Read: Pasajes de los Escritos de Baha'u'llah




PASAJES DE LOS ESCRITOS DE BAHÁ'U'LLÁH


Versión castellana basada en la traducción autorizada al inglés de SHOGHI
EFFENDI

Título original en inglés:
Gleanings from the Writings of Bahá'u'lláh



PASAJES DE LOS ESCRITOS DE BAHÁ'U'LLÁH

I. ¡Loado y glorificado eres Tú, oh Señor mi Dios! Cómo puedo yo
hacer mención de ti, si estoy seguro de que ninguna lengua, por muy
profunda que sea su sabiduría, puede magnificar debidamente tu nombre, ni
el ave del corazón humano, por grande que sea su anhelo, jamás podrá
esperar ascender al cielo de tu majestad y conocimiento.

Si te describo, oh mi Dios, como Aquel que Todo lo Percibe, me veo
compelido a admitir que aquellos que son las más elevadas
Personificaciones de la percepción, han sido creados por virtud de tu
mandato. Y si te alabo como Aquel quien es el Omnisapiente, me veo
igualmente forzado a reconocer que los Manantiales de sabiduría han sido
generados ellos mismos por la acción de tu Voluntad. Y si te ensalzo como
el Incomparable, pronto descubro que aquellos que son la más íntima
esencia de unidad, han sido enviados por ti y no son más que las
demostraciones de tu obra. Y si te aclamo como el Conocedor de todas las
cosas, debo confesar que aquellos que son la Quintaesencia del
conocimiento son sólo creación e instrumentos de tu Propósito.

Exaltado, inmensamente exaltado, eres Tú, por encima de los
esfuerzos del hombre mortal para desentrañar tu misterio, describir tu
gloria o aun insinuar la naturaleza de tu Esencia. Por tanto, por mucho
que logren tales esfuerzos, jamás podrán tener la esperanza de trascender
las limitaciones impuestas sobre tus criaturas, ya que están animados por
tu mandato y son engendrados por tu inventiva. Los sentimientos más
elevados que el más santo de los santos pueda expresar en tu alabanza, y
la más profunda sabiduría que el más erudito de los hombres pueda
proferir en su esfuerzo por comprender tu naturaleza, todos giran
alrededor de aquel Centro que está completamente subordinado a tu
Soberanía, que adora tu Belleza y es propulsado por los movimientos de tu
Pluma.

¡No! ¡Prohíbelo, oh mi Dios! que yo haya pronunciado palabras tales
que necesariamente impliquen la existencia de cualquier relación directa
entre la Pluma de tu Revelación y la esencia de todas las cosas creadas.
¡Lejos, muy lejos están Aquellos que tienen conexión contigo, la
concepción de tal relación! Toda comparación o descripción es incapaz de
hacer justicia al Árbol de tu Revelación, y todos los caminos hacia la
comprensión de la Manifestación de ti mismo y la Aurora de tu Belleza,
están cerrados.

¡Lejos, muy lejos de tu gloria está lo que hombres mortales puedan
afirmar de ti, o atribuirte, o la alabanza con que puedan glorificarte!
Cualquier deber que Tú hayas prescrito a tus siervos de ensalzar al
máximo tu majestad y gloria, es sólo una muestra de tu gracia hacia
ellos, para que puedan ascender al grado conferido a su propio ser
interior, el del conocimiento de sí mismo.

Nadie que no seas Tú ha podido, en ningún momento, sondear tu misterio o
ensalzar dignamente tu grandeza. Inescrutable, y muy por encima de la
alabanza de los hombres, permanecerás Tú eternamente. No existe otro Dios
más que Tú, el Inaccesible, el Omnipotente, el Omnisciente, el
Sacratísimo.

II. El principio de todas las cosas es el conocimiento de Dios, y
el fin de todas las cosas, la observancia estricta de todo lo que ha sido
enviado desde el empíreo de la Voluntad Divina, que abarca todo lo que
está en los cielos y en la tierra.

III. La Revelación que desde tiempo inmemorial ha sido aclamada
como el Propósito y Promesa de todos los profetas de Dios y como el más
caro deseo de sus mensajeros, ha sido ahora manifestada a los hombres por
virtud de la penetrante Voluntad del Todopoderoso y de su irresistible
mandato. El advenimiento de tal Revelación ha sido anunciado en todas las
Sagradas Escrituras. Contemplad cómo, a pesar de dicho anuncio, la
humanidad se ha desviado de su sendero y se ha apartado de su gloria.

Di: ¡Oh vosotros amantes del Dios único y verdadero! Esforzaos para
que, en verdad, le reconozcáis, y conozcáis y observéis dignamente sus
preceptos. Ésta es una Revelación bajo la cual, si un hombre derramare
por ella una gota de sangre, miríadas de océanos serán su recompensa.
Estad alertas, oh amigos, no sea que, por incumplimiento, perdáis tan
inestimable beneficio o despreciéis su trascendente rango. Considerad la
multitud de vidas que han sido, y aún están siendo, sacrificadas, en un
mundo engañado por un mero fantasma concebido por la vana imaginación de
sus pueblos. Dad gracias a Dios, ya que habéis alcanzado el deseo de
vuestros corazones y habéis sido unidos a Aquel quien es el Prometido de
todas las naciones. Proteged, con la ayuda del Dios único y verdadero,
exaltada sea su gloria, la integridad de la posición que habéis logrado y
aferraos a aquello que promueva su Causa. Él, en verdad, os ordena
aquello que es justo y que conduce a la elevación de la posición del
hombre. Glorificado sea el Todo Misericordioso, el revelador de esta
maravillosa Tabla.

IV. Este es el día en que los más excelentes favores de Dios han
sido derramados sobre los hombres, Día en que su poderosísima gracia ha
sido infundida en todas las cosas creadas. Incumbe a todos los pueblos
del mundo reconciliar sus diferencias y, con perfecta unidad y paz, morar
bajo la sombra del Árbol de su cuidado y amorosa bondad. Les incumbe
aferrarse a todo aquello que, en este Día, conduzca a la exaltación de su
posición y la promoción de sus mejores intereses. Dichosos aquellos a
quienes la gloriosísima Pluma se sintió inclinada a recordar y benditos
aquellos hombres cuyos nombres, por virtud de nuestro inescrutable
decreto, hemos preferido ocultar.

Suplicad al Dios único y verdadero que conceda que todos los
hombres sean asistidos por gracia a cumplir aquello que sea aceptable a
nuestra vista. Pronto el orden actual será enrollado y uno nuevo será
desplegado en su lugar. De cierto, vuestro Señor habla la verdad y es el
Conocedor de cosas no vistas.

V. Éste es el Día en que el Océano de la misericordia de Dios ha
sido manifestado a los hombres, Día en que el Sol de su amorosa bondad ha
derramado su resplandor sobre ellos, Día en que las nubes de su generoso
favor han dado sombra a toda la humanidad. Éste es el tiempo para alentar
y refrescar al deprimido por medio de las vivificantes brisas de amor y
fraternidad, y por las vivientes aguas de amistad y caridad.

Aquellos que son los amados de Dios, doquiera se reúnan y a
quienquiera encuentren, deben mostrar, en su actitud hacia Dios, y en la
forma en que celebran su alabanza y gloria, tal humildad y sumisión, que
cada átomo de polvo bajo sus pies pueda atestiguar la profundidad de su
devoción. La conversación de estas almas santas debe estar dotada con
poder tal que estos mismos átomos se sientan estremecidos por su
influencia. Deben comportarse en tal forma que la tierra sobre la cual
caminan nunca pueda dirigirles palabras como éstas: "Yo debo ser
preferida antes que vosotros. Observad con qué paciencia sobrellevo la
carga que el labrador me pone encima. Yo soy el instrumento que imparte
continuamente a todos los seres las bendiciones que Aquel quien es la
Fuente de toda gracia, me ha confiado. No obstante el honor que me ha
sido conferido y las innumerables pruebas de mi riqueza, riqueza que
satisface las necesidades de toda la creación, mirad cuán grande es mi
humildad, atestiguad con cuanta sumisión permito ser hollada por los pies
de los hombres..."

Mostrad paciencia, benevolencia y amor los unos por los otros. Si
alguno de entre vosotros no pudiera captar cierta verdad o estuviera
haciendo esfuerzos para comprenderla, mostrad en vuestra conversación con
él un espíritu de suma bondad y benevolencia. Ayudadle a ver y reconocer
la verdad, sin considerarse en lo más mínimo superior a él ni poseedor de
mayores dotes.

Todo el deber del hombre en este Día es alcanzar aquella parte del
torrente de la gracia que Dios derrama para él. Por tanto, que ninguno
considere si el receptáculo es grande o pequeño. La porción de algunos
puede caber en la palma de una mano, la porción de otros pudiera llenar
una taza y la de otros alcanzar la medida de un galón.

Cada cual en este Día debería buscar lo que mejor promueva la Causa
de Dios. ¡Aquel quien es la Eterna Verdad es mi testigo! No hay nada en
este Día que pueda hacer más daño a mi Causa que la disensión y la
contienda, las disputas, el alejamiento y la apatía entre los amados de
Dios. Huid de ellos, mediante el poder de Dios y su soberana ayuda y
esforzaos para unir los corazones de los hombres en su Nombre, el
Unificador, el Omnipotente, el Omnisapiente.

Suplicad al Dios único y verdadero que conceda que saboreéis obras
tales como las que son realizadas en su sendero y participéis de la
dulzura de humildad y sumisión tales como las que muestran por amor a Él.
Olvidaos de vosotros mismos y volved vuestros ojos hacia vuestro vecino.
Dedicad vuestras energías a todo aquello que promueva la educación de los
hombres. Nada es, ni jamás podrá ser, ocultado a Dios. Si camináis en su
sendero, sus incalculables e imperecederas bendiciones lloverán sobre
vosotros. Ésta es la luminosa Tabla cuyos versos han brotado de la
vibrante Pluma de Aquel quien es el Señor de todos mundos. Meditad sobre
ella en vuestros corazones y sed de los que observan sus preceptos.

VI. Observad cómo los diversos pueblos y naciones de la tierra han
estado esperando el advenimiento del Prometido. Tan pronto como Aquel
quien es el Sol de la Verdad se manifestó, he aquí, que todos se
apartaron de Él, excepto aquellos a quienes Dios quiso guiar. No nos
atrevemos a levantar, en este Día, el velo que oculta la exaltada
posición que cada creyente verdadero puede alcanzar, por cuanto el júbilo
que tal revelación provocaría bien pudiera ser causa de que algunos
sufrieran un desvanecimiento y murieran.

Aquel quien es el Corazón y Centro del Bayán ha escrito: "El germen
que contiene en sí las potencialidades de la Revelación que ha de venir
posee una potencia superior a las fuerzas combinadas de todos los que me
siguen." Y, en otra parte, Él dice: "De todos los tributos que he rendido
a Aquel que vendrá después de mí, el más grande es éste, mi confesión
escrita, que ninguna palabra mía puede describirle en forma adecuada,
como tampoco puede referencia alguna a Él mi Libro, el Bayán, hacer
justicia a su Causa."

Quienquiera haya buscado en las profundidades de los océanos que
yacen ocultos en estas exaltadas palabras y haya sondeado su significado,
se puede decir que ha descubierto un destello de la gloria inefable con
que ha sido dotada esta poderosísima, sublime y santísima Revelación. De
la excelencia de tan grande Revelación, bien puede imaginarse el honor
con que han de ser investidos sus fieles seguidores. ¡Por la rectitud del
Dios único y verdadero! Incluso el aliento de estas almas posee mayor
riqueza que todos los tesoros de la tierra. Dichoso el hombre que la ha
alcanzado y ¡ay! de los negligentes.

VII. En verdad os digo, este es el Día en que la humanidad puede
contemplar el Rostro y oír la Voz del Prometido. El Llamado de Dios ha
sido proclamado y la Luz de su semblante se ha levantado sobre los
hombres. Incumbe a todos borrar de la tablilla de su corazón la huella de
toda palabra vana y contemplar con mente abierta e imparcial los signos
de su Revelación, las pruebas de su Misión y las señales de su Gloria.

¡Grande, en verdad, es este Día! Las alusiones que se hacen a Él en
todas las sagradas Escrituras como el Día de Dios atestiguan su grandeza.
El alma de cada profeta de Dios, de cada mensajero divino, ha añorado
este maravilloso Día. Asimismo, todos los pueblos de la tierra han
ansiado llegar a él. Sin embargo, en cuanto se manifestó el Sol de su
Revelación en el cielo de la Voluntad de Dios, todos, excepto aquellos a
quienes el Todopoderoso quiso guiar, se mostraron confundidos y
negligentes.

¡Oh tú que me has recordado! Un agraviante velo ha separado a los
pueblos de la tierra de su gloria y ha impedido que escuchen su llamado.
Conceda Dios que la luz de la unidad envuelva a toda la tierra y que el
sello "El Reino es de Dios", sea estampado en la frente de todos sus
pueblos.

VIII. ¡Por la rectitud de Dios! Estos son los días en los cuales Él
ha puesto a prueba los corazones de todos sus mensajeros y profetas y,
más allá de ellos, a quienes montan guardia sobre su sagrado e inviolable
Santuario, los moradores del Pabellón celestial y los habitantes del
Tabernáculo de Gloria. ¡Cuán severa será, entonces, la prueba a que se
verán sometidos aquellos que conciben socios de Dios!

IX. ¡Oh Husayn! Considera cuán ansiosos estaban ciertos pueblos y
naciones de que regresara el Imán Husayn, cuya venida después de la
llegada del Qá'im, ha sido profetizada en días pasados, por los elegidos
de Dios, exaltada sea su gloria. Aún más, estas almas santas han
anunciado que cuando se manifieste Aquel quien es la Aurora de la gracia
múltiple de Dios, todos los profetas y mensajeros, incluso el Qá'im, se
reunirán bajo la sombra del Sagrado Estandarte que el Prometido
enarbolará. Esa hora ya ha llegado. El mundo está iluminado con la gloria
refulgente de su semblante. ¡Sin embargo, observa cuán lejos se han
extraviado los pueblos de su sendero! Ninguno ha creído en Él con
excepción de aquellos quienes, mediante el poder del Señor de los
Nombres, han hecho añicos los ídolos de sus vanas imaginaciones y deseos
corruptos y han entrado en la ciudad de la certeza. En este Día y en su
Nombre, el que Subsiste por sí mismo, el sello del Vino escogido de su
Revelación ha sido roto. Se está derramando su gracia sobre los hombres.
Llena tu copa y bebe en su Nombre, el Santísimo, el Más Alabado.

X. El tiempo preordinado para los pueblos y naciones de la tierra
ya ha llegado. Las promesas de Dios, según están registradas en las
sagradas Escrituras, han sido cumplidas. Desde Sión ha salido la Ley de
Dios y Jerusalén y sus montañas y campos están llenos de la gloria de su
Revelación. Feliz el hombre que pondera en su corazón aquello que ha sido
revelado en los Libros de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que
Subsiste por sí mismo. Meditad sobre esto, oh amados de Dios, y permitid
que vuestros oídos estén atentos a su Palabra, para que os sea posible,
por su gracia y misericordia, beber cuanto podáis de las cristalinas
aguas de la constancia y ser en su Causa firmes e inamovibles como la
montaña.

En el Libro de Isaías está escrito: "Entra en la roca y ocúltate en
el polvo, por temor al Señor y por la gloria de su majestad". Ningún
hombre que medite sobre este verso puede dejar de reconocer la grandeza
de esta Causa, o dudar del exaltado carácter de este Día: el Día de Dios
mismo. Este versículo es seguido por las palabras: "Y solamente el Señor
será exaltado en ese Día". Este es el Día que la Pluma del Altísimo ha
glorificado en todas las sagradas Escrituras. No hay en ellas versículo
alguno que no declare la gloria de su santo Nombre y no hay Libro que no
atestigüe la sublimidad de este exaltadísimo tema. Si mencionáramos todo
lo que ha sido revelado en estos Libros celestiales y santas Escrituras
concerniente a esta Revelación, esta Tabla llegaría a tener dimensiones
inconmensurables. Incumbe a cada ser humano en este Día, poner toda su
confianza en las múltiples generosidades de Dios y levantarse para
diseminar, con suma sabiduría, las verdades de su Causa. Entonces, y sólo
entonces, toda la tierra será envuelta por la luz matinal de su
Revelación.

XI. Toda gloria sea para este Día, Día en que las fragancias de
misericordia se han esparcido sobre todas las cosas creadas; Día tan
bendito, que las edades y siglos del pasado jamás podrán rivalizarlo; Día
en que el semblante del Antiguo de los Días se ha vuelto hacia su santa
sede. Por tanto, las voces de todas las cosas creadas, y más allá de
éstas, aquellas del Concurso en lo alto, se oyeron exclamar: "Apresúrate,
oh Carmelo, porque, ve, la luz del semblante de Dios, el Soberano del
Reino de los Nombres y Modelador de los cielos, se ha levantado sobre
ti".

Sobrecogido por efluvios de alegría, levantando su voz, exclamó:
"¡Que mi vida sea sacrificada por ti! Ya que Tú has fijado tu mirada
sobre mí, me has conferido tu munificencia y has dirigido tus pasos hacia
mí. La separación de ti, oh Fuente de vida eterna, casi me ha consumido y
mi lejanía de tu presencia ha devorado mi alma. Toda alabanza sea para ti
por haberme permitido escuchar tu llamado, por haberme honrado con tus
pasos y por haber revivido mi alma con la vivificante fragancia de tu Día
y la estremecedora voz de tu Pluma, voz que Tú ordenaste fuera tu toque
de clarín entre tu pueblo. Y cuando sonó la hora en que debía
manifestarse tu irresistible Fe, exhalaste a tu Pluma un soplo de tu
espíritu y he aquí que toda la creación fue sacudida hasta sus mismos
cimientos, descubriendo ante la humanidad aquellos misterios que yacían
ocultos en los tesoros de Aquel quien es el Poseedor de todas las cosas
creadas".

En cuanto se oyó su voz en ese exaltadísimo Lugar, Nosotros
respondimos: "Las gracias a tu Señor, oh Carmelo. El fuego de tu
separación de mí te consumía rápidamente cuando el océano de mi presencia
se levantó ante tu rostro, alegrando tus ojos y los de toda la creación y
llenando de gozo todas las cosas visibles e invisibles. Regocíjate,
porque Dios ha establecido su trono sobre ti en este Día, te ha hecho el
punto del amanecer de sus signos y la aurora de las demostraciones de su
Revelación. Dichoso aquel que te circunde, proclame la revelación de tu
gloria y relate aquello que la munificencia del Señor tu Dios ha
derramado sobre ti. Toma el Cáliz de la Inmortalidad en el nombre de tu
Señor, el Todo Glorioso, y da gracias a Él, ya que, como señal de su
misericordia hacia ti, ha transformado tu tristeza en alegría y ha
cambiado tu pena en dichosa felicidad. Él, en verdad, ama el sitio
designado la sede de su trono, que sus pies han pisado, que ha sido
honrado por su presencia, desde donde Él proclamó su llamado y sobre el
cual derramó sus lágrimas.

"Llama a Sión, oh Carmelo, y anuncia las felices nuevas: ¡Él que
estaba oculto a los ojos mortales ha venido! Su soberanía que todo lo
subyuga está manifiesta; su esplendor que todo lo abarca se ha revelado.
Está alerta, no sea que vaciles o te detengas. Apresúrate y circunda la
Ciudad de Dios que ha descendido del cielo, la Kaaba celestial a cuyo
derredor han circundado en adoración los favorecidos de Dios, los puros
de corazón y la compañía de los más excelsos ángeles. ¡Oh! cuánto ansío
anunciar a cada lugar de la superficie de la tierra y llevar a cada una
de sus ciudades las buenas nuevas de esta Revelación, a la cual ha sido
atraído el corazón del Sinaí y en cuyo nombre la Zarza Ardiente está
proclamando: 'Los reinos del cielo y de la tierra pertenecen a Dios, el
Señor de Señores'. En verdad, este es el Día en que tanto la tierra como
el mar se regocijan ante este anuncio, Día para el cual han sido
preservadas aquellas cosas que Dios, gracias a una generosidad más allá
de la comprensión de mente o corazón mortales, ha destinado para ser
reveladas. Dentro de poco Dios hará navegar su Arca sobre ti y
manifestará al pueblo de Bahá que ha sido mencionada en el Libro de los
Nombres."

Santificado sea el Señor de toda la humanidad, ante la mención de
cuyo nombre todos los átomos de la tierra han vibrado, y la Lengua de
Grandeza ha sido impulsada a exponer aquello que estaba guardado en su
conocimiento y yacía oculto en el tesoro de su poder. Él en verdad,
mediante la potencia de su nombre, el Poderoso, el Omnipotente, el
Altísimo, es el soberano de todo lo que hay en los cielos y todo lo que
hay sobre la tierra.

XII. Levantaos, oh pueblo, anticipándoos a los días de la justicia
divina, porque la hora prometida ha llegado. Estad alerta, no sea que no
comprendáis su importancia y seáis contados entre los descarriados.

XIII. Considera el pasado. Cuántos hombres, elevados y humildes,
han esperado ansiosamente, en toda época, el advenimiento de las
manifestaciones de Dios en la santificada persona de sus elegidos.
Cuántas veces han esperado su venida; con qué frecuencia han suplicado
para que sople la brisa de la misericordia divina y aparezca la Belleza
prometida desde detrás del velo del encubrimiento, y sea revelada a todo
el mundo. Y siempre que se abrieron las puertas de gracia, y las nubes de
munificencia divina se vertieron sobre la humanidad y la luz del
Invisible brilló sobre el horizonte de poder celestial, todos ellos le
negaron y se apartaron de su rostro, el rostro de Dios mismo ....

Reflexiona: ¿Cuál pudo haber sido el motivo de tales hechos? ¿Qué
pudo haber inducido a semejante comportamiento para con los Reveladores
de la belleza del Todo Glorioso? Aquello que en días pasados fue la causa
del rechazo y oposición de esos hombres, ahora ha ocasionado la
perversidad de la gente de esta época. Sostener que el testimonio de la
Providencia era incompleto y que por eso ha sido la causa del rechazo de
los hombres, no es sino blasfemia evidente. ¡Cuán lejos está de la gracia
del Todo Munífico, de su amorosa providencia y tierna misericordia,
elegir a un alma de entre todos los hombres para que guíe a sus
criaturas, y luego, por una parte, privarle de la medida plena de su
testimonio divino, y por otra, infligir severo castigo a su pueblo por
haberse apartado de su elegido! Es más, las múltiples generosidades del
Señor de todos los seres han rodeado, en todo tiempo, mediante las
manifestaciones de su divina Esencia, a la tierra y a todos los que viven
en ella. Ni por un momento ha sido retenida su gracia, ni tampoco las
lluvias de su amorosa bondad han dejado de verterse sobre la humanidad.
Por consiguiente, semejante comportamiento no puede atribuirse sino a la
estrechez de mente de aquellas almas que vagan en el valle de la
arrogancia y orgullo, que están perdidas en el desierto del alejamiento,
que caminan tras sus vanas fantasías y siguen las órdenes de los jefes de
su fe. Su interés principal es la mera oposición, y su único deseo es
desconocer la verdad. Para todo observador perspicaz es evidente y
manifiesto que si en los días de cada una de las manifestaciones del Sol
de la Verdad estos hombres hubiesen santificado sus ojos, sus oídos y sus
corazones de todo lo que hubieran visto, oído y sentido, de seguro no se
habrían privado de ver la belleza de Dios, ni se habrían extraviado lejos
de los aposentos de gloria. Pero pesaron el testimonio de Dios con la
medida de su propio conocimiento, tomado de las enseñanzas de los jefes
de su fe, y al encontrarlo en desacuerdo con su limitado entendimiento,
se levantaron a perpetrar tan indignos actos ....

¡Considera a Moisés! Armado con la vara del dominio celestial,
adornado con la blanca mano del conocimiento divino, procedente del Paran
del amor de Dios, y empuñando la serpiente del poder y majestad eterna,
brilló sobre el mundo desde el Sinaí de la luz. Llamó a todos los pueblos
y razas de la tierra al reino de la eternidad, y les invitó a participar
del fruto del árbol de la fidelidad. Seguramente conoces la feroz
oposición del Faraón y su pueblo, y de las piedras de ociosa fantasía que
las manos de los infieles lanzaron a ese Árbol bendito. Tanto es así, que
finalmente el Faraón y su pueblo se levantaron, haciendo esfuerzos
extremos para extinguir, con las aguas de la falsedad y negación, el
fuego de ese Árbol sagrado, olvidando la verdad de que ningún agua
terrenal puede apagar la llama de la sabiduría divina, ni pueden ráfagas
mortales extinguir la lámpara del dominio eterno. Más aún, semejante agua
no puede sino intensificar el ardor de la llama, y tales ráfagas no
pueden sino asegurar la conservación de la lámpara; si observaras con el
ojo del discernimiento y caminaras por el camino de la santa voluntad y
complacencia de Dios ....

Y cuando terminaron los días de Moisés, y la luz de Jesús,
brillando desde la aurora del Espíritu, envolvió al mundo, todo el pueblo
de Israel se levantó en oposición contra Él. Reclamaban que Aquel cuyo
advenimiento había predicho la Biblia, debía necesariamente promulgar y
cumplir las leyes de Moisés, en tanto que este joven nazareno, quien se
atribuía la posición del Mesías divino, había anulado la ley del divorcio
y del sábado: las más importantes de todas las leyes de Moisés. Y además,
¿qué decir de las señales de la Manifestación que había de venir? ¡Este
pueblo de Israel, aún, hasta el día de hoy, espera a la Manifestación
predicha por la Biblia! ¡Cuántas Manifestaciones de Santidad, cuántos
Reveladores de la luz sempiterna, han aparecido desde el tiempo de
Moisés, y, sin embargo, Israel, envuelto en los más densos velos de
fantasía satánica y falsas imaginaciones, aún espera que el ídolo creado
por él mismo aparecerá con los signos que él ha concebido! Así Dios les
ha castigado por sus pecados, ha extinguido en ellos el espíritu de fe, y
les ha atormentado con las llamas del fuego del infierno. Y esto sólo a
causa de que Israel rehusó comprender el significado de aquellas palabras
que fueron reveladas en la Biblia referente a los signos de la próxima
Revelación. Como jamás comprendió su verdadera significación y
aparentemente tales acontecimientos nunca ocurrieron, permaneció privado
de reconocer la belleza de Jesús y de ver la faz de Dios. ¡Y aún esperan
su venida! Desde tiempo inmemorial hasta el presente, todas las razas y
pueblos de la tierra se han aferrado a semejantes fantasías y
pensamientos indignos, privándose así de las claras aguas que fluyen de
las fuentes de pureza y santidad....

Para quienes están dotados de entendimiento, es claro y manifiesto
que cuando el fuego del amor de Jesús consumió los velos de las
limitaciones de los judíos, y su autoridad se hizo evidente y fue puesta
parcialmente en vigor, Él, el Revelador de la Belleza invisible, al
dirigirse un día a sus discípulos, se refirió a su muerte, y, encendiendo
en sus corazones el fuego de la aflicción, les dijo: "Yo me voy y vengo
otra vez a vosotros." Y en otra parte Él dijo: "Yo me voy y vendrá otro,
quien os dirá todo lo que no os he dicho, y cumplirá todo lo que he
hablado." Ambos dichos tienen un mismo significado, si consideras a las
manifestaciones de la Unidad de Dios con percepción divina.

Todo observador perspicaz reconocerá que en la dispensación del
Corán, fueron confirmados tanto el Libro como la Causa de Jesús. Y en
cuanto a los nombres, Muhammad mismo declaró: "Yo soy Jesús". Él
reconoció la verdad de las señales, profecías y palabras de Jesús, y
atestiguó que todas eran de Dios. En este sentido, ni la persona de
Jesús, ni sus escritos han diferido en los de Muhammad y de su Libro
sagrado, por cuanto ambos han abogado por la Causa de Dios, han
pronunciado su alabanza y revelado sus mandamientos. Así, Jesús mismo
declaró: "Me voy y vengo otra vez a vosotros." Considera el sol. Si
dijera: "Soy el sol de ayer", hablaría la verdad. Y si pretendiese ser
otro sol, tomando en cuenta la secuencia del tiempo, diría también la
verdad. Asimismo, Si se dijera que todos los días no son sino uno y el
mismo, sería correcto y verdadero. Y si se dijera respecto de nombres
particulares y designaciones, que difieren, esto también sería verdadero.
Pues, si bien son los mismos, se reconoce en cada uno una designación
distinta, un atributo específico, un carácter particular. Conforme a
esto, comprende la distinción, variedad y unidad características de las
diversas Manifestaciones de santidad, para que puedas entender las
alusiones hechas por el Creador de todos los nombres y atributos, a los
misterios de la distinción y unidad, y descubrir la respuesta a tu
pregunta acerca de por qué la Eterna Belleza, varias veces, se ha llamado
con nombres y títulos diferentes....

Cuando el Invisible, el Eterno, la Esencia divina, hizo que saliera
el Sol de Muhammad en el horizonte del conocimiento, entre los reparos
que pusieron contra Él los teólogos judíos estaba que después de Moisés
ningún profeta sería enviado por Dios. Ciertamente, se ha hecho mención
en las escrituras a un Ser que debía necesariamente manifestarse, quien
promovería la Fe de Moisés y fomentaría los intereses de su pueblo, de
modo que la Ley de la Dispensación de Moisés abarcase a toda la tierra.
Así se ha referido en su Libro el Rey de gloria sempiterna a las palabras
pronunciadas por esos vagabundos del valle del alejamiento y error:
"Dicen los judíos, 'La mano de Dios está encadenada'. Encadenadas estén
sus propias manos; y fueron maldecidos por lo que dijeron. Antes
¡extendidas están sus dos manos!" "La mano de Dios está por encima de sus
manos." Aunque de diversa manera han relatado los comentaristas del Corán
las circunstancias que rodearon la revelación de este versículo, con todo
debieras esforzarte por comprender su propósito. Él dice: ¡Cuán falso es
lo que los judíos han imaginado! ¿Cómo puede la mano de Aquel quien es el
Rey en verdad, quien hizo que se revelara el semblante de Moisés y le
confirió el manto de profeta; cómo puede estar encadenada y trabada con
grillos la mano de semejante Ser? ¿Cómo puede imaginársele incapaz para
enviar a otros mensajeros después de Moisés? ¡Mira lo absurdo de su
afirmación; cuán lejos se han apartado del sendero del conocimiento y la
comprensión! Observa cómo también en este día, toda esta gente se ha
ocupado con tan absurdos disparates. ¡Durante más de mil años han estado
recitando este versículo y censurando, sin saberlo, a los judíos,
ignorando totalmente que ellos mismos, abierta y secretamente, expresan
los sentimientos y creencia del pueblo judío! Seguramente estás informado
de su vana aseveración que toda Revelación ha terminado, que se han
cerrado las puertas de la misericordia divina, que de las auroras de
santidad eterna no saldrá de nuevo el sol, que para siempre se ha calmado
el Océano de la munificencia sempiterna, que los mensajeros de Dios han
cesado de aparecer desde el Tabernáculo de antigua gloria. Tal es el
grado de comprensión de esta gente mezquina y despreciable. Esta gente ha
imaginado que el flujo de la gracia de Dios, que todo lo abarca, y sus
abundantes favores, cuya interrupción ninguna mente puede contemplar, se
ha detenido. De todos lados se han levantado con tiranía, y han hecho los
mayores esfuerzos para apagar con las amargas aguas de su vana fantasía
la llama de la Zarza Ardiente de Dios, olvidando que el globo del poder
protegerá dentro de su poderosa fortaleza a la Lámpara de Dios ....

Observa cómo la soberanía de Muhammad, el Mensajero de Dios, es
evidente y está manifiesta, entre el pueblo. Tú bien sabes lo que
aconteció a su Fe en los primeros días de su dispensación. ¡ Cuán
dolorosos sufrimientos causó la mano de los infieles y errados, los
sacerdotes de esa época y sus socios, a esa Esencia espiritual, a ese muy
puro y santo Ser! ¡Cuán abundantes las zarzas y espinas que esparcieron
sobre su camino! Es evidente que esa miserable generación, en su malvada
y satánica fantasía, consideró todo daño a ese Ser inmortal como medio
para alcanzar felicidad perdurable, por cuanto los sacerdotes reconocidos
de esa época, como 'Abdu'lláh-i-Ubayy, Abú 'Ámir, el ermitaño, Ka'b-ibn-
i-Ashraf, y Nadr-ibn-i-Hárith, le trataron todos como impostor y le
declararon demente y calumniado. Tan dolorosas acusaciones hicieron
contra Él, que al relatarlas, Dios prohibe que fluya la tinta, que corra
nuestra pluma o que las soporte la página. Estas imputaciones malignas
hicieron que el pueblo se levantara para atormentarle. ¡Y cuán feroz ese
tormento si los sacerdotes de la época son sus principales instigadores,
si le denuncian a sus seguidores y le arrojan de su medio declarándole
perverso! ¿No le ha sucedido lo mismo a este Siervo, y todos lo han
presenciado?

Por esta razón, Muhammad exclamó: "Ningún profeta de Dios ha
sufrido daño tal como el que Yo he sufrido". Y en el Corán se registran
todas las calumnias y reproches que se pronunciaron contra Él, así como
todas las aflicciones que sufrió. Remitíos a él para que tal vez seáis
informados de lo que aconteció a su Revelación. Tan grave era su
situación, que por un tiempo todos dejaron de tener trato con Él y con
sus compañeros. Cualquiera que se juntara con Él caía víctima de la
crueldad implacable de sus enemigos....

¡Considera cuán grande es el cambio hoy día! ¡Mira cuántos
soberanos inclinan la rodilla ante su nombre! ¡Cuán numerosas las
naciones y reinos que han buscado asilo bajo su Sombra, y que guardan
lealtad a su Fe enorgulleciéndose de ello! De los púlpitos se elevan hoy
palabras de alabanzas que con toda humildad glorifican su bendito nombre;
y de lo alto de los minaretes resuena el llamado que convoca al concurso
de su pueblo para adorarle. Aun los reyes de la tierra que han rehusado
abrazar su Fe y quitarse el manto del descreimiento, confiesan y
reconocen sin embargo la grandeza y majestad avasalladora de ese Sol de
amorosa bondad. Tal es su soberanía terrenal, de la cual ves evidencias
por todas partes. Esta soberanía debe necesariamente revelarse y
establecerse, ya sea durante la vida de cada manifestación de Dios o
después de su ascensión a su verdadera morada en los reinos de lo
alto....

Es evidente que los cambios producidos en cada Dispensación,
constituyen las nubes oscuras que se interponen entre el ojo del
entendimiento humano y la Lumbrera divina que brilla en la aurora de la
Esencia divina. Considera cómo los hombres durante generaciones han
imitado ciegamente a sus padres, y han sido educados de acuerdo con
prácticas y costumbres tales como las establecidas por los preceptos de
su Fe. Por tanto, si estos hombres descubrieran de repente que un Hombre,
que ha vivido en medio de ellos, y que respecto a toda limitación humana
ha sido igual a ellos, se ha levantado para abolir todos los principios
establecidos e impuestos por su Fe -principios en los cuales ellos
durante siglos han sido disciplinados, considerando como infieles,
descarriados y perversos a sus opositores y negadores- ellos,
ciertamente, estarían envueltos en velos e imposibilitados para reconocer
su verdad. Cosas semejantes son como "nubes" que velan los ojos de
aquellos cuyo ser interior aún no ha gustado el Salsabíl del
desprendimiento, ni ha bebido del Kawthar del conocimiento de Dios. Tales
hombres, al tomar conocimiento de esas circunstancias, llegan a velarse a
tal punto que sin la menor pregunta declaran infiel a la Manifestación de
Dios y le sentencian a muerte. Debes haber oído ya que tales cosas han
sucedido en todas las épocas, y ahora puedes observarlas en este día.

Nos incumbe, por tanto, hacer el mayor esfuerzo, para que con la
invisible ayuda de Dios, esos velos oscuros, esas nubes de pruebas
enviadas del Cielo, no nos impiden ver la belleza de su luminoso
semblante y reconocerle sólo en virtud de su propio ser.

XIV. La Divina Primavera ha llegado, oh Más Excelsa Pluma, por
cuanto la Festividad del Todo Misericordioso se acerca rápidamente.
Levántate y glorifica ante la creación entera el nombre de Dios y celebra
su alabanza de tal manera que todas las cosas creadas puedan ser
regeneradas y renovadas. Habla y no guardes silencio. El sol de suprema
felicidad brilla sobre el horizonte de nuestro nombre, el Venturoso, por
cuanto el reino del nombre de Dios ha sido adornado con el ornamento del
nombre de tu Señor, el Creador de los cielos. Levántate ante las naciones
de la tierra y ármate con el poder de este Más Grande Nombre y no seas de
los que se demoran.

Me parece que te has detenido y no te mueves sobre mi Tabla. ¿Es
posible que el resplandor del Semblante Divino te haya aturdido o que la
necia charla de los insolentes te haya llenado de pesar y paralizado tu
acción? Está alerta y no dejes que nada te prive de ensalzar la grandeza
de este Día en que el Dedo de majestad y fuerza ha abierto el sello del
Vino de la Reunión y llamado a todos los que están en el cielo y a todos
los que están en la tierra. ¿Prefieres demorarte cuando la brisa
anunciadora del Día de Dios ha soplado ya sobre ti, o eres de aquellos
que están apartados de Él como por un velo?

No he permitido que ningún velo, cualquiera que sea, oh Señor de
todos los nombres y Creador de los cielos, me aparte del reconocimiento
de las glorias de tu Día, el cual es la lámpara de guía para todo el
mundo y el signo del Antiguo de los Días para todos aquellos que habiten
en él. Mi silencio es debido a los velos que han impedido que los ojos de
tus criaturas te vean y mi mudez se debe a los impedimentos que han
privado a tu pueblo de reconocer tu verdad. Tú conoces lo que está en mí;
pero yo no conozco lo que se halla en ti. Tú eres el Omnisciente, el que
Todo lo Conoce. ¡Por tu nombre que excede todo otro nombre! Si tu mandato
predominante y sometedor, alguna vez me alcanzara, me daría poder para
revivir las almas de todos los hombres por medio de tu más excelsa
Palabra, la cual he oído de tu Lengua de poder en tu Reino de gloria. Me
permitiría anunciar la revelación de tu refulgente semblante por medio
del cual lo que yace oculto a los ojos de los hombres ha sido manifestado
en tu nombre, el Perspicaz, el Soberano Protector, el que Subsiste por sí
mismo.

Oh Pluma, ¿descubres en este Día a otro que no sea a mí? ¿Qué hay
de la creación y de sus manifestaciones? ¿Qué de los nombres y su reino?
¿Dónde han ido todas las cosas creadas ya sean visibles o invisibles?
¿Qué hay de los secretos ocultos del universo y sus revelaciones? ¡Ve
cómo la creación entera ha dejado de existir! Nada queda sino mi Rostro,
el Siempre Perdurable, el Resplandeciente, el Todo Glorioso.

Este es el Día en que nada se ve excepto los esplendores de la Luz
que brilla en el rostro de tu Señor, el Munífico, el Más Generoso.
Verdaderamente, Nosotros hemos hecho expirar a cada alma por virtud de
nuestra irresistible soberanía que todo lo sojuzga. Luego hemos hecho
surgir una nueva creación, como signo de nuestra gracia hacia los
hombres. Soy, en verdad, el Todo Generoso, el Antiguo de los Días.

Éste es el Día en que el mundo invisible proclama: "Grande es tu
bendición, oh tierra, porque has sido hecha el escabel de tu Dios y has
sido escogida como el asiento de su poderoso trono". El reino de la
gloria exclama: "Ojalá pudiera sacrificarte mi vida, porque Él, quien es
el Bienamado del Todo Misericordioso, ha establecido su soberanía sobre
ti, mediante la fuerza de su Nombre que ha sido prometido a todo lo que
existe tanto en el pasado como en el futuro". Éste es el Día en que toda
emanación de dulce olor deriva su fragancia del aroma de mi vestidura, la
que ha derramado su perfume sobre la creación entera. Éste es el Día en
que las torrentosas aguas de la vida eterna han brotado de la Voluntad
del Todo Misericordioso. ¡Apresuraos de corazón y alma y bebed cuanto
podáis, o Concurso de los reinos en lo alto!

Di: Él es la Manifestación de Aquel quien es el Incognoscible, el
Invisible de los Invisibles, si pudierais comprenderlo. Él es quien ha
puesto a descubierto, ante vosotros, la oculta y atesorada Gema, si sólo
la buscarais. Él es el único Amado de todo lo existente, ya sea del
pasado o del futuro. ¡Ojalá que pudierais poner vuestros corazones y
esperanzas en Él!

Hemos escuchado la voz de tu Súplica, oh Pluma, y disculpamos tu
silencio. ¿Qué es lo que te ha confundido tan penosamente?

La embriaguez de tu presencia, oh Bienamado de todos los mundos, me
ha asido y me ha poseído.

Levántate y proclama a la creación entera las nuevas de que Él,
quien es el Todo Misericordioso ha dirigido sus pasos hacia el Ridván y
ha entrado en él. Guía, pues, al pueblo al jardín de delicias el cual
Dios ha hecho el Trono de su Paraíso. Te hemos escogido a ti para que
seas nuestra poderosísima Trompeta, cuyo toque anunciará la resurrección
de toda la humanidad.

Di: Éste es el Paraíso en cuyo follaje el vino de la prolación ha
estampado el testimonio: "¡Aquel quien estaba oculto a los ojos de los
hombres ha sido revelado, investido con soberanía y poder!" Éste es el
Paraíso, el murmullo de cuyas hojas proclama: "¡Oh vosotros que moráis en
los cielos y en la tierra! Ha aparecido lo que antes jamás apareció.
Aquél, que desde la eternidad tenía oculto su Rostro a la vista de la
creación, ya ha venido". De la murmurante brisa que sopla entre sus ramas
se oye el clamor: "Aquel quien es el soberano Señor de todo se ha hecho
manifiesto. El Reino es de Dios", mientras que de sus fluyentes aguas se
escucha el susurro: "Todos los ojos brillan de alegría, porque Aquel
quien nadie ha contemplado, cuyo secreto nadie ha descubierto ha
levantado el velo de la gloria y ha puesto al descubierto el semblante de
la Belleza".

Dentro de este Paraíso, y desde las alturas de sus más elevados
reinos, las Doncellas del Cielo han exclamado y proclamado: "Regocijaos
vosotros moradores de los reinos en lo alto, porque los dedos de Aquel
quien es el Antiguo de los Días hacen tañer, en el nombre del Todo
Glorioso, en el centro del corazón de los cielos, la Más Grande Campana.
Las manos de la generosidad han hecho pasar las copas de la vida eterna.
Aproximaos y tomad lo que podáis. ¡Bebed con saludable fruición, oh
vosotros que sois la encarnación misma del anhelo, vosotros que sois la
personificación del deseo vehemente!"

Éste es el Día en el cual Aquel quien es el Revelador de los
nombres de Dios, ha salido del Tabernáculo de la gloria y ha proclamado a
todos los que están en los cielos y a todos los que están en la tierra:
"Retirad las copas del Paraíso y toda el agua vivificadora que contienen,
porque, ved cómo, el pueblo de Bahá ha entrado en la dichosa morada de la
Presencia divina y ha bebido el vino de la reunión del cáliz de la
belleza de su Señor, el que Todo lo que Posee, el Altísimo".

Oh Pluma, olvida el mundo de la creación y vuélvete hacia la faz de
tu Señor, el Señor de todos los nombres. Adorna entonces el mundo con el
ornamento de las favores de tu Señor, el Rey de los días sempiternos.
Porque recibimos la fragancia del Día en el cual Aquel quien es el Deseo
de todas las naciones ha derramado sobre los reinos de lo invisible y de
lo visible el esplendor de la luz de sus más excelentes nombres y los ha
envuelto con el resplandor de las luminarias de sus más bondadosos
favores, favores que nadie puede valorar salvo Aquel quien es el
omnipotente Protector de toda la creación.

No mires a las criaturas de Dios sino con ojos de bondad y
misericordia, porque nuestra amorosa providencia ha penetrado en todas
las cosas creadas y nuestra gracia ha envuelto la tierra y los cielos.
Éste es el Día en el cual los verdaderos siervos de Dios participan de
las aguas vivificantes de la reunión, Día en que los que están cerca de
Él pueden beber de las corrientes tranquilas del río de la inmortalidad,
y aquellos que creen en su unidad, beber el vino de su presencia, por el
reconocimiento de Aquel quien de todo, es el Más Alto y Último Fin,
dentro de quien la Lengua de Majestad y Gloria eleva el llamado: "Mío es
el Reino. Por derecho propio, Yo mismo soy su Soberano".

Atrae los corazones de los hombres con el llamado de Aquel que es
el solo y único Amado. Di: Ésta es la Voz de Dios, si escucharais. Ésta
es la Aurora de la Revelación de Dios, si Supierais. Éste es el lugar del
Amanecer de la Causa de Dios, si lo reconocierais. Ésta es la Fuente del
mandato de Dios, si sólo la juzgarais acertadamente. Éste es el Secreto
oculto y manifiesto, ojalá pudierais comprenderlo. ¡Oh pueblos del mundo!
En mi nombre, que trasciende todos los demás nombres, desechad las cosas
que poseéis y sumergíos en este Océano en cuyas profundidades yacen
ocultas las perlas de la sabiduría y de la prolación, océano que se mueve
en mi nombre el Todo Misericordioso. Así os instruye Aquel con quien está
el Libro Madre.

El Más Amado ha venido. En su mano derecha está el Vino sellado de
su nombre. Feliz el hombre que se vuelve hacia Él, que bebe cuanto puede
y que exclama: "¡Alabado seas Tú, oh Revelador de los signos de Dios!"
¡Por la rectitud del Todopoderoso! Cada cosa oculta ha sido manifestada
por la fuerza de la verdad. Todos los favores de Dios han sido enviados
como un signo de su gracia. Las aguas de la vida eterna, en su plenitud,
han sido brindadas a los hombres. Cada copa ha sido ofrecida a todos por
la mano del Bienamado. Acercaos y no demoréis ni un solo instante.

Benditos son aquellos que se han remontado con las alas del
desprendimiento y han alcanzado la posición que, como lo ha ordenado
Dios, ampara la creación entera; a quienes, ni las vanas imaginaciones de
los doctos, ni la multitud de las huestes de la tierra han logrado
apartar de su Causa. ¿Hay alguien entre vosotros, oh pueblo, que renuncie
al mundo y se acerque a Dios, el Señor de todos los nombres? ¿Dónde puede
encontrarse el que, por la fuerza de mi nombre, trasciende todas las
cosas creadas, deseche lo que los hombres poseen y se aferre con todo su
poder a las cosas que Dios, el Conocedor de lo visible e invisible, le ha
ordenado observar? Es así como su generosidad ha sido enviada a los
hombres, su testimonio ha sido cumplido y su prueba ha brillado sobre el
Horizonte de la misericordia. Grande será el premio ganado por aquel que
ha creído y exclamado: "¡Loado eres Tú, oh Amado de todos los mundos!
Magnificado sea tu nombre, oh Tú el Deseo de todo corazón comprensivo!"

Regocijaos con extrema alegría, oh pueblo de Bahá, cuando recordéis
el Día de felicidad suprema, en el cual la Lengua del Antiguo de los Días
ha hablado, al abandonar su Casa para dirigirse al Sitio desde el cual
derramó sobre la creación entera los esplendores de su nombre, el Todo
Misericordioso. Dios es nuestro testigo. Si reveláramos los secretos
ocultos de aquel Día todos los que moran en los cielos y en la tierra
desfallecerían y morirían, con excepción de aquellos que sean preservados
por Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Omnisapiente.

Tal es el efecto embriagador de las palabras de Dios, sobre Aquel
quien es el Revelador de sus indudables pruebas, que su Pluma no puede
moverse mas. Con estas palabras Él concluye su Tabla: "No hay otro Dios
fuera de mí, el Más Exaltado, el Más Poderoso, el Más Excelso, el que
Todo lo Sabe."

XV. La Pluma de la Revelación exclama: "¡En este Día, el Reino es
de Dios!" La Lengua del Poder está llamando: "¡En este Día, toda
soberanía está verdaderamente con Dios!" El Fénix de los Reinos en lo
alto anuncia desde la Rama inmortal: "¡La gloria de toda grandeza
pertenece a Dios, el Incomparable, el que Todo lo Compele!" La Paloma
Mística proclama, desde su venturosa morada, en el eterno Paraíso: "¡En
este Día, la fuente de toda munificencia proviene de Dios, el Único, el
Perdonador!" El Ave del Trono gorjea su melodía en su refugio de
santidad: "¡El supremo poder no ha de ser atribuido, en este Día, a nadie
salvo Dios, quien no tiene par, ni igual, quien es el Más Fuerte, el que
Todo lo Sojuzga!" La íntima esencia de todo lo creado entona en todas las
cosas el testimonio: "¡En este Día todo perdón fluye de Dios, con quien
nadie puede compararse, con quien nadie puede ser asociado; el Soberano
Protector de todos los hombres y el Encubridor de sus pecados!" La
Quintaesencia de la Gloria ha levantado su voz sobre mi cabeza y llama
desde tales alturas que no hay pluma ni lengua que puedan describirlas de
manera alguna: "¡Dios es mi testigo! Él, el Antiguo de los sempiternos
días ha venido, investido con majestad y poder. No hay otro Dios más que
Él, el Todo Glorioso, el Todopoderoso, el Altísimo, el Sapientísimo, el
que Todo lo Penetra, el que Todo lo Ve, el Conocedor de Todo, el Soberano
Protector, la Fuente de luz eterna!"

¡Oh mi siervo, tú que has buscado el agrado de Dios y te has
aferrado a su amor en el Día en que todos salvo unos pocos dotados de
entendimiento se han separado de Él! Dios, por su gracia, te recompense
con un premio generoso, incorruptible y eterno, por cuanto tú lo has
buscado en el Día en que los ojos fueron cegados. Sabe que si te
revelásemos una gota de las lluvias que han caído sobre Nosotros de las
manos de los envidiosos y perversos por mandato de Dios llorarías con
gran llanto y lamentarías día y noche nuestra condición. ¡Oh si pudiese
encontrar un alma perspicaz e imparcial que reconociera las maravillas de
esta Revelación, las cuales proclaman la soberanía de Dios y la grandeza
de su poder. Quisiera que tal hombre se levantara y sólo por Dios,
amonestara privada y abiertamente al pueblo, para que quizá se levanten y
ayuden a este Agraviado a quien los inicuos han afligido tan penosamente.

Me parece oír la Voz del Espíritu Santo, llamando a mis espaldas y
diciendo: Varía tu tema y altera tu tono, no sea que el corazón de aquel
que ha fijado su mirada sobre tu faz, se entristezca. Di: Por la gracia
de Dios y su poder, no he buscado la ayuda de nadie en el pasado, ni
tampoco la buscaré en el futuro. Él es quien me ayudó con el poder de la
verdad, durante los días de mi destierro en 'Iráq. Él es quien me amparó
bajo la sombra de su protección, en el tiempo en que los pueblos de la
tierra disputaban conmigo. Él es quien me permitió abandonar la ciudad,
revestido con tal majestad, que nadie, salvo el negador y el perverso
pueden dejar de reconocer.

Di: Mi ejército es mi fe en Dios, mi pueblo es la fuerza de mi
confianza en Él. Mi amor es mi estandarte y mi compañero el recuerdo de
Dios, el Soberano Señor de todo, el Más Poderoso, el Todo Glorioso, el
Absoluto.

Levántate, oh caminante en el sendero del Amor de Dios y ayuda su
Causa. Di: Oh pueblo, no troquéis a este Joven por las vanidades de este
mundo ni por las delicias del cielo. ¡Por la rectitud del Dios único y
verdadero! Uno sólo de su cabellos excede todo lo que está en los cielos
y todo lo que está sobre la tierra. Guardaos, oh hombres, no sea que se
os tiente a separaros de Él a cambio del oro y plata que poseéis. Que su
amor sea un depósito de tesoros para vuestras almas, en el Día cuando
ninguna otra cosa, fuera de Él, os beneficiará, Día en que todo pilar
temblará, cuando la piel misma de los hombres se estremecerá, cuando
todos los ojos se alzarán aterrorizados. Di: Oh pueblos, temed a Dios y
no os alejéis con desdén de su Revelación. Caed ante Dios postrados sobre
vuestros rostros y celebrad su alabanza en el día y en la noche.

Que tu alma arda con la llama de este Fuego imperecedero, que está
encendido en lo más íntimo del corazón del mundo, de tal manera que las
aguas del universo sean incapaces de enfriar su ardor. Haz entonces,
mención de tu Señor, que quizá los negligentes entre nuestros siervos
sean amonestados por tus palabras, y los corazones de los rectos
alborocen.

XVI. Di: ¡Oh hombres! Éste es un Día inigualable. Asimismo,
inigualable debe ser la lengua que celebra la alabanza del Deseo de todas
las naciones, e inigualable el hecho que aspira a ser aceptable a su
vista. Toda la raza humana ha anhelado este Día, para cumplir quizá con
aquello que es digno de su posición y que su destino merece. Bendito el
hombre a quien los asuntos del mundo no le han impedido reconocer a Aquel
quien es el Señor de todas las cosas.

Tan ciego se ha vuelto el corazón humano que ni la desintegración
de la ciudad, ni la reducción de la montaña a polvo, ni siquiera el
agrietamiento de la tierra, pueden sacarle de su letargo. Las alusiones
hechas en las Escrituras han sido descifradas y los signos allí
registrados han sido revelados y el llamado profético es proclamado
continuamente. ¡Y, sin embargo, todos, salvo aquellos que Dios ha querido
guiar, están aturdidos en la embriaguez de su negligencia!

Ved, cómo el mundo está siendo afligido diariamente con una nueva
calamidad. Su tribulación se agrava en forma continua. Desde que la
Súriy-i-Ra'ís (Tabla a Ra'ís) fue revelada hasta el presente día, ni el
mundo se ha apaciguado, ni los corazones de sus pueblos han tenido
descanso. Una vez fue agitado por contiendas y disputas, otra fue
trastornado por guerras y ha sido víctima de enfermedades arraigadas. Su
dolencia se aproxima al estado de desesperación total, por cuanto el
verdadero Médico está privado de administrar el remedio, mientras que
practicantes inhábiles son mirados con aprobación y se les concede
completa libertad para actuar.... El polvo de la sedición ha nublado los
corazones de los hombres y ha cegado sus ojos. Dentro de poco,
comprenderán las consecuencias de lo que sus manos han forjado en el Día
de Dios. Así os advierte Él quien es el Conocedor de Todo, como está
ordenado por Aquel quien es el Más Fuerte, el Todopoderoso.

XVII. ¡Por Aquel quien es el Gran Anuncio! El Todo Misericordioso
ha llegado investido con indiscutible soberanía. La Balanza ha sido
designada y todos los que moran en la tierra han sido congregados. La
Trompeta ha sonado, y he aquí, que todos los ojos miran fijamente con
terror y los corazones de todos los que están en los cielos y en la
tierra se han estremecido, salvo los que han sido revividos por el hálito
de los versos de Dios y se han desprendido de todas las cosas.

Éste es el Día en que la tierra dará a conocer sus nuevas. Los que
obran con iniquidad son su carga, ojalá pudierais comprenderlo. La luna
de la vana fantasía ha sido quebrada y el cielo ha difundido una palpable
humareda. Vemos la gente abatida por temor a tu Señor, el Todopoderoso,
el Más Fuerte. El Pregonero lanzó su voz y los hombres fueron lacerados,
tan grande ha sido la furia de su ira. La gente de la siniestra suspira y
se lamenta. La gente de la diestra mora en nobles habitaciones: Beben de
las manos del Todo Misericordioso el Vino que es en verdad la vida, y
son, ciertamente, los bienaventurados.

La tierra ha sido conmovida; las montañas se han desmoronado y han
aparecido los ángeles, fila tras fila ante Nosotros. La mayoría de la
gente está perpleja en su embriaguez y muestra en sus rostros los efectos
de la ira. Así hemos juntado a los que obran iniquidades. Los vemos
abalanzarse hacia su ídolo. Di: Nadie será exento en este Día del decreto
de Dios. Éste es verdaderamente un Día doloroso. Les señalamos quienes
los desviaron. Los ven, sin embargo, no los reconocen. Sus ojos están
ebrios; ellos son ciertamente un pueblo ciego. Sus pruebas son las
calumnias que profirieron; sus calumnias son condenadas por Dios, el que
Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo. El Malvado ha
despertado la discordia en sus corazones y sufren un tormento que nadie
puede impedir. Se apresuran hacia los infames, llevando el registro de
los que obran iniquidades. Así son sus acciones.

Di: Los cielos han sido replegados y la tierra está asida por su
mano y los corruptos han sido retenidos por sus mechones, y, sin embargo,
no entienden. Beben del agua contaminada y no lo saben. Di: El grito ha
sido elevado y el pueblo ha salido de sus tumbas y al levantarse atisba
su derredor. Algunos se han apresurado a alcanzar la corte del Dios de la
Misericordia, otros han caído de bruces en el fuego del Infierno,
mientras que otros todavía están perdidos en su perplejidad. Los versos
de Dios han sido revelados, y no obstante, se han alejado de ellos. Su
prueba ha sido manifiesta y aún están inconscientes de ella. Cuando
contemplan la faz del Todo Misericordioso sus rostros se entristecen,
mientras se distraen. Se apresuran hacia el fuego infernal confundiéndolo
con la luz. ¡Lejos de Dios esté lo que neciamente imaginan! Di: Aunque os
llenéis de gozo o reventéis de furia, los cielos se han hendido, y Dios
ha descendido investido con radiante soberanía. Se oye cómo todas las
cosas creadas exclaman: "El Reino es de Dios, el Todopoderoso, el
Omnisciente, el Omnisapiente".

Sabe, además, que hemos sido arrojados en una aflictiva Prisión y
que estamos rodeados por las huestes de la tiranía, como resultado de
aquello que las manos de los infieles han forjado. Sin embargo, es tal la
felicidad que el Joven ha gustado, que ningún gozo terrenal puede
comparársele. ¡Por Dios! El daño que Él padece en las manos del opresor
nunca podrá apenar su corazón, ni tampoco puede entristecerse por el
predominio de quienes han repudiado su verdad.

Di: La tribulación es un horizonte para mi Revelación. El Sol de la
gracia brilla sobre ella y derrama una luz, que ni las nubes de las
inútiles fantasías de los hombres, ni las vanas imaginaciones del agresor
pueden oscurecer.

Sigue los pasos de tu Señor y recuerda a sus siervos, así como Él
te recuerda a ti, sin ser impedido por el clamor de los negligentes ni
por la espada del enemigo.... Esparce por todas partes los dulces sabores
de tu Señor, y no vaciles ni un instante en el servicio de su Causa. Se
aproxima el día en que será proclamada la victoria de tu Señor, el que
Siempre Perdona, el Más Generoso.

XVIII. Di: Hemos hecho que los ríos de la prolación divina fluyan
desde nuestro trono, para que las tiernas hierbas de sabiduría y
entendimiento broten de la tierra de vuestros corazones. ¿Acaso no
estaréis agradecidos? Aquellos que desdeñan adorar a su Señor serán de
los descartados. Y siempre que nuestros versos se recitan ante ellos,
persisten en su orgulloso desdén y en la desmesurada violación de su ley,
y no lo saben. En cuanto a aquellos que no han creído en Él, éstos
estarán bajo la sombra de un humo negro. Les ha sobrevenido "la Hora"
mientras se distraen. Han sido tomados de los mechones y aún no lo saben.

¡Lo que debe venir ha venido repentinamente; ve cómo huyen de ello!
¡Lo inevitable ha sucedido; atestigua cómo le han dado las espaldas! Éste
es el Día en que todo hombre huirá de sí mismo, cuanto más de los suyos,
si pudierais comprenderlo. Di: ¡Por Dios! ¡El llamado ha sido dado por la
trompeta, y he aquí que el género humano ha desfallecido ante nosotros!
El Heraldo ha exclamado, y el Emplazador ha elevado su voz diciendo: "El
Reino es de Dios, el Más Fuerte, el que Ayuda en el Peligro, el que
Subsiste por sí mismo".

Éste es el Día en que todos los ojos se alzarán aterrorizados, Día
en que se estremecerán los corazones de los que habitan la tierra, salvo
los de aquellos a quienes tu Señor, el Omnisciente, el Omnisapiente,
quiera librar. Todos los rostros se han ennegrecido, salvo los de
aquellos a quienes el Dios de Misericordia ha concedido un corazón
radiante. Ebrios están los ojos de esos hombres que abiertamente han
rehusado mirar la faz de Dios, el Todo Glorioso, el Todo Alabado.

Di: ¿No habéis estudiado el Corán? Leedlo, que quizás encontréis la
Verdad, por cuanto este Libro es ciertamente el Sendero Recto. Éste es el
Camino de Dios para todos los que están en el cielo y para todos los que
están en la tierra. Aun cuando habéis descuidado el Corán, no podéis
considerar lejos de vosotros el Bayán. Mirad, se abre ante vosotros. Leed
sus versos, para que quizá desistáis de cometer aquello que haga a los
mensajeros de Dios llorar y lamentarse.

Apresuraos, dejad vuestros sepulcros. ¿Hasta cuándo dormiréis? Ha
sonado el segundo toque de trompeta. ¿Hacia quién miráis? Éste es vuestro
Señor, el Dios de Misericordia. ¡Atestiguad cómo negáis sus signos! La
tierra ha temblado con gran estremecimiento, y ha depuesto su carga. ¿No
lo admitiréis? Di: ¿No reconoceréis cómo las montañas han llegado a ser
como lana cardada, cómo el pueblo ha sido dolorosamente agitado por la
imponente majestad de la Causa de Dios? Atestiguad cómo sus casas son
ruinas vacías y ellos mismos, una hueste hundida.

Éste es el Día en que el Todo Misericordioso ha descendido en las
nubes del conocimiento, ataviado de soberanía manifiesta. Él sabe bien
las acciones de los hombres. Él es Aquel cuya gloria nadie puede
confundir, si pudierais comprenderlo. El cielo de cada religión ha sido
rajado, la tierra del entendimiento humano ha sido partida, y se ve
descender a los ángeles de Dios. Di: Éste es el Día de mutuo engaño;
¿hacia dónde huís? Las montañas han desaparecido y los cielos se han
replegado, y toda la tierra está asida por su mano, si pudierais
entenderlo. ¿Quién puede protegeros? ¡Nadie, por Aquel quien es el Todo
Misericordioso! Nadie, salvo Dios, el Todopoderoso, el Todo Glorioso, el
Benéfico. Cada mujer que ha tenido una carga en su vientre la ha
depuesto. Vemos a los hombres embriagados en este Día en que hombres y
ángeles han sido congregados.

Di: ¿Hay duda alguna referente a Dios? Ve cómo Él ha descendido del
cielo de su gracia, ungido e investido con poder y soberanía. ¿Hay duda
alguna referente a sus signos? Abrid vuestros ojos y considerad su prueba
evidente. A vuestra diestra está el Paraíso, y ha sido acercado a
vosotros, mientras al Infierno se le ha hecho arder. Atestiguad su llama
devoradora. Apresuraos a entrar en el Paraíso, como una señal de nuestra
merced para con vosotros y bebed de las manos del Todo Misericordioso el
Vino que es ciertamente la vida.

Bebed con saludable fruición, oh pueblo de Bahá. Vosotros sois
ciertamente de los bienaventurados. Esto es lo que han alcanzado quienes
tienen acceso próximo a Dios. Ésta es el agua fluyente prometida a
vosotros en el Corán y luego en el Bayán, como una recompensa de vuestro
Señor, el Dios de Misericordia. Benditos son aquellos que la beben.

¡Oh mi siervo que has vuelto tu rostro hacia mí! Da gracias a Dios
porque te ha enviado esta Tabla desde esta Prisión, para que recuerdes a
la gente los días de tu Señor, el Todo Glorioso, el Omnisciente. Así
hemos establecido para ti, por las aguas de nuestra sabiduría y
prolación, los fundamentos de tu creencia. Ésta es, en verdad, el agua
sobre la que ha sido levantado el Trono de tu Señor. "Su Trono ha
permanecido sobre las aguas." Pondera esto en tu corazón, para que puedas
comprender su significado. Di: Alabado sea Dios, el Señor de todos los
mundos.

XIX. Es evidente para todo corazón perspicaz e iluminado que Dios,
la Esencia incognoscible, el Ser divino, es inmensamente exaltado por
encima de todo atributo humano, tal como existencia corpórea, ascenso y
descenso, salida y retorno. Lejos está de su gloria el que lengua humana
pueda apropiadamente referir su alabanza, o que corazón humano pueda
comprender su misterio insondable. Él está y ha estado siempre velado en
la antigua eternidad de su Esencia, y permanecerá en su realidad
eternamente oculto a la vista de los hombres. "Ningún ojo le abarca, pero
Él abarca a todos los ojos; Él es el Inescrutable, el Perspicaz..."

Estando así cerrada la puerta del conocimiento del Antiguo de los
Días a la faz de todos los seres, la Fuente de gracia infinita ha hecho
que, conforme a su dicho: "Su gracia supera a todo; mi gracia lo ha
abarcado todo", aparezcan del reino del espíritu aquellas luminosas Joyas
de Santidad, en la noble forma del templo humano, y sean reveladas a
todos los hombres, a fin de que comuniquen al mundo los misterios del Ser
inmutable y hablen de las sutilezas de su Esencia imperecedera.

Estos Espejos santificados, estas Auroras de antigua gloria son
todos y cada uno los Exponentes en la tierra de Aquel quien es el Astro
central del universo, su Esencia y Propósito último. De Él procede su
conocimiento y poder; de Él proviene su soberanía. La belleza de su
semblante es solamente un reflejo de su imagen; su revelación; un signo
de su gloria inmortal. Ellos son los Tesoros del conocimiento divino y
los Depósitos de sabiduría celestial. A través de ellos se transmite una
gracia que es infinita, y por ellos se revela la luz que jamás
palidece.... Estos Tabernáculos de santidad y Espejos primordiales que
reflejan la luz de gloria inmarcesible, no son sino expresiones de Aquel
quien es el Invisible de los Invisibles. Por la revelación de estas joyas
de virtud divina se ponen de manifiesto todos los nombres y atributos de
Dios, tales como conocimiento y poder, soberanía y dominio, misericordia
y sabiduría, gloria, munificencia y gracia.

Estos atributos de Dios no son ni jamás han sido concedidos
especialmente a ciertos profetas y negados a otros. Al contrario, todos
los profetas de Dios, sus favorecidos, santos y escogidos mensajeros son
sin excepción los portadores de sus nombres y la personificación de sus
atributos. Sólo difieren en la intensidad de su revelación y la relativa
potencia de su luz. Así Él ha revelado: "Hemos hecho que algunos de los
apóstoles aventajen a los otros".

Por tanto, ha quedado claro y manifiesto que dentro de los
tabernáculos de estos profetas y elegidos de Dios, se ha reflejado la luz
de sus nombres infinitos y exaltados atributos, aunque la luz de algunos
de esos atributos aparentemente se revele o no a los ojos de los hombres
en esos luminosos Templos. Que determinado atributo de Dios no haya sido
exteriormente manifestado por esas Esencias del Desprendimiento, no
implica de manera alguna que no lo hayan poseído realmente aquellos que
son las Auroras de los atributos de Dios y los Tesoros de sus santos
nombres. Por tanto, estas Almas iluminadas y bellos Semblantes han sido
dotados cada uno con todos los atributos de Dios, tales como soberanía,
dominio y otros, aunque en apariencia estén despojados de toda majestad
terrenal....

XX. Sabe con certeza, que de ninguna manera, el Invisible puede
encarnar su Esencia y revelarla a los hombres. Él es y siempre ha sido
inmensamente exaltado sobre todo lo que pueda ser relatado o comprendido.
Desde su retiro de gloria, su voz siempre proclama: "En verdad, Yo soy
Dios, no hay otro Dios más que Yo, el Omnisciente, el Todo Sabio. Me he
manifestado a los hombres y he enviado a Él quien es la Aurora de los
signos de mi Revelación. Mediante Él he hecho que toda la creación
atestigüe que no hay otro Dios salvo Él, el Incomparable, el Conocedor de
Todo, el Omnisapiente". Él que está eternamente oculto a los ojos de los
hombres, nunca puede ser conocido sino a través de su Manifestación, y su
Manifestación no puede aducir una prueba mayor de la verdad de su Misión
que la de su propia Persona.

XXI. ¡Oh Salmán! La puerta del conocimiento del Antiguo Ser,
siempre ha estado y siempre estará cerrada a la faz de los hombres. El
entendimiento de hombre alguno, jamás tendrá acceso a su sagrada corte.
Sin embargo, como una muestra de su misericordia y como una prueba de su
amorosa bondad, Él ha manifestado a los hombres los Soles de su divina
guía, los Símbolos de su divina unidad y ha ordenado que tener
conocimiento de estos Seres santificados sea idéntico a tener
conocimiento de su propio Ser. Quienquiera les reconozca ha reconocido a
Dios. Quienquiera escuche su llamado ha escuchado la Voz de Dios, y
quienquiera atestigüe la verdad de su Revelación ha atestiguado la verdad
de Dios mismo. Quienquiera se aleje de ellos se ha alejado de Dios, y
quienquiera no haya creído en ellos no ha creído en Dios. Cada uno de
ellos es el Camino de Dios, que conecta este mundo con los reinos de lo
alto y el Estandarte de su Verdad para todos en los reinos de la tierra y
del cielo. Ellos son las Manifestaciones de Dios entre los hombres, las
pruebas de su Verdad, y los signos de su gloria.

XXII. Los Portadores del depósito de Dios son manifiestos a los
pueblos de la tierra como Exponentes de una nueva Causa y Reveladores de
un nuevo Mensaje. Ya que esas Aves del Trono Celestial son todas enviadas
del cielo de la Voluntad de Dios, y como todas surgen para proclamar su
irresistible Fe, son por tanto consideradas como un alma y una misma
persona. Pues todas beben del mismo Cáliz del Amor de Dios y todas
participan del fruto del mismo Árbol de la Unicidad.

Estas Manifestaciones de Dios tienen, cada una de ellas, doble
posición. Una es la posición de abstracción pura y unidad esencial. Por
lo que se refiere a esto, si tú las llamas a todas por un solo nombre y
les asignas el mismo atributo, no te desvías de la verdad. Como Él ha
revelado: "¡No hacemos distinción entre ninguno de sus mensajeros!" Pues
todos y cada uno de ellos llaman a la gente de la tierra a reconocer la
unidad de Dios, y les dan las buenas nuevas del Kawthar de gracia y
munificencia infinitas. Todos invisten el manto de profeta y han sido
honrados con la vestidura de la gloria. Así, Muhammad, el Punto del
Corán, ha revelado: "Yo soy todos los profetas". Asimismo, dice: "Soy el
primer Adán, Noé, Moisés y Jesús". Declaraciones semejantes hizo el Imán
'Alí. También palabras como éstas, que indican la unidad esencial de
aquellos Exponentes de la Unidad, han brotado de los Canales de la
prolación inmortal de Dios y de los Tesoros de joyas del conocimiento
divino, y han sido consignadas en las escrituras. Esos Semblantes son los
recipientes del Mandato Divino y las auroras de su Revelación. Esa
Revelación está exaltada por encima de los velos de pluralidad y las
exigencias de número. Así Él dice: "Nuestra Causa no es sino una". Como
la Causa es una y la misma, sus Exponentes también deben ser
necesariamente uno y el mismo. Asimismo, los imanes de la Fe de Muhammad,
esas lámparas de la certeza, han dicho: "Muhammad es nuestro primero,
Muhammad es nuestro último, Muhammad es todo lo que tenemos".

Te es claro y evidente que todos los profetas son los Templos de la
Causa de Dios, quienes han aparecido ataviados con diversas vestiduras.
Si observas con ojo perspicaz, les verías habitando en el mismo
tabernáculo, volando en el mismo cielo, sentados en el mismo trono,
pronunciando las mismas palabras, proclamando la misma Fe. Tal es la
unidad de esas Esencias del ser, de esas Lumbreras de esplendor inmenso e
infinito. Por tanto, si una de esas Manifestaciones de la Santidad
proclamara diciendo: "Yo soy la vuelta de todos los profetas",
ciertamente dice la verdad. Del mismo modo, es un hecho que cada
Revelación siguiente es la vuelta de la Revelación anterior; esta verdad
está firmemente demostrada....

La otra posición es la distinción y pertenece al mundo de la
creación y a sus limitaciones. Respecto a esto, cada Manifestación de
Dios tiene una individualidad distinta, una misión definitivamente
señalada, una revelación predestinada y limitaciones especialmente
designadas. Cada una de ellas es conocida por un nombre diferente y se
caracteriza por un atributo especial, cumple una misión definida y le es
confiada una revelación particular. Tal como Él dice: "Hemos hecho que
algunos de los apóstoles aventajen a los demás. A unos Dios les ha
hablado; a otros los ha elevado y exaltado. Y a Jesús, Hijo de María, le
dimos signos manifiestos y le fortalecimos con el Espíritu Santo".

Es a causa de esta diferencia en posición y misión, que parecen
divergir y diferir las palabras y expresiones que fluyen de esos
Manantiales del conocimiento divino. Por lo demás, a los ojos de quienes
están iniciados en los misterios de la sabiduría divina, todo lo que
ellos han pronunciado es en realidad la expresión de una sola Verdad.
Como la mayoría de la gente no ha percibido esas posiciones a que nos
hemos referido, se siente, por tanto, perpleja y consternada ante las
variadas palabras que han pronunciado Manifestaciones que en esencia son
una y la misma.

Ha sido Siempre evidente que todas estas divergencias en las
palabras deben atribuirse a diferencias de posición. Así, desde el punto
de vista de su unicidad y sublime desprendimiento, han sido y son
aplicables a esas Esencias del ser los atributos de Deidad, Divinidad,
Suprema Singularidad e Íntima Esencia, ya que todas habitan en el trono
de la Revelación divina y están establecidas en la sede de la divina
Ocultación. Mediante su aparición se manifiesta la Revelación de Dios, y
por su semblante se revela la Belleza de Dios. Es así como se han oído
las palabras de Dios mismo, pronunciadas por esas Manifestaciones del Ser
divino.

Y a la luz de su segunda posición, que es la posición de la
distinción y diferenciación, de las limitaciones, características y
normas temporales, manifiestan servidumbre absoluta, suma pobreza y
completo olvido de sí mismos. Tal como Él dice: "Soy el siervo de Dios.
No soy más que un hombre como vosotros". ...

Si alguna de las Manifestaciones de Dios, que todo lo abarcan,
declarase: "¡Yo soy Dios!", diría ciertamente la verdad, y no cabría duda
de ello. Ya que repetidamente se ha demostrado que mediante su
Revelación, atributos y nombres, se manifiestan en el mundo la
Revelación, los nombres y atributos de Dios. Así, Él ha revelado:
"¡Aquellos dardos eran de Dios; no tuyos!" También dice: "En verdad,
quienes te prometieron fidelidad, realmente la prometieron a Dios". Y si
alguno de ellos pronunciase: "Soy el Mensajero de Dios", también diría
indudablemente la verdad. Tal como Él dice: "No es Muhammad padre de
ningún hombre entre vosotros, mas es el Mensajero de Dios". A la luz de
esto, todos ellos no son más que mensajeros de ese Rey ideal, de esa
Esencia inmutable. Si todos proclamasen: "Soy el Sello de los Profetas",
expresarían sólo la verdad, sin la más leve sombra de duda. Pues todos
ellos no son más que una persona, un alma, un espíritu, un ser, una
revelación. Son todos la manifestación del "Principio" y el "Fin", el
"Primero" y el "'Último", el "Visible y el "Oculto", atributos todos que
pertenecen a Aquel quien es el más íntimo Espíritu de los Espíritus y la
eterna Esencia de las Esencias. Y si dijesen: "Somos los siervos de
Dios", éste también es un hecho manifiesto e indiscutible. Ya que se han
manifestado en condición de total servidumbre; servidumbre como ése no
podrá ningún hombre alcanzar. De este modo, en momentos en que esas
Esencias del ser estaban sumergidas en los océanos de antigua y
sempiterna santidad, o cuando se remontaban a las más elevadas cimas de
los misterios divinos, sostenían que sus palabras eran la Voz de la
Divinidad, el Llamado de Dios mismo.

Si se abriera el ojo del discernimiento, reconocería que ellos,
hasta en ese estado, se consideran del todo extinguidos e inexistentes
ante Aquel quien es el que Todo lo Penetra, el Incorruptible. Me parece
que se consideran como la nada absoluta, estimando su mención en esa
Corte como un acto de blasfemia. Pues el más leve susurro del yo es, en
tal Corte, una prueba de afirmación de sí mismo y de existencia
independiente. A los ojos de quienes han llegado a esa Corte, semejante
insinuación es por sí misma una grave transgresión. Cuanto más grave aún
sería, si otra cosa se mencionara ante esa Presencia, si el corazón del
hombre, su lengua, su mente y su alma se ocuparan con otro que no sea el
Bienamado, si sus ojos contemplaran otro semblante que no fuese su
belleza, si su oído escuchase otra melodía que no fuese su voz y sus pies
hollasen otro camino que no fuera su camino....

En virtud de esta posición, han sostenido que es suya la Voz de la
Divinidad y apelativos semejantes, en tanto que, en virtud de su posición
de mensajeros, se han declarado a sí mismo los mensajeros de Dios. En
cada caso han expresado lo que satisface los requerimientos de la
ocasión, atribuyéndose a sí mismos todas estas declaraciones, las cuales
se extienden del reino de la Revelación divina hasta el reino de la
creación, y desde el dominio de la Divinidad hasta el dominio de la
existencia terrenal. De este modo, cualesquiera que sean sus palabras, ya
pertenezcan al reino de la Divinidad, Señorío, Posición Profética,
Posición de Mensajero, Guardianía, Apostolado o Servidumbre, todo es
cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo tanto, debe considerarse con
mucha atención lo que hemos citado en apoyo de nuestro argumento, para
que las palabras divergentes de las Manifestaciones del Invisible y
Auroras de Santidad, no agiten ya al alma ni dejen perpleja a la mente.

XXIII. Considera las generaciones anteriores. Atestigua cómo cada
vez que el Sol de divina munificencia ha derramado la luz de su
Revelación sobre el mundo, el pueblo de su día se ha levantado contra Él
y ha repudiado su verdad. Aquellos que eran considerados como los
caudillos de hombres, han luchado invariablemente, para impedir a sus
seguidores volverse hacia Él quien es el Océano de la ilimitada
munificencia de Dios.

Mira cómo el pueblo ha arrojado al fuego a Abraham, el Amigo de
Dios, como resultado del veredicto pronunciado por los sacerdotes de su
época; cómo Moisés, quien conservó con el Todopoderoso, fue denunciado
como mentiroso y calumniador. Medita cómo fue tratado Jesús, el Espíritu
de Dios, por sus enemigos no obstante su extrema humildad y perfecta
sensibilidad de corazón. Fue tan feroz la oposición que tuvo que
enfrentar Él, la Esencia del Ser y Señor de lo visible e invisible, que
no tuvo donde poner su cabeza. Andaba continuamente de un lugar a otro,
desprovisto de una vivienda permanente. Pondera lo que aconteció a
Muhammad, el Sello de los Profetas, que la vida de todo sea un sacrificio
por Él. ¡Cuán severas fueron las aflicciones, que los caudillos del
pueblo judío y los idólatras hicieron llover sobre Él, quien es el
Soberano Señor de todo, a consecuencia de su proclamación de la unidad de
Dios y de la verdad de su Mensaje! ¡Por la rectitud de mi Causa! Mi Pluma
gime y todas las cosas creadas lloran con gran llanto como resultado de
los dolores y penas que sufrió en manos de quienes violaron el Convenio
de Dios y su Testamento, rechazaron las pruebas y debatieron sus signos.
Así te narramos el relato de lo que ocurrió en días pasados, que quizá
comprendas.

Tú has sabido cuán penosamente han sido atormentados los profetas
de Dios, sus mensajeros y escogidos. Medita un momento sobre los motivos
y razones que han sido responsables de tales persecuciones. En ningún
tiempo, en ninguna Dispensación, han escapado los profetas de Dios a la
blasfemia de sus enemigos, a la crueldad de sus opresores, a la acusación
de los doctos de su época, que aparecieron bajo el disfraz de rectitud y
piedad. Día y noche pasaban tales sufrimientos, que nadie podrá jamás
medir, salvo el conocimiento del Dios único y verdadero, exaltada sea su
gloria.

Considera a este Agraviado. Aunque las pruebas más claras afirman
la verdad de su Causa, aunque las profecías que Él ha hecho en lenguaje
inequívoco se han cumplido, aunque, si bien no se contaba entre los
doctos, no tenía instrucción, ni experiencia en las discusiones
corrientes entre los sacerdotes, Él ha vertido sobre los hombres las
lluvias de su conocimiento múltiple y divinamente inspirado; sin embargo,
¡mira cómo esta generación ha rechazado su autoridad y se ha rebelado
contra Él! Durante la mayor parte de su vida, Él ha sido dolorosamente
afligido en las garras de sus enemigos. Sus padecimientos ya han
alcanzado su culminación en esta aflictiva Prisión, en que sus opresores
le han arrojado tan injustamente. Dios te conceda que, con penetrante
visión y corazón radiante observes las cosas que han ocurrido y que ahora
acontecen, y, ponderándolas en tu corazón, reconozcas aquello que los más
de los hombres en este Día no han comprendido. Quiera Dios que Él te haga
capaz de inhalar la dulce fragancia de su Día, participar de las
ilimitadas efusiones de su gracia, beber cuanto puedas, por su generoso
favor, del más grande Océano que se levanta en este Día en el nombre del
Antiguo Rey y permanecer firme e inamovible como la montaña en su Causa.

Di: Gloria sea a ti, quien has hecho que todos los seres santos
confiesen su incapacidad ante las múltiples revelaciones de tu poder, y
que cada profeta reconozca su insignificancia ante la efulgencia de tu
perdurable gloria. Te imploro por tu Nombre, que ha abierto las puertas
del Cielo y llenado de éxtasis el Concurso en lo alto, que me habilites
para que te sirva en este Día, y me fortalezcas para que observe lo que
tú prescribiste en tu Libro. Tú sabes, oh mi Señor, lo que hay en mí;
pero yo no sé lo que hay en ti. Tú eres el Omnisciente, el Informado de
Todo.

XXIV. Cuidaos, oh creyentes en la Unidad de Dios, de ser tentados
en hacer distinción alguna entre las Manifestaciones de su Causa, o de
menospreciar los signos que han acompañado y proclamado su Revelación.
Esto es, de cierto, el verdadero significado de la Unidad Divina, si sois
de los que comprenden esta verdad y creen en ella. Además, estad seguros
de que las obras y hechos de cada una de estas manifestaciones de Dios,
más aún, todo lo que a ellas atañe y todo lo que manifiesten en lo
futuro, está ordenado por Dios y es un reflejo de su Voluntad y
Propósito. Quienquiera haga la más leve diferencia entre sus personas,
sus palabras, sus mensajes, sus hechos y costumbres en verdad ha dejado
de creer en Dios, ha repudiado sus signos y traicionado la Causa de sus
mensajeros.

XXV. Es evidente que cada época en que una Manifestación de Dios
ha vivido es divinamente ordenada y, de cierto modo, puede ser
caracterizada como el Día señalado de Dios. Este Día es, sin embargo,
único, y debe ser distinguido de los que lo han precedido. La designación
de "Sello de los Profetas" revela plenamente su elevada posición. El
Ciclo Profético, de cierto, ha terminado. La Eterna Verdad ya ha llegado.
Él ha levantado la Insignia de Poder y derrama ahora sobre el mundo el
descubierto esplendor de su Revelación.

XXVI. La alabanza sea para Dios, el que Todo lo Posee, el Rey de
gloria incomparable, alabanza que está inmensurablemente más allá del
entendimiento de todas las cosas creadas, y exaltada sobre el alcance de
las mentes humanas. Nadie salvo Él podrá nunca cantar en forma adecuada
su loanza, ni tampoco hombre alguno logrará jamás describir la plenitud
de su gloria. ¿Quién puede pretender haber alcanzado las alturas de su
exaltada Esencia, y qué mente puede medir las profundidades de su
misterio insondable? De cada una de las Revelaciones que emanan de la
Fuente de su gloria han aparecido sagradas e inacabables pruebas de
inimaginable esplendor, y de cada Manifestación de su invencible fuerza
han sido vertidos océanos de eterna luz. ¡Cuán inmensamente exaltados son
los maravillosos testimonios de su soberanía todopoderosa, de la cual
sólo un vislumbre, si les tocara, consumiría completamente a todos los
que están en los cielos y en la tierra! Cuán indescriptiblemente elevadas
son las muestras de su consumada fuerza, de las cuales un solo signo, por
más insignificante que sea, debe trascender la comprensión de todo lo que
ha sido creado desde el principio que no tiene principio, y sea creado en
lo futuro hasta el fin que no tiene fin. Todas las personificaciones de
sus Nombres vagan en el desierto de la búsqueda, sedientas y ansiosas de
descubrir su Esencia, y todas las manifestaciones de sus Atributos le
imploran, desde el Sinaí de la Santidad, que descifre su misterio.

Una gota del ondeante océano de su misericordia infinita ha
adornado toda la creación con el ornamento de la existencia, y un hálito
exhalado desde su incomparable Paraíso ha investido a todos los seres con
el manto de su santidad y gloria. Un rocío de la insondable profundidad
de su Voluntad soberana que todo lo penetra, ha engendrado de la nada
absoluta una creación infinita en su alcance y eterna en su duración. Las
maravillas de su munificencia nunca podrán cesar, ni la corriente de su
misericordiosa gracia podrá jamás ser detenida. El proceso de su creación
no ha tenido principio ni podrá tener fin.

En toda edad y ciclo, a través de la esplendorosa luz derramada por
las manifestaciones de su maravillosa Esencia, Él ha creado de nuevo
todas las cosas, para que, ya sea en él cielo como en la tierra nada que
refleje los signos de su gloria, sea privado de las efusiones de su
misericordia, ni se desespere por las lluvias de sus favores. ¡Cuán
abarcadoras son las maravillas de su ilimitada gracia! Mirad cómo han
penetrado toda la creación. Tal es su virtud que no puede encontrarse un
solo átomo en todo el universo que no declare las pruebas de su poder,
que no glorifique su santo Nombre, o que no exprese la refulgente luz de
su unidad. Tan perfecta y amplia es su creación, que ninguna mente, o
corazón, no importa cuán aguda o puro sean, podrán jamás captar la
naturaleza de la más insignificante de sus criaturas; menos aún sondear
el misterio de Él quien es el Sol de la Verdad, quien es la invisible e
incognoscible Esencia. Las concepciones del más devoto de los místicos,
los logros del más erudito de los hombres, la más alta alabanza que la
lengua o pluma humanas puedan ofrecer, son todos productos de la mente
finita del hombre y están restringidos por sus limitaciones. Diez mil
profetas, cada uno de ellos un Moisés, están amilanados en el Sinaí de su
búsqueda ante su prohibitoria Voz: "Tú jamás me contemplarás", mientras
que una miríada de mensajeros, cada uno tan grande como Jesús, permanecen
consternados en su trono celestial por la interdicción: "Tú jamás
comprenderás mi esencia". Desde tiempo inmemorial Él ha estado cubierto
con el velo de la inefable santidad de su exaltado Ser, y para siempre
continuará envuelto en el impenetrable misterio de su incognoscible
Esencia. Toda tentativa de lograr la comprensión de su inaccesible
Realidad ha terminado en completa perplejidad, y todo esfuerzo en
acercarse a su exaltado Ser y contemplar su Esencia, ha terminado en
desesperación y fracaso.

¡ Cuán desconcertante es para mí, insignificante como soy, intentar
sondear las sagradas profundidades de tu conocimiento! ¡Cuán vanos son
mis esfuerzos para visualizar la magnitud de la fuerza inherente a tu
obra, la revelación de tu fuerza creadora! ¿Cómo pueden mis ojos que no
son capaces de percibirse a sí mismos, afirmar haber discernido tu
Esencia, y cómo puede mi corazón, ya impotente para comprender el
significado de sus propias potencialidades, pretender haber comprendido
tu naturaleza? ¿Cómo puedo afirmar que te he conocido cuando la creación
entera está confundida por tu misterio, y cómo puedo confesar que no te
he conocido, cuando, he aquí, todo el universo proclama tu Presencia y
atestigua tu verdad? Las puertas de tu gracia han estado eternamente
abiertas a todas las cosas creadas y los medios de acceso a tu Presencia
han estado a disposición de ellas, y las revelaciones de tu Belleza
inigualable han sido grabadas en todo momento sobre las realidades de
todos los seres visibles e invisibles. Sin embargo, a pesar de este
generosísimo favor, esta dádiva perfecta y consumada, me siento impulsado
a declarar que tu corte de santidad y gloria está infinitamente exaltada
por encima del conocimiento de todo salvo de ti, y que el misterio de tu
Presencia es inescrutable para toda mente salvo la tuya. Nadie salvo tú
puede desentrañar el secreto de tu naturaleza y nada salvo tu
trascendental Esencia puede comprender la realidad de tu inescrutable
existencia. ¡Cuán vasto es el número de aquellos Seres celestiales y todo
gloriosos, quienes en el páramo de su separación de ti, han vagado todos
los días de su vida y jamás te han encontrado! ¡Cuán grande es la
multitud de almas santificadas e inmortales, quienes se vieron perdidas y
perplejas mientras buscaban en el desierto de la búsqueda para mirar tu
rostro! Una miríada son tus ardientes amantes, a quienes la llama
consumidora de la lejanía de ti ha hecho hundirse y perecer, e
innumerables son las almas fieles quienes voluntariamente han ofrendado
sus vidas con la esperanza de contemplar la luz de tu semblante. Los
suspiros y lamentos de estos ansiosos corazones que te anhelan, nunca
podrán alcanzar tu santa corte, ni tampoco las lamentaciones de los
caminantes que ansían aparecer ante tu faz, podrán llegar a tu sede de
gloria.

XXVII. Toda alabanza a la unidad de Dios, y todo honor para Él, el
soberano Señor, el incomparable y todo glorioso Gobernante del universo,
quien de la nada absoluta ha creado la realidad de todas las cosas, quien
de la nada ha engendrado los más delicados y sutiles elementos de su
creación, y quien, rescatando a sus criaturas de la bajeza de la lejanía
y de los peligros de una completa extinción, los ha recibido en su reino
de gloria incorruptible. Nada salvo su gracia que todo lo abarca, y su
misericordia que todo lo penetra, podría haberlo logrado. ¿Cómo habría
sido posible de otro modo que la simple nada adquiriera por sí misma el
mérito y capacidad para emerger de su estado de inexistencia al reino del
ser?

Habiendo creado el mundo y todo lo que en él vive y se mueve, Él,
por intermedio de la acción directa de su irrestringida y soberana
Voluntad, escogió conferirle al hombre la singular distinción y capacidad
de conocerle y amarle; una capacidad que debe necesariamente ser
considerada el impulso generador y el objetivo primordial que sostiene la
creación entera.... Sobre la más íntima realidad de cada cosa creada, Él
ha derramado la luz de uno de sus nombres y la ha hecho un recipiente de
la gloria de uno de sus atributos. Sobre la realidad del hombre, sin
embargo, Él ha concentrado el esplendor de todos sus nombres y atributos
y ha hecho a ésta un espejo de su propio Ser. De todas las cosas creadas
sólo el hombre ha sido escogido para recibir tan grande favor y tan
perdurable generosidad.

Estas energías con las que el Sol de la divina generosidad y la
Fuente de guía celestial ha dotado a la realidad del hombre yacen, sin
embargo, latentes dentro de él, así como la llama está oculta dentro de
la vela y los rayos de luz están presentes potencialmente en la lámpara.
El resplandor de estas energías puede ser oscurecido por los deseos
mundanos, así como la luz del sol puede ser oculta bajo el polvo y
escoria que cubren el espejo. Ni la vela, ni la lámpara pueden encenderse
por sus propios esfuerzos sin ayuda, ni tampoco le será jamás posible al
espejo librarse por sí solo de su escoria. Es claro y evidente que la
lámpara nunca se encenderá mientras no se le prenda fuego, y a menos que
no se limpie de la superficie del espejo la escoria que la cubre, éste
nunca podrá representar la imagen del sol ni reflejar su luz y gloria.

Y puesto que no puede haber un lazo de comunicación directa que una
al Dios único y verdadero con su creación y puesto que ninguna semejanza
puede existir entre lo transitorio y lo Eterno, lo contingente y lo
Absoluto, Él ha ordenado que en cada edad y dispensación, un Alma pura e
inmaculada se haga manifiesta en los reinos de la tierra y del cielo. A
este sutil, este misterioso y etéreo Ser, Él ha designado una naturaleza
doble; la física que pertenece al mundo de la materia y la espiritual que
nace de la sustancia de Dios mismo. Él, además, le ha conferido una doble
posición. La primera, que se relaciona a su más íntima realidad, le
representa como uno cuya voz es la voz de Dios mismo. Esto lo atestigua
la tradición "Múltiple y misteriosa es mi relación con Dios. Yo soy Él,
Él mismo, y Él es Yo, Yo mismo, mas Yo soy quien soy y Él es quien es".
Asimismo las palabras "Levántate, oh Muhammad, porque he aquí, el Amante
y el Amado son unidos y hechos uno en ti". De igual manera Él dice: "No
hay distinción alguna entre Tú y ellos, salvo que ellos son tus Siervos".
La segunda posición es la posición humana, demostrada en los siguientes
versos: "No soy más que un hombre como vosotros". "Di: ¡Alabado sea mi
Señor! ¿Soy más que un hombre, un apóstol?" Estas Esencias del
Desprendimiento, estas Realidades resplandecientes son los canales de la
gracia de Dios que todo lo llena. Conducidos por la luz de indefectible
guía, e investidos con soberanía suprema, son comisionados para usar la
inspiración de sus palabras, las efusiones de su infalible gracia y la
brisa santificadora de su Revelación para limpiar, de todo corazón
anhelante y de todo espíritu receptivo, la escoria y polvo de las
preocupaciones y limitaciones terrenales. Entonces y sólo entonces, el
Fideicomiso de Dios latente en la realidad del hombre emergerá
resplandeciente como el Orbe naciente de la Revelación Divina, de tras
del velo del encubrimiento, para implantar la insignia de su gloria
revelada sobre las cumbres de los corazones de los hombres.

De los anteriores pasajes y alusiones está indudablemente claro que
en los reinos de la tierra y del cielo debe manifestarse necesariamente
un Ser, una Esencia, quien actúe como Manifestación y Vehículo para la
transmisión de la gracia de la Divinidad misma, el Soberano Señor de
todo. A través de las Enseñanzas de este Sol de la Verdad, todo hombre
avanzará y se desarrollará hasta que alcance el estado en que pueda
manifestar t odas las fuerzas potenciales con que ha sido dotado su más
íntimo verdadero ser. Es con este mismo objetivo que en cada edad y
dispensación los profetas de Dios y sus escogidos han aparecido entre los
hombres y han mostrado tal fuerza como la que nace de Dios, y tal poder
como sólo el Eterno puede revelar.

¿Puede alguien que tenga una mente sana, imaginar seriamente que,
en vista de ciertas palabras cuyo significado no puede comprender, la
puerta de la infinita guía de Dios puede estar alguna vez cerrada a la
faz de los hombres? ¿Puede alguna vez concebir para estas Luminarias
Divinas, para estas Luces resplandecientes, ya sea un comienzo o un fin?
¿Qué turbulento diluvio puede compararse con la corriente de su gracia
que todo lo abarca, y qué bendición puede aventajar las demostraciones de
tan grande y penetrante misericordia? No puede haber duda de que si, por
un momento, la marea de su misericordia y gracia fueran retraídas del
mundo, éste perecería totalmente. Por esta razón, desde el principio que
no tiene principio, las puertas de la divina misericordia han sido
abiertas de par en par a la faz de todas las cosas creadas, y las nubes
de la Verdad continuarán derramando, hasta el fin que no tiene fin, la
lluvia de sus favores y generosidades sobre el terreno de la capacidad,
realidad y personalidad humanas. Tal ha sido el método que ha seguido
Dios, desde toda eternidad hasta toda eternidad.

XXVIII. Feliz el hombre que se levante a servir a mi Causa y
glorificar mi hermoso Nombre. Toma mi Libro con la fuerza de mi poder y
aférrate tenazmente a todo mandamiento que tu Señor, el Ordenador, el
Sapientísimo haya prescrito en él. Mira, oh Muhammad, cómo los dichos y
hechos de los seguidores del Islam Shí'ah han ofuscado la alegría y
fervor de sus primeros días y han empañado el prístino brillo de su luz.
En sus comienzos, mientras aún se adherían a los preceptos asociados al
nombre de su Profeta, el Señor de la humanidad, su carrera fue marcada
por una cadena ininterrumpida de victorias y triunfos. Pero a medida que
se alejaban gradualmente del sendero de su maestro y guía ideales, y se
apartaban de la Luz de Dios y corrompían el principio de su unidad
divina, y mientras centraban su atención cada vez más sobre aquellos
quienes sólo eran los reveladores de la potencia de su Palabra, su fuerza
se transformó en debilidad, su gloria, en vergüenza, y su coraje, en
temor. Tú ves a qué han llegado. Observa cómo ellos han imaginado socios
de Él quien es el Punto Focal de la unidad divina. Mira cómo sus malos
actos les han impedido reconocer en el Día de la Resurrección la Palabra
de la Verdad, exaltada sea su gloria. Abrigamos la esperanza que este
pueblo en adelante se proteja de vanas esperanzas y ociosas fantasías y
que logre entender verdaderamente el significado de la unidad divina.

La Persona de la Manifestación ha sido siempre el representante y
portavoz de Dios. En verdad, Él es la Aurora de los más excelentes
Títulos de Dios, el Lugar de Amanecer de sus más excelsos Atributos. Si
se colocara a alguno a su lado como su igual, y fuera considerado
idéntico con su persona, ¿cómo entonces podría sostenerse que el Ser
Divino es Uno e Incomparable, que su Esencia es indivisible y sin par?
Medita sobre lo que te hemos revelado mediante la fuerza de la verdad y
sé de aquellos que comprenden su significado.

XXIX. El propósito de Dios al crear el hombre ha sido y siempre
será, el de capacitarlo para que pueda reconocer a su Creador y alcanzar
su Presencia. Todos los Libros sagrados y las importantes Escrituras
divinamente reveladas dan testimonio inequívoco de éste el más excelente
objetivo, de esta meta suprema. Quienquiera haya reconocido la Aurora de
la guía divina y haya entrado en su sagrada corte, se ha acercado a Dios
y ha alcanzado su presencia, Presencia que es el verdadero Paraíso y de
la cual las más elevadas mansiones del cielo son sólo un símbolo. Tal
hombre ha logrado el conocimiento de la posición de Aquel quien está "a
la distancia de dos arcos", quien se encuentra más allá del Sadratu'l-
Muntahá. Quienquiera no le haya reconocido se habrá condenado a sí mismo
a la miseria de la lejanía, que no es sino la nada absoluta y la esencia
del fuego abismal. Tal será su destino, aun cuando en apariencia ocupe
los más elevados puestos de la tierra y esté establecido sobre su más
exaltado trono.

Aquel quien es la Aurora de la Verdad es, sin duda, totalmente
capaz de rescatar de tal lejanía almas descarriadas y de hacer que se
acerquen a su corte y alcancen su Presencia. "Si Dios hubiera deseado,
seguramente habría hecho de todos los hombres un solo pueblo." Su
propósito, no obstante, es habilitar a los de espíritu puro y corazón
desprendido a ascender, por virtud de sus propios e innatos poderes a las
orillas del Más Grande Océano, para que así quienes buscan la Belleza del
Todo Glorioso sean distinguidos y separados de los descarriados y
perversos. Así ha sido ordenado por la toda gloriosa y resplandeciente
Pluma....

Que las Manifestaciones de la justicia divina, las Auroras de
gracia celestial, al aparecer entre los hombres hayan estado siempre
desprovistos de todo dominio terrenal y despojados de los medios de
ascendiente mundano debe atribuirse a este mismo principio de separación
y distinción que anima el Propósito Divino. Si la Esencia Eterna
manifestara todo lo que está latente dentro de Él, si Él brillara en la
plenitud de su gloria, no se hallaría a nadie que dudase de su poder o
que repudiase su verdad. No, todas las cosas creadas estarían tan
deslumbradas y atónitas por las demostraciones de su luz, como para ser
reducidas a la nada absoluta. Bajo tales circunstancias, ¿cómo pueden ser
distinguidos los creyentes de los perversos?

Este principio ha actuado en cada una de las Dispensaciones
anteriores y ha sido abundantemente demostrado.... Es por esta razón, que
en cada edad, cuando una nueva Manifestación ha aparecido y una reciente
revelación del poder trascendente de Dios ha sido otorgada a los hombres,
aquellos que no creyeron en Él engañados por la aparición de la
incomparable y eterna Belleza en el atavío de los hombres mortales, no le
han reconocido. Se han desviado de su sendero y han esquivado su
compañía, compañía de Aquel quien es el Símbolo de proximidad a Dios.
Hasta se han levantado para diezmar las filas de los fieles y para
exterminar a aquellos que creían en Él.

Mirad cómo en esta Dispensación los inútiles y tontos han imaginado
vanamente que con tales instrumentos como la masacre, el saqueo y el
destierro pueden extinguir la Lámpara que la Mano del poder divino ha
encendido, o eclipsar el Sol de eterno esplendor. ¡Hasta qué punto
parecen haber ignorado la verdad que tal adversidad es el aceite que
alimenta la llama de esta Lámpara! ¡Tal es la fuerza transformadora de
Dios! Él cambia lo que Él desea; Él ciertamente tiene poder sobre todas
las cosas....

Considerad en todo tiempo la soberanía ejercida por el Rey ideal y
ved las pruebas de su poder y suprema influencia. Santificad vuestros
oídos de las vanas palabras de quienes son los símbolos de la negación y
los exponentes de violencia e ira. La hora se aproxima en que
atestiguaréis la fuerza del Dios único y verdadero triunfando sobre todas
las cosas creadas y los signos de su soberanía envolviendo toda la
creación. En aquel día descubriréis cómo todo salvo Él habrá sido
olvidado y será considerado como la nada absoluta.

Sin embargo, se debe tener presente que Dios y su Manifestación,
bajo ninguna circunstancia, pueden ser disociados de la majestad y
sublimidad que ellos inherentemente poseen. Más bien, la majestad y la
sublimidad son en sí mismas creaciones de su Palabra, si escogéis ver por
mi vista y no con la vuestra.

XXX. Dios atestigua que no hay Dios salvo Él, el Benévolo, el Más
Amado. Toda gracia y munificencia son de Él. A quien Él quiera da lo que
es su deseo. Él es verdaderamente el Omnipotente, el Todopoderoso, el que
Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo. Nosotros, en verdad,
creemos en Aquel, quien en la persona del Báb, ha sido enviado por la
Voluntad del Dios único y verdadero, el Rey de Reyes, el Todo Alabado.
Aun más, juremos lealtad a Aquel quien en la época del Mustagháth, está
destinado a manifestarse, como asimismo a quienes vendrán después de Él
hasta el fin que no tiene fin. No reconocemos en la manifestación de cada
uno de ellos, ya sea exterior o interiormente, la manifestación de nadie
salvo Dios mismo, si sois de aquellos que comprenden. Cada uno de ellos
es un espejo de Dios, que no refleja nada salvo su Ser, su Belleza, su
Potestad y Gloria, acaso lo comprendáis. Todos los demás fuera de ellos,
deben ser considerados sólo como espejos capaces de reflejar la gloria de
estas manifestaciones, quienes son ellos mismos los Espejos Primordiales
del Ser Divino, si no sois faltos de comprensión. Jamás nadie los ha
podido eludir, ni pueden ellos ser impedidos de alcanzar su propósito.
Estos Espejos se sucederán eternamente uno a otro, y continuarán
reflejando la luz del Antiguo de los Días. Los que reflejen la gloria de
ellos seguirán, asimismo, existiendo para siempre, porque las Mercedes de
Dios jamás cesarán de fluir. Esta es una verdad que nadie puede refutar.

XXXI. Contempla con tu vista interior la cadena de Revelaciones
sucesivas que ha unido la Manifestación de Adán con la del Báb. Atestiguo
ante Dios, que cada una de estas manifestaciones ha sido enviada por la
acción de la Voluntad y Propósito divinos, que cada una ha sido portadora
de un Mensaje determinado, que a cada una le ha sido confiado un Libro
divinamente revelado y ha sido comisionada para descifrar los misterios
de una poderosa Tabla. La medida de la Revelación con la cual cada una de
ellas ha sido identificada, había sido definitivamente preordinada. Esto
es, en verdad, una prueba de nuestro favor para con ellos, si sois de
aquellos que comprenden esta verdad.... Y cuando este proceso de
Revelación progresiva culminó en la etapa en que su incomparable, su muy
sagrado y exaltado Semblante debía ser descubierto a los ojos de los
hombres, Él prefirió ocultar su propio Ser detrás de mil velos, no sea
que ojos profanos y mortales descubrieran su gloria. Esto hizo cuando se
vertían los signos y muestras de una Revelación divinamente designada
sobre Él, signos y muestras que nadie puede contar salvo el Señor tu
Dios, el Señor de todos los mundos. Y cuando se hubo cumplido el tiempo
de ocultación, mientras aun permanecía envuelto en una miríada de velos,
enviamos un destello infinitesimal de la refulgente Gloria que envuelve
la Faz del Joven, y he aquí que todos los moradores de los Reinos en lo
alto fueron sobrecogidos por una violenta conmoción, y los favorecidos de
Dios cayeron en adoración ante Él. En verdad, Él ha manifestado una
gloria tal que nadie en toda la creación ha presenciado, por cuanto Él se
ha levantado en persona a proclamar su Causa a todos los que están en los
cielos y a todos los que están sobre la tierra.

XXXII. Aquello que habéis escuchado referente a Abraham, el Amigo
del Todo Misericordioso, es la verdad y no puede haber duda de ello. La
Voz de Dios le ordenó que ofreciera a Ismael como un sacrificio, para que
su firmeza en la Fe de Dios y su desprendimiento de todo salvo Él se
demostrara a los hombres. El propósito de Dios, además, fue ofrecerlo
como rescate por los pecados e iniquidades de todos los pueblos de la
tierra. Jesús, el Hijo de María, suplicó al Dios único y verdadero,
exaltados sean su nombre y gloria, le confiriera a Él este mismo honor.
Por esta misma razón Muhammad, el Apóstol de Dios, ofreció en sacrificio
a Husayn.

Ningún hombre podrá jamás pretender haber comprendido la naturaleza
de la oculta y múltiple gracia de Dios; nadie puede sondear su
misericordia que todo lo abarca. Tales han sido la perversidad de los
hombres y sus transgresiones, tan penosas han sido las pruebas que han
afligido a los profetas de Dios y sus escogidos, que toda la humanidad
merece ser atormentada y perecer. No obstante, la oculta y muy amorosa
providencia de Dios la ha protegido por medio de agentes tanto visibles
como invisibles, y continuará protegiéndola, del castigo por su
iniquidad. Pondera esto en tu corazón para que la verdad te sea revelada,
y permanece tú firme en su sendero.

XXXIII. Ha sido decretado por Nosotros que la Palabra de Dios y
todas sus potencialidades se manifiestan a los hombres en estricta
conformidad con tales condiciones como las preordinadas por Aquel quien
es el Omnisciente, el Todo Sabio. Hemos ordenado, además, que su velo de
encubrimiento no sea otro que su propio Ser. Tal es, en verdad, nuestra
Fuerza para lograr nuestro Propósito. Si se le permitiera a la Palabra
liberar repentinamente todas las energías latentes en ella, ningún hombre
podría soportar el peso de tan poderosa Revelación. Aun más, todo lo que
está en el cielo y en la tierra huiría de ella en consternación.

Considera aquello que ha sido enviado a Muhammad, el Apóstol de
Dios. La medida de la Revelación de la cual Él fue portador había sido
claramente preordinada por Aquel quien es el Todopoderoso, el Más Fuerte.
Aquellos que lo oyeron, sin embargo, sólo pudieron comprender su
propósito de acuerdo con su propia posición y capacidad espiritual. Él,
de igual manera, descubrió la Faz de la Sabiduría según la capacidad de
ellos para soportar el peso de su Mensaje. Tan pronto como la humanidad
alcanzó la etapa de madurez, la Palabra reveló a los ojos de los hombres
las energías latentes con que había sido dotada, energías que se
manifestaron en la plenitud de su gloria cuando la Antigua Belleza
apareció en el año sesenta, en la persona de 'Alí-Muhammad, el Báb.

XXXIV. Toda alabanza y gloria sean para Dios, quien por la fuerza
de su poder, ha liberado a su creación de la desnudez de la no existencia
y la ha ataviado con el manto de vida. Para su favor especial Él de entre
todas las cosas creadas eligió la realidad del hombre, pura y semejante a
una gema, y la dotó con la capacidad única de conocerle y de reflejar la
grandeza de su gloria. Esta doble distinción conferida a él ha limpiado
de su corazón la herrumbre de todo deseo vano, y le ha hecho merecedor de
la vestidura con que su Creador ha estimado digno cubrirlo. Ésta le ha
servido para rescatar su alma de la miseria de la ignorancia.

Este manto con que el cuerpo y alma del hombre han sido adornados
es el fundamento mismo de su bienestar y desarrollo. ¡Oh cuán bendito el
día en que ayudado por la gracia y poder del Dios único y verdadero, el
hombre se haya liberado de la esclavitud y corrupción del mundo y de todo
lo que en él existe y haya logrado el verdadero y perdurable descanso
bajo la sombra del Árbol del Conocimiento!

Las melodías que el ave de tu corazón ha entonado en su gran amor
por sus amigos, han llegado hasta sus oídos y me ha conmovido a responder
tus preguntas y revelarte aquellos secretos que me sea permitido
manifestar. En tu estimada carta has preguntado cuáles profetas de Dios
deben ser considerados superiores a los demás. Sabe con toda seguridad
que la esencia de todos los profetas de Dios es una y la misma. Su unidad
es absoluta. Dios el Creador dice: "No hay distinción alguna entre los
portadores de mi Mensaje. Todos tienen un solo propósito; su secreto es
el mismo secreto. Honrar a uno más que a otro, exaltar a algunos por
encima de los demás de ninguna manera es permitido. Cada verdadero
profeta ha considerado su Mensaje como fundamentalmente el mismo que la
Revelación de cualquier otro profeta que le haya precedido. Por lo tanto,
si hombre alguno no comprendiera esta verdad y, en consecuencia, se
entregara al uso de lenguaje vano e indecoroso, ningún hombre cuya vista
sea perspicaz y cuyo entendimiento sea iluminado permitiría jamás que tal
ociosa charla le haga vacilar en su creencia.

El grado de revelación de los profetas de Dios en este mundo debe,
sin embargo, diferir. Cada uno de ellos ha sido portador de un Mensaje
distinto y ha sido comisionado para revelarse mediante hechos
determinados. Es por esta razón que parecen variar en su grandeza. Su
revelación puede ser comparada con la luz de la luna que derrama su
resplandor sobre la tierra. Aun cuando ella revela una nueva medida de su
brillantez cada vez que aparece, su esplendor inherente no puede nunca
disminuir ni puede su luz sufrir extinción.

Es claro y evidente, por lo tanto, que cualquier variación
aparente en la intensidad de su luz no es inherente a la luz misma, sino
debe ser atribuida más bien a la receptividad variante de un mundo que
siempre cambia. Se le ha confiado un Mensaje a cada profeta a quien el
Creador Todopoderoso e Incomparable haya determinado enviar a los pueblos
de la tierra, y se le ha encargado actuar en la forma que mejor satisfaga
los requisitos de la época en que aparezca. Dios al enviar sus profetas a
los hombres tiene dos propósitos. El primero es liberar a los hijos de
los hombres de la oscuridad de la ignorancia y guiarlos a la luz del
verdadero entendimiento. El segundo es asegurar la paz y tranquilidad del
género humano y proveer todos los medios por los cuales pueden ser éstas
establecidas.

Los profetas de Dios deben ser considerados como médicos cuya tarea
es fomentar el bienestar del mundo y sus pueblos para que, mediante el
espíritu de unidad, puedan curar la dolencia de una humanidad dividida.
Nadie tiene el derecho de dudar de sus palabras o menospreciar su
conducta, porque ellos son los únicos que pueden afirmar haber
comprendido al paciente y diagnosticado correctamente sus males. Ningún
hombre por aguda que sea su percepción puede jamás esperar alcanzar las
alturas logradas por la sabiduría y comprensión del Médico Divino. No
sería de extrañar entonces, si se encontrara que el tratamiento prescrito
por el médico en este día no fuera idéntico al que prescribió
anteriormente. ¿Cómo podría ser de otra manera, cuando las dolencias que
afectan al paciente necesitan un remedio especial en cada etapa de su
enfermedad? De igual modo, cada vez que los profetas de Dios han
iluminado el mundo con el resplandeciente brillo del Sol de conocimiento
divino, invariablemente han emplazado a sus pueblos por los medios que
mejor se adaptaran a las exigencias de la época en que aparecieran, a
abrazar la luz de Dios. Así fueron capaces de dispersar la oscuridad de
la ignorancia y derramar sobre el mundo la gloria de su propio
conocimiento. Por consiguiente, es hacia la más íntima esencia de estos
profetas que los ojos de todo hombre de discernimiento deben dirigirse,
puesto que su único propósito ha sido siempre guiar a los errados y dar
paz a los afligidos. Éstos no son días de prosperidad y triunfo. La
humanidad entera está en las garras de múltiples males. Esfuérzate
entonces, para salvar su vida con la saludable medicina que la
todopoderosa mano del Médico infalible ha preparado.

Y ahora respecto de tu pregunta acerca de la naturaleza de la
religión. Sabe que los que en verdad son sabios han comparado el mundo
con el templo humano. Así como el cuerpo del hombre necesita vestidura
para cubrirse, asimismo el cuerpo de la humanidad debe ser necesariamente
adornado con el manto de justicia y sabiduría. Su atavío es la Revelación
que Dios le ha concedido. Cada vez que este atavío haya cumplido su
propósito, el Todopoderoso de seguro lo renovará. Porque cada edad
requiere una medida adicional de la luz de Dios. Cada Revelación divina
ha sido enviada de modo que corresponda a las circunstancias de la época
de su aparición.

En cuanto a tu pregunta sobre las declaraciones de los conductores
de religiones pasadas. Todo hombre sabio y digno de alabanza, sin duda
alguna evitará conversación tan vana e infructuosa. El incomparable
Creador ha creado a todos los hombres de una misma sustancia y ha
exaltado su realidad sobre el resto de sus criaturas. El éxito o fracaso
del hombre, su ganancia o pérdida deben, por lo tanto, depender de sus
propios esfuerzos. Mientras más se esfuerce, mayor será su progreso.
Ojalá que las lluvias primaverales de la munificencia de Dios hagan que
las flores de verdadero entendimiento broten del suelo de los corazones
de los hombres, y los purifiquen de toda corrupción terrenal.

XXXV. Ponderad un poco. ¿Qué es lo que en cada Dispensación incitó
a los pueblos de la tierra rechazar a la Manifestación del Todo
Misericordioso? ¿Qué cosa podía haberlos impulsado a alejarse de Él y
desafiar su autoridad? Si los hombres meditasen sobre estas palabras que
han brotado de la Pluma del Divino Ordenador, se apresurarían, cada uno y
todos, a abrazar la verdad de esta perdurable Revelación dada por Dios y
atestiguarían lo que Él mismo ha afirmado solemnemente. Es el velo de
vanas imaginaciones que, en los días de las Manifestaciones de la Unidad
de Dios y las Auroras de su eterna gloria, se ha interpuesto y continuará
interponiéndose entre ellos y el resto de la humanidad. Pues en esos días
Él quien es la Verdad Eterna se manifiesta en conformidad con aquello que
Él mismo ha determinado y no de acuerdo con los deseos y expectativas de
los hombres. Así Él ha revelado: "Siempre que viene a vosotros un apóstol
con lo que no desean vuestras almas os ensoberbecéis y a unos los
desmentís y a otros los matáis."

No puede haber duda alguna que, si estos apóstoles hubieran
aparecido en pasadas edades y ciclos, de acuerdo con las vanas
imaginaciones que los corazones de los hombres habían ideado, nadie
habría repudiado la verdad de estos seres santificados. A pesar que
dichos hombres han estado recordando, día y noche, el Dios único y
verdadero y que han estado piadosamente ocupados con el ejercicio de sus
oraciones, sin embargo, al final no reconocieron las Auroras de los
signos de Dios, las Manifestaciones de sus irrefutables testimonios, ni
participaron de sus favores.

Considera la Dispensación de Jesucristo. Mirad cómo todos los
hombres doctos de aquella generación, aunque esperaban ansiosamente la
venida del Prometido, no obstante, lo negaron. Tanto Anás el más erudito
entre los teólogos de su día, como Caifás el sumo sacerdote, lo
denunciaron y pronunciaron su sentencia de muerte.

De igual manera, cuando apareció Muhammad, el Profeta de Dios -que
todos los hombres sean ofrecidos en su sacrificio- los doctos de La Meca
y Medina se levantaron contra Él en los primeros días de su Revelación, y
rechazaron su Mensaje, mientras que aquellos que carecían totalmente de
conocimientos, reconocieron y abrazaron su Fe. Ponderad por un momento.
Considerad cómo Balál, el Etíope, a pesar de ser iletrado, ascendió al
cielo de la fe y certeza, mientras que 'Abdu'lláh Ubayy, un caudillo
entre los doctos, se esforzó con malicia para oponerse a Él. Mirad, cómo
un simple pastor fue tan arrobado por el éxtasis de las palabras de Dios
que pudo ser admitido en la morada de su Bien Amado y fue unido a Aquel
quien es el Señor de la Humanidad, mientras que aquellos que se
enorgullecían de su conocimiento y sabiduría se extraviaron lejos de su
sendero y permanecieron desprovistos de su gracia. Por esta razón Él ha
escrito: "El que es enaltecido entre vosotros será humillado y el
humillado será enaltecido". Referencias a este tema pueden encontrarse en
la mayor parte de los Libros sagrados, así como en las declaraciones de
los profetas y mensajeros de Dios.

En verdad os digo que tal es la grandeza de esta Causa, que el
padre huye de su hijo y el hijo huye de su padre. Recordad la historia de
Noé y Canaán. Quiera Dios que, en estos días de delicia celestial, no os
privéis de los dulces sabores del Todo Glorioso Dios, y podáis
participar, en esta Primavera espiritual, de las efusiones de su gracia.
Levantaos en el nombre de Aquel quien es el Objeto de toda sabiduría, y,
con absoluto desprendimiento del saber de los hombres, levantad vuestras
voces y proclamad su Causa. ¡Juro por el Sol de la Revelación Divina! En
el momento en que os levantéis, atestiguaréis cómo un diluvio de
conocimiento divino brotará de vuestros corazones, y veréis ante vosotros
las maravillas de su sabiduría celestial manifiestas en toda su gloria.
Si probarais la dulzura de las palabras del Todo Misericordioso, sin
vacilar renunciaríais a vosotros mismos y entregaríais vuestras vidas por
el Bien Amado.

¿Quién podrá creer que este Siervo de Dios haya acariciado en su
corazón un deseo de honor o beneficio terrenales? La Causa asociada con
su Nombre está muy por encima de las cosas transitorias de este mundo.
¡Helo aquí! en esta la Más Grande Prisión, un exiliado, una víctima de la
tiranía. Sus enemigos lo han atacado por todos lados y continuarán
haciéndolo hasta el fin de su vida. Por lo tanto todo lo que Él os diga
será sólo por Dios, que quizá los pueblos de la tierra limpien sus
corazones de la mancha de los malos deseos, desgarren su velo y logren
conocer al Dios único y verdadero. Ésta es la más exaltada posición a que
hombre alguno puede aspirar. Su aceptación o rechazo de mi Causa, no
podrá beneficiarme, ni hacerme daño. Los emplazamos enteramente por Dios.
Él, en verdad, puede prescindir de toda criatura.

XXXVI. Sabe que cuando el Hijo del Hombre exhaló su último suspiro
y se entregó a Dios, la creación entera lloró con gran llanto. Sin
embargo, al sacrificarse a sí mismo, una nueva capacidad fue infundida en
todas las cosas creadas. Sus efectos, de los cuales dan testimonio todos
los pueblos de la tierra, están manifiestos ahora ante ti. La más honda
sabiduría que los eruditos hayan expresado, los más profundos
conocimientos que mente alguna haya descifrado, las obras de arte que las
manos más diestras han producido, la influencia ejercida por el más
potente de los gobernantes, no son sino manifestaciones de la fuerza
vivificadora liberada por su resplandeciente y trascendente Espíritu que
todo lo penetra.

Atestiguamos que cuando Él vino al mundo, derramó el esplendor de
su gloria sobre todas las cosas creadas. Mediante Él el leproso se
restableció de la lepra de la perversidad e ignorancia. Por Él el impuro
y descarriado fueron curados. Mediante su poder, nacido de Dios
Todopoderoso, los ojos del ciego fueron abiertos y el alma del pecador
fue santificada.

La lepra puede ser interpretada como cualquier velo que se
interponga entre el hombre y el reconocimiento del Señor, su Dios.
Quienquiera se permita aislarse de Él, es realmente un leproso, quien no
será recordado en el Reino de Dios, el Poderoso, el Todo Alabado.
Atestiguamos, que por medio del Poder de la Palabra de Dios, todo leproso
fue purificado, toda enfermedad fue curada, y toda debilidad humana fue
eliminada. Es Él quien purificó al mundo. Bendito el hombre que con el
rostro radiante se ha vuelto hacia Él.

XXXVII. Bendito el hombre que ha confesado su creencia en Dios y en
sus signos, y ha reconocido que "a Él no se le ha de pedir cuenta de sus
hechos". Dios ha dispuesto que tal reconocimiento sea el ornamento de
toda creencia y su base fundamental. De Él debe depender la aceptación de
toda buena obra. Fijad vuestros ojos en Él, no sea que las murmuraciones
de los rebeldes os hagan errar.

Si Él decretara lícito lo que desde tiempo inmemorial ha sido
vedado, y prohibiere lo que en todo tiempo se ha considerado lícito,
nadie tiene el derecho de poner en duda su autoridad. Quienquiera que
vacile, aunque fuere por un solo instante, deberá ser considerado como
transgresor.

Quien no haya reconocido esta sublime y fundamental verdad, ni haya
alcanzado esta muy exaltada posición, será perturbado por los vientos de
la duda, y las murmuraciones de los infieles confundirán su alma. Aquel
que haya reconocido este principio será dotado de la más perfecta
constancia. Todo honor sea para esta toda gloriosa posición, cuyo
recuerdo adorna a toda Tabla exaltada. Tal es la enseñanza que os librará
de cualquier duda y perplejidad, os permitirá alcanzar la salvación,
tanto en este mundo como en el venidero. Él es, verdaderamente, el que
Siempre Perdona, el Más Generoso.

XXXVIII. Sabe con certeza que, en cada Dispensación, la Luz de la
Divina Revelación ha sido otorgada a los hombres en proporción directa a
su capacidad espiritual. Considera el sol. Cuán débiles son sus rayos en
el momento en que aparece sobre el horizonte. Cómo gradualmente, su calor
y potencia aumentan a medida que se aproxima a su cenit, permitiendo,
mientras tanto, a todas las cosas creadas adaptarse a la intensidad
creciente de su luz. Y cómo declina paulatinamente hasta alcanzar su
ocaso. Si manifestara súbitamente las energías latentes en él, sin duda
dañaría todas las cosas creadas.... De igual manera, si el Sol de la
Verdad revelara repentinamente, en el comienzo de su manifestación, todas
las potencialidades que la providencia del Todopoderoso le ha conferido,
la tierra de la comprensión humana quedaría desolada y se marchitaría;
porque el corazón de los hombres no podría soportar la intensidad de su
revelación, ni podría reflejar el brillo de su luz. Consternados y
abrumados, dejarían de existir.

XXXIX. Alabado seas, oh Señor mi Dios, por las maravillosas
Revelaciones de tu inescrutable mandato y las múltiples aflicciones y
pruebas que Tú has destinado para mí. En una época Tú me entregaste en
manos de Nimrod; en otra Tú permitiste que la vara del Faraón me
persiguiera. Sólo Tú, mediante tu conocimiento que todo lo abarca y la
acción de tu Voluntad, puedes valorar las incalculables aflicciones que
he sufrido en sus manos. Otra vez, Tú me arrojaste al calabozo de los
descreídos, sólo porque me sentí impulsado a susurrar a los oídos de los
bienamados de tu Reino, un indicio de la visión, con que Tú, mediante tu
conocimiento me habías inspirado y cuyo significado me habías revelado
mediante la potencia de tu poder. Posteriormente, Tú decretaste que la
espada del infiel cortara mi cabeza. En otra ocasión fui crucificado, por
haber descubierto ante los ojos de los hombres las gemas ocultas de tu
gloriosa unidad, por haberles revelado los maravillosos signos de tu
soberanía y eterno poder. ¡Cuán amargas las humillaciones que fueron
amontonadas sobre mí, en una época posterior, en la llanura de Karbilá!
¡Cuán solitario me sentí entre tu pueblo! ¡A qué estado de impotencia fui
reducido en aquella tierra! Insatisfechos con tales indignidades, mis
perseguidores me decapitaron y llevando en alto mi cabeza de país en
país, la exhibieron a la vista de la multitud incrédula y la depositaron
en las moradas de los perversos e infieles. En otra edad fui suspendido y
mi pecho se convirtió en blanco de los dardos de la maliciosa crueldad de
mis enemigos. Mis miembros fueron acribillados con proyectiles y mi
cuerpo despedazado. Finalmente, mira cómo en este Día, mis traidores
enemigos se han aliado contra mí y están continuamente conspirando para
inculcar el veneno del odio y malicia en las almas de tus servidores.
Están tramando, con todo su poder para llevar a cabo su objetivo.... A
pesar de lo penosa que es mi tribulación, oh Dios, mi Bienamado, te doy
gracias y mi Espíritu está agradecido por todo lo que me ha acontecido en
el sendero de tu complacencia.

Estoy contento con todo lo que Tú has ordenado para mí y doy la
bienvenida a las penas y sufrimientos que tengo que soportar, por
calamitosas que sean.

XL. ¡Oh mi Bien Amado! Tú has soplado tu Hálito en mí y me has
separado de mí mismo. Tú posteriormente decretaste que de tu Realidad
dentro de mí, sólo un tenue reflejo, un simple emblema quedara entre los
perversos y envidiosos . ¡Mira cómo engañados por este emblema, se han
levantado contra mí y han hacinado sobre mí sus recusaciones! Descúbrete
entonces, oh mi Bien Amado y líbrame de mi aflicción.

Entonces una Voz respondió: "Amo y siento gran cariño por este
emblema. ¿Cómo puedo consentir que sólo mis ojos contemplen este emblema
y que ningún corazón salvo el mío lo reconozca? ¡Por mi Belleza, que es
lo mismo que tu Belleza! Mi deseo es ocultarte a mis propios ojos;
¡cuánto más a los ojos de los hombres!"

Preparaba mi contestación cuando, he aquí la Tabla fue terminada
repentinamente, dejando mi tema sin concluir, y la perla de mi palabra
sin engarzar.

XLI. ¡Dios es mi testigo, oh pueblo! Dormía en mi lecho cuando, he
aquí, la Brisa de Dios acariciándome, me despertó de mi sueño. Su
Espíritu vivificador me revivió y mi lengua se desató para proclamar su
llamado. No me acuséis de haber transgredido contra Dios. No me miréis
con vuestros ojos sino con los míos. Así os amonesta Él quien es el
Bondadoso, el Omnisciente. Oh pueblo, ¿pensáis que Yo tengo en mis manos
el control de la última Voluntad y Propósito de Dios? Lejos de mí está
pretender eso. Lo atestiguo ante Dios, el Todopoderoso, el Exaltado, el
Omnisciente, el Omnisapiente. Si el destino final de la Fe de Dios
hubiera estado en mis manos, nunca habría consentido, ni aún por un
momento, en manifestarme a vosotros, ni hubiera permitido que una sola
palabra brotase de mis labios. De ello Dios mismo es ciertamente testigo.

XLII. ¡Oh Hijo de la Justicia! Por la noche la belleza del Ser
inmortal se dirigió desde la esmeralda altura de la fidelidad al
Sadratu'l-Muntahá y lloró con tal llanto que el Concurso en lo alto y los
moradores de los reinos celestiales gimieron al oír su lamento. Entonces
se oyó la pregunta: ¿por qué estos lamentos y sollozos? Él respondió:
Como se me ordenó, esperé atento sobre la loma de la lealtad, mas no
logré respirar de aquellos que habitan en la tierra la fragancia de la
fidelidad. Entonces, llamado a regresar, miré y, ¡he aquí! ciertas
palomas de santidad estaban atormentadas bajo las garras de los perros de
la tierra. Entonces la Doncella del Cielo apresuró desde su mística
mansión, resplandeciente, desprovista de su velo, y preguntó por sus
nombres, y todos fueron dichos, menos uno. Y cuando ella les urgió fue
pronunciada la primera letra de él, entonces los moradores de las cámaras
celestiales abandonaron precipitadamente sus habitaciones de gloria. Y
mientras la segunda letra se articulaba cayeron sobre el polvo cada uno y
todos. En ese momento se oyó una voz desde el más íntimo santuario:
"Hasta aquí, ni un paso más". En verdad, atestiguamos lo que han hecho y
lo que ahora hacen.

XLIII. ¡Oh Afnán, oh tú que has brotado de mi antiguo Linaje! Mi
gloria y mi amorosa bondad descansan sobre ti. ¡Cuán vasto es el
tabernáculo de la Causa de Dios! Ha cubierto con su sombra a todos los
pueblos y naciones de la tierra y dentro de poco reunirá bajo su abrigo a
toda la humanidad. Ya ha llegado el día de servicio. Innumerables Tablas
atestiguan las generosidades que te han sido otorgadas. Levántate a hacer
triunfar mi Causa y con la fuerza de tu palabra somete a los corazones de
los hombres. Debes manifestar aquello que asegure la paz y el bienestar
del desdichado y del oprimido. Apréstate para la acción, que quizá
liberes al cautivo de sus cadenas y le permitas alcanzar la libertad
verdadera.

La Justicia en este día lamenta su condición y la Equidad gime bajo
el yugo de la opresión. Las densas nubes de la tiranía han oscurecido la
faz de la tierra y envuelto a sus pueblos. Por el movimiento de nuestra
Pluma de gloria, por deseo del omnipotente Ordenador, hemos inspirado una
nueva vida en toda estructura humana y hemos infundido una nueva potencia
en cada palabra. Todas las cosas creadas proclaman los indicios de esta
regeneración mundial. Ésta es la más grande, la más jubilosa nueva
impartida a la humanidad por la pluma de este Agraviado. ¿Por qué teméis,
oh mis bienamados? ¿Quién os puede consternar? Un poco de humedad basta
para disolver la arcilla endurecida de que está moldeada esta generación
perversa. El simple hecho de reuniros es suficiente para dispersar las
fuerzas de esta gente vana e inútil. ... .

En este día todo hombre perspicaz admitirá prontamente que los
consejos revelados por la Pluma de este Agraviado constituyen la suprema
fuerza animadora del progreso del mundo y la exaltación de sus pueblos.
Levantaos, oh pueblos, y por la fuerza del poder de Dios, decidíos a
ganar la victoria sobre vosotros mismos, que quizá toda la tierra sea
librada y santificada de su servidumbre a los dioses de sus vanas
fantasías, dioses que a sus desdichados adoradores han infligido tanta
pérdida y de cuya miseria son responsables. Estos ídolos constituyen el
obstáculo que ha estorbado al hombre en sus esfuerzos a avanzar por el
sendero de perfección. Abrigamos la esperanza que la Mano del poder
divino preste su ayuda a la humanidad y la libere de su estado de penosa
degradación.

En una de las Tablas estas palabras han sido reveladas: ¡Oh pueblos
de Dios! No os ocupéis con vuestros propios asuntos; que vuestros
pensamientos se fijen en lo que será capaz de restituir la prosperidad de
la humanidad y santificar los corazones y almas de los hombres. La mejor
manera de lograr esto es mediante acciones puras y santas, vida casta y
comportamiento digno. Actos valientes asegurarán el triunfo de esta Causa
y un carácter santo reforzará su poder. ¡Aferraos a la rectitud, oh
pueblo de Bahá! Esto es ciertamente el mandamiento que este Agraviado os
ha dado, y es lo que su ilimitada Voluntad ha escogido para cada uno de
vosotros.

¡Oh amigos! Os incumbe renovar y revivir vuestras almas por medio
de los dadivosos favores que, en esta divina y conmovedora Primavera,
llueven sobre vosotros. El Sol de su gran gloria ha derramado su
resplandor sobre vosotros y las nubes de su ilimitada generosidad os han
cubierto con su sombra. ¡Cuán elevado es el premio para quien no se haya
privado de tan grande generosidad ni haya dejado de reconocer la belleza
de su Bienamado en ésta, su nueva vestidura! Cuidaos, pues el Malvado os
acecha listo para atraparos. Aseguraos contra sus infames artificios y,
guiados por la luz del nombre de Dios Todo Veedor, escapad de la
oscuridad que os rodea. Que vuestra visión abarque el mundo en vez de
limitarse a vuestro propio ser. El Malvado es aquel que impide el ascenso
de los hijos de los hombres y detiene su progreso espiritual.

En este Día incumbe a todo hombre asirse de lo que promueve los
intereses de todas las naciones y gobiernos justos y exalte su posición.
Por medio de todos y cada uno de los versos revelados por la Pluma del
Altísimo, las puertas del amor y unidad han sido abiertas enteramente a
los hombres. Anteriormente hemos declarado, y nuestra Palabra es la
verdad: "Asociaos con los seguidores de todas las religiones en espíritu
de amistad y hermandad". Cualquier cosa que haya hecho a los hijos de los
hombres rehuirse uno a otro y haya causado disensiones y divisiones entre
ellos, ha sido anulada y abolida por la revelación de estas palabras.
Desde el cielo de la Voluntad de Dios, y con el propósito de ennoblecer
al mundo del ser y elevar la mente y almas de los hombres, ha sido
enviado aquello que constituye el instrumento más efectivo para la
educación de toda la raza humana. La más elevada esencia y la más
perfecta expresión de todo lo que los pueblos del pasado hayan dicho o
escrito, por esta potentísima Revelación, ha descendido del cielo de la
Voluntad del Poseedor de todo, el Dios Perdurable. En el pasado ha sido
revelado: "El amor por el propio país es un elemento de la Fe de Dios".
Sin embargo, la Lengua de Grandeza, en el día de su manifestación,
proclamó: "No debe preciarse quien ama a su patria, sino quien ama al
mundo". Mediante el poder liberado por estas exaltadas palabras, Él ha
dado un nuevo impulso al ave del corazón humano, le ha señalado una nueva
dirección y del Libro sagrado de Dios ha borrado toda huella de
restricción y limitación.

¡Oh gente de Justicia! Sed brillantes como la luz y espléndidos
como el fuego encendido en la Zarza Ardiente. El resplandor del fuego de
vuestro amor sin duda fundirá y unificará a los pueblos y naciones
contendedoras de la tierra, mientras que la ferocidad de la llama de la
enemistad y odio no pueden dar otro resultado que la lucha y ruina.
Rogamos a Dios que escude a sus criaturas de los malos designios de sus
enemigos. Él ciertamente tiene poder sobre todas las cosas.

Toda alabanza sea para el Dios único y verdadero -exaltada sea su
gloria- por cuanto Él ha abierto las puertas de los corazones de los
hombres por la Pluma del Altísimo. Cada verso que esta Pluma ha revelado
es una puerta brillante y luminosa que descubre las glorias de santa y
piadosa vida, de puras e inmaculadas acciones. El emplazamiento y mensaje
que dimos no fueron nunca destinados para alcanzar o beneficiar a una
sola tierra o a un solo pueblo. La humanidad en su integridad debe
aferrarse firmemente a lo que haya sido revelado y otorgado a ella.
Entonces, y sólo entonces, alcanzará la verdadera libertad. Toda la
tierra está iluminada con la resplandeciente gloria de la Revelación de
Dios. En el año sesenta Aquel quien anunció la Luz de la Guía Divina -que
toda la creación sea ofrendada como sacrificio por Él- se levantó para
anunciar una nueva revelación del Espíritu Divino, y fue seguido, veinte
años más tarde, por Aquel mediante cuya venida el mundo recibió esta
gloria prometida, este maravilloso favor. Mirad cómo la mayoría de la
humanidad ha sido dotada con la capacidad de escuchar la más exaltada
Palabra de Dios, sobre la cual debe depender la reunión y resurrección
espiritual de todos los hombres....

Inclinad vuestros corazones, oh pueblo de Dios, hacia los consejos
de vuestro verdadero e incomparable Amigo. La Palabra de Dios puede ser
comparada a un árbol tierno cuyas raíces han sido plantadas en los
corazones de los hombres. Os incumbe nutrir su crecimiento por medio de
las vivificadoras aguas de la sabiduría, de palabras santas y sagradas,
para que su raíz pueda asegurarse firmemente y sus ramas puedan
extenderse hasta la altura de los cielos y aun más allá.

¡Oh vosotros que moráis en la tierra! El rasgo distintivo que marca
el carácter preeminente de esta Suprema Revelación consiste en que, por
una parte, hemos borrado del Libro sagrado de Dios todo aquello que ha
sido causa de lucha, malicia y daño entre los hijos de los hombres y por
otra parte hemos sentado los requisitos esenciales del entendimiento, y
de completa y permanente unidad. Venturosos quienes guardan mis
estatutos.

Una vez tras otra hemos amonestado a nuestros bienamados que
eviten, aun más, que huyan de toda cosa de la que perciban el olor a
maldad. El mundo está sufriendo gran trastorno y las mentes de sus
pueblos se encuentran en un estado de completa confusión. Suplicamos al
Todopoderoso que Él bondadosamente los ilumine con la gloria de su
Justicia, y los capacite para descubrir aquello que les sea provechoso en
todo tiempo y bajo toda condición. Él ciertamente es el que Todo lo
Posee, el Altísimo.

XLIV. No apartéis de vuestro lado el temor a Dios, oh vosotros los
doctos de la tierra y juzgad con ecuanimidad la Causa de este Iletrado,
de quien todos los Libros de Dios, el Protector, el que Subsiste por sí
mismo, han testificado.... ¿Acaso el miedo de desagradar a Dios, el temor
a Él quien no tiene par ni igual, no os despertarán? Aquel a quien el
mundo ha agraviado, en ningún momento se ha asociado con vosotros, nunca
ha estudiado vuestros escritos ni ha participado en ninguna de vuestras
disputas. El traje que Él usa, sus ondeantes cabellos, su turbante,
atestiguan la verdad de sus palabras. ¿Hasta cuándo persistiréis en
vuestra injusticia? Mirad la habitación en que han obligado a morar a
Aquel quien es la encarnación de la justicia. Abrid vuestros ojos y al
contemplar su aflicción, meditad diligentemente sobre aquello que
vuestras manos han forjado, que quizá no seáis privado de la luz de sus
divinas declaraciones, ni despojado de vuestra parte del océano de su
conocimiento.

Algunos entre plebeyos y nobles han objetado que este Agraviado no
es miembro del orden eclesiástico, ni descendiente del Profeta. Di: ¡Oh
vosotros que pretendéis ser justos! Pensad un momento y reconoceréis cuán
infinitamente exaltado es su posición actual sobre la posición que según
vosotros Él debería tener. La Voluntad del Todopoderoso ha decretado que
su Causa debe aparecer y manifestarse en una casa completamente
desprovista de todo aquello que los teólogos, doctos, sabios y letrados
comúnmente poseen.

El hálito del Espíritu Divino le despertó y le pidió que se
levantara y proclamara su Revelación. Tan pronto como fue despertado de
su sueño levantó su voz y llamó a toda la humanidad hacia Dios, el Señor
de todos los mundos. Nos hemos visto impulsados a revelar estas palabras
en vista de la debilidad y fragilidad de los hombres; de lo contrario, la
Causa que hemos proclamado es tal que ninguna pluma podrá describirla, ni
mente alguna concebir su grandeza. Esto lo atestigua Aquel con quien está
el Libro Madre.

XLV. La Antigua Belleza ha consentido ser encadenada para que la
humanidad sea liberada de su cautiverio, y ha aceptado ser prisionero de
esta poderosa Fortaleza para que todo el mundo logre la verdadera
libertad. Ha bebido hasta los pozos de la copa del dolor, para que todos
los pueblos de la tierra alcancen felicidad perdurable y sean colmados de
alegría. Esto emana de la misericordia de vuestro Señor, el Compasivo, el
Más Misericordioso. Hemos aceptado ser humillados, oh creyentes en la
Unidad de Dios, para que vosotros seáis enaltecidos y hemos sufrido
múltiples tribulaciones para que podáis prosperar y florecer. ¡Mirad cómo
aquellos que se han imaginado socios de Dios, han forzado a Aquel quien
ha venido a rehacer el mundo entero, a residir en la más desolada de las
ciudades!

XLVI. No me apeno por la pesadumbre de mi encarcelación. Tampoco me
aflijo de mi humillación, ni de las tribulaciones que sufro en manos de
mis enemigos. ¡Por mi vida! Son mi gloria, gloria con la cual Dios se ha
adornado a sí mismo. ¡Ojalá lo supierais!

La vergüenza que fui obligado a soportar, ha descubierto la gloria
con que toda la creación ha sido dotada, y por las crueldades que he
sufrido, el Sol de la Justicia, se ha manifestado y ha derramado su
esplendor sobre los hombres.

Mis dolores son por aquellos que se han envuelto en sus pasiones
corruptas y pretenden estar asociados con la Fe de Dios, el Dadivoso, el
Todo Alabado.

Incumbe al pueblo de Bahá, morir al mundo y a todo lo que hay en
él; ser tan desprendidos de las cosas terrenales que los moradores del
Paraíso, inhalen de su vestidura la dulce fragancia de la santidad; para
que todos los pueblos de la tierra reconozcan en sus rostros el
resplandor del Todo Misericordioso, y mediante ellos se difundan los
signos y señales de Dios, el Todopoderoso, el Sapientísimo. ¡Aquellos que
han empañado el buen nombre de la Causa de Dios al seguir las
inclinaciones de la carne, ésos están en palpable error!

XLVII. ¡Oh judíos! Si tenéis la intención de crucificar otra vez a
Jesús, el Espíritu de Dios, dadme muerte a mí, porque en mi persona, Él
se ha manifestado una vez más a vosotros. Tratadme como queráis porque he
prometido sacrificar mi vida en el sendero de Dios. No temeré a nadie
aunque los poderes de la tierra y del cielo se alíen en mi contra.
¡Seguidores del Evangelio! Si abrigáis el deseo de matar a Muhammad, el
Apóstol de Dios, tomadme y poned fin a mi vida, porque yo soy Él, y mi
Ser es su Ser. Haced conmigo lo que queráis porque el más profundo deseo
de mi corazón es alcanzar la presencia de mi Bienamado en su Reino de
Gloria. ¡Tal es el decreto divino, si lo supierais! ¡Seguidores de
Muhammad! Si es vuestro deseo acribillar con vuestros dardos el pecho de
Aquel quien ha hecho que su Libro el Bayán os sea enviado, poned vuestras
manos sobre mí y perseguidme, porque Yo soy su Bienamado, la revelación
de su propio Ser, aunque mi nombre no sea su nombre. He venido bajo la
sombra de las nubes de gloria y he sido investido por Dios con invencible
soberanía. Él es ciertamente la Verdad, el Conocedor de las cosas no
vistas. Verdaderamente Yo espero de vosotros el mismo trato que habéis
acordado a Aquel quien me precedió. De esto son testigos todas las cosas,
si fuerais de aquellos que escuchan. ¡Oh pueblo del Bayán! Si habéis
resuelto derramar la sangre de Aquel cuya venida el Báb ha proclamado,
cuyo advenimiento Muhammad ha profetizado, y cuya Revelación Jesucristo
mismo ha anunciado, miradme a mí que estoy de pie, listo y sin defensa
ante vosotros. Proceded conmigo como lo dicten vuestros propios deseos.

XLVIII. ¡Dios es mi testigo! Si esto no estuviera en conflicto con
aquello que las Tablas de Dios han decretado, gustosamente habría besado
las manos de quienquiera hubiera intentado derramar mi sangre en el
sendero del Bienamado. Aun más, le habría dotado con una parte de los
bienes terrenales que Dios me ha permitido poseer, aun cuando quien
perpetrare este acto provocaría la ira del Todopoderoso, incurriría en su
maldición y merecería ser atormentado durante toda la eternidad de Dios,
el que Todo lo Posee, el Equitativo, el Omnisapiente.

XLIX. Sabe en verdad, que cuando quiera este Joven vuelve su vista
hacia su propio ser, encuentra que es lo más insignificante de toda la
creación. Sin embargo, cuando contempla las brillantes refulgencias que
ha sido capacitado para manifestar, he aquí, ese yo se transfigura ante
Él en una potencia soberana que satura la esencia de todas las cosas
visibles e invisibles. Gloria a Aquel quien, por la fuerza de la verdad,
ha enviado la Manifestación de su propio Ser y le ha confiado su mensaje
para toda la humanidad.

L. Oh desatentos, quitaos el sueño de la negligencia para que
podáis mirar el resplandor que su gloria ha difundido a través del mundo.
¡Qué torpes son quienes murmuran contra el nacimiento prematuro de su
luz! ¡Oh vosotros, ciegos de corazón! Sea temprano o tarde, las
demostraciones de su gloria refulgente ya están de hecho manifiestas. Os
incumbe determinar si tal luz ha aparecido o no. No está en vuestro poder
ni en el mío fijar el momento en que debe ser manifiesta. La Sabiduría
inescrutable de Dios ha fijado la hora de antemano. Estad contentos, oh
pueblo, con lo que Dios ha deseado y predestinado para vosotros.... ¡Oh
vosotros que me deseáis el mal! El Sol de la Guía eterna, es mi testigo:
Si hubiera estado en mi poder, nunca habría consentido, bajo ninguna
circunstancia, distinguirme entre los hombres, porque el Nombre que llevo
desdeña totalmente asociarse con esta generación cuyas lenguas están
sucias y cuyos corazones son falsos. Y cada vez que escogí callar y
guardar silencio, he aquí, la voz del Espíritu Santo, parado a mi
diestra, me despertó, y el Supremo Espíritu apareció ante mi faz, y
Gabriel me cubrió con su sombra, y el Espíritu de Gloria se movió dentro
de mi pecho ordenándome levantarme y romper mi silencio. Si vuestra
capacidad de oír fuese depurada y vuestros oídos estuviesen atentos,
seguramente comprenderíais que cada miembro de mi cuerpo, más aún, todos
los átomos de mi ser, proclaman y atestiguan este llamado: "Dios, fuera
de quien no hay otro Dios, y Aquel cuya belleza se manifiesta ahora, es
el reflejo de su gloria para todos los que están en el cielo y en la
tierra".

LI. ¡Oh pueblo! ¡Juro por el Dios único y verdadero! Éste es el
Océano del cual han procedido todos los mares, y con el cual cada uno de
ellos se reunirá finalmente. De Él se han generado todos los Soles y a Él
regresarán todos ellos. Por su potencia los Árboles de la Revelación
Divina han dado sus frutos, cada uno de los cuales ha sido enviado en la
forma de un profeta que lleva un mensaje a las criaturas de Dios en cada
uno de los mundos cuyo número sólo Dios, en su Conocimiento omnímodo,
puede calcular. Él ha logrado esto por la acción de solo una Letra de su
Palabra, revelada por su Pluma, estando su Pluma movida por su Dedo
guiador, estando su propio Dedo sostenido por la fuerza de la Verdad de
Dios.

LII. Di: ¡Oh pueblo! No os privéis de la gracia de Dios y de su
misericordia. Quienquiera se prive de ellas está en dolorosa perdición
¡Cómo! ¡Oh pueblo! ¿Adoráis el polvo y os alejáis de vuestro Señor, el
Bondadoso, el Todo Generoso? Temed a Dios y no seáis de los que perecen.
Di: El Libro de Dios ha sido enviado en la forma de este Joven. ¡Por
tanto, santificado sea Dios el más excelente de los hacedores! Prestad
atención, oh pueblos del mundo, no sea que huyáis de su faz. Más aún,
apresuraos en alcanzar su presencia y sed de aquellos que han vuelto a
Él. Orad para que seáis perdonados, oh pueblos, por no haber cumplido
vuestro deber para con Dios y por haber transgredido contra su Causa y no
seáis de los torpes. Él es quien os ha creado; Él es quien ha alimentado
vuestras almas mediante su Causa y os ha hecho capaces de reconocer a
Aquel quien es el Todopoderoso, el Más Exaltado, el Omnisciente. Él es
quien ha descubierto a vuestros ojos los tesoros de su conocimiento y os
ha hecho ascender al cielo de la certeza de su irresistible, su
irrefutable y muy exaltada Fe. Prestad atención, no sea que os privéis de
la gracia de Dios, y vuestras obras se reduzcan a nada, y no repudiéis la
verdad de esta clara, majestuosa, brillante y gloriosa Revelación. Juzgad
imparcialmente la Causa de Dios, vuestro Creador; contemplad lo que ha
sido enviado desde el Trono en lo alto y meditad sobre ello con corazones
inocentes y santificados. Entonces la verdad de esta Causa se os hará tan
evidente como el sol en su gloria meridiana. Entonces seréis de aquellos
que han creído en Él.

Di: El primer y más importante testimonio que establece su verdad
es Él mismo. Próximo a este testimonio está su Revelación. Para
quienquiera no reconozca ni uno ni otro Él ha establecido las palabras
que ha revelado, como prueba de su realidad y verdad. Esta es,
ciertamente, una demostración de su tierna misericordia para con los
hombres. Él ha dotado a toda alma con la capacidad de reconocer los
signos de Dios. De otra manera, ¿cómo habría Él podido cumplir su
testimonio hacia los hombres? si sois de los que ponderan su Causa en sus
corazones. Él nunca procederá injustamente con nadie, ni tampoco señalará
a las almas una tarea superior a sus capacidades. Él es ciertamente el
Compasivo, el Todo Misericordioso.

Di: Es tan grande la gloria de la Causa de Dios, que aun los ciegos
pueden percibirla, cuanto más aquellos que poseen vista perspicaz y
visión pura. Los ciegos, a pesar de no ser capaces de percibir la luz del
sol, sin embargo, pueden sentir su continuo calor. No obstante, los
ciegos de corazón entre el pueblo del Bayán -de esto Dios es mi testigo-
son impotentes, por mucho que el Sol brille sobre ellos, para percibir el
resplandor de su gloria o apreciar el calor de sus rayos.

Di: ¡Oh pueblo del Bayán! Entre todos los pueblos del mundo os
hemos escogido para conocernos y reconocernos. Os hemos hecho acercar al
lado derecho del Paraíso, Lugar desde el cual el Fuego inmortal proclama
en múltiples tonos: "¡No hay otro Dios salvo Yo, el Omnipotente, el
Altísimo!" Cuidaos, no permitáis estar separados como por un velo de este
Sol que brilla sobre la Aurora de la Voluntad de vuestro Señor, el Todo
Misericordioso, y cuya luz ha envuelto a pequeños y grandes. Purificad
vuestra vista para que podáis percibir su gloria con vuestros propios
ojos, y no dependáis de la vista de otro, pues Dios jamás ha requerido de
un alma algo que sobrepase su fuerza. Así ha sido anunciado a los
profetas y mensajeros del antaño y se ha registrado en todas las
Escrituras.

Esforzaos, oh pueblo, para conseguir entrada en esta vasta
Inmensidad, que, por orden de Dios, no tiene ni principio ni fin, en la
cual su voz ha sido proferida y sobre la cual se esparcen los dulces
aromas de la santidad y gloria. No os despojéis del manto de grandeza, ni
permitáis que vuestros corazones se priven del recuerdo de vuestro Señor,
ni vuestros oídos de escuchar las dulces melodías de su maravillosa, de
su sublime, clara y muy elocuente voz que todo lo compele.

LIII. ¡Oh Nasír, oh mi siervo! Dios, la Eterna Verdad, es mi
testigo. En este Día el Joven Celestial ha levantado sobre las cabezas de
los hombres el glorioso Cáliz de la Inmortalidad y permanece atento en su
sede, preguntándose qué ojo reconocerá su gloria, y qué brazo se
extenderá sin vacilar para asir la Copa de su Mano de nívea blancura y
vaciarla. Hasta ahora unos pocos han bebido de esta incomparable gracia
que fluye suavemente del Antiguo Rey. Éstos ocupan las mansiones más
elevadas del Paraíso y están firmemente establecidos sobre los asientos
de autoridad. ¡Por la rectitud de Dios! Ni los espejos de su gloria, ni
los reveladores de sus nombres, ni ninguna cosa creada que haya existido
o existirá, jamás podrán superarlos, si sois de los que comprenden esta
verdad.

¡Oh Nasír! La excelencia de este Día está inmensamente exaltada por
encima de la comprensión de los hombres, por muy extenso que sea su
conocimiento, por muy profundo que sea su entendimiento. ¡ Cuánto más ha
de trascender la imaginación de los que se han extraviado de su luz y han
sido privados de su gloria! Si desgarraras el agraviante velo que ciega
tu visión, verías una generosidad tal que nada podrá jamás asemejársele o
igualarla desde el principio que no tiene principio hasta el fin que no
tiene fin. ¿Qué lenguaje debería elegir Aquel quien es el Portavoz de
Dios, para que aquellos que están separados como por un velo de Él,
puedan reconocer su gloria? Los rectos moradores del Reino en lo alto
beberán copiosamente del Vino de Santidad en mi nombre, el todo glorioso.
Nadie salvo ellos participará de tales beneficios.

LIV. ¡Por la rectitud de Dios, mi Bienamado! Jamás he anhelado la
soberanía mundana. Mi único propósito ha sido entregar a los hombres lo
que Dios, el Dadivoso, el Incomparable, me mandó darles, para que les
desligue de todo lo que pertenece a este mundo y les haga alcanzar tales
alturas que ni el impío puede concebir ni el insolente imaginar.

LV. Recuerda oh tierra de Tá (Tihrán) los días pasados en que tu
Señor te había hecho la sede de su trono y te había envuelto con la
refulgencia de su gloria. ¡Cuán vasto el número de aquellos seres
santificados, aquellos símbolos de certidumbre, quienes en su gran amor
por ti han entregado sus vidas y sacrificado todo por ti! La alegría sea
contigo y la suprema felicidad sea con aquellos que en ti moran.
Testifico que, como lo sabe todo corazón discernedor, de ti procede el
hálito viviente de Aquel quien es el Deseo del mundo. En ti ha sido
revelado el Invisible y de ti ha salido aquello que estaba oculto a los
ojos de los hombres. ¿A quién recordaremos de la multitud de tus sinceros
amantes, cuya sangre ha sido vertida dentro de tus muros y cuyo polvo
yace oculto bajo tu suelo? Los dulces aromas de Dios se han esparcido
incesantemente y continuarán esparciéndose eternamente sobre ti. Nuestra
Pluma se siente impulsada a conmemorarte y ensalzar a las víctimas de la
tiranía, aquellos hombres y mujeres que yacen bajo tu polvo.

Entre ellas está nuestra propia hermana, a quien ahora recordamos
como una señal de nuestra fidelidad y como una prueba de nuestra amorosa
bondad hacia ella. ¡Cuán penosa fue su condición! ¡Con qué resignación
regresó a su Dios! Sólo Nosotros, por nuestro conocimiento que todo lo
abarca, lo hemos sabido.

¡Oh tierra de Tá! Por la gracia de Dios tú eres todavía un centro
alrededor del cual sus bienamados se han reunido. ¡Felices ellos; feliz
cada refugiado que busca tu amparo en sus padecimientos en el sendero de
Dios, el Señor de este maravilloso Día! Benditos aquellos que recuerdan
al Dios único y verdadero, que magnifican su nombre y buscan
diligentemente servir a su Causa. Es a estos hombres que se han referido
los Libros sagrados de antaño. Sobre ellos el Comandante de los Fieles ha
prodigado sus alabanzas diciendo: "Las bendiciones que les esperan a
ellos superan las bendiciones de que ahora gozamos". Él ciertamente ha
dicho la verdad y de ello somos ahora testigos. La gloria de su posición,
sin embargo, no ha sido revelada aún. La Mano del poder divino de seguro
levantará el velo y expondrá a la vista de los hombres aquello que
alegrará y alumbrará el ojo del mundo.

Agradecedle a Dios, la Verdad Eterna, exaltado sea su Gloria, por
cuanto habéis logrado tan maravilloso favor, y habéis sido adornado con
el ornamento de su alabanza. Apreciad el valor de estos días, y asíos a
todo lo que es digno de esta Revelación. Él ciertamente es el Consejero,
el Compasivo, el Omnisciente.

LVI. Que nada te apene, oh Tierra de Tá (Tihrán) porque Dios te ha
escogido para que seas la fuente de alegría de toda la humanidad. Si es
su Voluntad, Él bendecirá tu trono con uno que gobernará con justicia, y
reunirá el rebaño de Dios que los lobos han dispersado. Con alegría y
gozo este gobernante volverá su rostro hacia el pueblo de Bahá y le
otorgará sus favores. A la vista de Dios, él es de hecho considerado como
una joya entre los hombres. Sobre él descansa para siempre la gloria de
Dios y la gloria de todos los que moran en el reino de su revelación.

Regocíjate con inmensa alegría, porque Dios te ha hecho "la Aurora
de su Luz" ya que dentro de ti nació la Manifestación de su Gloria. Está
contenta de este nombre que te ha sido conferido, nombre por el cual el
Sol de gracia ha derramado su esplendor, por lo cual tanto la tierra como
el cielo han sido iluminados.

Dentro de poco, tu situación interna cambiará y las riendas del
poder caerán en manos del pueblo. Ciertamente, tu Señor es el
Omnisciente. Su autoridad abraza todas las cosas. Permanece segura de los
bondadosos favores de tu Señor. La mirada de su amorosa bondad será
siempre dirigida hacia ti. Se aproxima el día en que tu agitación se
habrá transformado en paz y quieta calma. Así ha sido decretado en el
maravilloso Libro.

LVII. Oh Muhammad, cuando hayas partido de la corte de mi
presencia, dirige tus pasos hacia mi casa (Casa de Baghdád) y visítala en
nombre de tu Señor. Cuando llegues a su puerta detente ante ella y di:
¿Adónde se ha ido la Antigua Belleza, oh tú la más grande Casa de Dios,
Él por quién Dios te ha hecho el objeto de atracción de un mundo adorador
y te ha proclamado como el signo de su recuerdo para todos los que están
en los cielos y todos los que están en la tierra? ¡Oh, si volvieran los
días pasados cuando tú, oh Casa de Dios, fuiste consagrada como su
escabel, días en que las incesantes melodías del Todo Misericordioso
brotaban de ti! ¿Qué ha sido de tu joya, cuya gloria ha brillado sobre
toda la creación? ¿Adónde se han ido los días en que Él, el Antiguo Rey,
había hecho de ti el trono de su gloria, días en que Él te había escogido
a ti sola para que fueras la lámpara de salvación entre la tierra y el
cielo, y al amanecer y a la caída de la tarde te había hecho difundir la
dulce fragancia del Todo Glorioso?

¿Dónde está, oh Casa de Dios, el Sol de majestad y poder que te
había envuelto con el brillo de su presencia? ¿Dónde está Él, la Aurora
de las tiernas dádivas de tu Señor, el Irrestringido, quien había
establecido su sede dentro de tus murallas? ¿Oh trono de Dios, qué ha
alterado tu semblante y ha hecho temblar tus pilares? ¿Qué ha podido
cerrar tus puertas en la cara de quienes te buscan ansiosamente? ¿Qué te
ha desconsolado tanto? ¿Te han dicho acaso que el Amado del mundo es
perseguido por las espadas de sus enemigos? El Señor te bendiga y bendiga
tu fidelidad hacia Él, por cuanto tú has seguido siendo su compañero a
través de todas sus penas y padecimientos.

Testifico que tú eres el escenario de su trascendente gloria, su
más sagrada habitación. De ti ha emanado el Hálito del Todo Glorioso, que
se ha esparcido sobre todas las cosas creadas y ha llenado de alegría los
pechos de los devotos que moran en las mansiones del Paraíso. El Concurso
en lo alto y los que habitan las Ciudades de los Nombres de Dios lloran
por ti y lamentan las cosas que te han acaecido.

Todavía eres el símbolo de los nombres y atributos del
Todopoderoso, el Punto al cual los ojos del Señor de la tierra y del
cielo están dirigidos. Te ha acontecido lo que aconteció al Arca en que
ha sido establecida la promesa de seguridad de Dios. Bienaventurado quien
comprenda la intención de estas palabras y reconozca el propósito de
Aquel quien es el Señor de toda la creación.

Felices quienes aspiran de ti los dulces aromas del Misericordioso,
que reconocen tu exaltación, que protegen tu santidad, que en todo tiempo
reverencian tu posición. Imploramos al Todopoderoso que conceda que los
ojos de quienes se han alejado de ti y no han apreciado tu valor, puedan
ser abiertos para que verdaderamente te reconozcan a ti y a Aquel quien
por la fuerza de la verdad te ha levantado en alto. Ciertamente, están
ciegos de lo que se refiere a ti, y te ignoran, completamente, en este
día. Tu Señor es realmente el Bondadoso, el Perdonador.

Atestiguo que por ti, Dios ha puesto a prueba los corazones de sus
siervos. Bendito el hombre que dirija sus pasos hacia ti y te visite.
¡Ay, de quien niegue tu derecho, se aleje de ti, deshonre tu nombre y
profane tu santidad!

No te aflijas, oh Casa de Dios, si el velo de tu santidad es
rasgado por los infieles. En el mundo de la creación Dios te ha adornado
con la joya de su recuerdo. Nadie podrá jamás profanar tal ornamento. Los
ojos de tu Señor permanecerán en toda circunstancia puestos en ti. Él,
ciertamente, escuchará la oración de cada uno de los que te visiten, de
los que te circunden, y de los que en tu nombre le llamen. Él es, en
verdad, el Perdonador, el Todo Misericordioso.

Te suplico, o mi Dios, por esta Casa que ha sufrido tal cambio en
su separación de ti que llora su alejamiento de tu presencia y lamenta tu
tribulación, que me perdones a mí, a mis padres, mis parientes y a
aquellos de mis hermanos que han creído en ti. Permite que todas mis
necesidades sean satisfechas por tu munificencia, oh Tú quien eres el rey
de los Nombres. Tú eres el Más Generoso de los generosos, el Señor de
todos los mundos.

LVIII. Recuerda aquello que ha sido revelado a Mihdí, nuestro
siervo, en el primer año de nuestro exilio a la Tierra del Misterio
(Adrianópolis). A él le predijimos lo que debía acaecer a nuestra Casa
(en Baghdád) en los días por venir para que no se afligiera por los actos
de violencia y robo que ya se habían perpetrado contra ella. Ciertamente,
el Señor, tu Dios, conoce todo lo que está en los cielos y todo lo que
está en la tierra.

A él le hemos escrito: Ésta no es la primera humillación infligida
a mi Casa. En el pasado la mano del opresor la ha colmado de
indignidades. Ciertamente, en los días por venir, será degradada a tal
extremo que hará correr lágrimas de todo ojo discernedor. Así te hemos
revelado cosas ocultas más allá del velo impenetrable para todos, salvo
para Dios, el Todopoderoso, el Todo Alabado. En la plenitud del tiempo,
por medio del poder de la verdad, el Señor la exaltará a los ojos de
todos los hombres. Él hará que se convierta en el Estandarte de su Reino,
el Santuario alrededor del cual circulará el concurso de los fieles. Así
ha hablado el Señor tu Dios, antes que llegue el día de lamentación. Te
hemos dado esta Revelación en nuestra Tabla sagrada para que no te apenes
por todo lo que ha sobrevenido a nuestra Casa bajo los ataques del
enemigo. Toda alabanza sea para Dios, el Omnisciente, el Sapientísimo.

LIX. Todo observador imparcial admitirá sin vacilación que, desde
el amanecer de su Revelación, este Agraviado ha invitado a toda la
humanidad a dirigir sus rostros hacia la Aurora de Gloria, y ha prohibido
la corrupción, odio, opresión e iniquidad. Sin embargo, ¡ved lo que las
manos del opresor han forjado! Ninguna pluma se atreve a describir su
tiranía. Aun cuando el propósito de Aquel quien es la Eterna Verdad, ha
sido conferir vida eterna a todos los hombres y lograr su paz y
seguridad, ved cómo se han levantado para derramar la sangre de sus
amados y han pronunciado su sentencia de muerte.

Los instigadores de esta opresión son aquellas mismas personas que,
a pesar de su torpeza, son consideradas como los más sabios de los
sabios. Tal es su ceguera que, con severidad no disimulada, le han
arrojado en esta aflictiva Prisión fortificada a Él, para los siervos de
cuyo Umbral el mundo ha sido creado. Sin embargo, el Todopoderoso, a
pesar de ellos y de quienes han repudiado la verdad de este "Gran
Anuncio", ha transformado esta Casa Prisión en el Más Exaltado Paraíso,
el Cielo de los Cielos.

No hemos rechazado los beneficios materiales que pudieran aliviar
nuestra aflicciones. Sin embargo, cada uno de nuestros compañeros
atestiguará que nuestra corte sagrada está santificada sobre todo
beneficio material y muy por encima de ellos. No obstante, mientras
estábamos confinados en esta Prisión, hemos aceptado aquellas cosas de
las cuales los infieles han tratado de privarnos. Si se encontrara un
hombre que desease, en nuestro nombre, levantar un edificio de oro o de
plata puros, o una casa cubierta de piedras preciosas de inestimable
valor, tal deseo, sin duda alguna, será concedido. Él, ciertamente, hace
lo que Él desea y ordena lo que es de su agrado. Asimismo se ha permitido
a quienquiera lo desee, levantar estructuras nobles e imponentes a lo
largo y ancho de este territorio, y dedicar las ricas y sagradas tierras
adyacentes al Jordán y su vecindad al culto y servicio del Dios único y
verdadero, magnificada sea su gloria, para que las profecías registradas
por la Pluma del Altísimo en las Sagradas Escrituras se cumplan y para
que lo que Dios, el Señor de todos los mundos, ha determinado para esta
exaltadísima, sagrada y maravillosa Revelación pueda ser manifestado.

En tiempo pasado hemos proferido estas palabras: ¡Extiende tu saya,
oh Jerusalén! Meditad esto en vuestro corazones, oh pueblo de Bahá y dad
gracias a vuestro Señor, el Expositor, el más Manifiesto.

Si los misterios que nadie conoce salvo Dios fueran desentrañados,
toda la humanidad atestiguaría las demostraciones de una perfecta y
consumada justicia. Con una certeza que nadie puede poner en duda, todos
los hombres se aferrarían a sus mandamientos y los observarían
escrupulosamente. Verdaderamente, hemos decretado en nuestro Libro una
recompensa buena y generosa para todos quienes se aparten de la maldad y
sigan una vida casta y santa. Él es, en verdad, el Gran Donador, el Todo
Misericordioso.

LX. Mi cautiverio no puede deshonrarme. No, por mi Vida, me
confiere gloria. Lo que puede avergonzarme es la conducta de aquellos de
mis seguidores que pretenden amarme, y sin embargo siguen de hecho al
Malvado. En verdad, ellos son de los perdidos.

Cuando el tiempo fijado para esta Revelación se hubo cumplido y
Aquel quien es el Sol del mundo apareció en 'Iráq, Él pidió a sus
seguidores observar aquello que los santificaría de toda la inmundicia
terrenal. Algunos prefirieron seguir los deseos de una inclinación
corrupta mientras otros caminaron en el sendero de rectitud y verdad y
fueron bien guiados.

Di: No puede ser contado entre el pueblo de Bahá aquel que sigue
sus deseos mundanos o fija su corazón en cosas de la tierra. Es mi
verdadero seguidor quien, si llegare a un valle de oro puro, pasará
derecho por él indiferente como una nube, y no se volverá ni detendrá.
Tal hombre es ciertamente de mi. De su vestidura el Concurso en lo alto
puede aspirar la fragancia de santidad.... Y si encontrare la más bella y
atractiva de las mujeres, no sentirá su corazón seducido por la menor
sombra de deseo hacia su belleza. De hecho tal hombre es la creación de
inmaculada castidad. Así os instruye la Pluma del Antiguo de los Días,
como ha sido ordenado por vuestro Señor, el Todopoderoso, el Todo
Misericordioso.

LXI. El mundo padece y su agitación aumenta día a día. Su rostro se
ha vuelto hacia el descarrío y la incredulidad. Tal será su condición que
exponerla ahora no sería aceptable ni correcto. Su perversidad continuará
por largo tiempo. Y cuando llegue la hora señalada, aparecerá súbitamente
aquello que hará temblar los miembros del cuerpo de la humanidad.
Entonces, y sólo entonces, será desplegado el Estandarte Divino, y el
Ruiseñor del Paraíso gorjeará su melodía.

LXII. Recuerda tú mis dolores, mis preocupaciones y ansiedades, mis
aflicciones y pruebas, las condiciones de mi cautiverio, las lágrimas que
he derramado, la amargura de mi angustia, y ahora mi encarcelamiento en
esta lejana tierra. Oh Mustafá, Dios es mi testigo. Si se te pudiera
decir lo que le ha acontecido a la Antigua Belleza, huirías al desierto y
llorarías con gran llanto. En tu pena te golpearías la cabeza y gritarías
como alguien que ha sido picado por una víbora. Está agradecido a Dios,
pues hemos rehusado revelarte los secretos de los inescrutables decretos
que nos han sido enviados desde el cielo de la Voluntad de tu Señor el
Omnipotente, el Todopoderoso.

¡Por la rectitud de Dios! Al levantarme de mi lecho cada mañana,
descubría las huestes de innumerables aflicciones reunidas tras mi
puerta; y cada noche, al acostarme, ¡he aquí! mi corazón era desgarrado
con agonía por lo que había padecido a causa de la diabólica crueldad de
sus enemigos. Cada pedazo de pan que parte la Antigua Belleza va
acompañado del ataque de una nueva aflicción, y cada gota que bebe está
mezclada con la amargura de la más dolorosa de las pruebas. Cada paso que
Él da está precedido por un ejército de inesperadas calamidades, mientras
que a su retaguardia siguen legiones de atormentadoras penas.

Tal es mi condición, si lo ponderaras en tu corazón. Más, que tu
alma no se apene por lo que Dios ha hecho caer sobre Nosotros. Somete tu
voluntad a su agrado, porque en ningún tiempo hemos deseado algo que no
sea su Voluntad, y hemos dado la bienvenida a cada uno de sus
irrevocables decretos. Que tu corazón sea paciente, y no desmayes. No
sigas el camino de aquellos que están profundamente perturbados.

LXIII. ¡Oh tú, cuyo rostro se ha vuelto hacia mí! Tan pronto como
tus ojos contemplen desde lejos mi ciudad natal (Tihrán), ponte de pie y
di: He venido hacia ti desde la Prisión, oh tierra de Tá, con nuevas de
Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que subsiste por sí mismo. Te
anuncio, oh madre del mundo y fuente de luz para todos los pueblos, las
tiernas misericordias de tu Señor, y te saludo en el nombre de Aquel
quien es la Verdad Eterna, el Conocedor de cosas no vistas. Atestiguo que
dentro de ti, Aquel quien es el Nombre Oculto fue revelado y el Tesoro
Invisible fue descubierto. Por medio de ti el secreto de todas las cosas,
sean del pasado o del futuro, ha sido revelado.

¡Oh tierra de Tá! Él, quien es el Señor de todos los Nombres, te
recuerda en su gloriosa posición. Tú fuiste la Aurora de la Causa de
Dios, la fuente de su Revelación, la manifestación de su Más Grande
Nombre, que ha hecho temblar los corazones y almas de los hombres. Cuán
numerosos han sido aquellos hombres y mujeres, aquellas víctimas de la
tiranía, quienes, dentro de tus murallas, han sacrificado sus vidas en la
senda de Dios, y han sido sepultados bajo tu polvo con tanta crueldad,
que cada siervo honrado de Dios ha lamentado su condición.

LXIV. Es nuestro deseo recordar la Morada de la suprema felicidad
(Tihrán), la santa y resplandeciente ciudad; ciudad en que la fragancia
del Bienamado ha sido derramada, donde sus signos han sido difundidos,
donde las señales de su gloria han sido reveladas, donde sus estandartes
han sido enarbolados, donde su tabernáculo ha sido levantado, donde cada
uno de sus sabios decretos ha sido proclamado.

Es la ciudad en que han sido exhalados los dulces sabores de la
reunión, los que han hecho que los sinceros amantes de Dios se acerquen a
Él y logren entrar en la Habitación de santidad y belleza. Feliz el
caminante que dirija sus pasos hacia esta ciudad, que consiga entrar en
ella, que beba el vino de la reunión mediante la gracia que fluye de su
Señor, el Dadivoso, el Todo Alabado.

He venido a ti, oh tierra del deseo del corazón, con nuevas de
Dios, para anunciarte su bondadoso favor y misericordia, y para saludarte
y ensalzarte en su nombre. Él es, en verdad, inmensamente generoso y
bondadoso. Bendito el hombre que torna su rostro hacia ti, que percibe de
ti la fragancia de la Presencia de Dios, el Señor de todos los mundos. Su
gloria sea contigo, y la brillantez de su luz te envuelva, por cuanto
Dios ha hecho de ti un paraíso para sus siervos y te ha señalado como la
tierra bendita y sagrada que Él mismo ha mencionado en los Libros que sus
profetas y mensajeros han revelado.

Mediante ti, oh tierra de gloria resplandeciente, la insignia: "No
hay otro Dios más que Él", ha sido revelada, y el estandarte:
"Ciertamente, Yo soy la Verdad, el Conocedor de cosas no vistas", ha sido
izado. Incumbe a cada uno que te visite gloriarse en ti y en quienes te
habitan, que han salido de mi Árbol, quienes me siguen y son mis amantes,
y quienes, con la más fuerte determinación, han vuelto sus rostros en
dirección de mi gloriosa posición.

LXV. Recuerda tu llegada a la Ciudad (Constantinopla); cómo los
ministros del Sultán pensaron que Tú desconocías sus leyes y reglamentos
y te creyeron uno de los ignorantes. Di: ¡Sí, por mi Señor! Soy ignorante
de todas las cosas salvo de lo que Dios, mediante su generoso favor, ha
deseado enseñarme. Esto lo atestiguamos con toda seguridad y lo
confesamos sin vacilar.

Di: Si las leyes y reglamentos a las cuales os aferráis son hechas
por vosotros mismos, de ningún modo las seguiremos. Así he sido instruido
por Él quien es el Sapientísimo, el Conocedor de todo. Tal ha sido mi
conducta en el pasado y así permanecerá en el futuro por la fuerza de
Dios y su poder. Éste es ciertamente el camino recto y verdadero. Si han
sido ordenadas por Dios, mostrad entonces vuestras pruebas, si sois de
aquellos que hablan la verdad. Di: Hemos escrito en un Libro, que no deja
de registrar la acción de ningún hombre, por insignificante que esta sea,
todo lo que te han imputado y todo lo que te han hecho.

Di: Os incumbe, oh Ministros de Estado, observar los preceptos de
Dios y abandonar vuestras propias leyes y reglamentos y ser de aquellos
que son guiados correctamente. Esto es mejor para vosotros que todo lo
que poseéis, si sólo lo supierais. Si quebrantáis los mandamientos de
Dios, ni un ápice o título de vuestras obras será aceptable a su vista.
Pronto descubriréis las consecuencias de lo que habéis hecho en esta vana
existencia y se os pagará por ello. Ésta es, ciertamente, la verdad; la
verdad indudable.

¡Cuán grande ha sido el número de aquellos que, en edades pasadas,
han cometido las mismas acciones que vosotros habéis cometido, y quienes,
a pesar de tener un rango superior al vuestro, finalmente han regresado
al polvo y han sido relegados a su inevitable perdición! ¡ Ojalá
ponderarais la Causa de Dios en vuestros corazones! Seguiréis por su
huella y se os hará entrar en una habitación en la cual no encontraréis a
nadie que os ampare o ayude. Seréis ciertamente interrogados sobre
vuestros actos, se os pedirá cuenta por haber faltado a vuestros deberes
hacia la Causa de Dios y por haber rechazado desdeñosamente a sus amados,
quienes con evidente sinceridad han venido hacia vosotros.

Sois vosotros los que habéis tomado juntos consejo referente a
ellos, vosotros que habéis preferido seguir los impulsos de vuestros
propios deseos y abandonar los mandamientos de Dios, el que Ayuda en el
Peligro, el Todopoderoso.

Di: ¡Qué! ¿Os aferráis a vuestras propias ideas y desecháis los
preceptos de Dios? ¡Ciertamente os habéis agraviado y habéis agraviado a
otros! ¡Ojalá que pudierais comprenderlo! Di: Si vuestras reglas y
principios están basados en la justicia, ¿por qué, entonces, seguís
aquellos que están de acuerdo con vuestras inclinaciones corruptas y
rechazáis aquellos que se encuentran en conflicto con vuestros deseos?
¿Con qué derecho, entonces, pretendéis juzgar con justicia entre los
hombres? ¿Pueden vuestras reglas y principios justificar que persigáis a
Él quien, a vuestro llamado, se ha presentado ante vosotros, que le
hayáis rechazado e infligido cada día, penoso daño? ¿Os ha desobedecido
Él alguna vez, aunque sea por un instante? Todos los habitantes de 'Iráq
y, además de ellos, todo observador discernedor atestiguará la verdad de
mis palabras.

¡Sed imparciales en vuestro juicio, oh Ministros de Estado! ¿Qué
hemos cometido que justifique nuestro destierro? ¿Cuál es la ofensa que
ha merecido nuestra expulsión? ¡Nosotros os hemos buscado, y sin embargo,
mirad cómo habéis rehusado recibirnos! ¡Por Dios! Ésta es una penosa
injusticia que habéis perpetrado; injusticia que no puede compararse con
ninguna otra injusticia terrenal. El Todopoderoso es, Él mismo, testigo
de ello....

Sabed que el mundo, sus vanidades y sus bellezas se acabarán. Nada
perdurará salvo el Reino de Dios, que no pertenece a nadie sino a Él, el
Soberano Señor de todo, el que Ayuda en el Peligro, el Todo Glorioso, el
Todo Poderoso. Los días de vuestra vida pasarán y todas las cosas con que
os ocupáis y de las cuales os jactáis, perecerán, y vosotros, con toda
seguridad, seréis emplazados por una compañía de sus ángeles a comparecer
en el lugar donde los miembros de toda la creación temblarán y la carne
de todo opresor se estremecerá. Se os pedirá cuenta por las cosas que
vuestras manos han forjado en vuestra vana vida y recibiréis el justo
pago por vuestras acciones. Éste es el Día que llegará inevitablemente
sobre vosotros, la hora que nadie puede postergar. Esto lo atestigua la
Lengua de Él quien habla la verdad y es el Conocedor de todas las cosas.

LXVI. Temed a Dios, vosotros habitantes de la Ciudad
(Constantinopla), y no sembréis las semillas de disensión entre los
hombres. No caminéis por los senderos del Malvado. Durante los pocos días
que os restan de vuestra vida, seguid el camino del Dios único y
verdadero. Vuestros días se acabarán como se han acabado los días de los
que os han precedido. Regresaréis al polvo, como vuestros antecesores
regresaron.

Sabed que no temo a nadie excepto a Dios. No he depositado mi
confianza en nadie salvo en Él. A nadie sino a Él me aferraré y sólo
desearé lo que Él ha deseado para mí. Éste en verdad es el deseo de mi
corazón, si sólo supierais. He ofrecido mi alma y mi cuerpo como un
sacrificio para Dios, el Señor de todos los mundos. Quienquiera haya
conocido a Dios no conocerá a nadie sino a Él, y quien tema a Dios no
tendrá miedo de nadie salvo de Él, aunque las fuerzas de toda la tierra
se levanten y se pongan en contra de él. No hablo sino por su mandato y
no sigo sino su verdad, mediante la fuerza de Dios y su poder. Él,
ciertamente, recompensará a los veraces.

Narra, oh Siervo, las cosas que viste en el tiempo de arribo a la
Ciudad, para que tu testimonio perdure entre los hombres y sirva como
advertencia para los que creen. En el momento de nuestra llegada a la
Ciudad encontramos tanto a sus gobernantes como a sus dignatarios
reunidos como niños y divirtiéndose con arcilla. No encontramos a nadie
suficientemente maduro para recibir de nosotros las verdades que Dios nos
ha enseñado, ni preparado para escuchar nuestras maravillosas palabras de
sabiduría. Nuestro ojo interior lloró amargamente por ellos y por sus
transgresiones y por su descuido total de aquello para lo que fueron
creados. Esto es lo que observamos en esa ciudad y lo que escogimos para
anotar en nuestro Libro, para que sirva de advertencia a ellos y al resto
de la humanidad.

Di: Si deseáis esta vida y sus vanidades, deberíais haberlas
buscado cuando aún estabais encerrados en los vientres de vuestras
madres, porque en aquel tiempo os aproximabais continuamente a ellas, si
sólo lo comprendierais. Por otra parte, desde que nacisteis y
alcanzasteis la madurez os habéis estado alejando del mundo y acercando
al polvo. ¿Por qué entonces manifestáis tanta avaricia en acaparar los
tesoros de la tierra, cuando vuestros días están contados y vuestra
oportunidad está casi perdida? ¿Acaso entonces, oh negligentes, no
despertaréis de vuestro sueño?

Prestad atención a los consejos que este Siervo os da, por Dios.
Él, en verdad, no os pide ninguna recompensa, y está resignado a lo que
Dios ha ordenado para Él y es completamente sumiso a la Voluntad de Dios.

Los días de vuestra vida en gran parte se han consumido, oh pueblo,
y vuestro fin se aproxima rápidamente. Abandonad entonces las cosas que
habéis forjado y a las cuales os aferráis y asíos firmemente de los
preceptos de Dios, que quizás alcancéis aquello que Él ha determinado
para vosotros y seáis de aquellos quienes siguen un curso recto. No os
entretengáis con las cosas del mundo y sus vanos ornamentos, ni pongáis
vuestra esperanza en ellas. Depositad vuestra confianza en el recuerdo de
Dios, el Más Exaltado, el Más Grande. Pronto Él reducirá a la nada todas
las cosas que poseéis. Que Él sea vuestro temor, y no olvidéis su
convenio con vosotros, y no seáis de aquellos que están separados como
por un velo de Él.

Cuidaos, no os llenéis de orgullo ante Dios y no rechacéis
desdeñosamente a sus amados. Tratad humildemente a los fieles, aquellos
quienes han creído en Dios y en sus signos, cuyos corazones atestiguan su
unidad, cuyas lenguas proclaman su unidad, y que sólo hablan cuando Él lo
permite. Así os exhortamos con justicia y os advertimos con verdad, que
tal vez seáis despertados.

No pongáis sobre ningún alma una carga que no quisierais puesta
sobre vosotros, y no deseéis para nadie lo que no deseáis para vosotros.
Éste es mi mejor consejo, si sólo lo observaseis.

Respetad a los sacerdotes y eruditos entre vosotros, aquellos cuya
conducta esté de acuerdo con lo que profesan, quienes no traspasen los
límites fijados por Dios, cuyas opiniones estén en armonía con sus
mandatos como están revelados en su Libro. Sabed que ellos son las
lámparas de guía para los que están en los cielos y en la tierra.
Aquellos que menosprecian y desdeñan a los sacerdotes y doctos que viven
entre ellos, ciertamente han cambiado el favor con que Dios les ha
favorecido.

Di: Esperad hasta que Dios haya cambiado su favor hacia vosotros.
Nada pasa inadvertido por Él. Él conoce los secretos de los cielos y de
la tierra. Su conocimiento abarca todas las cosas. No os regocijéis por
lo que habéis hecho o por lo que haréis en el futuro, tampoco os
deleitéis con las tribulaciones que nos habéis infligido, pues no podéis
exaltar vuestra posición por tales medios, si sólo examinarais vuestras
obras con agudo discernimiento. Tampoco podréis disminuir la sublimidad
de nuestro estado. No, Dios aumentará la recompensa con la cual Él nos
premiará por haber soportado con paciencia perseverante las tribulaciones
que hemos padecido. Él, en verdad, aumentará la recompensa de aquellos
que soporten con paciencia.

Sabed que, desde tiempo inmemorial, las pruebas y tribulaciones han
sido el destino de los escogidos de Dios y de sus amados, y de aquellos
de sus siervos que se han separado de todo menos de Él, aquellos a
quienes ni el comercio ni los negocios han apartado del recuerdo del
Todopoderoso, aquellos que no hablan hasta que Él haya hablado y actúan
de acuerdo con sus mandatos. Tal es el método empleado por Dios en el
pasado y tal será en el futuro. Benditos son los que soporten con
firmeza, los que son pacientes en las enfermedades y privaciones, quienes
no se lamentan de nada que les acontezca y que hollan el sendero de la
resignación....

Se aproxima el día en que Dios habrá creado un pueblo que recordará
nuestros días, que relatará la historia de nuestras pruebas, que pedirá
la restitución de nuestros derechos a aquellos quienes, sin ninguna tilde
de prueba, nos han tratado con manifiesta injusticia. Dios, por cierto,
domina la vida de aquellos que nos han hecho daño, y conoce sus acciones.
Sin duda Él les aprehenderá por sus pecados. Él verdaderamente es el más
feroz de los vengadores.

Así os hemos relatado las historias del Dios único y verdadero y os
hemos enviado aquello que Él ha preordinado, que quizá pidáis su perdón,
regreséis a Él, os arrepintáis de verdad, os deis cuenta de vuestros
delitos, os despertéis de vuestro sueño, seáis sacudidos de vuestra
negligencia, respondáis por lo que no habéis hecho y seáis de aquellos
que hacen el bien. Quienquiera, que reconozca la verdad de mis palabras;
y quien no quiera, que se aparte de ellas. Mi único deber es recordaros
que no habéis cumplido con la Causa de Dios, que quizá seáis de aquellos
que guardan mi advertencia. Por lo tanto, escuchad mis palabras, y volved
a Dios, y arrepentíos para que Él por su gracia tenga misericordia de
vosotros, y lave vuestros pecados, y perdone vuestras transgresiones. La
grandeza de su bondad sobrepasa la furia de su ira, y su gracia abarca a
todos los que han sido creados y ataviados con el manto de vida, sean
ellos del pasado o del futuro.

LXVII. En esta Revelación ha aparecido lo que nunca apareció
anteriormente. Los infieles que han presenciado lo que se ha manifestado
murmuran y dicen: "En verdad, éste es un hechicero que ha inventado una
mentira contra Dios". De hecho, ellos son un pueblo desechado.

Oh Pluma del Antiguo de los Días, proclama a las naciones lo que ha
pasado en 'Iráq. Cuéntales del mensajero que fue delegado por la
congregación de los sacerdotes de esa tierra para entrevistarnos, quien
al alcanzar nuestra presencia nos preguntó sobre ciertas ciencias y a
quien contestamos en virtud del conocimiento que inherentemente poseemos.
Tu Señor ciertamente es el Conocedor de cosas no vistas. "Atestiguamos",
dijo él "que el conocimiento que Tú posees es tal que nadie puede
igualarlo. Sin embargo tal conocimiento es insuficiente para vindicar la
exaltada posición que el pueblo te atribuye. Si Tú hablas la verdad,
produce lo que las fuerzas combinadas de los pueblos de la tierra son
impotentes para producir". Así fue irrevocablemente decretado en la corte
de la presencia de tu Señor, el Todo Glorioso, el que Ama.

"¡Atestigua! ¿Qué ves?" Él quedó anonadado. Y cuando volvió en sí
dijo: "Yo de veras creo en Dios, el Todo Glorioso, el Todo Alabado". "Ve
a donde el pueblo y diles: 'Pedid todo lo que deseéis. Poderoso es Él
para hacer lo que Él quiere. Ninguna cosa, sea del pasado o del futuro,
puede frustrar su Voluntad'." "Di: '¡Oh vosotros, congregación de
sacerdotes! Escoged cualquier asunto que deseéis y pedido a vuestro
Señor, el Dios de Misericordia, que os lo revele. Si Él satisface vuestro
deseo, por virtud de su soberanía, entonces creed en Él y no seáis de
aquellos que rechazan su verdad.'" "La aurora del entendimiento ha
despuntado", dijo él, "y el testimonio del Todo Misericordioso se ha
cumplido". Se levantó y regresó donde aquellos que lo enviaron, por el
mandato de Dios, el Todo Glorioso, el Bienamado.

Pasaron los días y él no volvió a nosotros. Finalmente otro
mensajero vino, quien nos informó que la gente había abandonado su
propósito original. Ellos son de hecho un pueblo despreciable. Esto es lo
que ocurrió en 'Iráq, y de lo que acabo de revelar Yo mismo soy testigo.
Este acontecimiento fue ampliamente divulgado pero no se encontró a nadie
que comprendiera su significado. Así lo ordenamos. ¡Si sólo lo supierais!

¡Por mí mismo! Quienquiera nos haya pedido, en edades pasadas,
demostrar los signos de Dios, tan pronto como se los hemos revelado, ha
repudiado la verdad de Dios. La mayor parte de la gente, sin embargo, ha
permanecido indiferente. Aquellos cuyos ojos están iluminados con la luz
del entendimiento percibirán los dulces sabores del Todo Misericordioso y
abrazarán su verdad. Éstos son aquellos quienes son de veras sinceros.

LXVIII. ¡Oh tú quien eres el fruto de mi Árbol y su hoja! Sobre ti
sean mi gloria y mi misericordia. Que tu corazón no se apene por lo que
te ha acontecido. Si observaras detenidamente las páginas del Libro de
Vida, ciertamente descubrirías aquello que disiparía tus penas y
disolvería tus angustias.

Sabe, oh fruto de mi Árbol, que los decretos del Soberano
Ordenador, respecto de hado y predestinación, son de dos clases. Ambas
deben ser obedecidas y aceptadas. Una es irrevocable, la otra es, como la
denotan los hombres, inminente. A la primera todos deben someterse sin
reserva, puesto que está fijada y establecida. Sin embargo, Dios puede
alterar o revocarla. Como el daño que debe resultar de tal cambio será
mayor que si el decreto hubiera permanecido inalterado, todos, por tanto,
deben voluntariamente asentir a lo que Dios ha deseado y mantenerse con
confianza en ello.

El decreto que es inminente, sin embargo, es tal que la oración y
la súplica lo pueden evitar.

Dios concede que tú quien eres el fruto de mi Árbol, y aquellos que
están asociados contigo, sean protegidos de sus malas consecuencias.

Di: ¡Oh Dios, mi Dios! Tú has puesto en mis manos un fideicomiso
tuyo, y ahora, de acuerdo con los deseos de tu Voluntad, has pedido que
vuelva a ti. No me corresponde a mí, que soy tu sierva, decir: ¿de dónde
me viene esto? o ¿por qué me ha ocurrido?, por cuanto Tú eres glorificado
en todos tus actos y debes ser obedecido en tu decreto. Tu sierva, oh mi
Señor, ha puesto sus esperanzas en tu gracia y generosidad. Concede que
ella obtenga aquello que la acercará a ti y le beneficiará en todo mundo
tuyo. Tú eres el Perdonador, el Todo Generoso. No hay otro Dios más que
Tú, el Ordenador, el Antiguo de los Días.

Confiere tus bendiciones, oh Señor mi Dios, a quienes han bebido el
vino de tu amor ante la faz de los hombres y que, a pesar de tus
enemigos, han reconocido tu unidad, atestiguado tu unicidad y han
confesado su creencia en aquello que ha hecho tiritar los miembros de los
opresores entre tus criaturas y temblar la carne de los orgullosos de la
tierra. Atestiguo que tu Soberanía jamás perecerá ni tu Voluntad
alterarse. Ordena para quienes que han vuelto sus rostros hacia ti y para
tus siervas que se han sostenido firmemente de tu Cuerda, aquello que es
digno del Océano de tu munificencia y el Cielo de tu gracia.

Tú eres Aquel, oh Dios, quien se ha proclamado a sí mismo como el
Señor de la Riqueza y ha caracterizado a todos quienes le sirven como
pobres y necesitados. Así como Tú has escrito: ¡Oh vosotros que creéis!
No sois sino pobres en necesidad de Dios; pero Dios es quien Todo lo
Posee, el Todo Alabado". Habiendo reconocido mi pobreza y tu riqueza, no
permitas que sea privado de la gloria de tus bienes. Tú eres,
ciertamente, el Supremo Protector, el Omnisciente, el Omnisapiente.

LXIX. Recuerda el proceder de la madre de Ashraf cuyo hijo ofrendó
su vida en la Tierra de Zá (Zanján). Él, de cierto, ocupa el asiento de
la verdad, en presencia de uno quien es el Más Fuerte, el Todopoderoso.

Cuando los infieles tan injustamente decidieron darle muerte,
mandaron traer su madre, que quizás ella pudiera amonestarle e inducirle
a retractarse de su fe y seguir los pasos de quienes han repudiado la
verdad de Dios, el Señor de todos los mundos.

Tan pronto como vio el rostro de su hijo, le habló con palabras
tales que hicieron que los corazones de los amantes de Dios, y más allá
de ellos el Concurso en lo alto, gimieran y se afligieran con gran pena.
Verdaderamente tu Señor sabe lo que mi lengua pronuncia. Él mismo
atestigua mis palabras.

Y, cuando se dirigía a él, dijo: "¡Hijo, hijo mío! No dejes de
ofrecerte como sacrificio en el sendero de tu Señor. Cuidado, no
traiciones tu fe en Aquel ante cuyo rostro se han inclinado en adoración
todos los que están en los cielos y todos los que están en la tierra.
Sigue adelante, oh mi hijo, y persevera en el sendero del Señor tu Dios.
Apresúrate a alcanzar la presencia de Aquel quien es el Bienamado de
todos los mundos".

Sobre ella sean mis bendiciones, mi misericordia, mi alabanza y mi
gloria. Yo mismo repararé la pérdida de su hijo, un hijo que ahora habita
dentro del tabernáculo de mi majestad y gloria, cuya faz brilla con una
luz que envuelve con su resplandor a las Doncellas del Cielo en sus
cámaras celestiales, y aun más allá, a los moradores de mi Paraíso y a
los habitantes de las Ciudades de Santidad. Si alguien contemplara su
rostro exclamaría: "Mirad, éste no es sino un ángel noble".

LXX. El equilibrio del mundo ha sido trastornado por la vibrante
influencia de este más grande, este nuevo Orden Mundial. La vida ordenada
de la humanidad ha sido revolucionada por la acción de este único, este
maravilloso Sistema, nada que se le parezca ojos mortales jamás han
presenciado.

Sumergíos en el océano de mis palabras que descifréis sus secretos
y descubráis todas las perlas de sabiduría que yacen ocultas en sus
profundidades. Cuidaos de no vacilar en vuestra determinación de abrazar
la verdad de esta Causa, Causa por la cual se han revelado las
potencialidades. del poder de Dios y su soberanía ha sido establecida.
Con los rostros radiantes de alegría apresuraos en llegar hasta Él. Ésta
es la inmutable Fe de Dios; eterna en el pasado, eterna en el futuro. Que
aquel que busca, la alcance; y en cuanto a aquel que ha rehusado
buscarla, ciertamente, Dios está por encima de cualquier necesidad de sus
criaturas.

Di: Ésta la infalible Balanza sostenida por la Mano de Dios, en que
se pesa a todos cuantos están en los cielos y todos cuantos están en la
tierra, y se determina su destino, si sois de aquellos que creen y
reconocen esta verdad. Di: Mediante ella los pobres han sido
enriquecidos; los eruditos, iluminados; y a los buscadores se les ha
permitido ascender hasta la presencia de Dios. Cuidado, no sea que la
convirtáis en causa de disensión entre vosotros. Estad firmemente
asentados, cual montaña inamovible, en la Causa de vuestro Señor, el
Poderoso, el Amoroso.

LXXI. No os consternéis, oh pueblos del mundo, cuando el Sol de mi
belleza se haya puesto, y el cielo de mi tabernáculo esté oculto a
vuestros ojos. Levantaos a promover mi Causa y exaltar mi Palabra entre
los hombres. Estamos con vosotros en todo momento y os fortaleceremos con
el poder de la verdad. Somos, ciertamente, todo poderosos. Quienquiera
que me haya reconocido se levantará y me servirá con tal determinación,
que las fuerzas de la tierra y del cielo serán incapaces de vencer su
propósito.

Los pueblos del mundo están profundamente dormidos. Si despertaran
de su sueño, con ansia se apresurarían en ir hacia Dios, el Omnisciente,
el Omnisapiente. Desecharían cuanto poseen, aunque fuesen todos los
tesoros de la tierra, para que su Señor les recordara hasta el punto de
dirigirles una sola palabra. Tal es la instrucción que os ha dado Aquel
quien tiene el conocimiento de cosas ocultas, en una Tabla que el ojo de
la creación no ha visto, ni ha sido revelada a nadie excepto a Él mismo,
el Protector omnipotente de todos los mundos. Tan confusos están por la
embriaguez de sus deseos perversos, que son incapaces de reconocer al
Señor de todo lo que existe, cuya voz desde todas direcciones proclama:
"No hay Dios fuera de mí, el Poderoso, el Omnisapiente."

Di: No os regocijéis dé las cosas que poseéis; esta noche son
vuestras, mañana otros las poseerán. Así os advierte Aquel quien es el
Omnisciente, el Informante de Todo. Di: ¿Podéis aseverar que lo que
poseéis es permanente o seguro? ¡No! Por mi mismo, el Todo
Misericordioso. Los días de vuestra vida huyen como un soplo de viento y
todo vuestro fausto y gloria llegarán a su fin, así como terminaron la
pompa y la gloria de aquellos que os precedieron. ¡Reflexionad, oh
pueblo! ¿Qué ha sido de vuestros días pasados, de vuestros siglos
perdidos? Felices los días que han sido consagrados al recuerdo de Dios,
y benditas las horas que se han dedicado a la alabanza de Aquel quien es
el Omnisapiente. ¡Por mi vida! Ni la fastuosidad del poderoso, ni la
abundancia del rico, ni aún el ascendiente del impío, perdurarán. Todo
perecerá, con una palabra suya. Él es, ciertamente, el Omnipotente, el
que Todo lo Compele, el Todopoderoso. ¿Qué ventaja hay en los bienes
terrenales que los hombres poseen? Aquello que les beneficiará, lo han
desdeñado. Dentro de poco, despertarán de su sueño, y encontrarán que no
pueden obtener aquello que han dejado pasar en los días de su Señor, el
Todopoderoso, el Todo Alabado. Si lo supieran, renunciarían a todo cuanto
poseen, para que sus nombres fueran mencionados ante su trono.
Ciertamente, ellos son contados entre los muertos.

LXXII. Que vuestros corazones no se perturben, oh pueblo, cuando se
haya retirado la gloria de mi Presencia, y acallado el océano de mi
Palabra. Hay una sabiduría en mi presencia entre vosotros, y en mi
ausencia hay aún otra, inescrutable para todos salvo Dios, el
Incomparable, el Omnisciente. En verdad, os contemplamos desde nuestro
reino de gloria, y ayudaremos a quienquiera se levante Para el triunfo de
nuestra Causa con las huestes del Concurso en lo alto y una compañía de
nuestros ángeles predilectos.

¡Oh pueblos de la tierra! Dios, la Eterna Verdad, es mi testigo,
que mansas y frescas corrientes de agua han brotado de las rocas por la
influencia de las dulces palabras pronunciadas por vuestro Señor, el
Irrestringido; y aún estáis dormidos. Desechad lo que poseéis y, en alas
del desprendimiento, remontaos más allá de todo lo creado. Así os ordena
el Señor de la creación, el movimiento de cuya Pluma ha revolucionado el
alma de la humanidad.

¿Sabéis desde qué altura os está llamando vuestro Señor, el Todo
Glorioso? ¿Pensáis que habéis reconocido la Pluma con la cual os ordena
vuestro Señor, el Señor de todos los nombres? ¡No, por mi vida! Si lo
supierais, renunciaríais al mundo y de todo corazón iríais presurosos a
la presencia del Bienamado. Vuestro espíritu sería a tal punto extasiado
por su Palabra, que causaría conmoción en el Mundo Mayor: ¡cuánto más en
este mundo pequeño y mezquino! Así han sido derramadas las lluvias de mi
generosidad desde el cielo de mi amorosa bondad, como signo de mi gracia;
para que seáis de los agradecidos.

Cuidaos, no sea que los deseos de la carne y de una inclinación
corrupta provoquen división entre vosotros. Sed como los dedos de una
mano y los miembros de un cuerpo. Así os aconseja la Pluma de la
Revelación, si sois de los que creen.

Considerad la misericordia de Dios y sus dádivas. Él os ordena lo
que os aprovechará, aunque Él mismo puede prescindir de todas las
criaturas. Vuestras malas acciones no pueden hacernos daño; tampoco
pueden beneficiarnos vuestras buenas obras. Os emplazamos sólo por amor a
Dios. Esto lo atestigua todo hombre perspicaz y de entendimiento.

LXXIII. Es claro y evidente que cuando los velos que ocultan las
realidades de las manifestaciones de los Nombres y Atributos de Dios, más
aún, de todas las cosas creadas visibles o invisibles, hayan sido
rasgados, nada quedará sino el Signo de Dios, un signo que Él mismo ha
puesto dentro de estas realidades. Este signo perdurará tanto tiempo como
sea el deseo del Señor, tu Dios, el Señor de los cielos y de la tierra.
Si tales son las bendiciones conferidas sobre todas las cosas creadas,
cuán superior debe ser el destino del verdadero creyente, cuya existencia
y vida deben ser consideradas como el propósito primordial de la
creación. Así como la concepción de la fe ha existido desde el principio
que no tiene principio, y perdurará hasta el fin que no tiene fin,
similarmente el verdadero creyente vivirá y perdurará eternamente. Su
espíritu girará por siempre en torno de la Voluntad de Dios. Él durará
tanto tiempo como Dios mismo. Él es manifestado por la Revelación de Dios
y oculto por su mandato. Es evidente que las más excelsas mansiones en el
Reino de Inmortalidad han sido ordenadas como habitación de aquellos que
verdaderamente han creído en Dios y en sus signos. La muerte jamás podrá
invadir aquel sagrado recinto. Es así como te hemos confiado los signos
de tu Señor para que perseveres en tu amor por Él, y seas de aquellos que
comprenden esta verdad.

LXXIV. Toda palabra que emana de los labios de Dios, está dotada
con tal potencia que puede instilar nueva vida en cada ser humano, si
sois de aquellos que comprenden esta verdad. Todas las maravillosas obras
que contempláis en este mundo han sido manifestadas mediante la acción de
su suprema y exaltada Voluntad, su maravilloso e inflexible Propósito.
Con la mera revelación de la palabra "Modelador", pronunciada por sus
labios y que proclama su atributo a la humanidad, es liberada tal
potencia que puede engendrar a través de edades sucesivas todas las
múltiples artes que las manos del hombre pueden producir. Ésta es,
indudablemente, una clara verdad. En cuanto es pronunciada esta
resplandeciente palabra, sus energías animadoras, agitándose dentro de
todas las cosas creadas, dan nacimiento a los medios e instrumentos con
los cuales tales artes pueden ser producidas y perfeccionadas. Todas las
maravillosas obras que ahora presenciáis son la consecuencia directa de
la Revelación de este Nombre. En los días que vendrán, veréis por cierto
cosas de las cuales jamás habéis oído. Así ha sido decretado en las
Tablas de Dios, y nadie puede comprenderlo, salvo aquellos cuya vista es
aguda. Igualmente, en el instante en que la palabra que expresa mi
atributo "El Omnisciente" emane de mi boca, toda cosa creada, de acuerdo
con su capacidad y limitación, será investida con la fuerza para exponer
el conocimiento de las más maravillosas ciencias y será facultada para
manifestarlas con el transcurso del tiempo por el mandato de Aquel quien
es el Todopoderoso, el Conocedor de Todo. Sabe con certeza que la
revelación de cualquier otro Nombre está acompañada de una similar
manifestación de fuerza divina. Cada letra que procede de los labios de
Dios es verdaderamente una letra madre, y cada palabra pronunciada por
Él, quien es la Fuente de la Revelación Divina, es una palabra madre y Su
Tabla una Tabla Madre. Venturosos son quienes emprenden esta verdad.

LXXV. Rasgad, en mi Nombre, los velos que en forma agraviante han
cegado vuestra visión, y por medio del poder nacido de vuestra creencia
en la unidad de Dios, dispersad los ídolos de la vana imitación. Entrad
entonces, en el sagrado paraíso de la complacencia del Todo
Misericordioso. Santificad vuestras almas de todo lo que no sea de Dios y
disfrutad de la dulzura del descanso dentro de los confines de su vasta y
poderosa Revelación, bajo la sombra de su suprema e infalible autoridad.
No permitáis que los densos velos de vuestros deseos egoístas os
envuelvan, ya que he perfeccionado mi corazón en cada uno de vosotros,
para que la excelencia de mi obra pueda ser completamente revelada a los
hombres. Por consiguiente, cada ser humano ha sido, y continuará siendo,
capaz de apreciar por sí mismo la Belleza de Dios, el Glorificado. ¿Si no
hubiera sido dotado de dicha capacidad, cómo podría haber sido llamado a
responder de su falta? Si en el Día en que todos los pueblos de la tierra
sean congregados ante la presencia de Dios se preguntare a alguna
persona: "¿Por qué no has creído en mi belleza y te has apartado de mí?"
y si tal persona respondiere diciendo: "Ya que todos los hombres han
errado y no se ha encontrado a nadie dispuesto a volver su rostro hacia
la Verdad, yo también, siguiendo su ejemplo, gravemente he dejado de
reconocer la Belleza del Eterno", tal defensa será seguramente rechazada.
Por cuanto la fe de ningún hombre puede depender de otro que no sea él
mismo.

Ésta es una de las verdades que está guardada en mí Revelación,
verdad que he revelado en todos los Libros sagrados, que he hecho
pronunciar a la Lengua de Grandeza y he hecho inscribir a la Pluma del
Poder. Meditad un tiempo sobre ella, para que con vuestra visión interior
y exterior, percibáis las sutilezas de la sabiduría divina y descubráis
las gemas del conocimiento celestial, que en lenguaje claro y ponderoso
he revelado en esta exaltada e incorruptible Tabla, para que no os
separéis del Más Elevado Trono, del Árbol, más allá del cual no hay paso,
de la Habitación del eterno poder y gloria.

Las signos de Dios brillan tan manifiesta y resplandecientemente
como el sol entre las obras de sus criaturas. Todo lo que procede de Él
es distinto de los inventos de los hombres y permanecerá siempre
diferente de ellos. De la Fuente de su conocimiento se han levantado
innumerables Lumbreras de erudición y sabiduría, y del Paraíso de su
Pluma el aliento del Todo Misericordioso ha sido exhalado continuamente a
los corazones y almas de los hombres. Felices son aquellos que han
reconocido esta verdad.

LXXVI. Presta atención, oh mí siervo, a lo que se te envía desde el
Trono de tu Señor, el Inaccesible, el Más Grande. No hay otro Dios salvo
Él. Él ha hecho existir a sus criaturas, para que conozcan a Aquel quien
es el Compasivo, el Todo Misericordioso. A las ciudades de todas las
naciones Él ha enviado a sus mensajeros, con la misión de anunciar a los
hombres las nuevas del Paraíso de su complacencia y de atraerlos al
Refugio de perdurable seguridad, la Sede de la eterna santidad y
trascendente gloria.

Algunos fueron guiados por la Luz de Dios, fueron admitidos en la
corte de su presencia, y de las manos de la resignación bebieron las
aguas de vida eterna y fueron contados entre aquellos que verdaderamente
le reconocieron y creyeron en Él. Otros se rebelaron contra Él y
rechazaron los signos de Dios, el Más Fuerte, el Todopoderoso, el
Omnisapiente.

Edades pasaron hasta que alcanzaron su consumación en éste, el
Señor de los días, Día en que el Sol del Bayán se manifestó sobre el
horizonte de la misericordia, Día en que la Belleza del Todo Glorioso
brilló en la exaltada persona de 'Alí Muhammad, el Báb. Tan pronto como
se manifestó, todo el mundo se alzó contra Él. Fue denunciado por algunos
como uno que había calumniado a Dios, el Todo Poderoso, el Antiguo de los
Días. Otros lo consideraron como un hombre poseído de locura, acusación
que Yo mismo escuché de los labios de uno de los sacerdotes. Aun otros
disputaron su aseveración de ser el Portavoz de Dios y lo estigmatizaron
diciendo que había robado y usado como suyas las palabras del
Todopoderoso, y que había pervertido su significado mezclándolas con las
suyas propias. El Ojo de Grandeza llora amargamente por las cosas que sus
labios han pronunciado mientras continúan regocijándose en sus asientos.

Él dijo: "¡Dios es mi Testigo, oh pueblo! He venido a vosotros con
una Revelación del Señor, vuestro Dios, el Señor de vuestros antepasados.
Oh pueblo, no miréis las cosas que poseéis Más bien, mirad las cosas que
Dios os ha enviado. Esto, seguramente, será mejor para vosotros que toda
la creación, si sólo pudierais comprenderlo. Mirad nuevamente, oh
pueblo, y considerad el testimonio de Dios y su prueba, que están en
vuestras manos, y comparadlas con la Revelación que en este Día os ha
sido enviada, para que la verdad, la infalible verdad, os sea manifestada
sin duda alguna. No sigáis, oh pueblo, los pasos del Malvado; seguid la
Fe del Todo Misericordioso y sed de aquellos que verdaderamente creen.
¿Qué ventaja sacaría el hombre si no reconociera la Revelación de Dios?
Absolutamente ninguna. De esto, mi propio Ser, el Omnipotente, el
Omnisciente, el Omnisapiente será testigo".

Cuánto más los exhortaba, más feroz se hizo su enemistad, hasta que
finalmente le dieron muerte con vergonzosa crueldad. ¡La maldición de
Dios caiga sobre los opresores!

Unos cuantos creyeron en Él; pocos de nuestros siervos son los
agradecidos. A éstos les amonestó en todas Sus Tablas -más aún, en cada
pasaje de sus maravillosos escritos- para que no se entregaran a nada en
el Día de la Revelación prometida, ya sea en el cielo o en la tierra.
"¡Oh pueblo!", dijo Él, "Me he revelado para la Manifestación de Él y he
hecho que mi Libro, el Bayán, descienda sobre vosotros sin otro propósito
que establecer la verdad de su Causa. Temed a Dios y no disputéis con Él
como el pueblo del Corán disputó conmigo. Cuando quiera escuchéis hablar
de Él, apresuraos hacia Él y aferraos a todo lo que Él os revele. Nada,
que no sea Él, jamás os puede aprovechar; no, aunque presentéis los
testimonios de todos los que os han precedido desde el primero hasta el
último".

Y cuando después de algunos años, el cielo del divino decreto fue
hendido, y la Belleza del Báb apareció en las nubes de los nombres de
Dios, ataviado con una nueva vestidura, esta misma gente maliciosamente
se levantó contra Él, cuya luz abarca todas las cosas creadas. Violaron
su Convenio, rechazaron su verdad, disputaron con Él, objetaron sus
signos, denunciaron su testimonio como falso y se unieron a la compañía
de los infieles. Finalmente determinaron darle muerte. ¡Tal es el estado
de quienes están en grave error!

Y cuando se dieron cuenta de su impotencia para alcanzar su
propósito, urdieron intrigas contra Él. Atestiguad, cómo en cada momento
inventan un nuevo recurso para dañarle y de este modo perjudicar y
deshonrar la causa de Dios. Di: ¡Ay de vosotros! ¡Por Dios! Vuestras
artimañas os cubren de vergüenza. Vuestro Señor, el Dios de Misericordia,
bien puede prescindir de todas sus criaturas. Nada puede aumentar o
disminuir lo que Él posee. Si creéis en Él, será para vuestro propio
provecho; y si no creéis, seréis vosotros quienes padeceréis. En ningún
momento, la mano del infiel puede profanar la orla de su Manto.

¡Oh mi siervo, que crees en Dios! ¡Por la rectitud del
Todopoderoso! Si Yo te relatara la historia de las cosas que me han
acontecido, las almas y mentes de los hombres serían incapaces de
sostener su peso. Dios mismo es mi testigo. Vela sobre ti mismo y no
sigas los pasos de esta gente. Medita diligentemente sobre la Causa de tu
Señor. Esfuérzate para conocerle por medio de su propio Ser y no por
medio de otros. Pues nadie sino Él jamás podrá beneficiarte. Esto lo
atestiguarán todas las cosas creadas, si sólo pudieras comprenderlo.

Emerge de tras el velo, con el consentimiento de tu Señor, el Todo
Glorioso, el Más Fuerte, y a la vista de aquellos que están en los
cielos y en la tierra, toma el Cáliz de la Inmortalidad y en el nombre de
tu Señor, el Inaccesible, el Altísimo, bebe cuanto puedas, y no seas de
los que tardan. ¡Juro por Dios! En el momento en que tus labios toquen el
Cáliz, el Concurso en lo alto te aclamará diciendo: "¡Bebe con saludable
fruición, oh hombre, que has creído de veras en Dios!", y los habitantes
de las Ciudades de la Inmortalidad exclamarán "¡La alegría sea para ti,
oh tú que has vaciado el Cáliz de su amor!", y la Lengua de Grandeza te
saludará: "Grande la bienaventuranza que te espera, oh mi siervo, pues tú
has alcanzado lo que nadie ha alcanzado, salvo quienes se han desprendido
de lo que hay en los cielos y lo que hay en la tierra, y que son los
emblemas del verdadero desprendimiento".

LXXVII. Y ahora respecto de tu pregunta que se refiere a la
creación del hombre. Sabe que todos los hombres han sido creados en la
naturaleza hecha por Dios, el Guardián, el que Subsiste por sí mismo. A
cada uno le ha sido prescrita una medida preordinada, según está
decretado en las poderosas y resguardadas Tablas de Dios. Sin embargo,
todo lo que poseéis potencialmente sólo puede manifestarse como resultado
de vuestra propia voluntad. Vuestras acciones atestiguan esta verdad. Por
ejemplo, considerad aquello que ha sido prohibido a los hombres en el
Bayán. En aquel Libro, Dios, por su mandato, ha declarado legal, todo
aquello que Él ha deseado decretar y, mediante la fuerza de su soberano
poder, ha prohibido todo aquello que Él ha deseado prohibir. Esto lo
testifica el texto de ese Libro. ¿No seréis vosotros testigos? Sin
embargo, los hombres han violado conscientemente su ley. ¿Tal
comportamiento debe ser atribuido a Dios o a ellos mismos? Sed justos en
vuestro juicio. Toda cosa buena es de Dios y todo lo malo procede de
vosotros. ¿No lo comprenderéis? Esta misma verdad ha sido revelada en
todas las Escrituras, si sois de los que entienden. Toda acción que
meditáis, es tan clara para Él, como cuando ya ha sido ejecutada. No hay
otro Dios salvo Él. Suya es toda la creación y su imperio. Todo está
revelado ante Él, todo está registrado en sus sagradas y ocultas Tablas.
Sin embargo, esta precognición de Dios, no debe considerarse como causa
de las acciones de los hombres, al igual que vuestro propio conocimiento
de que cierto acontecimiento ha de ocurrir o vuestro deseo que ocurra, no
es y nunca será la razón de que éste suceda.

LXXVIII. Acerca de tu pregunta concerniente al origen de la
creación. Sabe con toda seguridad que la creación de Dios ha existido
desde la eternidad y continuará existiendo para siempre. Su principio no
ha tenido principio y su fin no conoce fin. Su nombre, el Creador,
presupone una creación, así como su título, el Señor de los Hombres,
implica la existencia de un siervo.

En cuanto a las afirmaciones, atribuidas a los profetas del pasado,
tales como "En el comienzo era Dios, no existían criaturas para
conocerle" y "El Señor estaba solo; no había nadie que le adorara", el
significado de éstas y otras frases similares es claro y evidente, y en
ningún momento deben ser interpretadas mal. De esta misma verdad son
testimonio las siguientes palabras que Él ha revelado "Dios estaba solo;
no había nadie excepto Él; Él siempre seguirá siendo lo que Él siempre ha
sido". Cualquier persona dotada de discernimiento puede comprender
inmediatamente que el Señor está manifiesto ahora, sin embargo, no hay
nadie que reconozca su gloria. Con esto se quiere decir que la morada en
que reside este Ser Divino está muy por encima del alcance y comprensión
de otro que no sea Él. Cualquier cosa que en el mundo contingente pueda
ser expresada o comprendida, jamás podrá traspasar los límites que por su
naturaleza inherente le han sido impuestos. Sólo Dios trasciende esas
limitaciones. Él, verdaderamente, es sempiterno. Ningún par o socio ha
sido, ni podrá ser jamás asociado con Él. Ningún nombre puede ser
comparado con su Nombre. Ninguna pluma puede retratar su naturaleza, como
tampoco puede lengua alguna describir su gloria. Para siempre Él
permanecerá inmensurablemente exaltado sobre cualquiera salvo Él mismo.

Considera la hora en que la suprema Manifestación de Dios se revela
a los hombres. Hasta la llegada de esa hora, el Antiguo Ser, quien
permanece todavía desconocido a los hombres, y que no ha dado aún
expresión a la Palabra de Dios, es, Él mismo, el Omnisciente en un mundo
en que no hay ningún hombre que le haya conocido. Él, en verdad, es el
Creador sin una creación. Por cuanto, en el momento que precede su
Revelación, cada una y todas las cosas creadas habrán de entregar su alma
a Dios. Éste es, de hecho, el Día del cual se ha escrito "¿De quién será
el Reino en este Día?" ¡Y no se encuentra a nadie preparado para
contestar!

LXXIX. Respecto de tu pregunta sobre los mundos de Dios. Sabe, en
verdad, que los mundos de Dios son incontables en su número e infinitos
en su extensión. Nadie puede contarlos ni comprenderlos salvo Dios, el
Omnisciente, el Omnisapiente. Considera tu estado cuando duermes.
Ciertamente, digo, este fenómeno es el más misterioso de los signos de
Dios entre los hombres, si sólo lo ponderaran en sus corazones. Ve como
aquello que has visto en tu sueño después de un considerable lapso se
realiza plenamente. Si el mundo en que te encontrabas en tu sueño fuera
idéntico con el mundo en que vives, seria necesario que el acontecimiento
que ocurre en aquel sueño sucediera en este mundo en el mismo instante de
su acaecimiento. Si fuera así, tú mismo lo atestiguarías. Sin embargo,
como éste no es el caso necesariamente se concluye que el mundo en que
vives es diferente y distinto de aquel que tú has presenciado en tu
sueño. Aquel mundo no tiene principio ni fin. Sería verdad si afirmaras
que ese mismo mundo, como lo ha decretado Dios, Todo Glorioso y
Omnipotente, está dentro de tu propio ser y está envuelto dentro de ti.
Sería igualmente cierto sostener que tu espíritu, después de haber
traspasado las limitaciones del sueño y de haberse desligado de toda
atracción terrenal, por la acción de Dios ha sido impulsado a recorrer un
reino que yace oculto en la más íntima realidad de este mundo.
Verdaderamente digo, que la creación de Dios abarca otros mundos fuera de
éste y otras criaturas fuera de éstas. En cada uno de estos mundos Él ha
ordenado cosas que nadie puede escudriñar, excepto Él mismo, el que Todo
lo Escudriña, el Omnisapiente. Medita sobre aquello que te hemos
revelado, para que descubras el propósito de Dios, tu Señor, el Señor de
todos los mundos. En estas palabras han sido atesorados los misterios de
la Sabiduría Divina. Nos hemos abstenido de extendernos sobre este tema
por el dolor que nos ha rodeado a causa de las acciones de aquellos que
han sido creados mediante nuestras palabras, si eres de aquellos que
escuchan nuestra Voz.

LXXX. Me has preguntado si el hombre, con excepción de los profetas
de Dios y de sus escogidos, conserva, después de su muerte física, la
misma individualidad, personalidad, conciencia y entendimiento que
caracterizan su vida en este mundo. Has observado que si esto fuera así,
¿cómo es que, mientras ligeras perturbaciones en sus facultades mentales
tales como desmayo y enfermedad severa le privan de su entendimiento y
conciencia, la muerte, que implica la descomposición de su cuerpo y la
disolución de sus elementos, es impotente para destruir ese entendimiento
y extinguir esa conciencia? ¿Cómo puede alguien imaginarse que la
conciencia y personalidad del hombre se mantienen, cuando los
instrumentos necesarios para su existencia y función han sido
completamente desintegrados?

Sabe que el alma del hombre, es exaltada sobre todas las
enfermedades de cuerpo y mente y es independiente de ellas. Que una
persona enferma muestre signos de debilidad, se debe a los obstáculos que
se interponen entre su alma y su cuerpo, porque el alma misma no es
afectada por ninguna dolencia del cuerpo. Considera la luz de la lámpara.
Aunque un objeto exterior interfiera su resplandor, la luz en sí
continúa brillando sin disminuir su poder. De igual manera, cualquier mal
que afecte el cuerpo del hombre, es un obstáculo que impide la
manifestación del poder y fuerza inherentes al alma. Cuando ésta abandona
el cuerpo, sin embargo, evidenciará tal ascendiente y revelará tal
influencia como ninguna fuerza en la tierra puede igualar. Cada alma
pura, refinada y santificada será dotada de tremenda fuerza y se
regocijará con inmensa alegría.

Considera la lámpara cuando se cubre. Aunque su luz brille, su
resplandor está oculto a los hombres. De igual modo considera el sol,
cuando ha sido oscurecido por las nubes. Observa cómo su esplendor parece
haber disminuido, cuando en realidad la fuente de aquella luz no ha
cambiado. El alma del hombre debe ser comparada con este sol, y todas las
cosas de la tierra, consideradas como su cuerpo. Mientras ningún
obstáculo externo se interponga entre ellos, el cuerpo en su totalidad
continuará reflejando la luz del alma y será sostenido por su fuerza. Sin
embargo, tan pronto como un velo se interpone entre ellos, el brillo de
esa luz parece disminuir.

Considera además el sol cuando está completamente oculto tras las
nubes. Aunque la tierra está todavía iluminada con su luz, la medida de
luz que recibe se ha reducido considerablemente. Hasta que las nubes no
se hayan dispersado, el sol no brillará en la plenitud de su gloria. Ni
la presencia ni la ausencia de la nube pueden, en forma alguna, afectar
el esplendor inherente al sol. El alma del hombre es el sol que ilumina
su cuerpo y del cual deriva su sustento y debe considerarse así.

Aún más, considera cómo el fruto antes de formarse, yace
potencialmente dentro del árbol. Si se cortara el árbol en pedazos, no
podría encontrarse ningún signo o partícula del fruto, por pequeña que
fuera. Sin embargo, como has observado, cuando el fruto aparece, se
manifiesta con su maravillosa hermosura y gloriosa perfección. Ciertos
frutos, realmente, alcanzan su pleno desarrollo sólo después que han sido
separados del árbol.

LXXXI. Y ahora, referente a tu pregunta acerca del alma del hombre
y su supervivencia después de la muerte. Sabe tú ciertamente que el alma
después de su separación del cuerpo, continuará progresando hasta que
alcance la presencia de Dios, en un estado y condición que ni la
revolución de las edades y siglos, ni los cambios o azares de este mundo
pueden alterar. Perdurará tanto como el Reino de Dios, su soberanía, su
dominio y fuerza perduren. Manifestará los signos de Dios y sus atributos
y revelará su amorosa bondad y generosidad. El movimiento de mi Pluma se
detiene cuando intenta describir apropiadamente la grandeza y gloria de
tan exaltada posición. El honor con el cual la Mano de Misericordia
investirá al alma es tal, que ninguna lengua puede revelarlo
adecuadamente, ni ningún otro medio terrenal puede describir. Bendita es
el alma que en la hora de su separación del cuerpo esté purificada de las
vanas imaginaciones de los pueblos del mundo. Tal alma vive y se mueve de
acuerdo con la Voluntad de su Creador y entra al más elevado Paraíso. Las
doncellas del cielo, habitantes de las más sublimes mansiones, la
rodearán y los profetas de Dios y sus escogidos buscarán su compañía.
Esta alma conversará con ellos libremente, y les contará lo que ha tenido
que soportar en el sendero de Dios, el Señor de todos los mundos. Si se
dijera a cualquier hombre, lo que ha sido ordenado para tal alma en los
mundos de Dios, el Señor del trono en lo alto y de aquí en la tierra,
todo su ser se inflamaría instantáneamente en su gran anhelo por alcanzar
aquella exaltada, santificada y resplandeciente posición.... La
naturaleza del alma después de la muerte, nunca podrá ser descrita; no es
conveniente, ni permisible revelar todo su carácter a los ojos de los
hombres. Los profetas y mensajeros de Dios han sido enviados con el único
propósito de guiar a la humanidad en el recto Sendero de la Verdad. El
propósito fundamental de su revelación ha sido educar a todos los hombres
para que, en la hora de su muerte, asciendan con la mayor pureza y
santidad y con absoluto desprendimiento hacia el trono del Altísimo. La
luz que estas almas irradian es responsable del progreso del mundo y del
adelanto de sus pueblos. Son como levadura, que hace levantar el mundo
del ser y constituyen la fuerza animadora por la cual las artes y
maravillas del mundo se manifiestan. Por medio de ellas las nubes
derraman su munificencia sobre los hombres y la tierra produce sus
frutos. Todas las cosas tienen necesariamente una causa, una fuerza
motora, un principio animador. Estas almas y símbolos de desprendimiento
han provisto y continuarán proveyendo al mundo del ser con el supremo
impulso movedor. El otro mundo es tan diferente de este mundo, como lo es
éste del mundo de la criatura mientras está en el vientre de la madre.
Cuando el alma alcance la Presencia de Dios, tomará la forma que sea más
apropiada a su inmortalidad y digna de su habitación celestial. Tal
existencia es contingente y no existencia absoluta, ya que una es
precedida por una causa, mientras que la otra es independiente de ella.
La existencia absoluta está limitada estrictamente a Dios. ¡Exaltada sea
su gloria! Venturosos son quienes comprenden esta verdad. Si ponderaras
en tu corazón la conducta de los profetas de Dios, seguramente
atestiguarías de inmediato que necesariamente deben haber otros mundos
además de éste. Como ha sido registrado en la Tabla de la Sabiduría por
la Pluma del Glorioso, la mayoría de los verdaderos sabios y doctos, a
través de todas las edades, han atestiguado la verdad de lo que el
sagrado Verbo de Dios ha revelado. Aun los materialistas han dejado
testimonio en sus escritos de la sabiduría de estos mensajeros
divinamente nombrados, y han considerado que las referencias hechas por
los profetas acerca del Paraíso, fuego del infierno, futura recompensa y
castigo, han tenido su origen en el deseo de educar y elevar las almas de
los hombres. Considera, por consiguiente, cómo la mayoría de la
humanidad, cualesquiera que fueran sus creencias o teorías, ha reconocido
la excelencia de estos profetas de Dios y ha admitido su superioridad.
Estas Gemas de Desprendimiento son aclamadas por algunos, como las
personificaciones de la sabiduría, en tanto que otros las consideran como
portavoz de Dios mismo. ¿Cómo podrían, tales almas haber consentido
entregarse a sus enemigos, si hubieran creído que todos los mundos de
Dios se reducen a esta vida terrenal? ¿Hubieran sufrido violentamente
tales aflicciones y tormentos como jamás ningún hombre ha experimentado o
presenciado?

LXXXII. Me has preguntado acerca de la naturaleza del alma. Sabe en
verdad, que el alma es un signo de Dios, una gema celestial cuya realidad
los más doctos de los hombres no han comprendido, y cuyo misterio ninguna
mente, por aguda que sea, podrá esperar jamás desentrañar. Es, entre
todas las cosas creadas, la primera en declarar la excelencia de su
creador, la primera en reconocer su gloria, en aferrarse a su verdad, e
inclinarse en adoración ante Él. Si es fiel a Dios, reflejará su luz y
finalmente regresará a Él. Si, por el contrario, no es leal a su Creador,
se convertirá en una víctima del yo y de la pasión y, por último, se
hundirá en sus profundidades.

Quienquiera, que haya rehusado permitir en este Día, que las dudas
y fantasías de los hombres lo aparten de Aquel quien es la Verdad Eterna,
y no ha dejado que el tumulto provocado por las autoridades seglares y
eclesiásticas le impidan reconocer su Mensaje, tal hombre será
considerado por Dios, el Señor de todos los hombres, como uno de sus más
poderosos signos y será contado entre aquellos cuyos nombres han sido
inscritos por la Pluma del Altísimo en su Libro. Bendito aquel que ha
reconocido el verdadero estado y posición de tal alma y ha descubierto
sus virtudes.

En los libros del pasado, mucho se ha escrito sobre los diversos
grados en el desarrollo del alma, tales como concupiscencia,
irascibilidad, inspiración, benevolencia, contento, divina complacencia y
otros; sin embargo, la Pluma del Altísimo no está dispuesta a tratar de
ellos. En este Día toda alma que camine humildemente con su Dios y se
aferra a Él, se encontrará investida con el honor y gloria de todos los
bellos nombres y posiciones.

Cuando el hombre duerme, de ningún modo puede decirse que su alma
haya sido afectado inherentemente por algún objeto externo. No es
susceptible de ningún cambio en su estado o carácter originales.
Cualquier variación en sus funciones, se debe a causas externas. Es a
estas influencias externas que deben ser atribuidas cualesquiera
variaciones en su ambiente, entendimiento y percepción.

Considera el ojo humano. Aunque tiene la facultad de percibir todas
las cosas creadas, sin embargo, el más pequeño impedimento obstruirá su
visión tanto como para privarlo del poder de distinguir cualquier objeto.
Alabado sea el nombre de Aquel quien ha creado todas estas causas y es la
Causa de ellas, que ha ordenado que todo cambio y variación en el mundo
del ser dependan de ellas. Toda cosa creada en el universo entero no es
sino una puerta que conduce al conocimiento de Él, un signo de su
soberanía, una revelación de sus nombres, un símbolo de su majestad, una
muestra de su fuerza, un medio de ser admitido en su recto Sendero....

En verdad digo que el alma humana es en su esencia uno de los
signos de Dios, un misterio entre sus misterios. Es uno de los poderosos
signos del Omnipotente, el heraldo que proclama la realidad de todos los
mundos de Dios. Dentro de ella yace oculto lo que ahora el mundo es
completamente incapaz de comprender. Pondera en tu corazón la revelación
del Alma de Dios que penetra todas sus Leyes y compárala con esa
naturaleza baja y apetecedora que se ha rebelado contra Él, que prohibe a
los hombres volverse hacia el Señor de los Nombres, y que los empuja ir
tras sus deseos y perversidad. En verdad tal alma se ha adentrado lejos
en el sendero del error....

Además me has preguntado sobre el estado del alma después de su
separación del cuerpo. Sabe, de verdad, que si el alma del hombre ha
seguido los caminos de Dios, ciertamente regresará y será recogida en la
gloria del Amado. ¡Por la rectitud de Dios! Logrará una posición que
ninguna pluma puede retratar, ni lengua describir. El alma que se ha
mantenido fiel a la Causa de Dios, y ha permanecido invariablemente firme
en su Sendero, poseerá después de su ascensión tal poder que obtendrán
provecho de ella todos los mundos que el Todopoderoso ha creado. Tal alma
suministra a petición del Rey Ideal y Educador Divino, la levadura pura
que fermenta el mundo del ser, y provee la fuerza, por la cual las artes
y maravillas del mundo se hacen manifiestas. Considera que la harina
necesita levadura para fermentar. Aquellas almas que son el símbolo del
desprendimiento son la levadura del mundo. Medita sobre esto y sé de los
agradecidos.

En algunas de nuestras Tablas, nos hemos referido a este tema y
hemos mostrado las variadas etapas del desarrollo del alma. En verdad te
digo, que el alma humana está exaltada por encima de todo egreso y
regreso. Está quieta, y sin embargo se remonta; se mueve, y sin embargo
está quieta. Es, en sí, una prueba que atestigua la existencia de un
mundo contingente, así como la realidad de un mundo que no tiene
principio ni fin. Ve cómo el sueño que has tenido, después del lapso de
muchos años se representa de nuevo ante tus ojos. Considera cuán extraño
es el misterio del mundo que aparece en tus sueños. Pondera en tu corazón
la inescrutable sabiduría de Dios y medita sobre sus múltiples
revelaciones....

Atestigua las maravillosas muestras de la obra de Dios, y
reflexiona sobre su alcance y carácter. Aquel quien es el Sello de los
Profetas ha dicho: "¡Acrecienta mi admiración y asombro por ti, oh Dios!"

Respecto de tu pregunta si el mundo físico está sujeto a
limitaciones, sabe que la comprensión de este tema depende del observador
mismo. En un sentido está limitado; en otro sentido está exaltado más
allá de toda limitación. El Dios único y verdadero ha existido
eternamente, y eternamente continuará existiendo. Su creación, asimismo,
no ha tenido principio ni tendrá fin. Sin embargo, todo lo creado es
precedido por una causa. Este hecho en sí establece, sin la menor sombra
de duda, la unidad del Creador.

Además me has preguntado acerca de la naturaleza de las esferas
celestes. Para comprender su naturaleza sería necesario inquirir el
significado de las alusiones que se han hecho sobre las esferas celestes
y los cielos en los Libros del pasado, y descubrir el carácter de su
relación con este mundo físico y la influencia que ejercen sobre él. Todo
corazón se maravilla ante un tema tan anonadador, y toda mente queda
perpleja por su misterio. Solamente Dios puede sondear su significación.
Los sabios que han fijado en varios miles de años la vida de esta tierra,
no han considerado durante el largo período de sus observaciones ni el
número ni la edad de los otros planetas. Considera además las múltiples
divergencias que han resultado de las teorías propuestas por estos
hombres. Sabe que cada estrella fija tiene sus propios planetas, y cada
planeta sus propias criaturas, cuyo número ningún hombre puede calcular.

¡Oh tú que has fijado tus ojos en mi semblante! La Aurora de Gloria
ha manifestado en este Día su esplendor, y la Voz del Más Alto está
llamando. Antes hemos pronunciado estas palabras: "Éste no es el día,
para que alguien cuestione a su Señor. Incumbe a quienquiera que haya
escuchado el Llamado de Dios, proclamado por Aquel quien es la Aurora de
Gloria, levantarse y exclamar: '¡Aquí estoy, aquí estoy, oh Señor de
todos los nombres; aquí estoy, aquí estoy, oh Hacedor de los Cielos!
Atestiguo que por tu Revelación las cosas ocultas en los Libros de Dios
han sido reveladas, y que todo lo que ha sido registrado en las Sagradas
Escrituras se ha cumplido' ".

LXXXIII. Considera la facultad racional con que Dios ha dotado la
esencia del hombre. Examínate a ti mismo y observa cómo tu movimiento y
quietud, tu voluntad y propósito, tu vista y oído, tu olfato y poder de
expresión, y todo aquello que esté en relación con tus sentidos físicos o
percepción espiritual, o los trascienda, procede de la misma facultad y
deben su existencia a ella. Están tan íntimamente ligadas a ella, que si
en menos de un abrir y cerrar de ojos, su relación con el cuerpo humano
se interrumpirá, cada uno de estos sentidos cesaría inmediatamente de
ejercer su función y sería privado del poder de manifestar los signos de
su actividad. Es indudablemente claro y evidente que cada uno de los
medios anteriormente mencionados ha dependido y continuará dependiendo
para su propio funcionamiento de esta facultad racional, que debe ser
considerada como un signo de la revelación de Aquel quien es el soberano
Señor de todo. Mediante su manifestación, todos estos nombres y atributos
han sido revelados y por la suspensión de su acción todos son destruidos
y perecen.

Sería totalmente falso sostener que esta facultad es igual al poder
de visión, por cuanto el poder de visión deriva de ella y actúa
dependiendo de ella. Igualmente, sería vano afirmar que esta facultad
puede ser identificada con el sentido del oído, ya que éste recibe de la
facultad racional, la energía necesaria para ejercer sus funciones.

La misma relación liga a esta facultad con todo lo que haya sido el
recipiente de estos nombres y atributos dentro del templo humano. Estos
nombres diversos y atributos revelados han sido generados mediante la
acción de este signo de Dios. En su esencia y realidad este signo es
inmensamente exaltado por sobre todos esos nombres y atributos. No, más
bien, todo fuera de él, al compararse con su gloria, se desvanece en la
nada absoluta y se vuelve una cosa olvidada.

Si ponderares en tu corazón, desde ahora hasta el fin que no tiene
fin, concentrando toda la inteligencia y entendimiento que las más
grandes mentes han logrado en el pasado o lograrán en el futuro, esta
Realidad sutil y divinamente ordenada, este signo de la revelación del
Dios Viviente y Todo Glorioso, aun así no comprenderás su misterio ni
podrás valorar su virtud. Habiendo reconocido tu impotencia para lograr
un entendimiento adecuado de aquella Realidad que mora dentro de ti,
admitirás prontamente la inutilidad de los esfuerzos que intentes tú o
cualquiera de las cosas creadas, en sondear el misterio del Dios
Viviente, el Sol de gloria que no se desvanece, el Antiguo de los días
sempiternos. Esta confesión de impotencia, que finalmente la
contemplación madura debe impulsar cada mente a hacer, es en sí la cima
del entendimiento humano y marca la culminación del desarrollo del
hombre.

LXXXIV. Considera al Dios único y verdadero como a uno que está
separado de todas las cosas creadas y es inmensamente exaltado sobre
ellas. Todo el universo refleja su gloria, mientras que Él mismo es
independiente de sus criaturas y las trasciende. Éste es el verdadero
significado de la unidad divina. Aquel, quien es la Verdad Eterna, es el
único poder que ejerce indiscutida soberanía sobre el mundo del ser, cuya
imagen se refleja en el espejo de la creación entera. Toda la existencia
depende de Él, y de Él proviene la fuente de sustento de todas las cosas.
Éste es el significado de la unidad divina; éste es su principio
fundamental.

Algunos, engañados por sus vanas fantasías han concebido que todas
las cosas creadas son partícipes y socios de Dios, e imaginan que ellos
mismos son los exponentes de su unidad. ¡Por Aquel quien es el Dios único
y verdadero! Tales hombres han sido, y continuarán siendo, las víctimas
de ciegas imitaciones y deben ser contados entre aquellos que han
restringido y limitado el concepto de Dios.

Es un verdadero creyente en la unidad divina aquel que, lejos de
confundir dualidad con unicidad, rehúsa permitir que ninguna noción de
multiplicidad nuble su conceptos de la singularidad de Dios, quien
considera al Ser Divino como Aquel quien, por su propia naturaleza,
trasciende las limitaciones de los números.

La esencia de la creencia en la unidad divina consiste en
considerar a Aquel quien es la Manifestación de Dios, y a Aquel quien es
el invisible, el inaccesible e incognoscible Esencia, como uno y el
mismo. Con esto quiere decir que todo lo que pertenezca a Él, con todos
sus actos y hechos, todo que Él ordene o prohíba, deben ser considerados,
bajo todos sus aspectos, en todas las circunstancias, y sin reserva
alguna, como idénticos con la Voluntad de Dios mismo. Ésta es la posición
más elevada que puede lograr un verdadero creyente en la unidad de Dios.
Bendito es el hombre que alcanza esta posición y es de aquellos que son
firmes en su creencia.

LXXXV. ¡Oh mis siervos! Os incumbe refrescar y revivir vuestras
almas mediante los misericordiosos favores que, en esta divina, en esta
conmovedora Primavera se derraman sobre vosotros. El Sol de su gran
gloria ha derramado su resplandor sobre vosotros y las nubes de su gracia
ilimitada os han amparado. ¡Cuán grande es la recompensa de aquel que no
se ha privado de tan inmensa generosidad, ni ha dejado reconocer la
belleza de su Bienamado en ésta, su nueva vestidura!

Di: ¡Oh pueblo! La lámpara de Dios está encendida; prestad
atención, no sea que los impetuosos vientos de vuestra desobediencia
extingan su luz. Ahora es el tiempo de levantaros y magnificar al Señor
vuestro Dios. No luchéis por las comodidades materiales, y conservad
vuestro corazón puro y sin mancha. El Malvado os espera, listo para
atraparos. Fortaleceos contra sus malignos artificios y, conducidos por
la luz del nombre del Dios único y verdadero, liberaos de la oscuridad
que os envuelve. Centrad vuestros pensamientos en el Bienamado, y no en
vosotros mismos.

Di: ¡Oh vosotros que os habéis desviado y habéis perdido vuestro
camino! El Mensajero Divino, que no habla sino la verdad, os ha anunciado
la venida del Bienamado. He aquí que Él ya ha llegado. ¿Por qué motivo
estáis deprimidos y abatidos? ¿Por qué permanecéis desalentados, cuando
el Puro y Oculto Ser ha aparecido libre de velos entre vosotros? Aquel
quien es el principio y el Fin, Aquel quien es Quietud y Movimiento ya es
manifiesto ante vuestros ojos. Ve cómo, en este Día, el Principio se
refleja en el Fin, cómo de la Quietud se ha engendrado el Movimiento.
Este Movimiento se ha generado por las potentes energías que las palabras
del Todopoderoso han liberado a través de la creación entera. Quienquiera
haya sido revivido por su fuerza revitalizadora, se encontrará impulsado
a alcanzar la corte del Amado; y quienquiera se haya privado de ella, se
hundirá en irreparable abatimiento. Es realmente sabio aquel a quien el
mundo y todo lo que en él existe no han impedido reconocer la luz de este
Día, quien no ha permitido que la vana palabrería de los hombres lo
desvíe del sendero de la rectitud. Es realmente como un muerto, aquel que
en el maravilloso amanecer de esta Revelación, no ha sido revivido por su
brisa conmovedora. Es en verdad un cautivo aquel que no ha reconocido al
Supremo Redentor, pero que ha aceptado que su alma esté trabada, afligida
y desamparada en las cadenas de sus deseos.

¡Oh mis siervos! Quienquiera haya probado de esta Fuente, ha
alcanzado la Vida eterna, y quienquiera haya rehusado beber de ella, es
como los muertos. Di: ¡Oh obradores de iniquidad! La codicia os ha
impedido prestar oído atento a la dulce voz de Aquel quien es el que
Satisface a todo. Limpiad vuestros corazones de ella para que su Secreto
Divino sea descubierto a vosotros. Hele aquí manifiesto y resplandeciente
como el sol en toda su gloria.

Di: ¡Oh vosotros que carecéis de entendimiento! Una severa prueba
os persigue y repentinamente os alcanzará. Levantaos, que quizá pase sin
causaros daño. Reconoced el carácter exaltado del nombre del Señor,
vuestro Dios, quien ha venido a vosotros en la grandeza de su gloria. Él,
en verdad, es el Omnisciente, el que Todo lo Posee, el Supremo Protector.


LXXXVI. Ahora, referente a tu pregunta sobre si las almas humanas
siguen siendo conscientes unas de las otras después de su separación del
cuerpo. Sabe que las almas del pueblo de Bahá, que han entrado y están
establecidas dentro del Arca Carmesí, se asociarán y comulgarán
íntimamente unas con otras, y estarán tan profundamente ligadas en sus
vidas, aspiraciones, fines y anhelos, que serán como una sola alma. Ellas
son, en verdad, las que están bien informadas, poseen vista penetrante y
están ataviadas de entendimiento. Así lo ha decretado Aquel quien es el
Omnisciente, el Sapientísimo.

El pueblo de Bahá, que son los moradores del Arca de Dios, son
todos bien conscientes del estado y la condición de cada uno, y están
unidos por los lazos de intimidad y amistad. Este estado, no obstante,
debe depender de la fe y conducta de ellos. Aquellos que son del mismo
grado y posición comprenden perfectamente la capacidad, carácter, logros
y méritos de cada cual. Sin embargo, quienes son de un grado inferior son
incapaces de comprender adecuadamente la posición de los que ocupen
rangos superiores o de estimar sus méritos. Cada cual recibirá su porción
de tu Señor. Bendito es el hombre que ha vuelto su rostro hacia Dios, y
ha caminado firmemente en su amor, hasta que su alma haya remontado vuelo
hacia Dios, el Soberano Señor de todo, el Más Poderoso, el que Siempre
Perdona, el Todo Misericordioso.

Las almas de los infieles, sin embargo, y de esto soy testigo, al
exhalar su último suspiro, serán informadas de lo bueno que se les ha
escapado, por lo cual lamentarán su condición y se humillarán ante Dios.
Continuarán así después que sus almas se hayan separado de sus cuerpos.

Es claro y evidente que, después de su muerte física, todos los
hombres estimarán el valor de sus acciones y se darán cuenta de aquello
que sus manos han forjado. ¡Juro, por el Sol que brilla sobre el
horizonte del poder divino! Aquellos que son los seguidores del Dios
único y verdadero, desde el momento en que abandonen esta vida,
experimentarán tal gozo y alegría, que será imposible describirlos,
mientras que aquéllos que viven en error serán sobrecogidos por tal temor
y estremecimientos, y se llenarán de tal consternación, que nada podrá
excederlos. Bienaventurado quien haya bebido el selecto e incorruptible
vino de la fe por el dadivoso favor y las múltiples generosidades de
Aquel quien es el Señor de todas las Religiones....

Éste es el Día en que los amados de Dios deben mantener su vista
dirigida hacia su Manifestación, y deben fijarla en todo lo que esta
Manifestación desee revelar. Ciertas tradiciones de edades pasadas no se
basan en fundamento alguno; asimismo, las ideas abrigadas por
generaciones de antaño, y que han registrado en sus libros, han sido
influidas, en su mayor parte, por los deseos de una inclinación corrupta.
Tú atestiguas cómo la mayoría de los comentarios e interpretaciones de
las palabras de Dios, ahora corrientes entre los hombres, carecen de
verdad. En algunos casos su falsedad ha sido descubierta cuando los velos
interpuestos fueron rasgados. Ellos mismos han reconocido que no han
comprendido el significado de ninguna de las palabras de Dios.

Nuestro propósito es mostrar que, si los amados de Dios
santificaran sus corazones y oídos de las vanas palabras dichas en el
pasado, y se volvieran con sus íntimas almas a Aquel quien es la Aurora
de su Revelación, y a todo lo que Él ha manifestado, tal comportamiento
sería considerado meritorio a la vista de Dios....

Magnifica su Nombre, y sé de los agradecidos. Transmite mis saludos
a mis amados, a quienes Dios ha elegido para su amor, y les ha hecho
lograr su objetivo. ¡Toda gloria sea para Dios, el Señor de todos los
mundos!

LXXXVII. Ahora acerca de tu pregunta: "¿Por qué no se encuentra
ningún registro referente a los profetas que han precedido a Adán, el
Padre de la Humanidad, o de los reyes que han vivido en los días de esos
profetas?" Sabe que la falta de toda referencia a ellos no prueba que de
hecho no hayan existido. Si actualmente no se dispone de ningún registro
acerca de ellos, esto debe atribuirse a su extrema antigüedad, así como
también a los grandes cambios que la tierra ha sufrido desde su tiempo.

Además, los modos y formas de escritura que ahora son corrientes
entre los hombres, eran desconocidos a las generaciones anteriores a
Adán. Incluso hubo un tiempo en que los hombres ignoraban por completo el
arte de la escritura y adoptaron un sistema completamente distinto del
que se usa en la actualidad. Para una exposición apropiada de este asunto
se requeriría una explicación elaborada.

Considera las diferencias que han surgido desde los días de Adán.
Las diversas y muy conocidas lenguas que ahora hablan los pueblos de la
tierra, eran originalmente desconocidas, así como también las variadas
reglas y costumbres que ahora prevalecen entre ellos. Los pueblos de esos
tiempos usaban un lenguaje diferente de los que conocemos actualmente.
Las diferencias de idioma aparecieron en una edad posterior en una tierra
llamada Babel. Recibió el nombre de Babel porque este término significa
"lugar en que surgió la confusión de lenguas".

Posteriormente, el siríaco se hizo prominente entre las lenguas
existentes. Las Escrituras sagradas de tiempos pasados fueron reveladas
en esa lengua. Más tarde, Abraham, el Amigo de Dios, apareció y derramó
sobre el mundo la luz de la Revelación Divina. El idioma que Él habló,
cuando cruzaba el Jordán, fue conocido como hebreo ('ibrání) que
significa "lengua de la travesía". Entonces los Libros de Dios y las
Escrituras sagradas fueron reveladas en esa lengua, y sólo después de un
lapso considerable, el árabe se convirtió en la lengua de Revelación....

Atestigua, entonces, cuán numerosos y trascendentales han sido los
cambios del lenguaje, de la palabra y de la escritura, desde los días de
Adán. ¡Cuán mayores aun han debido ser los cambios antes de Él!

Al revelar estas palabras nuestro propósito ha sido demostrar que
el Dios único y verdadero, en su altísima y trascendente posición, ha
sido siempre, y continuará siendo, eternamente exaltado sobre la loanza y
concepción de cualquiera salvo Él. Su creación ha existido siempre, y las
manifestaciones de su divina gloria y las auroras de eterna santidad han
sido enviadas desde tiempo inmemorial y han sido comisionadas para
emplazar a la humanidad al Dios único y verdadero. Que los nombres de
algunos de ellos se hayan olvidado y los registros de sus vidas se hayan
perdido, debe atribuirse a los cambios y transformaciones que han
sobrevenido al mundo.

En algunos libros se hace mención de un diluvio que causó la
destrucción de todo lo que existía en la tierra, incluyendo registros
históricos y muchas otras cosas. Además han ocurrido muchos cataclismos
que han borrado las huellas de innumerables acontecimientos. Asimismo,
entre los registros históricos existentes hay diferencias y cada uno de
los pueblos del mundo tiene su propia relación sobre la edad de la tierra
y su historia. Algunos extienden su historia hasta ocho mil años atrás,
mientras que otros lo hacen hasta doce mil anos. Para cualquiera que haya
leído el libro de Júk, es claro, y evidente cuánto han diferido las
relaciones proporcionadas por los diversos libros.

Quiera Dios que vuelvas tus ojos hacia la Más Grande Revelación y
desatiendas completamente estas tradiciones y relatos contradictorios.

LXXXVIII. Sabed, ciertamente, que la esencia de la justicia y su
fuente están incorporadas en las ordenanzas prescritas por Aquel quien es
la Manifestación de la Persona de Dios entre los hombres, si sois de
aquellos que reconocen esta verdad. Él, por cierto, encarna la altísima,
la infalible norma de justicia para toda la creación. Aunque su ley fuera
tal que infundiera terror en el corazón de todos los que están en el
cielo y en la tierra, aquella ley no sería sino justicia manifiesta. Los
temores y agitación que la revelación de esta ley provocarían en los
corazones de los hombres, pueden compararse con el llanto del niño al
quitársele la leche materna, si sois de aquellos que comprenden. Si los
hombres descubrieran el propósito que motiva la Revelación de Dios,
seguramente desecharían sus temores y con el corazón lleno de gratitud se
regocijarían con gran alegría.

LXXXIX. Sabe con toda seguridad que, así como crees firmemente que
la Palabra de Dios, exaltada sea su gloria, perdura para siempre, también
debes creer con fe libre de dudas que su significado nunca podrá ser
agotado. Sin embargo, aquellos que son sus intérpretes señalados,
aquellos cuyos corazones son los depositarios de sus secretos, son los
únicos que pueden comprender su múltiple sabiduría. Quienquiera que, al
leer las Sagradas Escrituras, se sienta tentado a escoger lo que convenga
para desafiar la autoridad del Representante de Dios entre los hombres,
es por cierto como un muerto, aunque en apariencia camine y converse con
sus semejantes, y comparta con ellos su alimento y bebida.

¡Oh, si el mundo me creyera! Si todo lo que yace guardado dentro
del corazón de Bahá, y que el Señor, su Dios, el Señor de todos los
nombres, le ha enseñado, fuera manifestado a la humanidad, todo hombre
sobre la tierra quedaría atónito.

¡Cuán grande es la multitud de verdades que no podrán jamás ser
ataviadas con la vestidura de palabras! ¡Cuán vasto es el número de
verdades que ninguna expresión puede describir adecuadamente, cuyo
significado nunca podrá ser revelado, y a las cuales no podrá hacerse ni
siquiera la más remota alusión! ¡Cuán múltiples son las verdades que
deben permanecer sin ser pronunciadas hasta que haya llegado el tiempo
señalado! Así se ha dicho: "No todo lo que sabe un hombre puede ser
revelado, ni puede todo lo que él pueda revelar ser considerado como
oportuno, ni tampoco puede toda expresión oportuna ser considerada como
apropiada para la capacidad de aquellos que lo oyen".

De estas verdades algunas pueden ser reveladas solamente de acuerdo
con la capacidad de los repositorios de la luz de nuestro conocimiento y
los recipientes de nuestra gracia oculta. Rogamos a Dios que te
fortalezca con su poder, y que te haga capaz de reconocer a Aquel quien
es la Fuente de todo conocimiento, para que puedas desligarte de todo
saber humano, por cuanto "¿qué provecho obtiene el hombre de esforzarse
por obtener erudición, cuando ya ha encontrado y reconocido a Aquel quien
es el Objeto de todo conocimiento?" Aférrate a la Raíz de Conocimiento, y
a Aquel quien es el Manantial de éste, para que seas independiente de
todos los que aseguran ser versados en el saber humano, y cuya pretensión
ninguna prueba clara, ni el testimonio de ningún libro ilustrativa pueden
sostener.

XC. Todo lo que hay en los cielos y en la tierra es prueba directa
de la revelación en ellos de los atributos y nombres de Dios, ya que en
cada átomo están encerradas las señales que dan testimonio elocuente de
la revelación de aquella muy grande luz. Me parece que, a no ser por la
potencia de esa revelación, ningún ser podría jamás existir. ¡Cuán
resplandeciente son las lumbreras de conocimiento que brillan en un
átomo, y cuán vastos los océanos de sabiduría que se agitan dentro de una
gota! Esto, en grado sumo, es aplicable al hombre, quien, entre todo lo
creado, ha sido investido con el manto de tales dones y señalado para la
gloria de tal distinción. Pues en él están revelados potencialmente todos
los atributos y nombres de Dios en un grado que no ha sido superado ni
excedido por otro ser creado. A él le son aplicables todos esos nombres y
atributos. Así Él ha dicho: "El hombre es mi misterio, y Yo soy su
misterio". Son múltiples los versículos que se han revelado repetidamente
en todos los Libros celestiales y santas Escrituras, con referencia a
este muy profundo y elevado tema. Así Él ha revelado: "De seguro les
mostraremos nuestros signos en el mundo y dentro de ellos mismos". Otra
vez dice: "Y también en vosotros mismos, ¿acaso no veréis los signos de
Dios?" Y en otra parte Él revela: "Y no seáis como los que olvidan a
Dios, y por tanto Él les ha hecho olvidarse a sí mismos". Con respecto a
esto, Aquel quien es el Rey eterno -que las almas de todos los que moran
en el Tabernáculo místico sean sacrificados por Él- ha dicho: "Ha
conocido a Dios aquel que se ha conocido a sí mismo".

...De lo que se ha dicho queda claro que todas las cosas, en su más
íntima realidad, atestiguan la revelación de los nombres y atributos de
Dios dentro de ellas mismas. Cada una, según su capacidad, señala y
expresa el conocimiento de Dios. Es tan potente y universal esta
revelación, que ha abarcado todas las cosas visibles e invisibles. Así Él
ha revelado: "¿Tiene algo que no seas Tú, poder de revelación para que
hubiese podido manifestarte? Ciego es el ojo que no te percibe". Asimismo
ha dicho el Rey eterno: "Ninguna cosa he percibido sin percibir a Dios
antes de ello, o a Dios después de ello." Y también aparece en la
tradición de Kumayl: "Mirad, una luz ha resplandecido en la Mañana de la
eternidad y ¡he aquí!, sus rayos han penetrado la más íntima realidad de
todos los hombres". El hombre, lo más noble y perfecto de todo lo creado,
supera a todo en la intensidad de esta evolución, y es una expresión más
plena de su gloria. Y de todos los hombres son las Manifestaciones del
Sol de la Verdad los más perfectos, los más distinguidos y los más
excelsos. Más aun, todos excepto estas Manifestaciones, viven por la
acción de su Voluntad, y se mueven y existen por las efusiones de su
gracia.

XCI. Entre las pruebas que demuestran la verdad de esta Revelación
está que, en toda época y Dispensación, cuando quiera que se revelara la
Esencia invisible en la persona de su Manifestación, ciertas almas
humildes y liberadas de todo apego mundano buscaban iluminación en el Sol
de la Profecía y en la Luna de la guía divina, llegando a la Presencia
divina. Por esta razón, los sacerdotes de la época y quienes poseían
riquezas se burlaron desdeñosamente de esos hombres. Así Él ha revelado
refiriéndose a los errados: "Entonces dijeron los jefes de su pueblo que
no creyeron: 'En ti no vemos más que un hombre como nosotros; y no vemos
que te hayan seguido sino aquellos que son los más viles de nosotros,
faltos de reflexión, ni os vemos con excelencia alguna sobre nosotros; es
más, os consideramos mentirosos'". Pusieron reparos a estas santas
manifestaciones, y protestaron diciendo: "Nadie os ha seguido, excepto
los despreciables entre nosotros, aquellos que no merecen atención". Su
objetivo era demostrar que nadie entre los eruditos, los ricos y los
renombrados, creía en ellos. Mediante ésta y semejantes pruebas
pretendían demostrar la falsedad de Aquel que no dice sino la verdad.

Sin embargo, en esta muy resplandeciente Dispensación y
poderosísima Soberanía, un número de sacerdotes iluminados, de hombres de
erudición consumada, de doctores de madura sabiduría, llegaron a su
Corte, bebieron del cáliz de su divina Presencia, y fueron investidos con
el honor de su muy excelente favor. Renunciaron, por el amor del
Bienamado, al mundo y todo lo que hay en él....

Todos ellos fueron guiados por la luz del Sol de la Revelación
divina, confesaron y reconocieron su verdad. Tal era su fe, que la
mayoría de ellos renunciaron a sus bienes y familia, aferrándose a la
complacencia del Todo Glorioso. Dieron la vida por su Bienamado, y lo
entregaron todo en su sendero. Sus pechos fueron el blanco de los dardos
del enemigo, y sus cabezas adornaron las lanzas de los infieles. No quedó
tierra que no bebiese la sangre de esas personificaciones del
desprendimiento, ni espada que no hiriese su cuello. Sus actos, por sí
solos, atestiguan la verdad de sus palabras. ¿No les basta a los hombres
de este día el testimonio de estas almas santas, que tan gloriosamente se
levantaron para ofrendar sus vidas a su Amado, que todo el mundo quedó
maravillado ante su sacrificio? ¿No es testimonio suficiente contra la
infidelidad de quienes, por una baratija, traicionaron su fe, y trocaron
la inmortalidad por aquello que perece; quienes cedieron el Kawthar de la
Presencia divina a cambio de fuentes salobres, y cuyo único objetivo en
la vida es usurpar la propiedad ajena? Así ves cómo todos ellos se han
ocupado con las vanidades del mundo, apartándose de Aquel quien es el
Señor, el Altísimo.

Sé justo: ¿Es aceptable y digno de atención el testimonio de
aquellos cuyas obras concuerdan con sus palabras, cuyo comportamiento
exterior se ajusta a su vida interior? La mente se desconcierta al ver
sus obras, y el alma se maravilla ante su valor y resistencia física. ¿O
es aceptable el testimonio de estas almas sin fe, que no exhalan sino el
aliento de sus deseos egoístas, presos en la jaula de sus vanas
fantasías? Al igual que los murciélagos de las tinieblas, no levantan la
cabeza de su lecho, salvo para ocuparse de las cosas pasajeras del mundo,
y no encuentran descanso de noche si no es empeñándose en promover los
fines de su sórdida vida. Absortos en sus planes egoístas, están
inconscientes del Decreto divino. De día, se afanan con toda su alma por
conseguir beneficios mundanos; de noche, su única ocupación es satisfacer
sus deseos carnales. ¿Con qué ley o norma podrían justificarse los
hombres al adherirse a las recusaciones de almas tan limitadas y
desconocer la fe de quienes, por la complacencia de Dios, han renunciado
a su vida y sus bienes, su fama y su renombre, su reputación y honor?...

¡Con qué amor, devoción, alborozo y santo arrobamiento sacrificaron
sus vidas en el sendero del Todo Glorioso! Todos dan testimonio de esta
verdad. Y, sin embargo, ¿cómo pueden despreciar esta Revelación? ¿Ha
presenciado época alguna acontecimientos tan trascendentales? ¿Si estos
compañeros no son los que verdaderamente se afanan por llegar a Dios, a
quién puede considerarse como tal? ¿Han sido estos compañeros buscadores
de poder o de gloria? ¿Han anhelado riquezas? ¿Han abrigado deseo alguno
que no sea la complacencia de Dios? ¿Si estos compañeros, con todos sus
maravillosos testimonios y prodigiosas obras, son falsas, quien entonces
puede dignamente pretender que tiene la verdad? ¡Juro por Dios! Sus
propios actos son testimonio suficiente y prueba irrefutable para todos
los pueblos de la tierra, si ponderasen los hombres en su corazón los
misterios de la Revelación divina. "¡Y aquellos que actúan injustamente
pronto sabrán lo que les espera!"...

Considera a estos mártires de sinceridad incuestionable, cuya
veracidad la testifica el texto explícito del Libro, todos los cuales,
como has visto, sacrificaron su vida, sus bienes, sus esposas, sus hijos
y todo cuanto tenían, y ascendieron a los más elevados aposentos del
Paraíso. ¿Está bien rechazar el testimonio que estos seres exaltados y
desprendidos dan de la verdad de esta preeminente y gloriosa Revelación,
y considerar aceptables las denuncias que contra esta Luz resplandeciente
han hecho esos hombres incrédulos, quienes por el oro han renegado de su
fe, y por su afán de mando han rechazado a Aquel quien es el Jefe Supremo
de toda la humanidad? Y esto, a pesar de que su carácter se ha revelado a
todos los hombres, que les han reconocido como aquellos que de ningún
modo renunciarán a una tilde o ápice de su autoridad temporal a favor de
la santa Fe de Dios, cuanto menos a su vida, sus bienes o cosa parecida.

XCII. El Libro de Dios está completamente abierto y su Palabra
emplaza al género humano a Él. Sin embargo, se ha encontrado apenas un
puñado de hombres dispuestos a aferrarse a su Causa, o convertirse en
instrumentos para su promoción. Estos pocos han sido proveídos con el
Elíxir Divino, que es lo único que puede trasmutar en oro puro la escoria
del mundo, y han recibido el poder de administrar el remedio infalible
para todos los males que afligen a los hijos de los hombres. Ningún
hombre podrá lograr vida eterna, a menos que abrace la verdad de esta
inestimable, esta maravillosa y sublime Revelación.

Prestad atención, oh amigos de Dios, a la voz de Aquel a quien el
mundo ha agraviado y sosteneos firmemente de todo aquello que exaltará su
causa. Él, ciertamente, guía a quienquiera Él desea a su recto Sendero.
Ésta es una Revelación que infunde fuerzas al débil y corona con riquezas
al desamparado.

Con la mayor amistad y con espíritu de perfecta fraternidad, tomad
consejo juntos y dedicad los preciosos días de vuestras vidas al
mejoramiento del mundo y a la promoción de la Causa de Aquel quien es el
Antiguo Soberano Señor de todo. Él, ciertamente, prescribe a todos los
hombres lo que es justo y les prohíbe todo aquello que degrade su
posición.

XCIII. Sabe que toda cosa creada es un signo de la revelación de
Dios. Cada uno, de acuerdo con su capacidad es, y siempre será, una señal
del Todopoderoso. Por cuanto Él, el Soberano Señor de todo, ha dispuesto
revelar su soberanía en el reino de los nombres y atributos, toda cosa
creada, por el acto de la Voluntad Divina, ha sido hecha un signo de su
gloria. Tan penetrante y universal es esta revelación que en todo el
universo, no puede descubrirse nada que no refleje su esplendor. En tales
circunstancias toda consideración de proximidad o lejanía es
eliminada.... Si la Mano del poder divino despojara a todas las cosas
creadas de este elevado don, todo el universo quedaría desolado y vacío.

¡Ve cuán inmensamente glorificado es el Señor, tu Dios, sobre todas
las cosas creadas! Atestigua la majestad de su soberanía, su ascendiente,
y supremo poder. Si las cosas que han sido creadas por Él -magnificada
sea su Gloria- y dispuestas para ser manifestaciones de sus nombres y
atributos, por virtud de la gracia con la cual han sido dotadas, están
exaltadas mucho más allá de toda proximidad o lejanía, ¿cuánto más
elevada debe ser aquella Esencia Divina que les ha llamado a existir?...

Medita sobre lo que el poeta ha escrito: "No os sorprendáis, si mi
Bienamado está más cerca de mí que mi propio yo; maravillas de que, a
pesar de tal proximidad, esté yo todavía tan lejos de Él"....
Considerando lo que Dios ha revelado, que "Nosotros estamos más cerca del
hombre que su vena vital", el poeta, aludiendo a este verso, ha declarado
que, aun cuando la revelación de mi Bienamado ha impregnado a tal punto
mi ser que Él está más cerca de mí que mi vena vital, sin embargo, a
pesar de mi certeza de su realidad y mi reconocimiento de mi estado, me
encuentro todavía tan lejos de Él. Con esto quiere decir que su corazón,
que es el asiento del Todo Misericordioso y el trono donde habita el
esplendor de su revelación, ha olvidado a su Creador, se ha desviado de
su sendero, se ha apartado de su gloria y está manchado con la corrupción
de deseos terrenales.

Debe recordarse en cuanto a esto, que Dios único y verdadero es en
sí exaltado más allá de toda proximidad y lejanía y por encima de ellas.
Su realidad trasciende tales limitaciones. Su relación con sus criaturas
no comprende grados. Que algunas estén cerca y otras lejos, debe
atribuirse a las manifestaciones mismas.

Que el corazón es el trono en que la Revelación de Dios, el Todo
Misericordioso, está centrada, lo atestiguan las sagradas palabras que
hemos revelado anteriormente. Entre ellas está este dicho: "Cielo y
tierra, no me pueden contener; lo único que puede contenerme es el
corazón de aquel que cree en mí y es fiel a mi Causa". Cuán a menudo ha
errado el corazón humano -que es el recipiente de la luz de Dios y el
asiento de la revelación del Todo Misericordioso- de Aquel quien es la
Fuente de esa luz y el Manantial de esa revelación. Es la rebeldía del
corazón que lo aparta de Dios y lo condena a estar lejos de Él. Sin
embargo, aquellos corazones que son conscientes de su Presencia, están
cerca de Él y deben considerarse como que se han aproximado a su trono.

Considera, además, cuán a menudo el hombre se olvida de sí mismo,
mientras que Dios, por su conocimiento que todo lo abarca, permanece
consciente de su criatura y continúa derramando sobre ella el manifiesto
resplandor de su gloria. Es evidente, por tanto, que en tales
circunstancias, Él está más cerca de éste que él de sí mismo.
Ciertamente, Él permanecerá siempre así, pues mientras que el Dios único
y verdadero conoce todas las cosas, percibe todas las cosas, y comprende
todas las cosas, el hombre mortal es propenso a errar, e ignora los
misterios que yacen envueltos dentro de él....

Que nadie imagine que nuestra aseveración, que todas las cosas
creadas son signos de la revelación de Dios, quiere decir -Dios no lo
permita- que todos los hombres, sean buenos o malos, piadosos o infieles,
sean iguales a la vista de Dios. Tampoco implica que el Ser Divino -
magnificado sea su nombre y exaltada sea su gloria- sea, en ninguna
circunstancia comparable con los hombres, ni que pueda, de ningún modo,
ser asociado con sus criaturas. Tal error ha sido cometido por ciertos
insensatos que, habiendo ascendido al cielo de sus vanas fantasías, han
interpretado la Unidad Divina como que ésta significaría que todas las
cosas creadas son los signos de Dios, y que, consecuentemente, no existe
distinción alguna entre ellas. Otros les han pasado al sostener que estos
signos son pares y socios de Dios mismo. ¡Dios Misericordioso! Él, en
verdad, es único e indivisible; único en su esencia, único en sus
atributos. Todo lo demás fuera de Él, no es nada al enfrentarse a la
resplandeciente revelación de apenas uno de sus nombres, con el más tenue
indicio de su gloria; ¡cuánto menos aún, al confrontársele con su propio
Ser!

¡Por la rectitud de mi nombre, el Todo Misericordioso! La Pluma del
Altísimo tiembla con gran estremecimiento y está muy conmovida ante la
revelación de estas palabras. ¡Cuán exigua e insignificante es la gota
evanescente al ser comparada con las olas y movimiento del ilimitado y
eterno Océano de Dios, y cuán despreciable debe parecer todo lo
contingente y perecedero al enfrentársele a la inefable gloria del
Eterno, que no ha sido creado! Imploramos perdón de Dios, el
Todopoderoso, para aquellos que abrigan tales creencias y pronuncian
semejantes palabras. Di: ¡Oh pueblo! ¿Cómo puede ser comparada una
fantasía fugaz con Aquel que subsiste por sí mismo, y cómo puede
compararse el Creador con sus criaturas, que son tan sólo como la
escritura de su Pluma? No, más aún, su escritura excede todas las cosas y
está santificada de todas las criaturas e inmensamente exaltada sobre
ellas.

Más aún, considera los signos de la revelación de Dios, en su
relación mutua. ¿Puede el sol, que no es sino uno de estos signos,
considerarse en igual categoría que la oscuridad? ¡Él Dios único y
verdadero es mi testigo! Ningún hombre puede creerlo, a menos que sea de
aquellos cuyos corazones son pobres y cuyos ojos han sido engañados. Di:
Consideraos a vosotros mismos. Tanto vuestras uñas como vuestros ojos son
partes de vuestro cuerpo. ¿Los consideráis de igual categoría y valor? Si
decís sí; di entonces: Verdaderamente habéis imputado con falsedad el
Señor, mi Dios, el Todo Glorioso, por cuanto cortáis unas y estimáis los
otros tan apasionadamente como a vuestra propia vida.

De ningún modo es permisible transgredir los límites del propio
grado o posición. La integridad de cada grado y posición debe ser
preservada necesariamente. Esto significa que toda cosa creada debe ser
vista a la luz del grado o posición que se la ha ordenado ocupar.

Sin embargo, se debe tener presente que, cuando la luz de mi
Nombre, el que Todo lo Penetra, ha derramado su resplandor sobre el
universo, todas las cosas creadas y cada una de ellas, de acuerdo con un
mandato establecido, han sido dotadas con la capacidad de ejercer una
influencia particular, y se les ha hecho poseer una virtud especial.
Considera el efecto del veneno. Aunque mortífero, posee el poder de
ejercer bajo ciertas circunstancias una influencia benéfica. La potencia
infundida en todas las cosas creadas es la consecuencia directa de la
revelación de este muy bendito Nombre. ¡Glorificado sea Aquel quien es el
Creador de todos los nombres y atributos! Arroja al fuego el árbol
podrido y seco, y permanece bajo la sombra del Árbol verde y hermoso, y
participa de su fruto.

La gente que vive en los días de las manifestaciones de Dios, en su
mayoría ha pronunciado tales frases indecorosas. Éstas han sido
registradas incidentalmente en los Libros revelados y en las Sagradas
Escrituras.

Es realmente un creyente en la Unidad de Dios aquel que reconoce en
todas las cosas creadas y en cada una de ellas, el signo de la revelación
de Aquel quien es la Verdad Eterna, y no aquel que sostiene que la
criatura no se distingue del Creador.

Considera, por ejemplo, la revelación de la luz del Nombre de Dios,
el Educador. Ve cómo son manifiestas las pruebas de tal revelación en
todas las cosas, cómo el mejoramiento de todos los seres depende de ella.
Esta educación es de dos clases. Una es universal. Su influencia penetra
todas las cosas y las sostiene. Por esta razón Dios ha asumido el título:
"Señor de todos los mundos". La otra está limitada a quienes se han
cobijado bajo la sombra de este Nombre y han buscado la protección de
esta poderosísima Revelación. Quienes, sin embargo, no han buscado esta
protección, se han privado de este privilegio y son incapaces de
beneficiarse con el sustento espiritual que ha sido enviado por la gracia
celestial de éste, el Más Grande Nombre. ¡Cuán profundo es el abismo que
separa al uno del otro! Si se levantara el velo, y se manifestara la
gloria plena de la posición de aquellos que se han vuelto completamente
hacia Dios y han renunciado al mundo en su amor por Él, toda la creación
quedaría atónita. El verdadero creyente en la Unidad de Dios, como ya se
ha explicado, reconocerá, tanto en el creyente como en el incrédulo, las
pruebas de la revelación de estos dos Nombres. Si esta revelación fuera
removida todo perecería.

Igualmente, considera la revelación de la luz del Nombre de Dios,
el Incomparable. Ve cómo esta luz ha envuelto a toda la creación, cómo
cada cosa creada manifiesta el signo de su Unidad, atestigua la realidad
de Aquel quien es la Verdad Eterna, proclama su soberanía, su unicidad y
su poder. Esta revelación es una muestra de su misericordia, que envuelve
a todas las cosas creadas. Sin embargo, aquellos que han unido socios a
Él, no tienen conocimiento de tal revelación y están privados de la Fe
mediante la cual pueden acercarse y unirse a Él. Mira cómo los diversos
pueblos y razas de la tierra atestiguan su unidad y reconocen su
unicidad. De no ser por el signo, dentro de ellos, de la Unidad de Dios,
nunca hubieran reconocido la verdad de las palabras "No hay otro Dios
sino Dios". Y, no obstante, considera cuán penosamente han errado y se
han desviado de su sendero. Por cuanto no han reconocido al Soberano
Revelador, han dejado de ser contados entre aquellos que pueden ser
considerados verdaderos creyentes en la Unidad de Dios.

Este signo de la revelación del Ser Divino en aquellos que han
unido socios a Él, puede ser considerado en un sentido como un reflejo de
la gloria con que son iluminados los fieles. Sin embargo, nadie puede
comprender esta verdad, salvo los hombres dotados de entendimiento.
Aquellos que en verdad han reconocido la Unidad de Dios deberían ser
considerados como las manifestaciones primordiales de este Nombre. Son
ellos quienes han bebido el vino de la Unidad Divina, de la copa que las
manos de Dios les ha ofrecido, y han vuelto sus rostros hacia Él. ¡Cuán
enorme es la distancia que separa a estos seres santificados de aquellos
hombres que están tan lejos de Dios!...

Dios conceda que, con visión penetrante, puedas percibir, en todas
las cosas, el signo de la revelación de Aquel quien es el Antiguo Rey, y
reconocer cuán exaltado y santificado de toda la creación es aquel
santísimo y sagrado Ser. Esto, en verdad, es la raíz y la esencia misma
de la creencia en la unidad y singularidad de Dios. "Dios estaba solo, no
había nadie fuera de Él". Él es ahora, lo que siempre ha sido. No hay
otro Dios sino Él, el Uno, el Incomparable, el Todopoderoso, el Más
Exaltado, el Más Grande.

XCIV. Y ahora, respecto de tu referencia a la existencia de dos
Dioses. ¡Cuidado, cuidado!, que no seas llevado a unir socios al Señor,
tu Dios. Él es, y ha sido desde siempre, uno y solo, sin par o igual,
eterno en el pasado, eterno en el futuro, separado de todas las cosas,
siempre existente, inmutable, y subsistente de sí mismo. Él no ha
designado a ningún asociado para sí en su Reino, a ningún consejero para
que le aconseje, a nadie que pueda compararse a Él, nadie que rivalice su
gloria. Todos los átomos del universo atestiguan esto, y más allá de
ellos, los moradores de los reinos en lo alto, quienes ocupan las más
exaltadas posiciones, y cuyos nombres son recordados ante el Trono de
Gloria.

Atestigua en lo íntimo de tu corazón este testimonio que Dios mismo
ha pronunciado para sí, que no hay otro Dios sino Él, que todo fuera de
Él ha sido creado por su mandato, modelado por su consentimiento, está
sujeto a su ley, es como una cosa olvidada cuando se le compara con las
gloriosas muestras de su unicidad, y es como nada cuando se le enfrenta a
las poderosas revelaciones de su unidad.

Él, ciertamente, ha sido, a través de la eternidad, único en su
Esencia, único en sus atributos, único en sus obras. Toda comparación es
sólo aplicable a sus criaturas, y todas las ideas de asociación son
conceptos que pertenecen solamente a aquellos que le sirven. Su Esencia
es inmensamente exaltada por encima de las descripciones de sus
criaturas. Él solo ocupa la Sede de majestad trascendente, de suprema e
inaccesible gloria. El ave del corazón humano, por muy alto que se
remonte, nunca podrá esperar alcanzar las alturas de su incognoscible
Esencia. Es Él quien ha llamado a existir a toda la creación, quien ha
hecho que cada cosa tome vida por su mandato. ¿Debe, entonces, lo que ha
nacido en virtud de la palabra que su Pluma ha revelado, la que ha
dirigido el dedo de su Voluntad ser considerado como su asociado, o como
una personificación de su Ser? Lejos sea de su gloria, que la pluma o la
lengua del hombre haga alusión a su misterio, o que el corazón humano
conciba su Esencia. Todos fuera de Él, se encuentran pobres y desolados
delante de su puerta, todos son impotentes ante la grandeza de su poder,
y todos no son más que esclavos en su Reino. Él es lo suficientemente
rico como para prescindir de todas sus criaturas.

El lazo de servidumbre establecido entre el que adora y el Adorado,
entre la criatura y el Creador, debería ser considerado, en sí mismo,
como una prueba de su bondadoso favor hacia los hombres, y no como una
indicación de algún mérito que pudieran tener. Esto lo atestigua todo
creyente verdadero y discernidor.

XCV. Sabe que, de acuerdo con lo que tu Señor, el Señor de todos
los hombres, ha prescrito en su libro, los favores conferidos por Él a la
humanidad han sido y siempre serán ilimitados en su alcance. EL primero y
más sobresaliente de estos favores que el Todopoderoso ha otorgado a los
hombres, es el don del entendimiento. Su objetivo al conferir dicho don,
no ha sido sino capacitar a su criatura para conocer y reconocer al Dios
único y verdadero, ¡exaltada sea su gloria! Este don da al hombre el
poder de discernir la verdad en todas las cosas, lo conduce hacia aquello
que es justo y le ayuda a descubrir los secretos de la creación. Próximo
en importancia es el poder de la visión, el instrumento principal
mediante el cual su entendimiento puede funcionar. Los sentidos del oído,
del corazón y otros similares deben, de igual manera, ser considerados
entre los dones con que ha sido dotado el cuerpo humano. Inmensamente
exaltado es el Todopoderoso, quien ha creado estos poderes y los ha
revelado en el cuerpo del hombre.

Cada uno de estos dones es una muestra indudable de la majestad, el
poder, el ascendiente, el conocimiento que todo lo abarca del Dios único
y verdadero, ¡exaltada sea su gloria! Considera el sentido del tacto.
Atestigua cómo se ha extendido su poder sobre todo el cuerpo humano.
Mientras que los sentidos de la vista y oído están localizados cada uno
en un centro particular, el sentido del tacto abarca todo el cuerpo
humano. ¡Glorificado sea su poder, magnificada sea su soberanía!

Estos dones están inherentes en el hombre mismo. Aquel que
predomina sobre todos los demás dones, que es incorruptible en su
naturaleza y que pertenece sólo a Dios mismo, es el don de la Revelación
Divina. Toda dádiva conferida al hombre por el Creador, ya sea material o
espiritual, está subordinada a ésta. En su esencia es, y siempre será, el
Pan que desciende del cielo. Es el supremo testimonio de Dios, la más
clara demostración de su verdad, el signo de su plena generosidad, la
señal de su misericordia que todo lo abarca, la prueba de su muy amorosa
providencia, el símbolo de su perfecta gracia. Verdaderamente ha
participado de este grandioso don de Dios, quien haya reconocido a su
Manifestación en este Día.

Da gracias a tu Señor por haberte otorgado tan grandiosa dádiva.
Levanta tu voz y di: ¡Toda alabanza sea para ti, oh Tú, el Deseo de todo
corazón comprensivo!

XCVI. La Pluma del Altísimo llama sin cesar; y sin embargo, ¡cuán
pocos son los que han prestado oído a su voz! Los moradores del reino de
los nombres se han ocupado con la alegre vestimenta de este mundo,
olvidando que todo hombre que tiene ojos para percibir y oídos para
escuchar no puede sino reconocer cuán fugaces son sus colores.

Una nueva vida se agita, en esta época, dentro de todos los pueblos
de la tierra; y sin embargo, nadie ha descubierto su causa ni comprendido
su motivo. Considerad los pueblos de Occidente. Mirad cómo, en su
búsqueda de lo vano y trivial, han sacrificado y siguen sacrificando
incontables vidas por el establecimiento y la promoción de ello. Por otra
parte, los pueblos de Persia, aun cuando son el repositorio de una clara
y luminosa Revelación, la gloria de cuya grandeza y renombre ha abarcado
el mundo entero, están desalentados y sumidos en un profundo letargo.

¡Oh amigos! No descuidéis las virtudes con que habéis sido dotados,
ni seáis negligentes con vuestro alto destino. No permitáis que vuestros
esfuerzos se pierdan a causa de las vanas imaginaciones que algunos
corazones han ideado. Sois las estrellas del cielo del entendimiento, la
brisa que sopla al amanecer, las fluyentes aguas de las cuales debe
depender la vida misma de todos los hombres, las letras inscritas en Su
pergamino sagrado. Con la mayor unidad y con un espíritu de perfecta
fraternidad, esforzaos a fin de que podáis alcanzar aquello que es digno
de este Día de Dios. Ciertamente os digo, contiendas, disensiones y
cualquier otra cosa que la mente del hombre detesta, es indigno de su
posición. Centrad vuestras energías en la propagación de la Fe de Dios.
Quien sea digno de vocación tan elevada, que se levante y la promueva.
Quien sea incapaz de hacerlo, tiene el deber de designar a quien, en su
lugar, haya de proclamar esta Revelación, cuya fuerza ha hecho temblar
las más poderosas estructuras, ha reducido a polvo todas las montañas y
ha anonadado a todas las almas. Si la grandeza de este Día fuera revelada
en toda su amplitud, todo ser humano abandonaría una miríada de vidas en
su anhelo de participar, aunque sólo fuera por un momento, de su gran
gloria, cuánto más este mundo y sus tesoros corruptibles.

Dejaos guiar por la sabiduría en todas vuestras acciones y aferraos
tenazmente a ella. Quiera Dios que todos seáis fortalecidos para llevar a
cabo aquello que es la Voluntad de Dios, y que seáis ayudados
benévolamente a apreciar el grado conferido a aquellos de sus amados que
se han levantado para servirle a Él y magnificar su nombre. Sobre ellos
sea la gloria de Dios, la gloria de todo lo que está en los cielos y todo
lo que está en la tierra, y la gloria de los moradores del más exaltado
Paraíso, el cielo de los cielos.

XCVII. Considera las dudas que aquellos que han unido socios a
Dios, han instilado en el corazón de la gente de esta tierra.
Preguntaron: "¿Es posible que el cobre sea transmutado en oro?" Di: Sí,
por mi Señor, es posible. Su secreto, sin embargo, permanece oculto en
nuestro Conocimiento. Lo revelaremos a quien queramos. Quienquiera que
dude de nuestro poder, que pida al Señor, su Dios, que Él le descubra el
secreto y le asegure de su verdad. Que el cobre pueda ser transformado en
oro, es en sí, prueba suficiente de que el oro puede igualmente ser
transmutado en cobre, si eres de los que pueden comprender esta verdad.
Se puede hacer que cualquier mineral adquiera la densidad, forma y
sustancia de cualquier otro mineral. El conocimiento de ello está con
Nosotros en el Libro Oculto.

XCVIII. Di: ¡Oh jefes de religiones! No peséis el Libro de Dios con
las normas y ciencias que son corrientes entre vosotros, porque el Libro
mismo es la balanza infalible establecida entre los hombres. En ésta muy
perfecta balanza debe pesarse todo lo que poseen los pueblos y razas de
la tierra, en tanto que la medida de su peso deberá ser comprobada según
sus propias normas, si lo supierais.

El ojo de mi amorosa bondad llora amargamente por vosotros, ya que
no habéis reconocido a Aquel a quien habéis estado llamando de día y de
noche, al atardecer y de mañana. Avanza, oh pueblo, con rostros de nívea
blancura y corazones radiantes hacia el bendito lugar carmesí, desde
donde el Sadratu'l-Muntahá proclama; "¡Verdaderamente, no hay Dios fuera
de mí, el Omnipotente Protector, el que Subsiste por sí mismo!"

¡Oh vosotros jefes de religiones! ¿Quién de entre vosotros es el
hombre que pueda competir conmigo en visión o discernimiento? ¿Dónde se
puede encontrar quién se atreva a sostener que es mi igual en palabra o
sabiduría? ¡No, por mi Señor, el Todo Misericordioso! Cuanto hay en la
tierra perecerá; y ésta es la faz de vuestro Señor, el Todopoderoso, el
Bienamado.

Hemos decretado, oh pueblo, que el fin más alto y último de toda
erudición sea el reconocimiento de Aquel quien es el Objeto de todo
conocimiento; y, sin embargo, reflexionad cómo habéis permitido que
vuestros conocimientos os hayan separado, como por un velo, de Aquel
quien es la Aurora de esta Luz, por quien ha sido descubierta toda cosa
oculta. Si sólo pudierais descubrir la fuente desde donde se difunde el
resplandor de esta aseveración, desecharíais los pueblos del mundo y todo
cuanto ellos poseen, y os acercaríais a esta más bendita Sede de gloria.

Di: Éste, verdaderamente, es el cielo en que se ha atesorado el
Libro Madre, si sólo pudierais comprenderlo. Él es quien ha hecho que la
Roca clame y la Zarza Ardiente eleve su voz, sobre el Monte que se alza
en la Tierra Santa, y proclame: "¡El Reino es de Dios, el soberano Señor
de todo, el Omnipotente, el Amoroso!"

No hemos asistido a escuela alguna, ni leído ninguna de vuestras
disertaciones. Inclinad vuestros oídos a las palabras de este Iletrado,
con las que os emplaza hacia Dios, el que Siempre Perdura. Esto para
vosotros es mejor que todos los tesoros de la tierra, si sólo lo
comprendierais.

XCIX. La vitalidad de la fe de los hombres en Dios, se está
extinguiendo en todos los países; nada que no sea su saludable medicina
podrá jamás restaurarla. La corrosión de la impiedad está carcomiendo las
entrañas de la sociedad humana: ¿Qué otra cosa, sino el Elixir de su
potente Revelación puede limpiarla y revivirla? ¿Está dentro del poder
humano, oh Hakím, producir una transformación tan completa en los
elementos constitutivos de cualquiera de las diminutas e indivisibles
partículas de materia, como para transmutarlas en oro puro? La tarea aun
mayor de convertir fuerza satánica en poder celestial, por desconcertante
y difícil que esto parezca, es una tarea que Nosotros hemos sido
habilitados para efectuar. La Fuerza capaz de tal transformación supera
la potencia del Elíxir mismo. La sola Palabra de Dios puede vindicar la
distinción de estar dotada de la capacidad requerida para un cambio tan
grande y trascendental.

C. La voz del Heraldo Divino, que procede desde el Trono de Dios
declara: ¡Oh vosotros, mis amados! No permitáis que la orla de mi sagrada
vestidura sea mancillada y enlodada con las cosas de este mundo, y no
sigáis las instigaciones de vuestros deseos malos y corruptos. La Aurora
de la Revelación Divina, que brilla en la plenitud de su gloria en el
cielo de esta Prisión, es mi testigo. Aquellos cuyos corazones están
vueltos hacia Aquel quien es el Objeto de la adoración de toda la
creación deben necesariamente, en este Día, trascender todas las cosas
creadas, visibles e invisibles y estar santificados de ellas. Si se
levantan para enseñar mi Causa, deben permitir que el hálito de Aquel
quien es el Irrestringido les anime, y deben difundirla por toda la
tierra con gran determinación, con mentes completamente centradas en Él y
con corazones totalmente desprendidos de todas las cosas e independientes
de ellas, y con almas santificadas de este mundo y de sus vanidades. Les
incumbe escoger como mejor provisión para sus viajes, la confianza en
Dios y ataviarse con el amor de su Señor, el Más Exaltado, el Todo
Glorioso. Si así lo hacen, sus palabras tendrán influencia sobre sus
oyentes.

¡Cuán grande, cuán inmensamente grande es el abismo que nos separa
de aquellos que, en este Día, están ocupados con sus pasiones mundanas, y
han puesto sus esperanzas en las cosas de la tierra y su efímera gloria!
Muchas veces, la corte del Todo Misericordioso, parecía tan desprovista
exteriormente de la riqueza de este mundo, que aquellos que vivían en
íntima asociación con Él sufrían penosa indigencia. A pesar de sus
padecimientos, la Pluma del Altísimo no ha deseado en ningún momento
referirse, ni hacer la más ligera alusión, a las cosas que pertenecen a
este mundo y a sus tesoros. Y si alguna vez le era presentado algún
obsequio, éste era aceptado, como una muestra de su gracia hacia quien se
lo ofrecía. Si alguna vez quisiéramos apropiarnos, para nuestro uso, de
todos los tesoros de la tierra, a nadie se le ha dado el derecho de
objetar nuestra autoridad o desafiar nuestro derecho. Sería imposible
concebir una acción más despreciable que solicitar, en nombre del Dios
único y verdadero, las riquezas que poseen los hombres.

Te incumbe a ti y a los seguidores de Aquel que es la Verdad
Eterna, llamar a los hombres a todo lo que les santifique del apego a las
cosas de la tierra y que les purifique de su contaminación, para que el
dulce aroma de las vestiduras del Todo Glorioso pueda ser aspirado de
todos aquellos que le aman.

Sin embargo, los que poseen riquezas, deben tener la mayor
consideración para con los pobres, ya que grande es el honor destinado
por Dios para los pobres que son firmes en paciencia. ¡Por mi vida! No
hay otro honor, fuera del que Dios desee conceder, que pueda compararse
con este honor. Grande es la bienaventuranza que espera a los pobres que
soporten pacientemente y encubran sus padecimientos y venturosos son los
ricos que donen riquezas a los necesitados y los prefieran a ellos antes
que a sí mismos.

Conceda Dios que los pobres se esfuercen y luchen para ganar los
medios de subsistencia. Éste es un deber que ha sido prescrito para todos
en ésta, la más grande Revelación, y es considerado a la vista de Dios
como una buena acción. Quienquiera que cumpla con este deber, ciertamente
recibirá ayuda del Invisible. Él puede enriquecer mediante su gracia a
quienquiera Él desee. Verdaderamente, Él tiene poder sobre todas las
cosas....

Oh 'Alí, di a los amados de Dios que la equidad es la más
fundamental de las virtudes humanas. La evaluación de todas las cosas
debe depender necesariamente de ella. Medita un momento sobre las
calamidades y aflicciones que este Prisionero ha soportado. Toda mi vida
he estado a la merced de mis enemigos, y he sufrido cada día una nueva
tribulación en el sendero del amor de Dios. He perseverado pacientemente
hasta que la fama de la Causa de Dios se hubo difundido sobre la tierra.
Si ahora alguien se levantara, incitado por las vanas imaginaciones que
su corazón haya forjado, y se esforzara en sembrar abierta o secretamente
las semillas de la disensión entre los hombres, ¿se puede decir que
semejante hombre ha obrado con equidad? ¡No, por Aquel, cuyo poder se
extiende sobre todas las cosas! ¡Por mi vida! Mi corazón gime y mis ojos
lloran penosamente por la Causa de Dios y por aquellos que no entienden
lo que dicen e imaginan lo que no pueden comprender.

Conviene a todos los hombres en este Día asirse firmemente del Más
Grande Nombre y establecer la unidad de toda la humanidad. No hay donde
huir, ni refugio que nadie pueda buscar sino Él. Si algún hombre fuera
llevado a pronunciar palabras que hicieran al pueblo apartarse de las
costas del ilimitado océano de Dios, y fijar sus corazones en cualquier
cosa fuera de su Ser glorioso y manifiesto -que ha tomado una forma
sujeta a las limitaciones humanas- este hombre, por muy elevada que sea
la posición que ocupe, será denunciado por toda la creación como alguien
que se ha privado de las dulces fragancias del Todo Misericordioso.

Di: ¡Sed equitativos en vuestro juicio, oh hombres de corazón
comprensivo! Aquel que es injusto en su juicio carece de las
características que distinguen la posición del hombre. Aquel quien es la
Verdad Eterna conoce bien lo que ocultan los pechos de los hombres. Su
longanimidad ha envalentonado a sus criaturas, por cuanto, hasta que no
llegue el tiempo señalado, Él no rasgará ningún velo. Su incomparable
misericordia ha reprimido la furia de su cólera y ha hecho imaginar a la
mayoría de los hombres que el Dios único y verdadero no sabe lo que han
cometido secretamente. ¡Por Aquel quien es el Omnisapiente, el Conocedor
de Todo. El espejo de su conocimiento refleja con absoluta claridad,
precisión y fidelidad las acciones de todos los hombres. Di: ¡La loanza a
ti, oh Encubridor de los pecados de los débiles y desamparados!
¡Magnificado sea tu nombre, oh Tú que perdonas a los negligentes que te
ofenden!

Hemos prohibido a los hombres que sigan las imaginaciones de sus
corazones, para que puedan reconocer a Aquel quien es la soberana Fuente
y el Objeto de todo conocimiento y aceptar todo lo que Él desee revelar.
Mira cómo se han enredado en sus vanas fantasías y ociosas imaginaciones.
¡Por mi Vida! Ellos mismos son las víctimas de aquello que sus propios
corazones han forjado y, no obstante, no pueden percibirlo. Vana e inútil
es la palabra de sus labios y, sin embargo, no lo comprenden.

Imploramos a Dios que otorgue benévolamente su gracia a todos los
hombres y les capacite para lograr conocimiento de Él y de sí mismos.
¡Por mi vida! Quienquiera que le haya conocido se remontará en la
inmensidad de su amor y se desligará del mundo y de todo lo que hay en
él. Nada en esta tierra le desviará de su camino, menos aún los que
impulsados por sus vanas imaginaciones, dicen lo que Dios ha prohibido.

Di: Éste es el Día, en que todo oído necesariamente debe prestar
atención a su voz. Escuchad el Llamado de este Agraviado y magnificad el
nombre del Dios único y verdadero, adornaos con el ornamento de su
recuerdo e iluminad vuestros corazones con la luz de su amor. Ésta es la
llave que abre el corazón de los hombres, el bruñidor que limpiará el
alma de todos los seres. Aquel que descuida lo que mana de los dedos de
la Voluntad de Dios, vive en error evidente. Amistad y rectitud de
conducta, y no disensión y maldad, son las señales de la verdadera fe.

Proclama a los hombres lo que Aquel quien habla la verdad y es el
Fideicomisario de Dios te ha ordenado observar. Mi gloria sea contigo, oh
tú que invocas mi nombre, que diriges tu mirada hacia mi corte y que
expresas con tu lengua la alabanza de tu Señor, el Benéfico.

CI. El propósito que fundamenta la revelación de todo Libro
sagrado, aun más, de todo verso divinamente revelado, es dotar a los
hombres de rectitud y entendimiento para que la paz y tranquilidad puedan
ser establecidas firmemente entre ellos. Todo lo que infunda confianza en
los corazones de los hombres, y todo lo que enaltezca su posición o
promueva su contento es aceptable a la vista de Dios. ¡Cuán elevada es la
posición que el hombre puede alcanzar, si sólo eligiera cumplir con su
alto destino! A qué profundidades de degradación puede hundirse,
profundidades que ni la más vil de las criaturas jamás ha alcanzado!
Asid, oh amigos, la oportunidad que este Día os ofrece, y no os privéis
de las generosas efusiones de su gracia. Imploro a Dios que benévolamente
permita a cada uno de vosotros, en este sagrado Día, adornaros con el
ornamento de acciones puras y santas. Él, en verdad, hace todo lo que sea
su voluntad.

CII. Poned oído atento, oh pueblo, a lo que Yo, en verdad, os digo.
El Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- siempre ha considerado
y continuará considerando a los corazones de los hombres como su posesión
propia y exclusiva. Todo lo demás, ya pertenezca a la tierra o al mar, ya
sea riqueza o gloria, Él lo ha legado a los reyes y gobernantes de la
tierra. Desde el principio que no tiene principio, el estandarte que
proclama las palabras "Él hace todo lo que sea su voluntad" ha sido
desplegado en todo su esplendor delante de su Manifestación. Lo que la
humanidad necesita en este día, es obediencia a aquellos que ejercen
autoridad y fiel adhesión a la cuerda de sabiduría. Los instrumentos que
son esenciales para la protección inmediata, la seguridad y paz de la
raza humana, han sido confiados en manos de los gobernantes de la
sociedad humana y están en su poder. Éste es el deseo de Dios y su
decreto.... Abrigamos la esperanza que alguno de los reyes de la tierra,
por Dios, se levante para el triunfo de este pueblo agraviado y oprimido.
Semejante soberano será exaltado y glorificado eternamente. Dios ha
prescrito a este pueblo el deber de ayudar a quienquiera les ayude,
servir sus mejores intereses y demostrarle su lealtad perdurable.
Aquellos que me siguen deben luchar en todas circunstancias para promover
el bienestar de quienquiera que se levante para el triunfo de mi Causa y
deben demostrar en todo momento su devoción y fidelidad hacia él. Feliz
el hombre que escucha mi consejo y lo observa. ¡Ay! de aquel que no
cumpla con mi deseo.

CIII. Por medio de su lengua que dice la verdad, Dios ha
testificado en todas sus Tablas estas palabras: "Yo soy Aquel que vive en
el Reino Abhá de Gloria".

¡Por la rectitud de Dios! Él, desde las alturas de esta sublime,
esta santa, esta poderosa y eminente posición ve todo y oye todo, y en
esta hora proclama: Bienaventurado eres, oh Javád, por cuanto has logrado
lo que ningún hombre antes de ti ha logrado. ¡Juro por Aquel quien es la
Verdad Eterna! Por ti se han alegrado los ojos de los moradores del
Exaltado Paraíso. La gente, sin embargo, está completamente desatenta. Si
reveláramos tu posición, los corazones de los hombres quedarían
penosamente perturbados, sus pasos resbalarían, las personificaciones de
la vanagloria quedarían atónitas, y se desplomarían, y por temor de oír,
se taparían los oídos con los dedos de la negligencia.

No te apesadumbres por causa de aquellos que se han ocupado con las
cosas de este mundo y han olvidado el recuerdo de Dios, el Más Grande.
¡Por Aquel quien es la Verdad Eterna! Se aproxima el día, cuando la
indignada ira del Todopoderoso se apoderará de ellos. Verdaderamente Él
es el Omnipotente, el que Todo Sojuzga, el Todopoderoso. Él limpiará el
mundo de la contaminación de su corrupción, y lo hará un legado para
aquellos de sus siervos que estén cerca de Él.

Di: ¡Oh pueblo! Que polvo llene vuestras bocas y cenizas cieguen
vuestros ojos, por haber trocado al Divino José al más miserable precio.
¡Oh, qué miseria descansa sobre vosotros, que os habéis desviado tan
lejos! ¿Habéis imaginado en vuestros corazones que tenéis el poder para
aventajarle a Él y a su Causa? ¡Lejos estáis de ello! Así lo atestigua Él
mismo, el Omnipotente, el Exaltadísimo, el Más Grande.

Pronto las ráfagas de su castigo golpearán sobre vosotros y os
cubrirá el polvo del infierno. Aquellos hombres que, habiendo acumulado
las vanidades y adornos de la tierra, se han alejado de Dios con desdén,
ellos han perdido este mundo y el mundo venidero. Dentro de poco Dios,
con la Mano del Poder, les arrancará sus posesiones y les despojará del
manto de su generosidad. Esto pronto lo atestiguarán ellos mismos. Tú
también serás testigo de ello.

Di: ¡Oh pueblo! No dejéis que esta vida y sus falacias os engañen,
pues el mundo y todo lo que hay en él está asido firmemente en el puño de
su Voluntad. Él concede su favor a quien Él quiera, y a quien Él quiera
se lo quita. Él hace lo que desea. Si a su vista el mundo tuviera algún
valor, Él de cierto, jamás habría permitido que sus enemigos lo
poseyeran, ni siquiera en la medida de un grano de mostaza. Sin embargo,
Él ha hecho que os enredéis en los asuntos del mundo en pago por lo que
vuestras manos han forjado en su Causa. Esto es de hecho un castigo que
vosotros por vuestra propia voluntad os habéis infligido, si sólo
pudierais comprenderlo. ¿Os regocijáis con las cosas que, de acuerdo con
el juicio de Dios, son despreciables e indignas, cosas con que Él pone a
prueba los corazones de los que dudan?

CIV. ¡Oh vosotros, pueblos del mundo! Sabed en verdad que una
calamidad imprevista os sigue, y os espera un doloroso castigo. No
penséis que las acciones que habéis cometido han sido ocultas a mi vista.
¡Por mi belleza! Todas vuestras acciones han sido grabadas por mi Pluma,
con caracteres claros sobre tablas de crisolita.

CV. ¡Oh reyes de la tierra! Ha venido Aquel quien es el soberano
Señor de todo. El Reino es de Dios, el Protector omnipotente, el que
Subsiste por sí mismo. No adoréis a nadie sino a Dios, y con corazones
radiantes alzad vuestros rostros hacia vuestro Señor, Señor de todos los
nombres. Ésta es una Revelación con la cual nada que poseéis podrá ser
jamás comparada, silo supierais.

Vemos cómo os regocijáis por lo que habéis acumulado para otros,
excluyéndoos de los mundos que sólo mi Tabla guardada puede calcular. Los
tesoros que habéis acumulado os han alejado inmensamente de vuestro
objetivo último. Esto es indigno de vosotros, si sólo pudieseis
comprenderlo. Limpiad vuestros corazones de toda suciedad terrenal, y
apresuraos a entrar en el Reino de vuestra Señor, Creador del cielo y de
la tierra, quien hizo temblar al mundo y que se lamentaran todos sus
pueblos, salvo aquellos que han renunciado a todo, aferrándose a lo que
la Tabla Oculta ha ordenado.

Éste es el Día en que Aquel quien conversó con Dios ha alcanzado la
luz del Antiguo de los Días y bebido las aguas puras de la reunión, de
esta Copa que ha hecho crecer los mares. Di: ¡Por el Dios único y
verdadero! Sinaí gira en torno a la Aurora de la Revelación, en tanto que
de las alturas del Reino se oye la Voz del Espíritu de Dios que proclama:
"Moveos, oh vosotros los orgullosos de la tierra e id presurosos hacia
Él." El Carmelo, en este Día, se ha apresurado en vehemente adoración
para alcanzar su corte, mientras que el corazón de Sión proclama: "La
Promesa está cumplida. Aquello que había sido anunciado en la Santa
Escritura de Dios, el Más Exaltado, el Todopoderoso, el Bienamado, se ha
hecho manifiesto."

¡Oh reyes de la tierra! La Más Grande Ley ha sido revelada en este
lugar, en este escenario de trascendente esplendor. Toda cosa oculta ha
sido descubierta, en virtud de la Voluntad del Supremo Ordenador, Aquel
que ha anunciado la Hora Final, por quien la Luna ha sido hendida, y
expuesto todo decreto irrevocable.

¡No sois más que vasallos, oh reyes de la tierra! Aquel quien es el
Rey de Reyes ha aparecido, ataviado con su muy maravillosa gloria, y os
emplaza ante sí, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí
mismo. Estad atentos, no sea que el orgullo os impida reconocer la Fuente
de la Revelación; no sea que las cosas del mundo como un velo os separen
de Aquel quien es el Creador del cielo. Levantaos y servid a Aquel quien
es el Deseo de todas las naciones, quien os ha creado mediante una
palabra suya, y ha ordenado que seáis, para siempre, los emblemas de su
soberanía.

¡Por la rectitud de Dios! No es nuestro deseo adueñarnos de
vuestros reinos. Nuestra misión es tomar y poseer los corazones de los
hombres. En ellos están puestos los ojos de Bahá. De esto da testimonio
el Reino de los Nombres, si pudierais comprenderlo. Quienquiera que siga
a su Señor, renunciará al mundo y a todo cuanto hay en él; ¡cuánto mayor
entonces, ha de ser el desprendimiento de Aquel quien ocupa tan augusta
posición! Abandonad vuestros palacios y apresuraos para que seáis
admitidos en su Reino. Esto, en verdad, os aprovechará tanto en este
mundo como en el venidero. Esto lo atestigua el Señor del reino en lo
alto, si lo supierais.

¡Cuán grande la bienaventuranza que espera al rey que se levanta
para ayudar a mi Causa en mi Reino, y se desprenda de todo menos de mí!
Tal rey se cuenta entre los compañeros del Arca Carmesí, Arca que Dios ha
preparado para el pueblo de Bahá. Todos deben glorificar su nombre,
reverenciar su posición y ayudarle a abrir las puertas de las ciudades
con las llaves de mi Nombre, el omnipotente Protector de todos los que
habitan los reinos visibles e invisibles. Tal rey es el ojo mismo de la
humanidad, el luminoso ornamento de la frente de la creación, la fuente
de bendiciones para el mundo entero. Oh pueblo de Bahá, ofrendad en su
ayuda vuestros bienes, es más, vuestra vida misma.

CVI. El Médico Omnisciente tiene puesto su dedo en el pulso de la
humanidad. Percibe la enfermedad y en su infalible sabiduría prescribe el
remedio. Cada época tiene su propio problema y cada alma su aspiración
particular. El remedio que el mundo necesita para sus aflicciones
actuales no puede ser nunca el mismo que el que pueda requerir una edad
siguiente. Preocupaos fervientemente con las necesidades de la edad en
que vivís y centrad vuestras deliberaciones en sus exigencias y
requerimientos.

Percibimos perfectamente cómo toda la raza humana está rodeada de
grandes, de incalculables aflicciones. La vemos languidecer en su lecho
de enfermos, severamente atribulada y desilusionada. Los que están
embriagados con egoísmo vanidoso se han interpuesto entre ella y el
divino e infalible Médico. Atestiguad cómo han envuelto a todos los
hombres y a sí mismos en la red de sus artificios. No pueden ni descubrir
la causa de la enfermedad, ni tampoco poseen ningún conocimiento del
remedio. Han concebido que lo recto es torcido, y han imaginado que su
amigo es un enemigo.

Prestad oídos a la dulce melodía de este Prisionero. Levantaos y
dejad oír vuestras voces, para que quizás aquellos que están
profundamente dormidos puedan ser despertados. Di: ¡Oh vosotros que
estáis como muertos! La Mano de la generosidad divina os brinda el Agua
de Vida. Apresuraos y tomad lo que podáis. Quien haya nacido de nuevo en
este Día, nunca morirá; quien permanezca muerto nunca vivirá.

CVII. Aquel quien es vuestro Señor, el Todo Misericordioso, atesora
en su corazón el deseo de ver a toda la raza humana como una alma y un
cuerpo. Apresuraos en ganar vuestra porción de la bondadosa gracia y
misericordia de Dios, en este Día que eclipsa todos los otros Días
creados. ¡Cuán grande es la felicidad que espera al hombre que abandona
todo lo que posee en su deseo por obtener las cosas de Dios! Atestiguamos
que tal hombre está entre los venturosos de Dios.

CVIII. Tenemos un tiempo fijo para vosotros, oh pueblos. Si a la
hora señalada no os volvéis hacia Dios, Él en verdad os asirá
violentamente y hará que penosas aflicciones os acosen de todas
direcciones ¡Cuán severo es, en verdad, el castigo con que entonces os
castigará vuestro Señor!


CIX. ¡Oh Kamál! Las alturas que puede lograr el hombre mortal en
este Día, mediante el munífico favor de Dios, aún no han sido reveladas a
su vista. El mundo de la existencia nunca ha tenido, ni posee todavía la
capacidad para tal revelación. Sin embargo, se aproxima el día en que las
potencialidades de tan grandioso favor, por virtud de su mandato, serán
manifestadas a los hombres. Aun si las fuerzas de las naciones se
alinearan contra Él, aun silos reyes de la tierra se aliaren para socavar
su Causa, la fuerza de su poder permanecerá inmutable. Él,
verdaderamente, habla la verdad y llama a toda la humanidad hacia el
camino de Aquel quien es el Incomparable, el Omnisciente.

Todos los hombres han sido creados para llevar adelante una
civilización en continuo progreso. EL Todopoderoso es mi testigo: Actuar
como las bestias del campo no es digno del hombre. Las virtudes que
corresponden a su dignidad son indulgencia, misericordia, compasión, y
amorosa bondad hacia todos los pueblos y razas de la tierra. Di: ¡Oh
amigos! Bebed cuanto podáis de esta corriente cristalina que fluye por la
gracia celestial de Aquel quien es el Señor de los Nombres. Dejad que en
mi nombre, otros participen de sus aguas, para que los gobernantes de los
hombres en todos los países puedan reconocer plenamente el propósito para
el cual la Verdad Eterna ha sido revelada, y la razón por la cual ellos
mismos han sido creados.

CX. El Gran Ser dice: ¡Oh vosotros, hijos de los hombres! El
propósito fundamental que anima a la Fe de Dios y su Religión es proteger
los intereses de la raza humana, promover su unidad, y estimular el
espíritu de amor y fraternidad entre los hombres. No dejéis que se
convierta en fuente de disensión y discordia, de odio y enemistad. Éste
es el Sendero recto, el cimiento fijo e inamovible. Todo lo que sea
erigido sobre este cimiento, los cambios y azares del mundo no podrán
nunca menoscabar su resistencia, ni el transcurso de incontables siglos
podrá socavar su estructura. Nuestra esperanza es que los jefes
religiosos del mundo y sus gobernantes se levanten unidos para reformar
esta edad y rehabilitar su destino. Que tomen consejo juntos después de
haber meditado sobre sus necesidades, y suministren mediante deliberación
ferviente y plena a un mundo enfermo y penosamente afligido el remedio
que requiere.... Incumbe a quienes tienen autoridad observar moderación
en todo. Todo lo que traspase los límites de la moderación cesará de
ejercer influencia beneficiosa. Considerad, por ejemplo, cosas como la
libertad, la civilización y otras. Por muy favorablemente que hombres de
entendimiento las consideren, éstas, si son llevadas a exceso, ejercerán
influencia perniciosa sobre los hombres.... Conceda Dios que los pueblos
del mundo, como resultado de los elevados esfuerzos hechos por sus
gobernantes y los sabios y eruditos entre los hombres, sean conducidos a
reconocer lo que más les conviene. ¿Hasta cuándo persistirá la humanidad
en su descarrío? ¿Hasta cuándo continuará la injusticia? ¿Hasta cuándo
reinarán el caos y la confusión entre los hombres? ¿Hasta cuándo agitará
la discordia la faz de la sociedad? Los vientos de la desesperación,
lamentablemente, soplan desde todas direcciones, y la contienda que
divide y aflige a la raza humana crece día a día. Los signos de
convulsiones y caos inminentes pueden discernirse ahora, por cuanto el
orden prevaleciente resulta ser deplorablemente defectuoso. Imploro a
Dios, exaltada sea su gloria, que benévolamente despierte a los pueblos
de la tierra, que conceda que el resultado de su conducta les sea
provechoso, y les ayude a realizar lo que es digno de su posición.

CXI. ¡Oh pueblos y razas contendientes sobre la tierra! Dirigid
vuestros rostros hacia la unidad y dejad que el fulgor de su luz brille
sobre vosotros. Reuníos y por amor a Dios, decidíos a extirpar todo lo
que sea fuente de discordia entre vosotros. Entonces, el resplandor del
gran Lucero del mundo envolverá a toda la tierra y sus habitantes
llegarán a ser los ciudadanos de una sola ciudad y los ocupantes de un
solo trono. Siempre, desde los primeros días de su vida, este Agraviado
no ha tenido ningún deseo más que éste ni sentirá anhelo alguno que no
sea éste. Es indudable que los pueblos del mundo de cualesquiera raza o
religión derivan su inspiración de una sola fuente celestial y son los
súbditos de un solo Dios. La diferencia entre las ordenanzas bajo las que
viven debe ser atribuida a los requisitos y exigencias variables de la
época en que fueron reveladas. Todas ellas, excepto de unos pocos, que
son producto de la perversidad humana, fueron ordenadas por Dios y son el
reflejo de su Voluntad y Propósito. Levantaos, y armados con el poder de
la fe, despedazad a los dioses de vuestras vanas imaginaciones, los
sembradores de disensión entre vosotros. Aferraos a aquello que os junte
y una. Esto es, en verdad, la más exaltada Palabra que el Libro Madre ha
enviado y revelado a vosotros. Esto lo atestigua la Lengua de Grandeza
desde su morada de gloria.

CXII. Ved los disturbios que por muchos años han afligido a la
tierra y la perturbación que ha conmovido a sus pueblos. O ha sido
asolada por guerras, o bien, atormentada por calamidades repentinas e
imprevistas. A pesar de que el mundo está rodeado de miseria y
sufrimiento, ningún hombre se ha detenido a reflexionar cuál puede ser la
causa o fuente de ello. Cada vez que el Verdadero Consejero pronunciaba
una palabra en amonestación, he aquí que todos le denunciaban como autor
de maldad y rechazaban su proclamación. ¡Cuán incomprensible y
desconcertante es tal conducta! No se encuentran ni dos hombres de
quienes pueda decirse que están unidos interior y exteriormente. Las
señales de discordia y maldad son evidentes en todas partes, a pesar de
que todos fueron creados para la armonía y la unión. El Gran Ser dice:
¡Oh bienamados! El tabernáculo de la unidad ha sido levantado; no os
miréis como extraños los unos a los otros. Sois los frutos de un solo
árbol y las hojas de una sola rama. Abrigamos la esperanza que la luz de
la justicia brille sobre el mundo y que lo purifique de la tiranía. Si
los gobernantes y reyes de la tierra, los símbolos del poder de Dios -
exaltada sea su gloria- se levantan y deciden dedicarse a lo que promueve
los más altos intereses de toda la humanidad, el reinado de la justicia,
ciertamente, será establecido entre los hijos de los hombres y el fulgor
de su luz envolverá toda la tierra. El Gran Ser dice: La estructura de la
estabilidad y el orden mundiales ha sido erigida sobre los pilares
gemelos de recompensa y castigo y continuarán siendo sostenidas por
ellos. En otro pasaje Él ha escrito: ¡Prestad atención, oh concurso de
gobernantes del mundo! No hay fuerza en la tierra que pueda igualarse en
su poder conquistador a la fuerza de justicia y sabiduría....
Bienaventurado es el rey que marcha con la insignia de la sabiduría
desplegada al frente y con los batallones de la justicia alineados detrás
de él. Él es, en verdad, el ornamento que adorna la frente de la paz y el
semblante de la seguridad. No hay ninguna duda que si el sol de la
justicia que las nubes de la tiranía han oscurecido derramara su luz
sobre los hombres, la faz de la tierra sería completamente transformada.

CXIII. ¿Imaginas, oh Ministro del Sháh en la Ciudad
(Constantinopla), que Yo tengo en mis manos el destino final de la Causa
de Dios? ¿Piensas que mi encarcelamiento o la vergüenza que he tenido que
soportar, o aun mi muerte y completa aniquilación, pueden desviar su
curso? ¡Miserable es lo que has imaginado en tu corazón! Tú eres
ciertamente de aquellos que siguen las vanas imaginaciones que forjan sus
corazones. No hay Dios sino Él. Potente es Él para manifestar su Causa, y
para exaltar su testimonio, y para establecer todo lo que sea su
Voluntad, y para elevarla a una posición tan eminente que ni tus propias
manos ni las de los que se han apartado de Él no podrán jamás tocar o
dañarla.

¿Crees que tú tienes el poder de frustrar su Voluntad, de impedirle
ejecutar su juicio o de no dejarle ejercer su soberanía? ¿Pretendes tú
que algo en los cielos o en la tierra pueda resistir su Fe? ¡No, por
Aquel quien es la Verdad Eterna! Nada, en toda la creación, puede
desbaratar su Propósito. Desecha, por tanto, la vana presunción que
Sigues, pues la mera presunción no podrá jamás tomar el lugar de la
verdad. Sé tú de aquellos que de verdad se han arrepentido y han vuelto a
Dios, el Dios que te ha creado, que te ha alimentado y que te ha hecho un
ministro entre los que profesan tu fe.

Sabe además que Él es quien, por su propio deseo ha creado todo lo
que está en los cielos y todo lo que está en la tierra. ¿Cómo puede,
entonces, lo que ha sido creado por su mandato, vencerle a Él? ¡Muy
exaltado es Dios sobre lo que vosotros podéis imaginar de Él, vosotros
pueblo de malicia! Si esta Causa es de Dios ningún hombre puede
derrotarla; y si no es de Dios, los teólogos entre vosotros, los que
siguen sus deseos corruptos, y quienes se han rebelado contra Él, por
cierto, bastarían para vencerla.

¿No has escuchado lo que un hombre de la familia de Faraón, un
creyente, ha dicho antaño, y que Dios contó a su Apóstol, a quien Él ha
elegido sobre todos los seres humanos, ha confiado su Mensaje y ha hecho
la fuente de su misericordia hacia todos los que moran en la tierra? Él
dijo, y Él ciertamente habla la verdad: "¿Mataréis a un hombre, porque
dice mi Señor es Dios, cuando ya ha venido con pruebas de su misión? Si
es un mentiroso, sobre él será su mentira, pero si es un hombre de
verdad, al menos parte de lo que amenaza caerá sobre vosotros". Esto es
lo que Dios ha revelado a su Bienamado, en su Libro infalible.

Y sin embargo, no habéis dado oídos a su llamado, habéis
desatendido su ley, habéis rechazado su consejo, como está registrado en
su Libro, y habéis sido de los que se han desviado lejos de Él. ¡Cuántos
son aquellos que cada año y cada mes han sido muertos a causa de
vosotros! ¡Cuán múltiples las injusticias que habéis perpetrado;
injusticias como que los ojos de la creación no han visto, que ningún
cronista jamás ha registrado! ¡Cuán numerosos los niños y criaturas que
quedaron huérfanos, y los padres que perdieron a sus hijos a causa de
vuestra crueldad, oh vosotros, los injustos! ¡Cuán a menudo la hermana se
ha desconsolado y ha llorado la muerte de su hermano, y cuántas veces la
esposa ha lamentado la desaparición de su esposo y único sostenedor!

Vuestra iniquidad crecía cada vez más hasta que matasteis a Aquel
que nunca había quitado su vista de la faz de Dios, el Exaltadísimo, el
Más Grande. ¡Si por lo menos le hubierais muerto de la manera que los
hombres suelen matarse! Le matasteis empero en tales circunstancias que
ningún hombre ha presenciado jamás. Los cielos lloraron penosamente por
Él y las almas de aquellos que están cerca de Dios clamaron por su
aflicción. ¿No era Él un Vástago de la Antigua Casa de vuestro Profeta?
¿No se había difundido entre vosotros su fama de descendiente directo del
Apóstol? ¿Por qué, entonces, infligisteis sobre Él lo que ningún hombre,
por lejos que miréis atrás en el pasado, ha infligido sobre otro? ¡Por
Dios! ¡El ojo de la creación no ha visto a alguien como vosotros! ¡
Matáis a Aquel quien es el Vástago de la Casa de vuestro Profeta y os
regocijáis y divertís mientras estáis sentados en vuestros asientos de
honor! ¡Pronunciáis vuestras imprecaciones contra los que fueron antes de
vosotros, y que han perpetrado lo que vosotros habéis perpetrado, y
permanecéis todo el tiempo sin daros cuenta de vuestras atrocidades!

Sed justos en vuestro juicio. ¿Aquellos a quienes maldecís, sobre
quienes invocáis el mal, actuaron en forma diferente de vosotros? ¿No han
muerto al descendiente de su Profeta así como vosotros habéis muerto al
descendiente del vuestro? ¿No es vuestra conducta similar a la de ellos?
¿Cómo, entonces, pretendéis ser diferentes de ellos, oh vosotros,
sembradores de disensión entre los hombres?

Y cuando le quitasteis la vida, uno de sus seguidores se levantó
para vengar su muerte. Era un desconocido, y el propósito que había
concebido no fue notado por nadie. Éste, al fin, efectuó lo que fuera
preordinado. Os incumbe, por lo tanto, no culpar a nadie sino a vosotros
mismos por lo que habéis cometido, si juzgáis con rectitud. ¿Quién en
toda la tierra ha hecho lo que vosotros habéis hecho? ¡Nadie, por Aquel
quien es el Señor de todos los mundos!

Todos los gobernantes y reyes de la tierra honran y reverencian a
los descendientes de sus profetas y santos, si sólo pudierais
comprenderlo. Vosotros, en cambio, sois responsables de hechos tales que
en ninguna época ha cometido hombre alguno. Vuestros delitos han sido la
causa de que todo corazón comprensivo se consuma de dolor. Y sin embargo,
habéis permanecido sumidos en vuestra negligencia y no habéis comprendido
la iniquidad de vuestras acciones.

Habéis persistido en vuestro descarrío hasta que os levantasteis
contra Nosotros, aunque no habíamos hecho nada que justificara vuestra
enemistad. ¿No teméis a Dios, quien os ha creado, quien os ha modelado,
quien os ha hecho lograr vuestra fuerza y quien os ha unido con aquellos
que se han resignado a Él (musulmanes)? ¿Hasta cuándo persistiréis en
vuestro descarrío? ¿Hasta cuándo rehusaréis reflexionar? ¿Hasta cuándo no
sacudiréis vuestro letargo y os despertaréis de vuestra negligencia?
¿Hasta cuándo permaneceréis inconscientes de la verdad?

Ponderad en vuestros corazones. A pesar de vuestro comportamiento y
de lo que vuestras manos han forjado, ¿habéis conseguido extinguir el
fuego de Dios o apagar la luz de su Revelación, una luz que ha envuelto
con su brillo a aquellos que están sumergidos en los ondulantes océanos
de la inmortalidad, y que ha atraído a las almas de los que
verdaderamente creen y sostienen su unidad? ¿No sabéis que la Mano de
Dios está por sobre vuestra mano, que su irrevocable Decreto trasciende
todas vuestras maquinaciones, que Él es supremo sobre sus siervos, que Él
es capaz de cumplir su propósito, que Él hace lo que desea, que Él no
debe ser interrogado sobre lo que es su voluntad, que Él ordena lo que le
place, que Él es el Más Poderoso, el Omnipotente? ¿Si creéis que esto es
la verdad, por qué entonces no cesáis en vuestra agitación y vivís en paz
con vosotros mismos?

Vosotros perpetráis cada día una nueva injusticia y me tratáis como
me tratasteis en épocas pasados, aunque jamás intenté entrometerme en
vuestros asuntos. Nunca me opuse a vosotros, ni me rebelé contra vuestras
leyes. ¡He aquí que finalmente me hicisteis prisionero en esta lejana
tierra! Sin embargo, sabed ciertamente que nada que vuestras manos o las
manos de los infieles hayan forjado jamás pudo en el pasado, ni jamás
podrá en el futuro cambiar la Causa de Dios ni alterar sus
procedimientos.

¡Prestad atención a mi advertencia, vosotros, pueblo de Persia! Si
soy muerto por vuestras manos, de cierto, Dios levantará a alguien que
ocupará el asiento hecho vacante por mi muerte, porque tal es el método
que Dios ha llevado a efecto antaño, y no podréis encontrar cambio en el
método de proceder de Dios. ¿Tratáis de extinguir la luz de Dios que
brilla sobre su tierra? Dios está contra lo que deseáis. Él perfeccionará
su luz a pesar de que vosotros la aborrecéis en lo íntimo de vuestros
corazones.

Detente por un momento y reflexiona, oh Ministro, y sé justo en tu
juicio. ¿Qué hemos cometido que pueda justificar que tú nos hayas
difamado ante los Ministros del Rey, que hayas seguido tus deseos,
tergiversado la verdad y expuesto tus calumnias contra Nosotros? Nunca
nos hemos conocido excepto cuando nos encontramos en la casa de tu padre
en los días en que se conmemoraba el martirio del Imán Husayn. En esas
ocasiones nadie tenía la oportunidad para hacer conocer a otros sus
opiniones o creencias ni en conversación ni en discurso. Atestiguarás la
verdad de mis palabras si eres de los veraces. No he frecuentado otras
reuniones en las que pudieras haber conocido mi pensamiento ni en que
ningún otro pudiera haberlo hecho. ¿Cómo entonces pronunciaste tu
veredicto contra mí, cuando no habías escuchado mi testimonio de mis
propios labios? ¿No has escuchado lo que Dios, exaltada sea su gloria, ha
dicho, "No digáis a nadie que os salude al encontraros: Tú no eres un
creyente". "No rechacéis a aquellos que en la mañana y en la noche
suplican a su Señor, ansiosos de contemplar su faz." ¡Tú, en verdad, has
abandonado lo que el Libro de Dios ha prescrito y no obstante consideras
que eres un creyente!

A pesar de lo que has hecho -y de esto Dios es mi testigo- no tengo
rencor contra ti ni contra nadie, aunque de ti y de otros recibimos tal
daño que ningún creyente en la unidad de Dios podría soportar. Mi causa
no está en manos de nadie sino Dios y mi confianza no está en ningún otro
más que en Él. Dentro de poco acabarán vuestros días así como pasarán los
días de aquellos que vanaglorian con exorbitante orgullo ante sus
semejantes. ¡Pronto seréis juntados en presencia de Dios, y seréis
interrogados sobre vuestras acciones y tendréis el pago por lo que
vuestras manos han forjado y desdichada es la morada de los hacedores de
iniquidad!

¡Por Dios! Si pudieras darte cuenta de lo que has hecho,
seguramente llorarías tristemente por ti mismo, huirías para refugiarte
hacia Dios, te desconsolarías y te lamentarías todos los días de tu vida
hasta que Dios te perdonara, pues Él es en verdad el Más Generoso, el
Todo Munífico. Tú, sin embargo, persistirás en tu negligencia hasta la
hora de tu muerte, por cuanto tú, con todo tu corazón, tu alma y más
íntimo ser, te has ocupado con las vanidades del mundo. Tú, después de tu
partida, descubrirás lo que te hemos revelado y encontrarás todas tus
acciones registradas en el Libro, en el cual se anotan las obras de todos
los que viven en la tierra, sean éstas mayores o menores que el peso de
un átomo. Atiende, por tanto, mi consejo y escucha con el oído de tu
corazón mis palabras y no las descuides, ni seas de aquellos que rechazan
mi verdad. No te gloríes en las cosas que te han sido dadas. Pon ante tus
ojos lo que ha sido revelado en el Libro de Dios, el que Ayuda en el
Peligro, el Todo Glorioso: "Y cuando habían olvidado sus advertencias,
les abrimos las puertas de todas las cosas", así como te abrimos a ti y a
tus iguales las puertas de esta tierra y de los ornamentos de ella.
Aguarda, por tanto, lo que ha sido prometido en la última parte de este
santo verso, pues ésta es una promesa de Aquel quien es el Todopoderoso,
el Omnipotente, una promesa que no resultará ser falsa.

No conozco el sendero que habéis escogido y que holláis, ¡oh
congregación de los que me desean el mal! ¡Os emplazamos a Dios, os
recordamos su Día, os anunciamos las nuevas de vuestra reunión con Él, os
atraemos a su corte y os enviamos señales de su maravillosa sabiduría, y
aun así, ves cómo nos rechazáis, cómo nos condenáis como a un infiel
mediante lo que vuestros labios mentirosos han pronunciado, cómo tramáis
vuestras maquinaciones contra Nosotros! Y cuando os manifestamos lo que
Dios por su munífico favor, nos ha concedido, decís "Esto no es sino
magia evidente". Las mismas palabras fueron dichas por las generaciones
anteriores a vosotros, que eran lo que sois vosotros, si sólo pudierais
comprenderlo. Con esto, os habéis privado de la munificencia de Dios y de
su gracia, y jamás las obtendréis hasta el día en que Dios haya juzgado
entre Nosotros y vosotros, y Él, ciertamente, es el mejor de los jueces.

Algunos de entre vosotros han dicho: "Él es quien ha pretendido ser
Dios". ¡Por Dios! Ésta es una grave calumnia. No soy sino un siervo de
Dios que ha creído en Él, y en sus signos, y en sus profetas y en sus
ángeles. Mi lengua, y mi corazón, y mi ser interior y exterior atestiguan
que no hay Dios sino Él, que todos los demás han sido creados por su
mandato y modelados por la acción de su Voluntad. No hay otro Dios sino
Él, el Creador, el Resucitador de los muertos, el Vivificador, el que da
muerte. Yo soy aquel que esparce los favores con que Dios, por su
munificencia, me ha favorecido. Si ésta es mi transgresión, entonces soy
ciertamente el primero de los transgresores. Yo y mis parientes estamos a
vuestra merced. Haced lo que os plazca y no seáis de los que vacilan,
para que Yo pueda volver a Dios mi Señor, y alcanzar el lugar donde Yo no
pueda ver ya vuestras caras. Esto, verdaderamente, es mi mayor anhelo, mi
más ardiente deseo. De mi condición Dios es, ciertamente, informado,
observante.

¡Imagina que estás bajo los ojos de Dios, oh Ministro! Si no le
ves, en verdad, Él te ve claramente. Observa y juzga nuestra Causa con
justicia. ¿Qué hemos cometido que haya podido inducirte a levantarte
contra Nosotros, y calumniarnos ante la gente si eres de los que son
justos? Partimos de Tihrán por mandato del Rey, y con su permiso,
trasladamos nuestra residencia a 'Iráq. ¿Si hubiese transgredido contra
él, por qué entonces me liberó? ¿Si estaba libre de culpa, por qué razón
nos afligisteis con tales tribulaciones que nadie entre los que profesan
vuestra fe ha sufrido? ¿Ha sido alguna de mis acciones, después de mi
llegada a 'Iráq, tal que haya subvertido la autoridad del gobierno?
¿Quién puede decir que ha percibido algo reprensible en nuestro
comportamiento? Averigua tú mismo de su pueblo, para que puedas ser de
aquellos que han discernido la verdad.

Durante once años vivimos en esa tierra, hasta que llegó el
Ministro que representaba a tu gobierno, cuyo nombre mi pluma abomina
mencionar, quien era dado a la bebida, quien seguía sus pasiones, y
cometía iniquidad, y era corrupto y corrompía a 'Iráq. Esto lo
atestiguarán los más de los habitantes de Baghdád, si inquirieras de
ellos y fueras de los que buscan la verdad. Fue él quien se apoderó
ilícitamente de los bienes de sus congéneres, quien abandonó todos los
mandamientos de Dios, y perpetró todo lo que Dios ha prohibido.
Finalmente, siguiendo sus deseos, se levantó contra Nosotros y caminó en
el sendero de los injustos. En su carta dirigida a ti nos acusó, y tú le
creíste y seguiste su camino, sin buscar de él ninguna prueba ni
testimonio fidedigno. No pediste ninguna explicación ni trataste de
investigar o averiguar el asunto, para que la verdad pueda ser
distinguida de la falsedad a tu vista y puedas ser claro en tu
discernimiento. Indaga tú mismo qué clase de hombre era, consultando a
los Ministros que estaban en ese tiempo en 'Iráq, como asimismo al
Gobernador de la Ciudad (Baghdád), a su primer Consejero, para que la
verdad te sea revelada y seas de los bien informados.

¡Dios es nuestro testigo! Nosotros, en ninguna circunstancia, hemos
demostrado oposición a él ni a otros. Observamos, en todas condiciones
los preceptos de Dios y nunca fuimos uno de aquellos que hacían
desórdenes. Esto lo atestigua él mismo. Su intención era prendernos y
enviarnos de vuelta a Persia, para poder así exaltar su fama y
reputación. Tú has cometido el mismo crimen y con el mismo propósito.
Ambos son de un mismo grado a la vista de Dios, el soberano Señor de
todo, el Omnisciente.

No es nuestro propósito al dirigirte estas palabras aliviar el peso
de nuestra aflicción, o inducirte a interceder por Nosotros ante nadie.
¡No, por Aquel quien es el Señor de todos los mundos! Hemos expuesto todo
este asunto ante ti, para que quizá te des cuenta de lo que has hecho,
desistas de infligir a otros el daño que tú nos has infligido, y seas de
aquellos que se han arrepentido verdaderamente ante Dios, quien te creó a
ti y todas las cosas y finalmente actúes con discernimiento en el futuro.
Esto es mejor para ti que todo lo que tú posees, que tu ministerio cuyos
días están contados.

Ten cuidado, no seas inducido a tolerar la injusticia. Asienta tu
corazón sobre la justicia, y no alteres la Causa de Dios, y sé de
aquellos cuyos ojos están dirigidos hacia las cosas que han sido
reveladas en su Libro. No sigas, en ninguna circunstancia, los impulsos
de tus malos deseos. Guarda la ley de Dios, tu Señor, el Benéfico, el
Antiguo de los Días. Tú, con toda seguridad volverás al polvo y perecerás
como todas las cosas con que te deleitas. Esto lo ha dicho la Lengua de
verdad y gloria.

¿No recuerdas la advertencia de Dios, pronunciada en tiempos
pasados, para que seas de aquellos que acatan su advertencia? Él dijo, y
Él ciertamente, habla la verdad: "De ella (la tierra) os hemos creado y a
ella os volveremos y de ella os sacaremos una segunda vez". Esto es lo
que Dios ha ordenado para todos los que moran en la tierra, sean elevados
o humildes. No incumbe, por tanto, a quien fue creado del polvo, quien
volverá a éste, y será nuevamente sacado de él, llenado de orgullo ante
Dios y ante sus amados, menospreciarles altivamente, y estar lleno de
desdeñosa arrogancia. No, más bien te incumbe a ti y a aquellos
semejantes a ti, someteros a quienes son las manifestaciones de la unidad
de Dios, y ceder humildemente a los fieles, que han abandonado todo por
causa de Dios, y se han desprendido de las cosas que absorben la atención
de los hombres y los desvían lejos del sendero de Dios, el Todo Glorioso,
el Todo Alabado. Así os enviamos lo que os aprovechará y aprovechará a
quienes han puesto toda su fe y confianza en su Señor.

CXIV. Escucha, oh Rey (Sultán 'Abdu'l-'Azíz) la palabra de Aquel
quien habla la verdad, quien no te pide que le recompenses con las cosas
que Dios ha escogido conferirte, quien, sin errar, holla el recto
Sendero. Él es quien te emplaza a Dios, tu Señor, quien te muestra el
rumbo correcto, el camino que lleva a la verdadera felicidad, para que
quizá seas de aquellos con quienes será el bien.

Ten cuidado, oh Rey, no te rodees de aquellos ministros que siguen
los deseos de una inclinación corrupta, que ha desechado lo que ha sido
entregado a sus manos y traicionado manifiestamente sus
responsabilidades. Sé generoso con los demás como Dios ha sido generoso
contigo y no abandones los intereses de tu pueblo a merced de ministros
como éstos. No deseches el temor a Dios y sé de los que obran con
rectitud. Rodéate de ministros de quienes podéis percibir la fragancia de
fe y justicia, toma consejo con ellos, y escoge lo que sea lo mejor a tu
vista, y sé de los que obran con generosidad.

Sabe con certeza que quienquiera que no crea en Dios no es digno de
confianza ni veraz. Esto es de hecho la verdad, la indudable verdad.
Quien obra traidoramente hacia Dios obrará también traidoramente hacia su
rey. Nada puede apartar a este hombre del mal, nada puede impedirle
traicionar a su prójimo, nada puede inducirle a actuar con rectitud.

Ten cautela, no entregues las riendas de los asuntos de tu estado
en manos de otros y no pongas tu confianza en ministros indignos de tu
crédito, y no seas de aquellos que viven en negligencia. Aborrece a
aquellos cuyos corazones se han apartado de ti, no pongas tu confianza en
ellos ni les confíes tus asuntos ni los asuntos de los que profesan tu
fe. Está alerta, no sea que permitas que el lobo llegue a ser pastor del
rebaño de Dios, y no abandones el destino de sus amados a merced de los
malvados. No esperes que aquellos que violan las ordenanzas de Dios sean
veraces ni sinceros en la fe que profesan. Evítalos y mantén guardia
estricta sobre ti, no sea que sus maquinaciones y maldades te dañen.
Apártate de ellos y fija tu mirada en Dios, tu Señor, el Todo Glorioso,
el Más Generoso. Aquel que se entrega por completo a Dios, ciertamente,
Dios estará con él y aquel que pone toda su confianza en Dios,
verdaderamente, Él le protegerá de todo lo que pueda dañarle y le
escudará de la iniquidad de todo tramador de mal.

Si pusieres oídos a mi voz y observares mi consejo, Dios te
exaltará a tan eminente posición, que los designios de ningún hombre
sobre la tierra no podrán nunca tocarte ni lastimarte. Observa, oh Rey,
con lo más íntimo de tu corazón y con todo tu ser, los preceptos de Dios
y no camines por las sendas del opresor. Toma las riendas de los asuntos
de tu pueblo y sosténlas firmes en la mano de tu poder, y examina
personalmente cualquier cosa que les concierna. Que nada se te escape,
pues en ello está el bien supremo.

Da gracias a Dios por haberte escogido a ti del mundo entero y
haberte hecho rey de aquellos que profesan tu fe. Te corresponde apreciar
los maravillosos favores con que Dios te ha favorecido y magnificar
continuamente su nombre. Le alabarás de la mejor manera si amas a sus
amados y resguardas y proteges a sus siervos de la maldad de los
pérfidos, para que nadie los siga oprimiendo. Deberías, además,
levantarte a imponer la ley de Dios entre ellos, para que seas de
aquellos que están firmemente establecidos en su ley.

Si tú hicieras que ríos de justicia difundieran sus aguas entre tus
súbditos, Dios de seguro te ayudaría con las huestes de lo invisible y de
lo visible, y te fortalecería en tus asuntos. No hay Dios sino Él. Toda
la creación y su imperio son suyos. A Él vuelven las obras de los fieles.

No te confíes en tus tesoros. Pon toda tu fe en la gracia de Dios,
tu Señor. Que Él sea tu confianza en todo lo que hagas, y sé de aquellos
que se han sometido a su Voluntad. Deja que Él sea tu ayuda y enriquécete
con sus tesoros, pues con Él están los tesoros de los cielos y de la
tierra. Él los concede a quien quiere, y de quien quiere los retiene. No
hay otro Dios sino Él, el Poseedor de Todo, el Todo Alabado. Todos son
sólo indigentes ante la puerta de su Misericordia; todos son impotentes
ante la revelación de su soberanía, e imploran sus favores.

No sobrepases los límites de la moderación, y procede justamente
con aquellos que te sirven. Dales lo que esté de acuerdo con sus
necesidades, pero no lo que les permita acumular riquezas para adornarse
a sí mismos, embellecer sus hogares, adquirir cosas que no son de ningún
beneficio para ellos, y ser contados entre los extravagantes. Procede con
ellos con justicia inflexible, de modo que ninguno sufra privación ni sea
mimado con lujos. Esto no es sino justicia manifiesta.

No permitas que el abyecto gobierne y domine a aquellos que son
nobles y dignos de honor, y no dejes que los magnánimos estén a merced de
los despreciables e indignos, pues esto es lo que Nosotros observamos a
nuestra llegada a la Ciudad (Constantinopla), y esto lo atestiguamos.
Encontramos entre sus habitantes algunos que poseían fortuna opulenta y
vivían en medio de riquezas excesivas, en tanto que otros estaban en
penosa necesidad y pobreza miserable. Esto es impropio de tu soberanía e
indigno de tu posición.

Que mi consejo sea aceptable para ti, y esfuérzate en gobernar con
equidad entre los hombres, para que Dios exalte tu nombre y difunda la
fama de tu justicia en todo el mundo. Ten cuidado, no sea que enriquezcas
a tus ministros a expensas de tus súbditos. Teme los suspiros de los
pobres y de los rectos de corazón, quienes al amanecer de cada día
deploran su condición, y sé para ellos un soberano benigno. Ellos, en
verdad, son tus tesoros sobre la tierra. Te atañe, por tanto, proteger
tus tesoros de los asaltos de aquellos que desean saquearte. Inquiere sus
asuntos e indaga cada año, no, más, aun, cada mes, su situación, y no
seas de aquellos que son desatentos con sus deberes.

Pon ante tus ojos la infalible Balanza de Dios, y como si
estuvieras en su Presencia, pesa en esa Balanza tus acciones cada día,
cada momento de tu vida. Haz un examen de conciencia antes que seas
llamado a rendir cuenta, en el Día en que ningún hombre tendrá fuerza
para sostenerse por temor a Dios, en que se hará estremecer los corazones
de los desatentos.

Incumbe a todo rey ser tan generoso como el sol, que estimula el
crecimiento de todos los seres y da a cada uno lo que merece, cuyos
beneficios no son inherentes en sí, sino que son ordenados por Aquel
quien es el Omnipotente, el Todo Poderoso. El Rey debería ser tan
generoso, tan munífico en su misericordia como las nubes, las efusiones
de cuya generosidad son derramadas sobre todas las tierras, por el
mandato de Aquel quien es el Supremo Ordenador, el Omnisapiente.

Ten cuidado de no confiar los asuntos de tu gobierno enteramente en
manos de otro. Nadie puede cumplir tus funciones mejor que tú mismo. Así
te aclaramos nuestras palabras de sabiduría y te enviamos aquello que te
permitirá pasar de la siniestra de la opresión a la diestra de la
justicia y aproximarte al resplandeciente océano de sus favores. Así es
el sendero que los reyes que fueron antes de ti han hollado, aquellos que
actuaron equitativamente con sus súbditos y caminaron por los caminos de
inflexible justicia.

Tú eres la sombra de Dios en la tierra. Por lo tanto, esfuérzate en
actuar de manera tal que corresponda a una posición tan augusta. Si dejas
de seguir las cosas que hemos hecho descender sobre ti y te hemos
enseñado, ciertamente menoscabarás este grande e inapreciable honor.
Vuelve entonces y aférrate enteramente a Dios, y limpia tu corazón del
mundo y todas sus vanidades, y no permitas que el amor hacia un extraño
entre y more en él. Mientras no hayas purificado tu corazón de todo
vestigio de ese amor, el brillo de la luz de Dios no podrá derramar su
resplandor sobre él, porque Dios no ha dado a nadie más que un solo
corazón. Verdaderamente, esto ha sido decretado y escrito en su antiguo
Libro. Y ya que el corazón humano, como ha sido modelado por Dios, es uno
e indiviso, te incumbe cuidar que sus afectos sean también, uno e
indivisos. Aférrate, por tanto, con todo el afecto de tu corazón a su
amor, y deslígalo del amor de cualquier otro fuera de Él, para que Él te
ayude a sumergirte en el océano de su unidad, y te permite ser un
verdadero sostenedor de su unicidad. Dios es mi testigo. Mi único
propósito al revelarte estas palabras es santificarte de las cosas
transitorias de la tierra y ayudarte a entrar en el reino de gloria
sempiterna, para que, con el consentimiento de Dios, seas de aquellos que
moran y reinan allí....

¡Juro por Dios, oh Rey! No es mi deseo presentar mi queja a ti
contra aquellos que me persiguen. Solamente expreso mi pena y sufrimiento
a Dios, quien me ha creado a mí y a ellos, quien conoce bien nuestra
condición y quien vigila todas las cosas. Mi deseo es advertirles las
consecuencias de sus acciones, para que quizá desistan de tratar a otros
como me han tratado a mí, y sean de aquellos que atienden mi advertencia.

Las tribulaciones que nos han alcanzado, la privación que sufrimos,
las variadas dificultades que nos han rodeado, todas pasarán, como
pasarán asimismo, los placeres en que se regocijan y la opulencia que
disfrutan. Ésta es la verdad que ningún hombre sobre la tierra puede
rechazar. Los días en que hemos sido compelidos a habitar en el polvo
pronto se acabarán, así como los días en que ellos ocupan los asientos de
honor. Dios, de seguro, juzgará con verdad entre nosotros y ellos, y Él,
ciertamente, es el mejor de los jueces.

Damos gracias a Dios por todo lo que nos ha acontecido, y
sobrellevamos pacientemente las cosas que Él ha ordenado en el pasado o
que ordenará en el futuro. En Él he depositado mi confianza, y a sus
manos he entregado mi Causa. Él, ciertamente, retribuirá a todos aquellos
que resisten con paciencia y ponen su confianza en Él. Suya es la
creación y su imperio. Él exalta a quien quiere, y a quien quiere Él
rebaja. A Él no se le debe pedir cuenta de sus hechos. Él,
verdaderamente, es el Todo Glorioso, el Omnipotente.

Que tu oído sea atento, oh Rey, a las palabras que te hemos
dirigido. Haz que el opresor desista de su tiranía y separa a los
perpetradores de injusticia de entre aquellos que profesan tu fe. ¡Por la
rectitud de Dios! Las tribulaciones que hemos soportado son tales, que
cualquier pluma que las narre no puede ser sino sobrecogida por la
angustia. Ninguno de aquellos que creen de verdad en la unidad de Dios y
la mantienen, puede soportar el peso de su narración. Tan grandes han
sido nuestros sufrimientos, que hasta los ojos de nuestros enemigos han
llorado por Nosotros, y más allá de ellos, los de toda persona
discernidora. Y hemos sido sometidos a todas estas pruebas, a pesar de
nuestra acción de dirigirnos a ti y de exhortar al pueblo a entrar bajo
tu sombra, para que seas una fortaleza para los que creen en la unidad de
Dios y la mantienen.

¿Acaso alguna vez, oh Rey, te he desobedecido? ¿He transgredido
alguna vez alguna de tus leyes? ¿Puede alguno de los ministros que te
representaban en 'Iráq presentar alguna prueba que pueda establecer mi
deslealtad hacia ti? ¡No, por Aquel quien es el Señor de todos los
mundos! Ni por un breve instante nos rebelamos contra ti ni contra
ninguno de tus ministros. Quiera Dios, nunca nos sublevaremos contra ti,
aunque seamos expuestos a pruebas más severas que ninguna que hemos
sufrido en el pasado.

De día y de noche, en la tarde y de mañana, oramos a Dios por ti,
para que te ayude benévolamente a ser obediente hacia Él, y a observar su
mandamiento, para que te escude de las huestes de los malvados. Haz, por
tanto, como te plazca y trátanos como corresponde a tu posición y es
digno de tu soberanía. No seas negligente con la ley de Dios en todo lo
que tú desees lograr ahora o en los días por venir. Di: ¡Alabado sea
Dios, el Señor de todos los mundos!

CXV. La Pluma de Revelación, oh Dhabíh, en la mayoría de las Tablas
divinamente reveladas, ha registrado estas palabras: Hemos amonestado a
todos los amados de Dios, que tengan cuidado, no sea que la orla de
nuestra sagrada vestidura sea manchada con la inmundicia de acciones
ilícitas o ensuciada con el polvo de una conducta reprensible. Además,
les hemos exhortado a fijar su mirada en todo lo que ha sido revelado en
nuestras Tablas. Si sus oídos interiores hubieran estado atentos a los
consejos divinos, que han brillado de la Aurora de la Pluma del Todo
Misericordioso, y si hubieran escuchado su Voz, lo más de los pueblos de
la tierra ya hubieran sido adornados con el ornamento de su guía. Empero,
lo que había sido preordinado ha ocurrido.

Una vez más, la Lengua del Antiguo de los Días, desde ésta la Más
Grande Prisión, revela estas palabras que están registradas en este
Pergamino de nívea blancura: ¡Oh vosotros, los bienamados del Dios único
y verdadero! Pasad más allá de los estrechos retiros de vuestros deseos
malos y corruptos, y avanzad hacia la vasta inmensidad del reino de Dios,
y morad en los prados de la santidad y del desprendimiento para que la
fragancia de vuestras obras pueda guiar a toda la humanidad al océano de
la imperecedera gloria de Dios. Absteneos de ocuparos con los asuntos de
este mundo y de todo lo que pertenece a él, o de mezclaros en las
actividades de lo que son sus jefes visibles.

El Dios único y verdadero, exaltada sea su gloria, ha concedido a
los reyes el gobierno del mundo. A nadie se le ha dado derecho de actuar
de una manera contraria a las opiniones consideradas de quienes tienen
autoridad. Lo que Él ha reservado para sí son las ciudades de los
corazones de los hombres; y los amados de Aquel que es la Verdad Soberana
son en este Día como las llaves de éstas. Quiera Dios, que todos ellos
sean capacitados para abrir, mediante el poder del Más Grande Nombre, las
puertas de estas ciudades. Esto es lo que significa ayudar al Dios único
y verdadero, tema a que se ha referido la Pluma de Aquel que hace que
rompa el alba en todos sus Libros y Tablas.

Incumbe, asimismo, a los amados de Dios ser indulgentes con sus
semejantes, y ser tan santificados y desprendidos de todas las cosas, y
mostrar tal sinceridad y equidad, que todos los pueblos de la tierra
puedan reconocer que ellos son los procuradores de Dios entre los
hombres. Considera a qué elevadas alturas se han remontado los mandatos
del Todopoderoso, y cuán abyecta es la habitación donde viven estas almas
endebles. Bienaventurados son aquellos que, con las almas de la certeza
han volado en los cielos que ha desplegado la Pluma de tu Señor, el Todo
Misericordioso.

Mira, oh Dhabíh, las obras que ha producido Dios, la Soberana
Verdad. Di tú: ¡Cuán grande, cuán intensamente grande es la fuerza de su
poder, que abarca todos los mundos! ¡Exaltado, inmensamente exaltado es
su desprendimiento, por encima del alcance y comprensión de toda la
creación! ¡Glorificada, glorificada sea su docilidad que ha derretido los
corazones de aquellos que han sido llevados cerca de Dios!

A pesar de ser afligidos por innumerables tribulaciones, que hemos
sufrido en manos de nuestros enemigos, hemos proclamado a todos los
gobernantes de la tierra lo que Dios ha querido proclamar, para que todas
las naciones sepan que ninguna forma de aflicción, puede impedir a la
Pluma del Antiguo de los Días lograr su propósito. Su Pluma se mueve con
el permiso de Dios, quien modela los huesos podridos que se desmoronan.

Considerando esta poderosísima empresa, incumbe a todos los que le
aman, apretarse para el esfuerzo y fijar sus pensamientos en lo que
asegure la victoria de la causa de Dios, en vez de cometer acciones viles
y despreciables. Si, por un momento, consideraras las obras y acciones
visibles de Aquel quien es la Verdad Eterna, caerías sobre el suelo y
exclamarías: ¡Oh, Tú, quien eres el Señor de los Señores! Atestiguo que
Tú eres el Señor de toda la creación, y el Educador de todos los seres
visibles e invisibles. Soy testigo que tu poder ha abarcado el universo
entero, y que las huestes de la tierra nunca podrán desalentarte, ni el
dominio de todos los pueblos y naciones podrán impedirte ejecutar tu
propósito. Confieso que Tú no tienes otro deseo sino la regeneración del
mundo entero, el establecimiento de la unidad de sus pueblos, y la
salvación de los que habitan en él.

Reflexiona algún tiempo, y considera cómo deben conducirse quienes
son los amados de Dios, y a qué alturas deben remontarse. Ruega en todo
momento a tu Señor, el Dios de Misericordia, para que les ayude a hacer
lo que es su Voluntad. Verdaderamente Él es el Más Poderoso el Todo
Glorioso, el Omnisapiente.

La encarcelación infligida a este Agraviado, oh Dhabíh, no le hizo
ningún daño ni podrá nunca hacerlo; tampoco podrán la pérdida de todos
sus bienes terrenales, su exilio, ni aun su martirio y aparente
humillación, causarle ningún perjuicio. Lo que puede perjudicarle son las
acciones malas que cometan los amados de Dios, y que le imputen a Él
quien es la Soberana Verdad. Ésta es la aflicción que sufro, y de esto
Aquel quien es poderoso sobre todas las cosas es mi testigo. Lo que me ha
adolorido enormemente son las pretensiones que el pueblo del Bayán
expresa cada día. Algunos han declarado su lealtad a una de mis Ramas
(Hijos), mientras que otros han afirmado sus pretensiones independientes
y han actuado de acuerdo con sus propios deseos.

¡Oh Dhabíh! La Lengua de Grandeza dice: ¡Por mí mismo quien habla
la verdad! En esta poderosísima Revelación, todas las Dispensaciones del
pasado han alcanzado su más elevada y final consumación. Quienquiera que
pretenda traer una Revelación después de Él es de seguro un impostor
mentiroso. Rogamos a Dios que Él, por su gracia, le ayude a retractarse
de tal pretensión y repudiarla. Si se arrepintiere, Dios, sin duda, le
perdonará. Pero si insiste en su error, Dios enviará, con toda seguridad,
a uno que lo tratará sin misericordia. Verdaderamente Él es el
Todopoderoso, el Omnipotente.

Mira cómo el pueblo de Bayán no ha reconocido de ningún modo que el
único objetivo de todo lo que ha revelado mi Manifestación Anterior y
Precursor de mi Belleza, ha sido mi Revelación y la proclamación de mi
Causa. Él nunca habría pronunciado, sino por mí, lo que pronunció, y de
esto Aquel que es la Soberana Verdad es mi testigo. ¡Atestigua cómo esta
gente insensata ha tratado la Causa de Aquel quien es Poseedor de Todo,
el Inaccesible, como juego y pasatiempo! Sus corazones forjan cada día
una nueva maquinación y su fantasía los lleva a buscar un retiro nuevo.
Si lo que dicen es cierto, ¿cómo, entonces, puede ser asegurada la
estabilidad de la Causa de tu Señor? Pondera esto en tu corazón y sé de
aquellos de vista aguda, que inquieren con cuidado, que son firmes en su
propósito y creencia. Tal debería ser tu certeza, que si toda la
humanidad presentara pretensiones que ningún hombre haya jamás presentado
ni ninguna mente concebido, tú no harías caso de ellas, las desecharías y
volverías tu rostro hacia Aquel quien es el Objeto de la adoración de
todos los mundos.

¡Por la rectitud de mi propio Ser! ¡Grande, inmensamente grande es
esta Causa! ¡Poderoso, inconcebiblemente poderoso es este Día!
Bienaventurado, de verdad, es el hombre que ha renunciado a todo y ha
fijado su vista sobre Aquel cuya faz ha dado iluminación a todos los que
están en los cielos y a todos los que están en la tierra.

Tu vista debe ser aguda, oh Dhabíh, tu alma diamantina, y tus pies
como el bronce, si no deseas ser estremecido por los asaltos de deseos
egoístas que susurran en los pechos de los hombres. Éste es el firme
mandamiento que, en virtud de la Voluntad del Antiguo Rey, la Pluma del
Más Grande Nombre ha sido movido a revelar. Cuídala como tu vista y sé de
los agradecidos. Empéñate día y noche en servir la Causa de Aquel quien
es la Verdad Eterna, y sé desprendido de todo menos de Él. ¡Por mí mismo!
Todo lo que veas en este Día, perecerá. Sumamente elevada será tu
posición, si permaneces firme en la Causa de tu Señor. Hacia Él están
dirigidos tus diligentes movimientos y en Él está tu descanso final.

CXVI. ¡Oh reyes de la cristiandad! No escuchasteis las palabras de
Jesús, el Espíritu de Dios: "Yo me voy, y vuelvo a donde vosotros". ¿Por
qué, entonces, cuando Él vino nuevamente a vosotros en las nubes del
cielo, no os acercasteis a Él, para que pudierais ver su rostro y ser de
aquellos que alcanzaron su Presencia? En otro pasaje Él dice: "Cuando Él,
el Espíritu de la Verdad, venga, Él os guiará a toda verdad". Empero,
ved, cómo, cuando Él os trajo la verdad, rehusasteis volver vuestros
rostros hacia Él, y persististeis en divertiros en vuestros pasatiempos y
vanidades. No le disteis la bienvenida, ni buscasteis su Presencia, para
que pudierais oír los versos de Dios de sus propios labios y participar
de la múltiple sabiduría del Todopoderoso, el Todo Glorioso, el
Sapientísimo. Debido a vuestra falta, habéis impedido que el aliento de
Dios sople sobre vosotros, y habéis retenido de vuestras almas la dulzura
de su fragancia. Continuáis vagando con deleite en el valle de vuestros
deseos corruptos. Vosotros, y todo lo que poseéis, pasará. De cierto,
volveréis a Dios y seréis llamados a rendir cuenta de vuestros actos en
presencia de Aquel quien reunirá a toda la creación....

Han pasado veinte años, oh reyes, durante los cuales cada día hemos
probado la angustia de una nueva tribulación. Ninguno de los que nos
precedieron ha soportado lo que Nosotros hemos soportado. ¡Oh, que
pudierais comprenderlo! Aquellos que se levantaron contra Nosotros nos
han muerto, han derramado nuestra sangre, han saqueado nuestros bienes y
violado nuestro honor. Aunque conscientes de la mayoría de nuestras
aflicciones, no habéis detenido, sin embargo, la mano del agresor. ¿Pues
no es acaso vuestro claro deber refrenar la tiranía del opresor y tratar
con equidad a vuestros súbditos, para que vuestro alto sentido de la
justicia se demuestre plenamente ante toda la humanidad?

Dios ha confiado en vuestras manos las riendas del gobierno del
pueblo, para que reinéis con justicia sobre ellos, resguardéis los
derechos de los humillados y castiguéis a los malhechores. Si descuidáis
el deber prescrito a vosotros por Dios en su Libro, vuestros nombres
serán contados entre los injustos a su vista. Grave, ciertamente, será
vuestro error. ¿Os aferráis a lo que vuestras imaginaciones han maquinado
y arrojáis tras de vosotros los mandamientos de Dios, el Exaltadísimo, el
Inaccesible, el que Compele Todo, el Todopoderoso? Desechad las cosas que
poseéis y aferraos a lo que Dios os ha ordenado observar. Buscad su
gracia, pues aquel que la busca holla su recto Sendero.

Considerad la condición en que estamos y ved qué males y
dificultades que nos han probado. No nos desatendáis ni por un momento y
juzgad entre Nosotros y nuestros enemigos con equidad. Esto, de seguro,
será por vosotros un beneficio manifiesto. Así os relatamos nuestra
historia y os contamos las cosas que nos han acaecido, para que remediéis
nuestros males y alivies nuestra carga. Que aquel que quiera, nos libere
de nuestra dificultad; y en cuanto a aquel que no quiera, mi Señor es de
seguro el mejor de los socorredores.

Advierte y haz conocer a la gente, oh Siervo, aquello que te hemos
enviado, y no dejes que el temor a nadie te desaliente, y no seas de
aquellos que vacilan. Se aproxima el día en que Dios habrá exaltado su
Causa y magnificado su testimonio a los ojos de todos los que están en
los cielos y todos los que están en la tierra. Pon en todas
circunstancias, plena confianza en tu Señor, y fija tu mirada en Él y
apártate de todos los que repudian su Verdad. Que Dios, tu Señor, sea tu
único socorredor y ayuda. Nos hemos comprometido a asegurar tu triunfo
sobre la tierra y exaltar nuestra Causa por encima de todos los hombres,
aunque no encontremos ningún rey que dirija su mirada a ti.

CXVII. El Gran Ser, deseando revelar los requisitos previos para la
paz y tranquilidad del mundo y el adelanto de sus pueblos, ha escrito:
Debe llegar el tiempo cuando la imperativa necesidad de tener una
concentración vasta y omnímoda de los hombres será universalmente
comprendida. Los gobernantes y reyes de la tierra deben necesariamente
concurrir a ella y participando en sus deliberaciones deben considerar
los fundamentos de la Gran Paz mundial. Tal paz exige que las grandes
potencias decidan, para la tranquilidad de los pueblos de la tierra,
estar completamente reconciliadas entre sí. Si algún rey tomare sus armas
contra otro, todos deberán levantarse unidos e impedírselo. Si esto se
hace las naciones del mundo ya no necesitarán armamentos, salvo con el
fin de preservar la seguridad de sus reinos y mantener el orden interno
dentro de sus territorios. Esto asegurará la paz y la calma de todos los
pueblos, gobiernos y naciones. Esperamos que los reyes y gobernantes de
la tierra, los espejos del dadivoso y omnipotente nombre de Dios, puedan
alcanzar esta posición y escudar a la humanidad de la embestida de la
tiranía.... Se aproxima el día en que todos los pueblos de la tierra
habrán adoptado un idioma universal y una escritura común. Cuando se haya
logrado esto, a cualquier ciudad que uno viaje, será como llegar a la
tierra nativa. Estas cosas son obligatorias y absolutamente esenciales.
Incumbe a todo hombre dotado de discernimiento y comprensión, esforzarse
por llevar lo que ha sido escrito a la realidad y acción.... Es de hecho
un hombre, quien, hoy, se dedica al servicio de toda la raza humana. El
Gran Ser dice: Bienaventurado y feliz es aquel que se levanta para
promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra. En
otro pasaje Él ha proclamado: No debe enaltecerse quien ama a su patria,
sino quien ama al mundo entero. La tierra es un solo país, y la humanidad
sus ciudadanos.

CXVIII. No dejéis de lado el temor a Dios, oh reyes de la tierra, y
cuidaos de no transgredir los límites que ha fijado el Todopoderoso.
Observad los mandamientos prescritos a vosotros en su Libro, y tomad
cuidado de no sobrepasar sus límites. Estad alertas para que no hagáis
injusticia a nadie, aunque sea como un grano de mostaza. Hollad el
sendero de la justicia, porque éste es, ciertamente, el sendero recto.

Resolved vuestras diferencias y reducid vuestros armamentos, para
que el peso de vuestros gastos sea aliviado y vuestras mentes y corazones
se tranquilicen. Reparad las disensiones que os dividen y ya no
necesitaréis armamentos, excepto los que la protección de vuestras
ciudades y territorios requiera. Temed a Dios y cuidaos de no traspasar
los límites de la moderación y ser contados entre los extravagantes.

Hemos sabido que aumentáis vuestros desembolsos cada año, y cargáis
el peso de ellos sobre vuestros súbditos. Esto, en verdad, es más de lo
que pueden soportar y es una grave injusticia. Decidid con justicia entre
los hombres y sed los emblemas de la justicia entre ellos. Esto, si
juzgáis imparcialmente, es lo que os incumbe y corresponde a vuestra
posición.

Guardaos de tratar injustamente a quienquiera que recurra a
vosotros y entre bajo vuestro amparo. Tened temor a Dios y sed de los que
llevan una vida piadosa. No os fiéis de vuestro poder, vuestros
ejércitos, ni vuestros tesoros. Poned toda vuestra fe y confianza en
Dios, quien os ha creado, y buscad su ayuda en todos vuestros asuntos. El
socorro viene sólo de Él. Él socorre a quien quiere con las huestes de
los cielos y de la tierra.

Sabed que los pobres son el depósito de Dios en medio de vosotros.
Cuidaos que no traicionéis su depósito, que no procedáis injustamente con
ellos y que no caminéis por los caminos de los pérfidos. Con toda
seguridad, seréis llamados a dar cuenta de su depósito en el día en que
la Balanza de la Justicia será establecida, día en que todos recibirán lo
que merezcan, en que los hechos de todos los hombres, ricos y pobres,
serán ponderados.

Si no prestáis atención a los consejos que, en lenguaje
incomparable e inequívoco, hemos revelado en esta Tabla, el castigo
divino os asaltará de todas direcciones y la sentencia de su justicia
será pronunciada contra vosotros. En ese día no tendréis poder para
resistirle, y reconoceréis vuestra propia impotencia. Tened misericordia
de vosotros mismos y de los que están bajo vosotros. Juzgad entre ellos
de acuerdo con los preceptos prescritos por Dios en su muy santa y
exaltada Tabla, Tabla en que Él ha asignado a cada cosa una medida
determinada, en que Él ha dado una clara explicación de todas las cosas y
que es, en sí misma, una amonestación para los que creen en Él.

Examinad nuestra causa, inquirid las cosas que nos han acaecido, y
decidid con justicia entre Nosotros y nuestros enemigos y sed de los que
obran equitativamente con sus semejantes. Si no detenéis la mano del
opresor, si no resguardáis los derechos de los oprimidos, ¿qué justifica
entonces que os vanagloriáis ante los hombres? ¿De qué podéis jactaros
con derecho? ¿Es de vuestros alimentos o bebidas que os enorgullecéis, de
las riquezas que almacenáis en vuestros tesoros, de la diversidad y valor
de los ornamentos con que os adornáis? Si la verdadera gloria consistiera
en la posesión de esas cosas perecederas, entonces la tierra sobre la
cual camináis debería enaltecerse sobre vosotros, porque os suministra y
confiere estas mismas cosas por decreto del Todopoderoso. En sus entrañas
se halla, de acuerdo con lo que Dios ha ordenado, todo lo que poseéis. De
ella, como un signo de su misericordia, deriváis vuestras riquezas.
Mirad, entonces, vuestra condición, aquella de que os gloriáis! ¡Oh, si
pudierais comprenderlo!

¡No, más aún! ¡Por Aquel que sostiene en su mano el reino de toda
la creación! En nada reside vuestra gloria verdadera y perdurable salvo
en la adhesión firme a los preceptos de Dios, en la observancia plena de
sus leyes, en la resolución de ver que no queden sin cumplir, y en
proseguir firmemente el camino derecho.

CXIX. ¡Oh gobernantes de la tierra! ¿Por qué habéis ofuscado el
resplandor del Sol, y hecho que deje de brillar? Escuchad el consejo que
os da la Pluma del Altísimo, que quizá tanto vosotros como los pobres
podáis lograr tranquilidad y paz. Imploramos a Dios que ayude a los reyes
de la tierra a establecer la paz en el mundo. Él, verdaderamente hace lo
que es su Voluntad.

¡Oh reyes de la tierra! Vemos que aumentáis vuestros gastos cada
año y cargáis el peso de ellos sobre vuestros súbditos. Esto, en verdad,
es grave y totalmente injusto. Temed los suspiros y lágrimas de este
Agraviado y no impongáis cargas excesivas a vuestros pueblos. No les
robéis para erigir palacios para vosotros; no, más bien, escoged para
ellos lo que escogéis para vosotros mismos. Así desplegamos a vuestros
ojos lo que os aprovecha, si sólo lo comprendierais. Vuestros pueblos son
vuestros tesoros. Tened cuidado, no sea que vuestro dominio viole los
mandamientos de Dios y entreguéis a vuestros protegidos en manos del
ladrón. Por ellos reináis, mediante ellos subsistís, con su ayuda
conquistáis. ¡Empero, con qué desdén les miráis! ¡Cuán extraño, cuán
profundamente extraño!

Ya que habéis rehusado la Más Grande Paz, aferraos a ésta, la Paz
Menor, que quizá podáis mejorar vuestra propia condición y la de vuestros
dependientes.

Estad reconciliados entre vosotros, oh gobernantes de la tierra,
para que no necesitéis más armamentos, salvo en la medida para resguardar
vuestros territorios y dominios. Cuidado, no sea que desatendáis el
consejo del Omnisciente, el Justo.

Sed unidos, oh reyes de la tierra, pues así la tempestad de la
discordia entre vosotros será apaciguada y vuestros pueblos hallarán
descanso, si sois de aquellos que comprenden. Si alguno de vosotros toma
armas contra otro, levantaos todos contra él, porque esto no es sino
justicia manifiesta.

CXX. ¡Oh vosotros, los representantes elegidos del pueblo en todos
los países! Tomad consejo juntos y ocupaos sólo con lo que beneficie a la
humanidad y mejore su condición, si sois de los que inquieren con
cuidado. Considerad al mundo como el cuerpo humano, que aunque al ser
creado es sano y perfecto, ha sufrido, por diversas causas, graves
trastornos y enfermedades. Ni un día logró alivio; no, más bien su
dolencia se hizo más severa, puesto que cayó en manos de médicos
ignorantes que daban rienda suelta a sus deseos personales, y han errado
gravemente. Y si alguna vez, por el cuidado de un médico hábil, un
miembro de aquel cuerpo sanaba, el resto quedaba enfermo como antes. Así
os informa el Omnisciente, el Sapientísimo.

Lo vemos, en este día, a la merced de gobernantes tan embriagados
con orgullo, que no pueden discernir claramente lo que más les conviene,
ni menos aún reconocer una Revelación tan asombrosa y desafiante como
ésta. Y cuando alguno entre ellos se ha empeñado en mejorar su condición,
su motivo ha sido su propio provecho, lo haya declarado o no; y la
indignidad de este motivo ha limitado su poder para curar y sanar.

Lo que el Señor ha ordenado como el supremo remedio y el más
poderoso instrumento para la curación del mundo entero, es la unión de
todos sus pueblos en una Causa universal, en una Fe común. Esto no puede
lograrse sino por el poder de un Médico inspirado, hábil y todopoderoso.
Esto, ciertamente, es la verdad y todo lo demás no es sino error.

CXXI. Di: ¡Oh vosotros que me envidiáis y buscáis dañarme! ¡Que la
furia de vuestra ira contra mí os confunda! He aquí que el Sol de Gloria
se ha levantado sobre el horizonte de mi Revelación y ha envuelto con su
resplandor a toda la humanidad. Y ved cómo, no obstante, os habéis
apartado de su esplendor y estáis sumergidos en la mayor negligencia.
Tened misericordia de vosotros mismos, no repudiéis la pretensión de
Aquel cuya verdad ya habéis reconocido y no seáis de los transgresores.

¡Por la rectitud del Dios único y verdadero! Si rechazáis esta
Revelación, todas las naciones de la tierra se mofarán de vosotros y os
menospreciarán, pues habéis sido vosotros, quienes, con objeto de
vindicar la verdad de vuestra Causa, habéis expuesto ante sus ojos los
testimonios de Dios, el Soberano Protector> el Todopoderoso, el Todo
Glorioso, el Sapientísimo. Y, a pesar de esto, tan pronto como su
Revelación siguiente investida con la gloria de una soberanía que compele
todo, fue enviada a vosotros, la desechasteis, ¡oh vosotros que sois
contados entre los negligentes!

¡Cómo! ¿Creéis de corazón que poseéis el poder de extinguir el
resplandor del Sol, o eclipsar su esplendor? ¡No, por mi vida! No podéis
ni podréis nunca lograr vuestro propósito, aunque tengáis la ayuda de
todo lo que está en los cielos y de todo lo que está en la tierra. Tened
temor a Dios, y no hagáis vanas vuestras obras. Poned oído a sus palabras
y no seáis de aquellos que están apartados, como por un velo de Él. Di:
¡Dios es mi testigo! Nada he deseado para mí mismo. Lo que he deseado es
la victoria de Dios y el triunfo de su Causa. Él mismo es testigo
suficiente entre Yo y vosotros. Si limpiarais vuestros ojos, percibiríais
fácilmente cómo mis acciones atestiguan la verdad de mis palabras, cómo
mis palabras son una guía para mis acciones.

¡Cegados están vuestros ojos! ¿No habéis comprendido la grandeza
del poder de Dios y de su soberanía? ¿No habéis visto su majestad y
gloria? ¡Ay de vosotros, oh congregación de los malvados y envidiosos!
Escuchad mis palabras y no vaciléis ni por un momento. Así os pide Aquel
quien es la belleza del Todo Misericordioso, para que quizás os
desprendáis de lo que poséis y ascendáis a las alturas desde donde
podréis descubrir cómo la creación entera está cobijada bajo la sombra de
su Revelación.

Di: No hay refugio para vosotros, ni asilo adonde podáis huir, ni
nadie para defenderos ni protegeros en este Día, de la furia de la ira de
Dios y de su vehemente poder, a menos que busquéis el amparo de su
Revelación. Ésta es, en verdad, su Revelación, que ha sido manifestada a
vosotros en la persona de este Joven. Glorificado, entonces, sea Dios por
tan resplandeciente, preciosa y maravillosa visión.

Apartaos de todo menos de mí, y volved vuestros rostros hacia mi
rostro, pues esto es mejor para vosotros que todas las cosas que poseéis.
La Lengua de Dios atestigua la verdad de mis palabras por mi propia
Palabra, que habla la verdad, y abarca y comprende todas las cosas.

Di: ¿Pensáis que vuestra lealtad a su Causa pueda ser de provecho
para Él, o que vuestra repudiación de su verdad puede causarle algún
daño? ¡No, por mi mismo, Él que Sojuzga Todo, el Inaccesible, el
Altísimo! Rasgad los velos de los nombres y hendid su reino. ¡Por mi
Belleza! Aquel quien es el Monarca de todos los nombres ha llegado, Aquel
por cuyo mandato cada uno de los nombres ha sido creado, desde el
principio que no tiene principio, Aquel que continuará creándolos como Él
crea apropiado. Él verdaderamente es el Todopoderoso, el Sapientísimo.

Cuidaos de que os despojéis del atavío de la guía divina. Bebed lo
que podáis de la Copa que los Jóvenes del Cielo han levantado por encima
de vuestras cabezas. Así os ordena Aquel quien tiene más misericordia
para vosotros que vosotros la tenéis, Aquel quien no ha pedido ninguna
recompensa ni agradecimiento de vosotros. Su recompensa viene de Aquel
quien por el poder de la verdad, le ha enviado a vosotros, le ha elegido
y proclamado como su propio testimonio para toda la creación. Él es quien
le ha dado el poder de manifestar todos sus signos. Volved a mirar para
que podáis percibir aquello a que la Lengua del Antiguo de los Días os ha
llamado, que quizá seáis de aquellos que han comprendido la verdad.
¿Habéis oído alguna vez que vuestros antepasados, o las generaciones que
les precedieron, aun hasta el primer Adán, relataran que alguien que
viniera en las nubes de la revelación, investido de manifiesta y
trascendente soberanía, teniendo en su diestra el Reino de Dios y en su
siniestra todo el poder y gloria de su dominio eterno, alguien precedido
por las huestes de Dios, el Todopoderoso, el que Compele Todo, el
Omnipotente, y pronunciando continuamente versos cuyo significado ni aun
las mentes de los más eruditos y sabios de los hombres fueran incapaces
de sondear, fuera, a pesar de esto, portador de un mensaje que no es de
Dios? Sed discernidores entonces, y decid la verdad, la verdad misma, si
pretendéis ser honestos y magnánimos.

Di: Los versos que hemos revelado son tan numerosos como aquellos
que en la Revelación anterior descendieron sobre el Báb. Que aquel que
dude de las palabras que el Espíritu de Dios ha pronunciado, busque la
corte de nuestra presencia y escuche la melodía de nuestros versos
divinamente revelados, y que sea testigo de la prueba evidente de nuestra
pretensión.

Di: ¡Por la rectitud del Todopoderoso! La medida de los favores de
Dios se ha colmado, su palabra ha sido perfeccionada, la luz de su
semblante ha sido revelada, su soberanía ha envuelto a toda la creación,
la gloria de su Revelación ha sido hecha manifiesta, y sus dádivas han
llovido sobre toda la humanidad.

CXXII. El hombre es el Talismán supremo. Sin embargo, la falta de
una educación adecuada le ha privado de aquello que inherentemente posee.
Por una sola palabra procedente de la boca de Dios, fue llamado a
existir; por una palabra más, fue guiado a reconocer la Fuente de su
educación; por otra palabra aún, su posición y destino fueron asegurados.
El Gran Ser dice: Considerad al hombre como una mina, rica en gemas de
valor inestimable. Solamente la educación puede hacerle revelar sus
tesoros y permitir a la humanidad beneficiarse de éstos. Si algún hombre
meditare sobre lo que han revelado las Escrituras enviadas desde el cielo
de la santa Voluntad de Dios, reconocerá fácilmente que el propósito de
ella es que todos los hombres sean considerados como un alma, para que el
sello con las palabras "El Reino será de Dios" pueda ser estampado en
cada corazón, y la luz de la generosidad, gracia y misericordia divinas
puedan envolver a toda la humanidad. El Dios único y verdadero, exaltado
sea su gloria, no ha deseado nada para sí. La lealtad del género humano
no le aprovecha, ni su perversidad puede dañarle. El Ave del Reino de la
Prolación emite continuamente este llamado: "Todas las cosas las he
destinado para ti, y también a ti, para ti mismo". Si los eruditos y
hombres de sabiduría mundana de esta época, permitieran a la humanidad
aspirar la fragancia de la fraternidad y del amor, todo corazón
comprensivo entendería el significado de la verdadera libertad y
descubriría el secreto de la paz imperturbable y de la tranquilidad
absoluta. Si la tierra alcanzara esta posición y fuera iluminada con su
luz, entonces, en verdad, se podría decir de ella: "No verás en ella ni
hondonadas ni lomas".

CXXIII. Las generaciones que fueron antes de vosotros, ¿a dónde han
ido? Y aquellos en torno de los cuales giraban las más bellas y hermosas
del país, ¿ahora dónde están? Que su ejemplo os aproveche, oh pueblo, y
no seáis de aquellos que se han desviado.

Otros, dentro de poco, pondrán sus manos sobre lo que poseéis y
ocuparán vuestras habitaciones. Poned oído a mis palabras y no seáis
contados entre los necios.

Para cada uno de vosotros es deber supremo escoger para sí lo que
nadie pueda violar ni usurpar. Esto es -y ello me lo atestigua el
Todopoderoso- el amor a Dios, si sólo pudierais comprenderlo.

Construid para vosotros casas que ni la lluvia ni los diluvios
podrán jamás destruir, y que os protejan de los cambios y azares de esta
vida. Ésta es la orden de Aquel a quien el mundo ha agraviado y
desamparado.

CXXIV. ¡Cuán maravillosa es la Unidad del Dios Viviente y
Perdurable, unidad que es exaltada por encima de toda limitación, que
trasciende la comprensión de todas las cosas creadas! ¡Desde la
eternidad, Él ha habitado su inaccesible morada de santidad y gloria y
continuará siempre entronizado sobre las alturas de su independiente
soberanía y grandeza! ¡Cuán excelsa ha sido su incorruptible Esencia,
cuán independiente del conocimiento de todas las cosas creadas, y cuán
inmensamente exaltada permanecerá por encima de la alabanza de todos los
habitantes de los cielos y de la tierra!

Desde la fuente exaltada y de la esencia de su favor y generosidad
Él ha encomendado a toda cosa creada un signo de su conocimiento, para
que ninguna de sus criaturas sea privada de su parte, de acuerdo con su
capacidad y grado, en la expresión de este conocimiento. Este signo es el
espejo de su belleza en el mundo de la creación. Cuanto más grande sea el
esfuerzo hecho para el pulimento de este espejo sublime y noble, tanto
más fielmente reflejará la gloria de los nombres y atributos de Dios, y
revelará las maravillas de sus signos y conocimientos. Toda cosa creada
podrá revelar (tan grande es este poder de reflexión) las potencialidades
de su posición preordinada, reconocerá su capacidad y limitaciones, y
atestiguará la verdad que "Él, ciertamente, es Dios; no hay otro Dios
fuera de Él"....

No puede haber ninguna duda que, como consecuencia de los esfuerzos
que cada uno haga conscientemente y como resultado del ejercicio de sus
propias facultades espirituales, este espejo podrá a tal punto ser
limpiado de la escoria de la inmundicia terrenal y purgado de fantasías
satánicas, que será capaz de aproximarse a los prados de santidad eterna
y alcanzar las cortes de fraternidad sempiterna. Sin embargo, en
cumplimiento del principio que para cada cosa ha sido fijado un tiempo y
para cada fruta ha sido ordenada una sazón, las energías latentes de tal
generosidad pueden ser liberadas mejor, y la gloria vernal de tal dádiva
puede ser sólo manifestada en los Días de Dios. Aunque cada día sea
investido con su parte preordinada de la maravillosa gracia de Dios, los
Días asociados directamente con la Manifestación de Dios poseen una
distinción única y ocupan una posición que ninguna mente podrá nunca
comprender. Tal es la virtud infundida en ellos, que si en esos días de
delicia sempiterna los corazones de todos los que moran en los cielos y
en la tierra fuera enfrentados con aquel Sol de gloria imperecedera y
fueran acordados con su Voluntad, cada uno se hallaría exaltado sobre
todas las cosas terrenales, radiante con su luz y santificado por su
gracia. ¡Alabada sea esta gracia, que ninguna bendición, por grande que
sea puede exceder, y todo honor sea para esta amorosa bondad, nada
semejante a la cual ha visto el ojo de la creación! ¡Exaltado es Él sobre
lo que le atribuyen o cuentan de Él!

Por esta razón, ningún hombre necesitará en esos días de su
prójimo. Ya se ha demostrado plenamente que, en ese Día divinamente
designado, la mayoría de los que han buscado y han alcanzado su santa
corte, han mostrado tal conocimiento y sabiduría que ni una gota de los
cuales nadie, fuera de estas almas benditas y santificadas, por mucho
tiempo que haya enseñado o estudiado, ha captado, ni jamás comprenderá.
Es por virtud de este poder que los amados de Dios, en los días de la
Manifestación del Sol de la Verdad, han sido exaltados por encima de toda
erudición humana y hecho independientes de ésta. No, más aún, de sus
corazones y de los manantiales de sus poderes innatos ha brotado
incesantemente la esencia íntima de la erudición y sabiduría humanas.

CXXV. ¡Oh mi hermano! Cuando un buscador verdadero decide dar el
paso de la búsqueda por el camino que lleva al conocimiento del Antiguo
de los Días, debe antes que nada purificar su corazón, que es la sede de
revelación de los misterios interiores de Dios, del polvo ofuscador de
todo conocimiento adquirido y de las insinuaciones de las
personificaciones de la fantasía satánica. Debe purgar su pecho, que es
el santuario del amor perdurable del Amado, de toda contaminación, y
santificar su alma de todo lo que pertenece al agua y arcilla y de todo
apego vago y efímero. Debe limpiar su corazón tanto que no quede en él
ningún vestigio de amor ni odio; no sea que ese amor le incline
ciegamente al error o ese odio le aleje de la verdad. Así puedes ver, en
este día, cómo la mayoría de la gente, a causa de tal amor y odio, está
privada de la Faz inmortal, se ha apartado lejos de las Personificaciones
de los misterios divinos y vaga sin pastor por los desiertos del olvido y
del error.

Ese buscador debe en todo momento poner su confianza en Dios, debe
renunciar a los pueblos de la tierra, desprenderse del mundo del polvo y
aferrarse a Aquel quien es el Señor de los Señores. No debe nunca tratar
de enaltecerse por encima de nadie, debe borrar de la tabla de su corazón
toda huella de orgullo y vanagloria, debe asirse a la paciencia y
resignación, guardar silencio y abstenerse de la conversación ociosa.
Pues la lengua es fuego latente, y el exceso de palabras un veneno
mortal. El fuego material consume el cuerpo, mientras que el fuego de la
lengua devora tanto corazón como alma. La fuerza de aquél dura sólo un
tiempo, en tanto que los efectos de éste persisten un siglo.

Ese buscador también debiera considerar la murmuración como grave
error y mantenerse alejado de su dominio, por cuanto que la murmuración
apaga la luz del corazón y extingue la vida del alma. Debiera conformarse
con poco y liberarse de todo deseo desmesurado. Debiera apreciar la
compañía de quienes han renunciado al mundo y considerar que rehuir a la
gente jactanciosa y mundana es un gran beneficio. Al amanecer de cada día
debiera comulgar con Dios y perseverar con toda su alma en la búsqueda de
su Amado. Debiera consumir todo pensamiento descarriado con la llama de
su amorosa mención y, con la rapidez del relámpago, pasar por encima de
todo lo que no sea Él. Debiera socorrer al desposeído y nunca rehusar su
favor al menesteroso. Debiera ser bondadoso con los animales, y más aún
con su semejante, que está dotado del poder del habla. No debiera vacilar
en sacrificar su vida por su Amado, ni permitir que la desaprobación de
los hombres le aparte de la Verdad. No debiera desear a otros lo que no
desea para sí mismo, ni prometer lo que no ha de cumplir. Con todo su
corazón debiera el buscador evitar la compañía de malhechores y orar por
la remisión de sus pecados. Debiera perdonar al pecaminoso y jamás
despreciar su baja condición, pues nadie sabe cuál será su propio fin.
¡Cuántas veces un pecador, en la hora de su muerte, ha llegado a la
esencia de la fe, y tomando la bebida inmortal, ha alzado el vuelo hacía
el Concurso celestial! ¡Y cuántas veces un creyente piadoso ha cambiado
tanto al momento de la ascensión de su alma, que ha caído en el fuego
infernal!

Es nuestro propósito, al revelar estas convincentes e importantes
palabras, inculcar en el buscador que debe considerar a todo, excepto
Dios, como transitorio, y debe estimar a todo lo que no sea Él, quien es
el Objeto de toda adoración, como la nada absoluta .

Éstos son algunos de los atributos de los exaltados, y constituyen
el sello de quienes están dotados de espiritualidad. Ya se los ha
mencionado a propósito de los requisitos para los caminantes que hollan
el Sendero del Conocimiento Positivo. Cuando el caminante desprendido y
buscador sincero ha cumplido con estas condiciones esenciales, entonces,
y sólo entonces, puede llamársele buscador verdadero. Cuandoquiera que
haya cumplido las condiciones implícitas en el versículo: "Quien se
esfuerce por Nosotros", disfrutará de las bendiciones conferidas por las
palabras: "De seguro le guiaremos por nuestros caminos".

Sólo cuando la lámpara de la búsqueda, del esfuerzo ardiente, del
deseo anhelante, de la devoción apasionada, del amor fervoroso, del
arrobamiento y del éxtasis, se haya encendido en el corazón del buscador,
y sople en su alma la brisa de su amorosa bondad, será disipada la
oscuridad del error, será dispersada la bruma de las dudas y los recelos
y su ser será envuelto por la luz del conocimiento y de la certeza. En
ese momento, el Heraldo Místico, portador de las felices nuevas del
Espíritu, aparecerá resplandeciente como la mañana desde la Ciudad de
Dios, y mediante el son de trompeta del conocimiento, despertará del
sueño de la negligencia al corazón, al alma y al espíritu. Entonces los
múltiples favores y la efusión de gracia del santo y eterno Espíritu
conferirá al buscador una nueva vida tal que se hallará dotado de vista
nueva, oído nuevo, corazón nuevo y mente nueva. Contemplará las
manifiestas señales del universo y penetrará los misterios ocultos del
alma. Mirando con el ojo de Dios, percibirá dentro de cada átomo una
puerta que le conducirá a las posiciones de la certeza absoluta. En todas
las cosas descubrirá los misterios de la Revelación divina y las pruebas
de una manifestación perdurable.

Juro por Dios que si aquel que holla el sendero de la guía y busca
escalar las alturas de la rectitud, llegara a esta gloriosa y suprema
posición, aspiraría la fragancia de Dios a una distancia de mil leguas y
percibiría la resplandeciente mañana de una Guía divina apareciendo en el
amanecer de todas las cosas. Cada cosa, por pequeña que fuera, sería para
él una revelación que le llevaría donde su Amado, el Objeto de su
búsqueda. Sería tan grande el discernimiento de ese buscador, que
distinguiría entre verdad y falsedad como distingue el sol de la sombra.
Si se esparcieran en los rincones más remotos del Oriente los fragantes
perfumes de Dios, él de seguro los reconocería y aspiraría su fragancia,
aunque habitara en los últimos confines del Occidente. Asimismo
distinguiría todos los signos de Dios -sus maravillosas palabras, sus
grandes obras y poderosos hechos- de las acciones, las palabras y los
hábitos de los hombres, al igual que el joyero separa la joya de la
piedra, o el hombre que distingue la primavera del otoño y el calor del
frío. Cuando el canal del alma humana se haya limpiado de todo apego
impeditivo y mundano, percibirá indefectiblemente, a través de distancias
inmensurables, el hálito del Amado, y, guiado por su perfume, llegará a
la Ciudad de la Certeza y entrará en ella.

Allí descubrirá las maravillas de su antigua sabiduría y percibirá
todas las enseñanzas ocultas en el susurro de las hojas del Árbol que
florece en esa Ciudad. Escuchará, con su oído externo e interno, los
himnos de alabanza y gloria que de su polvo ascienden hacia el Señor de
los Señores, y descubrirá con su vista interior los misterios de la
"vuelta" y "renacimiento".

¡Cuán inefablemente gloriosos son los signos, las señales, las
revelaciones y los esplendores que ha destinado para esa ciudad Aquel
quien es el Rey de los nombres y atributos! La llegada a esa Ciudad apaga
la sed sin agua, y enciende el amor a Dios sin fuego. Dentro de cada
tallo de hierba se atesoran los misterios de una sabiduría inescrutable,
y en cada rosal una miríada de ruiseñores gorjean sus melodías con
venturoso encantamiento. Sus maravillosos tulipanes revelan el misterio
de la Zarza Ardiente, y sus fragantes aromas de santidad exhalan el
perfume del Espíritu Mesiánico. Otorga riquezas sin oro, y confiere
inmortalidad sin muerte. En cada hoja se atesoran inefables delicias, y
en cada aposento yacen ocultos innumerables misterios.

Aquellos que valientemente se afanan en la búsqueda de la voluntad
de Dios, una vez que hayan renunciado a todo salvo a Él, estarán de tal
manera ligados y aferrados a esa Ciudad, que una momentánea separación de
ella les será inconcebible. Escucharán pruebas infalibles del Jacinto de
esa asamblea, y percibirán los más seguros testimonios en la belleza de
su Rosa y la melodía de su Ruiseñor. Una vez alrededor de cada mil años,
será esta Ciudad renovada y adornada nuevamente....

Aquella Ciudad no es otra que la Palabra de Dios, revelada en cada
época y dispensación. En los días de Moisés fue el Pentateuco; en los
días de Jesús, el Evangelio; en los días de Muhammad, el Mensajero de
Dios, el Corán; en este día, es el Bayán; y en la dispensación de Aquel a
quien Dios hará manifiesto, su propio Libro, Libro al que necesariamente
han de referirse todos los Libros de Dispensaciones anteriores, Libro que
entre todos sobresale, trascendente y supremo.

CXXVI. Dondequiera que nos destierren, por grande que sea la
tribulación que suframos, aquellos que son del pueblo de Dios, con firme
resolución y perfecta confianza, deben mantener su vista dirigida hacia
la Aurora de Gloria, y ocuparse con todo lo que conduzca al mejoramiento
del mundo y a la educación de sus pueblos. Todo lo que nos ha acaecido en
el pasado, ha promovido los intereses de nuestra Revelación y ha
proclamado su fama; y todo lo que nos acaezca en el futuro tendrá un
resultado semejante. Aferraos con vuestro íntimo corazón a la Causa de
Dios, Causa que ha sido enviada por Aquel quien es el Ordenador, el
Sapientísimo. Con la mayor bondad y misericordia hemos llamado y dirigido
a todos los pueblos y naciones hacia lo que de cierto les aprovechará.

¡El Sol de la Verdad, que brilla con su esplendor meridiano, es
nuestro testigo! Aquellos que son del pueblo de Dios no tienen otra
ambición salvo revivir al mundo, ennoblecer su vida y regenerar a sus
pueblos. La veracidad y buena voluntad han señalado, en todo tiempo, sus
relaciones con todos los hombres. Su comportamiento no es sino un reflejo
de su vida interior, y su vida interior, el espejo de su comportamiento.
Ningún velo oculta ni oscurece las verdades sobre las que está
establecida su Fe. Ante los ojos de todos los hombres, estas verdades han
sido descubiertas y pueden ser reconocidas inequívocamente. Sus propias
acciones atestiguan la verdad de estas palabras.

Todo ojo discernidor puede percibir en este Día la luz matutina de
la Revelación de Dios, y todo oído atento puede reconocer la Voz que se
escuchó desde la Zarza Ardiente. Tal es el ímpetu de las aguas de la
misericordia divina, que Aquel quien es la Aurora de los signos de Dios y
el Revelador de las señales de su gloria, se asocia sin velo ni
encubrimiento con los pueblos y naciones de la tierra y conversa con
ellos. ¡Cuán numerosos aquellos que, con corazones que intentan maldad,
han buscado nuestra Presencia, y han salido de ella como leales y
cariñosos amigos! Las puertas de la gracia están abiertas de par en par a
la faz de todos los hombres. En nuestras relaciones externas con ellos
hemos tratado igualmente al recto y al pecador, que quizás el malhechor
alcance el ilimitado océano del perdón divino. Nuestro nombre "el
Encubridor" ha derramado tal luz sobre los hombres, que el malvado ha
imaginado ser de los piadosos. A nadie que nos busque jamás
desilusionaremos, ni se le negará a aquel que haya puesto su rostro en
Nosotros, acceso a nuestra Corte....

¡Oh amigos! Ayudad al Dios único y verdadero, exaltada sea su
gloria, con vuestras acciones buenas, con tal conducta y carácter, que
sean aceptables a su vista. Aquel que aspire ser un ayudante de Dios en
este Día, que cierre sus ojos a todo lo que posea y los abra a las cosas
de Dios. Que cese de ocuparse con aquello que le dé provecho, y se
dedique a lo que exalte el nombre compeledor del Todopoderoso. Deberá
limpiar su corazón de toda mala pasión y deseo corrupto, porque el temor
a Dios es el arma que le hará victorioso, el instrumento primordial con
el que puede lograr su objetivo. El temor a Dios es el escudo que
defiende su Causa, el adarga que permite a su pueblo alcanzar la
victoria. Es un estandarte que ningún hombre puede derribar, una fuerza
que ningún poder puede rivalizar. Con su ayuda, y con el consentimiento
de Aquel quien es el Señor de las Huestes, aquellos que se han aproximado
a Dios han podido someter y conquistar las ciudades de los corazones de
los hombres.

CXXVII. Oh pueblo, si deseáis conocer a Dios y descubrir la
grandeza de su poder, miradme entonces con mis propios ojos, y no con los
ojos de cualquiera fuera de mí. De otro modo, no seréis nunca capaces de
reconocerme, aunque ponderarais mi Causa tanto como perdure mi Reino, y
meditareis sobre todas las cosas creadas, a través de la eternidad de
Dios, el Soberano Señor de todo, el Omnipotente, el Perdurable, el
Omnisapiente. Así hemos manifestado la verdad de nuestra Revelación, que
quizás el pueblo sea despertado de su negligencia y sea de aquellos que
comprenden.

Mirad el vil estado de estos hombres que saben muy bien cómo me he
ofrendado a mí mismo y a mis parientes en el sendero de Dios y por la
preservación de su fe en Él, quienes son plenamente conscientes de cómo
me han rodeado mis enemigos en los días en que los corazones de los
hombres temían y temblaban, días en que se ocultaban de los ojos de los
amados de Dios y de sus enemigos, y estaban ocupados con el afianzamiento
de su propia seguridad y paz.

Finalmente conseguimos manifestar la Causa de Dios, y la exaltamos
a una posición tan eminente, que todos, salvo aquellos que abrigaban
rencor contra este Joven en sus corazones y unían socios con el
Todopoderoso, reconocieron la soberanía de Dios y su poderoso dominio.
Mas, no obstante esta Revelación cuya influencia ha penetrado todas las
cosas, y a pesar del brillo de está Luz, nada semejante a la cual ninguno
de ellos ha visto, atestigua cómo el pueblo del Bayán me ha negado y ha
contendido conmigo. Algunos se han apartado del Sendero de Dios, han
rechazado la autoridad de Aquel en quien habían creído y han actuado
insolentemente hacia Dios, el Poderosísimo, el Supremo Protector, el Más
Exaltado, el Más Grande. Otros vacilaron y se detuvieron en su Sendero, y
consideraron la Causa del Creador, en su verdad íntima, como inválida a
menos que fuera acreditada por la aprobación de aquel que fue creado por
acción de mi Voluntad. Así sus obras se reducían a nada, y sin embargo,
no lo percibieron. Entre ellos está aquel que quiso medir a Dios con la
medida de sí mismo, y fue tan desviado por los nombres de Dios, que se
levantó contra mí, me condenó como a una que merecía la muerte, y me
imputó las ofensas de las cuales él mismo era culpable.

Por lo tanto declaro mi pena y mi dolor a Aquel quien me creo y me
confió su Mensaje. A Él doy gracias y elevo alabanzas por lo que ha
ordenado, por mi soledad y la angustia que sufro en manos de estos
hombres que se han desviado tan lejos de Él. He soportado pacientemente
las tribulaciones que me han acosado, y continuaré soportándolas y pondré
toda mi fe y confianza en Dios. A Él suplicaré diciendo: "Guía a tus
siervos, oh mi Señor, hacia la corte de tu favor y munificencia, y no
permitas que sean privados de las maravillas de tu gracia y de tus
múltiples bendiciones. Pues ellos no saben lo que Tú has ordenado para
ellos, en virtud de tu misericordia que abarca toda la creación.
Exteriormente, oh Señor, son débiles e impotentes; interiormente no son
sino huérfanos. Tú eres el Todo Generoso, el Munífico, el Más Exaltado,
el Más Grande. No descargues sobre ellos, oh mi Dios, la furia de tu ira,
mas permíteles durar hasta el tiempo en que las maravillas de tu
misericordia se hayan manifestado, quizá vuelvan a ti y te pidan perdón
por las cosas que han cometido contra ti. Verdaderamente, Tú eres el
Perdonador, el Todo Misericordioso.

CXXVIII. Di: ¿Es digno de un hombre que, mientras pretenda ser un
seguidor de su Señor, el Todo Misericordioso, haga en su corazón las
acciones propias del Malvado? No, es muy indigno de él, y de esto Aquel
quien es la Belleza del Todo Glorioso, es mi testigo. ¡Oh, que pudierais
comprenderlo!

Limpiad de vuestros corazones el amor por las cosas mundanas; de
vuestras lenguas, todo recuerdo salvo su recuerdo; de vuestro ser, todo
lo que os impida ver su Faz, u os tiente a seguir los impulsos de
vuestras inclinaciones malas y corruptas. Que Dios sea vuestro temor, oh
pueblo, y sed de aquellos que hollan el sendero de la rectitud.

Di: ¡Oh pueblo! Si vuestra conducta contradice lo que profesáis,
¿cómo pensáis, entonces, que sois capaces de distinguiros de aquellos
que, aunque profesan su fe en el Señor, su Dios, tan pronto como Él vino
hacia ellos en la nube de santidad, han rehusado reconocerle, y han
repudiado su verdad? Libraos de todo apego a este mundo y sus vanidades.
Tened cuidado de acercaros a ellas, por cuanto os incitan a seguir
vuestros propios placeres y deseos ávidos y os impiden entrar en el recto
y glorioso Sendero.

Sabed que "el mundo" significa vuestra inconsciencia de Aquel quien
es vuestro Hacedor y vuestra absorción en cualquier cosa salvo Él. La
"vida por venir", por otra parte, designa las cosas que os dan un
acercamiento seguro a Dios, el Todo Glorioso, el Incomparable. Cualquier
cosa que os impida amar a Dios en este Día, no es sino el mundo.
Rehuidle, para que seáis contados con los venturosos. Si un hombre
deseare adornarse con los ornamentos de la tierra, vestir sus prendas, o
participar de los beneficios que ésta pueda conferirle, ningún daño podrá
acaecerle, con tal que no permita que nada intervenga entre él y Dios,
pues Dios ha ordenado todas las cosas buenas, creadas en el cielo o en la
tierra, para los siervos suyos que realmente creen en Él. Comed, oh
pueblo, de las cosas buenas que Dios os ha permitido, y no os privéis de
sus maravillosas dádivas. Dad gracias a Él y alabadle, y sed de aquellos
que de verdad son agradecidos.

¡Oh tú que has abandonado tu hogar y has buscado la presencia de
Dios! Proclama a los hombres el Mensaje de tu Señor, para que quizá les
impida seguir los impulsos de sus deseos malos y corruptos, y les traiga
al recuerdo de Dios, el Exaltadísimo, el Más Grande. Di: Temed a Dios, oh
pueblo, y absteneos de derramar la sangre de nadie. No contendáis con
vuestro prójimo y sed de los que hacen el bien. Guardaos de cometer
desórdenes en la tierra, después que haya sido bien ordenada y no sigáis
las huellas de los descarriados.

Quienquiera se levante entre vosotros para enseñar la Causa de su
Señor, que ante todo, se enseñe a sí mismo, para que su palabra atraiga
los corazones de los que le escuchan. A menos que se enseñe a sí mismo,
las palabras de su boca no influirán el corazón del buscador. Tened
cuidado, oh pueblo, de ser de aquellos que dan buenos consejos a otros,
pero olvidan seguirlos ellos mismos. Las palabras de tales personas, y
más allá de las palabras, las realidades de todas las cosas, y más allá
de estas realidades, los ángeles que están cerca de Dios, les acusan de
falsedad.

Si tal hombre lograra alguna vez influir a alguien, este éxito no
debe atribuírsele a él, sino más bien, a la influencia de las palabras de
Dios, como está decretado por Aquel quien es el Todopoderoso, el
Sapientísimo. A la vista de Dios, es considerado como una lámpara que
imparte su luz, y que, no obstante, en todo momento se consume a sí
misma.

Di: Oh pueblo, no cometáis aquello que traiga vergüenza sobre
vosotros, o deshonre la Causa de Dios a los ojos de los hombres y no
seáis de los sediciosos. No os acerquéis a aquello que vuestras mentes
condenan. Evitad toda clase de maldad, porque esto es prohibido a
vosotros en el Libro que nadie puede tocar, excepto aquellos a quienes
Dios ha limpiado de toda mancha de culpa y ha contado entre los
purificados.

Sed justos con vosotros mismos y con los demás, para que las
señales de justicia sean reveladas por vuestras acciones entre nuestros
fieles siervos. Guardaos de usurpar la propiedad de vuestro prójimo.
Probad ser dignos de la confianza y fe que ha depositado en vosotros, y
no retengáis del pobre las dádivas que la gracia de Dios os ha conferido.
Él, verdaderamente, recompensará a los caritativos y les devolverá el
doble de lo que hayan dado. No hay otro Dios sino Él. Toda la creación y
su imperio son suyos. Él confiere sus dones a quien Él quiere y de quien
quiera, los retiene. Él es el Gran Donador, el Más Generoso, el Benévolo.

Di: Enseñad la Causa de Dios, oh pueblo de Bahá, porque Dios ha
prescrito a todos y a cada uno el deber de proclamar su Mensaje y lo
considera como la más meritoria de todas las acciones. Tal acción es
aceptable sólo cuando aquel que enseña la Causa ya es un firme creyente
en Dios, el Supremo Protector, el Misericordioso, el Todopoderoso.
Además, Él ha ordenado, que su Causa sea enseñada por el poder de la
palabra de los hombres y no recurriendo a la violencia. Así ha sido
enviado su mandato desde el Reino de Aquel quien es el Exaltadísimo, el
Omnisapiente. Cuidaos, no sea que contendáis con alguien, más aún,
esforzaos para hacerle consciente de la verdad de manera bondadosa y con
muy convincente exhortación. Si vuestro oyente responde, responderá para
su propio bien, y si no, apartaos de él y volved vuestros rostros hacia
la sagrada Corte de Dios, la sede de resplandeciente santidad.

No disputéis con nadie sobre las cosas de este mundo y sus asuntos,
porque Dios las ha abandonado a aquellos que han puesto sus afectos en
ellas. De todo el mundo, Él ha escogido para sí los corazones de los
hombres, corazones que las huestes de la revelación y de la prolación
pueden someter. Así ha sido ordenado por los Dedos de Bahá, sobre la
Tabla del decreto irrevocable de Dios, por mandato de Aquel quien es el
Supremo Ordenador, el Omnisciente.

CXXIX. ¡Oh caminante en el sendero de Dios! Toma tu porción del
océano de su gracia y no te prives de las cosas que yacen ocultas en sus
profundidades. Sé de aquellos que han participado de sus tesoros. Una
gota de este océano, si fuera derramada sobre todos los que están en los
cielos y en la tierra, sería suficiente para enriquecerles con la
munificencia de Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Sapientísimo.
Con las manos de la renuncia, saca de sus aguas vivificadoras, y rocía
con ellas todas las cosas creadas, para que sean limpiadas de todas las
limitaciones humanas y puedan aproximarse a la poderosa sede de Dios,
este resplandeciente y sagrado Lugar.

No te apenes si lo realizas solo. Dios te sea suficiente para todo.
Comulga íntimamente con su Espíritu y sé de los agradecidos. Proclama la
Causa de tu Señor a todos los que están en los cielos y en la tierra. Si
algún hombre respondiera a tu llamado, descubre ante él las perlas de la
sabiduría del Señor, tu Dios, que su Espíritu te ha enviado, y sé de
aquellos que de verdad creen. Y si alguien rechazara tu ofrecimiento,
apártate de él y deposita tu fe y confianza en el Señor, tu Dios, el
Señor de todos los mundos.

¡Por la rectitud de Dios! Quienquiera en este Día, abra sus labios
y haga mención del nombre de su Señor, las huestes de la inspiración
divina descenderán sobre él desde el cielo de mi nombre, el Omnisciente,
el Sapientísimo. También descenderá sobre él el Concurso en lo alto, cada
uno llevando en alto, un cáliz de luz pura. Así ha sido preordinado en el
reino de la Revelación de Dios, por el mandato de Aquel quien es el Todo
Glorioso, el Todopoderoso.

Dentro del Santo Velo, y preparado para el servicio de Dios, yace
una compañía de sus escogidos que serán manifestados a los hombres,
ayudarán a su Causa, y no temerán a nadie, aunque toda la raza humana se
levante y lidie contra ellos. Éstos son aquellos que, ante la vista de
los habitantes de la tierra y los moradores del cielo, se erguirán, y
aclamarán en alta voz el nombre del Todopoderoso, y llamarán a los hijos
de los hombres a seguir el sendero de Dios, el Todo Glorioso, el Todo
Alabado. Sigue su camino y no dejes que nadie te desanime. Sé de aquellos
a quienes la conmoción del mundo, por mucho que les agite en el sendero
de su Creador, nunca podrá entristecer, cuyo propósito, la censura de los
censuradores jamás podrá derrotar.

Ve con la Tabla de Dios y sus signos, y únete a los que han creído
en mí y anúnciales nuevas de nuestro más sagrado Paraíso. Amonesta,
entonces a los que han unido socios a Él. Di: Vengo a vosotros, oh
pueblo, desde el Trono de gloria y os traigo un mensaje de Dios el Más
Poderoso, el Exaltadísimo, el Más Grande. En mi mano llevo el testimonio
de Dios, vuestro Señor, y el Señor de vuestros antepasados. Pesadlo en la
Balanza justa que poseéis, la Balanza del testimonio de los profetas y
mensajeros de Dios. Si lo encontráis fundado sobre la verdad, si creéis
que es de Dios, tened cuidado, entonces, no sea que lo caviléis y volváis
vanas vuestras obras, y seáis contados entre los infieles. Es ciertamente
el signo de Dios que ha sido enviado, por el poder de la verdad, con el
cual se ha demostrado a sus criaturas la validez de su Causa, y han sido
levantadas las insignias de pureza entre la tierra y el cielo.

Di: Éste es el Pergamino místico y sellado, el repositorio del
Decreto irrevocable de Dios, que contiene las palabras que ha trazado el
Dedo de Santidad, que yacía envuelto en el velo de impenetrable misterio
y que ahora ha sido enviado como una muestra de gracia de Aquel quien es
el Todopoderoso, el Antiguo de los Días. En él hemos decretado los
destinos de todos los habitantes de la tierra y los moradores del cielo,
y hemos registrado el conocimiento de todas las cosas desde la primera
hasta la última. Nada puede pasar inadvertido para Él, ni frustrarle, ya
haya sido creado en el pasado, o sea creado en el futuro, si sólo
pudierais comprenderlo.

Di: La Revelación enviada por Dios ha sido, con toda seguridad,
repetida, y la Mano extendida de nuestro poder ha amparado a todos los
que están en los cielos y a todos los que están en la tierra. Hemos
manifestado por el poder de la verdad, la verdad misma, una vislumbre
infinitesimal de nuestro Misterio impenetrable, y he aquí, aquellos que
han reconocido el fulgor del esplendor sinaico expiraron, cuando
percibieron un ligero atisbo de esta Luz Carmesí que envuelve el Sinaí de
nuestra Revelación. Así ha venido en las nubes de su testimonio Aquel
quien es la Belleza del Todo Misericordioso, y se ha cumplido el decreto
en virtud de la Voluntad de Dios, el Todo Glorioso, el Omnisapiente.

Di: ¡Sal de Tu cámara sagrada, oh Doncella del Cielo, moradora del
Exaltado Paraíso! Atavíate de la manera que agrades con la sedosa
Vestidura de Inmortalidad, y ponte, en nombre del Todo Glorioso, el
bordado Manto de Luz. Escucha, entonces, el dulce y maravilloso acento de
la Voz que viene del Trono de tu Señor, el Inaccesible, el Altísimo.
Quita el velo de tu rostro y revela la belleza de la Zagala de ojos
negros, y no permitas que los siervos de Dios sean privados de la luz de
tu luminoso semblante. No te apenes si escuchas los gemidos de los que
habitan la tierra o las lamentaciones de los que moran en el cielo. Deja
que perezcan en el polvo de la extinción. Que sean reducidos a la nada,
por cuanto el fuego del odio ha sido encendida en sus pechos. Entona,
entonces, ante la faz de los pueblos de la tierra y del cielo, y con voz
muy melodiosa, el himno de alabanza, en conmemoración de Aquel quien es
el Rey de los nombres y atributos de Dios. Así hemos decretado tu
destino. Y Nosotros bien podemos lograr nuestro propósito.

Ten cuidado, Tú que eres la Esencia de la Pureza, que no te
despojes de tu manto de gloria reluciente. Más bien, enriquécete cada vez
más, en el reino de la creación, con las vestiduras incorruptibles de tu
Dios, para que la hermosa imagen del Todopoderoso sea reflejada por ti en
todas las cosas creadas, y la gracia de tu Señor sea infundida en la
plenitud de su poder a toda la creación.

Si percibes de alguien el aroma del amor de tu Señor, ofréndate por
él, porque te hemos creado para este fin, y hemos hecho convenio contigo,
desde tiempo inmemorial y en la presencia de la congregación de nuestros
favorecidos, con este mismo propósito. No te impacientes, si los ciegos
de corazón lanzan los dardos de sus vanas fantasías sobre ti. Abandónales
a si mismos, pues siguen las instigaciones de los malvados.

Proclama a la vista de los moradores del cielo y de la tierra: Yo
soy la Doncella del Cielo, la Criatura engendrada por el Espíritu de
Bahá. Mi morada es la Mansión de su Nombre, el Todo Glorioso. Ante el
concurso en lo alto fui adornada con el ornamento de sus nombres. Estaba
envuelta en el velo de una seguridad inviolable y yacía oculta a los ojos
de los hombres. Me parece haber escuchado una Voz de divina e
incomparable dulzura, que procedía de la diestra del Dios de
Misericordia, y he aquí, todo el Paraíso se conmovió y tembló ante mí en
su anhelo por escuchar sus palabras y contemplar la belleza de Aquel
quien las pronunciaba. Así hemos revelado en esta luminosa Tabla, y en la
más dulce de las lenguas, los versos que la Lengua de la Eternidad fue
movida a pronunciar en el Qayyúmu'l-Asmá'.

Di: Él ordena lo que desea, en virtud de su soberanía, y hace lo
que es su Voluntad por su propio mandato. No debe ser interrogado sobre
lo que Él desee ordenar. Él, en verdad, es el Irrestringido, el
Todopoderoso, el Sapientísimo.

Aquellos que no han creído en Dios, y se han rebelado contra su
soberanía, son las impotentes víctimas de sus deseos e inclinaciones
corruptas. Éstos regresarán a su habitación en el fuego del infierno:
¡miserable es la morada de los negadores!

CXXX. Sé generoso en la prosperidad y agradecido en la adversidad.
Sé digno de la confianza de tu prójimo, y mírale con rostro
resplandeciente y amistoso. Sé para el pobre un tesoro, para el rico, un
amonestador; sé uno que responde al llamado del menesteroso, y guarda la
santidad de tu promesa. Sé recto en tu juicio y moderado en tu palabra.
No seas injusto con nadie, y a todos muestra mansedumbre. Sé como una
lámpara para quienes andan en tinieblas, una alegría para los
entristecidos, un mar para los sedientos, un asilo para los afligidos, un
sostenedor y defensor de la víctima de la opresión. Que la integridad y
rectitud distingan todos tus actos. Sé un hogar para el forastero, un
bálsamo para el que padece, un baluarte para el fugitivo. Sé ojos para el
ciego y una luz de guía a los pies de los que yerran. Sé un ornamento del
semblante de la verdad, una corona sobre la frente de la fidelidad, un
pilar del templo de la rectitud, un hálito de vida para el cuerpo de la
humanidad, una insignia de las huestes de la justicia, un lucero sobre el
horizonte de la virtud, un rocío para la tierra del corazón humano, un
arca en el océano del conocimiento, un sol en el cielo de la
munificencia, una gema en la diadema de la sabiduría, una luz refulgente
en el firmamento de tu generación, un fruto del árbol de la humildad.

CXXXI. La Pluma del Antiguo Rey nunca ha cesado de recordar a los
amados de Dios. En un tiempo ríos de misericordia han fluido de su Pluma,
en otro, mediante su movimiento, el claro Libro de Dios ha sido revelado.
Él es Aquel, a quien nadie es comparable, en cuyo lenguaje ninguno podía
nunca competir. Él es quien, desde la eternidad, ha estado establecido en
la sede del ascendiente y poder, de cuyos labios han procedido consejos
que pueden satisfacer las necesidades de toda la humanidad, y
advertencias que pueden beneficiarle.

El Dios único y verdadero me atestigua, y sus criaturas
testificarán que ni por un momento me he permitido estar oculto a los
ojos de los hombres, ni he consentido escudarme contra su agravio. Ante
la faz de todos los hombres me he levantado y les he ordenado cumplir mi
agrado. Mi objetivo no es sino el mejoramiento del mundo y la
tranquilidad dé sus pueblos. El bienestar de la humanidad, su paz y
seguridad son inalcanzables, a menos que su unidad sea firmemente
establecida. Esta unidad no podrá jamás lograrse mientras se permita que
los consejos que ha revelado la Pluma del Altísimo pasen desatendidos.

Mediante el poder de las palabras que Él ha pronunciado, toda la
raza humana puede ser iluminada con la luz de la unidad, y el recuerdo de
su Nombre es capaz de inflamar los corazones de todos los hombres y
consumir los velos que se interponen entre ellos y su gloria. Una acción
recta está dotada de tal potencia que puede enaltecer a tal punto al
polvo como para hacerlo ir más allá del cielo de los cielos. Puede rasgar
toda atadura y tiene el poder de restaurar la fuerza que se ha gastado y
desvanecido....

Sed puros, oh pueblo de Dios, sed puros; sed rectos, sed rectos....
Di: ¡Oh pueblo de Dios! Lo que puede asegurar la victoria de Aquel quien
es la Verdad Eterna, sus huestes y ayudantes en la tierra, han sido
anotadas en los Libros y Escrituras sagradas, y son tan claras y
manifiestas como el sol. Estas huestes son los actos rectos, la conducta
y carácter que son aceptables a su vista. Quienquiera se levante a ayudar
a nuestra Causa en este Día, y llame en su ayuda las huestes de un
carácter loable y una conducta recta, la influencia que fluye de tal
acción, ciertamente será difundida por todo el mundo.

CXXXII. El propósito del Dios único y verdadero, exaltada sea su
gloria, al revelarse a los hombres, es poner en descubierto las gemas que
yacen ocultas en la mina de su ser íntimo y verdadero. Es parte de la
esencia de la Fe de Dios y su Religión en este Día, que no deberá
permitirse nunca que las diversas comuniones de la tierra, y los
múltiples sistemas de creencias religiosas, fomenten la animosidad entre
los hombres. Estos principios y leyes, estos sistemas poderosos y
firmemente establecidos, han procedido de una sola Fuente, y son los
rayos de una sola Luz. Que difieren unos de otros debe atribuirse a los
requisitos variables de las edades en que fueron promulgadas.

¡Oh pueblo de Bahá! Aprestaos en vuestros esfuerzos, que quizás el
tumulto de lucha y disensión religiosas, que agita a los pueblos de la
tierra, sea aquietado, para que toda huella de ellas sea completamente
borrada. Por el amor a Dios y a aquellos que le sirven, levantaos para
ayudar a esta, la más sublime y trascendental Revelación. El fanatismo y
odio religiosos son un fuego que devora el mundo, cuya violencia nadie
puede extinguir. Sólo la Mano del Poder Divino puede librar a la
humanidad de esta aflicción desoladora....

La prolación de Dios es una lámpara, cuya luz son estas palabras:
Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama. Proceded
uno con otro con extremo amor y armonía, con amistad y compañerismo.
¡Aquel, quien es el Sol de la Verdad, es mi testigo! Tan potente es la
luz de la unidad que puede iluminar toda la tierra. El Dios único y
verdadero, quien conoce todas las cosas, atestigua Él mismo la verdad de
estas palabras.

Esforzaos para que alcancéis esta trascendente y muy sublime
posición, posición que puede asegurar la protección y seguridad de toda
la humanidad. Esta meta supera todas las demás metas, y esta aspiración
es el monarca de todas las aspiraciones. Sin embargo, mientras no se
disipen las espesas nubes de la opresión que oscurecen el sol de la
justicia, será difícil que la gloria de esta posición sea revelada a los
ojos de los hombres....

Asociaos con todos los hombres, oh pueblo de Bahá, con espíritu de
amistad y compañerismo. Si sois conscientes de cierta verdad, si poseéis
una joya, de la que otros están privados compartidla con ellos en un
lenguaje de sumo afecto y buena voluntad. Si es aceptada, si cumple su
propósito, habréis logrado vuestro objetivo. Si alguien la rehusara,
abandonadle a sí mismo, e implorad a Dios que le guíe. Guardaos de
tratarle sin bondad. Una lengua amable es el imán del corazón de los
hombres. Es el pan del espíritu, reviste de significado las palabras, es
fuente de la luz de la sabiduría y el entendimiento....

CXXXIII. La ordenanzas de Dios han sido enviadas desde el cielo de
su muy augusta Revelación. Todos deben observarlas diligentemente. La
suprema distinción del hombre, su verdadero adelanto, su victoria final,
ha dependido siempre y continuará dependiendo de ellas. Quienquiera
guarde los mandamientos de Dios alcanzará felicidad eterna.

Una doble obligación descansa sobre aquel que ha reconocido la
Aurora de la Unidad de Dios y aceptado la verdad de Aquel quien es la
Manifestación de su unicidad. La primera es constancia en su amor, tal
que ni el clamor del enemigo ni las pretensiones del impostor ocioso
puedan impedirle aferrarse a Aquel quien es la Verdad Eterna, constancia
que prescinda totalmente de ellos. La segunda es estricta observancia de
las leyes que Él ha prescrito, leyes que Él siempre ha ordenado a los
hombres y continuará ordenando, mediante las cuales la verdad puede ser
distinguida y separada de la falsedad.

CXXXIV. El primer deber y el más sobresaliente, después del
reconocimiento de Aquel quien es la Verdad Eterna, es la constancia en su
Causa. Aférrate a ella, y sé de aquellos cuyas mentes están fijas y
fundadas firmemente en Dios. Ninguna acción, por muy meritoria que sea,
no ha sido ni será jamás comparable a ésta. Es el rey de todas las
acciones, y esto lo atestiguará tu Señor, el Altísimo, el Más
Poderoso....

Las virtudes y atributos que pertenecen a Dios son todos evidentes
y manifiestos, y han sido mencionados y descritos en todos los Libros
Celestiales. Entre éstos se encuentran la confiabilidad, la veracidad, la
pureza de corazón en comunión con Dios, la indulgencia, la resignación a
todo lo que el Todopoderoso ha decretado, el contento con las cosas que
su Voluntad ha proveído, la paciencia, aun más, el agradecimiento en
medio de las tribulaciones, y completa confianza en Él bajo todas
circunstancias. De acuerdo con la estimación de Dios, éstas figuran como
las más elevadas y loables entre todas las acciones. Todas las demás
acciones son secundarias y subordinadas a ellas, y continuarán siempre
siéndolo....

El espíritu que anima al corazón humano es el conocimiento de Dios,
y su mejor adorno es el reconocimiento de la verdad que: "Él hace todo lo
que es su Voluntad y ordena lo que Él desea". Su atavío es el temor a
Dios, y su perfección es la constancia en su Fe. Así instruye Dios a
todos los que le buscan. Él, en verdad, ama a aquel que se vuelve hacia
Él. No hay otro Dios sino Él, el Perdonador, el Más Generoso. Toda loanza
sea a Dios, el Señor de todos los mundos.

CXXXV. ¡Oh Letra del Viviente! El oído de Dios ha escuchado tu
llamado, y sus ojos han visto la súplica que has escrito. Él te llama
desde su sede de gloria y te revela los versos que han sido enviados por
aquel que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo.

Bendito eres por haber abolido enteramente el ídolo del egoísmo y
de la vana imaginación, por haber rasgado el velo de la ociosa fantasía,
mediante la fuerza del poder de tu Señor, el Supremo Protector, el
Todopoderoso, el único Amado. Ciertamente serás contado entre aquellas
Letras que han superado a toda otra Letra. Por esto has sido elegido por
Dios, por la lengua de tu Señor, el Báb, el resplandor de cuyo semblante
ha envuelto a toda la creación y continuará envolviéndola. Da gracias al
Todopoderoso y magnifica su nombre por cuanto Él te ha ayudado a
reconocer una Causa que ha hecho temblar los corazones de los habitantes
de los cielos y de la tierra, que ha hecho clamar a los moradores de los
Reinos de la creación y de la Revelación, por la cual los secretos
ocultos en los corazones de los hombres han sido descubiertos y probados.

Tu Señor, el Altísimo (el Báb), desde su Reino de gloria, te dirige
esta palabras: Grande es la bendición que te espera, oh Letra del
Viviente, por que tú de verdad has creído en mí, has rehusado
avergonzarme ante el Concurso en lo Alto, has cumplido tu promesa, te has
despojado del velo de las vanas imaginaciones, y has fijado tu mirada en
el Señor, tu Dios, el Señor de lo visible e invisible, el Señor del
Templo Frecuentado. Estoy muy contento contigo, por cuanto he encontrado
tu rostro resplandeciente en el Día en que los rostros se han hecho
lúgubres y se han vuelto negros.

Di: ¡Oh pueblo del Bayán! ¿No os hemos amonestado, en todas
nuestras Tablas y en todas nuestras Escrituras ocultas, para que no
sigáis vuestras pasiones malas e inclinaciones corruptas, sino para que
dirijáis vuestras miradas hacia la Escena de gloria trascendente en el
Día en que será establecida la Más Poderosa Balanza, Día en que las
dulces melodías del Espíritu de Dios manarán de la diestra del trono de
vuestro Señor, el omnipotente Protector, el Todopoderoso, el Santo de los
Santos? ¿No os hemos prohibido aferraros a las cosas que os apartaran de
la Manifestación de nuestra Belleza en su siguiente Revelación, sean
ellas las personificaciones de los nombres de Dios y toda su gloria, o
los reveladores de sus atributos y su dominio? ¡Ve cómo, en cuanto me he
revelado, habéis rechazado mi verdad y os habéis alejado de mí, y habéis
sido de los que han considerado los signos de Dios como un juego y
pasatiempo!

¡Por mi Belleza! En este Día nada en absoluto será aceptado de
vosotros aunque. continuéis adorando a Dios y postrándoos ante Él por
toda la eternidad de su dominio. Pues todas las cosas dependen de su
Voluntad, y el valor de todos los hechos está condicionado a su
aceptación y agrado. Todo el universo no es sino un puñado de arcilla en
su mano. A no ser que uno reconozca a Dios y le ame, su llamado no será
escuchado por Dios en este Día. Ésta es parte de la esencia de su Fe, si
sólo supierais.

¿Estaréis contentos con aquello que sólo es como la niebla en la
llanura y dispuestos a privaros del Océano, cuyas aguas, en virtud de la
Voluntad de Dios, refrescan las almas de los hombres? ¡Ay de vosotros,
por haber respondido a la generosidad de Dios con algo tan vano y
despreciable! Sois, en verdad, de aquellos que me han rechazado en mi
Revelación anterior. ¡Oh qué vuestros corazones comprendieran!

Levantaos y, a la vista de Dios, expiad vuestras faltas de deber
hacia Él. Éste es mi mandamiento a vosotros, si prestarais oídos a mi
mandamiento. ¡Por mi mismo! Ni el pueblo del Corán, ni los seguidores de
la Tora, ni del Evangelio, ni los de ningún otro Libro han cometido lo
que vuestras manos han hecho. Yo mismo he dedicado toda mi vida a la
vindicación de la verdad de esta Fe. Yo mismo, en todas mis Tablas he
anunciado el advenimiento de su Revelación. Sin embargo, tan pronto como
Él se manifestó en su Revelación subsiguiente, vestido con la gloria de
Bahá y ataviado con el manto de su grandeza, vosotros os rebelasteis
contra Aquel quien es el Supremo Protector, el que Subsiste por sí mismo.
¡Cuidaos, oh pueblo! Avergonzaos de aquello que me ha acaecido por
vuestras manos en el Sendero de Dios. Cuidaos de que no seáis contados
entre los que han rechazado lo que les ha sido enviado desde el Cielo de
la trascendente gloria de Dios.

Tales son, oh Letra del Viviente, las palabras que tu Señor ha
pronunciado y te ha dirigido desde los reinos en lo alto. Proclama las
palabras de vuestro Señor a sus siervos, que tal vez sacudan su sueño y
pidan perdón a Dios, quien les ha formado y les ha modelado, y les ha
enviado esta muy refulgente, esta muy santa y manifiesta Revelación de Su
Belleza.

CXXXVI. Di: Oh pueblo, librad vuestras almas de las cadenas del yo
y purificadlas de todo apego a cualquier cosa fuera de mí. El recuerdo de
mí limpia todas las cosas de mancha, si pudierais comprenderlo. Di: Si
todas las cosas creadas fuesen despojadas enteramente del velo de vanidad
y deseo mundanos, la Mano de Dios las vestiría en este Día, a todas y
cada una, con la vestidura "Él hace lo que es su Voluntad en el reino de
la creación", para que así sea manifestado en todas las cosas el signo de
su soberanía. Exaltado, entonces, sea Él, el Soberano Señor de todo, el
Todopoderoso, el Supremo Protector, el Todo Glorioso, el Omnipotente.

Entona, oh mi siervo, los versos de Dios que tú has recibido, como
son entonados por aquellos que se han acercado a Él, para que la dulzura
de tu melodía encienda tu propia alma y atraiga los corazones de todos
los hombres. Quienquiera recite retirado en su cámara los versos
revelados por Dios, los ángeles esparcidores del Todopoderoso difundirán
por doquier la fragancia de las palabras pronunciadas por su boca, y
harán que palpite el corazón de todo hombre recto. Aunque al principio
permanezca inconsciente de su efecto, sin embargo, la virtud de gracia
concedida a él debe necesariamente ejercer tarde o temprano influencia
sobre su alma. Así han sido decretados los misterios de la Revelación de
Dios en virtud de la Voluntad de Aquel quien es la Fuente de poder y
sabiduría.

¡Oh Khalíl! Dios es mi testigo. Aunque mi Pluma se mueva sobre mi
Tabla, sin embargo, en el fondo de su corazón llora y está dolorosamente
afligida. La lámpara que arde ante el Trono, asimismo, llora y gime por
causa de lo que la Antigua Belleza ha sufrido en manos de aquellos que no
son sino una creación de su Voluntad. Dios mismo sabe y atestigua la
verdad de mis palabras. Ningún hombre que haya purgado su oído del
ruidoso clamor de los infieles y lo haya puesto hacia todas las cosas
creadas, puede dejar de oír la voz de su lamento y llanto por el dolor
que nos ha sucedido en manos de aquellos de nuestros siervos que no han
creído y se han rebelado contra Nosotros. Así te hemos revelado un
vislumbre de las penas que nos han sobrevenido para que seas consciente
de nuestros sufrimientos y soportes pacientemente tus aflicciones.

Levántate para ayudar a tu Señor en todo tiempo y en todas
circunstancias, y sé tú uno de sus ayudantes. Amonesta, entonces, al
pueblo para que presten atención a las palabras que el Espíritu de Dios
ha pronunciado en esta refulgente y esplendorosa Tabla. Di: No sembréis,
oh pueblo, las semillas de disensión entre los hombres, y no contendáis
con vuestro prójimo. Sed pacientes bajo todas condiciones, y depositad
toda vuestra fe y confianza en Dios. Ayuda a vuestro Señor con la espada
de la sabiduría y la prolación. Esto, ciertamente, es propio de la
posición del hombre. Apartarse de ello sería indigno para Dios, el
Soberano Señor de todo, el Glorificado. El pueblo, sin embargo, ha sido
desviado, y es, ciertamente, de los desatentos.

Abrid, oh pueblo, las puertas de los corazones de los hombres con
las llaves del recuerdo de Aquel quien es el Recuerdo de Dios y la Fuente
de sabiduría entre vosotros. Él ha elegido de todo el mundo los corazones
de sus siervos, y los ha hecho sede de la revelación de su gloria. Por
tanto, santificadlos de toda mancha, para que aquello para lo cual fueron
creados sea grabado en ellos. Esto, de hecho, es una muestra del generoso
favor de Dios.

Embelleced vuestras lenguas, oh pueblo, con la veracidad, y adornad
vuestras almas con el ornamento de la honestidad. Cuidad, oh pueblo, no
sea que obréis traicioneramente con alguno. Sed los procuradores de Dios
entre sus criaturas y los emblemas de su generosidad en medio de su
pueblo. Aquellos que siguen sus placeres y corruptas inclinaciones han
errado y disipado sus esfuerzos. Ellos, de veras, son de los perdidos.
Esforzaos, oh pueblo, para que vuestros ojos sean dirigidos hacia la
misericordia de Dios, que vuestros corazones estén en consonancia con su
maravilloso recuerdo, que vuestras almas dependan confiadamente de su
gracia y munificencia, que vuestros pies hollen el sendero de su
complacencia. Éstos son los consejos que os lego. ¡Ojalá siguierais mis
consejos!

CXXXVII. Algunos han considerado que es lícito violar la integridad
de los bienes de su prójimo y no han dado importancia a la orden de Dios
prescrita en su Libro. ¡Que el mal caiga sobre ellos y el castigo de
Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, les aflija! ¡Por Aquel quien
brilla sobre la Aurora de santidad! Si toda la tierra fuera convertida en
plata y oro, ningún hombre del que pueda decirse que verdaderamente ha
ascendido al cielo de fe y certeza se dignaría a mirarlo, menos aun a
tomar y guardarlo. Anteriormente nos hemos referido a este tema en
pasajes revelados en lengua árabe, en palabras de exquisita belleza.
¡Dios es nuestro testigo! Quienquiera haya gustado la dulzura de esas
palabras nunca consentirá transgredir los límites que Dios ha fijado, ni
volverá su mirada hacia nadie excepto su Bienamado. Tal hombre reconocerá
fácilmente con su vista interior cuán vanas y fugaces son las cosas de
este mundo, y pondrá sus afectos en cosas sublimes.

Di: ¡Avergonzaos, oh vosotros que os llamáis los amantes de la
Antigua Belleza! Que os sirvan de amonestación las tribulaciones que Él
ha sufrido, el peso de la angustia que ha soportado por amor de Dios. Que
vuestros ojos se abran. ¿Con qué propósito se ha afanado Él, si las
múltiples pruebas que ha sobrellevado han de tener finalmente como
resultado tan despreciables profesiones, y tan miserable conducta? Todo
ladrón, todo obrador de iniquidades, en los días anteriores a mi
Revelación, ha pronunciado estas mismas palabras y ha efectuado estos
mismos hechos.

Ciertamente digo: Prestad atención a mi dulce voz y santificaos de
la suciedad de vuestras malas pasiones y deseos corruptos. Aquellos que
moran dentro del tabernáculo de Dios, y están establecidos en las sedes
de gloria sempiterna, rehusarán, aunque estén muriendo de hambre,
extender y tomar ilícitamente la propiedad de su prójimo, por muy bajo y
despreciable que éste sea.

El propósito del Dios único y verdadero al manifestarse a sí mismo
es emplazar a toda la humanidad a la veracidad y sinceridad, a la piedad
y confiabilidad, a la resignación y sumisión a la Voluntad de Dios, a la
paciencia y amabilidad, a la rectitud y sabiduría. Su objetivo es cubrir
a cada hombre con el manto de un carácter santificado y adornarlo con el
ornamento de acciones buenas y santas.

Di: Tened misericordia de vosotros mismos y de vuestros semejantes,
y no permitáis que la Causa de Dios -Causa que es inmensamente exaltada
sobre la esencia íntima de la santidad- sea manchada por la inmundicia
de vuestras ociosas fantasías, de vuestras imaginaciones indecorosas y
corruptas.

CXXXVIII. Tú ves, oh Dios de Misericordia, Tú cuyo poder penetra
todas las cosas creadas, a estos siervos tuyos, tus esclavos, quienes de
acuerdo con el beneplácito de tu Voluntad, observan de día el ayuno
prescrito por ti, quienes se levantan, con el alba del día, para hacer
mención de tu Nombre y celebrar tu alabanza, en el deseo de obtener su
parte de las cosas buenas que están atesoradas en los erarios de tu
gracia y munificencia. Te imploro, oh Tú que tienes en tus manos las
riendas de toda la creación, en cuyo puño está todo el reino de tus
nombres y de tus atributos, que no prives en tu Día a tus siervos de las
lluvias que se vierten de las nubes de tu misericordia, ni les impidas
tomar su porción del océano de tu complacencia.

Todos los átomos de la tierra son testigos, oh mi Señor, de la
grandeza de tu poder y soberanía; y todos los signos del universo
atestiguan la gloria de tu majestad y fuerza. Ten misericordia, entonces,
oh Tú que eres el soberano Señor de todo, que eres el Rey de los días
sempiternos y Monarca de todas las naciones, sobre éstos, tus siervos,
que se han aferrado a la cuerda de tus mandamientos, que han doblado su
cerviz a las revelaciones de tus leyes que han sido enviadas desde el
cielo de tu Voluntad.

Ve, oh mi Señor, cómo sus ojos se han levantado hacia el orto de tu
amorosa bondad, cómo sus corazones están puestos sobre los océanos de tus
favores, cómo se acallan sus voces ante los acentos de tu muy dulce Voz,
que llama, desde la Posición más sublime, en tu nombre, el Todo Glorioso.
Ayuda Tú a tus amados, oh mi Señor, a aquellos que han abandonado todo
para poder obtener lo que Tú posees, quienes han sido envueltos por
pruebas y tribulaciones por haber renunciado al mundo y depositado su
afecto en tu dominio de gloria. Escúdalos, te imploro, oh mi Señor, de
los asaltos de las malas pasiones y deseos, ayúdales a obtener lo que ha
de aprovecharles en este presente mundo y el venidero.

Te pido, oh mi Señor, por tu oculto, tu atesorado Nombre, que llama
en alta voz en el reino de la creación y emplaza a todos los pueblos al
Árbol más allá del cual no hay paso, la sede de trascendente gloria, que
derrames sobre nosotros, y sobre tus siervos la inundante lluvia de tu
misericordia, para que nos limpie del recuerdo de todo salvo de ti, nos
acerque a las orillas del océano de tu gracia. Ordena, oh Señor, por tu
muy exaltada Pluma, lo que ha de inmortalizar nuestras almas en el
Dominio de gloria, perpetuar nuestros nombres en tu Reino, y guardar
nuestras vidas en los erarios de tu protección y nuestros cuerpos en el
baluarte de tu inviolable fortaleza. Potente eres Tú sobre todas las
cosas, ya sean del pasado o del futuro. No hay otro Dios sino Tú, el
Protector omnipotente, el que subsiste por sí mismo.

Tú ves, oh Señor, nuestras manos suplicantes levantadas hacia el
cielo de tu favor y generosidad. Concede que sean colmadas con los
tesoros de tu munificencia y generoso favor. Perdónanos a nosotros, y a
nuestros padres, y a nuestras madres, y cumple todo lo que hemos deseado
desde el océano de tu gracia y divina generosidad. Acepta, oh Amado de
nuestros corazones, todas nuestras obras en tu sendero. Tú eres,
verdaderamente, el Todopoderoso, el Más Exaltado, el Incomparable, el
Único, el Perdonador, el Conferidor de Gracia.

CXXXIX. Presta atención, oh Nabíl-i-A'zam, a la Voz del Antiguo de
los Días, que te llama desde el Reino de su Nombre todo glorioso. Es Él
quien proclama desde los dominios en lo alto y dentro de la esencia
íntima de todas las cosas creadas: "Yo, verdaderamente, soy Dios, no hay
otro Dios sino Yo. Yo soy Aquel quien, desde siempre, ha sido la Fuente
de toda soberanía y poder, Aquel quien continuará, por la eternidad,
ejerciendo su dignidad soberana y dando su protección a todas las cosas
creadas. Mi prueba es la grandeza de mi poder y mi soberanía que abarca a
toda la creación"....

Bendito eres tú, oh mi nombre, por cuanto has entrado en mi Arca, y
te deslizas, por la fuerza de mi soberano y muy exaltado poder, sobre el
océano de grandeza, y te cuentas entre mis favorecidos cuyos nombres ha
inscrito el Dedo de Dios. Has bebido de la copa que es en verdad la vida
de las manos de este Joven, en torno de quien giran las Manifestaciones
del Todo Glorioso, y el brillo de cuya presencia aquellos que son las
Auroras de Misericordia ensalzan de día y de noche.

Su gloria sea contigo, por cuanto has ido de Dios hacia Dios y has
entrado en las márgenes de la Corte de esplendor inmarcesible, Lugar que
el hombre mortal no podrá nunca describir. Allí la brisa de santidad,
cargada del amor de tu Señor, ha conmovido tu espíritu dentro de ti, y
las aguas del entendimiento te han lavado de las manchas de alejamiento e
impiedad. Has sido admitido en el Paraíso del Recuerdo de Dios, por tu
reconocimiento de Aquel quien es la Personificación de ese Recuerdo entre
los hombres.

Por tanto, sé agradecido a Dios, por que te ha fortalecido para
ayudar a su Causa, porque ha hecho que las flores del conocimiento y la
comprensión broten en el jardín de tu corazón. Así te ha envuelto su
gracia, como ha envuelto a toda la creación. Cuidado, no permitas que
algo te apene. Líbrate de todo apego a las vanas alusiones de los hombres
y arroja tras de ti las vanas y sutiles disputas de aquellos que están
separados de Dios por velos. Proclama, entonces, lo que el Más Grande
Espíritu te hará pronunciar en el servicio de la Causa de tu Señor, para
que conmuevas las almas de todos los hombres y atraigas sus corazones
hacia esta muy bendita y toda gloriosa Corte....

Sabe que hemos anulado la regla de la espada como ayuda a nuestra
Causa, y la hemos sustituido por el poder nacido de la prolación de los
hombres. Así lo hemos decretado irrevocablemente, en virtud de nuestra
gracia. Di: ¡Oh pueblo! No sembréis las semillas de discordia entre los
hombres, y absteneos de contender con vuestro prójimo, pues vuestro Señor
ha encomendado el mundo y las ciudades de éste al cuidado de los reyes de
la tierra, y los ha hecho emblemas de su propio poder, en virtud de la
soberanía que Él ha elegido para conferirles. Él ha rehusado reservar
para sí parte alguna del dominio de este mundo. Esto lo atestigua Aquel
quien es, Él mismo, la Verdad Eterna. Lo que Él ha reservado para sí, son
las ciudades de los corazones de los hombres, para que Él pueda
limpiarlos de toda inmundicia terrenal y habilitarlos para aproximarse al
Lugar santificado que las manos de los infieles no podrán nunca profanar.
Abrid, oh pueblo, la ciudad del corazón humano con la llave de vuestra
palabra. Así Nosotros, de acuerdo con una medida preordinada, os hemos
prescrito vuestro deber.

¡Por la rectitud de Dios! El mundo y sus vanidades, y su gloria, y
todas las delicias que pueda ofrecer, son todos, a la vista de Dios, tan
viles como polvo y cenizas, no, y aún mas despreciables que éstos. ¡Si
los corazones de los hombres pudieran comprenderlo! Limpíaos
completamente, oh pueblo de Bahá, de la contaminación del mundo, y de
todo lo que le pertenece. Dios mismo es mi testigo. Las cosas de la
tierra no os convienen. Desechadlas para quienes las deseen, y fijad
vuestros ojos en esta muy santa y refulgente Visión.

Lo que os conviene es el amor a Dios, y el amor a Aquel quien es la
Manifestación de su Esencia, y la observancia de todo lo que Él elija
para prescribiros, si sólo lo supierais.

Di: Que la veracidad y la cortesía sean vuestro adorno. No
permitáis ser privados del manto de la paciencia y justicia, para que los
dulces aromas de santidad sean exhalados desde vuestros corazones sobre
todas las cosas creadas. Di: Cuidado, oh pueblo de Bahá, no sea que
andéis por los caminos de aquellos cuyas palabras difieren de sus hechos.
Esforzaos que seáis habilitados para manifestar a los pueblos de la
tierra los signos de Dios y reflejar sus mandamientos. Que vuestros
hechos sean una guía para toda la humanidad, pues lo que profesan la
mayoría de los hombres, sean nobles o humildes, difieren de su conducta.
Es por vuestros actos que podéis distinguiros de los demás. Por ellos
puede ser derramado sobre toda la tierra el brillo de vuestra luz. Feliz
es el hombre que atiende mi consejo y guarda los preceptos prescritos por
Aquel quien es el Omnisciente, el Omnisapiente.

CXL. ¡Oh Muhammad-'Alí! Grande es la ventura que te espera, por
cuanto has adornado tu corazón con el ornamento del amor a tu Señor, el
Todo Glorioso, el Todo Alabado, Aquel que haya alcanzado esta posición en
este día, todo el bien será suyo.

No prestes atención a la humillación a que han sido sometidos en
este Día los amados de Dios. Esta humillación es el orgullo y la gloria
de todo honor temporal y elevación mundana. ¿Qué honor puede imaginarse
mayor que el honor conferido con la Lengua del Antiguo de los Días cuando
recuerda a sus amados en su Prisión, la Más Grande? El día se aproxima,
en que las nubes interpuestas se habrán disipado completamente, en que la
luz de las palabras: "Todo honor pertenece a Dios y a aquellos que le
aman", habrá aparecido, tan manifiesta como el sol, sobre el horizonte de
la Voluntad del Todopoderoso.

Todos los hombres, sean nobles o humildes, han buscado tan gran
honor y aún lo buscan. Todos, sin embargo, tan pronto como el Sol de la
Verdad derramara su resplandor sobre el mundo, han sido privados de sus
beneficios, y han sido apartados como por un velo de su gloria, excepto
aquellos que se han aferrado a la cuerda de la infalible providencia del
Dios único y verdadero, y que, con completo desprendimiento de todo salvo
Él, han vuelto sus rostros hacia su santa corte.

Da gracias a Aquel, quien es el Deseo de todos los mundos por
haberte investido con tan alto honor. Dentro de poco el mundo y todo lo
que hay en él será como una cosa olvidada, y todo el honor será para los
amados de tu Señor, el Todo Glorioso, el Más Generoso.

CXLI. ¡Un Libro enviado en verdad a los hombres de discernimiento!
Ordena al pueblo observar la justicia y obrar la rectitud, y les prohíbe
seguir sus inclinaciones corruptas y deseos carnales, acaso los hijos de
los hombres sean despertados de su negligencia.

Di: Seguid, oh pueblo, lo que ha sido prescrito a vosotros en
nuestras Tablas, y no os dejéis llevar por las imaginaciones que han
maquinado los sembradores de maldad, aquellos que cometen malicia y la
imputan a Dios, el Más Santo, el Todo Glorioso, el Exaltadísimo. Di:
Hemos aceptado ser probados con males y aflicciones para que os
santifiquéis de toda inmundicia terrenal. ¿Por qué rehusáis entonces
ponderar en vuestros corazones nuestro propósito? ¡Por la rectitud de
Dios! Quienquiera que reflexione sobre las tribulaciones que Nosotros
hemos sufrido, su alma se desvanecerá de pena. Tu Señor, Él mismo,
atestigua la verdad de mis palabras. Hemos soportado el peso de todas las
calamidades para santificaros de toda corrupción terrenal, y, sin
embargo, estáis indiferentes.

Di: Incumbe a cada uno que se sostiene firmemente del borde de
nuestro Manto, no ser manchado por nada que sea contrario al Concurso en
lo alto. Así ha sido decretado por tu Señor, el Todo Glorioso, en su
perspicua Tabla. Di: ¿Dejáis a un lado mi amor y cometéis lo que
entristece mi corazón? ¿Qué os impide comprender lo que ha sido revelado
a vosotros por Aquel quien es el Omnisciente, el Omnisapiente?

Nosotros de verdad vemos vuestras acciones. Si percibimos de ellas
el dulce aroma de la pureza y santidad, Nosotros, ciertamente, os
bendeciremos. Entonces, las lenguas de los moradores del Paraíso
pronunciaran vuestra alabanza y magnificarán vuestros nombres entre
aquellos que se han acercado a Dios.

Aférrate al borde del Manto de Dios y sosténte firmemente de su
Cuerda, que nadie puede dividir. Cuida que el clamor de aquellos que han
repudiado su Más Grande Anuncio no te impida lograr tu propósito.
Proclama lo que te ha sido prescrito en esta Tabla, aunque todos los
pueblos se alcen y se opongan a ti. Tu Señor es, en verdad, el que
Compele Todo, el Protector Infalible.

Mi gloria sea contigo y con aquellos de mis amados que se han
asociado contigo. Éstos son de verdad aquellos con quienes estará el
bien.

CXLII. ¡Juro por la belleza del Bienamado! Ésta es la Misericordia
que ha envuelto a toda la creación, el Día en que la gracia de Dios ha
penetrado e impregnado todas las cosas. Las aguas vivientes de mi
misericordia, oh 'Alí, vierten copiosamente, y mi corazón se funde con el
calor de mi ternura y amor. En ningún momento he podido resignarme a las
aflicciones que han sucedido a mis amados ni a ninguna pena que pudiera
ofuscar la alegría de sus corazones.

Cada vez que mi nombre "el Todo Misericordioso" escuchaba que uno
de mis amados había proferido una palabra que iba contra mi deseo, se
retiraba herido de dolor y desconsolado a su morada; y cuando mi nombre
"el Encubridor" descubría que alguno de mis seguidores había infligido
una afrenta o humillación a su prójimo, asimismo volvía apesadumbrado y
lleno de tristeza a sus retiros de gloria, y allí lloraba y se lamentaba
penosamente. Y cuando mi nombre "el que Siempre Perdona" percibía que
alguno de mis amigos había cometido una transgresión gritaba en su gran
tormento, y vencido por la angustia, caía sobre el polvo y era llevado
por una compañía de los ángeles invisibles a su habitación en los
dominios en lo alto.

¡Por mí mismo, el Verdadero, oh 'Alí! El fuego que ha inflamado el
corazón de Bahá es más abrasador que el fuego que arde en tu corazón, y
su lamentación, más aguda que tu lamentación. Cada vez que el pecado
cometido por alguno entre ellos era pronunciado en la Corte de su
Presencia, la Antigua Belleza se llenaba tanto de vergüenza como para
desear que pudiese ocultar la gloria de su semblante de los ojos de todos
los hombres, porque Él en todo momento ha fijado su mirada en su
fidelidad y ha observado sus requisitos esenciales.

Las palabras que tú escribiste, tan pronto como fueron leídas en mi
Presencia, han hecho que el océano de mi fidelidad se mueva dentro de mí,
y que la brisa de mi perdón acaricie tu alma, y que el árbol de mi
amorosa bondad te dé sombra, y que las nubes de mi generosidad viertan
sus dádivas sobre ti. Juro por el Sol que gira sobre el horizonte de la
eternidad. Lloro por ti en tu tristeza, y me lamento contigo en tu
tribulación.... Soy testigo de los servicios que me has hecho, y
atestiguo las diversas aflicciones que has soportado por mi amor. Todos
los átomos de la tierra declaran mi amor por ti.

El llamado que tú elevaste, oh 'Alí, es altamente aceptable a mi
vista. Proclama con tu pluma y lengua mi Causa. Llama y emplaza al pueblo
hacia Aquel quien es el Soberano Señor de todos los mundos, con tal celo
y fervor, que todos los hombres sean encendidos por ti.

Di: ¡Oh mi Señor, mi Bienamado, el Movedor de mis acciones, la
Estrella de Guía de mi alma, la Voz que llama en mi ser íntimo, el Objeto
de la adoración de mi corazón! La loanza sea a ti por haberme habilitado
para volver mi rostro hacia ti, por haber inflamado mi alma mediante el
recuerdo de ti, por haberme ayudado a proclamar tu Nombre y cantar tus
alabanzas.

¡Mi Dios, mi Dios! Si no se encontrara a nadie que se desviase de
tu sendero, ¿cómo podría entonces ser desplegada la enseña de tu
misericordia o izado el estandarte de tu generoso favor? Y si no se
cometiera iniquidad, ¿qué podría proclamarte como el Encubridor de los
pecados de los hombres, el que Siempre Perdona, el Omnisciente, el
Sapientísimo? Que mi alma sea un sacrificio por los delitos de aquellos
que te contravienen, porque sobre éstos sopla la dulce fragancia de los
tiernos mercedes de tu Nombre, el Compasivo, el Todo Misericordioso. Que
mi vida sea entregada por las transgresiones de aquellos que te
desobedecen, porque mediante ellas el hálito de tu gracia y la fragancia
de tu amorosa bondad se hacen conocer y difundir entre los hombres. Que
mi ser íntimo sea ofrendado por los pecados de aquellos que han pecado
contra ti, porque es como resultado de tales pecados que el Sol de tus
múltiples favores se revela sobre el horizonte de tu generosidad y las
nubes de tu infalible providencia vierten sus dádivas sobre las
realidades de todas las cosas creadas.

Yo soy aquel, oh mi Señor, que te ha confesado la multitud de sus
malas obras, que ha reconocido lo que ningún hombre ha reconocido. Me he
apresurado para alcanzar el océano de tu perdón, y he buscado refugio
bajo la sombra de tu muy bondadoso favor. Concede, te lo imploro, oh Tú
que eres el Rey Eterno y el Soberano Protector de todos los hombres, que
yo sea habilitado para manifestar lo que ha de hacer que los corazones y
almas de los hombres se remonten a la inmensidad ilimitada de tu amor y
comulguen con tu Espíritu. Fortaléceme con la fuerza de tu soberanía para
que yo pueda volver todas las cosas creadas hacia la Aurora de tu
Manifestación y la Fuente de tu Revelación. Ayúdame, oh mi Señor, a
someterme completamente a tu Voluntad, y a levantarme y servirte, porque
yo no estimo esta vida terrenal para ningún propósito que no sea el de
rodear el Tabernáculo de tu revelación y la Sede de tu Gloria. Tú me ves,
oh mi Dios, desprendido de todo salvo de ti y humilde y servil a tu
Voluntad. Procede conmigo como sea propio de ti y como corresponda a tu
alteza y gran gloria.

¡Oh 'Alí! La munificencia de Aquel quien es el Señor de todos los
mundos, ha sido conferida a ti, y sigue siéndolo. Ármate con su fortaleza
y fuerza, y levántate a ayudar a su Causa y a magnificar su santo nombre.
No dejes que tu ignorancia del conocimiento de los hombres y tu
incapacidad de leer y escribir entristezcan tu corazón. Las puertas de su
múltiple gracia están dentro del poderoso puño de la fuerza del Dios
único y verdadero. Él las ha abierto, y continuará abriéndolas, a la faz
de todos aquellos que le sirven. Ojalá que esta brisa de dulzura divina
continúe soplando del prado de tu corazón sobre todo el mundo, de manera
que sus efectos sean manifiestos en cada país. Es Él que tiene poder
sobre todas las cosas. Él ciertamente, es el Más Fuerte, el Todo
Glorioso, el Omnipotente.

CXLIII. Bienaventurado eres, oh mi siervo, por cuanto has
reconocido la Verdad y te has apartado de aquel que repudiara al Todo
Misericordioso, y fuera condenado como malvado en la Tabla Madre. Ve
seguro en el amor de Dios, y mantente recto en su Fe, y ayúdale con el
poder de tu prolación. Así te lo ordena el Todo Misericordioso, quien
sufre aprisionamiento en manos de sus opresores.

Si te llega la tribulación por mi Causa, trae a la memoria mis
males y aflicciones, y recuerda mi destierro y aprisionamiento. Así te
transmitimos lo que ha descendido sobre Nosotros de Aquel quien es el
Todo Glorioso, el Omnisapiente.

¡Por mí mismo! Se aproxima el día en que habremos enrollado el
mundo y todo lo que hay en él, y habremos extendido un nuevo orden en su
lugar. Él, ciertamente, es poderoso sobre todas las cosas.

Santifica tu corazón para que puedas recordarme, y purifica tu oído
para que puedas escuchar mis palabras. Pon entonces tu rostro hacia el
Punto donde ha sido establecido el trono de tu Señor, el Dios de
Misericordia, y di: La loanza sea a ti, oh mi Señor, porque me has
habilitado para reconocer la Manifestación de tu propio Ser, y me has
ayudado a fijar mi corazón en la corte de tu presencia, el objeto de la
adoración de mi alma. Te suplico, por tu nombre que ha hecho que los
cielos se rasguen y la tierra se parte, que ordenes para mí lo que Tú
ordenaste para aquellos que se han alejado de todo menos de ti y han
puesto sus corazones firmemente en ti. Concede que sea sentado en tu
presencia en el asiento de la verdad, dentro del Tabernáculo de la
Gloria. Potente eres Tú para hacer tu voluntad. No hay otro Dios sino Tú,
el Todo Glorioso, el Omnisapiente.

CXLIV. La Pluma del Altísimo ha decretado la obligación de enseñar
esta Causa y la ha impuesto a cada uno.... Dios, sin duda, inspirará a
quienquiera se desprenda de todo salvo de Él, y hará que de su corazón se
viertan y fluyan copiosamente las aguas puras de la sabiduría y la
prolación. Verdaderamente, tu Señor, el Todo Misericordioso, es potente
para hacer su voluntad y ordena todo lo que a Él le place.

Si consideraras este mundo y te dieras cuenta de cuán fugaces son
las cosas que pertenecen a él, no escogerías hollar ningún sendero
excepto el sendero del servicio a la Causa de tu Señor. Nadie tendría
poder para impedirte celebrar su alabanza, aunque todos los hombres se
levantaran para oponerse a ti.

Sigue derecho y sé perseverante en su servicio. Di: ¡Oh pueblo! El
Día, prometido a vosotros en todas las Escrituras, ya ha llegado. Temed a
Dios y no os abstengáis de reconocer al Objeto de vuestra creación.
Apresuraos en ir hacia Él. Esto es mejor para vosotros que el mundo y
todo lo que hay en él. ¡Ojalá pudierais comprenderlo!

CXLV. Si os encontráis con los humillados u oprimidos, no les deis
la espalda desdeñosamente, porque el Rey de la Gloria siempre los guarda
y los rodea con tal ternura que nadie puede sondearla salvo aquellos que
han hecho que sus esperanzas y deseos se sumerjan en la Voluntad de
vuestro Señor, el Conferidor de Gracia, el Omnisapiente. ¡Oh, vosotros,
ricos de la tierra! No huyáis de la faz del pobre que yace en el polvo;
no, más bien, amparadlo y dejad que os cuente el relato de los dolores
con que el Decreto inescrutable de Dios ha hecho que sea afligido. ¡Por
la rectitud de Dios! Mientras os asociáis con él, el Concurso en lo alto
os estará observando, estará intercediendo por vosotros, estará
ensalzando vuestros nombres y glorificando vuestra acción.
Bienaventurados son los doctos que no se enorgullecen de sus logros; y el
bien está con los rectos que no menosprecian los pecaminosos, sino, más
bien, encubren sus fechorías, para que sus propias faltas puedan
permanecer veladas a los ojos de los hombres.

CXLVI. Es nuestra esperanza y deseo que cada uno de vosotros se
convierta en fuente de toda bondad hacia los hombres y un ejemplo de
rectitud para la humanidad. Cuidaos, no sea que os prefiráis sobre
vuestros semejantes. Fijad vuestra mirada en Aquel quien es el Templo de
Dios entre los hombres. Él, en verdad, ha ofrendado su vida como un
rescate para la redención del mundo. Él, ciertamente, es el Todo
munífico, el Conferidor de Gracia, el Altísimo. Si aparecen diferencias
entre vosotros, vedme de pie ante vuestra faz, y pasad por alto las
faltas de cada uno por amor a mi nombre y como una muestra de vuestro
amor por mi manifiesta y resplandeciente Causa. Gustamos de veros en todo
momento uniéndoos en amistad y concordia dentro del paraíso de mi
complacencia, y de aspirar de vuestros actos la fragancia de amabilidad y
unidad, de amorosa bondad y fraternidad. Así os aconseja el Omnisapiente,
el Fiel. Siempre estaremos con vosotros; si aspiramos el perfume de
vuestra fraternidad, nuestro corazón de seguro se regocijará, pues nada
más nos puede satisfacer. Esto lo atestigua todo hombre de verdadero
entendimiento.

CXLVII. ¡El Más Grande Nombre es mi testigo! ¡Cuán triste sería si
en este Día algún hombre pusiera su corazón en las cosas transitorias de
este mundo! Levantaos y aferraos firmemente a la Causa de Dios. Sed muy
amorosos el uno al otro. Quemad el velo del yo con la llama del Fuego
inextinguible por amor al Bienamado, y asociaos con vuestro prójimo con
rostros alegres y radiantes de luz. Habéis observado bien, en todos sus
aspectos, el comportamiento de Aquel quien es la Palabra de la Verdad
entre vosotros. Conocéis muy bien cuán duro es para este Joven permitir,
aunque fuere por una noche, que sea entristecido por Él el corazón de
cualquiera de los amados de Dios.

La Palabra de Dios ha encendido el corazón del mundo: ¡Cuán
deplorable será si no sois abrasados con su llama! Quiera Dios que
consideréis esta bendita noche como la noche de la unidad, entrelacéis
vuestras almas, y decidáis adornaros con el ornamento de un carácter
excelente y loable. Que vuestro interés principal sea rescatar al caído
de la ciénaga de la extinción inminente y ayudarle a abrazar la antigua
Fe de Dios. Vuestro comportamiento para con vuestro prójimo debe ser tal
que manifieste claramente los signos del Dios único y verdadero, porque
entre los hombres, vosotros sois los primeros en ser creados de nuevo por
su Espíritu, los primeros en adorarle e inclinarse ante Él, los primeros
en circundar su trono de gloria. ¡Juro por Aquel quien me ha hecho
revelar todo lo que le ha placido! Sois más conocidos a los habitantes
del Reino en lo alto que a vosotros mismos. ¿Pensáis que estas palabras
son vanas y huecas? ¡Ojalá pudierais percibir las cosas que ve vuestro
Señor, el Todo Misericordioso, cosas que atestiguan la excelencia de
vuestro grado, que son testigos de la grandeza de vuestro valor, que
proclaman la sublimidad de vuestra posición! Conceda Dios que vuestros
deseos y pasiones irrefrenadas no os impidan alcanzar lo que ha sido
ordenado para vosotros.

CXLVIII. ¡Oh Salmán! Todo lo que hayan dicho los sabios o místicos
nunca ha excedido las limitaciones a que ha estado estrictamente sujeta
la mente finita del hombre, ni podrán jamás esperar excederlas. A
cualquier altura se remonte la mente de los más exaltados de los hombres,
por muy grandes que sean las profundidades en que penetre el corazón
comprensivo y desprendido, tal mente y corazón no podrán nunca trascender
aquello que es lo creado por sus propios conceptos y el producto de sus
propios pensamientos. Las meditaciones del pensador más profundo, las
devociones del más santo de las santos, las más elevadas expresiones de
alabanza de lengua o pluma humanas, no son sino un reflejo de aquello que
ha sido creado dentro de ellos mismos, mediante la revelación del Señor,
su Dios. Quienquiera pondere esta verdad en su corazón fácilmente
admitirá que hay ciertos límites que ningún hombre puede transgredir.
Todo intento que, desde el principio que no tiene principio, se haya
hecho para representarse a Dios y conocerle, está limitado por las
exigencias de su propia creación, creación que Él ha hecho existir por la
acción de su propia Voluntad y no para los propósitos de nadie sino para
los de su propio Ser. Inmensamente exaltado es Él sobre los afanes de la
mente humana para concebir su Esencia, o los de la lengua humana para
describir su misterio. Ningún lazo de relación directa podrá jamás unirle
a las cosas que Él ha creado, ni pueden las más abstrusas ni las más
remotas alusiones de sus criaturas hacer justicia a su ser. Por su
Voluntad que penetra el mundo, Él ha hecho existir a todas las cosas
creadas. Él está velado en la antigua eternidad de su propia Esencia
exaltada e indivisible, siempre lo ha estado, y continuará eternamente
encubierto en su inaccesible majestad y gloria. Todo lo que hay en el
cielo y todo lo que hay en la tierra ha venido a existir por su mandato,
y por su Voluntad han salido de la nada absoluta al reino de la
existencia. ¿Cómo puede, entonces, la criatura que La Palabra de Dios ha
modelado comprender la naturaleza de Aquel quien es el Antiguo de los
Días?

CXLIX. Si algún hombre se levantare en este Día, y con absoluto
desprendimiento de todo lo que hay en los cielos y de todo lo que hay en
la tierra pusiera sus afectos en Aquel quien es la Aurora de la santa
Revelación de Dios, ciertamente se le dará poder para someter a todas las
cosas creadas mediante la potencia de uno de los Nombres del Señor, su
Dios, el Omnisciente, el Omnisapiente. Sabe con certeza que el Sol de la
Verdad en este día ha derramado sobre el mundo un esplendor al cual nada
semejante han presenciado edades pasadas. Que la luz de su gloria, oh
pueblo, brille sobre vosotros, no seáis de los negligentes.

CL. Cuando llegue la victoria, cada hombre se declarará creyente y
se apresurará al refugio de la Fe de Dios. Felices aquellos que en los
días de las pruebas que envuelven al mundo se han mantenido firmes en la
Causa y han rehusado desviarse de su verdad.

CH. Libraos, oh ruiseñores de Dios, de las espinas y zarzas de la
desdicha y la miseria, y alzad vuelo hacia el rosedal de esplendor
inmarcesible. ¡Oh mis amigos que permanecéis sobre el polvo! Daos prisa
hacia vuestra habitación celestial. Anunciaos a vosotros mismos la
felices nuevas: "¡Aquel quien es el Más Amado ya ha llegado! Él se ha
coronado con la gloria de la Revelación de Dios, y ha abierto a la faz de
los hombres las puertas de su antiguo Paraíso". Que todos los ojos se
regocijen y que todo oído se alegre, porque ahora es el tiempo para
contemplar su Belleza, ahora es el tiempo justo para escuchar su voz.
Proclama a todo amador anhelante: "¡Mirad, vuestro Bienamado ha venido
entre los hombres!" y a los mensajeros del Monarca del amor imparte las
nuevas: "¡He aquí, el Adorado ha aparecido ataviado en la plenitud de su
gloria!" ¡Oh amantes de su belleza! Convertid la angustia de vuestra
separación de Él en la alegría de reunión sempiterna, y dejad que la
dulzura de su presencia disuelva la amargura de vuestra lejanía de su
corte.

Ved cómo la múltiple gracia de Dios, que es vertida de las nubes de
gloria divina, ha envuelto al mundo en este día. Pues mientras que en
días pasados todo amante suplicaba y buscaba a su Amado, es el mismo
Amado quien ahora llama a sus amantes y les invita a alcanzar su
presencia. Cuidado, no sea que perdáis tan preciado favor; estad atentos,
no sea que menospreciéis tan maravillosa muestra de su gracia. No
abandonéis los beneficios incorruptibles, y no os contentéis con lo que
perece. Levantad el velo que oscurece vuestra visión y disipad las
tinieblas en que está envuelta, para que podáis contemplar la belleza
descubierta de la faz del Amado, podáis ver lo que ningún ojo ha visto, y
escuchar lo que ningún oído ha escuchado.

¡Escuchadme, oh aves mortales! En el Rosedal de esplendor inmutable
ha brotado una Flor, con la cual cualquier otra flor comparada no es sino
una espina, y ante el brillo de cuya gloria la esencia misma de la
belleza palidece y se marchita. Levantaos, por tanto, y, con todo el
entusiasmo de vuestros corazones, con todo el anhelo de vuestras almas,
el pleno fervor de vuestra voluntad, y los esfuerzos concentrados de todo
vuestro ser, luchad por alcanzar el paraíso de su presencia, y esforzaos
por aspirar la fragancia de la Flor incorruptible, respirar los dulces
aromas de santidad y obtener una porción de ese perfume de gloria
celestial. Quienquiera siga este consejo romperá sus cadenas, gustará el
abandono del amor arrobador, logrará el deseo de su corazón y entregará
su alma a las manos de su Amado. Rompiendo su jaula, al igual que el ave
del espíritu, alzará vuelo a su santo y eterno nido.

La noche ha sucedido al día, y el día ha sucedido a la noche, y las
horas y momentos de vuestra vida han venido y se han ido, y sin embargo
ninguno de vosotros ha consentido, ni por un instante, en desprenderse de
aquello que perece. Moveos, para que los breves momentos que aún os
quedan no sean disipados y perdidos. Vuestros días pasarán con la rapidez
del relámpago, y vuestros cuerpos serán sepultados bajo un dosel de
polvo. ¿Qué podréis obtener entonces? ¿Cómo podréis reparar vuestra falta
pasada?

La eterna Candela brilla en su gloria descubierta. Ved cómo ha
consumido todo velo mortal. ¡Oh vosotros, que como las polillas amáis su
luz! Oponeos valientemente a todo peligro, y consagrad vuestras almas a
su llama consumidora. ¡Oh vosotros que estáis sedientos de Él! Despojaos
de todo afecto terrenal, y apresuraos a abrazar a vuestro Amado. Con un
gozo que nada puede igualar, daos prisa en alcanzarle. La Flor, hasta
ahora oculta a la vista de los hombres, está descubierta a vuestros ojos.
En el patente esplendor de su gloria está Él ante vosotros. Su voz
emplaza a todos los seres santos y consagrados a venir y unirse a Él.
Feliz es aquel que se vuelve a ello; bienaventurado aquel que ha
alcanzado y ha contemplado la luz de tan maravilloso semblante.

CLII. Tu ojo es mi depósito, no permitas que el polvo de los vanos
deseos ofusque su lustre. Tu oído es un signo de mi munificencia, no
dejes que el tumulto de motivos indecorosos lo aparte de mi Palabra que
envuelve toda la creación. Tu corazón es mi erario, no consientas que la
traicionera mano del yo te despoje de las perlas que he atesorado dentro
de él. Tu mano es un símbolo de mi amorosa bondad, no le impidas asirse
firmemente a mis resguardadas y ocultas Tablas.... Sin que me pidieras,
he derramado sobre ti mi gracia. Sin que me demandaras, he cumplido tu
deseo. A pesar de tu desmerecimiento, te he escogido para mis muy
valiosos, mis incalculables favores.... ¡Oh mis siervos! Sed tan
resignados y sumisos como la tierra, para que del suelo de vuestro ser
puedan florecer los fragantes, los santos y multicolores jacintos de mi
conocimiento. Sed llameantes como el fuego, para que podáis consumir los
velos de la desidia y encender, mediante las vivificadoras energías del
amor de Dios, el corazón arrecido y renuente. Sed ligeros e
irrestringidos como la brisa, para que seáis admitidos en los aledaños de
mi corte, mi inviolable Santuario.

CLIII. ¡Oh desterrado y fiel amigo! Apaga la sed de la incuria con
las aguas santificadas de mi gracia, y desaloja la lobreguez de la
lejanía con la luz matutina de mi divina presencia. No permitas que la
habitación dentro de la cual mora mi imperecedero amor por ti sea
destruida por la tiranía de los deseos ávidos, ni anubles la belleza del
Joven celestial con el polvo del yo y la pasión. Atavíate con la esencia
de la rectitud, que tu corazón no tema a nadie excepto Dios. No obstruyas
el luminoso manantial de tu alma con las espinas y zarzas de afectos
inmoderados y vanos, y no impidas que fluyan las aguas vivientes que
manan de la fuente de tu corazón. Pon toda tu esperanza en Dios, y
aférrate tenazmente a su infalible misericordia. ¿Quién sino Él puede
enriquecer al indigente, y librar al caído de su envilecimiento?

¡Oh mis siervos! Si descubrieseis los ocultos océanos, sin riberas,
de mi incorruptible riqueza, con toda certeza no estimarías en nada al
mundo, no, menos aún, a toda la creación. Que la llama de la búsqueda
arda en vuestros corazones con tal vehemencia, que os permita alcanzar
vuestro supremo y más exaltado objetivo: la posición en que podáis
acercaros a vuestro Más Amado y unirse a Él....

¡Oh mis siervos! No dejéis que vuestras vanas esperanzas y ociosas
fantasías socaven los fundamentos de vuestra creencia en Dios Todo
Glorioso, por cuanto tales imaginaciones han sido totalmente inútiles
para los hombres, y no les han dirigido hacia el Sendero recto. ¿Pensáis,
oh mis siervos, que la Mano de mi soberanía trascendente, ensombrecedora,
y que envuelve todo ha sido encadenada, que el flujo de mi antigua, mi
incesante misericordia que penetra todo, ha sido coartado, o que las
nubes de mis sublimes e insuperables favores han cesado de verter sus
dádivas sobre los hombres? ¿Podéis imaginar que las miríficas obras que
han proclamado mi divino e irresistible poder han sido retiradas, o que
la potencia de mi voluntad y propósito ha sido vedada de dirigir los
destinos de la humanidad? ¿Si no es así, por qué entonces os habéis
esforzado por prevenir que la Belleza inmortal de mi sagrado y bondadoso
Semblante sea descubierta a los ojos de los hombres? ¿Por qué habéis
luchado por impedir que la Manifestación del Ser Todo Glorioso y
Todopoderoso derrame el resplandor de su Revelación sobre la tierra? Si
fueseis justos en vuestro juicio, fácilmente reconoceríais cómo las
realidades de todas las cosas están embriagadas con la alegría de esta
nueva y maravillosa Revelación, cómo todos los átomos de la tierra han
sido iluminados con el brillo de su gloria. ¡Vano y miserable es lo que
habéis imaginado y aún imagináis!

Desandad vuestros pasos, oh mis siervos, e inclinad vuestros
corazones hacia Aquel quien es la Fuente de vuestra creación. Libraos de
vuestros afectos malos y corruptos, y apresuraos a abrazar la Luz del
Fuego inmortal que arde en el Sinaí de esta misteriosa y trascendente
Revelación. No corrompáis la santa Palabra primordial de Dios, que abarca
todo, y no tratéis de profanar su santidad ni rebajéis su carácter
exaltado. ¡Oh negligentes! Aun cuando las maravillas de mi misericordia
han envuelto a todas las cosas creadas, visibles e invisibles, y las
revelaciones de mi gracia y munificencia han embebido cada átomo del
universo, no obstante la vara con que puedo castigar a los malvados es
dolorosa, y la fiereza de mi ira contra ellos, terrible. Con oídos que
estén santificados de vanagloria y deseos mundanos, escuchad los consejos
que Yo, en mi misericordiosa bondad, os he revelado, y con vuestros ojos
exteriores e interiores, contemplad las pruebas de mi maravillosa
Revelación....

¡Oh mis siervos! No os privéis de la inmarcesible y resplandeciente
Luz que brilla dentro de la Lámpara de gloria divina. Que la llama del
amor a Dios arda brillantemente dentro de vuestros corazones radiantes.
Alimentadla con el aceite de la guía divina y protegedla dentro del
amparo de vuestra constancia. Guardadlo dentro del globo de la fidelidad
y el desprendimiento de todo salvo Dios, para que las malas murmuraciones
de los impíos no extingan su luz. ¡Oh mis siervos! Mi santa, mi
divinamente ordenada Revelación puede ser comparada con un océano en
cuyas profundidades yacen ocultas innumerables perlas de gran precio, de
excelente lustre. Es el deber de todo buscador moverse y luchar por
alcanzar las riberas de este océano, para que así pueda, en proporción
con la intensidad de su búsqueda y los esfuerzos que ha hecho, participar
de los beneficios que han sido preordinados en las irrevocables y ocultas
Tablas de Dios. Si nadie quisiera dirigir sus pasos hacia sus riberas, si
ninguno se levantara ni le hallase, ¿puede decirse que ha despojado a
este océano de su poder o ha disminuido, en grado alguno, sus tesoros?
¡Cuán vanas, cuán despreciables las imaginaciones que vuestros corazones
han concebido, y aún conciben! ¡Oh mis siervos! ¡El Dios único y
verdadero es mi testigo! Este muy grande, este insondable y ondeante
Océano está cerca, asombrosamente cerca de vosotros. ¡Ved, está más
próximo a vosotros que vuestra vena vital! Veloces como el pestañeo del
ojo podréis, si sólo lo deseareis, alcanzar este favor imperecedero, y
participar de él, esta gracia dada por Dios, este don incorruptible, esta
muy potente e inefablemente gloriosa generosidad.

¡Oh mis siervos! Si pudieseis comprender qué maravillas de mi
munificencia y generosidad he querido confiar a vuestras almas, de verdad
os libraríais del apego a todas las cosas creadas, y ganaríais verdadero
conocimiento de vosotros mismos, conocimiento que es lo mismo que la
comprensión de mi propio Ser. Os encontraríais independientes de todo
salvo de mí y percibiríais, con vuestro ojo interior y exterior, y tan
manifiestos como la revelación de mi refulgente Nombre, los mares de mi
amorosa bondad y generosidad moviéndose dentro de vosotros. No dejéis que
vuestras vanas fantasías, vuestras malas pasiones, vuestra insinceridad y
ceguera de corazón apaguen el brillo ni manchen la santidad de tan
excelsa posición. Sois como el pájaro que se remonta, con toda la fuerza
de sus poderosas alas y con completa y alegre confianza, en la inmensidad
de los cielos hasta que, impelido a satisfacer su hambre, se vuelve
anhelante al agua y barro de la tierra bajo él y, atrapado en la red de
su deseo, se encuentra impotente para reanudar su vuelo hacia los reinos
de donde vino. Impotente para sacudir la carga que pesa sobre sus alas
enlodadas, aquel pájaro, hasta entonces un habitante de los cielos, es
forzado ahora a buscar su morada en el polvo. Por lo tanto, oh mis
siervos, no manchéis vuestras alas con el barro del descarrío y deseos
vanos y no dejéis que se ensucien con el polvo de la envidia y el odio,
para que nada os impida remontaros en los cielos de mi divino
conocimiento.

¡Oh mis Siervos! Mediante el poder de Dios y su fuerza, y del
erario de su conocimiento y sabiduría, he hecho aparecer y os he revelado
las perlas que yacían encubiertas en las profundidades de su eterno
océano. He llamado a las Doncellas del Cielo para que emerjan de tras el
velo del encubrimiento y las he revestido con éstas, mis palabras de
consumado poder y sabiduría. Más aún, con la mano del poder divino, he
roto el sello del escogido vino de mi Revelación, y he esparcido esta
santa, esta oculta fragancia cargada de almizcle sobre todas las cosas
creadas. ¿Quién sino vosotros debe ser culpado si escogéis permanecer
privados de tan grande efusión de la trascendente gracia de Dios que todo
lo envuelve, con tan luminosa revelación de su resplandeciente
misericordia?...

¡Oh mis siervos! Nada brilla en mi corazón salvo la inmarcesible
luz de la Mañana de guía divina, y de mi boca no procede nada sino la
esencia de la verdad, que el Señor, vuestro Dios, ha revelado. No sigáis,
por tanto, vuestros deseos mundanos, y no violéis el Convenio de Dios, ni
rompáis vuestro compromiso con Él. Con firme determinación, con todo el
afecto de vuestro corazón, y con la plena fuerza de vuestras palabras,
volveos hacia Él, y no andéis por los caminos de los necios. El mundo no
es más que una apariencia, vana y vacía, una mera nada que lleva
semejanza de realidad. No pongáis vuestros afectos en él. No rompáis el
vínculo que os une con vuestro Creador y no seáis de aquellos que han
errado y se han desviado de sus caminos. Ciertamente digo: El mundo es
como el vapor en un desierto; el sediento sueña que es agua y lucha por
alcanzarlo con todas sus fuerzas, hasta que cuando llega a él, encuentra
que es sólo una mera ilusión. Más aún, puede comparársele con la imagen
sin vida de la amada, a quien el amante ha buscado y, al fin, después de
larga búsqueda y para su mayor pesar, ha encontrado que es tal que no
puede "cebar ni aquietar su hambre".

¡Oh mis siervos! No os apenéis si, en estos días y en este plano
terrenal, cosas contrarias a vuestros deseos han sido ordenadas y
manifiestas por Dios, porque días de inmensa alegría, de delicia
celestial, hay de seguro en abundancia para vosotros. Mundos, santos y
espiritualmente gloriosos, serán descubiertos a vuestros ojos. Habéis
sido destinados por Él a participar, en este mundo y en el siguiente, de
sus beneficios, compartir sus alegrías y obtener una porción de su gracia
sostenedora. A todos y a cada uno de ellos, sin duda, alcanzaréis.

CLIV. Advierte, oh Salmán, a los amados del Dios único y verdadero
que no juzguen con ojo crítico los dichos y escritos de los hombres. Que
más bien consideren tales dichos y escritos con espíritu de imparcialidad
y amorosa simpatía. Sin embargo, aquellos hombres que, en este Día, han
sido llevados a atacar en sus escritos enardecidos, las normas de la
Causa de Dios, deben ser tratados en forma diferente. Incumbe a todos los
hombres, cada cual de acuerdo con su habilidad, refutar los argumentos de
aquellos que han atacado la Fe de Dios. Así ha sido decretado por Aquel
quien es el Omnipotente, el Todopoderoso. Aquel que desee promover la
Causa del Dios único y verdadero, que la promueva mediante su pluma y
lengua, y no recurriendo a la espada ni la violencia. En una ocasión
previa revelamos este mandato, y ahora lo confirmamos, si sois de
aquellos que comprenden. Por la rectitud de Aquel quien, en este Día,
exclama dentro del corazón íntimo de todas las cosas creadas: "¡Dios, no
hay otro Dios fuera de mí!" Si algún hombre se levantare para defender,
en sus escritos, la Causa de Dios contra sus acometedores, tal hombre,
por muy insignificante que fuere su aporte, será tan honrado en el mundo
venidero que el Concurso en lo alto envidiaría su gloria. Ninguna pluma
puede retratar la sublimidad de su posición, ni puede lengua alguna
describir su esplendor. Porque a quienquiera que se mantenga firme y
constante en esta santa, esta gloriosa y exaltada Revelación, le será
dado tal poder, que lo habilitará para arrostrar y resistir todo lo que
hay en el cielo y en la tierra. De esto Dios mismo es testigo.

¡Oh vosotros, amados de Dios! No reposéis en vuestros lechos, no,
más bien, conmoveos tan pronto como reconozcáis a vuestro Señor, el
Creador, y oíd de las cosas que le han sucedido, y apresuraos para
ayudarle. Desatad vuestras lenguas y proclamad sin cesar su Causa. Esto
será para vosotros mejor que todos los tesoros del pasado y del futuro,
si sois de aquellos que comprenden esta verdad.

CLV. El primer deber prescrito por Dios a sus siervos es el
reconocimiento de Aquel quien es la Aurora de su Revelación y la Fuente
de sus leyes, quien representa a la Deidad tanto en el Reino de su Causa
como en el mundo de la creación. Quienquiera cumpla este deber ha logrado
todo el bien; y quienquiera esté privado de él, se ha extraviado, aunque
sea autor de todo hecho justo. Incumbe a cada uno que alcanza esta muy
sublime posición, esta cima de trascendente gloria, observar toda
ordenanza de Aquel quien es el Deseo del mundo. Estos deberes gemelos son
inseparables. Ninguno es aceptable sin el otro. Así ha sido decretado por
Aquel quien es la Fuente de inspiración divina.

Aquellos a quienes Dios ha dotado con perspicacia reconocerán
fácilmente que los preceptos dictados por Dios constituyen los más altos
medios para el mantenimiento del orden en el mundo y la seguridad de sus
pueblos. Aquel que se aparta de ellos, es contado entre los abyectos y
necios. Nosotros, en verdad, os hemos ordenado rechazar los dictados de
vuestras malas pasiones y deseos corruptos, y no transgredir los límites
que ha fijado la Pluma del Altísimo, porque éstos son el hálito de vida
para todas las cosas creadas. Los mares de sabiduría divina y de divina
prolación se han agitado por el soplo de la brisa del Todo
Misericordioso. Apresuraos y bebed cuanto podáis, ¡oh hombres de
entendimiento! Aquellos que han violado el Convenio de Dios al quebrantar
sus mandamientos, y se han vuelto atrás sobre sus talones, ésos han
errado lastimosamente a la vista de Dios, el que Todo lo Posee, el
Altísimo.

¡Oh vosotros pueblos del mundo! Sabed, ciertamente, que mis
mandamientos son las lámparas de mi amorosa providencia entre mis
siervos, y las llaves de mi misericordia para mis criaturas. Así ha sido
enviado desde el cielo de la Voluntad de vuestro Señor, el Señor de la
Revelación. Si algún hombre gustara la dulzura de las palabras que han
querido proferir los labios del Todo Misericordioso, aunque estuvieran en
su poder los tesoros de la tierra, renunciaría a todos y a cada uno de
ellos para poder vindicar la verdad de siquiera uno sólo de sus
mandamientos, los cuales brillan sobre la Aurora de su generoso cuidado y
amorosa bondad.

Di: De mis leyes puede aspirarse el dulce aroma de mi vestidura, y
con su ayuda los estandartes de la Victoria serán plantados sobre las más
altas cumbres. La Lengua de mi poder, desde el cielo de mi omnipotente
gloria, ha dirigido a mi creación estas palabras: "Observa mis
mandamientos, por amor a mi belleza". Feliz el amante que de estas
palabras ha inhalado la divina fragancia de su Bienamado, saturadas con
el perfume de una gracia que ninguna lengua puede describir. ¡Por mi
vida! Aquel que ha tomado el vino escogido de la equidad de manos de mi
generoso favor, circulará alrededor de mis mandamientos, que brillan
sobre la Aurora de mi creación.

No penséis que os hemos revelado un mero código de leyes. No, más
bien, hemos roto el sello del Vino escogido con los dedos de la fuerza y
del poder. Esto lo atestigua aquello que ha revelado la Pluma de la
Revelación. ¡Meditad sobre esto, oh hombres de perspicacia!...

Cada vez que mis leyes aparecen como el sol en el cielo de mi
prolación, deben ser fielmente obedecidas por todos, aunque mi decreto
sea tal que haga henderse el cielo de toda religión. Él hace lo que le
place. Él elige; y nadie puede objetar su elección. Todo lo que Él, el
Bienamado, ordena, eso mismo es, ciertamente, amado. Esto, Aquel quien es
el Señor de toda la creación me lo atestigua. Quienquiera que haya
inhalado la dulce fragancia del Todo Misericordioso, y haya reconocido la
fuente de estas palabras, dará la bienvenida con sus propios ojos a las
saetas del enemigo, para poder establecer entre los hombres la verdad de
las leyes de Dios. Bienaventurado aquel que se haya vuelto hacia ello y
haya comprendido el significado de su decisivo decreto.

CLVI. Aquel quien es la Verdad Eterna, desde la Aurora de Gloria,
ha dirigido sus ojos hacia el pueblo de Bahá, y les dice las siguientes
palabras: "Consagraos a la promoción del bienestar y la tranquilidad de
los hijos de los hombres. Dedicad vuestra mente y voluntad a la educación
de los pueblos y razas de la tierra, que quizá las disensiones que la
dividen, por la fuerza del Más Grande Nombre sean borrados de su faz, y
toda la humanidad se convierta en los sostenedores de un Orden único y
los habitantes de una sola Ciudad. Iluminad y santificad vuestros
corazones; no dejéis que sean profanados por las espinas del odio ni por
los abrojos de la malicia. Moráis en un solo mundo y habéis sido creados
por la acción de una sola Voluntad. Bendito es aquel que se asocia con
todos los hombres en espíritu de máxima bondad y amor".

CLVII. Aquellos que han abandonado su país por el propósito de
enseñar nuestra Causa, a éstos los fortalecerá el Fiel Espíritu mediante
su poder. Una compañía de nuestros ángeles escogidos los acompañará, como
lo ha ordenado Aquel quien es el Todopoderoso, el Omnisapiente. ¡Cuán
grande la bienaventuranza que espera a aquel que ha alcanzado el honor de
servir al Todopoderoso! ¡Por mi vida! Ningún acto, por muy grande que
sea, puede comparársele, excepto los hechos que han sido ordenados por
Dios, el Omnipotente, el Más Poderoso. Tal servicio es, en verdad, el
príncipe de toda buena acción y el ornamento de toda obra meritoria. Así
ha sido ordenado por Aquel quien es el Soberano Revelador, el Antiguo de
los Días.

Quienquiera se levante a enseñar nuestra Causa debe necesariamente
desprenderse de todas las cosas terrenales, y debe considerar, en todo
momento, el triunfo de nuestra Fe como su objetivo supremo. Esto,
ciertamente, ha sido decretado en la Tabla Guardada. Y cuando determine
dejar su hogar, por amor de la Causa de su Señor, que ponga toda su
confianza en Dios, como la mejor provisión para su viaje, y que se atavíe
con el manto de la virtud. Así ha sido decretado por Dios, el
Todopoderoso, el Todo Alabado.

Si es encendido con el fuego de su amor, si renuncia a todas las
cosas creadas, las palabras que profiera abrasarán a quienes le escuchen.
Verdaderamente, tu Señor es el Omnisciente, el Informado de Todo. Feliz
es el hombre que ha oído nuestra voz y ha respondido a nuestro llamado.
Él, en verdad, es de aquellos que serán traídos cerca de Nosotros.

CLVIII. Dios ha prescrito a cada uno el deber de enseñar su Causa.
Quienquiera se levante a cumplir este deber, debe necesariamente, antes
de proclamar su Mensaje, adornarse con el ornamento de un carácter recto
y loable, para que sus palabras puedan atraer los corazones de aquellos
que son receptivos a su llamado. Sin ello, nunca podrá esperar influir a
sus oyentes.

CLIX. Considerad la mezquindad de las mentes humanas. Piden lo que
les hace daño, y rechazan aquello que les aprovecha. Son, en verdad, de
los que se han extraviado lejos. Encontramos a algunos hombres que desean
la libertad y se jactan de ello. Tales hombres están en las profundidades
de la ignorancia.

La libertad, finalmente, tiene que llevar a la sedición, cuyas
llamas nadie puede apagar. Así os advierte Aquel que prevé, el
Omnisciente. Sabed que la personificación de la libertad y su símbolo es
el animal. Lo que conviene al hombre es sumisión a las restricciones que
le protegerán de su propia ignorancia y le resguardarán contra el daño de
los promotores de discordia. La libertad hace que el hombre sobrepase los
límites de la decencia e infrinja la dignidad de su posición. Le rebaja
al nivel de extrema depravación y perversidad.

Considerad a los hombres como un rebaño de ovejas que necesitan un
pastor que las proteja. Esto, ciertamente, es la verdad, la clara verdad.
Aprobamos la libertad en ciertas circunstancias, y en otras, rehusamos
sancionaría. Nosotros, en verdad, somos el Omnisciente.

Di: La verdadera libertad consiste en la sumisión del hombre a mis
mandamientos, por poco que lo sepáis. Si los hombres observaran aquello
que les hemos enviado desde el Cielo de la Revelación, ciertamente,
alcanzarían la perfecta libertad. Feliz el hombre que ha comprendido el
Propósito de Dios en todo cuanto Él ha revelado desde el Cielo de su
Voluntad, que penetra todas las cosas creadas. Di: La libertad que os
aprovecha no se halla sino en la completa servidumbre a Dios, la Eterna
Verdad. Quienquiera haya gustado su dulzura, rehusará trocarla por todo
el dominio de la tierra y del cielo.

CLX. ¡Ciertamente es un verdadero creyente en la unidad de Dios
quien, en este Día, le considera como uno que es inmensamente exaltado
sobre todas las comparaciones y semejanzas con que los hombres le han
comparado. Ha errado gravemente quien haya tomado a estas comparaciones y
semejanzas por Dios mismo. Considerad la relación entre el artesano y su
obra, entre el pintor y su pintura. ¿Podría alguna vez sostenerse que la
obra producida por sus manos es igual que ellas mismas? ¡Por Aquel quien
es el Señor del Trono en lo alto y de la tierra abajo! No pueden
interpretarse de ningún modo sino como pruebas que proclaman la
excelencia y perfección de su autor.

¡Oh Shaykh, oh tú que has sometido tu voluntad a Dios! Por
autosometimiento y unión perpetua con Dios se entiende que los hombres
deberían sumir su voluntad totalmente en la Voluntad de Dios, y
considerar sus deseos como la nada extrema al lado de su Propósito. Todo
lo que el Creador ordene observar a sus criaturas, diligentemente y con
el mayor regocijo y vehemencia, deben levantarse y cumplirlo. En ningún
caso deben permitir que su fantasía oscurezca su juicio, ni tampoco deben
considerar sus propias imaginaciones como la voz del Eterno. Hemos
revelado en la Oración del Ayuno: "Si tu Voluntad decretase que de tu
boca procedieran estas palabras, y fuesen dirigidas a ellos: 'Observa,
por amor a mi Belleza, el ayuno, oh pueblo, y no pongas ningún límite a
su duración juro por la majestad de tu gloria, que todos ellos lo
observarían fielmente, se abstendrían de violar tu ley y continuarían
haciéndolo hasta que entregaran sus almas a ti'". En esto consiste el
completo sometimiento de la voluntad de uno a la Voluntad de Dios.
Medítalo para que puedas beber las aguas de vida sempiterna que fluyen a
través de las palabras del Señor de toda la humanidad, y puedas
atestiguar que el Dios único y verdadero siempre ha sido
inmensurablemente exaltado sobre sus criaturas. Él, ciertamente, es el
Incomparable, el Perdurable, el Omnisciente, el Omnisapiente. La posición
del absoluto autosometimiento trasciende todas las demás posiciones y
siempre permanecerá exaltado sobre ellas.

Te incumbe consagrarte a la Voluntad de Dios. Todo lo que ha sido
revelado en sus Tablas no es más que un reflejo de su Voluntad. Tan
completa debe ser tu consagración, que toda huella de deseo mundano debe
ser lavada de tu corazón. Este es el significado de la verdadera unidad.

Implora a Dios que te habilite para permanecer firme en esta senda
y que te ayude a guiar a los pueblos del mundo hacia Aquel quien es el
manifiesto y soberano Gobernante, quien se ha revelado en un atavío
distinto, quien da palabra a un Mensaje divino y específico. Ésta es la
esencia de la fe y certeza. Aquellos que son los adoradores del ídolo que
han cincelado sus imaginaciones, y que lo llaman Realidad Interior, tales
hombres en verdad son contados entre los paganos. Esto lo ha testificado
el Todo Misericordioso en sus Tablas. Él, ciertamente es el Omnisciente,
el Omnisapiente.

CLXI. Apresta tus esfuerzos, que quizá puedas guiar a tu prójimo a
la ley de Dios, el Más Misericordioso. Tal acto, ciertamente, supera
todos los demás actos a la vista de Dios, el que posee todo, el Altísimo.
Tal debe ser tu constancia en la Causa de Dios, que ninguna cosa terrenal
tenga la fuerza de disuadirte de tu deber. Aunque las fuerzas de la
tierra se alíen contra ti, aunque todos los hombres disputen contigo,
debes permanecer inconmovible.

Sé irrestringido como el viento, al llevar el Mensaje de Aquel que
hizo romper el alba de la Guía Divina. Considera como el viento, fiel a
lo que Dios ha ordenado, sopla sobre todas las regiones de la tierra,
sean habitadas o desoladas. Ni la vista de desolación, ni las muestras de
prosperidad pueden causarle dolor ni agradarle. Sopla en todas
direcciones, como le ha sido ordenado por su Creador. Así debería ser el
que pretenda ser amante del Dios único y verdadero. Le incumbe fijar su
mirada en los fundamentos de su Fe y afanarse diligentemente por su
propagación. Deberá proclamar, enteramente por amor a Dios, su Mensaje, y
con ese mismo espíritu, aceptar cualquier respuesta que sus palabras
puedan evocar en quien le escucha. Aquel que acepte y crea, recibirá su
recompensa; y aquel que se aparte, no recibirá nada sino su propio
castigo.

En la víspera de nuestra partida de 'Iráq, hemos advertido a los
fieles que esperen la aparición de los Pájaros de la Oscuridad. No puede
haber duda alguna que el graznido del Cuervo será elevado en ciertas
tierras, como ha sido oído en años recientes. Cualquier cosa que suceda,
buscad refugio en el Dios único y verdadero, para que os escude de las
astucias del impostor.

Ciertamente digo: En esta poderosísima Revelación, todas las
Dispensaciones del pasado han alcanzado su más alta, su final
consumación. Así os aconseja vuestro Señor, el Omnisciente, el
Sapientísimo. La loanza a Dios, el Señor de todos los mundos.

El Todo Misericordioso ha conferido al hombre la facultad de visión
y le ha dotado con el poder del oído. Algunos la han descrito como el
"mundo menor", cuando en realidad, debería considerársele como el "mundo
mayor". Las potencialidades inherentes a la posición del hombre, la
medida plena de su destino en el mundo y la excelencia inherente de su
realidad, deben ser todas manifiestas en este Día prometido de Dios.

La Pluma del Altísimo, en todo tiempo y en todas condiciones, ha
recordado, con alegría y ternura, a sus amados, y les ha aconsejado
seguir su camino. Bienaventurado aquel a quien ni los cambios ni los
azares de este mundo han impedido reconocer la Aurora de la Unidad de
Dios, quien ha bebido, con resolución inquebrantable, y en nombre del que
Subsiste por sí mismo, el vino sellado de su Revelación. Tal hombre será
contado con los moradores del Paraíso, en el libro de Dios, el Señor de
todos los mundos.

CLXII. Toda alabanza sea a Dios quien ha adornado al mundo con un
ornamento, y lo ha ataviado con una vestidura, de la que no puede ser
despojado por ninguna fuerza terrenal, por muy poderosos que sean sus
batallones, por muy vasta que sea su riqueza, por muy profunda que sea su
influencia. Di: La esencia de toda fuerza es la de Dios, el Fin último y
más alto de toda la creación. La fuente de toda majestad es de Dios, el
Objeto de adoración de todo lo que está en los cielos y todo lo que está
en la tierra. Las fuerzas que tienen su origen en este mundo de polvo
son, por su misma naturaleza, indignas de consideración.

Di: Los manantiales que mantienen la vida de estas aves, no son de
este mundo. Su fuente está muy por encima del alcance y percepción de la
comprensión humana. ¿Quién hay que pueda apagar la luz que la nívea Mano
de Dios ha encendido? ¿Dónde se encuentra aquel que tenga la fuerza para
extinguir el fuego que ha sido encendido por el poder de tu Señor, el
Omnipotente, el que Compele Todo, el Todopoderoso? Es la Mano del poder
divino que ha sofocado las llamadas de la disensión. Potente es Él para
hacer lo que le place. Él dice: Sé y es. Di: Los fieros ventarrones y
torbellinos del mundo y sus pueblos no podrán nunca sacudir el fundamento
sobre el cual está basada la rosácea estabilidad de mis escogidos.
¡Magnánimo Dios! ¿Qué pudo haber impulsado a esta gente a esclavizar y
aprisionar a los amados de Aquel quien es la Verdad Eterna?... Se
aproxima, sin embargo, el día en que los fieles contemplarán al Sol de la
justicia que brillará en su pleno esplendor desde la Aurora de gloria.
Así se informa el Señor de todo ser en ésta, su dolorosa Prisión.

CLXIII. ¡Miembros de la raza humana! Asíos firmemente a la Cuerda
que ningún hombre puede dividir. Esto, de veras, os aprovechará todos los
días de vuestra vida, pues su resistencia es de Dios, el Señor de todos
los mundos. Aferraos a la justicia y equidad, y apartaos de las
murmuraciones de los necios, aquellos que se han enajenado de Dios, que
han cubierto sus cabezas con el ornamento de los doctos, y han condenado
a muerte a Aquel quien es la Fuente de sabiduría. Mi nombre los ha
elevado a tan altos grados, y sin embargo, tan pronto como me hube
revelado a sus ojos, ellos, con manifiesta injusticia, pronunciaron la
sentencia de mi muerte. Así nuestra Pluma ha revelado la verdad, y sin
embargo, el pueblo está sumido en la negligencia.

Quienquiera que se aferre a la justicia, no puede en ninguna
circunstancia, transgredir los límites de la moderación. Discierne la
verdad en todas las cosas, por la guía de Aquel que todo lo ve. La
civilización, tan a menudo preconizada por los doctos representantes de
las artes y ciencias, traerá, si se le permite rebasar los límites de la
moderación, gran daño sobre los hombres. Así os advierte Aquel quien es
el Omnisciente. Si es llevada a exceso, la civilización resultará ser una
fuente de maldad tan prolífica como lo fue de bondad cuando era mantenida
dentro de las restricciones de la moderación. Medítalo, oh pueblo, y no
seas de aquellos que vagan dementes por el páramo del error. Se aproxima
el día en que su llama devorará las ciudades, en que la Lengua de
Grandeza proclamará: "¡El Reino es de Dios, el Todopoderoso, el Todo
Alabado!"

Todo lo demás está sujeto a este mismo principio de moderación. Da
gracias a tu Señor quien te ha recordado en esta maravillosa Tabla. Toda
alabanza sea a Dios, el Señor del glorioso trono.

Si algún hombre ponderase en su corazón lo que la Pluma del
Altísimo ha revelado y gustase su dulzura, ciertamente, se hallaría
vaciado y liberado de sus propios deseos, y sería enteramente servil a la
Voluntad del Todopoderoso. Feliz es el hombre que ha alcanzado tan
elevada posición y no se ha privado de tan munífica gracia.

En este Día, no podemos ni aprobar la conducta del temeroso que
trata de disimular su fe, ni ratificar el comportamiento del creyente
declarado que clamorosamente sostiene su lealtad a esta Causa. Ambos
deberían observar los dictados de la sabiduría y luchar diligentemente
por servir a los mejores intereses de la Fe.

Que cada hombre observe y medite sobre la conducta de este
Agraviado. Siempre, desde el alba de esta Revelación hasta el tiempo
presente, hemos rehusado tanto a ocultarnos de nuestros enemigos, como a
retraernos de la compañía de nuestros amigos. Aun envueltos con una
miríada de dolores y aflicciones, con poderosa confidencia hemos
emplazado a los pueblos de la tierra a la Aurora de Gloria. La Pluma del
Altísimo no está dispuesta a relatar, en conexión con esto, los males que
ha sufrido. Si se revelaran, sin duda sumirían en el dolor a los
favorecidos de entre los fieles, aquellos que verdaderamente sostienen la
unidad de Dios y están totalmente consagrados a su Causa. Él ciertamente,
habla la verdad y es el que Escucha Todo, el Omnisapiente. Nuestra vida,
en su mayor parte, ha sido gastada en medio de nuestros enemigos.
Atestigua cómo, en el presente, estamos viviendo en un nido de
serpientes.

Esta Tierra Santa ha sido mencionada y exaltada en todas las
sagradas Escrituras. En ella han aparecido los profetas de Dios y sus
elegidos. Éste es el desierto en el que han vagado todos los mensajeros
de Dios, desde el que fue elevado el grito: "Aquí estoy, aquí estoy, oh
mi Dios". Ésta es la Tierra prometida en que Aquel quien es la Revelación
de Dios fue destinado a ser manifiesto. Éste es el Valle del decreto
impenetrable de Dios, el lugar de nívea blancura, la Tierra de esplendor
inmarcesible. Todo lo que ha sucedido en este Día ha sido predicho en las
Escrituras de antaño. Sin embargo, estas mismas Escrituras condenan
unánimemente al pueblo que habita esta tierra. En un tiempo, ellos han
sido tildados como la "generación de víboras". Ved cómo este Agraviado,
ahora, en tanto que está rodeado por una "generación de víboras", llama y
emplaza a todos los hombres hacia Aquel quien es el Deseo Último del
mundo, la Cima y Aurora de Gloria. Feliz es el hombre que ha escuchado la
voz de Aquel quien es el Señor del Reino de la Prolación, y ¡ay! de los
negligentes, aquellos que se han desviado lejos de su verdad.

CLXIV. Sabe que todo oído atento, si se mantiene puro e impoluto,
debe, en todo momento y desde todas direcciones, escuchar la voz que
pronuncia estas santas palabras: "Ciertamente, somos de Dios, y a Él
volveremos". Los misterios de la muerte física del hombre y de su retorno
no han sido divulgados, y aún permanecen sin ser leídos. ¡Por la rectitud
de Dios! Si fuesen revelados, evocarían tal miedo y tristeza que algunos
perecerían, mientras que otros se llenarían tanto de alegría, que
ansiarían la muerte, e implorarían, con anhelo incesante, al Dios único y
verdadero -exaltada sea su gloria- que apresurase su fin.

La muerte ofrece a todo creyente seguro la copa que es, en verdad,
la vida. Confiere regocijo y es portadora de alegría. Concede el don de
la vida eterna.

En cuanto a aquellos que han gustado el fruto de la existencia
terrenal del hombre, que es reconocimiento del Dios único y verdadero,
exaltada sea su gloria, su vida venidera es tal que Nosotros no estamos
habilitados para describirla. El conocimiento de ella es únicamente de
Dios, el Señor de todos los mundos.

CLXV. Quienquiera que eleve la pretensión de una Revelación directa
de Dios antes de la expiración de un plazo de mil años, tal hombre es de
seguro un impostor mentiroso. Oramos a Dios para que Él benignamente le
ayude a retractarse y repudiar tal pretensión. Si se arrepintiere, Dios,
sin duda, le perdonará. Si, no obstante, persistiere en su error, Dios,
de seguro, enviará a uno que le tratará sin misericordia. ¡Terrible,
ciertamente, es Dios en su castigo! Quienquiera que interprete este verso
de otro modo que no sea su significado obvio, está privado del espíritu
de Dios y de su misericordia que envuelve a todas las cosas creadas.
Temed a Dios, y no sigáis vuestras ociosas fantasías. No, más bien,
seguid el mandato de vuestro Señor, el Todopoderoso, el Omnisapiente.


GLOSARIO Y NOTAS

'Abdu'l-Azíz: El Sultán que decretó los tres destierros de
Bahá'u'lláh.

'Abdu'l-Bahá: El Sucesor designado por Bahá'u'lláh; Centro de su
Convenio (1844-1921).

'Abdu'lláh-i-Ubayy: Un opositor de Muhammad.

Abhá: Bahá significa "gloria". Abhá es su superlativo. Ambos son títulos
de Bahá'u'lláh y de su Reino.

Abú 'Amir: Un opositor de Muhammad.

Afnán: Lit. "vástagos". Denota a los parientes del Báb.

'Akká: San Juan de Acre, la ciudad fortaleza en Palestina a donde
fue desterrado Bahá'u'lláh en 1868.

'Alí: El primer Imán; primo y primer discípulo de Muhammad, casado con su
hija Fátimih. En pasaje CXLII, un seguidor de Bahá'u'lláh.

'Alí Muhammad: Siyyid 'Alí Muhammad, nacido en Shíráz, Persia, el 20
de octubre de 1819, el "Punto del Bayán" y el "Báb" y precursor de
Bahá'u'lláh.

Annás: Gran sacerdote de los judíos y suegro de Caifás (Juan 18:13).

Antiguo de los Días: Un título de Dios, en la Biblia peculiar del
Libro de Daniel.

Aqdas: Kitáb-i-Aqdas, lit. "El Libro Más Sagrado". El Libro de Leyes
revelado por Bahá'u'lláh en 'Akká cerca del año 1873. (Pasajes: XXXVII,
LVI, LXX, LXXI, LXXII, XCVIII, CV, CLV, CLIX, CLXV.)

Ashraf: Siyyid Ashraf nacido en el Fortín de Zanján, durante el sitio
de éste. (Véase "Los Rompedores del Alba".)

Báb, El: Siyyid 'Alí Muhammad, nacido en Shíráz Persia, el 20 de
octubre de 1819, "La Puerta", el Heraldo de la Fe Bahá'í (18191850).

Bábí: Seguidor del Báb.

Bahá: Un título dado a Bahá'u'lláh por el Báb. Significa "Gloria",
"Esplendor", "Luz".

Bahá'í: Seguidor de Bahá'u'lláh.

Bahá'u'lláh: Título de Mírzá Husayn-'Alí; el Fundador de la Fe
Bahá'í (1817-1892).

Balál: Un esclavo etíope, iletrado y despreciado, transformado en La
Meca por haber reconocido a Muhammad.

Bayán: Lit. "Exposición", "Prolación". La más grande obra
doctrinaria del Fundador de la Dispensación Bábí.

Caifás: Gran sacerdote y presidente de la corte que condenó a Jesús.

Carmelo, Monte: Uno de los lugares sagrados en la historia bahá'í donde
se hallan las tumbas del Báb y 'Abdu'l-Bahá y monumentos a otros miembros
de la familia de 'Abdu'l-Bahá.

Ciudad de la Certeza: Una condición de alto logro espiritual.

Dhabíh: Ishmael, famoso bahá'í, hermano de Mírzá Jání de Káshán
(véase "Los Rompedores del Alba"). Este título, que significa
"sacrificio", le fue dado por Bahá'u'lláh.

Dispensación: Período en que prevalece un sistema religioso.

Elíxir Divino: Símbolo del poder de la fe de conferir vida eterna al
hombre; vino de "elíxir", licor imaginario que prolongaría la vida humana
indefinidamente.

Gabriel: Se dice que es el más elevado de los ángeles, y que se cierne
sobre el trono de Dios y lo cubre con sus alas.

Husayn: El tercer Imán, el Mártir de Karbilá.

Imán 'Alí: El primer Imán, yerno del Profeta Muhammad.

Imanes (Imáms): Título de los doce sucesores Shí'ihs de Muhammad.

Isaías, Libro de: Véase, Isaías 2:10.

Islám: Lit. "Obediencia o sumisión a la Voluntad de Dios"; nombre
dado a la religión de Muhammad.

Javád: Hájí Siyyid Javád, uno de los primeros bábís, exaltado por el
Báb y más tarde por Bahá'u'lláh, a quien encontró en Baghdád.

Kaaba: Santuario que guarda la Piedra Negra en la Mezquita de La
Meca.

Ka'b-ibn-i-Ashraf: Enemigo implacable de Muhammad que trató de
matarle.

Kamál: Hájí Mírzá Kamál, famoso bábí de alta educación que encontró
a Bahá'u'lláh en Baghdád y reconoció su posición, antes de su
declaración. Deseaba contar a todos la nueva y fue enviado de vuelta a
Persia.

Karbilá: Ciudad en 'Iráq donde fue martirizado el Imán Husayn y donde
está enterrado. Es uno de los dos "santuarios supremos"; el otro es
Najaf.

Kawthar: Río en el Paraíso y fuente de todos los demás ríos.

Kitáb-i-Íqán: Lit. "El Libro de la Certeza". Obra doctrinaria de
preeminencia inigualada. Revelado por Bahá'u'lláh en 1862. (Pasajes:
XIII, XIX, XXII, XC, XCI, CXXV.)

Lámpara de Dios, La: Luz espiritual derramada por el Profeta de Dios.

Letras del Viviente: Los primeros 18 discípulos del Báb.

Manifestación: Uno que manifiesta las perfecciones y atributos de
Dios, el Mensajero de Dios.

Más Grande Nombre, Él: Un título de Bahá'u'lláh.

Meca, La: Ciudad en que nació Muhammad y donde Él se declaró su Misión.

Medina: Ciudad que cobijó a Muhammad y donde Él está enterrado; es
estimada en su santidad como segunda después de La Meca.

Mensajero Divino: Profeta de Dios, el Ser Todo Perfecto por quien se da
la Revelación.

Mesías Divino: El Rey y Libertador Divino esperado por los hebreos.

Mihdí: Título de la Manifestación esperada por el Islám.

Muhammad (Mahoma) Lit. "El Alabado". Fundador del Islam, nacido en La
Meca, según se dice, el año 570 después de Cristo.

Mustagháth: Lit. "Aquel que es invocado".

Nabíl-i-A'zam: El título bahá'í de Muhammad-i-Zarandí, devoto seguidor
del Báb y Bahá'u'lláh, autor de la narración histórica conocido como "Los
Rompedores del Alba".

Nadr-ibn-i-Hárith: Un opositor de Muhammad.

Nimrod: El persecutor de Abraham.

Párán: Cordillera de montañas al norte del Sinaí; palabra usada para
designar un lugar de revelación.

Pentateuco: Los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, atribuidos
a Moisés.

Prolación: Acción de proferir o pronunciar.

Qá'im: El prometido del Islám.

Qayyúmu'l-Asmá: Una de las obras principales del Báb.

Quintaesencia: Última y más alta esencia de algo.

Corán (Corán): El Libro revelado por Muhammad. Lit. "La Lectura".

Revelación: Descubrimiento que hace Dios a los hombres de algo que hasta
entonces Él tenía oculto a ellos.

Ridván: Custodio del Paraíso. Se usa para denotar el Paraíso mismo.

Sadratu'l-Muntahá: Nombre de un árbol plantado al final dé un camino
para servir de guía; símbolo de una Manifestación de Dios.

Salmán, o Shaykh Salmán: Nacido en el sur de Persia; un iletrado, se
convirtió en uno de los más amados y más devotos discípulos del
Bahá'u'lláh, quien le confió muchas importantes y peligrosas misiones.

Salsabíl: Una fuente del Paraíso.

Sello de los Profetas: Un título de Muhammad que se refiere al cierre
del Ciclo Profético.

Sháh: Nasiri'd-Dín Sháh de Persia.

Shaykh: Se refiere a Shaykh Salmán.

Shí'ih: "Partido" (de 'Alí). Rama musulmana que se distingue por su
creencia en los doce Imanes de la era mahometana.

Shoghi Effendi: Nieto de 'Abdu'l-Bahá y Guardián de la Fe Bahá'í (1896-
1957).

Sinaí: Montaña donde Dios dio las tablas de la Ley a Moisés; a
veces, emblema del corazón humano que es el lugar del descenso de Dios.

Sión: Loma en Jerusalén, sitio de la residencia real de David y sus
sucesores.

Sol de Muhammad: Símbolo del Profeta como iluminador del mundo.

Sultán: Sultán 'Abdu'l-'Azíz de Turquía.

Sunní: La mayor y más poderosa de las dos grandes sectas del Islám;
representada por el la Fe.

Súriy-i-Ra'ís: Epístola de Bahá'u'lláh revelada en Adrianópolis;
dirigido a 'Alí Pashá el Gran Visir de Turquía.

Tá, Tierra de: Tihrán, denotada por su letra inicial.

Tabla a Ra'ís: Súriy-i-Ra'ís.

Tabla Guardada: Significa el conocimiento de Dios y de su
Manifestación.

Talismán: Objeto encantado que atraía la fuerza del cielo para proteger
a su portador. Símbolo del hombre protegido por la fuerza de Dios.

Tihrán (Teherán): Lugar de nacimiento de Bahá'u'lláh (el 12 de noviembre
de 1817) y capital de Irán (Persia).

Tora: Libro de la Ley de los judíos.

Zá, Tierra de: Zanján, derrotado por su letra inicial.

Zanján: Capital del distrito de Khamsih y escenario del martirio de
cerca de 1.800 bahá'ís.

Zarza Ardiente: Simboliza la presencia de Dios en el corazón de Moisés.
Véase: Exod. III:2.


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