soberano Señor."40 Sólo liberándose de los dogmas heredados, ya sean religiosos o materialistas, puede la mente emprender una investigación independiente sobre la relación entre la Palabra de Dios y la experiencia de la humanidad. En tal búsqueda uno de los mayores obstáculos es el prejuicio: "Advierte [...] a los amados del Dios único y verdadero que no juzguen con ojo demasiado crítico los dichos y escritos de los hombres. Que más bien consideren tales dichos y escritos con espíritu de imparcialidad y amorosa simpatía."41



La Manifestación de Dios

Algo común a todos los fieles de cualquiera de los sistemas religiosos del mundo es el convencimiento de que a través de la Revelación Divina el alma entra en contacto con el mundo de Dios y que es esta relación la que da un sentido verdadero a la vida. Algunos de los pasajes más importantes de los escritos de Bahá'u'lláh son los que exponen extensamente la naturaleza y el papel de aquellos que son los canales de esta Revelación, los Mensajeros o "Manifestaciones de Dios". Una analogía que se encuentra repetidamente en estos pasajes es la del sol físico. Mientras éste comparte ciertas características con otros cuerpos del sistema solar, difiere sin embargo de ellos en que es, en sí mismo, la fuente de luz del sistema. Los planetas y satélites reflejan la luz, mientras que el sol la emite como un atributo inseparable de su propia naturaleza. El sistema gira alrededor de este punto focal y cada uno de sus miembros no sólo es influido por su composición particular, sino también por la fuente de luz del sistema42.
Del mismo modo, afirma Bahá'u'lláh, la personalidad humana que la Manifestación de Dios comparte con el resto de la humanidad se diferencia de las otras de tal modo que la hace adecuada para servir como canal o vehículo para la Revelación de Dios. Las referencias aparentemente contradictorias respecto a esta doble posición atribuidas, por ejemplo, a Cristo43 han sido una de las muchas fuentes de confusión y disensión religiosas a través de la historia. Bahá'u'lláh dice sobre el tema:
Todo lo que hay en los cielos y todo lo que hay en la tierra es una prueba directa de la revelación de los atributos y nombres de Dios. [...] En un grado sumo, esto es verdadero acerca del hombre, quien, entre todo lo creado, [...] ha sido señalado para la gloria de tal distinción. Pues en él están revelados potencialmente todos los atributos y nombres de Dios en un grado que no ha sido superado ni excedido por ningún otro ser creado. [...] Y de todos los hombres, los más perfectos, los más distinguidos y los más excelsos son las Manifestaciones del Sol de la Verdad. Más aún, todos, excepto estas Manifestaciones, viven por la acción de Su Voluntad y se mueven y existen por las efusiones de Su gracia.44
A través de la historia, la convicción de los creyentes de que el Fundador de su propia religión ocupaba una posición única ha tenido el efecto de suscitar una intensa especulación sobre la naturaleza de la Manifestación de Dios. Tal especulación ha sido, sin embargo, seriamente obstaculizada por las dificultades de interpretar y resolver las alusiones alegóricas de las escrituras del pasado. El intento de cristalizar la opinión en forma de dogma religioso ha sido una fuente de división más que de unión en la historia. De hecho, a pesar de la enorme energía dedicada a las actividades teológicas -o tal vez a causa de ello- existen hoy día profundas diferencias entre los musulmanes respecto a la posición precisa de Muhammad, entre los cristianos respecto a la de Jesús y entre los budistas respecto al Fundador de su propia religión. Como es demasiado evidente, las controversias creadas por estas y otras diferencias dentro de una determinada tradición han demostrado ser al menos tan profundas, como las que separan dicha tradición de sus religiones hermanas.
De particular importancia para la comprensión de las enseñanzas de Bahá'u'lláh sobre la unidad de las religiones son Sus declaraciones acerca de la posición de los sucesivos Mensajeros de Dios y sobre la función que han realizado en la historia espiritual de la humanidad:
(Las) Manifestaciones de Dios tienen, cada una de ellas, una doble posición. Una es la posición de abstracción pura y unidad esencial. En este sentido, si tú las llamas a todas Ellas por un solo nombre y Les asignas los mismos atributos, no te desvías de la verdad. [...]
La otra posición es la de distinción y pertenece al mundo de la creación y sus limitaciones. Respecto a esto, cada Manifestación de Dios tiene una individualidad distinta, una misión definidamente señalada, una revelación predestinada y limitaciones especialmente designadas. Cada una de Ellas es conocida por un nombre diferente y se caracteriza por un atributo especial, cumple una misión definida [...].
Vistas a la luz de la segunda posición [...] manifiestan servidumbre absoluta, máxima pobreza y completo olvido de Sí mismas. Tal como Él dice: "Soy el siervo de Dios. No soy más que un hombre como vosotros..."
Si alguna de las Manifestaciones universales de Dios declarase: "Yo soy Dios", diría ciertamente la verdad y no cabría duda alguna de ello. Ya que [...] a través de Su Revelación, Sus atributos y nombres manifiestan en el mundo la Revelación de Dios, Sus nombres y Sus atributos. [...] Y si alguno de Ellos pronunciase la expresión: "Yo soy el Mensajero de Dios," también diría indudablemente la verdad. [...] Contemplados bajo esta luz, se ve que todos Ellos no son más que Mensajeros de ese Rey ideal, de esa Esencia inmutable. [...] Y si dijesen: "Somos los siervos de Dios", esto también es un hecho manifiesto e indiscutible. Pues se han manifestado en condición de total servidumbre, una servidumbre tal que ningún hombre puede alcanzar. [...]45
De este modo, cualquiera que sea su expresión, ya pertenezca al Reino de la Divinidad, o a la posición de Señor, Profeta, Mensajero, Guardián, Apóstol o Siervo, todo es cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo tanto, estos dichos [...] tienen que ser atentamente considerados, para que las expresiones divergentes de las Manifestaciones del Invisible y Auroras de Santidad dejen de agitar al alma y confundir la mente.46



"Una civilización en continuo progreso"

En estos párrafos se halla implícita una perspectiva que representa la característica más desafiante de la exposición de Bahá'u'lláh sobre la función de la Manifestación de Dios. La Revelación Divina, declara Él, es la fuerza motriz de la civilización. Cuando tiene lugar esa Revelación, su efecto transformador sobre las mentes y las almas de los que responden a ella es reproducido en la nueva sociedad que va tomando forma paulatinamente en torno a esa experiencia. Aparece un nuevo foco de lealtad que puede lograr el compromiso de pueblos de muy diversas culturas; la música y las artes utilizan símbolos que transmiten unas aspiraciones mucho más ricas y maduras; una nueva y radical definición de los conceptos de lo correcto y lo erróneo hace posible la formulación de nuevos códigos de leyes civiles y de conducta; se crean nuevas instituciones con el propósito de dar expresión a los impulsos de responsabilidad moral que anteriormente eran ignorados o desconocidos: "Estaba en el mundo y el mundo fue hecho por él [...]."47 A medida que la nueva cultura evoluciona hacia una civilización, asimila los logros e ideas de épocas pasadas en una multitud de nuevas combinaciones. Las características de antiguas culturas que no pueden ser incorporadas se atrofian o son adoptadas por elementos marginales de la población. La Palabra de Dios crea nuevas posibilidades tanto en la conciencia individual como en las relaciones humanas.
Toda palabra que emana de la boca de Dios está dotada de tal potencia que puede infundir nueva vida en cada estructura humana [...]. Todas las maravillosas obras que contempláis en este mundo han sido manifestadas mediante la acción de Su suprema y exaltada Voluntad, Su maravilloso e inflexible Propósito. [...] En cuanto es pronunciada esta resplandeciente palabra, sus energías animadoras, agitándose dentro de todas las cosas creadas, dan nacimiento a los medios e instrumentos con los que tales artes pueden producirse y perfeccionarse. [...] En los días venideros, veréis por cierto cosas de las que jamás habéis oído. [...] Cada letra que procede de la boca de Dios es verdaderamente una letra madre y cada palabra pronunciada por Aquel que es la Fuente de la Revelación Divina es una palabra madre. [...] 48
La sucesión de Revelaciones Divinas, afirma el Báb, es "un proceso que no ha tenido principio ni tendrá fin."49 Aunque la misión de cada una de las Manifestaciones está limitada en el tiempo y en las funciones que realiza, es una parte integral de un desarrollo continuo y progresivo del poder y la voluntad de Dios:
Contempla con tu vista interior la cadena de Revelaciones sucesivas que ha vinculado a la Manifestación de Adán con la del Báb. Atestiguo ante Dios que cada una de estas Manifestaciones ha sido enviada por la acción de la Voluntad y Propósito Divinos, que cada una ha sido portadora de un mensaje determinado, que a cada una le ha sido confiado un Libro divinamente revelado. [...] La medida de la Revelación con la que cada una de ellas ha sido identificada había sido preordenada con precisión. [...]50
Finalmente, a medida que una civilización en continua evolución agota sus fuentes espirituales, empieza un proceso de desintegración, al igual que ocurre en el mundo de los fenómenos. Volviendo otra vez a las analogías que ofrece la naturaleza, Bahá'u'lláh compara esta pausa en el desarrollo de la civilización con la llegada del invierno. Disminuye tanto la vitalidad moral como la cohesión social. Los desafíos, que se hubieran superado en etapas anteriores o se hubieran convertido en oportunidades para la investigación y el éxito, se convierten en barreras insuperables. La religión pierde su relevancia y la inquietud renovadora va interrumpiéndose progresivamente, haciendo cada vez más profundas las divisiones sociales. La incertidumbre sobre el significado y valor de la vida genera cada vez más ansiedad y confusión. Refiriéndose a esta condición de nuestra propia época, Bahá'u'lláh dice:
Percibimos perfectamente cómo toda la raza humana está rodeada de grandes e incalculables aflicciones. La vemos languidecer en su lecho de enfermo, severamente atribulada y desilusionada. Los que están embriagados de orgullo se han interpuesto entre ella y el divino e infalible Médico. Atestiguad cómo han envuelto a todos los hombres, incluídos ellos mismos, en la red de sus artificios. No pueden descubrir la causa de la enfermedad, ni tampoco poseen conocimiento alguno del remedio. Han concebido que lo recto es torcido y han imaginado que su amigo es un enemigo.51
Cuando cada uno de los impulsos divinos se ha cumplido, el proceso se repite. Una nueva Manifestación de Dios aparece con una medida más plena de la inspiración divina para la siguiente etapa del despertar y del proceso civilizador de la humanidad:
Considera la hora en que la suprema Manifestación de Dios se revela a los hombres. Hasta la llegada de esa hora, el Antiguo Ser, que permanece todavía desconocido a los hombres y no ha dado aún expresión a la Palabra de Dios es, Él Mismo, el Omnisciente en un mundo en el que no hay ningún hombre que Le haya conocido. Él en verdad es el Creador sin una creación. [...] Éste es de hecho el Día del que se ha escrito: "¿De quién será el Reino en este Día?" ¡Y no se encuentra a nadie dispuesto a contestar!52
Hasta que una parte de la humanidad comienza a responder a la nueva Revelación y un nuevo paradigma espiritual y social empieza a tomar forma, la gente subsiste espiritual y moralmente con los últimos vestigios de los dones divinos anteriores. Las tareas rutinarias de la sociedad pueden seguir haciéndose o no; las leyes se pueden obedecer o incumplir; las tentativas políticas y sociales pueden funcionar o fracasar; pero las raíces de la fe -sin las cuales ninguna sociedad puede durar indefinidamente- se han secado. En el "fin del tiempo", el "fin del mundo", los que están despiertos espiritualmente comienzan a volverse de nuevo hacia la Fuente creativa. No importa cuán torpe o molesto pueda ser el proceso, no importa lo poco elegantes o desafortunadas que sean algunas de las opciones consideradas, tal búsqueda es una respuesta instintiva a la constatación de que se ha abierto un inmenso abismo en la vida ordenada de la humanidad53. Los efectos de la nueva Revelación, dice Bahá'u'lláh, son universales y no limitados a la vida y enseñanzas de la Manifestación de Dios, que es el eje central de la Revelación. Aunque no se comprendan, estos efectos impregnan cada vez más los asuntos humanos, revelando las contradicciones existentes en las creencias populares y en la sociedad, e intensificando la búsqueda de una mayor comprensión.
La sucesión de las Manifestaciones es un hecho consustancial a la creación, declara Bahá'u'lláh, y continuará durante toda la vida del mundo: "Dios ha enviado a sus Mensajeros para que sucedan a Moisés y Jesús y continuará haciéndolo hasta 'el fin que no tiene fin'[...]."54



El Día de Dios

¿Cuál es, según Bahá'u'lláh, la meta de la evolución de la conciencia humana? En la perspectiva de la eternidad, el propósito de esta evolución es que Dios viera, cada vez con con más nitidez, el reflejo de Sus perfecciones en el espejo de Su creación y que, en palabras de Bahá'u'lláh:
[...] cada hombre pueda atestiguar en sí mismo, por sí mismo y en la posición de la Manifestación de su Señor, que verdaderamente no hay otro Dios salvo Él y que cada hombre pueda alcanzar así su camino hacia la cumbre de las realidades, hasta que nadie contemple cosa alguna, cualquiera que sea, sin ver en ella a Dios.55
En el contexto de la historia de la civilización, el objetivo de la sucesión de las Manifestaciones divinas ha sido preparar la conciencia humana para la unificación de la humanidad como una sola especie, más aún, como un único organismo capaz de asumir la responsabilidad de su futuro colectivo: "Aquel que es vuestro Señor, el Todo Misericordioso", dice Bahá'u'lláh, "atesora en Su corazón el deseo de ver a toda la raza humana como una sola alma y un solo cuerpo."56 Hasta que la humanidad no haya aceptado su unidad orgánica no podrá ni siquiera afrontar sus desafíos inmediatos, mucho menos aquellos que le aguardan en el futuro: "El bienestar de la humanidad", reitera Bahá'u'lláh, "su paz y seguridad son inalcanzables a menos y hasta que su unidad sea firmemente establecida."57 Sólo una sociedad mundial unificada puede proporcionar a sus hijos el sentido de seguridad interior implícito en una de las oraciones de Bahá'u'lláh a Dios: "Cualquier deber que Tú hayas prescrito a Tus siervos de ensalzar al máximo Tu majestad y gloria es sólo una muestra de Tu gracia hacia ellos, a fin de que les sea posible ascender a la posición conferida a su propio ser interior, la posición del conocimiento de sí mismos."58 Paradójicamente sólo consiguiendo la verdadera unidad puede la humanidad cultivar plenamente su diversidad e individualidad. Esta es la meta a la que han servido las misiones de todas las Manifestaciones de Dios conocidas en la historia, el Día de "un solo rebaño y un solo pastor."59 Su consecución, afirma Bahá'u'lláh, es la etapa de la civilización a la que se aproxima la humanidad.
Una de las analogías más sugerentes, que se encuentra en los escritos no sólo de Bahá'u'lláh sino también con anterioridad en los del Báb, es la comparación entre la evolución de la raza humana y la vida del ser humano individual. La humanidad ha pasado por etapas en su desarrollo colectivo que recuerdan los períodos de la infancia y la adolescencia en el proceso de maduración de sus miembros individuales. Estamos experimentando ahora los comienzos de nuestra madurez colectiva, dotada con nuevas capacidades y oportunidades de las que apenas si tenemos la más mínima conciencia60.
Desde esta perspectiva, no es difícil comprender la primacía dada en las enseñanzas de Bahá'u'lláh al principio de la unidad. La unidad de la humanidad es el tema central de la era que ahora comienza, la norma con la que deben ser probadas todas las propuestas para el progreso de la humanidad. Hay sólo una raza humana, insiste Bahá'u'lláh; las nociones heredadas de que un grupo étnico o racial es de algún modo superior al resto de la humanidad no tienen fundamento. De igual manera, ya que todos los Mensajeros de Dios han servido como agentes de la única Voluntad Divina, Sus revelaciones son un legado colectivo a toda la raza humana; cada persona de la Tierra es heredera legítima de la totalidad de esa tradición espiritual. La insistencia en los prejuicios de cualquier tipo no sólo está dañando los intereses de la humanidad, sino que también es una violación de la Voluntad de Dios para esta época:
¡Oh pueblos y razas contendientes de la Tierra! Dirigid vuestros rostros hacia la unidad y dejad que el fulgor de su luz brille sobre vosotros. Reuníos y, por amor a Dios, decidíos a extirpar todo lo que sea fuente de discordia entre vosotros. [...] No puede haber duda alguna de que los pueblos del mundo, de cualquier raza o religión, derivan su inspiración de una única Fuente celestial y son los súbditos de un solo Dios. La diferencia entre las ordenanzas a las que están sometidos debe ser atribuida a los requisitos y exigencias variables de la época en la que fueron reveladas. Todas ellas, excepto unas pocas que son producto de la perversidad humana, fueron ordenadas por Dios y son el reflejo de Su Voluntad y Propósito. Levantaos y, armados con el poder de la fe, despedazad los dioses de vuestras vanas imaginaciones, los sembradores de disensión entre vosotros. [...]61
El tema de la unidad está presente en todos los escritos de Bahá'u'lláh: "El tabernáculo de la unidad ha sido levantado; no os miréis unos a otros como extraños."62 "Asociaos con los seguidores de todas las religiones en un espíritu de amistad y fraternidad."63 "Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una misma rama."64
El proceso a través del cual la humanidad ha alcanzado su mayoría de edad se ha producido dentro de la evolución de la organización social. Comenzando con la unidad familiar y sus diferentes ramificaciones, la raza humana ha desarrollado con distintos grados de éxito sociedades basadas en el clan, la tribu, la ciudad-estado y más recientemente la nación. Con esta progresiva ampliación y complejidad del entorno social, el potencial humano ha encontrado a la vez un estímulo y un terreno para su desarrollo. Y este desarrollo ha provocado constantemente, a su vez, nuevas modificaciones en la estructura social. La mayoría de edad de la humanidad debe traer consigo, por tanto, una transformación total del orden social. La nueva sociedad debe ser capaz de abrazar a toda la diversidad de la raza humana y de beneficiarse de la amplia variedad de talentos y visiones que son el fruto de miles de años de experiencia cultural:
Este es el Día en el que los más excelentes favores de Dios han sido derramados sobre los hombres, el Día en el que Su poderosísima gracia ha sido infundida en todas las cosas creadas. Incumbe a todos los pueblos del mundo reconciliar sus diferencias y morar en perfecta unidad y paz bajo la sombra del Arbol de Su cuidado y amorosa bondad. [...] Pronto el orden actual será enrollado y uno nuevo desplegado en su lugar. Ciertamente, vuestro Señor dice la verdad y es el Conocedor de cosas no vistas.65
El principal instrumento para la transformación de la sociedad y el logro de la unidad mundial, asegura Bahá'u'lláh, es el establecimiento de la justicia en los asuntos humanos. Este tema tiene un lugar central en Sus enseñanzas:
La luz de los hombres es la Justicia. No la extingáis con los vientos contrarios de la opresión y la tiranía. El propósito de la justicia es la aparición de la unidad entre los hombres. El océano de la sabiduría divina fluyó dentro de esta exaltada palabra, en tanto que los libros del mundo no pueden contener su significado íntimo. [...]66
En Sus escritos posteriores, Bahá'u'lláh desarrolló las implicaciones de este principio para la edad de la madurez de la humanidad. Él afirma que "las mujeres y los hombres han sido y serán siempre iguales a los ojos de Dios,"67 y el progreso de la civilización exige que la sociedad organice sus asuntos de manera que se refleje plenamente este hecho. Los recursos de la Tierra son propiedad de toda la humanidad y no de un determinado pueblo. Las diferentes contribuciones al bienestar económico común merecen y deben recibir diferentes medidas de recompensa y reconocimiento, pero los extremos de riqueza y pobreza que afligen a la mayoría de las naciones de la Tierra, sin considerar las filosofías socioeconómicas que profesen, deben ser abolidos.



La proclamación a los Reyes

Los escritos que han sido citados anteriormente fueron revelados, en su mayor parte, en condiciones de renovada persecución. Poco después de la llegada de los exiliados a Constantinopla, se hizo evidente que los honores hechos a Bahá'u'lláh durante Su viaje desde Bagdad habían representado tan sólo un breve intervalo. La decisión de las autoridades otomanas de trasladar al dirigente "bábí" y a sus compañeros a la capital del imperio, en vez de a alguna remota provincia, aumentó la alarma entre los representantes del gobierno persa68. Temiendo que los acontecimientos de Bagdad se repitieran y que esta vez pudieran atraer no sólo la simpatía sino quizás incluso la lealtad de personajes influyentes del gobierno turco, el embajador persa presionó insistentemente para que los exiliados fueran enviados a un lugar más distante del imperio. Su argumento era que la propagación de un nuevo mensaje religioso en la capital podría tener repercusiones tanto políticas como religiosas.
Al principio el gobierno otomano se resistió enérgicamente. El primer ministro `Alí Páshá había expresado a los diplomáticos occidentales su creencia de que Bahá'u'lláh era "un hombre de gran distinción, conducta ejemplar, gran moderación y una figura de exquisita dignidad". Sus enseñanzas eran, en opinión del ministro, "merecedoras de alta estima" porque se oponían a las contiendas religiosas que dividían a los súbditos judíos, cristianos y musulmanes del imperio69.
Sin embargo, fue apareciendo poco a poco un cierto grado de resentimiento y sospecha. En la capital otomana el poder político y económico estaba en manos de los funcionarios de la corte que, salvo pocas excepciones, eran personas de poca o ninguna competencia. La corrupción era el lubricante con el que funcionaba la maquinaria del gobierno; la capital era un imán para una multitud de personas de dentro y fuera del imperio que se congregaba allí buscando favores e influencia. Se esperaba que cualquier personalidad de otro país o de los territorios tributarios, en cuanto llegara a Constantinopla, se uniera a la multitud que buscaba recomendaciones en las salas de recepción de los pashás y de los ministros de la corte imperial. Ningún sector de la población tenía peor reputación que los grupos enfrentados de exiliados políticos persas, conocidos tanto por su sofisticación como por su falta de escrúpulos.
Para angustia de los amigos que Le urgían a hacer uso de la hostilidad reinante contra el gobierno persa y de la simpatía que habían levantado Sus propios sufrimientos, Bahá'u'lláh dejó claro que Él no tenía peticiones que hacer. Aunque varios ministros del gobierno hicieron visitas sociales a la residencia que Le fue asignada, Él no quiso sacar provecho de estas oportunidades. Estaba en Constantinopla, decía, como invitado del Sultán, por una expresa invitación suya, y Su interés se centraba en asuntos espirituales y morales.
Muchos años después, el embajador persa Mírzá Husayn Khán, reflexionando sobre el tiempo en el que ejerció su cargo en la capital otomana y quejándose del daño que la codicia y la improbidad de sus compatriotas habían hecho a la reputación de Persia en Constantinopla, rindió un tributo sorprendentemente sincero al ejemplo que la conducta de Bahá'u'lláh había podido dar en poco tiempo70. En aquel momento, sin embargo, él y sus colegas aprovecharon la situación para presentarla como si el exiliado tratara astutamente de ocultar conspiraciones secretas contra la seguridad pública y la religión del estado. Presionadas por estas instigaciones, las autoridades otomanas tomaron finalmente la decisión de trasladar a Bahá'u'lláh y a Su familia a la ciudad provincial de Adrianópolis. El traslado se hizo de forma precipitada en medio de un invierno extremadamente duro. Albergados allí en alojamientos inadecuados, carentes de ropas apropiadas y de otras provisiones, los exiliados soportaron un año de grandes sufrimientos. Estaba claro que, sin estar acusados de ningún crimen y sin darles oportunidad de defenderse, se les había hecho prisioneros del estado de forma arbitraria.
Desde el punto de vista de la historia religiosa, los sucesivos exilios de Bahá'u'lláh a Constantinopla y Adrianópolis tienen un notable simbolismo. Por primera vez una Manifestación de Dios, el Fundador de un sistema religioso independiente que pronto iba a extenderse por todo el planeta, había cruzado el estrecho canal de agua que separa Asia de Europa y había puesto pie en "Occidente". Todas las demás grandes religiones habían surgido en Asia y los ministerios de sus Fundadores se habían limitado a ese continente. Refiriéndose al hecho de que las Dispensaciones del pasado, y en particular las de Abraham, Cristo y Muhammad, habían producido sus frutos más importantes en el desarrollo de la civilización durante su curso de expansión hacia el oeste, Bahá'u'lláh predijo que esto mismo ocurriría en esta nueva era, pero a una escala inmensamente mayor: "En Oriente ha amanecido la Luz de Su Revelación y en Occidente han aparecido los Signos de Su Dominio. Ponderad esto en vuestros corazones, oh pueblo[...]."71
Así pues, no es del todo sorprendente que Bahá'u'lláh eligiera este momento para hacer pública la misión que había obtenido lentamente la devoción de los seguidores del Báb por todo Oriente Medio. Su anuncio se hizo en forma de una serie de declaraciones que se cuentan entre los documentos más notables de la historia religiosa. En ellos la Manifestación de Dios se dirige a los "Reyes y Gobernantes del mundo" anunciándoles el alba del Día de Dios, aludiendo a los cambios aún inconcebibles que estaban cobrando impulso en todo el mundo y llamándoles, como responsables ante Dios y ante sus semejantes, a levantarse y servir al proceso de unificación de la raza humana. Debido a la veneración que les profesaban sus súbditos y a la naturaleza absoluta del dominio que la mayoría de ellos ejercía, estaba en sus manos, según dijo Bahá'u'lláh, colaborar en la realización de lo que Él llamaba la "Paz Más Grande", un orden mundial caracterizado por la unidad y animado por la justicia divina.
Sólo con gran dificultad puede el lector de hoy día imaginar el ámbito moral e intelectual en que vivían estos monarcas de hace un siglo. Por sus biografías y correspondencia privada resulta evidente que, con pocas excepciones, eran personas devotas que tenían un papel destacado en la vida espiritual de sus respectivas naciones, a menudo como cabezas de las religiones del estado, y que estaban convencidos de las verdades infalibles de la Biblia o del Corán. El poder que la mayoría de ellos ejercía lo atribuían directamente a la autoridad divina de los pasajes de esas mismas Escrituras, una autoridad sobre la que se expresaban de forma categórica. Ellos eran los ungidos de Dios. Las profecías de "los últimos días" y del "Reino de Dios" no eran para ellos un mito o una alegoría, sino certezas sobre las que descansaba todo el orden moral y por las que ellos mismos serían llamados por Dios a rendir cuentas de sus responsabilidades.
Las cartas de Bahá'u'lláh se dirigen a esta esfera del pensamiento:
¡Oh Reyes de la Tierra! Ha venido Aquél que es el soberano Señor de todo. El Reino es de Dios, el Protector omnipotente, el que subsiste por Sí Mismo. [...] Ésta es una Revelación con la que nada de lo que poseéis puede compararse, ojalá lo supierais. [...]
Estad atentos, no sea que el orgullo os prive de reconocer la Fuente de la Revelación y las cosas de este mundo os separen como por un velo de Aquél que es el Creador del Cielo. [...] ¡Por la rectitud de Dios! No es Nuestro deseo adueñarnos de vuestros reinos. Nuestra misión es tomar los corazones de los hombres y poseerlos. [...]72
Sabed que los pobres son el depósito de Dios entre vosotros. Cuidaos de no traicionar Su depósito, de no proceder injustamente con ellos y de no caminar por los caminos de los traicioneros. Con toda seguridad seréis llamados a dar cuenta de Su depósito el día en el que la Balanza de la Justicia será establecida, día en el que todos recibirán lo que merezcan, en el que los hechos de todos los hombres, sean ricos o pobres, serán sopesados. [...]
Examinad Nuestra Causa, inquirid las cosas que Nos han acaecido y decidid con justicia entre Nosotros y Nuestros enemigos y sed de los que obran equitativamente con sus semejantes. Si no retenéis la mano del opresor, si no emprendéis la protección de los derechos de los oprimidos, ¿con qué derecho, pues, os vanagloriáis entre los hombres?73
Si no prestáis atención a los consejos que [...] hemos revelado en esta Tabla, el castigo divino os asaltará desde todas las direcciones y la sentencia de Su justicia será pronunciada contra vosotros. En ese día no tendréis poder para resistirle y reconoceréis vuestra propia impotencia. [...]74
La visión de la "Paz Más Grande" no provocó ninguna respuesta por parte de los gobernantes del siglo diecinueve. El engrandecimiento nacionalista y la expansión imperial obtenían la adhesión no sólo de los reyes, parlamentarios, académicos y artistas, sino también de los periódicos y las principales instituciones religiosas como vehementes propagandistas del triunfalismo occidental. Las propuestas de cambio social, por muy desinteresadas e idealistas que fueran, quedaban atrapadas rápidamente en un enjambre de nuevas ideologías arrojadas por la marea creciente del materialismo dogmático. En Oriente, fascinados por sus propias pretensiones de representar todo lo que la humanidad podía haber conocido o pudiera conocer alguna vez acerca de Dios y de la verdad, el mundo islámico se hundía cada vez más en la ignorancia, en el letargo y en una sombría hostilidad hacia una raza humana que no había sido capaz de reconocer esta supremacía espiritual.



La llegada a Tierra Santa

Dados los anteriores acontecimientos de Bagdad, parece sorprendente que las autoridades otomanas no previeran las consecuencias del establecimiento de Bahá'u'lláh en otra importante capital de provincia. Al año de Su llegada a Adrianópolis, su prisionero había despertado primero el interés y luego la ferviente admiración de figuras destacadas tanto de la vida intelectual como administrativa de la región. Para consternación de los representantes consulares persas, dos de los más devotos de estos admiradores eran Khurshíd Páshá, el gobernador de la provincia y el Shaykhu'l-Islám, el principal dignatario religioso sunnita. A los ojos de sus anfitriones y del público en general, el exiliado era un filósofo moral y un santo, y la validez de Sus enseñanzas se reflejaba no sólo en el ejemplo de Su propia vida, sino en la transformación que producía en los numerosos grupos de peregrinos persas que iban acudiendo a ese remoto punto del Imperio Otomano con el propósito de visitarle75.
Estos acontecimientos imprevistos convencieron al embajador persa y a sus colegas de que era sólo cuestión de tiempo el que el movimiento bahá'í, que continuaba expandiéndose en Persia, se estableciera también como una influencia importante en el Imperio vecino y rival. A lo largo de este período de su historia, el desvencijado Imperio Otomano se hallaba luchando contra las repetidas incursiones de la Rusia zarista, contra los levantamientos internos entre sus pueblos sometidos y contra los continuos intentos de los gobiernos de Gran Bretaña y Austria, aparentemente favorables, de segregar varios territorios turcos e incorporarlos a sus propios imperios. Estas inestables condiciones políticas en las provincias europeas de Turquía ofrecieron nuevos y urgentes argumentos que apoyaban la petición del embajador de que los exiliados fueran enviados a una colonia lejana donde Bahá'u'lláh no tuviera más contactos con círculos influyentes, ya fuesen turcos u occidentales.
Cuando el Ministro turco de Asuntos Exteriores Fu'ád Páshá regresó de una visita a Adrianópolis, sus sorprendentes informes sobre la reputación de la que Bahá'u'lláh había llegado a disfrutar en toda la región parecieron prestar credibilidad a las sugerencias del embajador persa. En este clima de opinión, el Gobierno decidió bruscamente someter a su invitado a un estricto confinamiento. Sin previo aviso, una mañana temprano los soldados rodearon la casa de Bahá'u'lláh y se ordenó a los exiliados que se prepararan para partir hacia un destino desconocido.
El lugar escogido para este destierro final fue la siniestra ciudad fortaleza de Akká (Acre) en la costa de Tierra Santa. Famosa en todo el imperio por lo detestable de su clima y por la abundancia de enfermedades, Akká era una colonia penal utilizada por el Estado Otomano para el encarcelamiento de criminales peligrosos, de quienes se podía esperar que no sobreviviesen demasiado tiempo su encarcelamiento en aquel lugar. Desde Su llegada en agosto de 1868, Bahá'u'lláh, los miembros de Su familia y un grupo de Sus seguidores que habían sido exiliados con Él, iban a experimentar dos años de sufrimientos y abusos dentro de la fortaleza misma; después serían confinados bajo arresto domiciliario en un edificio cercano propiedad de un comerciante local. Durante mucho tiempo los exiliados fueron rehuidos por la supersticiosa población local que había sido advertida en sermones públicos contra "el Dios de los persas", descrito como un enemigo del orden público y promotor de ideas blasfemas e inmorales. Varios miembros del pequeño grupo de exiliados murieron a causa de las privaciones y otras condiciones a las que fueron sometidos76.
Mirando retrospectivamente, parece una profunda ironía que la elección de Tierra Santa como el lugar del confinamiento forzado de Bahá'u'lláh hubiera sido el resultado de la presión de enemigos eclesiásticos y civiles cuyo objetivo era extinguir Su influencia religiosa. Palestina, reverenciada por tres de las grandes religiones monoteístas como el punto donde los mundos de Dios y del hombre se entrecruzan, mantenía por entonces, como lo había hecho durante miles de años, una posición única en las esperanzas de los hombres. Sólo pocas semanas antes de la llegada de Bahá'u'lláh, los principales líderes del movimiento protestante alemán "Templer" habían partido de Europa en barco para establecer al pie del Monte Carmelo una colonia que daría la bienvenida a Cristo, cuyo advenimiento creían inminente. Sobre los dinteles de varias de las pequeñas casas que construyeron, mirando a través de la bahía hacia la prisión de Bahá'u'lláh, pueden verse aún inscripciones grabadas como "Der Herr ist nahe" (El Señor está cerca)77.
En Akká, Bahá'u'lláh continuó dictando la serie de cartas a gobernantes individuales que había comenzado en Adrianópolis. Varias de ellas contenían advertencias sobre el juicio de Dios por su negligencia y mal gobierno, advertencias cuyo dramático cumplimiento levantó una intensa discusión pública por todo el Oriente Próximo. Menos de dos meses después de que los exiliados llegaran a la ciudad prisión, por ejemplo Fu'ád Páshá, el Ministro de Asuntos Exteriores otomano cuyos tergiversados informes habían precipitado el destierro, fue destituido de su puesto bruscamente y murió en Francia de un ataque al corazón. El suceso había sido advertido por la misma declaración que predecía el pronto cese de su colega, el Primer Ministro 'Alí Páshá, el derrocamiento y muerte del Sultán y la pérdida de los territorios turcos en Europa, una serie de desastres que se sucedieron uno tras otro78.
En una carta al Emperador Napoleón III se le prevenía de que, a causa de su falta de sinceridad y su abuso de poder: "[...] tu reino se precipitará en la confusión y tu imperio se te irá de las manos, como castigo por lo que has forjado. [...] ¿Acaso tu pompa te ha vuelto orgulloso? ¡Por mi vida! No durará [...]."79 Sobre la desastrosa guerra francoprusiana y el consiguiente derrocamiento de Napoleón III, que ocurrió menos de un año después de este anuncio, Alistair Horne, un erudito contemporáneo de la historia política francesa del siglo diecinueve, ha escrito:
La historia no conoce tal vez un ejemplo más sorprendente de lo que los griegos llamaban peripateia, la terrible caída desde las alturas del orgullo. Ciertamente ninguna nación de los tiempos modernos, tan repleta de aparente grandeza y opulencia en logros materiales, ha sido sometida nunca a una humillación peor en tan corto espacio de tiempo.80
Sólo pocos meses antes de la imprevista serie de acontecimientos que condujeron en Europa a la invasión de los Estados Pontificios y a la anexión de Roma por las fuerzas del nuevo reino de Italia, una declaración dirigida al Papa Pío IX había exhortado al Pontífice: "Abandona tu reino a los reyes y sal de tu habitación con el rostro vuelto hacia el Reino [...]. Sé como fue tu Señor. [...] Verdaderamente ha llegado el día de la cosecha y todas las cosas han sido separadas unas de otras. Él ha guardado lo que escogió de los receptáculos de la justicia y ha arrojado al fuego aquello que lo merece. [...]"81
Wilhelm I, Rey de Prusia, cuyos ejércitos tuvieron una victoria tan aplastante en la Guerra Franco-Prusiana, había recibido la advertencia de Bahá'u'lláh en el Kitáb-i-Aqdas de hacer caso del ejemplo de la caída de Napoleón III y de otros dirigentes que habían sido victoriosos en guerra, y no permitir que el orgullo le impidiera reconocer esta Revelación. Que Bahá'u'lláh previó que el Emperador Alemán no iba a responder a esta advertencia se ve por el pasaje presagioso que aparece más adelante en ese mismo Libro:
¡Oh riberas del Rhin! Os hemos visto cubiertas de sangre, por cuanto las espadas de la venganza fueron desenvainadas contra vosotras, y os ocurrirá de nuevo. Y oímos las lamentaciones de Berlín, aunque hoy esté en conspicua gloria.82
Un tono marcadamente diferente caracteriza a dos de las más importantes declaraciones, una dirigida a la Reina Victoria83 y la otra a los "Gobernantes de América y Presidentes de sus Repúblicas". La primera alaba el logro innovador que representaba la abolición de la esclavitud en todo el Imperio Británico y elogia el principio de gobierno representativo. La segunda, que comienza con el anuncio del Día de Dios, concluye con un llamamiento, prácticamente un mandato, que no tiene paralelo en ninguno de los otros mensajes: "Acoged al abatido con las manos de la justicia y aplastad al opresor jactancioso, con la vara de los mandamientos de tu Señor, el Ordenador, el Omnisapiente."84



La religión como luz y oscuridad

La condena más severa de Bahá'u'lláh está reservada a las barreras que la religión organizada ha erigido a lo largo de la historia entre la humanidad y las Revelaciones de Dios.
Dogmas inspirados en la superstición popular y perfeccionados por un empleo inadecuado de la facultad racional, se han impuesto repetidamente sobre un proceso divino cuyo propósito en todo tiempo ha sido espiritual y moral. Las leyes de interacción social, reveladas con el propósito de consolidar la vida comunitaria, han sido convertidas en las bases para erigir estructuras de doctrinas arcanas y prácticas que han agobiado a las masas a cuyo beneficio se suponía que debían servir. Incluso el ejercicio del intelecto, el principal instrumento de la raza humana, ha sido deliberadamente dificultado, llegando a producirse finalmente una ruptura del diálogo entre la fe y la ciencia, un diálogo del que depende la vida civilizada.
La consecuencia de este triste historial es el desprestigio que ha sufrido la religión en todo el mundo. Peor aún, la religión organizada se ha convertido en una de las más virulentas causas de odio y guerra entre los pueblos del mundo. "El fanatismo y el odio religiosos", advirtió Bahá'u'lláh hace más de un siglo, "son un fuego que devora al mundo y cuya violencia nadie puede extinguir. Sólo la Mano del Poder Divino puede librar a la humanidad de esta aflicción desoladora."85
A quienes Dios hará responsables de esta tragedia, dice Bahá'u'lláh, es a los líderes religiosos de la humanidad que han pretendido hablar en Su nombre a lo largo de la historia. Sus intentos de convertir la Palabra de Dios en un coto privado y su exposición en un medio de engrandecimiento personal han sido el mayor obstáculo contra el que ha tenido que luchar el progreso de la civilización. En la búsqueda de sus propios fines muchos de ellos no han dudado en levantar su mano contra los mismos Mensajeros de Dios en el momento de Su venida:
Los jefes religiosos, en toda época, han impedido a su pueblo alcanzar las orillas de la salvación eterna, por cuanto sostienen las riendas de la autoridad en su poderoso puño. Algunos por ambición de poder, otros por falta de comprensión y conocimiento, han sido la causa de esa privación del pueblo. Por su sanción y autoridad todos los Profetas de Dios han bebido del cáliz del sacrificio [...].86
Dirigiéndose al clero de todas las religiones, Bahá'u'lláh les advierte de la responsabilidad que han asumido tan descuidadamente en la historia:
Sois como un manantial. Si se cambia, así cambiarán los torrentes que fluyen de él. Temed a Dios y contaos entre los piadosos. De igual manera, si el corazón del hombre se corrompe, sus extremidades también se corromperán. E igualmente, si la raíz de un árbol se pudre, sus ramas, sus renuevos, sus hojas y sus frutos se pudrirán.87
Estas mismas declaraciones, reveladas en un momento en el que la ortodoxia religiosa era uno de los principales poderes en todo el mundo, declaraban que este poder había terminado de hecho y que la casta eclesiástica ya no volvería a jugar ningún papel social en la historia del mundo: "¡Oh concurso de sacerdotes! Desde ahora ya no os veréis en posesión de ningún poder [...]."88 A un miembro hostil de entre el clero musulmán especialmente vengativo, Bahá'u'lláh le dijo: "Tú eres como el último rastro de la luz del sol sobre la cima de la montaña. Pronto se desvanecerá, como ha sido decretado por Dios, el Todo Poseedor, el Altísimo. Tu gloria y la gloria de aquellos que son como tú os ha sido quitada [...]."89
Estas declaraciones no se dirigen al hecho en sí de organizar la actividad religiosa, sino al mal uso de esa clase de recursos. Los escritos de Bahá'u'lláh son generosos al apreciar no sólo la gran contribución que la religión organizada ha aportado a la civilización, sino también los beneficios que el mundo ha obtenido a través del sacrificio y el amor hacia la humanidad que han caracterizado a los sacerdotes y a las órdenes religiosas de todas las religiones:
Aquellos sacerdotes [...] que están verdaderamente adornados con el ornamento del conocimiento y de un buen carácter son, en verdad, como una cabeza para el cuerpo del mundo y como ojos para las naciones. [...]90
En definitiva, el desafío para todo el mundo, creyentes y no creyentes, clérigos y laicos por igual, es reconocer las consecuencias que está sufriendo el mundo como resultado de la corrupción universal del impulso religioso. Con el alejamiento de Dios imperante en la humanidad durante el último siglo se ha roto una relación de la que depende el fundamento mismo de la vida moral. Las facultades naturales del alma racional, vitales para el desarrollo y mantenimiento de los valores humanos, han llegado a ser desestimadas universalmente:
La vitalidad de la fe de los hombres en Dios se está extinguiendo en todos los países; nada que no sea Su saludable medicina podrá jamás restaurarla. La corrosión de la impiedad está carcomiendo las entrañas de la sociedad humana; ¿qué otra cosa sino el Elixir de Su potente Revelación puede limpiarla y revivirla? [...] Sólo la Palabra de Dios puede vindicar la distinción de estar dotada de la capacidad requerida para un cambio tan grande y trascendental.91



La Paz Mundial

A la luz de los acontecimientos posteriores, las advertencias y llamamientos de los escritos de Bahá'u'lláh durante este período adquieren un tremendo patetismo:
¡Oh vosotros, los representantes elegidos del pueblo de todos los países! [...] Considerad al mundo como el cuerpo humano que, aunque fue creado sano y perfecto, ha sufrido, por diversas causas, graves trastornos y enfermedades. Ni un solo día logró alivio, no, más bien su dolencia se hizo más aguda, puesto que cayó en manos de médicos ignorantes que daban rienda suelta a sus deseos personales [...].
Lo vemos en este día a la merced de gobernantes tan embriagados de orgullo que no pueden discernir claramente lo que más les conviene, ni menos aún reconocer una Revelación tan asombrosa y desafiante como ésta. [...]92
Éste es el día en que la Tierra dará a conocer sus nuevas. Los forjadores de iniquidad son su carga, ojalá pudierais comprenderlo. [...]93
Todos los hombres han sido creados para llevar adelante una civilización en continuo progreso. El Todopoderoso es mi testigo: actuar como las bestias del campo es indigno del hombre. Las virtudes que corresponden a su dignidad son la indulgencia, la misericordia, la compasión y la amorosa bondad hacia todos los pueblos y razas de la Tierra. [...]94
Una nueva vida se agita en esta época dentro de todos los pueblos de la Tierra y, sin embargo, nadie ha descubierto su causa ni comprendido su motivo. Considerad los pueblos de Occidente. Mirad como en su búsqueda de lo vano y trivial han sacrificado y todavía siguen sacrificando incontables vidas por su establecimiento y promoción. [...]95
Es deseable la moderación en todos los asuntos. Si una cosa se lleva al exceso, será fuente de perjuicio. [...] Cosas extrañas y asombrosas existen en la Tierra, pero están ocultas a las mentes y a la comprensión de los hombres. Estas cosas son capaces de cambiar toda la atmósfera de la Tierra y su contaminación podría resultar letal. [...]96
En escritos posteriores, incluyendo los dirigidos a la humanidad de forma colectiva, Bahá'u'lláh exhortaba a adoptar medidas para lo que Él llamaba la "Gran Paz". Éstas, dijo, mitigarían los sufrimientos y el trastorno que Él veía acechando a la raza humana, hasta la llegada del momento en que los pueblos del mundo abracen la Revelación de Dios y, a través de ella, establezcan la Paz Más Grande:
Debe llegar el tiempo cuando la imperativa necesidad de tener una gran asamblea, que abarque a todos los hombres, será universalmente reconocida. Los gobernantes y reyes de la tierra deben necesariamente concurrir a ella y, participando en sus deliberaciones, deben considerar los medios y recursos para poner los cimientos de la Gran Paz Mundial entre los hombres. Tal paz exige que las grandes potencias decidan, para la tranquilidad de los pueblos de la Tierra, estar completamente reconciliadas entre sí. Si algún rey tomase armas contra otro, todos deberían levantarse solidariamente e impedírselo. Si esto se hace, las naciones del mundo ya no necesitarán armamentos salvo con el fin de preservar la seguridad de sus reinos y mantener el orden interno dentro de sus territorios. [...] Se aproxima el día en que todos los pueblos del mundo habrán adoptado un idioma universal y una escritura común. Cuando esto se haya logrado, a cualquier ciudad adonde uno viaje, será como si hubiera entrado en su propio hogar. [...] Sólo es verdaderamente un hombre quien hoy se dedica al servicio de toda la raza humana. [...] No debe enaltecerse quien ama a su patria, sino más bien quien ama al mundo entero. La tierra es un solo país y la humanidad sus ciudadanos.97


"No por Mi propia Voluntad"

En Su carta a Násiri'd-Dín Sháh, monarca de Persia, en la que se abstiene de hacer ningún reproche sobre Su encarcelamiento en el Síyáh-Chál y las demás injusticias que había experimentado a manos del rey, Bahá'u'lláh habla de Su propio papel en el Plan Divino:
Yo no era más que un hombre como los demás, dormía en Mi lecho cuando, he aquí, las brisas del Todo Glorioso soplaron sobre Mí y Me enseñaron el conocimiento de todo lo que ha sido. Esto no viene de Mí, sino de Uno que es Todopoderoso y Omnisapiente. Y Él Me ordenó elevar Mi voz entre cielo y tierra y por esto Me sucedió lo que ha hecho correr las lágrimas de todo hombre de entendimiento. La erudición corriente entre los hombres no la estudié, ni entré en sus escuelas. Pregunta en la ciudad donde vivía, para que puedas estar bien seguro de que Yo no soy de los que hablan en falso.98
La misión a la que Él había dedicado Su vida entera, que Le había costado la vida de Su querido hijo menor99, así como todas Sus posesiones materiales, que había minado Su salud y Le había acarreado encarcelamiento, exilio y abusos, no había sido emprendida por Él. "No por Mi propia Voluntad", dijo, había entrado en ese camino:
Oh pueblo, ¿pensáis que Yo tengo en Mis manos el control de la última Voluntad y Propósito de Dios? [...] Si el destino final de la fe de Dios hubiera estado en Mis manos, nunca habría consentido, ni por un momento, en manifestarme a vosotros, ni hubiera permitido que una sola palabra brotase de Mis labios. De esto Dios Mismo es ciertamente testigo.100
Habiéndose sometido sin reservas al requerimiento de Dios, no tuvo duda alguna del papel que había sido llamado a desempeñar en la historia humana. Como la Manifestación de Dios para el tiempo del cumplimiento, Él es el Prometido de todas las escrituras del pasado, el "Deseo de las naciones", el "Rey de la Gloria". Para el Judaísmo Él es el "Señor de los Ejércitos"; para el Cristianismo el Retorno de Cristo en la Gloria del Padre; para el Islam el "Gran Anuncio"; para el Budismo el Buda Maitreya; para el Hinduísmo la nueva encarnación de Krishna; para el Zoroastrianismo el advenimiento del "Sháh-Bahrám."101
Como las Manifestaciones de Dios anteriores, Él es la Voz de Dios y Su canal humano: "Cuando contemplo, oh mi Dios, la relación que Me une a Ti, Me siento impelido a proclamar a todas las cosas creadas '¡en verdad, Yo soy Dios!'; y cuando considero Mi propio ser, ¡he aquí que lo encuentro más tosco que la arcilla!"102
Algunos entre vosotros han dicho: "Él es Quien ha pretendido ser Dios". ¡Por Dios! Ésta es una grave calumnia. Yo no soy sino un siervo de Dios que ha creído en Él y en Sus signos [...]. Mi lengua, Mi corazón, Mi ser interior y Mi ser exterior atestiguan que no hay Dios sino Él, que todos los demás han sido creados por Su mandato y modelados por la acción de Su voluntad. [...] Yo soy Aquel que proclama los favores con que Dios, por Su munificencia, Me ha favorecido. Si ésta es Mi transgresión, entonces soy ciertamente el primero de los transgresores. [...] 103
Los escritos de Bahá'u'lláh se valen de un amplio número de metáforas que intentan expresar la paradoja que yace en el corazón del fenómeno por el que Dios revela Su Voluntad:
Yo soy el Halcón real posado en el brazo del Todopoderoso. Yo despliego las alas marchitas de toda ave abatida y le ayudo a levantar su vuelo.104
Ésta no es más que una hoja que han movido los vientos de la Voluntad de tu Señor, el Todopoderoso, el Todo Alabado. ¿Puede quedarse quieta cuando soplan los vientos tempestuosos? ¡No, por Aquel que es el Señor de todos los Nombres y Atributos! La mueven como les place. [...]105


El Convenio de Dios con la humanidad

En junio de 1877 Bahá'u'lláh salió por fin de Su estricto confinamiento en la ciudad prisión de 'Akká y se trasladó con Su familia a "Mazra'ih", una pequeña finca a pocas millas al norte de la ciudad.106 Como había predicho en Su declaración al gobierno turco, el Sultán Abdu'l-'Azíz había sido derrocado y asesinado en una intriga palaciega y las rachas de los vientos de cambio político que barrían el mundo comenzaron a invadir incluso los cerrados recintos del sistema imperial otomano. Tras una breve estancia de dos años en Mazra'ih, Bahá'u'lláh se trasladó a "Bahjí", una gran mansión rodeada de jardines que Su hijo 'Abdu'l-Bahá había alquilado para Él y para los miembros de Su extensa familia107. Los doce años restantes de Su vida estuvieron dedicados a escribir sobre un amplio abanico de temas espirituales y sociales y a recibir un flujo de peregrinos bahá'ís que llegaban con grandes dificultades desde Persia y otras tierras.
Por todo el Cercano y Medio Oriente comenzaba a tomar forma el núcleo de una vida en comunidad entre aquellos que habían aceptado Su mensaje. Para guiarla, Bahá'u'lláh había revelado un sistema de leyes e instituciones diseñadas para dar una dimensión práctica a los principios expresados en Sus escritos108. Invistió de autoridad a los consejos elegidos democráticamente por toda la comunidad; dejó disposiciones para excluir la posibilidad de que surgiera una élite clerical y estableció los principios de la consulta y de la toma de decisiones en grupo.
En el corazón de este sistema estaba lo que Bahá'u'lláh denominó un "nuevo Convenio" entre Dios y la humanidad. El rasgo característico de la madurez de la humanidad es que por primera vez en su historia la totalidad de la raza humana está involucrada conscientemente, aunque de forma vaga, en la conciencia de su propia unidad y de la tierra como un hogar común. Este despertar abre el camino hacia una nueva relación entre Dios y la humanidad. A medida que los pueblos del mundo abracen la autoridad espiritual inherente a la guía de la Revelación de Dios para esta época, decía Bahá'u'lláh, encontrarán en sí mismos una capacitación moral que el esfuerzo humano, por sí solo, ha demostrado ser incapaz de generar. "Una nueva raza de hombres"109 surgirá como resultado de esta relación y emprenderá la tarea de construir una civilización mundial. La misión de la comunidad bahá'í sería la de demostrar la eficacia de este Convenio para curar los males que dividen a la raza humana.
Bahá'u'lláh murió en Bahjí el 29 de mayo de 1892 en el año 75 de Su vida. En el momento de Su fallecimiento, la causa que Le fuera confiada cuarenta años antes en la oscuridad del Pozo Negro de Teherán estaba preparada para salir de las tierras islámicas donde había tomado forma y establecerse primero por América y Europa y después por todo el mundo. Al hacerlo así, se convertiría en prueba fehaciente del nuevo Convenio entre Dios y la humanidad. La Fe Bahá'í con su comunidad de creyentes sería la única entre las religiones independientes del mundo que iba a pasar con éxito este primer siglo crítico de su existencia con su unidad firmemente intacta y sin sufrir la antigua plaga de cismas y facciones. Esta experiencia ofrece una evidencia irrefutable para la afirmación de Bahá'u'lláh de que la raza humana, en toda su diversidad, puede aprender a vivir y a trabajar como un solo pueblo, en una patria común planetaria.
Sólo dos años antes de Su muerte, Bahá'u'lláh recibió en Bahjí a uno de los pocos occidentales que Le vieron y el único que dejó un relato escrito de la experiencia. El visitante era Edward Granville Browne, un orientalista joven y prometedor de la Universidad de Cambridge, cuya atención se había sentido atraída originalmente por la dramática historia del Báb y de Su heroico grupo de seguidores. Sobre su encuentro con Bahá'u'lláh, Browne escribió:
Aunque yo tenía una vaga idea del lugar a donde iba y a quién había de contemplar (pues no se me había dado ninguna indicación precisa), pasaron unos segundos antes de que, estremecido de asombro y reverente temor, tuviera conciencia de que la habitación no estaba vacía. En el ángulo donde el diván tocaba la pared, distinguí una extraordinaria y venerable figura. [...] El rostro de aquel a quien contemplé nunca lo podré olvidar aunque no puedo describirlo. Esos ojos penetrantes parecían leer en el alma de uno; en su amplia frente había poder y autoridad [...]. ¡No necesitaba preguntar en presencia de quién me encontraba al inclinarme ante aquél que es el objeto de una devoción y un amor que los reyes podrían envidiar y por los cuales los emperadores suspiran en vano! Una voz digna y suave me pidió que me sentara y continuó: "¡Alabado sea Dios ya que tú has llegado hasta mí! [...]. Has venido a ver a un prisionero y un desterrado. [...] Nosotros sólo deseamos el bien del mundo y la felicidad de las naciones; sin embargo nos consideran causantes de sedición y de contiendas, merecedoras de la prisión y el destierro [...]. Que todas las naciones tengan una fe común y todos los hombres sean como hermanos; que se fortalezcan los lazos de afecto y unidad entre los hijos de los hombres; que desaparezca la diversidad de religiones y se anulen las diferencias de raza. ¿Qué mal hay en esto? [...] Pero esto se cumplirá, estas luchas sin objeto, estas guerras desastrosas pasarán y la 'Paz Más Grande' reinará. [...]"110



NOTAS
1 Bahá'u'lláh ("La Gloria de Dios") cuyo nombre era Husayn-`Alí. La obra autorizada sobre las misiones del Báb y de Bahá'u'lláh es Shoghi Effendi, Dios Pasa, Editorial Bahá'í Indo- Latinoamericana (EBILA), Buenos Aires, 1974. Para un estudio biográfico véase Hasan Balyuzi, Bahá'u'lláh: The King of Glory, George Ronald Ed., Oxford, 1980. (Edición española en prensa. N. del T.). Los escritos de Bahá'u'lláh han sido extensamente analizados por Adib Taherzadeh, en The Revelation of Bahá'u'lláh, George Ronald Ed., Oxford, 1975, 4 vols.
2 El Britannica Yearbook de 1988 indica que, aunque la comunidad bahá'í cuenta con tan solo unos cinco millones de miembros, la Fe se ha convertido ya en la religión más ampliamente difundida de la Tierra después del Cristianismo. Existen hoy día 155 Asambleas Nacionales Bahá'ís en países independientes y territorios importantes del globo, y más de 17.000 Asambleas elegidas que funcionan a nivel local. Se estima que están representadas 2.112 nacionalidades y tribus.
3 Arnold J. Toynbee, Estudio de la Historia, Emecé Ed., Buenos Aires, 1961, Vol.VIII, págs. 61-62.
4 El Báb ("La Puerta") cuyo nombre era Siyyid 'Alí-Muhammad nacido en Shíráz el 20 de octubre de 1819.
5 Los pasajes de los escritos del Báb que se refieren al advenimiento de "Aquél a Quien Dios manifestará" incluyen referencias ocultas al "año nueve" y al "año diecinueve" (es decir, aproximadamente 1852 y 1863, calculando en años lunares desde el año de la inauguración de Su misión, 1844). En varias ocasiones el Báb también indicó a varios de Sus seguidores que llegarían a reconocer y servir a "Aquel a quién Dios manifestará."
6 La proclamación del mensaje del Báb había sido llevada a cabo en las mezquitas y lugares públicos por grupos entusiastas de seguidores, muchos de ellos jóvenes seminaristas. El clero musulmán había respondido incitando al populacho a la violencia. Desafortunadamente, estos acontecimientos coincidieron con una crisis política creada por la muerte de Muhammad Sháh y con la lucha por la sucesión. Fueron los líderes de la facción política ganadora, apoyando al rey-niño Násiri'd-Dín Sháh, quienes volvieron entonces al ejército real contra los entusiastas babíes. Estos últimos, educados en un marco de referencia musulmán y creyendo que tenían derecho moral a la defensa propia, se hicieron fuertes en refugios provisionales y resistieron durante largo tiempo sangrientos asedios. Cuando finalmente fueron vencidos y masacrados, y el Báb hubo sido ejecutado, dos jóvenes babíes trastornados asaltaron al Sháh en un camino público y le dispararon con perdigones, en un intento de asesinato mal concebido. Fue este incidente el que proporcionó la excusa para la peor masacre de babíes, la cual suscitó las protestas de las embajadas occidentales. Para un relato de este período véase W. Hatcher y D. Martin, The Bahá'í Faith: The Emerging Global Religion, Harper and Row Ed., San Francisco, 1985, págs. 6-32.
7 Para una relación de estos acontecimientos véase Dios Pasa, ed.cit., capítulos I-V. El interés occidental hacia el movimiento bábí surgió particularmente por la publicación en 1865 del libro de Joseph Arthur, Comte de Gobineau, Les religions et les philosophies dans l'Asia Centrale, Didier Ed., París, 1865.
8 Bahá'u'lláh, Epístola al Hijo del Lobo, EBILA, Buenos Aires, 1978, págs. 18-19. (Aquí y en adelante, se ha revisado autorizadamente la traducción de las citas del texto. N. del T.).
9 Un buen número de observadores diplomáticos y militares occidentales han dejado relatos desgarradores sobre lo que vieron. Varias protestas formales fueron registradas ante las autoridades persas. Véase Moojan Momen, The Bábí and Bahá'í Religions, 1844-1944, George Ronald Ed., Oxford, 1981.
10 Bahá'u'lláh, Epístola al Hijo del Lobo, ed.cit., pág. 19.
11 Ibidem, pág. 20.
12 Había en Persia, comprensiblemente, muchas suspicacias sobre las intenciones de los gobiernos británico y ruso; ambos habían interferido desde tiempo atrás en los asuntos persas.
13 El punto focal de estos problemas fue un tal Mírzá Yahyá, un joven hermanastro de Bahá'u'lláh. Mientras aún era joven, y bajo la guía de Bahá'u'lláh, Yahyá había sido nombrado por el Báb como cabeza nominal de la comunidad bábí, hasta la inminente venida de "Aquel a quien Dios manifestará." Sin embargo, al caer bajo la influencia de un ex-teólogo musulmán, Siyyid Muhammad Isfahání, Yahyá fue alejándose progresivamente de su hermano. En vez de expresarlo abiertamente, este resentimiento encontró salida en la agitación clandestina que tuvo, a su vez, un efecto desastroso sobre la ya baja moral de los exiliados. Finalmente Yahyá rechazó aceptar la declaración de Bahá'u'lláh y no ocupó ningún papel en el desarrollo de la Fe Bahá'í que con esta declaración se iniciaba.
14 Bahá'u'lláh, El Libro de la Certeza, EBILA, Buenos Aires, 1971, pág. 154.
15 Bahá'u'lláh, Las Palabras Ocultas, EBILA, Buenos Aires, 1986, números 2, 5, 35 y 12 del árabe en págs. 2, 3, 12 y 5 respectivamente.
16 Bahá'u'lláh, El Libro de la Certeza, ed. cit., págs. 9-10, 122 -125.
17 Citado en Shoghi Effendi, Dios Pasa, ed. cit., págs. 130-131.
18 Cita del Príncipe Zaynu'l-'Abidín Khán, apud. Dios Pasa, ed.cit., pág. 128.
19 Ver nota 68.
20 Shoghi Effendi, Dios Pasa, ed.cit., pág. 145. Después de 1863, y de forma progresiva, la palabra "bahá'í" reemplazó a la de "bábí" como designación de la nueva fe, señalando el hecho de que había surgido una religión completamente nueva.
21 Citado en Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, EBILA, Buenos Aires, 1972, pág. 113.
22 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, EBILA, Buenos Aires, 1988 (4ª ed.), pág. 15.
23 Ibidem, pág. 239.
24 Ibidem, pág. 267.
25 Ibidem, pág. 13.
26 Ibidem, pág. 13.
27 Los dos pasajes señalados pueden encontrarse, citados por 'Abdu'l-Bahá, en J. E. Esslemont, Bahá'u'lláh y la Nueva Era, Editorial Bahá'í de España, Terrassa (Barcelona), 1976, págs. 167 y 201, y en Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh reveladas después del Kitáb-i-Aqdas, EBILA, Buenos Aires, 1982, pág. 25.
28 Shoghi Effendi, en Dios Pasa, ed. cit., págs. 121-142, ofrece un relato sobre estos acontecimientos.
29 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed.cit., pág. 10.
30 Bahá'u'lláh, El Libro de la Certeza, ed. cit., págs. 65-66.
31 Ibidem, pág. 66.
32 Ibidem, págs. 66-67.
33 Ibidem, pág. 69.
34 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., págs. 52-53.
35 Ibidem, págs. 58-59.
36 Ibidem, págs. 57-58.
37 Citado en Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, ed. cit., pág. 116.
38 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 113.
39 Ibidem, pág. 69.
40 Ibidem, pág. 135.
41 Ibidem, pág. 264.
42 Para una exposición detallada sobre este tema véase 'Abdu'l-Bahá, Respuestas a Algunas Preguntas, EBILA, Buenos Aires, 1985 (6ª ed.), págs. 171-213.
43 Son ejemplo de esto las palabras de Jesús: "¿Por qué me llamáis bueno? Sólo uno es bueno, y ése es Dios [...]" (Mateo, 19:17); "Yo y el Padre somos uno." (Juan, 10:30).
44 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., págs. 145-147.
45 Ibidem, págs. 46-49.
46 Ibidem, pág. 50.
47 Nuevo Testamento, Juan, 1:10.
48 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., págs. 117-118.
49 Citado en Shoghi Effendi, The World Order of Bahá'u'lláh: Selected Letters, Bahá'í Publishing Trust, Wilmette, 1982, pág. 117.
50 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 64. En los escritos bahá'ís el término "Adán" se utiliza simbólicamente en dos sentidos diferentes: uno se refiere al nacimiento de la raza humana, mientras que el otro designa a la primera de las Manifestaciones de Dios.
51 Ibidem, pág. 174.
52 Ibidem, pág. 125.
53 Véase Bahá'u'lláh, Los Siete Valles y Los Cuatro Valles, EBILA, Buenos Aires, 1989, pág. 24: "Por cierto, aunque para los sabios es vergonzoso buscar en el polvo al Señor de los Señores, aun así esto da muestras del intenso ardor de la búsqueda."
54 Citado en Shoghi Effendi, The World Order of Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 116.
55 Bahá'u'lláh, Los Siete Valles, ed. cit., pág. 19.
56 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 174.
57 Ibidem, pág. 230
58 Ibidem, pág. 10
59 Nuevo Testamento, Juan, 10:16
60 Para una explicación sobre el tema de las enseñanzas de Bahá'u'lláh acerca del proceso de maduración de la raza humana, véase Shoghi Effendi, The World Order of Bahá'u'lláh, ed. cit., págs. 162-163, 202.
61 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 177.
62 Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 190.
63 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 80.
64 Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág.190.
65 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., págs. 11-12.
66 Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 75.
67 Departamento de investigación de la Casa Universal de Justicia, La Mujer, una recopilación, Editorial Bahá'í de España, Terrassa (Barcelona), 1987, pág. 34.
68 Una combinación de circunstancias poco usuales hicieron que las autoridades centrales de Constantinopla fueran especialmente favorables a Bahá'u'lláh y se resistiesen a las presiones del gobierno persa. El gobernador de Bagdad, Namíq Páshá, había escrito entusiasmado a la capital sobre el carácter y la influencia del distinguido exiliado persa. El Sultán `Abdu'l-`Azíz encontró fascinantes los informes porque, aunque era el Califa del Islám Sunní, se consideraba a sí mismo un buscador místico. Igualmente importante, en otro sentido, fue la reacción de su principal ministro, `Alí Páshá. A este último, que era un experto estudioso del lenguaje y la literatura persas, así como un supuesto modernizador de la administración turca, Bahá'u'lláh le pareció una figura muy grata. No cabe duda de que fue esta combinación de simpatía e interés lo que llevó al gobierno otomano a invitar a Bahá'u'lláh a la capital en vez de enviarle a un lugar más alejado o entregarle a las autoridades persas, como estas últimas requerían.
69 Para una lectura del texto completo del informe del embajador austríaco, Conde von Prokesch-Osten, en una carta al Conde de Gobineau del 10 de enero de 1866, véase Moojan Momen, The Bábí and Bahá'í Religions, 1984-1944, ed. cit., págs.186-187.
70 Adib Taherzadeh, The Revelation of Bahá'u'lláh, ed. cit., vol. II, pág. 399.
71 Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 14.
72 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., págs. 171-173.
73 Ibidem, págs. 203-204.
74 Ibidem, págs. 203-204.
75 Para una descripción de estos acontecimientos, véase Adib Taherzadeh, The Revelation of Bahá'u'lláh, ed. cit., vol. III, especialmente págs. 296, 331.
76 Para una descripción de esta experiencia véase Shoghi Effendi, Dios Pasa, ed, cit., págs. 172-184.
77 En la década de 1850 dos líderes religiosos alemanes, Christoph Hoffmann y Georg David Hardegg, colaboraron en el desarrollo de la "Sociedad de los Templers," dedicados a crear en Tierra Santa una colonia o colonias que prepararían el camino para el regreso de Cristo. Habiendo abandonado Alemania el 6 de agosto de 1868, el grupo fundador llegó a Haifa el 30 de octubre de 1868, dos meses después de la llegada de Bahá'u'lláh.
78 Para una descripción de los desastres que acaecieron a la Turquía europea en la guerra ruso-turca de 1877-1878, véase Addendum III en Hasan Balyuzi, Bahá'u'lláh: The King of Glory, ed. cit., págs. 460-462.
79 Bahá'u'lláh, Epístola al Hijo del Lobo, ed. cit., pág. 45.
80 Alistair Horne, The Fall of Paris, Macmillan Ed., Londres, 1965, pág. 34.
81 Citado en Shoghi Effendi, El Día Prometido ha llegado, EBILA, Buenos Aires, 1973, págs. 46-47.
82 Ibidem, págs. 53-54.
83 Ibidem, págs. 50-53.
84 Citado en Shoghi Effendi, Citadel of Faith: Messages to America 1947-1957, Bahá'í Publishing Trust, Wilmette, 1980, págs. 18-19.
85 Bahá'u'lláh, Epístola al Hijo del Lobo, ed. cit., pág. 12.
86 Bahá'u'lláh, El Libro de la Certeza, ed. cit., pág. 16.
87 Citado en Shoghi Effendi, El Día Prometido ha llegado, ed. cit., pág.126.
88 Ibidem, págs. 122-123.
89 Bahá'u'lláh, Epístola al Hijo del Lobo, ed. cit., pág. 87.
90 Shoghi Effendi, El Día Prometido ha llegado, ed. cit., pág. 168.
91 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., págs. 163-164.
92 Ibidem, pág. 206.
93 Ibidem, pág. 38.
94 Ibidem, pág. 175.
95 Ibidem, pág. 160.
96 Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 78.
97 Ibidem, págs. 192-195.
98 Bahá'u'lláh, Epístola al Hijo del Lobo, ed. cit., pág. 10. La frase "No por Mi voluntad" aparece en el párrafo inmediatamente anterior al último texto citado.
99 Un hijo de Bahá'u'lláh, Mírzá Mihdí, de 22 años, murió en 1870 por una caída accidental debida a las condiciones de cautividad de la familia.
100 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 77.
101 Shoghi Effendi, Dios Pasa, ed. cit., págs. 89-90.
102 Shoghi Effendi, The World Order of Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 113.
103 Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 185.
104 Bahá'u'lláh, Tablas de Bahá'u'lláh, ed. cit., pág. 78.
105 Bahá'u'lláh, Epístola al Hijo del Lobo, ed. cit., pág. 10.
106 Aunque la orden de destierro del Sultán 'Abdu'l-Azíz nunca fue revocada formalmente, las autoridades políticas responsables llegaron a considerarla como nula e invalidada. Por lo tanto, indicaron que Bahá'u'lláh podía establecer Su residencia fuera de los muros de la ciudad si Él lo decidía así.
107 La mansión había sido construida por un rico mercader árabe cristiano de Akká que la abandonó al empezar a extenderse un brote de peste. La finca fue primero alquilada y, unos años después del fallecimiento de Bahá'u'lláh, adquirida por la comunidad bahá'í. La tumba de Bahá'u'lláh está situada en un Santuario en los jardines de Bahjí y actualmente es el punto central de peregrinación para el mundo bahá'í.
108 Para un resumen de este conjunto de enseñanzas véase Shoghi Effendi, The World Order of Bahá'u'lláh, ed. cit., págs. 143-147, así como Shoghi Effendi, Principios de Administración Bahá'í, EBILA, Buenos Aires, 1961, en toda su extensión. Una traducción al inglés extensamente anotada del documento central de este conjunto de escritos, el Kitáb-i-Aqdas ("El Libro Más Sagrado"), se va a publicar coincidiendo con el centenario del fallecimiento de Bahá'u'lláh en 1992.
109 Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, ed. cit., págs. 30-31.
110 Edward G. Browne, A Traveller's Narrative, Bahá'í Publishing Committee, New York, 1930, págs. XXXIX-XL.

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