Read: The Kitab-i-Iqan


EL KITÁB-I-ÍQÁN

EL LIBRO DE LA CERTEZA


REVELADO POR BAHÁ'U'LLÁH




Título original en inglés:
The Kitáb-i-Íqán, the Book of Certitude




PRIMERA PARTE



PREFACIO DE SHOGHI EFFENDI A SU TRADUCCIÓN AL INGLÉS DE EL
KITÁB-I-ÍQÁN

Es ésta otra tentativa más de dar a conocer a Occidente, si bien en lenguaje
insuficiente, un libro que ostenta preeminencia insuperada entre los escritos
del Autor de la Revelación Bahá'í. Esperamos que sirva de ayuda a otros en
sus esfuerzos por aproximarse a lo que siempre ha de considerarse como la
meta inalcanzable: una versión digna de la incomparable expresión de
Bahá'u'lláh.
SHOGHI



EN EL NOMBRE DE NUESTRO SEÑOR,
EL EXALTADO, EL ALTÍSIMO

Ningún hombre podrá alcanzar las orillas del océano del verdadero
entendimiento a menos que se haya desprendido de todo lo que hay en el
cielo y en la tierra. Santificad vuestras almas, oh pueblos del mundo, para que
quizás alcancéis la posición que Dios os ha destinado y entréis así en el
tabernáculo que, conforme a las dispensaciones de la Providencia, ha sido
erigido en el firmamento del Bayán.

La esencia de estas palabras es que quienes hollan el sendero de la fe,
quienes ansían el vino de la certeza, deben purificarse de todo lo terrenal: sus
oídos, de la palabrería ociosa; sus mentes, de las imaginaciones vanas; sus
corazones, de las aficiones mundanas, y sus ojos, de aquello que perece.
Deben poner su confianza en Dios y, asiéndose firmemente de Él, seguir su
camino. Entonces se harán merecedores de las resplandecientes glorias del
sol del divino conocimiento y comprensión y llegarán a ser los recipientes de
una gracia que es infinita e invisible, por cuanto el hombre nunca tendrá
esperanza de alcanzar el conocimiento del Todoglorioso, nunca podrá beber
de la corriente del divino conocimiento y sabiduría, nunca podrá entrar en la
morada de la inmortalidad, ni tomar del cáliz de la divina cercanía y favor, a
menos que deje de considerar las palabras y acciones de los hombres como
norma para la verdadera comprensión y reconocimiento de Dios y Sus
Profetas.
Considera el pasado: Cuántos hombres, elevados y humildes, han esperado
ansiosamente, en toda época, el advenimiento de las Manifestaciones de Dios
en la santificada persona de Sus Elegidos. Cuántas veces han esperado Su
venida; con qué frecuencia han suplicado para que sople la brisa de la
misericordia divina y aparezca la Belleza prometida desde detrás del velo del
encubrimiento y sea revelada a todo el mundo. Y siempre que se abrieron las
puertas de gracia y las nubes de munificencia divina se vertieron sobre la
humanidad y la luz del Invisible brilló sobre el horizonte de poder celestial,
todos ellos Le negaron y se apartaron de Su rostro, el rostro de Dios mismo.
Remítete, para verificar esta verdad, a lo que ha sido escrito en todos los
Libros sagrados.
Detente por un momento a reflexionar sobre cuál ha sido la causa de tal
rechazo por parte de quienes Le han buscado con tanto fervor y anhelo. Sus
ataques han sido más feroces de cuanto la lengua o la pluma puedan
describir. Ni una sola Manifestación ha aparecido que no haya sido afligida por
la negación, el repudio y la oposición vehemente de quienes La rodeaban. Así
se ha revelado: "¡Oh la miseria de los hombres! Ningún Mensajero llega a ellos
sin que se mofen de Él".1 Y en otro lugar Él dice: "Toda nación se ha
conjurado contra su Mensajero para dominarle violentamente, y ha disputado
con palabras vanas para invalidar la verdad".2
Asimismo, las palabras que han brotado de la fuente del poder y han
descendido del cielo de la gloria, son innumerables y están fuera de la
comprensión común del hombre. Para quienes posean verdadera comprensión
y perspicacia, el Súrih de Húd de seguro bastará. Recapacita un momento
sobre esas santas palabras y, con total desprendimiento, esfuérzate por
comprender su significado. Examina el maravilloso comportamiento de los
Profetas y trae al pensamiento las difamaciones y recusaciones proferidas por
los hijos de la negación y la falsedad, para que quizás logres que el ave del
corazón humano emprenda su vuelo desde los parajes de la negligencia y la
duda, hacia el nido de la fe y la certeza, y puedas beber hondamente de las
aguas puras de la antigua sabiduría y participar del fruto del árbol del
conocimiento divino. Tal es la porción del pan proveniente de los reinos de la
eternidad y santidad que ha sido destinada a los puros de corazón.
Si te informases de las indignidades acumuladas sobre los Profetas de Dios y
comprendieras las verdaderas causas de las objeciones hechas por sus
opresores, de seguro apreciarías el significado de su posición. Asimismo,
cuanto más atentamente examines las acusaciones de quienes se han opuesto
a las Manifestaciones de los atributos divinos, tanto mayor será tu fe en la
Causa de Dios. Por consiguiente, se hará en esta Tabla breve mención de
diversos relatos referentes a los Profetas de Dios, para demostrar que, en
todos los siglos y épocas, las Manifestaciones de poder y gloria han sido
sometidas a crueldades tan atroces, que ninguna pluma se atreve a
describirlas. Tal vez ello haga que algunos dejen de ser perturbados por el
clamor y las protestas de los sacerdotes y necios de esta época, y les
fortalezca su certeza y confianza.
Uno de los Profetas fue Noé. Durante novecientos cincuenta años exhortó
suplicante a Su pueblo, convocándole hacia el refugio de seguridad y paz. Sin
embargo, nadie atendió a Su llamado. Día tras día causaban a Su bendita
persona tanto dolor y sufrimiento, que nadie creía que pudiese sobrevivir.
¡Cuántas veces Le zahirieron, con qué malevolencia insinuaban sus
sospechas contra Él! Así se ha revelado: "Y cada vez que pasaba ante Él un
grupo de Su pueblo, se mofaba de Él. Y a ellos les decía: Aunque ahora os
mofáis de nosotros, nos burlaremos de vosotros después, tal como os burláis
de nosotros. Pero al final ya sabréis'".3 Mucho después hizo varias promesas
de victoria ante Sus compañeros y fijó un plazo para su cumplimiento. Mas
cuando llegó la hora, la promesa divina no se cumplió. De ahí que algunos de
Sus pocos seguidores se alejaran de Él, tal y co-mo de ello dan testimonio los
libros más conocidos. A buen seguro los has leído; si no, indudablemente los
leerás. Por último, conforme se refiere en los libros y tradiciones, tan sólo
permanecieron junto a Él cuarenta o setenta y dos de Sus seguidores. Hasta
que por fin, desde lo más profundo de Su ser, exclamó Noé: "¡Señor, no dejes
sobre la tierra ni un solo habitante de entre los infieles!"4
Y ahora pondera la obstinación de este pueblo y reflexiona siquiera un
momento sobre ella. ¿Cuál pudo haber sido la razón de que Le negaran y
rehuyeran de ese modo? ¿Qué pudo haberles inducido a rehusar quitarse la
vestidura de la negación y adornarse con el manto de la aceptación? Además,
¿cuál pudo haber sido la causa del incumplimiento de la promesa divina, que
llevó a los buscadores a desechar lo que habían aceptado? Medita
profundamente para que te sea revelado el secreto de cosas invisibles, aspires
una fragancia espiritual imperecedera y reconozcas el hecho de que, desde
tiempo inmemorial, el Todopoderoso ha probado a Sus siervos y continuará
probándoles hasta la eternidad, a fin de que la luz sea distinguida de las
tinieblas; la verdad, de la falsedad; lo justo, de lo injusto; la guía, del error; la
felicidad, del infortunio; y las rosas, de las espinas. Pues como Él ha revelado:
"¿Piensan los hombres cuando dicen 'creemos' que se les dejará en paz y no
serán probados?"5
Y después de Noé la luz del semblante de Húd brilló sobre el horizonte de la
creación. Cerca de setecientos años, según dicen los hombres, exhortó al
pueblo a volver su rostro y a acercarse al Ri¤ván de la presencia divina. Qué
lluvia de aflicciones cayó sobre Él, hasta que por fin Sus conjuros sólo dieron
por todo fruto mayor rebeldía, y Sus constantes esfuerzos terminaron en la
ceguera contumaz de Su pueblo. "Y a los incrédulos, su incredulidad sólo
acrecentará su propia ruina".6
Y después de Él apareció, proveniente del Ri¤ván del Eterno, el Invisible, la
santa persona de «áli¥, Quien nuevamente convocó al pueblo hacia el río de la
vida eterna. Durante más de cien años les amonestó para que se aferraran a
los mandamientos de Dios y evitaran lo que está prohibido. Sin embargo, Sus
amonestaciones no dieron fruto alguno y Sus ruegos resultaron inútiles. Varias
veces Se retiró y vivió aislado. Y todo a pesar de que aquella eterna Belleza
no llamaba a las gentes sino a la ciudad de Dios. Así ha sido revelado: "Y a la
tribu de Thamúd enviamos a su hermano «áli¥. 'Oh pueblo mío', dijo, 'adorad a
Dios; no tenéis otro Dios más que Él...' Mas ellos replicaron: 'Oh «áli¥, hasta
ahora ha-bíamos puesto nuestras esperanzas en ti; ¿acaso nos prohíbes que
adoremos lo que adoraron nuestros padres? A decir verdad dudamos y
sospechamos de aquello hacia lo que nos llamas'".7 Todo esto fue infructuoso
hasta que, por fin, se elevó un gran clamor y todos cayeron en la mayor ruina.
Más tarde, apareció por detrás del velo la belleza del rostro del Amigo de
Dios,8 y otro estandarte de guía divina fue enarbolado. Invitó a la gente de la
Tierra hacia la luz de la rectitud. Cuanto más enardecidamente les exhortaba,
tanto más feroz se tornaba la envidia y la contumacia de la gente, con
excepción de quienes se habían desprendido enteramente de todo salvo de
Dios y habían ascendido, en alas de la certeza, a la posición que Dios ha
exaltado por encima de la comprensión de los hombres. Es bien sabido que Le
asedió una hueste de enemigos, hasta que al fin se encendió contra Él el
fuego de la envidia y la rebelión. Y después del episodio del fuego, Él, tal
como figura en todos los libros y crónicas, la lámpara de Dios entre los
hombres, fue expulsado de Su ciudad,.
Y cuando Su día hubo terminado llegó el turno a Moisés, Quien armado con la
vara del dominio celestial, adornado con la blanca mano del conocimiento
divino, procedente del Párán del amor de Dios, y empuñando la serpiente del
poder y majestad eterna, brilló sobre el mundo desde el Sinaí de la luz. Llamó
a todos los pueblos y razas de la Tierra al reino de la eternidad y les invitó a
participar del fruto del árbol de la felicidad. Seguramente eres sabedor de la
feroz oposición del Faraón y su pueblo, y de las piedras de ociosa fantasía que
las manos de los infieles lanzaron contra ese Árbol bendito. Tanto es así que,
finalmente, el Faraón y su pueblo se alzaron para extinguir denodadamente,
con las aguas de la falsedad y la negación, el fuego de ese Árbol sagrado,
olvidando la verdad de que ningún agua terrenal puede apagar la llama de la
sabiduría divina, ni pueden ráfagas mortales extinguir la lámpara del dominio
eterno. Más aún, semejante agua no puede sino intensificar el ardor de la
llama y tales ráfagas no pueden sino asegurar la conservación de la lámpara,
¡si observaras con el ojo del discernimiento y caminaras por el camino de la
santa voluntad y complacencia de Dios! Qué bien ha observado esto un
creyente de la casa del Faraón, cuya historia es narrada por el Todoglorioso
en Su Libro revelado a Su Bienamado: "Y un hombre de la familia del Faraón,
que era creyente y ocultaba su fe, dijo: '¿Mataréis a un hombre porque dice mi
Señor es Dios, después que ha venido a vosotros con signos de vuestro
Señor? Si resultase mentiroso, sobre él recaerá su mentira, mas si fuere veraz,
os sobrevendrá parte de aquello con que os amenaza. En verdad, Dios no guía
a quien es un transgresor, un embustero'".9 Finalmente, fue tan grande su
iniquidad que a ese mismo creyente le dieron una muerte afrentosa. "¡La
maldición de Dios caiga sobre el pueblo de la tiranía!"
Y ahora medita lo siguiente: ¿Qué pudo haber causado semejante contienda y
conflicto? ¿Por qué el advenimiento de toda verdadera Manifestación de Dios
ha sido acompañado de lucha y tumulto tales, de semejante tiranía y
revueltas? Y ello no obstante el hecho de que todos los Profetas de Dios, sin
excepción, cuandoquiera que se han revelado a los pueblos del mundo, han
predicho la venida de otro Profeta posterior y han fijado los signos que habrían
de anunciar el advenimiento de la futura Dispensación. De esto dan testimonio
los escritos de todos los libros sagrados. ¿Por qué, entonces, a pesar de la
expectación de los hombres en su búsqueda de las Manifestaciones de
Santidad y de los signos que aparecen en los libros sagrados, han sido
perpetrados en cada edad y ciclo tales actos de violencia, de opresión y
crueldad contra todos los Profetas y Elegidos de Dios? Y así Él ha revelado:
"Siempre que viene a vosotros un Apóstol con lo que no desean vuestras
almas, os ensoberbecéis acusando a unos de impostores y matando a
otros".10
Reflexiona: ¿Cuál pudo haber sido el motivo de tales actos? ¿Qué pudo haber
incitado a semejante comportamiento para con los Reveladores de la belleza
del Todoglorioso? Cualquier cosa que en días pasados fue la causa del
repudio y la oposición de aquellas gentes, ha ocasionado ahora la perversidad
de la gente de esta época. Sostener que el testimonio de la Providencia era
incompleto y que tal hecho ha sido la causa del rechazo de los hombres, no es
sino blasfemia manifiesta. ¡Cuán lejos está de la gracia del Todomunífico, de
Su amorosa providencia y tierna misericordia, elegir a un alma de entre todos
los hombres para que guíe a Sus criaturas y luego, por una parte, privarla de la
medida plena de Su testimonio divino y, por otra, infligir severo castigo a Su
pueblo por haberse apartado de Su Elegido! Es más, las múltiples
generosidades del Señor de todos los seres han rodeado, en todo tiempo,
mediante las Manifestaciones de Su divina Esencia, a la Tierra y a todos los
que viven en ella. Ni por un momento ha sido retenida Su gracia, ni tampoco
las lluvias de Su amorosa bondad han dejado de verterse sobre la humanidad.
Por consiguiente, semejante comportamiento no puede atribuirse sino a la
estrechez de mente de aquellas almas que vagan en el valle de la arrogancia y
el orgullo, que están perdidas en el desierto del alejamiento, que caminan tras
sus vanas fantasías y siguen las órdenes de los jefes de su fe. Su interés
principal es la mera oposición y su único deseo es desconocer la verdad. Para
todo observador perspicaz es evidente y manifiesto que si en los días de cada
una de las Manifestaciones del Sol de la Verdad estos hombres hubiesen
santificado sus ojos, sus oídos y sus corazones de todo lo que hubieran visto,
oído y sentido, de seguro no se habrían privado de ver la belleza de Dios, ni se
habrían extraviado lejos de los aposentos de gloria. Pero pesaron el testimonio
de Dios con la medida de su propio conocimiento, tomado de las enseñanzas
de los jefes de su fe, y al encontrarlo en desacuerdo con su limitado
entendimiento, se alzaron para perpetrar actos tan indignos.
En toda época los jefes religiosos han impedido a la gente alcanzar las orillas
de la salvación eterna, por cuanto sostienen las riendas de la autoridad en su
poderoso puño. Algunos por ambición de poder, otros por falta de comprensión
y conocimiento, han sido causa de esa privación de las gentes. Por su sanción
y autoridad, todos los Profetas de Dios han tenido que beber del cáliz del
sacrificio y han alzado el vuelo hacia las alturas de gloria. ¡Qué indescriptibles
crueldades no han sido perpetradas contra los verdaderos Monarcas del
mundo, esas Joyas de virtud divina, por quienes han ocupado las sedes de
autoridad y erudición! Contentos con un dominio transitorio, se han privado de
una soberanía sempiterna. Así, sus ojos no vieron la luz del rostro del
Bienamado, ni tampoco escucharon sus oídos las dulces melodías del Pájaro
del Deseo. Por esta razón, en todos los libros sagrados se ha hecho mención
de los sacerdotes de la época. Y así Él dice: "¡Oh pueblo del Libro! ¿Por qué
dudáis de los signos de Dios, de los cuales vosotros mismos habéis sido
testigos?"11 También dice: "¡Oh pueblo del Libro! ¿Por qué vestís lo
verdadero con lo falso? ¿Por qué a sabiendas ocultáis la verdad?"12 Y
nuevamente dice: "Di: ¡Oh pueblo del Libro! ¿Por qué ahuyentáis del camino
de Dios a los creyentes?"13 Es evidente que por "pueblo del Libro" que ha
ahuyentado a sus semejantes del recto sendero de Dios no se designa sino a
los sacerdotes de la época, cuyos nombres y forma de ser se ha puesto de
manifiesto en los libros sagrados y a los cuales se ha aludido en los versículos
y tradiciones que en ellos aparecen; ¡si observaras con el ojo de Dios!
Con mirada fija y constante, nacida del infalible ojo de Dios, escudriña durante
un tiempo el horizonte del conocimiento divino y contempla esas palabras de
perfección que ha revelado el Eterno para que, quizás, los misterios de
sabiduría divina, hasta ahora ocultos bajo el velo de la gloria y atesorados
dentro del tabernáculo de Su gracia, sean puestos de manifiesto ante ti. Las
acusaciones y protestas de estos jefes religiosos se han debido,
principalmente, a su falta de comprensión y conocimiento. Jamás entendieron
ni desentrañaron aquellas palabras pronunciadas por los Reveladores de la
belleza del Dios único y verdadero en que se exponían las señales que debían
anunciar el advenimiento de la Manifestación siguiente. De ahí que izaran el
estandarte de la revuelta y provocaran discordia y sedición. Es obvio y
manifiesto que el verdadero significado de las palabras pronunciadas por las
Aves de la Eternidad no ha sido revelado a nadie excepto a quienes
manifiestan al Ser Eterno, y las melodías del Ruiseñor de la Santidad no
pueden llegar a ningún oído salvo al de los moradores del reino sempiterno.
Un egipcio tiránico no podrá nunca beber de la copa que los labios de un judío
justo han tocado, y el Faraón incrédulo nunca tendrá esperanza de reconocer
la mano del Moisés de la verdad. Pues tal como Él dice: "Nadie sabe el
significado de esto, excepto Dios y quienes están bien fundados en el
saber".14 No obstante, han pedido la interpretación del Libro a quienes están
envueltos en velos, rehusando buscar ilustración en la fuente misma del
conocimiento.
Y cuando los días de Moisés llegaron a su fin, y la luz de Jesús, brillando
desde la aurora del Espíritu, envolvió al mundo, todo el pueblo de Israel se
alzó contra Él. Reclamaban que Aquel cuyo advenimiento había predicho la
Biblia, debía necesariamente promulgar y cumplir las leyes de Moisés, en tanto
que aquel joven nazareno, quien se atribuía la posición del Mesías divino,
había anulado las más importantes de todas las leyes de Moisés: la ley del
divorcio y del sábado. Y, además, ¿qué decir de las señales de la
Manifestación que había de venir? ¡Este pueblo de Israel, aun hasta el día de
hoy aguarda a la Manifestación predicha por la Biblia! ¡Cuántas
Manifestaciones de Santidad, cuántos Reveladores de la luz sempiterna, han
aparecido desde el tiempo de Moisés y, sin embargo, Israel, envuelto en los
más densos velos de fantasía satánica y falsas imaginaciones, aún espera que
el ídolo creado por él mismo aparecerá con los signos que ha concebido! Así
Dios les ha castigado por sus pecados, ha extinguido en ellos el espíritu de fe,
y les ha atormentado con las llamas del fuego del infierno. Y ello sólo a causa
de que Israel rehusó comprender el significado de aquellas palabras que
fueron reveladas en la Biblia referente a los signos de la próxima Revelación.
Como jamás comprendió su verdadera significación, y aparentemente tales
acontecimientos nunca ocurrieron, permaneció privado de reconocer la belleza
de Jesús y de ver la faz de Dios. ¡Y aún esperan Su venida! Desde tiempo
inmemorial hasta el presente, todas las razas y pueblos de la Tierra se han
aferrado a semejantes fantasías y pensamientos indignos, privándose así de
las claras aguas que fluyen de las fuentes de pureza y santidad.
Al revelar estos misterios en Nuestras Tablas anteriores, dirigidas a un amigo
en la melodiosa lengua de Æijáz, hemos citado algunos de los versículos
revelados a los Profetas de antaño. Y ahora, respondiendo a tu petición,
nuevamente citaremos en estas páginas esos mismos versos, pronunciados
esta vez en el maravilloso idioma de 'Iráq, para que, quizás, los sedientos en
los desiertos del alejamiento lleguen al océano de la presencia divina, y
quienes languidecen en las soledades de la separación sean guiados al hogar
de reunión eterna. Así podrán ser disipadas las brumas del error, y podrá
amanecer la resplandeciente luz de guía divina sobre el horizonte de los
corazones humanos. Ponemos en Dios nuestra confianza y a Él imploramos
ayuda para que, quizás, fluya de esta pluma aquello que haga revivir las almas
de los hombres, para que todos ellos se levanten de sus lechos de negligencia
y escuchen el murmullo de las hojas del Paraíso, que provienen del árbol que,
con el consentimiento de Dios, la mano del poder divino ha plantado en el
Ri¤ván del Todoglorioso.
Para quienes están dotados de entendimiento, es claro y manifiesto que,
cuando el fuego del amor de Jesús consumió los velos de las limitaciones de
los judíos, y Su autoridad se hizo evidente y fue puesta parcialmente en vigor,
Él, el Revelador de la Belleza invisible, al dirigirse un día a sus discípulos, se
refirió a Su muerte y, encendiendo en sus corazones el fuego de la aflicción,
les anunció: "Yo me voy y vengo otra vez a vosotros". Y en otra parte refirió:
"Yo me voy y vendrá otro, Quien os dirá todo lo que no os he dicho, y cumplirá
todo lo que he hablado". Ambos dichos poseen un mismo significado, ¡si
comprendieses a las Manifestaciones de la Unidad de Dios con percepción
divina!
Todo observador perspicaz reconocerá que, en la dispensación del Qur'án,
fueron confirmados tanto el Libro como la Causa de Jesús. Y en cuanto a los
nombres, Mu¥ammad mis-mo declaró: "Yo soy Jesús". Él reconoció la verdad
de las señales, profecías y palabras de Jesús, y atestiguó que todas eran de
Dios. En este sentido, ni la persona de Jesús, ni Sus escritos han diferido de
los de Mu¥ammad y de Su Libro Sa-grado, por cuanto ambos han abogado por
la Causa de Dios, han entonado Su alabanza y revelado Sus mandamientos. Y
así es como Jesús mismo declaró: "Me voy y vengo otra vez a vosotros". Toma
el sol como ejemplo. Si dijera "Soy el sol de ayer", diría la verdad. Y si
pretendiese ser otro sol, habida cuenta de la sucesión de las horas, diría
también la verdad. Asimismo, si se dijera que todos los días no son sino uno y
el mismo, ello sería correcto y verdadero. Y si respecto de nombres
particulares y designaciones se dijera que difieren, ello también sería verdad.
Pues si bien son los mismos, se reconoce en cada uno una designación
distinta, un atributo específico, un carácter particular. Así pues, conforme a lo
dicho, comprende las características de distinción, la variedad y unidad de las
diversas Manifestaciones de santidad, para que llegues a entender las
alusiones con que el creador de todos los nombres y atributos se ha referido a
los misterios de la distinción y unidad, y puedas descubrir la respuesta a tu
pregunta acerca de por qué la Eterna Belleza, en épocas distintas, Se ha
dirigido a Sí misma con nombres y títulos diferentes.
Posteriormente, los compañeros y discípulos de Jesús Le preguntaron acerca
de los signos que debían necesariamente indicar la vuelta de Su
manifestación. ¿Cuándo -inquirieron- sucederán estas cosas? Varias veces
interrogaron a aquella incomparable Belleza y, cada vez, al responder, indicó
Aquél un signo particular que debería anunciar el advenimiento de la
Dispensación prometida. Así lo atestiguan los cuatro Evangelios.
Este Agraviado citará sólo uno de los pasajes aludidos, confiriendo así a la
humanidad, por amor de Dios, generosidades que aún están guardadas en los
tesoros del oculto y sagrado Árbol, para que quizás los hombres mortales no
se priven de su porción del fruto inmortal, y logren una gota de las aguas de
vida eterna que, desde Baghdád, la "Morada de Paz", son conferidas a toda la
humanidad. No pedimos premio ni recompensa. "Alimentamos vuestras almas
por amor de Dios; no queremos de vosotros paga ni agradecimiento."15 Éste
es el alimento que confiere vida eterna a los puros de corazón y a los
iluminados de espíritu. Éste es el pan del cual se dice: "Señor, haz descender
sobre nosotros Tu pan del cielo".16 Este pan nunca les será retenido a
quienes lo merecen, ni tampoco podrá jamás agotarse. Crece eternamente en
el árbol de la gracia; desciende en toda época de los cielos de la justicia y la
misericordia. Pues como asegura Él: "¿No ves con qué compara Dios una
buena palabra? Con un buen árbol; su raíz firme y sus ramas extendidas al
cielo, dando su fruto en todo tiempo".17
¡Qué lástima que el hombre se prive de esta hermosa dádiva, esta gracia
imperecedera, esta vida eterna! Le incumbe apreciar este alimento que viene
del cielo para que quizás, mediante los maravillosos favores del Sol de la
Verdad, sean devueltos a la vida los muertos, y las almas marchitas sean
vivificadas por el Espíritu infinito. Daos prisa, oh mi hermano, para que
mientras aún haya tiempo nuestros labios prueben el trago inmortal, pues la
brisa de la vida, que ahora sopla desde la ciudad del Bienamado, no podrá
perdurar, y el torrentoso río de la prolación divina deberá necesariamente
aquietarse, y las puertas del Ri¤ván no habrán de permanecer siempre
abiertas. A fe cierta llegará el día cuando el Ruiseñor del Paraíso haya
emprendido vuelo desde esta residencia terrenal a su nido celestial. Ya no se
oirá entonces su melodía y habrá dejado de relumbrar la belleza de la rosa.
Por tanto, aprovecha el tiempo antes de que la gloria de la primavera divina se
haya consumido y el Ave de la Eternidad haya cesado de gorjear su melodía,
para que tu oído interior no se prive de escuchar su llamado. Éste es mi
consejo para ti y los amados de Dios. Quienquiera que lo desee, que se vuelva
hacia él; quienquiera que lo desee, que se aparte. Dios, verdaderamente, es
independiente de él y de lo que él vea y atestigüe.
Éstas son las melodías cantadas por Jesús, Hijo de María, con tonos de
majestuosa fuerza en el Ri¤ván del Evangelio, las cuales revelan los signos
que deben anunciar el advenimiento de la próxima Manifestación. En el primer
Evangelio según Mateo está escrito: "Y cuando preguntaron a Jesús sobre los
signos de Su venida, Él les dijo: 'En seguida, después de la opresión18 de
aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz, y caerán las
estrellas del cielo, y los poderes de la tierra se conmoverán. Entonces
aparecerá el signo del Hijo del hombre en el cielo, y se lamentarán todas las
tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo
con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con resonante trompeta'".19
Vertido a la lengua per-sa,20 el sentido de estas palabras es el siguiente:
Cuando ocurra la opresión y las aflicciones que han de sobrevenir a la
humanidad, entonces no dará el sol su resplandor, ni la luna su luz; caerán
sobre la tierra las estrellas del cielo y se estremecerán los pilares de la tierra.
En ese tiempo los signos del Hijo del hombre aparecerán en el cielo, es decir,
cuando estos signos hayan aparecido, la Belleza prometida y Esencia de la
vida surgirá en el mundo visible procedente del reino de lo invisible. Y Él dice:
en ese tiempo todos los pueblos y razas que habitan la tierra se quejarán y
lamentarán, y verán a aquella divina Belleza venir del cielo cabalgando sobre
las nubes con poder, grandeza y magnificencia, y enviando a Sus ángeles con
resonante trompeta. De forma similar, las mismas expresiones se encuentran
en los tres Evangelios restantes según Lucas, Marcos y Juan. Ya que Nos
hemos referido a ellas extensamente en Nuestras Tablas reveladas en lengua
árabe, no las hemos mencionado en estas páginas, limitándonos sólo a una
referencia.
Por cuanto los sacerdotes cristianos no han comprendido el significado de
estas palabras, no reconocieron su objeto y propósito, y se han aferrado a la
interpretación literal de las palabras de Jesús, por lo tanto se han privado de la
abundante gracia de la Revelación de Mu¥ammad y de sus copiosas dádivas.
Los ignorantes de entre la comunidad cristiana, siguiendo el ejemplo de los
jefes de su fe, se privaron igualmente de ver la belleza del Rey de gloria, por
cuanto los signos que habían de acompañar el amanecer del sol de la
Dispensación de Mu¥ammad, de hecho no se cumplieron. Así han pasado
edades y han transcurrido siglos, y aquel purísimo Espíritu ha regresado a los
retiros de su antigua soberanía. Una vez más el Espíritu eterno ha soplado en
la trompeta mística, haciendo salir a los muertos de sus sepulcros de
negligencia y error hacia el reino de guía y gracia. Y, sin embargo, aquella
comunidad expectante aún exclama: ¿Cuándo acontecerán estas cosas?
¿Cuándo se manifestará el Prometido, el objeto de nuestra esperanza, para
que nos levantemos por el triunfo de Su Causa, para que sacrifiquemos
nuestros bienes por Él, para que ofrezcamos nuestras vidas en Su sendero?
De igual modo, tales falsas imaginaciones han hecho que otras comunidades
se aparten del Kawthar de la infinita misericordia de la Providencia, y estén
ocupados en sus propios vanos pensamientos.
Además de este pasaje, hay en el Evangelio otro versículo en el cual Él dice:
"El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".21 Por eso los
adherentes de Jesús han sostenido que la ley del Evangelio nunca será
abrogada y que, cuandoquiera que se manifieste la Belleza prometida y se
revelen todos los signos, Él deberá necesariamente reafirmar y establecer la
ley proclamada en el Evangelio, de modo que en el mundo no quede otra fe
que Su fe. Ésta es su creencia fundamental. Y su convicción es tal que si
apareciera una persona con todos los signos prometidos y promulgara lo que
es contrario a la letra de la ley del Evangelio, ellos de seguro le rechazarían,
rehusarían someterse a su ley, le declararían infiel y se burlarían de él. Esto lo
prueba lo ocurrido cuando apareció el sol de la Revelación de Mu¥ammad. Si
en cada Dispensación hubiesen inquirido con humildad ante las
Manifestaciones de Dios el verdadero significado de estas palabras reveladas
en los libros sagrados -palabras cuya interpretación errónea ha hecho que los
hombres se priven de reconocer el Sadratu'l-Muntahá, el Propósito último-, de
seguro habrían sido guiados hacia la luz del Sol de la Verdad y habrían
descubierto los misterios del divino conocimiento y sabiduría.
Este siervo desea ahora compartir contigo una gota del insondable océano de
las verdades atesoradas en estas santas palabras para que, quizás, los
corazones perspicaces comprendan todas las alusiones y consecuencias de
las palabras de las Manifestaciones de Santidad, de modo que la imponente
majestad de la Palabra de Dios no les impida alcanzar el océano de Sus
nombres y atributos, ni les prive de reconocer la Lámpara de Dios, que es la
sede de la revelación de Su glorificada Esencia.
En cuanto a las palabras "en seguida, después de la opresión de aquellos
días", éstas se refieren al tiempo en que los hombres serán oprimidos y
afligidos, tiempo en que habrían desaparecido de entre los hombres los
últimos vestigios del Sol de la Verdad y el fruto del Árbol del conocimiento y
sabiduría, cuando hayan caído las riendas de la humanidad en manos de
necios e ignorantes, cuando se hayan cerrado las puertas de la divina unidad y
conocimiento -propósito esencial y último de la creación-, cuando el
conocimiento verdadero haya cedido paso a la vana fantasía, y la corrupción
haya usurpado el lugar de la rectitud. Semejante a ésta es la situación que se
presencia en este Día, cuando las riendas de cada comunidad han caído en
manos de caudillos insensatos, quienes se conducen por los impulsos de sus
deseos y antojos. En sus lenguas, la mención de Dios se ha convertido en un
nombre vacío y, en medio de ellos, Su santa Palabra ha pasado a ser letra
muerta. Tal es la férula de sus deseos, que la lámpara de la conciencia y la
razón se ha extinguido en sus corazones, y ello a pesar de que los dedos del
poder divino han abierto las puertas del conocimiento de Dios, y la luz del
conocimiento divino y gracia celestial ha iluminado e inspirado la esencia de
todo lo creado, a tal punto que en todas y cada una de las cosas se ha abierto
una puerta del conocimiento, y dentro de cada átomo se han manifestado
vestigios del sol. Y sin embargo, a pesar de todas estas múltiples revelaciones
del conocimiento divino que han envuelto al mundo, todavía ellos imaginan
vanamente que está cerrada la puerta del conocimiento y quietas las lluvias de
la misericordia. Aferrándose a la vana fantasía, se han desviado lejos del
'Urvatu'l-Vuthqá del conocimiento divino. Sus corazones parecen no inclinarse
al conocimiento ni a la puerta de él; ni piensan en sus manifestaciones, por
cuanto en la vana fantasía han encontrado la puerta que conduce a las
riquezas terrenales, en tanto que en la manifestación del Revelador del
Conocimiento no encuentran otra cosa más que el llamado a la abnegación.
Ellos, por tanto, se aferran naturalmente a lo primero y huyen de lo otro.
Aunque reconocen en sus corazones que la Ley de Dios es una y la misma, sin
embargo emiten en toda dirección nuevos mandamientos y proclaman en cada
época un nuevo decreto. No hay dos que estén de acuerdo en una misma ley,
porque no buscan a ningún Dios salvo su propio deseo, y no hollan sendero
alguno que no sea el sendero del error. La jefatura es para ellos el último
objeto de sus esfuerzos, y consideran el orgullo y la arrogancia como los más
altos logros que puedan desear sus corazones. Han puesto sus sórdidas
maquinaciones por encima del decreto divino, han renunciado a resignarse a
la voluntad de Dios, se han ocupado en cálculos egoístas y han seguido el
camino de los hipócritas. Con todo su poder y su fuerza tratan de asegurarse
en sus despreciables ocupaciones, por miedo a que el menor descrédito
socave su autoridad o manche la ostentación de su magnificencia. Si el ojo
fuera ungido y alumbrado con el colirio del conocimiento de Dios, de seguro
descubriría que una manada de bestias voraces se han reunido para
alimentarse de la carroña de las almas humanas.
¿Qué "opresión" es mayor que la que ha sido referida? ¿Qué "opresión" es
más dolorosa que el hecho de que un alma busque la verdad y desee alcanzar
el conocimiento de Dios, y no sepa adónde dirigirse ni de quién obtenerlo?
Pues las opiniones se han diversificado gravemente, y los caminos para
alcanzar a Dios se han multiplicado. Esta "opresión" es el rasgo esencial de
toda Revelación; y si no ocurre, el Sol de la Verdad no será revelado. Pues la
aurora de la guía divina debe necesariamente seguir a la oscuridad de la
noche del error. Por esta razón, en todas las crónicas y tradiciones se ha
hecho referencia a esto, a saber: que la iniquidad cubrirá la superficie de la
Tierra y la oscuridad envolverá a la humanidad. Como las tradiciones a que se
ha hecho referencia son bien conocidas, y el propósito de este siervo es ser
breve, Él se abstendrá de citar su texto.
Si esta "opresión" (que literalmente significa presión) se interpretara como que
la Tierra habrá de contraerse, o si la vana fantasía de los hombres concibiera
calamidades similares que hubieran de asolar a la humanidad, es claro y
manifiesto que ninguno de tales hechos podrá jamás ocurrir. De seguro
objetarán que este requisito previo para la revelación divina no se ha hecho
manifiesto. Ésa ha sido, y aún es, su aseveración. Mientras que "opresión"
significa la falta de capacidad para adquirir conocimiento espiritual y entender
la Palabra de Dios. Significa que, cuando el Sol de la Verdad se haya puesto,
y los espejos que reflejan Su luz hayan desaparecido, la humanidad será
afligida por "opresión" e infortunio y no sabrá adónde dirigirse en busca de
guía. Así te instruimos en la interpretación de las tradiciones y te revelamos los
misterios de la sabiduría divina, para que quizás comprendas su significado y
seas de aquellos que han bebido de la copa del divino conocimiento y
comprensión.
Y ahora, respecto de Sus palabras "se oscurecerá el sol, y la luna no dará su
luz, y las estrellas caerán del cielo", los términos "sol" y "luna", mencionados
en las escrituras de los Profetas de Dios, no sólo significan el sol y la luna del
universo visible. Más aún, son múltiples los significados que han querido
asignar a estos términos. En cada caso les han dado una significación
particular. Así, en un sentido, "sol" significa cada uno de los Soles de la
Verdad que aparecen en la aurora de antigua gloria y llenan el mundo con una
generosa efusión de gracia procedente de lo alto. Estos Soles de la Verdad
son las Manifestaciones universales de Dios en los mundos de Sus atributos y
nombres; así como el sol visible que, por decreto de Dios, el Verdadero, el
Adorado, toma parte en el desarrollo de todas las cosas terrenales: los
árboles, las frutas y sus colores, los minerales de la tierra, y todo lo que puede
presenciarse en el mundo de la creación, así también las Lumbreras divinas,
con su cuidado amoroso e influencia educativa, hacen que existan y se
manifiesten los árboles de la unidad divina, los frutos de Su unicidad, las hojas
del desprendimiento, las flores del conocimiento y la certeza, y los arrayanes
de la sabiduría y prolación. Así, mediante la aparición de estas Lumbreras de
Dios se renueva el mundo, brotan las aguas de vida eterna, se agitan las
aguas de amorosa bondad, se amontonan las nubes de la gracia y sopla la
brisa de la munificencia sobre todas las cosas creadas. El calor que generan
estas Lumbreras de Dios y los fuegos inextinguibles que encienden son los
que hacen que la luz del amor de Dios brille intensamente en el corazón de la
humanidad. Mediante la abundante gracia de estos Símbolos del
Desprendimiento, los cuerpos de los muertos son inspirados por el espíritu de
vida eterna. Ciertamente, el sol visible no es más que un signo del esplendor
de aquel Sol de la Verdad, Sol que jamás podrá tener par, semejante o rival.
Mediante Él viven, se mueven y tienen su existencia todas las cosas; son
reveladas por Su gracia y a Él vuelven. De Él han surgido todas las cosas y
todas han vuelto a los tesoros de Su revelación. De Él procedieron todas las
cosas creadas y al depósito de Su Ley volvieron.
Que estas Lumbreras divinas parezcan a veces estar limitadas a
denominaciones y atributos específicos, como ya has observado y observas
ahora, se debe solamente a la comprensión limitada e imperfecta de ciertas
mentes. Por otra parte, en todo tiempo han sido exaltadas por encima de todo
nombre laudatorio y santificadas de todo atributo descriptivo, y continuarán
siéndolo eternamente. La quintaesencia de ningún nombre tendrá esperanza
de aproximarse a su corte de santidad; de todos los atributos, los más
elevados y puros nunca podrán acercarse a su reino de gloria. Inmensamente
exaltados son los Profetas de Dios por encima de la comprensión de los
hombres, los cuales nunca les podrán conocer excepto por Ellos mismos.
¡Cuán lejos está de Su gloria que Sus Elegidos sean magnificados por algún
otro que no sea sus propias personas! ¡Glorificados están por encima de la
alabanza de los hombres; exaltados están por encima del entendimiento
humano!
El término "soles" ha sido aplicado muchas veces, en las escrituras de las
"Almas inmaculadas", a los Profetas de Dios, esos luminosos Emblemas del
Desprendimiento. Entre esas escrituras están las siguientes palabras de la
"Oración de Nudbih":22 "¿Adónde se han ido los Soles resplandecientes?
¿Hacia dónde han partido aquellas brillantes Lunas y centelleantes Estrellas?"
Así, es evidente que los términos "sol", "luna" y "estrellas" significan
primariamente los Profetas de Dios, los santos y sus compañeros, esas
Lumbreras Cuyo conocimiento ha vertido su luz sobre los mundos de lo visible
y lo invisible.
En otro sentido, mediante estos términos se indica a los sacerdotes de la
Dispensación anterior que viven en los días de la Revelación siguiente y
tienen las riendas de la religión en sus manos. Si estos sacerdotes son
iluminados por la luz de la Revelación más reciente, serán aceptables para
Dios y brillarán con luz sempiterna. De lo contrario, se les declarará
oscurecidos aun cuando en apariencia externa sean caudillos de los hombres.
Ya que la fe y el descreimiento, la guía y el error, la felicidad y la miseria, la luz
y la oscuridad, todo depende de la aprobación de Aquel Que es el Sol de la
Verdad. Cualquiera de los sacerdotes de cada época que, en el Día del Juicio,
reciba de la Fuente del verdadero conocimiento el testimonio de la fe,
ciertamente se convertirá en el receptor de la erudición, del favor divino y de la
luz del verdadero entendimiento. De lo contrario, será marcado como culpable
de insensatez, negación, blasfemia y opresión.
Es evidente y manifiesto para todo observador perspicaz que así como la luz
de la estrella se apaga ante el refulgente resplandor del sol, del mismo modo
la lumbrera del conocimiento terrenal, de la sabiduría y entendimiento
desaparece en la nada al ponérsele frente a frente a las resplandecientes
glorias del Sol de la Verdad, Astro de la iluminación divina.
Que el término "sol" haya sido aplicado a los jefes religiosos se debe a su
elevada posición, su fama y renombre. Tales son los sacerdotes de cada
época, quienes son universalmente reconocidos, hablan con autoridad y cuya
fama está firmemente establecida. Si se asemejan al Sol de la Verdad, de
seguro serán considerados como los más exaltados de entre todas las
lumbreras; de lo contrario, habrá de verse en ellos a los centros focales del
fuego infernal. Así Él dice: "Verdaderamente, el sol y la luna están condenados
ambos al tormento del fuego infernal".23 Sin duda, te es familiar la
interpretación de los términos "sol" y "luna" mencionados en este versículo; no
es necesario por tanto referirse a él. Y quienquiera que sea de la índole de
este "sol" y "luna", es decir, que siga el ejemplo de estos jefes, volviendo su
rostro hacia la falsedad y apartándose de la verdad, sin duda ha salido de las
tinieblas del infierno y vuelve allí.
Y ahora, oh buscador, nos incumbe asirnos firmemente al 'Urvatu'l-Vuthqá para
que, quizás, dejemos atrás la lóbrega noche del error y abracemos la luz
naciente de la guía divina. ¿Acaso no hemos de huir de la faz de la negación y
buscar la sombra protectora de la certeza? ¿Acaso no hemos de liberarnos del
horror de las tinieblas satánicas y apresurarnos hacia la luz naciente de la
Belleza celestial? De este modo te conferimos el fruto del Árbol del
conocimiento divino, para que, contento y alegre, mores en el Ri¤ván de la
sabiduría divina.
En otro sentido, los términos "sol", "luna" y "estrellas" significan las leyes y
enseñanzas que han sido establecidas y proclamadas en cada Dispensación,
tales como las leyes de la oración y el ayuno. Después de que la belleza del
Profeta Mu¥ammad desapareciera detrás del velo, éstas, conforme a la ley del
Qur'án, han sido consideradas como las leyes fundamentales y obligatorias de
Su dispensación. Esto lo atestiguan los textos de las tradiciones y crónicas; a
ellas no necesitamos referirnos aquí, habida cuenta de que son ampliamente
conocidas. Es más, en toda Dispensación se ha hecho hincapié en la ley
concerniente a la oración y ha sido puesta en vigor universalmente. De ello
dan testimonio las tradiciones escritas, atribuidas a las luces que han emanado
del Sol de la Verdad, la esencia del Profeta Mu¥ammad.
Las tradiciones han verificado el hecho de que en todas las Dispensaciones la
ley de la oración ha constituido un elemento fundamental de la Revelación de
todos los Profetas de Dios; ley cuya forma y manera han sido adaptadas a los
cambiantes requerimientos de cada época. Por cuanto cada Revelación
sucesiva ha abolido las costumbres, hábitos y enseñanzas que clara,
específica y firmemente había establecido la Dispensación anterior, éstas, por
tanto, se han expresado simbólicamente mediante los términos "sol" y "luna".
"Para que Él pueda probaros cuál de vosotros sobresale en sus obras".24
Además, en las tradiciones se han aplicado los términos "sol" y "luna" a la
oración y el ayuno; así se ha dicho: "El ayuno es iluminación, la oración es
luz". Cierto día, un conocido sacerdote vino a visitarnos. Mientras
conversábamos con él, se refirió a la tradición citada anteriormente. Dijo: "Por
cuanto el ayuno hace que aumente el calor del cuerpo, se le ha comparado
con la luz del sol; y como la oración de la noche refresca al hombre, se la ha
comparado con la luz de la luna". Al momento se Nos hizo claro que aquel
pobre hombre no había sido favorecido ni con una gota del océano del
verdadero entendimiento, y que se había desviado lejos de la Zarza ardiente
de la sabiduría divina. Entonces, cortésmente, le hicimos ver: "La
interpretación que vuestra reverencia ha dado a esta tradición es la corriente
entre la gente. ¿No podría ser interpretada de otro modo?" Él Nos preguntó:
"¿Cómo podría ser?" Y Nos replicamos: "Mu¥am-mad, el Sello de los Profetas,
y el más distinguido de los Elegidos de Dios, ha comparado la Dispensación
del Qur'án con el cielo por razón de la sublimidad de éste, su influencia
suprema, su majestad, y el hecho de que abarca a todas las religiones. Y al
igual que el sol y la luna constituyen las lumbreras más brillantes y
prominentes de los cielos, de modo semejante, en el cielo de la religión de
Dios han sido decretados dos astros radiantes: el ayuno y la oración. 'El Islám
es el cielo; el ayuno, su sol; la oración, su luna'."
Éste es el propósito que subyace en las palabras simbólicas de las
Manifestaciones de Dios. Por consiguiente, la aplicación de los términos "sol" y
"luna" a las cosas ya mencionadas ha sido demostrada y justificada por el texto
de los versículos sagrados y tradiciones escritas. De ahí que sea claro y
manifiesto que las palabras "se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz, y
las estrellas caerán del cielo", expresan la obstinación de los sacerdotes y la
anulación de las leyes firmemente establecidas por Revelación divina, todo lo
cual ha sido predicho, en lenguaje simbólico, por la Manifestación de Dios.
Nadie excepto los justos participarán de esta copa, nadie sino los piadosos
pueden compartirla. "Los justos beberán de una copa preparada en la fuente
de alcanfor".25
Es incuestionable que, en cada sucesiva Revelación, el "sol" y la "luna" de las
enseñanzas, leyes, mandamientos y prohibiciones que han sido establecidos
en la Dispensación anterior, y que han amparado al pueblo de aquella época,
se oscurecen, es decir, que se han agotado y dejan de ejercer su influencia. Y
ahora recapacita: si el pueblo del Evangelio hubiera reconocido el significado
de los términos simbólicos "sol" y "luna" y, a diferencia del obstinado y el
perverso, hubiera buscado iluminación en Aquel Que es el Revelador de
conocimiento divino, de seguro habrían comprendido el propósito de estos
términos y no habrían sido afligidos y oprimidos por la oscuridad de sus
deseos egoístas. Es más, como no han obtenido el verdadero conocimiento de
su misma Fuente, han perecido en el peligroso valle de la obstinación y el
descreimiento. Ellos aún no han despertado para percibir que se han
manifestado todos los signos anunciados, que el Sol prometido se ha elevado
sobre el horizonte de la Revelación divina, y que se han oscurecido y han
declinado el "sol" y la "luna" de las enseñanzas, las leyes y la erudición de una
Dispensación anterior.
Y ahora, con la mirada fija y alas firmes, toma el camino de la certeza y la
verdad. "Di: Es Dios; entonces déjalos que se entretengan en sus sutilezas".26
Así, serás considerado entre aquellos compañeros de quienes Él dice:
"Aquellos que dicen 'Nuestro Señor es Dios', y continúan firmes en Su camino,
a ellos, ciertamente, descenderán los ángeles".27 Entonces presenciarás
todos estos misterios con tus propios ojos.
¡Oh mi hermano! Da el paso del espíritu para que, en un abrir y cerrar de ojos,
atravieses raudo los desiertos del alejamiento y la privación, y llegues al
Ri¤ván de reunión sempiterna y, de un aliento, comulgues con los espíritus
celestiales. Ya que con pies humanos nunca tendrás esperanza de atravesar
esas distancias inmensurables ni de alcanzar tu objetivo. Sea la paz con aquel
a quien la luz de la verdad guía hacia toda verdad, y con quien, en el nombre
de Dios y en el sendero de Su Causa, se yergue sobre la orilla del verdadero
entendimiento.
Éste es el significado del versículo sagrado "¡Mas no! Juro por el Señor de los
Orientes y Occidentes",28 por cuanto los "Soles" a que se hace referencia
tienen cada uno su levante y su poniente. Y, como los comentadores del
Qur'án no lograron comprender el significado simbólico de estos "Soles",
tuvieron dificultades para interpretar el versículo antes citado. Algunos de ellos
han sostenido que, debido a que el sol sale cada día en un punto diferente, los
términos "orientes" y "occidentes" figuran en plural. Otros han escrito que este
versículo indica las cuatro estaciones del año, por cuanto los lugares de salida
y puesta del sol varían con el cambio de las estaciones. ¡Tal es la profundidad
de su entendimiento! Y, sin embargo, persisten en imputar error y locura a
esas Joyas del conocimiento, esos irreprochables y purísimos Símbolos de la
sabiduría.
Asimismo, esfuérzate por comprender, mediante estas lúcidas, estas
poderosas, concluyentes e inequívocas afirmaciones, el significado del
"hendimiento del cielo", uno de los signos que deben necesariamente anunciar
la venida de la Hora final, el Día de la Resurrección. Así Él ha dicho: "Cuando
el cielo sea hendido".29 "Cielo" indica el cielo de la Revelación divina, que es
alzado con toda Manifestación y despedazado con la siguiente. "Hendido"
indica que la Dispensación anterior es reemplazada y abrogada. ¡Juro por Dios
que el hendimiento de este cielo es, para los que disciernen, un acto más
poderoso que el rompimiento de la esfera celeste! Medita un momento: que
una Revelación divina que durante años ha estado firmemente establecida, a
cuya sombra todos cuantos la han abrazado han sido criados y educados, la
luz de cuya ley ha disciplinado a generaciones de hombres, la excelencia de
cuya palabra los hombres han escuchado relatar a sus padres, de modo tal
que el ojo humano no ha visto nada sino la influencia penetrante de su gracia,
y el oído mortal no ha oído nada sino la resonante majestad de su mandato;
¿qué acto es más poderoso que el hecho de que tal Revelación, por el poder
de Dios, sea "hendida" y sea abolida con la aparición de una alma?
Reflexiona: ¿es este acto más grande que lo que estos hombres abyectos y
necios imaginan que significa el "hendimiento del cielo"?
Por otra parte, considera las tribulaciones y amargura de la vida de esos
Reveladores de la divina Belleza. Reflexiona, ¡cuán desasistidos y solos
encararon al mundo y a todos sus pueblos, y promulgaron la Ley de Dios! Por
muy severas que fueran las persecuciones infligidas sobre esas santas, esas
preciosas y tiernas almas, sin embargo ellas permanecieron pacientes en la
plenitud de su poder y, a pesar de su ascendiente, padecieron y perseveraron.
Asimismo, esfuérzate por comprender el significado del "cambio de la tierra".
Has de saber que cualesquiera que sean los corazones sobre los cuales han
caído las muníficas lluvias de la misericordia del "cielo" de la Revelación
divina, la tierra de esos corazones ha sido verdaderamente cambiada por la
tierra del divino conocimiento y sabiduría. ¡Qué arrayanes de unidad ha
producido el suelo de sus corazones! ¡Qué flores de verdadero conocimiento y
sabiduría han dado sus pechos iluminados! Si no hubiera cambiado la tierra de
sus corazones, ¿cómo hubiesen podido aquellas almas a quienes no se había
enseñado una letra, que no habían conocido maestros, ni entrado en escuela
alguna, pronunciar tales palabras y desplegar tal conocimiento que nadie
puede comprender? Me parece que han sido modelados de la arcilla del
conocimiento infinito y amasados con el agua de la sabiduría divina. Por tanto
se ha dicho: "El conocimiento es una luz que Dios derrama sobre el corazón
de quienquiera sea Su voluntad". Esta clase de conocimiento es digna de
alabanza y siempre lo ha sido; pero no el conocimiento limitado que ha nacido
de mentes veladas y oscuras; ¡tal conocimiento limitado lo toman incluso
clandestinamente unos de otros y se glorían vanamente de él!
¡Ojalá que los corazones de los hombres se limpiasen de estas limitaciones
humanas y oscuros pensamientos impuestos sobre ellos!, para que, quizás,
sean iluminados por la luz del Sol del conocimiento verdadero y comprendan
los misterios de la sabiduría divina. Ahora considera: si la árida y estéril tierra
de estos corazones hubiese de quedar inalterada, ¿cómo podrían ellos llegar a
ser alguna vez los Recipientes de la revelación de los misterios de Dios y los
Reveladores de la Esencia divina? Así Él ha dicho: "En el día en que la tierra
será mudada en otra tierra".30
La brisa de la munificencia del Rey de la creación ha hecho que hasta cambie
la tierra física, ¡si ponderaseis en vuestro corazón los misterios de la
Revelación divina!
Y, ahora, has de comprender el sentido de este versículo: "En el Día de la
Resurrección la tierra toda será sólo un puñado en Su mano, y en Su diestra
serán replegados los cielos. ¡La alabanza sea para Él! y ¡exaltado sea sobre
los socios que Le unen!".31 Y ahora, sé sincero en tu juicio. Si estos versículos
tuviesen el significado que le dan los hombres, ¿qué provecho -cabe
preguntarse- podrían tener para el hombre? Además, es evidente y manifiesto
que ninguna mano que puedan ver ojos humanos podría realizar tales hechos,
ni tampoco éstos podrían atribuirse a la exaltada Esencia del Dios único y
verdadero. Es más, admitir cosa semejante no es sino mera blasfemia y
extrema desfiguración de la verdad. Y suponiendo que este versículo se refiere
a las Manifestaciones de Dios, que han de ser llamadas en el Día del Juicio a
efectuar tales hechos, ello también parece estar lejos de la verdad y no sería
de ningún provecho. Por el contrario, el término "tierra" significa la tierra de la
comprensión y conocimiento, y "cielos" indica los cielos de la Revelación
divina. Reflexiona sobre cómo, por una parte, con Su poderoso puño Él ha
tornado la tierra del conocimiento y comprensión, previamente desplegada, en
un mero terrón; y cómo, por otra parte, ha esparcido en los corazones de los
hombres una tierra nueva y altamente exaltada, haciendo así brotar las más
frescas y hermosas flores y los más poderosos y erguidos árboles en el
iluminado pecho de los hombres.
Asimismo, reflexiona cómo los sublimes cielos de las religiones del pasado han
sido replegados por la diestra del poder, cómo los cielos de la Revelación
divina han sido elevados por mandato de Dios y adornados por el sol, la luna y
las estrellas de Sus maravillosos Mandamientos. Tales son los misterios de la
Palabra de Dios que han sido revelados y manifestados para que, quizás,
percibas la matutina luz de guía divina, extingas, por la fuerza de la confianza
y la renunciación, la lámpara de la vana fantasía, de las ociosas
imaginaciones, de la vacilación y duda, y enciendas, en la cámara íntima de tu
corazón, la recién nacida luz del conocimiento y certeza divinos.
Por cierto, has de saber que el propósito fundamental de todos estos términos
simbólicos y alusiones abstrusas que emanan de los Reveladores de la santa
Causa de Dios ha sido el de probar y someter a examen a los pueblos del
mundo para que, con ello, la tierra de los corazones puros e iluminados sea
separada del suelo perecedero y estéril. Desde tiempo inmemorial ha
procedido Dios así con Sus criaturas, y esto lo atestiguan los escritos de los
libros sagrados.
Y, asimismo, reflexiona sobre el versículo revelado acerca del "Qiblih".32
Mu¥ammad, el Sol de la Revelación, ya consumada Su huida desde la aurora
de Ba¥á33 a Yathrib34, al rezar aún solía volver Su rostro hacia Jerusalén, la
ciudad santa, hasta que llegó la hora en que los judíos comenzaron a proferir
palabras indecorosas contra Él, palabras cuya mención serían impropias de
estas páginas y molestarían al lector. Mu¥ammad se ofendió profundamente
ante aquellas palabras. Mientras miraba al cielo, envuelto en meditación y
arrobamiento, oyó la amable voz de Gabriel que decía: "Te vemos desde lo
alto volviendo Tu rostro hacia el cielo; Nos, sin embargo, queremos que Te
vuelvas a un Qiblih que Te agrade".35 Con posterioridad a aquel día, cuando
el Profeta, junto con Sus compañeros, cumplía la oración del mediodía y había
ya efectuado dos de los Rik'ats36 prescritos, se oyó de nuevo la Voz de
Gabriel: "Vuelve Tu rostro hacia la Mezquita sagrada".37 En medio de esa
misma oración, Mu¥ammad repentinamente apartó Su rostro de Jerusalén
dirigiéndolo hacia la Ka'bih. Entonces, un profundo terror sobrecogió a los
compañeros del Profeta. Su fe se vio remecida de forma severa. Tal fue su
consternación, que muchos de ellos, interrumpiendo su oración, abandonaron
su fe. Ciertamente Dios causó esta confusión sólo para probar a Sus siervos.
De lo contrario, Él, el Rey ideal, podría no haber cambiado el Qiblih y haber
mantenido Jerusalén como Punto de Adoración para Su Dispensación, sin
privarle a esa ciudad santa la distinción de favor que le había sido conferida.
Desde que apareció Moisés, ninguno de los numerosos Profetas enviados
como Mensajeros de la Palabra de Dios, tales como David, Jesús y otras de
las Manifestaciones más exaltadas aparecidas durante el período transcurrido
entre las Revelaciones de Moisés y Mu¥ammad, jamás alteró la ley del Qiblih.
Todos estos Mensajeros del Señor de la creación han hecho a sus pueblos
volverse en una misma dirección. Ante los ojos de Dios, el Rey ideal, todos los
lugares de la Tierra son uno y el mismo, excepto aquel lugar que, en el día de
Su Manifestación, Él designa para un propósito particular. Como Él ha
revelado: "De Dios es el Oriente y el Occidente; por tanto, dondequiera os
volváis, allí está la faz de Dios".38 No obstante la verdad de estos hechos,
¿por qué habría de ser cambiado el Qiblih, causando con esto tal
consternación entre el pueblo, haciendo vacilar a los compañeros del Profeta,
y ocasionando tan gran confusión en medio de ellos? Sí, por cierto, aquellas
cosas que acarrean consternación a los corazones de los hombres ocurren
sólo para que cada alma sea probada con la piedra de toque de Dios, para que
se reconozca lo verdadero distinguiéndolo de lo falso. Por esto Él reveló
después de la ruptura entre el pueblo: "Designamos el Qiblih que tú quisiste
sólo para distinguir a quien sigue al Apóstol de quien se aleja de Él".39 "Asnos
aterrados que huyen de un león".40
Si por un momento ponderases estas palabras en tu corazón, de seguro
encontrarías las puertas del entendimiento abiertas ante ti y verías todo el
conocimiento y sus misterios descubiertos ante tus ojos. Tales cosas suceden
sólo para que las almas de los hombres se desarrollen y sean libradas de la
jaula y la prisión del yo y del deseo. Por cuanto, en Su Esencia, aquel Rey
ideal ha sido eternamente independiente de la comprensión de todos los
seres, y continuará siendo por siempre exaltado en Su propio Ser, por encima
de la adoración de toda alma. Una sola brisa de Su opulencia es suficiente
para adornar a toda la humanidad con el manto de la riqueza; y una gota del
océano de Su munífica gracia basta para conferir a todos los seres la gloria de
vida eterna. Pero dado que el Propósito divino ha decretado que lo verdadero
debe ser distinguido de lo falso, y el sol de la sombra, Él, por tanto, desde Su
reino de gloria ha enviado a la humanidad, en todo tiempo, lluvias de pruebas.
Si los hombres meditaran sobre la vida de los Profetas de antaño, llegarían tan
fácilmente a conocer y comprender el modo de actuar de estos Profetas, que
su vista ya no sería velada por aquellas palabras y acciones que son
contrarias a sus propios deseos mundanos; destruirían así todo velo que se les
interpusiese con el fuego que arde en la Zarza del conocimiento divino, y
morarían seguros en el trono de la paz y la certeza. Por ejemplo, considera a
Moisés, hijo de 'Imrán, uno de los Profetas exaltados y Autor de un libro
divinamente revelado. Un día de entre Sus primeros Días en que pasaba por el
mercado, antes de proclamarse Su ministerio, vio Él a dos hombres que
peleaban. Uno de ellos pidió ayuda a Moisés contra su oponente.
Inmediatamente intervino Moisés y le dio muerte. De esto da testimonio el
Libro sagrado. Si se citaran detalles, alargarían e interrumpirían el curso del
argumento. La noticia de este incidente cundió por la ciudad y a Moisés le
invadió el miedo, como lo atestigua el texto del Libro. Y cuando llegó a Sus
oídos la advertencia: "¡Oh Moisés!, de veras que los jefes deliberan para
matarte"41, abandonó la ciudad y se detuvo en Madián al servicio de Shoeb. A
Su vuelta, Moisés entró en el valle santo, situado en el desierto de Sinaí, y allí
tuvo la visión del Rey de gloria en el "Árbol que no pertenece ni al Este ni al
Oeste". Allí escuchó la Voz conmovedora del Espíritu, que hablaba desde el
ardiente Fuego, ordenándole verter sobre las almas de los Faraones la luz de
la guía divina, para que, liberándoles de las sombras del valle del egoísmo y
del deseo, les capacitase para alcanzar los prados de delicia divina y,
librándoles mediante el Salsabíl de la renuncia, de la confusión del
alejamiento, les hiciese entrar en la apacible ciudad de la presencia divina.
Cuando Moisés llegó a la presencia del Faraón y le entregó el Mensaje divino,
como lo había ordenado Dios, el Faraón habló de forma insultante diciéndole:
"¿No eres tú aquel que cometió un homicidio y se volvió infiel?" Así refirió el
Señor de majestad que el Faraón dijo a Moisés: "¡Qué hecho has perpetrado!
Eres de los desagradecidos. Y éste dijo: 'Ciertamente, lo hice; y fui de aquellos
que erraron. Y huí de vos cuando os temía; pero Mi Señor Me ha dado
sabiduría y Me ha hecho uno de Sus Apóstoles'".42
Y ahora pondera en tu corazón la conmoción suscitada por Dios. Reflexiona
acerca de las extrañas y múltiples tribulaciones con que Él prueba a Sus
siervos. Considera cómo Él inesperadamente escoge de entre Sus siervos,
confiándole la exaltada misión de la guía divina, a Aquel Que era tenido por
culpable de homicidio, Quien había reconocido Él mismo Su crueldad y Quien
durante casi treinta años había sido, a los ojos del mundo, criado en la casa
del Faraón y había comido en su mesa. ¿Acaso Dios, el Rey omnipotente, no
era capaz de parar la mano a Moisés para que no cometiese el asesinato, de
modo que no se Le atribuyese el delito de homicidio, causando confusión y
repulsa entre el pueblo?
Asimismo, reflexiona acerca del estado y la condición de María. Tan honda era
la perplejidad de aquella bellísima figura, tan penosa su situación, que
amargamente lamentaba haber nacido. Esto lo testifica el texto del versículo
sagrado donde se menciona que, habiendo dado a luz a Jesús, María lloró su
condición exclamando: "¡Ojalá hubiese muerto antes de esto, y hubiera sido yo
olvidada, olvidada por completo!"43 ¡Juro por Dios que ese lamento consume
el corazón y estremece el ser! Aquella consternación, aquel
descorazonamiento no podían haber sido causados por otra cosa sino por la
censura del enemigo y las argucias de los infieles y perversos. Piensa: ¿qué
respuesta podía dar a la gente que le rodeaba? ¿Cómo podría sostener que un
Niño de padre desconocido había sido concebido por el Espíritu Santo? Así
pues, María, aquella Figura velada e inmortal, tomó a su Niño y volvió a su
casa. No bien recayeron sobre ella los ojos de las gentes, cuando éstas
elevaron su voz diciendo: "¡Oh hermana de Aarón! Tu padre no fue un
malvado, ni tu madre deshonesta".44
Y ahora medita sobre esta inmensa conmoción, esta dolorosa prueba. A pesar
de todo ello, Dios confirió a esa esencia del Espíritu, a Quien la gente conocía
como carente de padre, la gloria de ser Profeta, e hizo de Él Su testimonio
para todos los que están en el cielo y en la tierra.
¡Mira cómo el comportamiento de las Manifestaciones de Dios, por mandato
del Rey de la creación, es totalmente opuesto al comportamiento y a los
deseos de los hombres! Cuando llegues a comprender la esencia de estos
misterios divinos, percibirás el propósito de Dios, el divino Encantador, el
Bienamado. Considerarás las palabras y el proceder de ese Soberano
todopoderoso como una misma cosa, de tal modo que cuanto veas en Su
proceder, eso mismo encontrarás en Sus palabras, y cuanto leas en Sus
palabras, eso reconocerás en Su proceder. Así, externamente, Sus obras y
palabras son el fuego de la venganza contra el malvado e, internamente, son
las aguas de la misericordia para el justo. Si se abriese el ojo del corazón, de
seguro comprendería que las palabras reveladas desde el cielo de la voluntad
de Dios concuerdan y se identifican con las obras que han emanado desde el
Reino del poder divino.
Ahora escucha, ¡oh hermano! Si tales cosas se revelaran en esta
Dispensación y tales incidentes sucedieran actualmente, ¿qué harían los
hombres? Juro por Aquel Que es el verdadero Educador de la humanidad y el
Revelador de la Palabra de Dios, que el pueblo, de inmediato e
indiscutiblemente, Le declararía infiel y Le sentenciaría a muerte. Cuán lejos
están de poder escuchar la voz que declara: ¡He aquí que, del aliento del
Espíritu Santo, ha aparecido un Jesús, y un Moisés ha sido llamado para una
tarea designada por Dios! Aunque se elevaran miríadas de voces, ningún oído
atendería si Nos dijéramos que a un Niño sin padre ha sido conferida la misión
de Profeta, o que un homicida ha traído desde la Zarza ardiente el mensaje
"¡En verdad, en verdad, Yo soy Dios!"
Si se abriera el ojo de la justicia, fácilmente reconocería, a la luz de lo que se
ha mencionado, que Aquel Que es la Causa y Propósito último de todas estas
cosas se ha manifestado en este día. Aun cuando semejantes sucesos no han
ocurrido en esta Dispensación, el pueblo se aferra a vanas imaginaciones
tales como las que acarician los réprobos. ¡Cuán graves los cargos que se Le
imputaron! ¡Cuán severas las persecuciones de que fue objeto! ¡Cargos y
persecuciones tales que los hombres no han visto ni oído algo semejante!
¡Gran Dios! Cuando llegó a este punto el torrente de la prolación, miramos, y
he aquí que los dulces aromas de Dios eran difundidos desde la aurora de la
Revelación y soplaba la brisa matutina proveniente del Sabá del Eterno. Sus
buenas nuevas regocijaron otra vez al corazón y dieron inmensa alegría al
alma. Renovó todas las cosas y trajo innumerables e inestimables dones
procedentes del Amigo incognoscible. Jamás podrá la vestidura de la alabanza
humana pretender compararse a Su noble talla, ni podrá el manto de las
palabras adecuarse a Su luminosa figura. Sin palabras despliega los misterios
interiores y sin lenguaje revela los secretos de los versículos divinos. Enseña a
los ruiseñores que gorjean en la rama del alejamiento y la separación, la
lamentación y la queja, les instruye en el arte del amor y les muestra el secreto
de la renuncia del corazón. Revela a las flores del Ri¤ván de la reunión
celestial los encantos del amante apasionado y les descubre la gracia de los
dotados de belleza. A las anémonas del jardín del amor les confiere los
misterios de la verdad y al pecho de los amantes le confía los símbolos de las
sutilezas más profundas. ¡Es tan generosa la efusión de Su gracia en este
momento, que el mismo Espíritu Santo siente envidia! Ha dado a la gota el
poder de las olas del mar, y ha dotado a la mota más pequeña con el
resplandor del sol. Tal es el desbordamiento de Su munificencia, que el
escarabajo maloliente ha buscado el perfume del almizcle, y el murciélago la
luz del sol. Ha vivificado a los muertos con el aliento de vida y les ha hecho
salir de la tumba de sus cuerpos mortales. Ha establecido a los ignorantes en
las sedes de la erudición, y ha elevado al opresor al trono de la justicia.
El universo está repleto de estas múltiples dádivas y espera el momento en
que los efectos de Sus invisibles dones se manifiesten en este mundo, cuando
los lánguidos y sedientos alcancen el Kawthar viviente de su Bienamado, y el
vagabundo perdido en los desiertos del alejamiento y de la nada entre en el
tabernáculo de la vida y logre la reunión con el deseo de su corazón. ¿En la
tierra de qué alma brotarán las flores de las realidades invisibles? En verdad,
digo: tan grande es el fuego de la Zarza del amor que arde en el Sinaí del
corazón, que los torrentes de la santa prolación no podrán nunca apagar su
llama. Océanos no podrán calmar nunca la sed ardiente de este Leviatán, y
este Fénix del fuego inmortal no podrá hallar morada si no es en el resplandor
del semblante del Bienamado. Por tanto, ¡oh hermano!, enciende con el aceite
de la sabiduría la lámpara del espíritu dentro de la cámara recóndita de tu
corazón, y custódiala con la mampara del entendimiento, para que el aliento
del infiel no extinga su llama ni oscurezca su esplendor. Así hemos iluminado
los cielos de la prolación con los resplandores del Sol de la divina sabiduría y
entendimiento, para que tu corazón encuentre paz y seas tú de aquellos que,
en alas de la certeza, se han remontado hacia el cielo del amor de Su Señor,
el Todomisericordioso.
Y, ahora, referente a Sus palabras: "Y entonces aparecerá en el cielo el signo
del Hijo del hombre". Estas palabras significan que cuando el sol de las
enseñanzas celestiales se haya eclipsado, las estrellas de las leyes
divinamente establecidas hayan caído, y la luna del verdadero conocimiento -
el educador de la humanidad- se haya oscurecido, cuando los estandartes de
guía y felicidad hayan sido arriados y la mañana de la verdad y rectitud se
haya hundido en la noche, entonces el signo del Hijo del hombre aparecerá en
el cielo. "Cielo" designa el cielo visible, ya que cuando se acerque la hora en
que ha de aparecer el Sol del cielo de la justicia y navegue el Arca de la guía
divina sobre el mar de la gloria, aparecerá una estrella en el cielo que
anunciará a su pueblo el advenimiento de esa máxima luz. De igual modo, en
el cielo invisible aparecerá una estrella que actuará ante los pueblos de la
Tierra como heraldo del amanecer de esa verdadera y exaltada Mañana. Este
doble signo, en el cielo visible e invisible, ha anunciado la Revelación de cada
uno de los Profetas de Dios, como comúnmente se cree.
Entre los Profetas está Abraham, el Amigo de Dios. Antes de que Él se
manifestara, Nimrod tuvo un sueño. En seguida reunió a los adivinos, quienes
le informaron de la aparición de una estrella en el cielo. Igualmente, apareció
un heraldo que anunció en todo el país la venida de Abraham.
Después de Él vino Moisés, Quien conversó con Dios. Los adivinos de
entonces advirtieron al Faraón en estos términos: "Ha aparecido una estrella
en el cielo, y ¡he aquí! predice que será concebido un Niño que tiene en Sus
manos vuestro destino y el de vuestro pueblo". Igualmente apareció un sabio
que, en la oscuridad de la noche, trajo buenas nuevas de alegría para el
pueblo de Israel, consolando sus almas y dando confianza a sus corazones.
De ello dan testimonio los escritos de los libros sagrados. De mencionarse los
detalles, esta epístola tomaría las dimensiones de un libro. Además, no es
Nuestro deseo relatar las historias de días pasados. Dios es Nuestro testigo,
aun lo que ahora mencionamos se debe sólo a Nuestro tierno afecto hacia ti
para que, quizás, los pobres de la Tierra alcancen las orillas del mar de la
riqueza, los ignorantes sean conducidos al océano del conocimiento divino y
aquellos que ansían el conocimiento beban del Salsabíl de la sabiduría divina.
Pues de no ser así, este siervo juzgaría que reparar en tales escritos
constituye un grave error y una penosa transgresión.
Asimismo, cuando se acercaba la hora de la Revelación de Jesús, algunos de
los Magos, conscientes de que la estrella de Jesús había aparecido en el cielo,
la buscaron y la siguieron hasta llegar a la ciudad que era la sede del reino de
Herodes. El poder de su soberanía abarcaba en aquellos días todo este país.
Los Magos dijeron: "¿Dónde está Aquel que ha nacido Rey de los judíos?
¡Pues hemos visto Su estrella en el Oriente, y venimos a adorarle!"45 Después
de indagar descubrieron que en Belén, en tierra de Judea, había nacido un
Niño. Éste fue el signo manifiesto en el cielo visible. En cuanto al signo del
cielo invisible -el cielo del divino conocimiento y comprensión-, fue Ya¥yá, hijo
de Zacarías, quien dio al pueblo las buenas nuevas de la Manifestación de
Jesús. Así Él ha revelado: "Dios te anuncia a Ya¥yá, quien dará testimonio del
Verbo de Dios, y que será gran-de y casto".46 El término "Verbo" indica a
Jesús, Cuya venida predijo Ya¥yá. Además, en las Escrituras celestiales está
escrito: "Juan el Bautista estaba predicando en el desierto de Judea, diciendo:
Arrepentíos, porque el Reino de los cielos está cerca".47 Juan quiere decir
Ya¥yá.
Asimismo, antes de que se revelara la belleza de Mu-¥ammad, se
manifestaron los signos del cielo visible. En cuanto a los signos del cielo
invisible, aparecieron cuatro hombres que, uno tras otro, anunciaron al pueblo
las felices nuevas de la aparición de aquella Lumbrera divina. Rúz-bih, llamado
posteriormente Salmán, tuvo el honor de servirles. Cuando se aproximaba el
fin de uno de ellos, éste enviaba a Rúz-bih a otro, hasta que el cuarto, al sentir
cerca su muerte, se dirigió a Rúz-bih, diciendo: "¡Oh Rúz-bih!, cuando hayas
recogido y enterrado mi cuerpo, ve a Æijáz, porque allí aparecerá el Sol de
Mu¥ammad. ¡Feliz tú, porque verás Su faz!"
Y ahora, respecto a esta maravillosa y exaltadísima Causa, has de saber
ciertamente que muchos astrónomos han anunciado la aparición de su estrella
en el cielo visible. Asimismo, aparecieron en la tierra A¥mad y Ká1/2im,48
esas resplandecientes luces gemelas; ¡que Dios santifique el lugar en que
descansan!
De todo lo que hemos expuesto queda claro y manifiesto que, antes de la
revelación de cada uno de los Espejos que reflejan la divina Esencia, los
signos que anuncian su advenimiento deben necesariamente revelarse en el
cielo visible como también en el invisible, donde está la sede del sol del
conocimiento, la luna de la sabiduría y las estrellas del entendimiento y
prolación. El signo del cielo invisible debe necesariamente revelarse en la
persona de un hombre perfecto que, antes que aparezca cada Manifestación,
eduque y prepare las almas de los hombres para el advenimiento de la
Lumbrera divina, Luz de la unidad de Dios entre los hombres.
Y ahora, referente a Sus palabras "Y entonces se lamentarán todas las tribus
de la tierra, y ellos verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con
poder y gran gloria", estas palabras significan que en esos días los hombres
lamentarán la pérdida del Sol de la divina belleza, de la Luna del conocimiento
y las Estrellas de sabiduría divina. Verán entonces el semblante del Prometido,
de la Belleza adorada, descendiendo del cielo y cabalgando sobre las nubes.
Quiere decirse con ello que la divina Belleza se manifestará desde el cielo de
la voluntad de Dios y aparecerá en la forma del templo humano. El término
"cielo" denota sublimidad y exaltación, por cuanto es la sede de la revelación
de las Manifestaciones de la Santidad, las Auroras de antigua gloria. Estos
antiguos Seres, a pesar de haber nacido de la matriz de su madre, en realidad
han descendido del cielo de la voluntad de Dios. A pesar de habitar en esta
tierra, su verdadera morada son los retiros de gloria en los reinos de lo alto.
Aunque caminan entre mortales, vuelan por el cielo de la presencia divina. Sin
pies hollan el sendero del espíritu y sin alas se elevan a las exaltadas alturas
de la unidad divina. Con cada exhalación recorren la inmensidad del espacio,
en cada momento atraviesan los reinos de lo visible e invisible. En sus tronos
está escrito: "Nada en absoluto puede impedirle a Él ocuparse de cualquier
otra cosa"; y en sus sedes está inscrito: "Verdaderamente, Sus caminos son
cada día diferentes".49 Son enviados mediante el trascendente poder del
Antiguo de los Días y son levantados por la exaltada voluntad de Dios, el Rey
más poderoso. Esto quieren decir las palabras "viniendo sobre las nubes del
cielo".
En las aseveraciones de las divinas Lumbreras se ha aplicado el término
"cielo" a muchas cosas diferentes; así, el "cielo del Mandamiento", el "cielo de
la Voluntad", el "cielo del Propósito divino", el "cielo del Conocimiento divino",
el "cielo de la Certeza", el "cielo de la Prolación", el "cielo de la Revelación", el
"cielo de la Ocultación", y otros. En cada caso Él ha dado a la palabra "cielo"
un sentido especial, cuyo significado no es revelado a nadie sino a quienes
están iniciados en los misterios divinos y han bebido del cáliz de la vida
eterna. Por ejemplo, Él dice: "El cielo tiene para vosotros sustento y contiene lo
que se os ha prometido"50, mientras que es la tierra la que aporta ese
sustento. Asimismo se ha dicho: "Los nombres bajan del cielo", siendo así que
provienen de la boca de los hombres. Si limpiaras el espejo de tu corazón del
polvo de la malevolencia, comprenderías el significado de los términos
simbólicos revelados por la Palabra de Dios que todo lo abarca, manifestada
en cada Dispensación, y descubrirías los misterios del conocimiento divino. Sin
embargo, hasta que no hayas consumido con la llama del desprendimiento
extremo esos velos de vana erudición comunes entre los hombres, no podrás
mirar la resplandeciente mañana del verdadero conocimiento.
Has de saber que ciertamente el Conocimiento es de dos especies: Divino y
Satánico. Uno proviene del manantial de la inspiración divina; el otro es sólo
un reflejo de vanos y oscuros pensamientos. La fuente del primero es Dios
mismo; la fuerza motriz del otro son las insinuaciones del deseo egoísta. Uno
se guía por el principio "Temed a Dios; Dios os enseñará"; el otro sólo
confirma la verdad "El conocimiento es el velo más penoso entre el hombre y
su Creador". El primero da el fruto de la paciencia, del deseo ardiente, del
verdadero entendimiento y amor, en tanto que el otro no produce sino
arrogancia, vanagloria y presunción. En los dichos de aquellos Maestros de
santa prolación, que han expuesto el significado del verdadero conocimiento,
no puede de ningún modo descubrirse el olor de estas confusas enseñanzas
que han oscurecido al mundo. El árbol de tales enseñanzas no puede producir
sino iniquidad y rebelión, y no da otro fruto más que odio y envidia. Su fruto es
veneno mortal; su sombra, fuego consumidor. Cuán acertadamente se ha
dicho: "Aférrate al manto del Deseo de tu corazón y no te avergüences; haz
irse a los versados, por muy grande que sea su nombradía".
El corazón debe por eso ser purificado de las vanas palabras de los hombres y
santificado de todo afecto terrenal, para que pueda descubrir el significado
oculto de la divina inspiración y se convierta en el depósito de los misterios del
conocimiento divino. Así se ha dicho: "Aquel que holla el níveo Sendero y
sigue las huellas de la Columna Carmesí nunca llegará a su morada, a menos
que sus manos estén vacías de aquellas cosas mundanas que aprecian los
hombres". Éste es el requisito primordial de quienquiera que holle este
sendero. Recapacita para que, sin velos en tus ojos, percibas la verdad de
estas palabras.
Nos hemos apartado del propósito de Nuestro argumento, aunque todo lo que
se ha mencionado sirve para confirmar Nuestro propósito. Juro por Dios que,
aunque grande es Nuestro deseo de ser breve, sin embargo vemos que no
podemos contener Nuestra pluma. No obstante to-do lo que hemos
mencionado, ¡cuán numerosas son las perlas que permanecen sin horadar en
la concha de Nuestro corazón! ¡Cuántas son las huríes de íntimos significados
aún ocultas en las cámaras del conocimiento divino! Nadie se les ha acercado
aún; huríes "que ni hombre ni espíritu han tocado antes".51 No obstante todo
lo que se ha dicho, parece como si ninguna letra de Nuestro propósito hubiese
sido proferida, ni tampoco un solo signo concerniente a Nuestro objetivo
hubiese sido divulgado. ¿Cuán-do se encontrará a un fiel buscador que, con el
atavío del peregrino, llegue a la Ka'bih del deseo de su corazón y, sin oído ni
lengua, descubra los misterios de la divina prolación?
Mediante estas explicaciones luminosas, concluyentes y precisas, el
significado de "cielo" en el versículo mencionado anteriormente se ha hecho
notorio y evidente. Y ahora, referente a Sus palabras sobre que el Hijo del
hombre "vendrá sobre las nubes del cielo", por "nubes" se entiende aquello
que es contrario a las prácticas y deseos de los hombres. Así Él ha revelado
en el versículo ya mencionado: "Siempre que viene a vosotros un Apóstol con
lo que no desean vuestras almas, os ensoberbecéis, acusando a unos de
impostores y matando a otros".52 Estas "nubes" significan, en cierto sentido, la
anulación de las leyes, la abrogación de anteriores Dispensaciones, la
supresión de ritos y costumbres usuales entre los hombres, la exaltación de los
creyentes iletrados por encima de los doctos opositores de la Fe. En otro
sentido, indican la aparición de aquella inmortal Belleza en la imagen de un
hombre mortal, con limitaciones tales como el comer y beber, pobreza y
riqueza, gloria y humillación, sueño y vigilia, y otras cosas que crean duda en
la mente de los hombres y los hacen apartarse. Todos estos velos se
denominan simbólicamente "nubes".
Éstas son las "nubes" que hacen que sean hendidos los cielos del
conocimiento y comprensión de todos los que habitan en la tierra. Así Él ha
revelado: "Aquel día será hendido el cielo por las nubes".53 Así como las
nubes no dejan que los ojos de los hombres miren el sol, también estas cosas
impiden que las almas de los hombres reconozcan la luz de la Lumbrera
divina. De ello da testimonio lo que salió de la boca de los infieles, tal y como
se ha revelado en el Libro sagrado: "Y han dicho: '¿Qué clase de Apóstol es
éste que come comida y anda por las calles? A no ser que baje un ángel y
participe en Sus amonestaciones, no creeremos'".54 Otros Profetas han
estado igualmente sujetos a la pobreza, las aflicciones, el hambre, las
dolencias y los azares de este mundo. Puesto que estas santas Personas han
estado sometidas a semejantes necesidades y privaciones, en consecuencia,
la gente se ha perdido en los desiertos del recelo y la duda, siendo afligida por
la confusión y perplejidad. ¿Cómo es posible -se han preguntado- que
semejante persona sea enviada de parte de Dios, declare Su ascendiente
sobre todos los pueblos y razas de la tierra, y pretenda ser la finalidad de toda
la creación -tal como Él ha dicho: "Si no fuera por Ti, no hubiera creado todo lo
que hay en el cielo y en la tierra"-, y, sin embargo, esté sujeta a cosas tan
triviales? Sin duda has sido informado de las tribulaciones, la pobreza, los
males y la degradación que han sobrevenido a cada profeta de Dios y Sus
compañeros. Debes de haber oído cómo las cabezas de Sus seguidores eran
enviadas a diferentes ciudades en calidad de presentes, cuán terriblemente se
pusieron trabas a cuanto era Su misión hacer. Cada uno de ellos cayó preso
en las garras de los enemigos de Su Causa y debió sufrir todo cuanto éstos
decretaron.
Es evidente que los cambios producidos en cada Dispensación constituyen las
nubes oscuras que se interponen entre el ojo del entendimiento humano y la
Lumbrera divina que brilla en la aurora de la divina Esencia. Considera cómo
los hombres durante generaciones han imitado ciegamente a sus padres, y
han sido educados de acuerdo con prácticas y costumbres establecidas por los
preceptos de su Fe. Por tanto, si estos hombres descubrieran de repente que
un Hombre, que ha vivido en medio de ellos y que respecto a toda limitación es
su semejante, se ha levantado para abolir todos los principios establecidos e
impuestos por su Fe -principios en los cuales durante siglos han sido
disciplinados, al punto de que cualquier oponente o negador de éstos ha sido
tenido por infiel, descarriado y perverso-, ellos, ciertamente, permanecerían
velados, incapaces de reconocer Su verdad. Cosas semejantes son como
"nubes" que velan los ojos de aquellos cuyo ser interior aún no ha gustado el
Salsabíl del desprendimiento, ni ha bebido del Kawthar del conocimiento de
Dios. Tales hombres, al tomar conocimiento de esas circunstancias, llegan a
velarse a tal punto que, sin la menor pregunta, declaran infiel a la
Manifestación de Dios y Le sentencian a muerte. Debes haber oído ya que
tales cosas han sucedido en todas las épocas y ahora puedes observarlas en
este día.
Nos incumbe, por tanto, hacer el mayor esfuerzo para que, con la invisible
ayuda de Dios, esos velos oscuros, esas nubes de pruebas enviadas del Cielo,
no nos impidan ver la belleza de Su luminoso Semblante y para que podamos
reconocerle sólo en virtud de Su propio Ser. Y si pidiésemos testimonio de Su
verdad, deberíamos conformarnos con uno, y sólo uno; para que así podamos
llegar hasta Aquel Que es la Fuente de gracia infinita, en cuya presencia toda
la abundancia del mundo se reduce a nada, para que dejemos de ponerle
reparos cada día y ya no nos aferremos a nuestras ociosas fantasías.
¡Alabado sea Dios! ¡A pesar de la advertencia que, en maravilloso lenguaje
simbólico y con sutiles alusiones, se ha hecho en días pasados con el
propósito de despertar a los pueblos del mundo e impedir que sean privados
de su porción del ondeante océano de la gracia de Dios, cosas tales como las
que ya se han presenciado han vuelto a suceder! También se ha hecho
referencia a esto en el Qur'án, como lo testifica este versículo: "¿Qué pueden
esperar ésos, sino que Dios descienda sobre ellos en la sombra de una
nube?"55 Varios sacerdotes, que se aferran a la letra de la Palabra de Dios,
han llegado a considerar este versículo como uno de los signos de aquella
esperada resurrección, nacida de su vana fantasía. Y esto, a pesar de que se
han hecho referencias semejantes en la mayoría de los Libros sagrados y
aparecen en todos los pasajes relacionados con los signos de la Manifestación
que ha de venir.
Asimismo, Él dice: "El día en que el cielo despedirá un humo evidente que
envolverá a los hombres, éste será un tormento doloroso".56 El Todoglorioso
ha decretado que precisamente estas cosas, contrarias a los deseos de los
perversos, sean la piedra de toque y el patrón mediante los cuales prueba a
Sus siervos, para que el justo sea distinguido del perverso y el creyente del
infiel. El término simbólico "humo" denota graves contiendas, la abolición y
demolición de normas reconocidas y la completa destrucción de sus alicortos
defensores. ¿Qué humo más denso y arrollador que el que ahora ha envuelto
a todos los pueblos del mundo, se ha convertido en su tormento, y del cual no
tienen esperanza de liberarse, por más que lo intenten? Tan voraz es el fuego
del egoísmo que arde dentro de ellos que se diría que a cada instante sufren el
acoso de nuevos tormentos. Cuanto más se les dice que esta maravillosa
Causa de Dios, esta Revelación proveniente del Altísimo, ha sido manifestada
a todos los hombres, y crece y se fortalece cada día, tanto más violenta se
vuelve la llama del fuego que arde en sus corazones. Cuanto más observan la
indomable fortaleza, la sublime renunciación e inquebrantable constancia de
los santos compañeros de Dios, los cuales con la ayuda de Dios vuélvense
cada día más nobles y gloriosos, tanto más honda tórnase la consternación
que estraga sus almas. En estos días -alabado sea Dios-, el poder de Su
Palabra ha adquirido tal ascendiente sobre los hombres, que no se atreven a
pronunciar palabra alguna. Si se encontraran con alguno de los compañeros
de Dios que, de poder hacerlo, ofreciera libre y gustosamente diez mil vidas
como sacrificio para su Amado, ¡tan grande sería su miedo que de inmediato
profesarían su fe en Él, en tanto que secretamente injuriarían y maldecirían Su
nombre! Pues tal como Él ha revelado: "Y cuando se encuentran con vosotros,
dicen: 'Creemos'; pero cuando se apartan, se muerden los dedos de rabia
contra vosotros. Di: '¡Morid de rabia!' Dios ciertamente conoce lo más
recóndito de vuestro pecho".57
Dentro de poco tus ojos verán los estandartes del poder divino extendidos en
todas las regiones, y los signos de Su triunfante poder y soberanía manifiestos
en cada país. Como los más de los sacerdotes no han captado el sentido de
estos versículos, ni comprendido el significado del Día de la Resurrección, por
tanto han interpretado neciamente estos versículos según su vana y deficiente
comprensión. ¡El Dios único y verdadero es Mi testigo! Poca percepción se
necesita para hacerles capaces de entresacar del lenguaje simbólico de estos
dos versículos todo lo que Nos hemos propuesto exponer, y alcanzar así,
mediante la gracia del Todomisericordioso, la resplandeciente mañana de la
certeza. Éstas son las cadencias de la melodía celestial que la inmortal Ave
del Cielo, gorjeando en el Sadríh de Bahá, vierte sobre ti, para que, con el
consentimiento de Dios, puedas hollar el sendero del divino conocimiento y
sabiduría.
Y ahora, referente a Sus palabras "Y Él enviará a Sus ángeles...", por
"ángeles" se designa a quienes, fortalecidos por el poder del espíritu, han
consumido con el fuego del amor de Dios todos los rasgos y limitaciones
humanos, ataviándose con los atributos de los Seres más exaltados y de los
Querubines. «ádiq,58 aquel santo, en su elogio de los Querubines, dice: "Hay
una compañía de nuestros shí'ahs tras el Trono". Diversas y múltiples son las
interpretaciones de las palabras "tras el Trono". En un sentido indican que no
existe ningún verdadero shí'ah. Así, él ha dicho en otro pasaje: "Un verdadero
creyente es comparable con la piedra filosofal". Acto seguido dirigiéndose a su
oyente, dice: "¿Has visto alguna vez la piedra filosofal?" Reflexiona cómo este
lenguaje simbólico, más elocuente que cualquier discurso por muy claro que
éste sea, testifica que no existe un verdadero creyente. Tal es el testimonio de
«ádiq. Y ahora considera cuán injustos y numerosos son quienes, aun cuando
ellos mismos no han percibido el perfume de la fe, han condenado como
infieles a aquellos por cuya palabra es reconocida y establecida la fe misma.
Y ahora, por cuanto estos seres santos se han santificado de toda limitación
humana y han sido dotados con los atributos de lo espiritual y adornados con
los rasgos nobles de la bienaventuranza, han sido designados "ángeles". Tal
es el significado de estos versículos, de los cuales cada palabra se ha
interpretado con ayuda de los textos más lúcidos, los argumentos más
convincentes y las pruebas mejor establecidas.
Como los seguidores de Jesús nunca han comprendido el significado oculto de
estas palabras, y como los signos esperados por ellos y los jefes de su Fe no
han aparecido, por tanto han rehusado, hasta ahora, reconocer la verdad de
aquellas Manifestaciones de Santidad que han aparecido desde los días de
Jesús. De este modo se han privado a sí mismos de las efusiones de la santa
gracia de Dios y de las maravillas de Su divina prolación. ¡Tan baja es su
condición en este Día de la Resurrección! Ni siquiera han comprendido que si
en cada época aparecieran en el reino visible los signos de la Manifestación
de Dios, de acuerdo con el texto de las tradiciones establecidas, nadie podría
negarlas ni apartarse, ni podría el bienaventurado ser distinguido del mísero,
ni el transgresor del que teme a Dios. Juzga honestamente: si se cumplieran
literalmente las profecías registradas en el Evangelio; si Jesús, Hijo de María,
acompañado de ángeles, descendiera desde el cielo visible sobre nubes,
¿quién se atrevería a no creer?, ¿quién se atrevería a rechazar la verdad y a
ensoberbecerse? Es más, de inmediato se apoderaría de todos los habitantes
de la Tierra tal consternación que ningún alma se sentiría capaz de pronunciar
una palabra, ni menos aún de rechazar o aceptar la verdad. Debido a que no
comprendieron estas verdades, muchos sacerdotes cristianos se opusieron a
Mu-¥ammad, expresando su protesta con palabras semejantes: "Si en verdad
eres el Profeta prometido, ¿por qué, entonces, no Te acompañan los ángeles
que predicen nuestros Libros sagrados y que deben, necesariamente,
descender con la Belleza prometida para ayudarle en Su Revelación y actuar
como amonestadores de Su pueblo?" Así, el Todoglorioso ha registrado sus
palabras: "¿Por qué no Le ha sido enviado un ángel para que sea con Él un
amonestador?"59
Tales objeciones y diferencias han persistido en todas las épocas y siglos. Los
hombres siempre se han ocupado de esos engañosos discursos, protestando
vanamente: "¿Por qué no ha aparecido este o aquel signo?" Tales males les
han sobrevenido sólo por haberse aferrado a las prácticas de los sacerdotes
de la época en que vivieron, imitándoles ciegamente al aceptar o negar a esas
Esencias del Desprendimiento, esos Seres santos y divinos. Estos jefes, por
estar hundidos en sus deseos egoístas y perseguir cosas impuras y
transitorias, han considerado a esas Lumbreras divinas como opuestas a las
normas de su conocimiento y comprensión, y como opositores de sus prácticas
y juicios. Dado que han interpretado literalmente la Palabra de Dios y los
dichos y tradiciones de las Letras de la Unidad, exponiéndolas de acuerdo con
su deficiente comprensión, se han privado por tanto a sí mismos y a todo su
pueblo de las generosas lluvias de la gracia y misericordia de Dios. Y, sin
embargo, dan testimonio de esta muy conocida tradición: "Verdaderamente,
Nuestra Palabra es abstrusa, desconcertantemente abstrusa". En otro pasaje
dice: "Nuestra Causa pone a prueba severamente, causa gran confusión;
nadie puede soportarla salvo quien sea favorecido por el cielo o un inspirado
Profeta, o aquel cuya fe Dios ha probado". Estos jefes religiosos admiten que
ninguna de estas tres condiciones especificadas es aplicable a ellos. Las dos
primeras condiciones están manifiestamente fuera de su alcance; en cuanto a
la tercera, es evidente que en ningún momento han resistido las pruebas que
han sido enviadas por Dios y que, cuando apareció la divina Piedra de Toque,
no demostraron ser más que herrumbre.
¡Gran Dios! Estos sacerdotes, que aún dudan y disputan sobre los puntos
oscuros de la teología de su fe a pesar de que aceptan la verdad de esta
tradición, pretenden ser los intérpretes de las sutilezas de la ley de Dios y los
expositores de los misterios esenciales de Su santa Palabra. Afirman
confiadamente que aquellas tradiciones que indican la venida del Qá'im
esperado aún no se han cumplido, en tanto que ellos mismos no han logrado
percibir la fragancia del significado de esas tradiciones y todavía ignoran el
hecho de que se han cumplido todos los signos predichos, que se ha revelado
el camino de la santa Causa de Dios y, que el concurso de los fieles, veloz
como el relámpago, pasa ahora mismo por ese camino, mientras que esos
necios sacerdotes aún esperan presenciar los signos predichos. Di: ¡Oh
necios! ¡Esperad, como esperan aquellos anteriores a vosotros!
Si fueran interrogados acerca de aquellos signos que necesariamente deben
anunciar la revelación y ascenso del sol de la Dispensación mahometana, a
los cuales ya Nos hemos referido, de los cuales ninguno se ha cumplido
literalmente, y si se les dijera: "¿Por qué habéis rechazado las demandas
hechas por los cristianos y los pueblos de otras creencias, y les consideráis
infieles?", no sabiendo qué respuesta dar, contestarían: "Estos Libros han sido
corrompidos y no son de Dios, ni lo han sido nunca". Reflexiona, las mismas
palabras de los versículos testifican elocuentemente el hecho de que son de
Dios. También se ha revelado un versículo semejante en el Qur'án, ¡si fuerais
de aquellos que comprenden! Verdaderamente digo que durante todo este
período no han logrado comprender lo que significa viciar el texto.
Ciertamente, en los escritos y palabras de los Espejos que reflejan el sol de la
Dispensación mahometana, se ha mencionado: "Modificación hecha por los
seres exaltados" y "alteración hecha por los desdeñosos". Sin embargo, tales
pasajes se refieren sólo a casos especiales. Entre ellos está la historia de Ibn-
i-«úríyá. Cuando el pueblo de Khaybar preguntó al punto focal de la
Revelación mahometana acerca del castigo para el adulterio cometido entre un
hombre casado y una mujer casada, Mu¥ammad respondió diciendo: "La ley
de Dios es muerte por lapidación". Ante lo cual protestaron diciendo: "Ninguna
ley semejante ha sido revelada en el Pentateuco". Mu¥ammad respondió
diciendo: "¿A quién entre vuestros rabinos consideráis una autoridad
reconocida con conocimiento seguro de la verdad?" Convinieron en Ibn-i-
«úríyá. En seguida Mu¥am-mad le llamó y dijo: "Te conjuro por Dios, Quien
dividió para vosotros el mar, hizo llover sobre vosotros el maná y envió la nube
para daros sombra, Quien os libró del Faraón y su pueblo, y os exaltó sobre
todos los seres humanos, que nos digas qué ha decretado Moisés acerca del
adulterio entre un hombre y una mujer casada". Respondió: "¡Oh Mu¥ammad!,
muerte por lapidación es la ley". Mu¥ammad observó: "¿Por qué entonces esta
ley ha sido anulada y ya no está en vigor entre los judíos?" Respondió
diciendo: "Cuando Nabucodonosor hizo de Jerusalén pas-to de las llamas y
dio muerte a los judíos, sólo unos pocos sobrevivieron. Los sacerdotes de esa
época, considerando el número sumamente limitado de judíos y la multitud de
amalecitas, deliberaron juntos y llegaron a la conclusión de que si hicieran
cumplir la ley del Pentateuco debería darse muerte, de acuerdo con el
dictamen del Libro, a todos los supervivientes librados de la mano de
Nabucodonosor. Debido a tales consideraciones, revocaron totalmente la pena
de muerte". Entre tanto Gabriel inspiró al corazón de Mu¥ammad estas
palabras: "Pervierten el texto de la Palabra de Dios".60
Éste es uno de los ejemplos a que se ha aludido. Verdaderamente, "alterar" el
texto no quiere decir lo que esas almas abyectas y necias se han imaginado,
como es el caso de algunos que sostienen que los sacerdotes judíos y
cristianos han borrado del Libro los versículos que ensalzan y magnifican la
faz de Mu¥ammad y en su lugar han insertado lo contrario. ¡Cuán enteramente
vanas y falsas son estas palabras! ¿Puede un hombre que cree en un libro, y
lo juzga inspirado por Dios, mutilarlo? Por otra parte, el Pentateuco se había
difundido por toda la superficie de la Tierra y no estaba confinado a La Meca y
a Medina como para que pudieran secretamente corromper y alterar su texto.
Más bien, por corrupción del texto se quiere significar aquello en lo que hoy
día se afanan todos los sacerdotes musulmanes, a saber, la interpretación del
santo Libro de Dios de acuerdo con sus ociosas imaginaciones y vanos
deseos. Y como los judíos, en tiempo de Mu¥ammad, interpretaron aquellos
versículos del Pentateuco referentes a Su Manifestación según su propia
fantasía, y rehusaron estar conformes con Su santa palabra, fue por eso
pronunciada contra ellos la acusación de "alterar" el texto. Del mismo modo, es
claro cómo en este día el pueblo del Qur'án ha pervertido el texto del Libro
Sagrado de Dios, por lo que respecta a los signos de la Manifestación
esperada, interpretándolo de acuerdo con sus deseos e inclinaciones.
En otro caso, Él dice: "Una parte de ellos oyó la Palabra de Dios y luego la
alteró, después de haberla entendido, y ellos sabían lo que hacían".61 Este
versículo también indica que el significado de la Palabra de Dios ha sido
alterado, pero no que las palabras mismas hayan sido borradas. Atestiguan la
verdad de esto quienes tienen sano juicio.
Y aun en otro caso Él dice: "¡Ay de aquellos que con sus propias manos
transcriben el Libro adulterándolo y luego dicen: 'Esto proviene de Dios', para
venderlo a un bajo precio!"62 Este versículo fue revelado con relación a los
sacerdotes y jefes de la Fe judía. Esos sacerdotes, a fin de agradar a los ricos,
agenciarse mundanales prebendas y descargar su envidia y falsas creencias,
escribieron varios tratados en refutación de las pretensiones de Mu¥ammad,
apoyando sus argumentos con pruebas tales que no sería propio mencionar, y
pretendiendo que dichos argumentos provenían del texto del Pentateuco.
Lo mismo puede presenciarse hoy día. ¡Considera cuán abundantes son las
denuncias escritas por los necios sacerdotes de esta época contra esta muy
maravillosa Causa! ¡Cuán vanamente imaginan que estas calumnias son
conformes a los versículos del sagrado Libro de Dios y compatibles con las
palabras de hombres de discernimiento!
Al relatar estas cosas, ha sido Nuestro propósito advertirte que si ellos
sostuvieran que los versículos en que se mencionan los signos referidos en el
Evangelio han sido alterados, si los rechazaran y se adhirieran en cambio a
otros versículos y tradiciones, deberías saber que sus palabras serían total
falsedad y mera calumnia. Ciertamente, en casos especiales se ha hecho
"corrupción" del texto en el sentido a que Nos hemos referido. Hemos
mencionado algunos de ellos para que se haga evidente a todo observador
perspicaz que a unos pocos Hombres santos, no instruidos, Les ha sido dado
el dominio de la erudición humana, de modo que el opositor malevolente deje
de disputar que un versículo indica "corrupción" del texto, insinuando que Nos,
por falta de conocimiento, hemos mencionado tales cosas. Además, la mayor
parte de los versículos que indican "corrupción" del texto han sido revelados
respecto al pueblo judío, ¡si exploraseis las islas de la Revelación del Qur'án!
También hemos oído a varios de los necios de la tierra afirmar que el texto
auténtico del Evangelio celestial no existe entre los cristianos, que ha
ascendido al cielo. ¡Cuán penosamente han errado! ¡Cuán inconscientes son
de que tal declaración imputa la más grave injusticia y tiranía a una benévola y
amorosa Providencia! ¿Cómo podía Dios, después que el Sol de la belleza de
Jesús había desaparecido de la vista de Su pueblo y ascendido al cuarto cielo,
hacer que desapareciera también Su santo Libro, Su más gran testimonio entre
Sus criaturas? ¿Qué le hubiera quedado a ese pueblo para asirse desde la
puesta del sol de Jesús hasta la salida del sol de la Dispensación de
Mu¥ammad? ¿Qué ley pudiera ser su sostén y guía? ¿Cómo podría hacerse a
tales hombres víctimas de la ira vengadora de Dios, el Vengador omnipotente?
¿Cómo podría afligírseles con el azote del castigo del Rey celestial? Y, sobre
todo, ¿cómo podría detenerse el flujo de la gracia del Todomunífico? ¿Cómo
podría calmarse el océano de Su tierna misericordia? ¡Nos refugiamos junto a
Dios, a resguardo de lo que Sus criaturas han imaginado de Él! ¡Exaltado es Él
sobre su comprensión!
¡Querido amigo! Ahora que despierta la luz de la eterna Mañana de Dios;
cuando el resplandor de Sus santas palabras "Dios es la luz de los cielos y de
la tierra"63 ilumina a toda la humanidad; cuando la inviolabilidad de Su
tabernáculo es proclamada por Sus sagradas palabras: "Dios quiso hacer
perfecta Su luz";64 y la Mano de la omnipotencia, dando Su testimonio: "En Su
puño Él mantiene el reino de todas las cosas", se extiende a todos los pueblos
y razas de la Tierra, nos incumbe aprestar nuestros esfuerzos para que quizás,
por la gracia y generosidad de Dios, entremos en la Ciudad celestial de:
"Verdaderamente, somos de Dios", y permanezcamos en la exaltada
habitación de: "Y a Él volvemos". Es tu deber, con la anuencia de Dios,
purificar el ojo de tu corazón de las cosas del mundo, para que te des cuenta
de la infinitud del conocimiento divino, y veas la Verdad tan claramente que no
necesites prueba para demostrar Su realidad, ni evidencia alguna para ratificar
Su testimonio.
¡Oh afectuoso buscador! Si te remontaras al santo reino del espíritu,
reconocerías a Dios manifiesto y exaltado por sobre todo, de modo tal que tus
ojos no verían nada sino a Él. "Dios estaba solo; no había nadie sino Él". Tan
sublime es esta posición que ningún testimonio puede atestiguarla, ni prueba
alguna hacer justicia a Su verdad. Si exploras el sagrado dominio de la verdad,
encontrarás que todas las cosas son conocidas solamente por la luz de Su
reconocimiento, que Él siempre ha sido y continuará siendo por siempre
conocido mediante Él mismo. Y si habitas en el país del testimonio, conténtate
con lo que Él mismo ha revelado: "¿No les basta que Nos hayamos hecho
descender sobre Ti el Libro?"65 Éste es el testimonio que Él mismo ha
ordenado; mayor prueba que ésta no hay, ni habrá nunca: "Esta prueba es Su
Palabra; Su propio Ser, el testimonio de Su verdad".
Y ahora suplicamos al pueblo del Bayán, a todos los doctos, sabios,
sacerdotes y testigos de entre ellos, que no olviden los deseos y
amonestaciones revelados en su Libro. Que ellos, en todo tiempo, fijen su
mirada en lo esencial de Su Causa, no sea que cuando se revele Aquel Que
es la Quintaesencia de la verdad, la íntima Realidad de todas las cosas, la
Fuente de toda luz, se aferren a ciertos pasajes del Libro y Le causen lo que
causaron en la Dispensación del Qur'án. Ya que, ciertamente, Él, el Rey del
poder divino, es potente para extinguir, con una letra de Sus maravillosas
palabras, el hálito de vida en todo el Bayán y su pueblo, y con una letra
conferirles nueva y sempiterna vida, haciéndoles levantarse y salir presurosos
de los sepulcros de sus deseos vanos y egoístas. Prestad atención y estad
alerta, y recordad que todas las cosas tienen su consumación en la creencia
en Él, en el alcance de Su día y en la realización de Su divina presencia. "No
está la piedad en que volváis vuestros rostros al oriente o al poniente, pero es
piadoso quien cree en Dios y en el Día Final".66 Da oído, oh pueblo del Bayán,
a la verdad a que os hemos amonestado, para que quizás busquéis amparo a
la sombra que, en el Día de Dios, se ha extendido sobre toda la humanidad.




SEGUNDA PARTE


En verdad, Aquel Que es el Sol de la Verdad y Revelador del Ser Supremo
mantiene, en todo tiempo, indiscutible soberanía sobre todo lo que hay en el
cielo y en la tierra, aunque no se encuentre hombre alguno sobre la Tierra que
Le obedezca. Él, en verdad, es independiente de todo dominio terrenal,
aunque carezca absolutamente de todo. Así te revelamos los misterios de la
Causa de Dios y te conferimos las joyas de la sabiduría divina, para que
quizás te remontes en las alas de la renunciación hacia aquellas alturas que
están veladas a los ojos de los hombres.


La significación y propósito esencial de estas palabras es revelar y demostrar
a los puros de corazón y a los de espíritu santificado, que quienes son las
Lumbreras de la verdad y los Espejos que reflejan la luz de la Unidad divina,
cualquiera que sea la época o ciclo en que se les envíe a este mundo desde
sus invisibles moradas de antigua gloria, para educar las almas de los
hombres y dotar de gracia a todas las cosas creadas, están sin excepción
provistos de un poder que todo lo somete, e investidos de soberanía
invencible. Por cuanto estas Joyas ocultas, estos recónditos e invisibles
Tesoros, por sí mismos, manifiestan y vindican la realidad de estas santas
palabras: "Ciertamente Dios hace lo que es Su voluntad y ordena lo que es Su
deseo".
Es evidente para todo corazón perspicaz e iluminado que Dios, la Esencia
incognoscible, el Ser divino, es inmensamente exaltado por encima de todo
atributo humano tal como existencia corpórea, ascenso y descenso, salida y
retorno. Lejos está de Su gloria el que la lengua humana pueda
apropiadamente referir Su alabanza, o que el corazón humano pueda
comprender Su misterio insondable. Él está y ha estado siempre velado en la
antigua eternidad de Su[n1] Esencia, y permanecerá en Su realidad
eternamente oculto a la vista de los hombres. "Ningún ojo Le abarca, pero Él
abarca a todos los ojos; Él es el Inescrutable, el Perspicaz".1 Ningún lazo de
relación directa puede atarle a Sus criaturas. Se mantiene exaltado más allá y
por encima de toda separación y unión, de toda proximidad y alejamiento.
Ningún signo puede indicar Su presencia o Su ausencia; ya que por una
palabra de Su mandato han llegado a existir todos los que están en el cielo y
en la tierra, y por Su deseo, que es la Voluntad Primordial misma, han salido
todos de la total inexistencia al reino del ser, al mundo de lo visible.
¡Alabado sea Dios! ¿Cómo pudiera concebirse alguna relación existente o
posible conexión entre Su Palabra y los que han sido creados por ella? El
versículo "Dios os advierte acerca de Él mismo"2, atestigua inequívocamente
la realidad de Nuestro argumento; y las palabras "Dios estaba solo; no había
nadie junto a Él" son testimonio cierto de su verdad. Todos los Profetas de
Dios y sus Elegidos, todos los sacerdotes, los doctos y los sabios de cada
generación reconocen unánimemente su inhabilidad para alcanzar la
comprensión de aquella Quintaesencia de toda verdad y confiesan su
incapacidad para comprender a Aquel Que es la más íntima Realidad de todo
lo creado.
Estando así cerrada la puerta del conocimiento del Antiguo de los Días a la faz
de todos los seres, la Fuente de gracia infinita ha hecho que, conforme a Su
dicho: "Su gracia supera a todo; Mi gracia lo ha abarcado todo", aparezcan del
reino del espíritu aquellas luminosas Joyas de Santidad, en la noble forma del
templo humano, y sean reveladas a todos los hombres, a fin de que
comuniquen al mundo los misterios del Ser inmutable y hablen de las sutilezas
de Su Esencia imperecedera. Estos Espejos santificados, estas Auroras de
antigua gloria son, todos y cada uno, los Exponentes en la tierra de Aquel Que
es el Astro central del universo, su Esencia y Propósito último. De Él procede
su conocimiento y poder; de Él proviene su soberanía. La belleza de su
semblante es solamente un reflejo de Su imagen; su revelación, un signo de
Su gloria inmortal. Ellos son los Tesoros del conocimiento divino y los
Depósitos de la sabiduría celestial. A través de ellos se transmite una gracia
que es infinita y, por ellos, se revela la luz que jamás palidece. Así Él ha dicho:
"No hay distinción alguna entre Tú y ellos, salvo que ellos son Tus siervos y
son creados por Ti". Éste es el significado de la tradición: "Yo soy Él, Él
mismo, y Él es yo, yo mismo".
Las tradiciones y relatos que se refieren directamente a Nuestro tema son
varios y múltiples; Nos hemos abstenido de citarlos en aras de la brevedad.
Más aún, todo lo que hay en los cielos y en la tierra es prueba directa de la
revelación dentro de sí de los atributos y nombres de Dios, ya que en cada
átomo están encerradas las señales que dan testimonio elocuente de la
revelación de aquella muy gran luz. Me parece que, a no ser por la potencia de
esa revelación, ningún ser podría jamás existir. ¡Cuán resplandeciente son las
lumbreras de conocimiento que brillan en un átomo, y cuán vastos los océanos
de sabiduría que se agitan dentro de una gota! Esto, en grado sumo, es
verdad por lo que concierne al hombre, quien, entre todo lo creado, ha sido
investido con el manto de tales dones y señalado para la gloria de tal
distinción. Pues en él están revelados potencialmente todos los atributos y
nombres de Dios en grado tal que no ha sido superado o rebasado por otro ser
creado. A él le son aplicables todos estos nombres y atributos. Así Él ha dicho:
"El hombre es Mi misterio, y Yo soy su misterio". Con referencia a este
profundo y elevado tema, son múltiples los versículos que se han revelado
repetidamente en todos los Libros sagrados y santas Escrituras. Así Él ha
revelado: "De seguro les mostraremos Nuestros signos en el mundo y dentro
de ellos mismos".3 Y en otro lugar dice: "Y también en vosotros mismos
¿acaso no veréis los signos de Dios?"4 Y en otra parte Él revela: "Y no seáis
como los que olvidan a Dios, y por tanto Él les ha hecho olvidarse de sí
mismos".5 Con respecto a esto, Aquel Que es el Rey eterno -que las almas de
todos los que moran en el Tabernáculo místico sean sacrificadas por Él- ha
dicho: "Ha conocido a Dios aquel que se ha conocido a sí mismo".
¡Juro por Dios!, oh estimado y venerable amigo, que si ponderases estas
palabras en tu corazón, con toda seguridad encontrarías abiertas de par en par
ante tu rostro las puertas de la sabiduría divina y del conocimiento infinito.
De lo que se ha dicho queda claro que todas las cosas, en su más íntima
realidad, atestiguan la revelación de los nombres y atributos de Dios dentro de
ellas mismas. Cada una, según su capacidad, señala y expresa el
conocimiento de Dios. Pues así de potente y universal es esta revelación, que
ha abarcado todas las cosas visibles e invisibles. Así Él ha revelado: "¿Tiene
algo, que no seas Tú, poder de revelación que Tú no poseas, para que
hubiese podido manifestarte? Ciego es el ojo que no Te percibe". Asimismo,
ha dicho el Rey eterno: "No he percibido cosa sin percibir a Dios en ella, antes
de ella o después de ella". Y también aparece en la tradición de Kumayl:
"Mirad, una luz ha resplandecido en la Mañana de la eternidad, y he aquí que
sus rayos han penetrado la más íntima realidad de todos los hombres". El
hombre, lo más noble y perfecto de todo lo creado, supera a todo en la
intensidad de esta revelación, y es una expresión más plena de su gloria. Y de
todos los hombres son las Manifestaciones del Sol de la Verdad los más
perfectos, los más distinguidos y los más excelsos. Más aún, todos excepto
estas Manifestaciones, viven por la acción de su Voluntad, y se mueven y
existen por las efusiones de su gracia. "Si no fuera por Ti, no habría creado los
cielos." Más aún, en su santa presencia todos se vuelven inexistentes y son
como algo olvidado. Nunca podrá la lengua humana cantar adecuadamente su
alabanza, ni la voz humana revelar su misterio. Estos Tabernáculos de
santidad y Espejos primordiales que reflejan la luz de gloria inmarcesible, no
son sino expresiones de Aquel Que es el Invisible de los Invisibles. Por la
revelación de estas joyas de virtud divina se ponen de manifiesto todos los
nombres y atributos de Dios, tales como conocimiento y poder, soberanía y
dominio, misericordia y sabiduría, gloria, munificencia y gracia.
Estos atributos de Dios no son ni jamás han sido concedidos especialmente a
ciertos Profetas y negados a otros. Al contrario, todos los Profetas de Dios,
Sus favorecidos, santos y escogidos Mensajeros son, sin excepción, los
portadores de Sus nombres y la personificación de Sus atributos. Sólo difieren
en la intensidad de su revelación y la relativa potencia de su luz. Así, Él ha
revelado: "Hemos hecho que algunos de los Apóstoles aventajen a los otros".6
Por tanto, ha quedado claro y manifiesto que, dentro de los tabernáculos de
estos Profetas y Elegidos de Dios, se ha reflejado la luz de Sus nombres
infinitos y exaltados atributos, aunque la luz de algunos de esos atributos
aparentemente pueda revelarse o no a los ojos de los hombres en esos
luminosos Templos. Que determinado atributo de Dios no haya sido
exteriormente manifestado por esas Esencias del Desprendimiento, no implica
de manera alguna que no lo hayan poseído realmente aquellos que son las
Auroras de los atributos de Dios y los Tesoros de Sus santos nombres. Por
tanto, todas y cada una de estas Almas iluminadas y bellos Semblantes han
sido dotados con todos los atributos de Dios, tales como soberanía, dominio y
otros, aunque en apariencia estén despojados de toda majestad terrenal. Esto
es claro y manifiesto a todo ojo perspicaz; no necesita de prueba ni
demostración.
En verdad, como los pueblos del mundo no han buscado en las luminosas y
cristalinas Fuentes del conocimiento divino el significado interior de las santas
palabras de Dios, por consiguiente han languidecido, sedientos y afligidos, en
el valle de la ociosa fantasía y de la obstinación. Se han desviado lejos del
agua fresca que apacigua la sed, reuniéndose alrededor de la sal amarga que
quema. Respecto de ellos ha dicho la Paloma de la Eternidad: "Y si vieren el
camino de la rectitud, no lo tomarán como su camino; mas si vieren el camino
del error, lo tomarán como su camino. Y ello porque ellos desmintieron
Nuestros signos y los descuidaron."7
De ello da testimonio cuanto ha podido presenciarse en esta maravillosa y
exaltada Dispensación. Miríadas de versículos sagrados han sido enviados
desde el cielo del poder y la gracia; sin embargo, nadie se ha vuelto hacia
ellos ni ha dejado de aferrarse a aquellas palabras de los hombres, de las
cuales ni una letra comprenden quienes las han pronunciado. Por esta razón la
gente ha puesto en duda verdades indiscutibles como éstas, y se han privado
del Ri¤-ván del conocimiento divino y de los prados de sabiduría celestial.
Ahora, para resumir Nuestro argumento sobre la pregunta: ¿Por qué no se
manifestó en modo alguno la soberanía del Qá'im que fuera afirmada en el
texto de las tradiciones escritas y transmitida por las brillantes estrellas de la
Dispensación de Mu¥ammad? Más bien ha sucedido lo contrario. ¿No han
sido Sus discípulos y compañeros afligidos por los hombres? ¿No son acaso
víctimas aún de la feroz oposición de sus enemigos? ¿No llevan hoy día la vi-
da de mortales humillados e impotentes? Ciertamente, la soberanía atribuida al
Qá'im que se menciona en las escrituras es una realidad de la cual nadie
puede dudar. Sin embargo, esa soberanía no es la que falsamente imaginan
las mentes de los hombres. Además, los Profetas de antaño, todos y cada uno
de ellos, cada vez que anunciaron al pueblo de su día el advenimiento de la
Revelación venidera se refirieron de forma invariable y específica a la
soberanía con la cual necesariamente debía estar investida la Manifestación
prometida. Así lo constatan las Escrituras del pasado. Esa soberanía no ha
sido atribuida única y exclusivamente al Qá'im. Más bien, el atributo de
soberanía y todos los otros nombres y atributos de Dios han sido y serán
siempre concedidos a todas las Manifestaciones de Dios, antes y después de
Él, por cuanto estas Manifestaciones son, como ya se ha explicado, las
Personificaciones de los atributos de Dios, el Invisible, y los Reveladores de
los misterios divinos.
Además, por soberanía se da a entender el poder que abarca y penetra todo, y
que es ejercido inherentemente por el Qá'im, sea que aparezca en el mundo
investido o no con la majestad de dominio terrenal. Esto depende sólo del
agrado y voluntad del propio Qá'im. Fácilmente admitirás que los términos
soberanía, riqueza, vida, muerte, juicio y resurrección de que hablan las
escrituras de antaño no son lo que ha concebido e imaginado vanamente esta
generación. Más bien, por soberanía se alude a la soberanía que en cada
dispensación reside en la persona de la Manifestación, el Sol de la Verdad, y
es ejercida por ella. Esa soberanía es el ascendiente espiritual que en grado
sumo Él ejerce sobre todo lo que hay en el cielo y en la tierra y que, a su
debido tiempo, se revela al mundo en proporción directa a su capacidad y
receptividad espiritual tal y como hoy es clara y manifiesta entre la gente la
soberanía de Mu-¥ammad, el Mensajero de Dios. Y bien sabes lo que aconte-
ció a su Fe en los primeros días de Su dispensación. ¡Cuán dolorosos
sufrimientos causó la mano de los infieles y errados, los sacerdotes de esa
época y sus socios, a esa Esencia espiritual, a ese muy puro y santo Ser!
¡Cuán abundantes las zarzas y espinas que esparcieron sobre Su camino! Es
evidente que esa miserable generación, en su malvada y satánica fantasía,
consideró todo el daño hecho a ese Ser inmortal como un medio para alcanzar
felicidad perdurable, por cuanto los sacerdotes reconocidos de esa época,
como 'Abdu'lláh-i-Ubayy, Abú'Ámir, el ermitaño, Ka'b-Ibn-i-Ashraf, y Na¤r-Ibn-i-
Æárith, Le trataron como impostor y Le declararon demente y calumniador.
Tan dolorosas acusaciones vertieron contra Él que al relatarlas Dios prohíbe
que fluya la tinta, que corra Nuestra pluma o que las soporte la página. Estas
imputaciones malignas hicieron que el pueblo se levantara para atormentarle.
¡Y cuán feroz no habría de ser ese tormento siendo los sacerdotes de la época
sus principales instigadores, Le denunciaron a sus seguidores y Le expulsaron
de su seno declarándole perverso! ¿No Le ha sucedido lo mismo a este Siervo
y todos lo han presenciado?
Por esta razón Mu¥ammad exclamó: "Ningún Profeta de Dios ha sufrido daño
tal como el que Yo he sufrido". Y en el Qur'án se registran todas las calumnias
y reproches que se pronunciaron contra Él, así como todas las aflicciones que
sufrió. Remitíos a él para que tal vez seáis informados de lo que aconteció en
Su Revelación. Tan grave era Su situación, que por un tiempo todos dejaron
de tener trato con Él y con Sus compañeros. Cualquiera que se relacionara
con Él caía víctima de la crueldad implacable de Sus enemigos.
Con respecto a esto citaremos sólo un versículo del Libro mencionado. Si lo
observas con ojo perspicaz, todos los días que restan de tu vida llorarás y te
lamentarás por el daño causado a Mu¥ammad, ese agraviado y oprimido
Mensajero de Dios. Este versículo fue revelado en un tiempo en que
Mu¥ammad languidecía cansado y triste bajo el peso de la oposición de la
gente y de su incesante tortura. En medio de Su agonía se oyó la Voz de
Gabriel proveniente del Sadratu'l-Muntahá que decía: "Mas si Te es penosa su
oposición, busca si puedes una abertura en la tierra o una escalera al cielo"8.
De estas palabras se deduce que Su caso no tenía remedio, que no dejarían
de actuar contra Él a menos que Se escondiese en las profundidades de la
tierra o emprendiese vuelo hacia el cielo.
¡Considera cuán grande es el cambio hoy día! ¡Mira cuántos Soberanos
inclinan la rodilla ante Su nombre! ¡Cuán numerosas las naciones y reinos que
han buscado asilo bajo Su sombra, y que guardan lealtad a Su Fe
enorgulleciéndose de ello! De los púlpitos se elevan hoy palabras de alabanza
que, con toda humildad, glorifican Su bendito nombre; y de lo alto de los
alminares resuena el llamado que convoca a Su pueblo para adorarle. Aun los
reyes de la tierra que han rehusado abrazar Su Fe y quitarse el manto del
descreimiento, confiesan y reconocen sin embargo la grandeza y majestad
avasalladora de ese Sol de amorosa bondad. Tal es Su soberanía terrenal, de
la cual ves evidencias por todas partes. Necesariamente esta soberanía debe
revelarse y establecerse, ya sea durante la vida de cada Manifestación de Dios
o después de Su ascensión a Su verdadera morada en los reinos de lo alto. Lo
que hoy presencias no es más que una confirmación de esta verdad. Sin
embargo, ese ascendiente espiritual, que es su significado esencial, reside en
Ellas y gira en torno de Ellas desde la eternidad hasta la eternidad. Ni por un
momento puede ser divorciado de Ellas. Su dominio abarca a todos los que
están en el cielo y en la tierra.
Lo que sigue es una prueba de la soberanía ejercida por Mu¥ammad, el Sol de
la Verdad. ¿No has oído cómo con un solo versículo separó la luz de la
oscuridad, los justos de los impíos, los creyentes de los infieles? Todos los
signos y alusiones acerca del Día del Juicio, que tú has oído, tales como la
resurrección de los muertos, el Día de Rendición de cuentas, el Juicio Final y
otros, han sido manifestados mediante la revelación de ese versículo. Estas
palabras reveladas fueron una bendición para los justos, quienes al oírlas
exclamaron: "Oh Dios, nuestro Señor; hemos oído y hemos obedecido". Y
fueron una maldición para los inicuos que, al oírlas, afirmaron: "Hemos oído y
nos hemos rebelado". Aquellas palabras, afiladas como la espada de Dios,
separaron a los fieles de los infieles y apartaron a padres de hijos.
Seguramente has presenciado cómo en pos de lo ajeno se libraron al combate
tanto quienes confesaron su fe en Él como quienes le rechazaron. ¡Cuántos
padres se alejaron de sus hijos, cuántos amantes rehusaron a sus amadas!
¡Tan despiadadamente incisiva fue esta espada maravillosa de Dios, que cortó
todo vínculo! Por otro lado, considera el poder unificador de Su palabra.
Observa cómo aquellos, en medio de quienes durante años había sembrado el
satanás del yo las semillas de la maldad y el odio, llegaron a unirse y
mezclarse en su lealtad a esta maravillosa y trascendente Revelación, de
manera tal que se les hubiera creído nacidos de una misma entraña. Tal es la
fuerza integradora de la Palabra de Dios, que une los corazones de quienes
han renunciado a todo menos a Él, han creído en Sus signos y han bebido de
la Mano de la gloria el Kawthar de la santa gracia de Dios. Por otra parte,
¡cuán numerosos son los pueblos de diversas creencias, de credos en conflicto
y de temperamento opuesto que se han adornado con el nuevo manto de la
Unidad divina y han bebido el cáliz de Su singularidad, por medio de la
fragancia vivificadora de la Divina primavera que alienta desde el Ri¤ván de
Dios!
Éste es el significado de las consabidas palabras: "El lobo y el cordero
pacerán juntos"9. ¡Mira la ignorancia e insensatez de quienes, al igual que las
naciones de antaño, esperan todavía presenciar el tiempo en que esos
animales pacerán juntos en un mismo prado! Tal es su baja condición. Me
parece que sus labios nunca han tocado el cáliz del entendimiento, ni sus pies
han hollado el sendero de la justicia. Por otra parte, ¿de que aprovecharía al
mundo que algo así sucediese? Bien ha dicho Él al referirse a ellos: "¡Tienen
corazones con los que no entienden y ojos con los que no ven!"10
Considera cómo, con este solo versículo que ha descendido del cielo de la
Voluntad de Dios, el mundo y todo lo que hay en él han sido obligados a
rendirle cuentas. Quienquiera que reconocía Su verdad y se volvía hacia Él,
sus buenas obras sobrepasaban a las malas y todos sus pecados obtenían
dispensa y lograban el perdón. De este modo se ha revelado la verdad de
estas palabras referentes a Él: "Rápido es Él en las cuentas". Así, Dios
convierte la iniquidad en rectitud; ¡si pudieseis explorar los reinos del
conocimiento divino y comprender los misterios de Su sabiduría! Asimismo,
quienquiera que bebía del cáliz del amor obtenía su porción del océano de la
gracia imperecedera y de las lluvias de la misericordia eterna, y entraba en la
vida de la fe, que es la vida celestial y eterna. Pero quien se apartaba de aquel
cáliz era condenado a muerte eterna. Los términos "vida" y "muerte" que se
mencionan en las escrituras indican la vida de la fe y la muerte del
descreimiento. La generalidad de los hombres, debido a que no entendieron el
significado de estas palabras, rechazaron y despreciaron a la persona de la
Manifestación, privándose de la luz de Su guía divina y rehusando seguir el
ejemplo de esa Belleza inmortal.
Cuando en la cámara del santo corazón de Mu¥ammad se encendió la luz de
la Revelación del Qur'án, Él dictaminó al pueblo el veredicto del Último Día, de
la resurrección, del juicio, de la vida y de la muerte. En seguida fueron
enarbolados los estandartes de la rebelión y abiertas las puertas de la burla.
Así Él, el espíritu de Dios, ha registrado lo que dijeron los infieles: "Y si dijeres
'Después de la muerte de seguro resucitaréis', exclamarán sin falta los infieles
'Esto no es sino magia evidente'"11. Y en otra parte dice: "Y si te asombras,
asombroso es de seguro su dicho: 'Cuando nos hayamos convertido en polvo,
¿volveremos a ser una nueva creación?'"12 Así, en otro pasaje, airado, Él
exclama: "¿Por ventura Nos estamos cansados con la primera creación? ¡Sin
embargo, dudan acerca de una nueva creación!"13
Como los comentaristas del Qur'án y quienes lo siguen al pie de la letra
entendieron mal el significado oculto de las palabras de Dios y no
comprendieron su propósito esencial, trataron de demostrar que, según las
leyes de la gramática, siempre que el término "idhá" (que significa "si" o
"cuando") precede al tiempo pasado, invariablemente se refiere al futuro. Pero
más adelante quedaron perplejos al tratar de explicar los versículos del Libro
en que sorprendentemente no figuraba dicho término. Así Él ha revelado: "Y
resonó la trompeta -¡he aquí el Día de la amenaza! Y toda alma es llamada a
rendir cuentas; con ella, un compeledor y un testigo".14 Al explicar estos y
otros versículos semejantes, en algunos casos han sostenido que se
sobreentiende el término "idhá". En otros casos han afirmado vanamente que,
por cuanto el Día del Juicio es inevitable, se ha hecho a él referencia como un
acontecimiento no del futuro sino del pasado. ¡Cuán inútil su sofistería! ¡Cuán
grave su ceguera! Rehúsan reconocer el toque de trompeta que tan
claramente fue emitido en este texto por medio de la revelación de
Mu¥ammad. Se privan del Espíritu regenerador de Dios que en ella sopló, ¡y
neciamente esperan escuchar el son de la trompeta del Serafín de Dios que no
es sino uno de Sus siervos! ¿Acaso el Serafín mismo, el ángel del Día del
Juicio, y otros como él, no han sido establecidos por la propia palabra de
Mu¥am-mad? Di: ¿Qué? ¿Daréis lo que es para vuestro bien a cam-bio de lo
que es malo? ¡Vil es lo que falsamente habéis cambiado! Ciertamente sois un
pueblo malvado que ha sufrido una pérdida afrentosa.
Antes bien, "trompeta" quiere decir el llamado de la Revelación de Mu¥ammad
que resonó en el corazón del universo, y "resurrección" indica Su aparición
para proclamar la Causa de Dios. Ordenó a los descarriados y negligentes que
se levantaran y salieran presurosos de los sepulcros de sus cuerpos, les
adornó con el hermoso manto de la fe y les hizo revivir con el hálito de nueva y
maravillosa vida. Así, a la hora en que Mu¥ammad, aquella divina Belleza, se
proponía revelar uno de los misterios encerrados en los términos simbólicos
"resurrección", "juicio", "paraíso" e "infierno", se oyó a Gabriel, la Voz de la
Inspiración, que decía: "Pronto moverán ante Ti sus cabezas y dirán: '¿Cuándo
será eso?' Di: 'Quizás esté próximo'".15 Las implicaciones de este solo
versículo bastan a los pueblos del mundo, ¡si lo ponderasen en sus corazones!
¡Alabado sea Dios! ¡Cuán lejos se han desviado del camino de Dios esos
hombres! Aunque el Día de la Resurrección fue inaugurado por la Revelación
de Mu¥ammad, y aunque Su luz y señales habían envuelto la Tierra y todo lo
que hay en ella, la gente se mofó de Él, se entregó a los ídolos que en su vana
y ociosa fantasía habían concebido los sacerdotes de esa época, y se privó de
la luz de gracia celestial y de las lluvias de la misericordia divina. En verdad, el
escarabajo vil jamás podrá percibir la fragancia de la santidad, ni podrá el
murciélago de las tinieblas volver su rostro al resplandor del sol.
Tales cosas han sucedido en los días de toda Manifestación de Dios. Así dijo
Jesús: "Debéis nacer de nuevo"16. Y en otro lugar dice: "Quien no naciere del
agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la
carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, espíritu es".17 El significado de
estas palabras es que, en cada dispensación, quienquiera que es nacido del
Espíritu y revivido por el aliento de la Manifestación de Santidad, se cuenta
ciertamente entre los que han alcanzado la "vida" y la "resu-rrección", y han
entrado en el "paraíso" del amor de Dios. Y quien no se cuente entre ellos,
está condenado a "muer-te" y "privación", al "fuego" del descreimiento y a la
"cólera" de Dios. En todas las escrituras, libros y crónicas se ha pronunciado
sentencia de muerte, de fuego, de ceguera, de falta de entendimiento y de
oído contra quienes no han probado el etéreo cáliz del verdadero
conocimiento, y cuyos corazones se han privado en su día de la gracia del
Espíritu Santo. Como se ha indicado anteriormente: "Tienen corazones con los
que no comprenden".18
En otro pasaje del Evangelio está escrito que cierto día había muerto el padre
de uno de los discípulos de Jesús. Dicho discípulo, al informar a Jesús de la
muerte de su padre, solicitó permiso para ir a enterrarlo. A lo que Jesús, esa
Esencia de Desprendimiento, replicó: "Deja que los muertos entierren a sus
muertos".19
Del mismo modo, dos de los habitantes de Kúfih fueron donde 'Alí, el
Comandante de los Fieles. Uno de ellos tenía una casa y deseaba venderla; el
otro iba a comprarla. Habían acordado la venta y que el contrato se haría con
conocimiento de 'Alí. Éste, el exponente de la ley de Dios, al dirigirse al
escribano dijo: "Escribe: 'Un muerto ha comprado a otro muerto una casa. Esa
casa está definida por cuatro límites. Uno se extiende hacia la tumba, el otro
hacia la bóveda de la sepultura, el tercero hacia el «irá y el cuarto hacia el
Paraíso o el Infierno'". Reflexiona, si estas dos almas hubieran sido vivificadas
por el llamado de trompeta de 'Alí, si se hubieran levantado de la tumba del
error por el poder de su amor, ciertamente no se habría pronunciado juicio de
muerte contra ellos.
En toda edad y siglo, el propósito de los Profetas de Dios y de sus escogidos
no ha sido sino afirmar el significado espiritual de los términos "vida",
"resurrección" y "juicio". Si uno considerara en su corazón, sólo por un mo-
mento, estas palabras de 'Alí, de seguro descubriría todos los misterios ocultos
en los términos "sepultura", "tumba", "«irá", "paraíso" e "infierno". Pero, ¡qué
raro y qué lamentable! He aquí que toda la gente está aprisionada en la tumba
del yo y yace enterrada en las más bajas profundidades del deseo mundano.
Si llegaras a lograr una gota de las cristalinas aguas del conocimiento divino,
fácilmente te darías cuenta de que la verdadera vida no es la vida de la carne,
sino la vida del espíritu. Pues la vida de la carne es común a hombres y
animales, mientras que la vida del espíritu la poseen solamente los puros de
corazón, quienes han bebido del océano de la fe y han probado el fruto de la
certeza. Esta vida no conoce muerte; y esta existencia está coronada por la
inmortalidad. Así se ha dicho: "Aquel que es un verdadero creyente vive en
este mundo y en el venidero". Si con "vida" se quiere indicar esta vida terrenal,
es evidente que la muerte necesariamente la alcanzará.
Del mismo modo, todas las escrituras dan testimonio de esta sublime verdad y
de esta exaltadísima palabra. Además, este versículo del Qur'án, revelado con
referencia a Æamzih, el "Príncipe de los Mártires"20, y a Abú-Jahl, es prueba
clara y seguro testimonio de la verdad de Nuestras palabras: "¿Acaso el
muerto, al cual hemos revivido y para quien hemos dispuesto una luz con la
que ande entre los hombres, será como aquel cuya semejanza se encuentra
en las tinieblas, de donde él no saldrá?"21 Este versículo descendió del cielo
de la Voluntad Primordial en un tiempo en que Æamzih ya había sido investido
con el sagrado manto de la fe, en tanto que Abú-Jahl se había vuelto
implacable en su oposición y descreimiento. Del Manantial de la omnipotencia
y la Fuente de eterna santidad llegó el juicio que confirió vida sempiterna a
Æamzih y sentenció a Abú-Jahl a la condenación eterna. Ésta fue la señal que
hizo arder con una llama abrasadora el fuego del descreimiento en el corazón
de los infieles, incitándoles a repudiar abiertamente Su verdad. Clamoreaban
ruidosamente: "¿Cuándo murió Æamzih? ¿Cuándo fue resucitado? ¿En qué
momento se le confirió tal vida?" Puesto que no entendieron el significado de
estas nobles palabras, ni buscaron aclaración entre los expositores
reconocidos de la Fe, a fin de que éstos les confirieren siquiera una gota del
Kawthar del conocimiento divino, por tanto esos fuegos de maldad fueron
encendidos entre los hombres.
Tú puedes presenciar hoy cómo, a pesar del brillante resplandor del Sol del
conocimiento divino, toda la gente, tanto elevados como humildes, se ha
aferrado a las prácticas de aquellas viles manifestaciones del Príncipe de las
Tinieblas. Continuamente recurren a su ayuda para desentrañar los aspectos
intrincados de su Fe; pero, debido a su falta de conocimiento, les dan
respuestas que en ningún caso pueden dañar su fama y fortuna. Es evidente
que estas almas, tan viles y miserables como un escarabajo, no han recibido
porción alguna de la almizclada brisa de la eternidad, ni han entrado jamás en
el Ri¤ván del deleite celestial. Por tanto, ¿cómo pueden transmitir a otros la
fragancia imperecedera de la santidad? Tal es su modo de ser, y siempre será
el mismo. Alcanzarán el conocimiento de la Palabra de Dios sólo aquellos que
se han vuelto hacia Él y han repudiado las Manifestaciones de Satanás. Así
Dios ha reafirmado la ley del día de Su Revelación y con la pluma del poder la
ha inscrito en la Tabla mística, oculta bajo el velo de la gloria celestial. Si
atendieras a estas palabras, si ponderases en tu corazón su significado
aparente y oculto, llegarías a comprender todos los abstrusos problemas que
en este día se han convertido en barreras insuperables que apartan a los
hombres del conocimiento del Día del Juicio. Entonces no albergarías más
preguntas que te dejen perplejo. Abrigamos la esperanza de que, Dios
mediante, no vayas a regresar, desprovisto y aun sediento, de las orillas del
océano de la misericordia divina, ni a retornar desahuciado del Santuario
imperecedero del deseo de tu corazón. Veamos ahora cuál será el resultado
de tu búsqueda y esfuerzos.
Recapitulando: Nuestro propósito al exponer estas verdades ha sido demostrar
la soberanía de Aquel Que es el Rey de reyes. Sé justo: ¿Es superior esta
soberanía, que ha manifestado tan vasta influencia, predominio y tremenda
majestad con la expresión de una sola Palabra, o lo es el dominio mundano de
estos reyes de la Tierra, quienes no obstante su solicitud para con sus
súbditos y su ayuda a los pobres, sólo cuentan con aparente y fugaz lealtad,
en tanto que no inspiran afecto ni respeto en los corazones de los hombres?
¿Acaso aquella soberanía, por la potencia de una palabra, no ha subyugado,
vivificado y reanimado a todo el mundo? ¡Cómo! ¿Puede compararse el
insignificante polvo con Aquel Que es el Señor de los señores? ¿Qué lengua
se atreve a expresar la inmensa diferencia que hay entre ellos? Es más,
ninguna comparación logra alcanzar el santificado santuario de Su soberanía.
Si el hombre reflexionara, seguramente comprendería que ¡aun el siervo de Su
umbral gobierna todo lo creado! Esto ya se ha presenciado y se hará
manifiesto en el futuro.
Éste no es sino uno de los significados de la soberanía espiritual que hemos
expuesto de acuerdo con la capacidad y receptividad de las gentes. Pues Él, el
Movedor de todos los seres, ese Semblante glorificado, es la fuente de
potencias tales que ni este Agraviado puede revelar, ni esta gente indigna
comprender. ¡Inmensamente exaltado es Él por encima de la alabanza que
hacen los hombres a Su soberanía, y glorificado más allá de lo que Le
atribuyen!
Y, ahora, medita esto en tu corazón: Si soberanía significara la soberanía
terrenal y el dominio mundano; si implicara la sujeción y lealtad externa de
todos los pueblos y razas de la Tierra -con arreglo a las cuales fuesen
enaltecidos Sus amados, pudiendo vivir en paz, y fuesen Sus enemigos
humillados y atormentados-, tal forma de soberanía no sería propia de Dios
mismo, la Fuente de todo dominio, Cuya majestad y poder testifican todas las
cosas. Por cuanto ¿no ves cómo se halla la mayoría de la humanidad bajo el
imperio de Sus enemigos? ¿Acaso no se han apartado todos del sendero de
Su complacencia? ¿No han hecho lo que Él ha prohibido y han dejado de
hacer aquello que Él ha ordenado; más aún, lo han repudiado y se han
opuesto a ello? ¿No han sido siempre Sus amigos las víctimas de la tiranía de
Sus enemigos? Todo esto es más evidente que el sol en su esplendor
meridiano.
Has de saber, oh buscador inquisitivo, que no es de ningún valor la soberanía
terrenal, ni lo será nunca, a los ojos de Dios y Sus elegidos. Por otra parte, si
se interpretara el ascendiente y dominio como supremacía terrenal y poder
temporal, cuán difícil te sería explicar estos versículos: "Y ciertamente Nuestra
hueste vencerá".22 "De buena gana apagarían la luz de Dios con sus bocas;
pero Dios ha determinado perfeccionar Su luz, aunque los infieles la
detesten".23 "Él es el Dominador, sobre todas las cosas". Del mismo modo, la
mayor parte del Qur'án da testimonio de esta verdad.
Si fueran ciertas las vanas argumentaciones de esas almas necias y
despreciables, no tendrían otra alternativa que rechazar todas estas santas
palabras y alusiones celestiales. Ya que no se encontraría en la Tierra
guerrero más excelente y cercano a Dios que Æusayn, hijo de 'Alí; tan
incomparable y sin igual era. "No había en el mundo quien le igualara o se
comparara con él". Sin embargo, habrás oído lo que le sucedió: "¡Que la
maldición de Dios caiga sobre el pueblo de la tiranía!"24
Si hubiera de interpretarse literalmente el versículo "Y ciertamente Nuestra
hueste vencerá", es claro que no sería de ningún modo aplicable a los
Elegidos de Dios y Sus huestes, por cuanto Æusayn, cuyo heroísmo era
manifiesto como el sol, fue vencido y subyugado, y libó por último el cáliz del
martirio en Karbilá, tierra de (r)aff. Y otro tanto cabe decir del sagrado
versículo "De buena gana apagarían la luz de Dios; pero Dios ha determinado
perfeccionar Su luz, aunque los infieles la detesten". Si éste hubiera de
interpretarse literalmente, jamás se correspondería con la verdad. Pues en
cada época la luz de Dios ha sido aparentemente extinguida por los pueblos
de la Tierra, y han sido apagadas por ellos las Lámparas de Dios. ¿Cómo
podría, entonces, explicarse el ascendiente y soberanía de estas Lámparas?
¿Qué podría significar la potencia de la voluntad de Dios para "perfeccionar Su
luz"? Como ya se ha visto, tan grande fue la enemistad de los infieles que
ninguna de estas Lumbreras divinas encontró jamás lugar donde refugiarse, ni
probó del cáliz de la tranquilidad. Fueron tan penosamente oprimidos, que
hasta el más pequeño de los hombres infligió lo que quiso a esas Esencias del
ser. Esos sufrimientos han sido observados y medidos por la gente. Luego
¿cómo puede gente así ser capaz de comprender y exponer estas palabras de
Dios, estos versículos de gloria sempiterna?
Mas el propósito de estos versículos no es el que han imaginado. Antes bien,
los términos "ascendiente", "po-der" y "autoridad" implican una posición y
significado totalmente diferentes. Por ejemplo, considera el poder penetrante
de aquellas gotas de la sangre de Æusayn que salpicaron la tierra. ¡Qué
ascendiente e influencia ha ejercido el propio polvo sobre los cuerpos y almas
de los hombres, por la santidad y potencia de esa sangre! Tanto es así, que
aquel que deseaba librarse de sus males, sanaba con sólo tocar el polvo de
ese santo suelo, y quienquiera que para proteger su propiedad guardase con
absoluta fe y entendimiento un poco de aquella sagrada tierra en su casa,
protegía todos sus bienes. Éstas son las manifestaciones externas de su
poder. Y si contáramos sus virtudes ocultas, dirían de seguro: "Él ciertamente
ha considerado al polvo como el Señor de los señores y ha abandonado por
completo la Fe de Dios".
Además, trae a la memoria las circunstancias vergonzosas que acompañaron
el martirio de Æusayn. Reflexiona sobre su soledad; cómo, aparentemente, no
hubo nadie que le ayudase; nadie que recogiera su cuerpo y lo sepultase. Sin
embargo, ¡mira cuán numerosos son en este día quienes, desde los rincones
más remotos de la Tierra, adoptan la indumentaria del peregrino y van en
busca del lugar de su martirio para tocar con su cabeza el umbral de su
sepulcro! ¡Tal es el ascendiente y poder de Dios! ¡Tal es la gloria de Su
dominio y majestad!
No pienses que porque estas cosas han ocurrido después del martirio de
Æusayn toda esa gloria no ha sido de ningún provecho para él. Por cuanto esa
alma santa es inmortal, vive la vida de Dios y habita en las moradas de la
gloria celestial en el Sadrih de la divina reunión. Esas Esencias del ser son los
luminosos Modelos del sacrificio. Han ofrecido y continuarán ofreciendo sus
vidas, sus bienes, sus almas, su espíritu, todo, en el sendero del Bienamado.
Ninguna posición, por muy exaltada que sea, puede ser más apreciada para
ellos. Pues los amantes no tienen otro deseo que la complacencia de su
Amado, ni otro fin salvo su reunión con Él.
Si deseáramos comunicarte un vislumbre de los misterios del martirio de
Æusayn y revelarte sus frutos, estas páginas no serían nunca suficientes ni
agotarían su significado. Es Nuestro deseo que, Dios mediante, sople la brisa
de la misericordia, y la Primavera divina adorne el árbol del ser con el manto
de nueva vida, de modo que podamos descubrir los misterios de la Sabiduría
divina y, mediante Su providencia, nos hagamos independientes del
conocimiento de todas las cosas. Hasta ahora apenas hemos visto un puñado
de almas, desprovistas de todo renombre, que han alcanzado esta posición. El
futuro mostrará lo que ordene el Juicio de Dios y revele el Tabernáculo de Su
decreto. De este modo te referimos las maravillas de la Causa de Dios y
vertemos en tus oídos los acordes de la melodía celestial, para que quizás
alcances la posición del verdadero conocimiento y pruebes de su fruto. Por
tanto, ten la certeza de que esas Lumbreras de majestad celestial, aunque su
habitación sea el polvo, su verdadera morada es la sede de la gloria en los
reinos de lo alto. Aunque están privados de todo el bien terrenal, vuelan por
los reinos de riquezas insondables. Y en tanto que sufren dolorosamente en
manos del enemigo, están sentados a la diestra del poder y del dominio
celestial. En la lobreguez de su humillación brilla sobre ellos la luz de la gloria
inmarcesible; y sobre su impotencia se vierten las señales de invencible
soberanía.
Tal es el caso de Jesús, Hijo de María, Quien sentado un día y hablando en el
tono del Espíritu Santo, pronunció palabras como éstas: "¡Oh pueblo! Mi
alimento es la hierba del campo, con la que sacio mi hambre. Mi lecho es el
polvo, mi lámpara en la noche es la luz de la luna, y mi corcel son mis propios
pies. Mirad, ¿quién es en la Tierra más rico que yo?" ¡Por la rectitud de Dios!
¡Miles de tesoros giran alrededor de esta pobreza, y miríadas de reinos de
gloria anhelan tal humillación! Si lograras alcanzar una gota del océano del
significado interior de estas palabras, de seguro abandonarías el mundo y todo
lo que hay en él y, como el Fénix, te consumirías en las llamas del Fuego
imperecedero.
Del mismo modo, se cuenta que cierto día uno de los compañeros de «ádiq se
quejó ante él de su pobreza. A lo que «ádiq, esa belleza inmortal, respondió:
"Ciertamente eres rico y has probado el trago de la riqueza". Esa alma afligida
por la pobreza quedó perpleja ante las palabras pronunciadas por aquel
luminoso semblante, y dijo: "¿Dónde están mis riquezas, yo que he menester
hasta de una moneda?" Sobre esto «ádiq observó: "¿No posees nuestro
amor?" Él contestó: "¡Sí, lo tengo, oh vástago del Profeta de Dios!" Luego,
«ádiq le preguntó: "¿Cambias este amor por mil dinares?" Y él respondió: "¡No;
jamás lo cam-biaré, aunque me dieren el mundo y todo lo que hay en él!"
Entonces señaló «ádiq: "¿Cómo puede llamarse pobre quien posee tal
tesoro?"
Esta pobreza y estas riquezas, esta humillación y gloria, este dominio, poder y
otras cosas parecidas, sobre las que tienen puestos sus ojos esas almas
vanas y necias, ¡todo esto en esa Corte se desvanece en la nada absoluta! Así
Él ha dicho: "¡Oh hombres! No sois sino mendigos que necesitan de Dios; mas
Dios es el rico, el Que Se basta a Sí mismo".25 "Riqueza" quiere decir, por
tanto, independencia de todo salvo de Dios, y "pobreza", la carencia de aque-
llo que es de Dios.
De modo semejante, trae a la memoria el día en que los judíos, habiendo
rodeado a Jesús, Hijo de María, insistían en que confesara Su pretensión de
ser el Mesías y Profeta de Dios, para declararle infiel y condenarle a muerte.
Entonces Lo condujeron, a Él Que era el Sol del cielo de la Revelación divina,
ante Pilatos y ante Caifás, que era el su-mo sacerdote de esa época. Los
principales sacerdotes estaban reunidos en el palacio, y también una multitud
de gente que se había congregado para presenciar Su dolor, mofarse de Él y
agraviarle. Aunque insistentemente Le interrogaban, esperando que confesara
Su pretensión, Jesús guardaba silencio y no hablaba. Por último, se levantó un
maldecido de Dios y, acercándose a Jesús, le conjuró diciendo: "¿Acaso tú no
has pretendido ser el Mesías divino? ¿Acaso no dijiste: 'Yo soy el Rey de los
reyes, Mi palabra es la Palabra de Dios, y Yo soy el quebrantador del día
Sábado?'" En seguida Jesús levantó la cabeza y dijo: "¿Es que no ves al Hijo
del Hombre sentado a la diestra de la fuerza y del poder?" Éstas fueron Sus
palabras; sin embargo, considera cómo aparentemente estaba Él desprovisto
de todo poder salvo de aquel poder interior que era de Dios y que había
envuelto a todo lo que hay en el cielo y en la tierra. ¿Cómo puedo referir lo que
Le aconteció después que pronunció esas palabras? ¿Cómo puedo describir la
oprobiosa conducta de éstos para con Él? Por fin acumularon tales aflicciones
sobre Su bendita Persona que emprendió vuelo hacia el cuarto Cielo.
También está escrito en el Evangelio según San Lucas que cierto día pasó
Jesús cerca de un judío enfermo de parálisis que estaba tendido en su camilla.
Cuando Le vio el judío, Le reconoció y clamó pidiendo Su ayuda. Jesús le dijo:
"Levántate de tu camilla; tus pecados te son perdonados". Algunos de los
judíos que estaban cerca protestaron diciendo: "¿Quién puede perdonar los
pecados sino Dios?" Conociendo de inmediato Jesús sus pensamientos,
respondió y les dijo: "¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Levántate, toma tu
camilla y anda', o decirle: 'Tus pecados te son perdonados', para que sepáis
que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados?"26
¡Ésta es la verdadera soberanía y tal es el poder de los Elegidos de Dios!
Todo esto que hemos mencionado repetidamente, y los detalles que hemos
citado de diversas fuentes, no tienen otro propósito que el de permitirte
comprender el significado de las alusiones contenidas en las palabras de los
Elegidos de Dios, no sea que algunas de esas palabras hagan vacilar tus pies
y turben tu corazón.
Así, con paso firme hollemos el Sendero de la certeza, para que, quizás, la
brisa que sopla de los prados de la complacencia de Dios nos traiga los
fragantes aromas de la aceptación divina y nos haga a nosotros, fugaces
mortales, alcanzar el Reino de gloria sempiterna. Entonces comprenderás el
significado interior de soberanía y otras cosas semejantes de que se habla en
las tradiciones y escrituras. Además, te es claro y conocido que aquello a que
se han aferrado los judíos y cristianos, y los reparos que acumularon sobre la
Belleza de Mu¥ammad, eso mismo ha sido sostenido en este día por el pueblo
del Qur'án, y se ha visto en sus denuncias contra el "Punto del Bayán" ¡que las
almas de todos los que habitan en el reino de las Revelaciones divinas sean
sacrificadas por Él! Mira su desatino: ¡pronuncian exactamente las mismas
palabras que pronunciaron los judíos del pasado, y no se dan cuenta! Cuán
acertadas y verdaderas son Sus palabras referentes a ellos: "¡Déjalos que se
entretengan con sus cavilaciones!"27 "Por Tu vida, ¡oh Mu¥ammad!, están
poseídos por el delirio de sus vanas fantasías".28
Cuando el Invisible, el Eterno, la divina Esencia, hizo que despuntara el Sol de
Mu¥ammad sobre el horizonte del conocimiento, entre los reparos que contra
Él pusieron los sacerdotes judíos estaba que después de Moisés ningún
Profeta sería enviado por Dios. Ciertamente, se ha hecho mención en las
escrituras de un Ser que debía necesariamente manifestarse, Quien
promovería la Fe de Moisés y fomentaría los intereses de Su pueblo, de modo
que la Ley de la Dispensación de Moisés abarcase a toda la Tierra. Así se ha
referido en Su Libro el Rey de gloria sempiterna a las palabras pronunciadas
por esos vagabundos del valle del alejamiento y el error: "Dicen los judíos: 'La
mano de Dios está encadenada'. ¡Encadenadas estén sus propias manos! Y
fueron maldecidos por lo que dijeron. Más bien, ¡exten-didas están Sus dos
manos!"29 "La mano de Dios está por encima de sus manos".30
Aunque de diversas maneras han relatado los comentaristas del Qur'án las
circunstancias que rodearon la revelación de este versículo, con todo debieras
esforzarte por comprender su propósito. Él dice: ¡Cuán falso es lo que los
judíos han imaginado! ¿Cómo puede la mano de Aquel Que en verdad es el
Rey, Quien hizo que se revelara el semblante de Moisés y Le confirió el manto
de Profeta; cómo puede estar encadenada y trabada con grillos la mano de
semejante Ser? ¿Cómo puede imaginársele incapaz de enviar a otro
Mensajero después de Moisés? ¡Mira lo absurdo de su afirmación; cuán lejos
se han apartado del sendero del conocimiento y la comprensión! Observa
cómo también en este día, todo este pueblo se ha ocupado con tan absurdos
disparates. ¡Durante más de mil años han estado recitando este versículo y
censurando, sin saberlo, a los judíos, ignorando totalmente que ellos mismos,
abierta y secretamente, expresan los sentimientos y creencias del pueblo
judío! Seguramente estás informado de su vana aseveración según la cual ha
concluido toda Revelación, se han cerrado los portones de la misericordia
Divina, no surgirá de nuevo el sol de entre las auroras de santidad eterna, se
ha acallado para siempre el Océano de la munificencia sempiterna y han
cesado de aparecer los Mensajeros de Dios desde el Tabernáculo de antigua
gloria. Tal es el grado de comprensión de esta gente despreciable y de miras
estrechas. Esta gente ha imaginado que el flujo de la gracia de Dios, que todo
lo abarca, y Sus abundantes favores, cuya interrupción ninguna mente puede
concebir, se han detenido. De todos lados se han alzado aparejando los arreos
de la tiranía, y han hecho los mayores esfuerzos para apagar, con las amargas
aguas de su vana fantasía, la llama de la Zarza ardiente de Dios, olvidando
que la mampara del poder protegerá dentro de su poderosa fortaleza a la
Lámpara de Dios. La completa miseria en que ha caído la gente de seguro les
basta, por cuanto han sido privados del reconocimiento del Propósito
fundamental y del conocimiento del Misterio y Esencia de la Causa de Dios.
Pues la suprema y más excelsa gracia conferida a los hombres es la de "llegar
a la presencia de Dios" y reconocerle, que ha sido prometida a todos. Éste es
el más alto grado de gracia concedido al hombre por el Todomunífico, el
Antiguo de los Días, y es la plenitud de Su incondicional generosidad hacia
Sus criaturas. De esta gracia y generosidad no ha participado nadie de entre
esta gente, ni han sido honrados con esta muy exaltada distinción. ¡Cuán
numerosos son los versículos revelados que dan testimonio explícito de esta
importantísima verdad y exaltado Tema! Y, sin embargo, la han rechazado y,
según su propio deseo, han desvirtuado su significado. Así, Él ha revelado:
"En cuanto a quienes no creen en los signos de Dios, ni en que alguna vez Le
encontrarán, ésos perderán toda esperanza de Mi misericordia, y les espera
un castigo doloroso".31 También Él dice: "Quienes tienen en cuenta que
llegarán a la Presencia de su Señor, y que a Él volverán."32 También dice en
otro lugar: "Quienes tenían por cierto que habían de encontrarse con Dios,
dijeron: '¡Cuántas veces, con el permiso de Dios, una hueste pequeña aplastó
a una hueste numerosa!'"33 Y en otro lugar revela: "Entonces, quien espera
llegar a la presencia de su Señor, que haga una obra justa."34 Y también dice:
"Él dispone de todas las cosas. Hace sus signos claros, para que tengáis fe
firme en que llegaréis a la presencia de vuestro Señor".35
Esta gente ha repudiado todos estos versículos, que inequívocamente
atestiguan la realidad de "llegar a la divina Presencia". Ningún tema ha sido
más enfáticamente afirmado en las sagradas escrituras. No obstante, se han
privado de este elevado y exaltadísimo rango, de esta suprema y gloriosa
posición. Algunos han sostenido que "llegar a la Divina Presencia" indica la
"Revelación" de Dios en el Día de la Resurrección. Si afirmamos que la
"Revelación" de Dios significa "Revelación Universal", es claro y evidente que
tal revelación existe ya en todas las cosas. La verdad de esto ya la hemos
dejado establecida, en cuanto que hemos demostrado que todas las cosas son
los recipientes y reveladores del resplandor de ese Rey ideal, y que existen y
están manifiestos en los espejos de los seres los signos de la revelación de
ese Sol, Fuente de todo esplendor. Es más, si el hombre mirara con el ojo del
discernimiento divino y espiritual, fácilmente admitiría que absolutamente nada
puede existir sin la revelación del esplendor de Dios, el Rey ideal. Considera
cómo todas las cosas creadas atestiguan elocuentemente la revelación de esa
Luz interior que hay dentro de ellas. Mira cómo dentro de todas las cosas
están abiertos los portales del Ri¤ván de Dios, para que los buscadores
alcancen las ciudades del entendimiento y sabiduría y entren en los jardines
del conocimiento y poder. Dentro de cada jardín contemplarán a la novia
mística del conocimiento interior, guardada en los aposentos de la prolación,
llena de gracia y adornada con sus mejores galas. La mayor parte de los
versículos del Qur'án señalan este asunto espiritual y dan testimonio de él. El
versículo "Ni hay cosa alguna que no celebre Su alabanza"36 es testimonio
elocuente de ello; y "contamos todas las cosas y las anotamos"37, lo atestigua
fielmente. Ahora bien, si "llegar a la Presencia de Dios" quiere decir llegar al
conocimiento de tal revelación, es evidente que todos los hombres ya han
llegado a la presencia del Semblante inmutable de ese Rey sin igual. ¿Por
qué, entonces, restringir tal revelación al Día de la Resurrección?
Y si afirmaran que "Presencia divina" quiere decir la "Revelación Específica de
Dios", expresada por ciertos súfíes como la "Más Santa Efusión", si está esto
en la Esencia misma, es evidente que ha estado eternamente en el
Conocimiento divino. Suponiendo que esta hipótesis sea cierta, obviamente
"llegar a la Presencia divina" en este sentido no está al alcance de nadie, ya
que esta revelación está limitada a la Esencia más íntima, a la que ningún
hombre puede llegar. "El camino está obstruido y es rechazada toda
búsqueda". Las mentes de los predilectos del cielo, por muy alto que se
eleven, jamás alcanzarán esta posición, cuánto menos podrá el entendimiento
de mentes oscuras y limitadas.
Y si dijeren que "Presencia divina" quiere decir la "Re-velación Secundaria de
Dios", interpretada como la "Santa Efusión", esto es claramente aplicable al
mundo de la creación, es decir, en el reino de la manifestación primordial y
original de Dios. Tal revelación se circunscribe a Sus Profetas y Elegidos, por
cuanto nadie más poderoso que ellos ha llegado a existir en el mundo del ser.
Todos reconocen esta verdad y dan testimonio de ella. Estos Profetas y
Elegidos de Dios son los recipientes y reveladores de todos los atributos
inalterables y nombres de Dios. Son los espejos que veraz y fielmente reflejan
la luz de Dios. Todo cuanto es aplicable a ellos es en realidad aplicable a Dios
mismo, Quien es el Visible y el Invisible. Es imposible conocer y llegar a Aquel
Que es el Origen de todas las cosas, si no es conociendo y llegando a esos
luminosos Seres que proceden del Sol de la verdad. Por tanto, al llegar a la
presencia de esas santas Lumbreras, se llega a la "Presencia de Dios" mismo.
A través de su conocimiento se revela el conocimiento de Dios, y a través de la
luz de su semblante se manifiesta el resplandor de la Faz de Dios. Mediante
los múltiples atributos de estas Esencias del Desprendimiento, que son el
primero y el último, el visible y el oculto, se hace evidente que Aquel Que es el
Sol de la Verdad es "el Primero y el Último, el Visible y el Oculto."38 Lo mismo
vale para los otros sublimes nombres y exaltados atributos de Dios. Por tanto,
todo aquel que, en cualquier Dispensación, haya reconocido y llegado a la
presencia de estas Lumbreras sublimes, resplandecientes y gloriosas,
ciertamente ha llegado a la "Presencia de Dios" mismo y ha entrado en la
ciudad de vida inmortal y eterna. Llegar a esa presencia sólo es posible en el
Día de la Resurrección, que es el Día de la aparición de Dios mismo a través
de Su Revelación que todo lo abarca.
Éste es el significado del "Día de la Resurrección", del que se habla en todas
las escrituras y que se ha anunciado a todo pueblo. Reflexiona: ¿Puede
concebirse día más precioso, de más poder y gloria que éste, para que el
hombre voluntariamente renuncie a su gracia y se prive de sus dones, los
cuales como lluvias de primavera se vierten sobre la humanidad desde el cielo
de la misericordia? Estando así demostrado de forma concluyente que ningún
día es más grande que este Día y que ninguna revelación es más gloriosa que
esta Revelación, y estando expuestas todas estas poderosas e infalibles
pruebas que ninguna mente de entendimiento puede poner en duda, ni hombre
de erudición pasar por alto, ¿cómo es posible que, debido a las vanas
argumentaciones del pueblo de la duda y la fantasía, se prive el hombre de tan
generoso favor? ¿Acaso no han oído la conocida tradición: "Cuando aparece
el Qá'im, ese día es el Día de la Resurrección"? De igual modo, los imanes,
esas inextinguibles luces de guía divina, han interpretado el versículo: "¿Qué
puede esa gente esperar sino que Dios baje a ellos en la sombra de las
nubes?"39 -signo que han considerado como una de las características del Día
de la Resurrección-, refiriéndolo al Qá'im y Su manifestación.
Por tanto, oh mi hermano, esfuérzate por comprender el significado de
"Resurrección" y purifica tu oído de las ociosas palabras de esa gente
recusable. Si pusieras pie en el reino del completo desprendimiento,
atestiguarías fácilmente que no hay día más poderoso que este Día y que no
puede concebirse resurrección más tremenda que esta Resurrección. Una
buena obra realizada en este Día es equivalente a todos los actos virtuosos
que durante miríadas de siglos han practicado los hombres; es más, ¡pedimos
perdón a Dios por semejante comparación! Pues en verdad la recompensa que
merece tal acto está mucho más allá y muy por encima de la apreciación de los
hombres. Puesto que estas almas miserables y sin discernimiento no
comprendieron el verdadero significado de "Resurrección" y de "llegar a la
presencia divina", han quedado totalmente desposeídas de su gracia. Aun
cuando el propósito único y fundamental de todo conocimiento, con todos sus
pesares y afanes, consiste en lograr y reconocer esta posición, no obstante
están sumergidas en la prosecución de sus estudios materiales. No se
permiten un momento de asueto ¡e ignoran totalmente a Aquel Que es la
Esencia de todo saber y el único Objeto de su búsqueda! Tal me parece que
sus labios nunca hayan tocado el cáliz del Conocimiento divino, ni acaso
hayan alcanzado tan siquiera una gotita de las lluvias de la gracia celestial.
Considera: ¿cómo puede aquel que en el día de la Revelación de Dios no
logra la gracia de la "Presencia Divina", ni reconoce a Su Manifestación,
llamarse con justicia sabio, aunque haya dedicado siglos al estudio del
conocimiento y adquirido todo el limitado saber material de los hombres? Es
sin duda evidente que de ningún modo se puede afirmar que posea el
verdadero conocimiento. En tanto que el más iletrado de todos los hombres, si
es honrado con esta suprema distinción, es verdaderamente tenido por uno de
esos hombres divinamente sabios, cuyo conocimiento es de Dios; ya que tal
hombre ha llegado a la cumbre del conocimiento y ha alcanzado la más
elevada cima del saber.
Esta posición también es uno de los signos del Día de la Revelación. Así, se
dice: "Los humillados entre vosotros, Él los encumbrará; y a los encumbrados,
Él los humillará". Asimismo, Él ha revelado en el Qur'án: "Deseamos demostrar
favor a los que fueron degradados en la tierra, y hacerles jefes espirituales
entre los hombres, y hacerles Nuestros herederos".40 Se ha presenciado en
este día cuántos de entre los sacerdotes, debido a que rechazaron la Verdad,
han caído y habitan en las últimas profundidades de la ignorancia, y sus
nombres han sido borrados de la lista de los gloriosos y los sabios. Y cuántos
de entre los ignorantes, a causa de que aceptaron la Fe, se han remontado y
han alcanzado la alta cima del conocimiento, y sus nombres han sido inscritos
en la Tabla del Conocimiento divino por la Pluma del Poder. Así: "Lo que
quiera, Dios lo abrogará o lo confirmará, pues junto a Él está la Fuente de la
Revelación".41 Por eso se ha dicho: "Buscar pruebas cuando la Prueba ha
sido establecida, es un acto indecoroso; y ocuparse en adquirir conocimiento
cuando se ha alcanzado el Objeto de todo saber, es realmente censurable". Di:
¡Oh pueblo de la Tierra! Mirad a este llameante Joven que atraviesa veloz las
profundidades sin límites del Espíritu y os anuncia estas buenas nuevas: "He
aquí que la Lámpara de Dios está brillando" y os emplaza a estar atentos a Su
Causa, la cual, aunque oculta en los velos de antiguo esplendor, brilla en la
tierra de 'Iráq sobre la aurora de eterna santidad.
Oh mi amigo: si explorase el pájaro de tu mente los cielos de la Revelación del
Qur'án, si contemplara desplegado dentro de él el reino del conocimiento
divino, ciertamente encontrarías abiertas ante ti innumerables puertas del
conocimiento. Con seguridad reconocerías que todas estas cosas que en este
día han impedido a estos hombres alcanzar las orillas del océano de la gracia
eterna, las mismas, en la Dispensación de Mu¥ammad, impidieron a la gente
de aquella época reconocer a esa Lumbrera divina y atestiguar Su verdad.
También comprenderías los misterios del "regreso" y la "revelación", y
habitarías seguro en los más elevados aposentos de la certeza y la confianza.
Aconteció que, cierto día, varios de entre los opositores de esa incomparable
Belleza, aquellos que se habían apartado lejos del Santuario imperecedero de
Dios, desdeñosamente dirigieron a Mu¥ammad estas palabras: "En verdad,
Dios ha celebrado un convenio con nosotros: que no demos fe a un apóstol
hasta que nos ofrezca un sacrificio que lo devore el fuego del cielo".42 El
significado de este versículo es que Dios convino con ellos que no creyesen
en ningún mensajero a menos que obrase el milagro de Abel y Caín, es decir,
que ofreciese un sacrificio, y lo consumiese el fuego del cielo; así como lo
habían oído referir en la historia de Abel, la cual está consignada en las
escrituras. Respondiendo a esto, Mu¥ammad dijo: "Ya vinieron a vosotros
Apóstoles antes que yo, con testimonios seguros y con aquello que habláis.
¿Por qué, entonces, los matasteis? Decídmelo, si sois veraces".43 Ahora bien,
sé justo: ¿Cómo es posible que aquella gente que vivió en los días de Mu-
¥ammad hubiese existido en la época de Adán o de otros Profetas, miles de
años antes? ¿Por qué Mu¥ammad, esa Esencia de la veracidad, habría de
acusar al pueblo de Su época del asesinato de Abel o de otros Profetas? No te
queda más alternativa que considerar a Mu¥ammad un impostor o un necio -
¡no lo quiera Dios!-, o bien sostener que esa gente perversa fue la misma
gente que en toda época se enfrentó y puso reparos a los Profetas y
Mensajeros de Dios, hasta hacerles a todos sufrir finalmente el martirio.
Pondera esto en tu corazón, para que las perfumadas brisas del conocimiento
divino, que soplan de los prados de la misericordia, te traigan la fragancia de
las palabras del Amado y permitan que tu alma alcance el Ri¤ván del
entendimiento. Ya que en cada época los negligentes no han logrado
desentrañar el sentido profundo de estas importantes palabras llenas de
significado, imaginando que la respuesta de los Profetas de Dios no se
correspondía con las preguntas que les han formulado, por tanto les han
imputado ignorancia e insensatez a esas Esencias del conocimiento y
comprensión.
Asimismo, en otro versículo Mu¥ammad manifiesta Su protesta contra el
pueblo de esa época. Dice: "Aunque antes habían suplicado la victoria sobre
los que no creían, cuando vino a ellos Aquel de Quien tenían conocimiento, no
creyeron en Él. ¡Que la maldición de Dios caiga sobre los infieles!"44
Reflexiona cómo este versículo también da a entender que la gente que vivió
en los días de Mu¥ammad fue la misma que en los días de los Profetas de
antaño disputó y luchó para promover la Fe de Dios y enseñar Su Causa. Sin
embargo, ¿cómo podrían considerarse de hecho como un mismo pueblo las
generaciones que vivieron en el tiempo de Jesús y Moisés, y las que vivieron
en la época de Mu¥ammad? Por otra parte, aquellos a quienes habían
conocido antes eran Moisés, Revelador del Pentateuco, y Jesús, Autor del
Evangelio. No obstante, ¿por qué dijo Mu-¥ammad: "Cuando vino a ellos Aquel
de Quien tenían conocimiento" -es decir, Jesús o Moisés- "no creyeron en Él"?
¿Acaso Mu¥ammad no llevaba aparentemente otro nombre? ¿No había salido
de una ciudad diferente? ¿No habla-ba otra lengua? ¿Y no reveló una Ley
diferente? Entonces, ¿cómo se puede demostrar la verdad de este versículo y
poner en claro su significado?
Por tanto, esfuérzate por comprender el significado de "vuelta", que
explícitamente se ha revelado en el propio Qur'án y que hasta ahora nadie ha
comprendido. ¿Qué dices tú? Si dices que Mu¥ammad era la "vuelta" de los
Profetas de antaño, como lo testifica ese versículo, Sus compañeros deben ser
asimismo la "vuelta" de los antiguos Compañeros, así como la "vuelta" de la
antigua gente es atestiguada claramente por el texto de los versículos antes
mencionados. Si niegas esto, has repudiado ciertamente la verdad del Qur'án,
que es el testimonio más seguro de Dios para los hombres. De igual manera,
procura comprender el significado de la "vuelta", "revelación" y "resurrección",
que se han presenciado en los días de las Manifestaciones de la Esencia
divina, para que contemples con tus propios ojos la "vuelta" de las almas
santas en cuerpos santificados y luminosos, y barras el polvo de la ignorancia,
y purifiques el ensombrecido yo con las aguas de la misericordia que proceden
de la Fuente del Conocimiento divino, para que quizás, mediante el poder de
Dios y la luz de la guía divina, distingas el Amanecer del esplendor eterno, de
la oscura noche del error.
Además, te es claro que los Portadores del depósito de Dios son revelados a
los pueblos de la Tierra como los Exponentes de una nueva Causa y los
Portadores de un nuevo Mensaje. Ya que esas Aves del Trono Celestial son
todas enviadas del cielo de la Voluntad de Dios, y puesto que todas surgen
para proclamar su irresistible Fe, son por tanto consideradas como un alma y
una misma persona. Pues todas beben del mismo Cáliz del Amor de Dios y
todas participan del fruto del mismo Árbol de la Unicidad. Cada una de estas
Manifestaciones de Dios tiene una doble posición. Una es la posición de
abstracción pura y unidad esencial. Por lo que se refiere a esto, si tú las llamas
a todas por un solo nombre y les asignas el mismo atributo, no te desvías de la
verdad. Como Él ha revelado: "¡No hacemos distinción entre ninguno de Sus
Mensajeros!"45 Pues todos y cada uno de ellos llaman a la gente de la Tierra
a reconocer la Unidad de Dios, y les dan las buenas nuevas del Kawthar de
gracia y munificencia infinitas. Todos son investidos con el manto de Profeta y
han sido honrados con la vestidura de la gloria. Así, Mu¥ammad, el Punto del
Qur'án, ha revelado: "Yo soy todos los Profetas". Asimismo, dice: "Soy el
primer Adán, Noé, Moisés y Jesús". Declaraciones semejantes hizo 'Alí.
También palabras como éstas, que indican la unidad esencial de aquellos
Exponentes de la Unidad, han brotado de los Canales de la prolación inmortal
de Dios y de los Tesoros de las joyas del conocimiento divino, y han sido
consignadas en las escrituras. Esos Semblantes son los recipientes del
Mandato Divino y las auroras de Su Revelación. Esa Revelación está exaltada
por encima de los velos de pluralidad y de las exigencias de número. Así, Él
dice: "Nuestra Causa no es sino una".46 Como la Causa es una y la misma,
sus Exponentes también deben ser necesariamente uno y el mismo. Asimismo,
los imanes de la Fe de Mu¥ammad, esas lámparas de la certeza, han dicho:
"Mu¥ammad es nuestro primero, Mu¥ammad nuestro último, Mu¥ammad es
todo lo que tenemos".
Te es claro y evidente que todos los Profetas son los Templos de la Causa de
Dios, Quienes han aparecido ataviados con diversas vestiduras. Si observaras
con ojo perspicaz, les verías habitando en el mismo tabernáculo, volando en el
mismo cielo, sentados en el mismo trono, pronunciando las mismas palabras,
proclamando la misma Fe. Tal es la unidad de esas Esencias del ser, de esas
Lumbreras de esplendor inmenso e infinito. Por tanto, si una de esas
Manifestaciones de la Santidad proclamara: "Yo soy la vuelta de todos los
Profetas", ciertamente dice la verdad. Del mismo modo, es un hecho que cada
Revelación subsiguiente es la vuelta de la Revelación anterior; esta verdad
está firmemente demostrada. Ya que se ha comprobado de forma concluyente
la vuelta de los Profetas de Dios, atestiguada por versículos y tradiciones,
asimismo queda definitivamente probada la vuelta de sus elegidos. Esta vuelta
es por sí misma bastante clara como para que requiera prueba o
demostración. Por ejemplo, considera que entre los Profetas estaba Noé. Al
ser investido con el manto del Profeta y movido por el Espíritu de Dios para
que apareciese y proclamase Su Causa, quienquiera que creía en Él y
reconocía su Fe, era dotado con la gracia de nueva vida. Se podía decir de él
que en verdad había renacido y vuelto a vivir, ya que, antes de creer en Dios y
aceptar su Manifestación, había puesto sus afectos en cosas del mundo tales
como apego a los bienes terrenales, a la esposa, a los hijos, a la comida y
bebida, y a cosas semejantes; tan es así que de día y de noche su única
preocupación había sido amasar riquezas y procurarse los medios para sus
diversiones y placeres. Además de esto, antes de beber las aguas vivificantes
de la fe había estado tan amarrado a las tradiciones de sus antepasados y tan
apasionadamente dedicado a la observancia de sus costumbres y leyes, que
hubiese preferido morir antes de violar una sola letra de los usos y prácticas
supersticiosas corrientes entre su pueblo. Tal como la gente exclamó: "En
verdad, encontramos a nuestros padres con una fe y, en verdad, seguimos sus
pasos"47.
Esa misma gente, aunque envuelta por todos esos velos de limitación y
atenazada por tales observancias, tan pronto como bebió del cáliz de la
certeza el sorbo inmortal de manos de la Manifestación del Todoglorioso, era
transmutada de tal manera que por Su amor renunciaba a sus familias, sus
bienes, sus vidas, sus creencias; es más, ¡renunciaba a todo excepto a Dios!
Era tan irresistible su anhelo de Dios y tan elevados sus raptos de gozoso
éxtasis, que ante sus ojos desaparecía completamente el mundo y todo lo que
hay en él. ¿No ha ejemplificado esa gente los misterios del "renacimiento" y la
"vuelta"? ¿No se ha visto que esa misma gente, antes de ser dotada con la
nueva y maravillosa gracia de Dios, trataba por todos los medios de asegurar
la protección de su vida contra la destrucción? ¿No les llenaba de espanto una
espina y huían al ver un zorro? ¡Mas una vez que eran honrados con la
distinción suprema de Dios y se les había concedido Su generosa gracia de
poder hacerlo, sacrificaban de buen grado diez mil vidas en Su sendero! Aún
más, sus benditas almas, desdeñando la jaula de sus cuerpos, anhelaban la
liberación. ¡Un solo guerrero de esa hueste se enfrentaba y combatía a toda
una multitud! Y, sin embargo, a no ser por la transformación efectuada en sus
vidas, ¿cómo hubiesen podido manifestar hechos que son contrarios a las
costumbres de los hombres e incompatibles con sus deseos mundanos?
Es evidente que nada salvo esta transformación mística podía manifestar en el
mundo del ser semejante espíritu y conducta, del todo diferentes a sus
costumbres y hábitos anteriores. Pues su agitación se convirtió en paz; su
duda, en certeza; su timidez, en valentía: ¡Tal es la fuerza del Elixir Divino que,
rápido como un abrir y cerrar de ojos, transmuta las almas de los hombres!
Por ejemplo, considera la sustancia del cobre. Si en su propia mina se le
resguardara de la solidificación, al cabo de setenta años llegaría el estado de
oro. Sin embargo, hay quienes afirman que el cobre mismo es oro, que al
solidificarse está en condición enferma y, por tanto, no ha alcanzado su propio
estado.
Sea como fuere, el verdadero elixir hará que en un instante la sustancia del
cobre alcance el estado de oro, y atraviese en un suspiro la etapa de setenta
años. ¿Podría llamarse cobre a ese oro? ¿Podría sostenerse que no ha
alcanzado el estado de oro, cuando está a mano la piedra de toque para
ensayarlo y distinguirlo del cobre?
Asimismo, mediante el poder del Elixir Divino, estas almas, en un abrir y cerrar
de ojos, atraviesan el mundo del polvo, entrando en el reino de santidad; y de
un paso recorren la tierra de las limitaciones, alcanzando los dominios del
Irrestringido. Te incumbe hacer todo tu esfuerzo para lograr ese Elixir que, de
un soplo fugaz, hace que el occidente de la ignorancia llegue hasta el oriente
del conocimiento; ilumina las tinieblas de la noche con el resplandor del
amanecer; guía al extraviado del desierto de la duda hacia el manantial de la
Presencia Divina y la Fuente de la certeza, confiriendo a las almas mortales el
honor de ser aceptadas en el Ri¤ván de la inmortalidad. Ahora bien, si se
considera que aquel oro es cobre, también podría considerarse que esa gente
es la misma que antes de haber sido dotada de fe.
¡Oh hermano! He aquí que, mediante estas palabras concluyentes,
indiscutibles y del todo suficientes, se han descubierto y desentrañado ante tus
ojos los misterios interiores del "renacimiento", de la "vuelta" y de la "resu-
rrección". Dios quiera que por medio de Su ayuda benévola e invisible
despojes tu cuerpo y alma de su antigua vestimenta y te cubras con el atavío
nuevo e imperecedero.
Por tanto, en toda subsiguiente Dispensación, quienes precedieron al resto de
la humanidad en abrazar la Fe de Dios, y libaron de manos de la divina
Belleza las cristalinas aguas del conocimiento, llegando a las elevadas
cumbres de la fe y certeza, ésos pueden ser considerados de nombre,
realidad, hechos, palabras y rango como la "vuelta" de quienes habían logrado
distinciones parecidas en una Dispensación anterior. Pues todo lo que
manifestó la gente de una Dispensación anterior, eso mismo lo ha demostrado
la gente de esa última generación. Considera la rosa: ya sea que florezca en el
Oriente o en el Occidente, es sin embargo una rosa. Pues lo que importa en
este sentido no es el aspecto y la forma externa de la rosa sino más bien el
perfume y la fragancia que despide.
Por consiguiente, purifica tu vista de toda limitación terrenal, para que veas en
todos a los portadores de un solo Nombre, los exponentes de una sola Causa,
las manifestaciones de un solo Ser y los reveladores de una sola Verdad, y
para que comprendas la "vuelta" mística de las Palabras de Dios, según lo
revelan estas aseveraciones. Reflexiona un momento sobre el comportamiento
de los compañeros en la Dispensación de Mu¥ammad. Considera cómo,
mediante el aliento vivificador de Mu¥ammad, fueron purificados de la
contaminación de vanidades terrenales, liberados de deseos egoístas y
separados de todo menos de Él. Mira cómo precedieron a todos los pueblos de
la Tierra en llegar a Su santa presencia -la Presencia de Dios mismo-, cómo
renunciaron al mundo y a todo cuanto hay en él y sacrificaron libre y
alegremente sus vidas a los pies de esa Manifestación del Todoglorioso. Y,
ahora, observa la "vuelta" de ese mismo empeño, esa misma constancia y
renuncia que han manifestado los compañeros del Punto del Bayán.48 Has
presenciado cómo, mediante las maravillas de la gracia del Señor de los
señores, enarbolaron los estandartes de la sublime renunciación en las
inaccesibles alturas de la gloria. Estas Luces provienen de una sola Fuente, y
estos frutos son los frutos de un mismo Árbol. No podrás percibir diferencia ni
distinción alguna entre ellos. ¡Todo esto llega a ser por la gracia de Dios! A
quien es Su voluntad, confiere Él Su gracia. Dios quiera que, evitando la tierra
de la negación, entremos en el océano de la aceptación, para que con un ojo
purgado de elementos antagónicos percibamos los mundos de la unidad y
diversidad, de la variación y unicidad, de la limitación y desprendimiento, y
levantemos el vuelo hacia el más alto e íntimo santuario del significado oculto
de la Palabra de Dios.
A partir de estas declaraciones ha quedado, por tanto, claro y manifiesto que si
en el "Fin que no conoce fin" se manifestara un Alma que se levantase a
proclamar y defender una Causa que otra Alma ha proclamado y defendido en
el "Principio que no tiene principio", se puede efectivamente afirmar que Aquel
que es el Último y Aquel que fue el Primero son uno y el mismo, por cuanto
ambos son Exponentes de una misma Causa. Por esta razón, el Punto del
Bayán -¡que la vida de todos, menos de Él, sea Su sacrificio!- ha comparado a
las Manifestaciones de Dios con el sol que, si bien sale desde el "Principio que
no tiene principio" hasta el "Fin que no conoce fin", es sin embargo el mismo
sol. Ahora bien, si dijeras que este sol es el sol anterior, dirías la verdad; y si
dijeras que este sol es la "vuelta" de aquél, también habrías dicho la verdad.
Asimismo, queda bien claro con esta afirmación que el término "último" es
predicable del "primero", y el término "pri-mero" predicable del "último", puesto
que tanto el "prime-ro" como el "último" han aparecido para proclamar la mis-
ma Fe.
A pesar de que este tema es evidente a los ojos de quienes han bebido el vino
del conocimiento y la certeza, ¡cuántos son los que, por no haber comprendido
su significado, permitieron que el término "Sello de los Profetas" oscureciera
su entendimiento y les privase de la gracia de todos Sus numerosos dones!
¿No declaró Mu¥ammad mis-mo: "Yo soy todos los Profetas"? ¿No ha dicho,
como ya hemos mencionado: "Soy Adán, Noé, Moisés y Jesús"? ¿Por qué
Mu¥ammad, esa Belleza inmortal, Quien ha dicho "Soy el primer Adán", ha de
ser incapaz de decir también "Soy el último Adán"? Pues así como Él se
consideraba a Sí mismo el "Primero de los Profetas" -es decir, Adán- del
mismo modo es aplicable el título "Sello de los Profetas" a aquella Divina
Belleza. Es sin duda obvio que, al ser el "Primero de los Profetas", es Él
también su "Sello".
El misterio de este tema ha sido en esta Dispensación una dura prueba para
toda la humanidad. Mira cuántos son los que, aferrándose a estas palabras, no
han creído en Aquel Que es su verdadero Revelador. Nuestra pregunta es:
¿Qué supone esta gente al referirse a Dios -¡glorificado sea Su nombre!- que
significan los términos "primero" y "último"? Si afirman que tales términos
hacen referencia a este universo material, ¿cómo ha de ser posible, cuando
manifiestamente el orden visible de las cosas todavía existe? Antes bien, en
este caso, "primero" no quiere decir otra cosa que "último", y "último" nada más
que "prime-ro".
Así como en el "Principio que no tiene principio" es verdaderamente atribuible
el término "último" a Aquel Que es el Educador de lo visible y lo invisible, del
mismo modo son aplicables a Sus Manifestaciones los términos "primero" y
"último", Quienes son, a la vez, los Exponentes del "primero" y del "último".
Mientras que están establecidos en la sede del "primero", ocupan el trono del
"último". Si se hallase un ojo perspicaz, fácilmente captaría que los exponentes
del "primero" y del "último", de lo "manifiesto" y lo "oculto", del "principio" y del
"sello" no son otros que estos santos Seres, estas Esencias del
Desprendimiento y Almas divinas. Y si te remontaras en el sagrado reino de
"Dios estaba solo; no había nadie sino Él", encontrarías que en aquella Corte
todos esos nombres son del todo inexistentes y completamente olvidados. Ya
no estarían tus ojos oscurecidos por esos velos, esos términos y alusiones.
¡Cuán sublime y etérea es esa posición, a la que hasta Gabriel, sin guía, no
podrá nunca llegar, ni el Ave del Cielo, sin ayuda, podrá jamás alcanzar!
Y, ahora, esfuérzate por comprender el sentido de estas palabras de 'Alí, el
Comandante de los Fieles: "Traspasan-do sin ayuda los velos de la gloria".
Entre estos "velos de la gloria" están los sacerdotes y doctores que viven en
los días de la Manifestación de Dios, quienes, a causa de su falta de
discernimiento y su ansia y afán de mando, no se han sometido a la Causa de
Dios y, más aún, han rehusado dar oído a la Melodía divina. "Se meten los
dedos en los oídos".49 Y asimismo la gente, desatendiendo completamente a
Dios y tomándoles por sus maestros, se ha colocado sin reservas bajo la
autoridad de esos jefes pomposos e hipócritas, pues carecen de vista, oídos y
corazón propios para distinguir la verdad de la falsedad.
A pesar de las advertencias que por inspiración divina han hecho todos los
Profetas, los Santos y los Elegidos de Dios, ordenando a los hombres ver con
sus propios ojos y oír con sus propios oídos, desdeñosamente han rechazado
sus consejos y ciegamente han seguido y continuarán siguiendo a los jefes de
su Fe. Si una persona humilde y desconocida, desprovista del atavío de los
eruditos, les dirigiera la palabra diciendo: "¡Oh pueblo!, seguid a los
Mensajeros de Dios"50 ellos, muy sorprendidos ante tal amonestación,
replicarían: "¡Cómo! ¿Quieres decir que todos estos sacerdotes y exponentes
de la erudición, con toda la autoridad, pompa y boato suyos, han errado y no
han logrado distinguir entre la verdad y la falsedad? ¿Pretendes acaso, junto
con otros como tú, haber comprendido lo que ellos no han entendido?" Si se
ha de tomar como criterio de sabiduría y verdad el número y la excelencia de
la vestimenta, los pueblos de una época pasada, a quienes los de hoy jamás
han aventajado en número, magnificencia y poder, deberían por cierto
considerarse como superiores y más dignos.
Es claro y evidente que siempre que se han revelado las Manifestaciones de
Santidad los sacerdotes de su época han impedido al pueblo llegar al camino
de la verdad. Dan testimonio de esto todas las escrituras y libros sagrados.
¡Ningún Profeta de Dios se ha manifestado que no haya sido víctima del odio
implacable, de la denuncia, rechazo y execración de los clérigos de Su día! ¡Ay
de ellos por las iniquidades que obraron sus manos en el pasado! ¡Ay de ellos
por lo que ahora están haciendo! ¿Qué velos de gloria hay más pesados que
esas personificaciones del error? ¡Por la rectitud de Dios!, ¡traspasar tales
velos es el más poderoso de todos los hechos, y destrozarlos es el más
meritorio de todos los actos! ¡Que Dios nos ayude y os ayude, oh concurso del
Espíritu!, para que quizás en el tiempo de Su Manifestación se os asista
bondadosamente para realizar tales hechos y, en Sus días, lleguéis a la
Presencia de Dios.
Además, entre los "velos de la gloria" están los términos "Sello de los Profetas"
y otros parecidos; desasirse es una hazaña suprema a la vista de esas almas
bajas y descarriadas. Y a causa de estas misteriosas palabras, de estos
pesados "velos de la gloria", todos se han privado de contemplar la luz de la
verdad. ¿No han escuchado, acaso, la melodía de ese pájaro del Cielo51
cuando exponía el siguiente misterio: "He desposado a mil Fáimihs, todas las
cuales eran hijas de Mu¥ammad, Hijo de 'Abdu'lláh, el 'Sello de los Profetas'"?
¡He aquí cuántos misterios yacen todavía sin desentrañar dentro del
tabernáculo del conocimiento de Dios, y cuán numerosas las joyas de Su
sabiduría que aún están ocultas en Sus tesoros inviolables! Si ponderases
esto en tu corazón, te darías cuenta de que Su obra no conoce ni principio ni
fin. El dominio de Su decreto es demasiado vasto para que lo describa la
lengua de los mortales o lo recorra el ave de la mente humana; y los designios
de Su providencia son demasiado misteriosos para que los pueda comprender
la mente del hombre. Ningún fin ha alcanzado a Su creación; ha existido
siempre desde el "Principio que no tiene principio". Y ningún comienzo ha visto
a las Manifestaciones de Su Belleza, que continuarán hasta el "Fin que no
conoce fin". Pondera en tu corazón estas palabras y reflexiona cómo son
aplicables a todas esas Almas santas.
Asimismo, esfuérzate por comprender el significado de la melodía de esa
eterna belleza que fue Æusayn, hijo de 'Alí, quien dirigió a Salmán palabras
como éstas: "Estuve con mil Adanes; el intervalo entre cada Adán y el
siguiente era de cincuenta mil años, y a cada uno declaré la posición de
Sucesor conferida a mi padre". Luego refiere algunos detalles, hasta que dice:
"He librado mil batallas en el sendero de Dios; la menor y más insignificante de
las cuales fue como la batalla de Khaybar, en la que mi padre luchó y se batió
contra los infieles". Fundándote en estas dos tradiciones, procura ahora
comprender los misterios del "fin", de la "vuelta" y de la "creación sin principio
ni fin".
¡Oh mi amado! ¡Inmensamente exaltada es la Melodía celestial, por encima de
los esfuerzos que haga el oído humano para oírla, o la mente para comprender
su misterio! ¿Cómo puede la hormiga impotente entrar en la corte del
Todoglorioso? Sin embargo, por falta de comprensión las almas débiles
rechazan estas abstrusas palabras y ponen en duda la verdad de tales
tradiciones. Es más, nadie puede entenderlas salvo los dotados de un corazón
comprensivo. Di: Él es ese Fin, a Quien no puede imaginársele fin en todo el
universo, y de Quien no puede concebirse principio en el mundo de la
creación. ¡He aquí, oh concurso de la Tierra, los resplandores del Fin
revelados en las Manifestaciones del Principio!
¡Qué extraño es que esa gente se aferre, con una mano, a los versículos del
Qur'án y a las tradiciones del pueblo de la certeza que ellos han encontrado
que concuerdan con sus afectos e intereses y, con la otra, rechace las que son
contrarias a sus deseos egoístas! "¿Es que creéis en parte del Libro y negáis
parte de él?"52 ¿Cómo podéis juzgar lo que no entendéis? Así ha revelado en
Su Libro infalible el Señor de la existencia, después de hablar del "Sello" en
Su exaltada declaración: "Mu¥ammad es el Apóstol de Dios y el Sello de los
Profetas"53, la promesa de "llegar a la Presencia divina" para todos los
hombres. Dan testimonio del hecho de llegar a la presencia de ese Rey
inmortal los versículos del Libro, algunos de los cuales ya hemos mencionado.
¡Dios, el único y verdadero, es mi testigo!; nada se ha revelado en el Qur'án
más exaltado y explícito que aquel "llegar a la Presencia divina". Dichoso
quien la ha logrado el día en que, como podéis ver, los más de los hombres se
han apartado de ella.
Y, sin embargo, por el misterio del primero de estos versículos se apartaron de
la gracia que promete el segundo; y ello a pesar de que se establece
explícitamente en el Libro el hecho de "llegar a la Presencia divina" en el "Día
de la Resurrección". Queda demostrado, con pruebas claras y de forma
definitiva, que "Resurrección" quiere decir la aparición de la Manifestación de
Dios para proclamar Su Causa, y "llegar a la Presencia divina" significa llegar
a la presencia de Su Belleza en la persona de Su Manifestación. Pues, en
verdad: "Ningún ojo Le abarca; pero Él abarca a todos los ojos".54 A pesar de
todos estos hechos innegables y claras explicaciones, se han aferrado
neciamente al término "sello", privándose totalmente de reconocer a Aquel
Que es el Revelador de ambos: el Sello y el Principio, en el día de Su
presencia. "¡Si castigase Dios a los hombres por sus hechos perversos, no
quedaría sobre la tierra cosa viviente! Pero les da plazo hasta un tiempo
señalado".55 Aparte de todo esto, si esta gente hubiera obtenido una gota de
las cristalinas corrientes que brotan de las palabras "Dios hace lo que es Su
voluntad y ordena lo que desea", no hubiera puesto reparos impropios, como
éstos, al Centro focal de Su Revelación. La Causa de Dios, y todos los hechos
y palabras, están al alcance de Su poder. "Todo está aprisionado en el hueco
de Su fuerte Mano; todo es fácil y posible para Él". Efectúa lo que es Su
voluntad y hace todo lo que desea. "¡Quienquiera que pregunte 'por qué' o
'para qué' ha blasfemado!" Si esta gente se sacudiera el sueño de la
negligencia y se diera cuenta de lo que sus manos han obrado, de seguro
perecerían y, por propia voluntad, se arrojarían al fuego: su fin y verdadera
morada. ¿Acaso no han oído lo que Él reveló? "No debe interrogársele sobre
Sus hechos."56 A la luz de estas palabras, ¿cómo puede ser el hombre tan
atrevido como para interrogarle y ocuparse con dichos ociosos?
¡Alabado sea Dios! A tal punto llega la insensatez y perversidad de la gente,
que han vuelto el rostro hacia sus propios pensamientos y deseos, y han dado
la espalda al conocimiento y a la voluntad de Dios, ¡santificado y glorificado
sea Su nombre!
Sé justo: Si esa gente admitiera la verdad de estas palabras luminosas y
alusiones sagradas, y reconociera que Dios es "Aquel que hace lo que es Su
voluntad", ¿cómo podrían continuar aferrados a tan evidentes disparates? Más
bien aceptarían con toda su alma lo que Él diga y se someterían a ello. ¡Juro
por Dios que, a no ser por el Decreto divino y por los inescrutables designios
de la Providencia, la propia tierra hubiese destruido totalmente a toda esa
gente! "Sin embargo, Él les dará plazo hasta la hora señalada de un día
conocido".
Han pasado mil doscientos ochenta años desde que llegó la aurora de la
Dispensación de Mu¥ammad y, al amanecer de cada día, esa gente ciega e
innoble ha recitado su Qur'án, ¡y sin embargo no han logrado comprender ni
una letra de ese Libro! Una y otra vez leen los versículos que claramente
atestiguan la realidad de estos sagrados temas y dan testimonio de la verdad
de las Manifestaciones de Gloria eterna y, con todo, no comprenden su
propósito. Ni siquiera se han dado cuenta en todo este tiempo de que, en toda
época, la lectura de las escrituras y libros sagrados no ha tenido otro propósito
que el de permitir al lector comprender su significado y desentrañar sus
íntimos misterios. Por el contrario, leer sin entender no es de provecho
duradero para el hombre.
Y ocurrió que cierto día vino a visitar a esta Alma un hombre necesitado,
anhelando el océano de Su conocimiento. Conversando con él, se hizo
mención de los signos del Día del Juicio, Resurrección, Renacimiento y Ajuste
de Cuentas. Nos encareció que le explicásemos cómo en esta maravillosa
Dispensación eran llamados a rendir cuentas los pueblos del mundo, cuando
nadie era consciente de ello. En seguida le dimos a conocer, de acuerdo con
su grado de capacidad y entendimiento, ciertas verdades de la Ciencia y de la
antigua Sabiduría. Le preguntamos entonces: "¿No has leído el Qur'án, y no
conoces este bendito versículo: 'En ese día no se le preguntará a hombre ni
espíritu por su Pecado'?57 ¿No te das cuenta de que 'preguntar no significa
preguntar con la lengua o la palabra, tal como lo indica y prueba el mismo
versículo'? Ya que después se dice: 'Por su semblante serán conocidos los
pecadores, y serán tomados de los cabellos y los pies'".58
De este modo los pueblos del mundo son juzgados por su semblante. A través
de éste se revela toda su incredulidad, su fe, su iniquidad. Así resulta evidente
en este día cómo es reconocido por su semblante el pueblo del error y
distinguido de los seguidores de la Guía divina. Si esos hombres, sólo por
amor de Dios y sin más deseo que Su complacencia, ponderasen en su
corazón los versículos del Libro, con toda seguridad encontrarían todo cuanto
buscan. Encontrarían reveladas y manifiestas en sus versículos todas las
cosas, ya sean grandes o pequeñas, que han pasado en esta Dispensación.
Hasta encontrarían en ellos referencias a la partida de su tierra natal de las
Manifestaciones de los nombres y atributos de Dios; a la oposición y
desdeñosa arrogancia del gobierno y del pueblo; y a la residencia y
establecimiento de la Manifestación Universal en un país señalado y
especialmente designado. Sin embargo, ningún hombre puede comprender
esto, excepto aquel que posea un corazón comprensivo.
Sellaremos Nuestro tema con aquello que antaño fuera revelado a Mu¥ammad,
para que su sello difunda la fragancia de ese almizcle sagrado que lleva a los
hombres hacia el Ri¤ván de esplendor inmarcesible. Él dijo, y Su Palabra es la
verdad: "Y Dios llama hacia la Morada de Paz59; y Él guía a quien quiere por
el camino recto".60 "¡Para ellos hay junto a su Señor una Morada de Paz! Y Él
será su Protector por causa de sus obras".61 Esto lo ha revelado para que Su
gracia envuelva al mundo. ¡Alabado sea Dios, Señor de todos los seres!
Hemos expuesto de forma diversa y repetida el significado de cada tema para
que quizás toda alma, ya sea elevada o humilde, obtenga su parte y porción de
acuerdo con su medida y capacidad. Si no pudiera comprender cierto
argumento, podría así, remitiéndose a otro, lograr su propósito. "Para que toda
clase de hombres sepa dónde apagar su sed".
¡Por Dios! Esta Ave del Cielo que habita ahora en el polvo puede entonar,
además de estas melodías, una miríada de cantos y, aparte de estas palabras,
puede revelar innumerables misterios. Cada nota de sus palabras no
pronunciadas es inmensamente exaltada por encima de todo lo que ya ha sido
revelado, e inmensurablemente glorificada más allá de lo que ha fluido de esta
Pluma. Esperemos que el futuro revele la hora en que, por la Voluntad de Dios,
emerjan de sus mansiones místicas, despojadas de sus velos, las novias del
significado oculto, y se hagan manifiestas en el antiguo reino del ser. Nada en
absoluto es posible sin Su permiso; ningún poder puede durar salvo a través
de Su poder, y no hay otro Dios más que Él. Suyo es el mundo de la creación,
y Suya es la Causa de Dios. Todos proclaman Su Revelación, y todos revelan
los misterios de Su Espíritu.
Ya hemos asignado, en las páginas precedentes, dos posiciones a cada una
de las Lumbreras que surgen de las Auroras de santidad eterna. Una de esas
posiciones, la de unidad esencial, ya la hemos explicado. "No hacemos
diferencia entre ninguno de ellos".62 La otra posición es la de distinción y
pertenece al mundo de la creación y a sus limitaciones. Respecto a esto, cada
Manifestación de Dios tiene una individualidad distinta, una misión
definitivamente señalada, una Revelación predestinada y limitaciones
especialmente designadas. Cada una de ellas es conocida por un nombre
diferente y se caracteriza por un atributo especial, cumple una Misión definida
y le es confiada una Revelación particular. Tal como Él dice: "Hemos hecho
que algunos de los Apóstoles aventajen a los demás. A unos Dios les ha
hablado; a otros los ha elevado exaltándolos. Y a Jesús, Hijo de María, Le
dimos signos manifiestos y Le fortalecimos con el Espíritu Santo".63
Es por causa de esta diferencia en posición y misión por lo que parecen
divergir y diferir las palabras y expresiones que fluyen de esos Manantiales del
conocimiento divino. Por lo demás, a los ojos de quienes están iniciados en los
misterios de la sabiduría divina, todo lo que ellos han pronunciado es en
realidad la expresión de una sola Verdad. Como la mayoría de la gente no ha
percibido esas posiciones a que Nos hemos referido, se siente por tanto
perpleja y consternada ante las variadas palabras que han pronunciado
Manifestaciones que, en esencia, son una y la misma.
Ha sido siempre evidente que todas estas divergencias en las palabras deben
atribuirse a diferencias de posición. Así, desde el punto de vista de su unicidad
y sublime desprendimiento, han sido y son aplicables a esas Esencias del ser
los atributos de Deidad, Divinidad, Suprema Singularidad e íntima Esencia, ya
que todas habitan en el trono de la Revelación divina y están establecidas en
la sede de la divina Ocultación. Mediante su aparición se manifiesta la
Revelación de Dios, y por su semblante se revela la Belleza de Dios. Es así
como se han oído las palabras de Dios mismo, pronunciadas por esas
Manifestaciones del Ser divino.
Y a la luz de la segunda posición, que es la posición de la distinción y
diferenciación, de las limitaciones, características y normas temporales,
manifiestan ellos servidumbre absoluta, máxima pobreza y completo olvido de
sí mismos. Tal como Él dice: "Soy el siervo de Dios. No soy más que un
hombre como vosotros."
A partir de estas aseveraciones incontestables y plenamente demostradas,
esfuérzate por entender el significado de las preguntas que has formulado,
para que llegues a ser constante en la Fe de Dios y no te desanimes por las
divergencias en las palabras de Sus Profetas y Elegidos.
Si alguna de las Manifestaciones de Dios, que todo lo abarcan, declarase: "¡Yo
soy Dios!", diría ciertamente la verdad, y no cabría duda de ello. Ya que
repetidamente se ha demostrado que mediante su Revelación, sus atributos y
nombres se manifiestan en el mundo de la Revelación de Dios Su nombre y
Sus atributos. Así, Él ha revelado: "¡Aquellos dardos eran de Dios, no
Tuyos!"64 También dice: "En verdad, quienes Te prometieron fidelidad,
realmente la prometieron a Dios".65 Y si alguno de ellos pronunciase: "Soy el
Mensajero de Dios", también diría la verdad, la indudable verdad. Tal como Él
dice: "No es Mu-¥ammad padre de ningún hombre entre vosotros, sino que es
el Mensajero de Dios". A la luz de esto se ve que todos ellos no son más que
Mensajeros de ese Rey ideal, de esa Esencia inmutable. Si todos proclamasen
"Soy el Sello de los Profetas", expresarían sólo la verdad sin la más leve
sombra de duda. Pues todos ellos no son más que una persona, un alma, un
espíritu, un ser, una revelación. Son todos la manifestación del "Principio" y el
"Fin", el "Prime-ro" y el "Último", el "Visible" y el "Oculto", atributos todos que
pertenecen a Aquel Que es el más íntimo Espíritu de los Espíritus y la eterna
Esencia de las Esencias. Y si dijesen: "Somos los siervos de Dios",66 éste
también es un hecho manifiesto e indiscutible. Puesto que se han manifestado
en condición de total servidumbre, servidumbre como ésa no podrá ningún
hombre alcanzar. De este modo, en momentos en que esas Esencias del ser
estaban sumergidas en los océanos de santidad antigua y sempiterna, o
cuando se remontaban a las más elevadas cimas de los misterios divinos,
sostenían que sus palabras eran la Voz de la divinidad, el Llamado de Dios
mismo. Si se abriera el ojo del discernimiento, reconocería que ellos hasta en
ese estado se consideran del todo extinguidos e inexistentes ante Quien es el
Que Todo lo Penetra, el Incorruptible. Me parece que han estimado que no son
absolutamente nada, juzgando su mención en esa Corte como un acto de
blasfemia. Pues el más leve susurro del yo es, en tal Corte, una prueba de
afirmación de sí mismo y de existencia independiente. A los ojos de quienes
han llegado a esa Corte, semejante insinuación es por sí misma una grave
transgresión. Cuánto más grave aún sería, si otra cosa se mencionara ante
esa Presencia, si el corazón del hombre, su lengua, su mente o su alma se
ocuparan con otro que no sea el Bienamado, si sus ojos contemplaran otro
semblante que no fuese Su belleza, si su oído escuchase otra melodía que no
fuese Su voz y sus pies hollasen otro camino que no fuera Su camino.
En este día sopla la brisa de Dios y Su espíritu lo ha llenado todo. Tal es la
efusión de Su gracia, que la pluma se detiene y la lengua enmudece.
En virtud de esta posición, han sostenido que es suya la Voz de la Divinidad y
apelativos semejantes, en tanto que, en virtud de su posición de Mensajeros,
se han declarado a sí mismos los Mensajeros de Dios. En cada caso han
expresado lo que está en conformidad con los requerimientos de la ocasión,
atribuyéndose a Sí mismos todas estas declaraciones, las cuales se extienden
del reino de la Revelación divina hasta el reino de la creación, y desde el
dominio de la Divinidad hasta el dominio de la existencia terrenal. De este
modo, cualesquiera que sean sus palabras, ya pertenezcan al reino de la
Divinidad, Señorío, Posición Profética, Posición de Mensajero, Guardianía,
Apostolado o Servidumbre, todo es cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo
tanto, debe considerarse con mucha atención lo que hemos citado en apoyo
de Nuestro argumento, para que las palabras divergentes de las
Manifestaciones del Invisible y Auroras de la Santidad no agiten ya el alma y
suman la mente en la perplejidad.
Esas palabras pronunciadas por las Lumbreras de la Verdad deben ser
meditadas y, si no se comprendiese su significado, debiera solicitarse
ilustración de los Custodios de los depósitos del Conocimiento, para que éstos
expliquen su significado y revelen su misterio. Pues no le incumbe a ningún
hombre interpretar las palabras sagradas según su deficiente comprensión, ni
rechazar y negar su verdad por encontrar que son contrarias a su inclinación y
deseos. Pues tal es hoy la actitud de los sacerdotes y doctores de la época,
que ocupan las sedes del conocimiento y la erudición, y que han llamado
conocimiento a la ignorancia y justicia a la opresión. Si ellos preguntasen a la
Luz de la Verdad sobre esas imágenes que su vana fantasía ha tallado, y
encontrasen que Su respuesta es incompatible con sus propios conceptos y su
propia comprensión del Libro, de seguro denunciarían como la negación
misma del conocimiento a Aquel Que es la Mina y Manantial de todo
conocimiento. Cosas semejantes han pasado en toda época.
Por ejemplo, cuando a Mu¥ammad, el Señor de la existencia, le preguntaron
acerca de las lunas nuevas, Él, por mandato de Dios, respondió: "Son
períodos señalados para los hombres".67 En seguida quienes Le escucharon
denunciáronle como ignorante.
Asimismo, en el versículo referente al "Espíritu", dice: "Y Te preguntarán por el
Espíritu. Di: 'el Espíritu procede por mandato de Mi Señor'".68 Tan pronto
como fue emitida la respuesta de Mu¥ammad, todos protestaron ruidosamente
diciendo: "¡He aquí a un ignorante que no sabe lo que es el Espíritu y se llama
a Sí mismo el Revelador del Conocimiento divino!" Y ahora dirige tu mirada
hacia los sacerdotes de la época, quienes por haber sido honrados con Su
nombre y haber encontrado que sus padres reconocían Su Revelación, se han
sometido ciegamente a Su verdad. Observa que, si esta gente recibiese hoy
semejantes respuestas en contestación a tales preguntas, las rechazarían y
censurarían sin vacilar; es más, nuevamente pondrían los mismos reparos, tal
como lo han hecho en este día. Y todo esto a pesar de que esas Esencias del
ser están inmensamente exaltadas por encima de esas fantásticas
imaginaciones, y glorificadas inconmensurablemente más allá de esos dichos
vanos y por sobre la comprensión de todo corazón de entendimiento. Su
supuesto saber, al comparársele con aquel Conocimiento, es falsedad
clamorosa, y su entendimiento no es más que error craso. Más aún, cuanto
procede de esas Minas de Sabiduría divina y Tesoros del conocimiento eterno
es la verdad, y nada más que la verdad. Prueba de Nuestro argumento es el
dicho: "El conocimiento es un punto que los necios han multiplicado"; y la
tradición: "El conocimiento es una luz con la cual Dios ilumina el corazón de
quien sea Su voluntad", confirma Nuestra afirmación.
Ya que no comprendieron el significado del Conocimiento, llamando con ese
nombre a las imágenes forjadas por su propia fantasía y que proceden de las
personificaciones de la ignorancia, han infligido a la Fuente del Conocimiento
lo que has oído y presenciado.
Por ejemplo, cierto hombre69 que tenía fama por su saber y logros y se
consideraba a sí mismo como uno de los guías preeminentes de su pueblo, ha
censurado y vilipendiado a todos los exponentes del verdadero saber. Esto
queda plenamente claro en las declaraciones explícitas y en las alusiones que
hay en todos sus libros. Como frecuentemente habíamos oído hablar de él, nos
propusimos leer algunas de sus obras. Y aunque nunca hemos estado
dispuestos a leer los escritos de otros hombres, como Nos habían hecho
preguntas respecto a él, creímos necesario remitirnos a sus libros para poder
contestar, con conocimiento y comprensión, a quienes Nos habían preguntado.
Sin embargo, no estaban disponibles sus obras en lengua árabe, hasta que un
día cierto hombre Nos informó que se podía hallar en la ciudad una de sus
obras titulada Irshádu'l-Avám.70 De su título percibimos el olor de la
presunción y la vanagloria, puesto que ha imaginado ser un sabio,
considerando ignorante al resto de la gente. De hecho, su valor se daba a
conocer por el título mismo que había elegido para su libro. Se hacía evidente
que su autor seguía el camino del egoísmo y del deseo, y estaba perdido en el
desierto de la ignorancia e insensatez. Me parece que había olvidado la
conocida tradición que dice: "El conocimiento es todo lo cognoscible; y la
fuerza y poder, es toda la creación". No obstante, enviamos a buscar el libro y
lo tuvimos durante algunos días. Nos remitimos a él probablemente dos veces.
La segunda vez dimos por casualidad con la historia del "Mi'ráj"71 de
Mu¥ammad, de Quien se dijo: "A no ser por Ti, no hubiera creado las esferas".
Notamos que había enumerado unas veinte ciencias o más, cuyo conocimiento
él consideraba esencial para la comprensión del misterio del "Mi'ráj". De su
exposición inferimos que a menos que un hombre fuese profundamente
versado en todas ellas, nunca lograría comprender adecuadamente este
trascendente y exaltado tema. Entre las ciencias especificadas estaba la
ciencia de las abstracciones metafísicas, de la alquimia y de la magia natural.
Estos estudios vanos y descartados son para este hombre requisitos previos
para la comprensión de los sagrados y eternos misterios del Conocimiento
divino.
¡Alabado sea Dios! Tal es su grado de comprensión; y, sin embargo, ¡qué
objeciones y calumnias ha lanzado contra esas Personificaciones del infinito
conocimiento de Dios! Qué cierto es el dicho: "¿Lanzas tus calumnias al rostro
de Aquellos a Quienes el Dios único y verdadero ha hecho Custodios de los
tesoros de Su séptima esfera?" Ningún corazón ni mente comprensiva,
ninguno de entre los sabios y eruditos ha hecho caso de esas absurdas
afirmaciones. Y, sin embargo, qué claro y evidente es para todo corazón
perspicaz que ese supuesto conocimiento es, y siempre ha sido, rechazado
por Aquel Que es el Dios único y verdadero. ¿Cómo se puede considerar que
el conocimiento de semejantes ciencias, tan despreciables a los ojos de los
que son verdaderamente sabios, sea esencial para la comprensión de los
misterios del "Mi'ráj", cuando el propio Señor del "Mi'ráj" jamás fue abrumado
por la carga de una sola letra de esas limitadas y oscuras ciencias, ni ha
empañado Su radiante corazón con ninguna de esas fantásticas
imaginaciones? Qué cierto es lo que Él ha dicho: "Todo saber humano va
montado en un asno cojo, mientras que la Verdad cruza veloz por el espacio,
cabalgando sobre el viento". ¡Por la rectitud de Dios! Quienquiera que desee
penetrar el misterio de este "Mi'ráj" y anhele una gota de este océano, si el
espejo de su corazón ya estuviese oscurecido por el polvo de esas ciencias,
deberá necesariamente limpiarlo y purificarlo antes que la luz de este misterio
pueda reflejarse en él.
En este día, aquellos que están sumergidos en el océano del antiguo
Conocimiento y habitan en el arca de la sabiduría divina, prohíben a los
hombres esos estudios inútiles. Gracias a Dios, sus luminosos corazones
están santificados de toda huella de tales conocimientos y exaltados por
encima de esos pesados velos. Hemos consumido éste, el más denso de todos
los velos, con el fuego del amor del Amado; velo a que se refiere el dicho: "De
todos los velos, el más pesado es el velo del conocimiento". Sobre sus cenizas
hemos erigido el tabernáculo del conocimiento divino. Gracias a Dios, hemos
quemado los "velos de la gloria" con el fuego de la belleza del Bienamado.
Hemos desterrado del corazón humano todo excepto Aquel Que es el Deseo
del mundo, y en ello nos gloriamos. No Nos aferramos a ningún conocimiento
más que a Su conocimiento, y no ponemos nuestro corazón en nada que no
sea las resplandecientes glorias de Su luz.
Nos sorprendimos inmensamente cuando observamos que su único propósito
era dar a entender a la gente que él poseía todos esos conocimientos. Y, sin
embargo, juro por Dios que a su alma no ha llegado ni un soplo de la brisa que
proviene de los prados del conocimiento divino, ni ha desentrañado un solo
misterio de la antigua sabiduría. Es más, si alguna vez se le explicara el
significado del Conocimiento, su corazón quedaría consternado y todo su ser
se estremecería hasta los cimientos. Sin embargo, a pesar de sus afirmaciones
despreciables y sin sentido, ¡he aquí hasta qué punto han llegado sus
pretensiones extravagantes!
¡Alabado sea Dios! ¡Cuán grande es Nuestro asombro al ver la manera como
se ha reunido la gente alrededor de él, guardando lealtad a su persona!
Contentándose con el polvo transitorio, se han vuelto esos hombres hacia él,
desechando con desdén a Aquel Que es el Señor de los señores.
Conformándose con el graznido del cuervo y enamorados de su rostro, han
renunciado a la melodía del ruiseñor y han desdeñado el encanto de la rosa.
¡Y qué falacias indecibles ha revelado la lectura de ese libro pretencioso! Son
demasiado indignas para que pluma alguna pueda mencionarlas, y demasiado
viles para prestarles atención ni siquiera un momento. Sin embargo, si se
hallara una piedra de toque, ésta de inmediato distinguiría la verdad de la
falsedad; la luz, de las tinieblas; el sol, de la sombra.
Entre las ciencias que este hombre pretende haber profesado está la alquimia.
Abrigamos la esperanza de que un rey, o bien un hombre de poder
preeminente, le exhorte a que traslade esa ciencia del reino de la fantasía al
dominio de la realidad, y del plano de la mera pretensión al de la realización
efectiva. Ojalá que este humilde e iletrado Siervo que nunca ha pretendido
conocer tales ciencias ni, menos aún, las ha tenido por criterio del
conocimiento verdadero, pueda emprender la misma tarea para que, de ese
modo, se conozca la verdad y se la distinga de la falsedad. Pero ¿de qué
serviría? Todo lo que esta generación Nos pudo ofrecer fueron las heridas
causadas por sus lanzas, y a Nuestros labios no acercaron sino el cáliz de su
veneno. En Nuestra cerviz aún llevamos la cicatriz de las cadenas, y en
Nuestro cuerpo han quedado las pruebas de una crueldad inexorable.
Y en cuanto a los conocimientos de ese hombre, su ignorancia, comprensión y
fe, he aquí lo que ha revelado el Libro que abarca todas las cosas: "En verdad,
el árbol de Zaqqúm72 será el alimento de Athím".73 Siguen luego algunos
versículos, hasta que Él dice: "¡Pruébalo, pues de veras tú eres el poderoso
Karím!"74 ¡Considera cuán clara y explícitamente se le ha descrito en el Libro
incorruptible de Dios! Además, ese hombre, fingiendo humildad, se refiere a sí
mismo en su libro como el "siervo athím": ¡"Athím" en el Libro de Dios,
poderoso entre el vulgo, "Karím" de nombre!
Medita el sagrado versículo para que en la tabla de tu corazón se grabe el
significado de las palabras: "No hay cosa, verde o seca, que no conste en el
Libro infalible".75 No obstante, hay una multitud que le guarda lealtad. Han
rechazado ellos al Moisés del conocimiento y justicia, aferrándose al Sámirí76
de la ignorancia. Han apartado su vista del Sol de la verdad, que brilla en el
cielo divino y sempiterno, y han cerrado totalmente los ojos a su esplendor.
¡Oh mi hermano! Una Mina divina sólo puede producir joyas de conocimiento
divino, y la fragancia de la Flor mística sólo puede percibirse en el Jardín ideal,
y las lilas de antigua sabiduría no florecen más que en la ciudad de un corazón
inmaculado. "En suelo fértil salen sus plantas abundantemente con el permiso
de su Señor, y en el suelo que es malo, salen escasas".77
Puesto que se ha demostrado claramente que sólo quienes se han iniciado en
los misterios divinos pueden comprender las melodías entonadas por el Ave
del Cielo, incumbe por tanto a cada cual buscar ilustración en los iluminados
de corazón y en los Tesoros de los misterios divinos en lo referente a las
complejidades de la Fe de Dios y las alusiones abstrusas que hay en las
palabras de las Auroras de la Santidad. Así se aclararán estos misterios, no
con la ayuda del conocimiento adquirido sino, únicamente, mediante la
asistencia de Dios y las efusiones de Su gracia. "Preguntad, pues, a quienes
tienen la custodia de las Escrituras, si no lo supierais".78
Mas, oh mi hermano, cuando un buscador verdadero decide dar el paso de la
búsqueda por el camino que lleva al conocimiento del Antiguo de los Días,
debe, antes que nada, limpiar y purificar su corazón, que es la sede de la
revelación de los misterios interiores de Dios, del polvo ofuscador de todo
conocimiento adquirido y de las insinuaciones de las personificaciones de la
fantasía satánica. Debe purgar su pecho, que es el santuario del amor
perdurable del Amado, de toda contaminación, y santificar su alma de todo lo
que pertenece al agua y la arcilla y de todo apego vago y efímero. Debe
limpiar su corazón tanto, que no quede en él ningún vestigio de amor ni odio,
no sea que ese amor le incline ciegamente al error o ese odio le aleje de la
verdad. Así puedes ver, en este día, cómo la mayoría de la gente, a causa de
tal amor y odio, está privada de la Faz inmortal, se ha apartado lejos de las
Personificaciones de los misterios divinos y vaga sin pastor por los desiertos
del olvido y del error. Ese buscador debe en todo momento poner su confianza
en Dios, debe renunciar a las gentes de la tierra, desprenderse del mundo del
polvo y aferrarse a Aquel Que es el Señor de los señores. No debe nunca
tratar de enaltecerse por encima de nadie, debe borrar de la tabla de su
corazón toda huella de orgullo y vanagloria, debe asirse a la paciencia y
resignación, guardar silencio y abstenerse de la conversación ociosa. Pues la
lengua es fuego latente, y el exceso de palabras un veneno mortal. El fuego
material consume el cuerpo, mientras que el fuego de la lengua devora tanto el
corazón como el alma. La fuerza de aquél dura sólo un tiempo, en tanto que
los efectos de éste persisten un siglo.
Ese buscador también debiera considerar la murmuración como grave error y
mantenerse alejado de su dominio, por cuanto la murmuración apaga la luz del
corazón y extingue la vida del alma. Debiera conformarse con poco y liberarse
de todo deseo desmesurado. Debiera apreciar la compañía de quienes han
renunciado al mundo y considerar que rehuir a la gente jactanciosa y mundana
es un gran beneficio. Al amanecer de cada día debiera comulgar con Dios y
perseverar con toda su alma en la búsqueda de su Amado. Debiera consumir
todo pensamiento descarriado con la llama de Su amorosa mención y, con la
rapidez del relámpago, pasar por encima de todo lo que no sea Él. Debiera
socorrer al desposeído y nunca rehusar su favor al menesteroso. Debiera ser
bondadoso con los animales, y más aún con su semejante, que está dotado del
poder del habla. No debiera vacilar en sacrificar su vida por su Amado, ni
permitir que la desaprobación de los hombres le aparte de la Verdad. No
debiera desear a otros lo que no desea para sí mismo, ni prometer lo que no
ha de cumplir. Con todo su corazón debiera el buscador evitar la compañía de
malhechores y orar por la remisión de sus pecados. Debiera perdonar al
pecaminoso y jamás despreciar su baja condición, pues nadie sabe cuál será
su propio fin. ¡Cuántas veces un pecador, en la hora de su muerte, ha llegado
a la esencia de la fe y, tomando la bebida inmortal, ha alzado el vuelo hacia el
Concurso celestial! ¡Y cuántas veces un creyente piadoso ha cambiado tanto
en el momento de la ascensión de su alma, que ha caído en el fuego infernal!
Es Nuestro propósito, al revelar estas convincentes e importantes palabras,
inculcar en el buscador que debe considerar todo, excepto a Dios, como
transitorio, y debe valorar todo lo que no sea Él, Quien es el Objeto de toda
adoración, como la nada absoluta.
Éstos son algunos de los atributos de los exaltados, y constituyen el sello
distintivo de quienes están dotados de espiritualidad. Ya se los ha mencionado
a propósito de los requisitos para los caminantes que hollan el Sendero del
Conocimiento Positivo. Cuando el caminante desprendido y buscador sincero
ha cumplido con estas condiciones esenciales, entonces, y sólo entonces,
puede llamársele buscador verdadero. Cuando quiera que haya cumplido las
condiciones implícitas en el versículo "Quien se esfuerce por Nosotros",79
disfrutará de las bendiciones conferidas por las palabras "De seguro le
guiaremos por Nuestros caminos".80
Sólo cuando la lámpara de la búsqueda, del esfuerzo ardiente, del deseo
anhelante, de la devoción apasionada, del amor fervoroso, del arrobamiento y
del éxtasis se haya encendido en el corazón del buscador y sople en su alma
la brisa de Su amorosa bondad, será disipada la oscuridad del error, será
dispersada la bruma de las dudas y los recelos y su ser será envuelto por la
luz del conocimiento y de la certeza. En ese momento, el Heraldo Místico,
portador de las felices nuevas del Espíritu, aparecerá resplandeciente como la
mañana desde la Ciudad de Dios y, mediante el son de la trompeta del
conocimiento, despertará del sopor de la negligencia al corazón, al alma y al
espíritu. Entonces los múltiples favores y la efusión de gracia del santo y
eterno Espíritu conferirán al buscador una nueva vida tal, que se hallará
dotado de vista nueva, oído nuevo, corazón nuevo y mente nueva.
Contemplará las manifiestas señales del universo y penetrará los misterios
ocultos del alma. Mirando con el ojo de Dios, percibirá dentro de cada átomo
una puerta que le conducirá a las posiciones de la certeza absoluta. En todas
las cosas descubrirá los misterios de la Revelación divina y las pruebas de una
manifestación perdurable.
Juro por Dios que si aquel que holla el sendero de la guía y busca escalar
alturas de la rectitud llegara a esta gloriosa y suprema posición, aspiraría la
fragancia de Dios a una distancia de mil leguas y percibiría la resplandeciente
mañana de una Guía divina apareciendo en el amanecer de todas las cosas.
Cada cosa, por pequeña que fuera, sería para él una revelación que le llevaría
donde su Amado, el Objeto de su búsqueda. Sería tan grande el
discernimiento de ese buscador, que distinguiría entre verdad y falsedad como
distingue el sol de la sombra. Si se esparcieran en los rincones más remotos
del Oriente los fragantes perfumes de Dios, él de seguro los reconocería y
aspiraría su fragancia aunque habitara en los últimos confines del Occidente.
Asimismo distinguiría todos los signos de Dios -Sus maravillosas palabras, Sus
grandes obras y poderosos hechos- de las obras, las palabras y los hábitos de
los hombres, al igual que el joyero separa la joya de la piedra, o el hombre que
distingue la primavera del otoño y el calor del frío. Cuando el canal del alma
humana se haya limpiado de todo apego impeditivo y mundano, percibirá
indefectiblemente, a través de distancias inmensurables, el hálito del Amado y,
guiado por su perfume, llegará a la Ciudad de la Certeza y entrará en ella. Allí
descubrirá las maravillas de Su antigua sabiduría y percibirá todas las
enseñanzas ocultas en el susurro de las hojas del Árbol que florece en esa
Ciudad. Escuchará, con su oído externo e interno, los himnos de alabanza y
gloria que de su polvo ascienden hacia el Señor de los señores, y descubrirá
con su vista interior los misterios de la "vuelta" y el "renacimiento". ¡Cuán
inefablemente gloriosos son los signos, las señales, las revelaciones y los
esplendores que ha destinado para esa ciudad Aquel Que es el Rey de los
nombres y atributos! La llegada a esa Ciudad apaga la sed sin agua y
enciende el amor de Dios sin fuego. Dentro de cada tallo de hierba se atesoran
los misterios de una sabiduría inescrutable y, en cada rosal, una miríada de
ruiseñores gorjean sus melodías con venturoso encantamiento. Sus
maravillosos tulipanes revelan el misterio de la Zarza ardiente y sus aromas
fragantes de santidad exhalan el perfume del Espíritu mesiánico. Otorga
riquezas sin oro y confiere inmortalidad sin muerte. En cada hoja se atesoran
inefables delicias, y en cada aposento yacen ocultos innumerables misterios.
Aquellos que valientemente se afanan en la búsqueda de la voluntad de Dios,
una vez que hayan renunciado a todo salvo a Él, estarán de tal manera ligados
y aferrados a esa Ciudad que una momentánea separación de ella les será
inconcebible. Escucharán pruebas infalibles del Jacinto de esa asamblea, y
percibirán los más seguros testimonios en la belleza de su Rosa y la melodía
de su Ruiseñor. Una vez alrededor de cada mil años será esta Ciudad
renovada y adornada nuevamente.
Por tanto, oh mi amigo, nos incumbe hacer el máximo esfuerzo por alcanzar
esa Ciudad y desgarrar, por la gracia de Dios y Su amorosa bondad, los "velos
de la gloria", para que, con resolución inflexible, sacrifiquemos en el camino
del Nuevo Amado nuestras almas languidecidas. Deberíamos, con lágrimas en
los ojos, implorarle ferviente y repetidamente que bondadosamente nos
concediese semejante gracia. Aquella Ciudad no es otra que la Palabra de
Dios, revelada en cada época y dispensación. En los días de Moisés fue el
Pentateuco; en los días de Jesús, el Evangelio; en los días de Mu¥ammad, el
Mensajero de Dios, el Qur'án; en este día es el Bayán; y en la dispensación de
Aquel a Quien Dios ha de manifestar Su propio Libro, Libro al que
necesariamente han de referirse todos los Libros de Dispensaciones
anteriores, Libro que entre todos sobresale, trascendente y supremo. En estas
Ciudades se ha provisto sustento espiritual abundante y han sido dispuestos
deleites incorruptibles. El alimento que dispensan es el pan del cielo, y el
Espíritu que comunican es la inagotable bendición de Dios. Confieren a las
almas desprendidas el don de la Unidad, enriquecen a los desamparados y
brindan el cáliz del conocimiento a quienes vagan por el desierto de la
ignorancia. Toda la guía, las bendiciones, el conocimiento, comprensión, fe y
certeza conferidas a cuanto hay en el cielo y la tierra están ocultas y se
atesoran en esas Ciudades.
Por ejemplo, el Qur'án fue para el pueblo de Mu¥am-mad una fortaleza
inexpugnable. En Sus días, quienquiera que en ella entraba, estaba protegido
de los diabólicos ataques, los amenazadores dardos, las dudas que devoran el
alma, y las blasfemantes insinuaciones del enemigo. Le era conferida también
una parte de los buenos y perdurables frutos, que son los frutos de la
sabiduría que da el Árbol divino. Se le permitía beber de las incorruptibles
aguas del río del conocimiento y probar el vino de los misterios de la Unidad
divina.
Todo lo que necesitaba aquel pueblo con respecto a la Revelación de
Mu¥ammad y Sus leyes se hallaba revelado y manifiesto en ese Ri¤ván de
gloria resplandeciente. Ese Libro constituye un testimonio perdurable para su
pueblo después de Mu¥ammad, por cuanto sus decretos son indiscutibles y su
promesa indefectible. A todos les fue ordenado seguir los preceptos de ese
Libro hasta "el año sesenta",81 año del advenimiento de la maravillosa
Manifestación de Dios. Ése es el Libro que indefectiblemente guía al buscador
hacia el Ri¤ván de la Presencia divina, y hace que quien ha dejado su país y
holla el sendero del buscador, entre en el Tabernáculo de reunión sempiterna.
Su guía no puede errar jamás; su testimonio no puede superarlo ningún otro
testimonio. Todas las demás tradiciones, todos los demás libros y relaciones
están privados de tal distinción, por cuanto sólo el texto de ese libro confirma y
prueba las tradiciones y a quienes las han dicho. Además, las propias
tradiciones difieren enormemente y son muchas sus vaguedades.
Mu¥ammad mismo, al acercarse el término de Su misión, dijo estas palabras:
"En verdad, os dejo Mis importantes testimonios gemelos: el Libro de Dios y Mi
Familia". Aunque habían sido reveladas tradiciones por esa Fuente de la
Profecía y Mina de la Guía Divina, Él solo mencionó ese Libro, designándolo
así como el más poderoso instrumento y más seguro testimonio para los
buscadores; una guía para los hombres hasta el Día de la Resurrección.
Con mirada firme, con el corazón puro y el espíritu santificado, examina
atentamente lo que Dios ha establecido en Su Libro como el testimonio de guía
para Su pueblo, Libro reconocido como auténtico por elevados y humildes.
Ambos debemos adherirnos a este testimonio, al igual que todos los pueblos
del mundo, para que con su luz podamos reconocer y distinguir entre verdad y
falsedad, guía y error. Ya que Mu¥ammad ha limitado Sus testimonios a Su
Libro y Su familia, y puesto que ésta ha desaparecido, sólo queda Su Libro
como único testimonio Suyo entre los hombres.
Al comienzo de Su Libro dice: "Alif, Lám, Mím. No hay duda acerca de este
Libro; es una guía para los que son temerosos de Dios".82 En las letras
inconexas del Qur'án están guardados los misterios de la Esencia divina, y en
sus conchas se atesoran las perlas de Su Unidad. Por falta de espacio no Nos
extenderemos sobre ellas en este momento. Exteriormente designan al propio
Mu¥ammad, a Quien Dios se dirige, diciendo: "Oh Mu¥ammad, no hay duda ni
incertidumbre acerca de este Libro que ha sido enviado desde el cielo de la
Unidad divina. Hay en él guía para quienes temen a Dios". Considera que Él
ha designado y decretado ese mismo Libro, el Qur'án, como guía para todos
los que están en el cielo y en la tierra. Aquel Que es el Ser divino y Esencia
oculta, atestigua Él mismo que ese Libro es, más allá de toda duda e
incertidumbre, la guía de toda la humanidad hasta el Día de la Resurrección.
Ahora preguntamos: ¿Es justo que este pueblo mire con dudas y recelos a
éste el más decisivo Testimonio, cuyo origen divino ha proclamado Dios,
declarándolo la personificación de la verdad? ¿Es justo que se aparten de lo
que Él ha designado como el supremo Instrumento de guía para llegar a las
más altas cimas del conocimiento, buscando otra cosa que no sea ese Libro?
¿Cómo pueden dejar que las absurdas y torpes palabras de los hombres
siembren en sus mentes las semillas de la desconfianza? ¿Cómo pueden
seguir vanamente discutiendo que cierta persona ha dicho tal o cual cosa, o
que cierta cosa no se produjo? Si hubiera habido algo inconcebible, además
del Libro de Dios, que fuese un instrumento más poderoso y una guía más
segura para la humanidad, ¿no la habría revelado Él en ese versículo?
Nos incumbe no desviarnos del irresistible mandato y fijo decreto de Dios,
como está revelado en el versículo mencionado anteriormente. Debiéramos
reconocer las sagradas y maravillosas Escrituras, pues al no hacerlo no
reconoceríamos la verdad de ese versículo bendito. Ya que, evidentemente,
todo aquel que no ha reconocido la verdad del Qur'án, en realidad ha dejado
de reconocer la verdad de las Escrituras que le preceden. Esto es lo que
implica manifiestamente este versículo. ¡Si expusiésemos sus significados
anteriores y revelásemos sus misterios ocultos, la eternidad no bastaría para
agotar su alcance, ni sería el universo capaz de escucharlos! ¡Dios,
ciertamente, atestigua la verdad de Nuestras palabras!
Dice, asimismo, en otro pasaje: "Y si estáis en duda de lo que enviamos a
Nuestro Siervo, traed un Súrih como éste, e invocad a vuestros testigos, aparte
de Dios, si sois veraces".83 Mira cuán elevada es la posición y cuán completa
la virtud de estos versículos, que Él ha declarado como Su testimonio más
seguro, Su prueba infalible, la demostración de Su poder que todo lo domina, y
la revelación de la potencia de Su voluntad. Él, el Rey divino, ha proclamado la
supremacía indiscutible de los versículos de Su Libro por encima de todas las
cosas que dan testimonio de Su verdad. Pues, en comparación con todas las
demás pruebas y señales, los versículos divinamente revelados brillan como el
sol, en tanto que ésas son como estrellas. Para los pueblos del mundo estos
versículos son el testimonio perdurable, la prueba incontrovertible, la brillante
luz del Rey ideal. Es sin igual su excelencia y nada puede aventajar su virtud.
Son el tesoro de las perlas divinas y el depósito de los divinos misterios.
Constituyen el Vínculo indisoluble, la firme Cuerda, el 'Urvatu'l-Vuthqá, la Luz
inextinguible. A través de ellos corre el río del conocimiento divino y arde el
fuego de Su antigua y consumada sabiduría. Éste es el fuego que, a un mismo
tiempo, enciende la llama del amor en el pecho de los fieles y provoca en el
corazón del enemigo el frío de la negligencia.
¡Oh amigo! Nos incumbe no dejar de lado el mandato de Dios, sino más bien
conformarnos y someternos a lo que Él ha ordenado como Su Testimonio
divino. Este versículo es una declaración demasiado importante y llena de
significado como para que esta alma afligida pueda demostrarla y explicarla.
Dios dice la verdad y guía por el camino. Él, en verdad, es supremo sobre todo
Su pueblo; Él es el Poderoso, el Benéfico.
Asimismo dice: "Éstos son los versículos de Dios que Te recitamos con la
verdad. Pero ¿en qué revelación creerán, si rechazan a Dios y Sus
versículos?"84 Si comprendieras el sentido de este versículo, reconocerías la
verdad de que jamás se ha revelado manifestación más grande que los
Profetas de Dios y que ningún testimonio más poderoso que el testimonio de
sus versículos ha aparecido en la Tierra. Es más, este testimonio no es
superado por ningún otro testimonio, excepto lo que sea voluntad del Señor, tu
Dios.
En otro pasaje dice: "¡Ay de todo mentiroso pecador que escucha los
versículos de Dios que le recitan y luego persiste ensoberbecido como si no
los hubiese escuchado! Adviértele, pues, de un castigo doloroso".85 Los
alcances de este solo versículo bastarían a todos los que están en el cielo y en
la tierra, si meditasen los hombres los versículos de su Señor. Por cuanto
puedes oír en este día que la gente pasa por alto desdeñosamente los
versículos divinamente revelados, como si fueran la más despreciable de todas
las cosas. Y, sin embargo, ¡nunca ha aparecido, ni se manifestará jamás en el
mundo, algo más grande que estos versículos! Diles: "¡Oh desatentos! Repetís
lo que en una época pasada dijeron vuestros padres. Los mismos frutos que
ellos cosecharon en el árbol de su incredulidad, los cosecharéis vosotros
también. Dentro de poco seréis emplazados junto a vuestros padres y con ellos
habitaréis en el fuego infernal. ¡Pésima morada la del pueblo de la tiranía!"
Y en otro pasaje dice: "Y cuando conoce alguno de Nuestros versículos, se
mofa de él. ¡Hay para ellos un castigo afrentoso!"86 La gente, burlándose,
decía: "¡Haz otro milagro y danos otra prueba!" Decía alguno: "Haz, pues, caer
sobre nosotros un pedazo del cielo";87 y otro: "Si ésta es la verdad que viene
de ti, haz llover sobre nosotros piedras del cielo".88 Así como el pueblo de
Israel en el tiempo de Moisés trocó el pan del cielo por las inmundicias de la
tierra, estos hombres, igualmente, han tratado de cambiar los versículos
divinamente revelados por sus deseos ociosos, impuros y despreciables. Del
mismo modo puedes ver que, en este día, a pesar de que ha descendido el
sustento espiritual del cielo de la misericordia divina vertiéndose de las nubes
de Su amorosa bondad, y que, por mandato del Señor de toda la existencia, se
agitan los mares de la vida en el Ri¤ván del corazón, no obstante, estos
hombres, voraces como canes, se han apiñado en torno a la carroña, y se han
conformado con las aguas estancadas de un lago salobre. ¡Alabado sea Dios!
¡Qué manera más extraña la de esa gente! Claman por guía, cuando se han
enarbolado ya los estandartes de Aquel Que guía todas las cosas. Se aferran
a las oscuras complejidades del conocimiento, en tanto que Él, Quien es el
objeto de todo conocimiento, brilla como el sol. Ven el sol con sus propios ojos,
y sin embargo ponen en duda que ese Astro resplandeciente sea la prueba de
su luz. Ven caer sobre ellos las lluvias primaverales, y sin embargo piden
demostración de tal generosidad. La prueba del sol es su luz, que brilla
envolviéndolo todo. La demostración de la lluvia es su generosidad, que
renueva al mundo y lo reviste con el manto de la vida. Ciertamente, el ciego no
puede percibir del sol otra cosa que su calor, y la tierra árida no recibe parte
de las lluvias de la misericordia. "No os maravilléis si el descreído no percibe
en el Qur'án más que el trazo de las letras, pues en el sol el ciego no
encuentra más que el calor".
En otro pasaje dice: "Y cuando se les recitan Nuestros claros versículos, su
único argumento es decir: '¡Traednos a nuestros padres, si decís la verdad!'"89
¡Mira qué absurdas pruebas piden a estas Personificaciones de una
misericordia que todo lo abarca! Se burlaban de esos versículos, de los cuales
una sola letra es mayor que la creación de los cielos y la tierra, y que vivifican
a los muertos del valle del egoísmo y el deseo con el espíritu de la fe; y
clamaban diciendo: "Haz salir a nuestros padres de los sepulcros." Tal era la
contumacia y soberbia de ese pueblo. Cada uno de estos versículos es, para
todos los pueblos del mundo, testimonio infalible y gloriosa prueba de Su
verdad. Cada uno de ellos por sí solo basta para toda la humanidad, ¡si
meditases sobre los versículos de Dios! En el mismo versículo antes
mencionado yacen ocultas perlas de misterios. Cualquiera que sea la dolencia,
el cauterio que ofrece no puede fallar.
No hagas caso de la vana aseveración de quienes afirman que el Libro y sus
versículos nunca podrán ser testimonio para la gente común, ya que ésta no
entiende su significado ni puede apreciar su valor. Pues, con todo, el
testimonio infalible de Dios para el Oriente y el Occidente no es otro que el
Qur'án. Si estuviera más allá de la comprensión de la gente, ¿cómo podría
habérsele declarado testimonio universal para todos los hombres? Si su
aseveración fuese cierta, a nadie se le pediría conocer a Dios, ni sería
necesario que lo hiciese, por cuanto el conocimiento del Ser divino trasciende
el conocimiento de Su Libro, y la gente común no tendría capacidad para
comprenderlo.
Semejante aseveración es del todo falaz e inadmisible. Está animada
solamente por la arrogancia y la soberbia. Su motivo es desviar a la gente del
Ri¤ván de la complacencia divina y estrechar las riendas de la autoridad sobre
el pueblo. Y, sin embargo, a la vista de Dios, esa gente común es infinitamente
superior y exaltada por encima de sus guías religiosos que se han apartado
del Dios único y verdadero. La comprensión de Sus palabras y la percepción
de la melodía de las Aves del Cielo de ningún modo dependen de la erudición
humana. Dependen solamente de la pureza del corazón, castidad del alma y
libertad de espíritu. Esto lo prueban quienes hoy día, sin conocer una letra de
las normas establecidas del saber, ocupan las sedes más eminentes del
conocimiento, y el jardín de sus corazones se adorna, mediante las lluvias de
la gracia divina, con las rosas de la sabiduría y los tulipanes del entendimiento.
¡Bienaventurados los sinceros de corazón por su participación de la luz de un
Día poderoso!
Asimismo dice: "En cuanto a quienes no creen en los versículos de Dios ni que
alguna vez Le encontrarán, ésos perderán toda esperanza de Mi misericordia,
y a ésos les espera un castigo doloroso".90 Y también: "Y dicen: '¿He-mos de
abandonar nuestros dioses por un poeta demenciado?'"91 Lo que implica este
versículo es claro. Mira lo que dijeron luego que fueron revelados los
versículos. Le llamaron poeta, se burlaron de los versículos de Dios y
exclamaron, diciendo: "Estas palabras suyas no son sino cuentos de los
antiguos". Con esto querían decir que las palabras dichas por los pueblos de
antaño, Mu¥ammad las había recopilado llamándolas la Palabra de Dios.
Asimismo, en este día, has escuchado a la gente formular cargos parecidos a
esta Revelación, diciendo: "Ha recopilado estas palabras entre las palabras de
antaño"; o bien: "estas palabras son ilegítimas". ¡Vanas y altaneras son sus
palabras, y bajo su estado y posición!
Después de las recusaciones y denuncias que pronunciaron, y a las que Nos
hemos referido, protestaron diciendo: "De acuerdo con nuestras Escrituras,
ningún Profeta independiente debe aparecer después de Moisés y Cristo para
abolir la Ley de la Revelación divina. Más aún, aquel que se ha de manifestar
debe necesariamente cumplir la Ley". En seguida fue revelado este versículo,
que da a conocer todos los temas divinos y atestigua la verdad de que la
gracia del Todomisericordioso nunca dejará de verterse: "Y vino a vosotros en
otro tiempo José, con claras pruebas; y no dejasteis de dudar del mensaje con
que vino a vosotros, hasta que, cuando murió, dijisteis: 'De ningún modo hará
Dios aparecer a un Mensajero después de Él'. Así extravía Dios a quien es
transgresor y duda".92 Por tanto, procura entender por este versículo y saber
con certeza que los hombres de cada época, aferrándose a un versículo del
Libro, han pronunciado tan vanas y absurdas palabras, afirmando que nunca
más se manifestaría en el mundo otro Profeta. Así, los sacerdotes cristianos,
afirmándose en el versículo del Evangelio a que ya Nos hemos referido, han
tratado de explicar que la ley del Evangelio nunca será abrogada, y que no se
manifestará ningún otro Profeta independiente, a menos que confirme la ley
del Evangelio. La mayoría de los hombres han sido afectados por esta
enfermedad espiritual.
Así ves que el pueblo del Qur'án, al igual que las gentes de antaño, ha
permitido que las palabras "Sello de los Profetas" velen su vista. Y, sin
embargo, ellos mismos atestiguan este versículo: "Nadie sabe su
interpretación sino Dios y quienes son versados en el saber".93 Y cuando
Aquel Que es versado en todo el saber, Quien es su Madre, su Alma, su
Secreto y su Esencia, revela lo que es contrario en el menor grado a sus
deseos, se Le oponen tenazmente y descaradamente Le niegan. Esto ya lo
has escuchado y lo has visto. Semejantes actos y palabras han sido instigados
únicamente por los jefes religiosos, quienes no adoran a ningún Dios sino a su
deseo y no guardan lealtad más que al oro, quienes han sido envueltos por los
densos velos del conocimiento y, enredados en sus complejidades, se han
perdido en los desiertos del error. Así lo ha declarado explícitamente el Señor
de todos los seres: "¿Qué crees? Aquel que de sus pasiones ha hecho un
Dios, y a quien Dios hace errar por el conocimiento, y cuyos oídos y corazón Él
selló, y sobre cuya vista puso Él su velo, ¿quién le guiará, después que Dios le
ha rechazado? ¿Es que no haréis caso de la advertencia?"94
Aunque el significado aparente de "A quien Dios hace errar por el
conocimiento" es lo que se ha revelado, para Nosotros indica aquellos
sacerdotes de la época que se han apartado de la Belleza de Dios y que,
aferrándose a su erudición, forjada por sus propias fantasías y deseos, han
denunciado el divino Mensaje de Dios y Su Revelación. "Di: ¡Es un Mensaje
importante, del cual os apartáis!"95 Asimismo, dice: "Y cuando se les recitan
Nuestros claros versículos, dicen: 'Éste no es sino un hombre que quiere
desviaros de lo que vuestros padres adoraron'. Y dicen: 'Esto no es sino
mentira inventada'".96
Presta oído a la santa Voz de Dios y escucha Su dulce e inmortal melodía.
Mira cómo Él ha amonestado solemnemente a quienes han desechado los
versículos de Dios, y ha desconocido a aquellos que niegan Sus santas
palabras. Considera cuánto se ha alejado la gente del Kawthar de la Presencia
divina, y cuán grave ha sido el descreimiento y la arrogancia de los
espiritualmente pobres ante aquella santificada Belleza. Aunque esa Esencia
de amorosa bondad y munificencia hizo entrar a esos seres efímeros en el
reino de la inmortalidad, y guió a esas pobres almas hacia el sagrado río de la
riqueza, con todo algunos Le denunciaron como "uno que calumnia a Dios, el
Señor de todas las criaturas", otros Le acusaron de ser "aquel que aparta a los
hombres del sendero de la fe y verdadera creencia", incluso otros Le
declararon "un lunático" y cosas parecidas.
Asimismo, en este día puedes observar qué vilezas han imputado a esa Joya
de inmortalidad, y qué transgresiones indecibles han acumulado sobre Aquel
Que es la Fuente de la pureza. Aunque Dios en todo Su Libro ha amonestado
a quienes niegan y rechazan los versículos revelados y ha anunciado su
gracia para quienes los aceptan, ¡he aquí los innumerables reparos que han
puesto a los versículos que les han sido enviados desde el nuevo cielo de la
eterna santidad de Dios! Y esto a pesar de que ningún ojo ha visto tan gran
efusión de generosidad, ni oído alguno ha escuchado sobre semejante
revelación de amorosa bondad. Tal generosidad y revelación se manifestaron,
que los versículos revelados parecían lluvias primaverales vertiéndose de las
nubes de la misericordia del Todomunífico. Cada uno de los Profetas "dotados
de constancia", cuya majestad y gloria brillan como el sol, fueron honrados con
un Libro que todos han visto y cuyos versículos han sido debidamente fijados.
En tanto que los versículos que se han vertido de esta Nube de misericordia
divina son tan abundantes que hasta ahora nadie ha podido estimar su
número. Hay ahora disponibles una veintena de volúmenes. ¡Cuán-tos están
aún fuera de nuestro alcance! ¡Cuántos han sido robados y han caído en las
manos del enemigo, sin que nadie sepa la suerte que han corrido!
Oh hermano: debiéramos abrir nuestros ojos, meditar Su Palabra y buscar la
sombra protectora de las Manifestaciones de Dios, para que quizás seamos
prevenidos por los consejos inequívocos del Libro, y pongamos atención a las
advertencias escritas en las Tablas sagradas, para que no pongamos reparos
al Revelador de los versículos, para que nos sometamos totalmente a Su
Causa y abracemos Su ley de todo corazón, para que quizás entremos en la
corte de Su misericordia y habitemos en la ribera de Su gracia. Él, en verdad,
es misericordioso y perdonador para con Sus siervos.
Y, asimismo, dice: "¡Oh pueblo del Libro! ¿Acaso no nos repudiáis sólo porque
creemos en Dios y en lo que Él nos ha enviado, y en lo que Él envió en otro
tiempo, y porque los más de vosotros sois malhechores?"97 ¡Qué
explícitamente revela Nuestro propósito este versículo, y qué claro demuestra
la verdad del testimonio de los versículos de Dios! Este versículo fue revelado
en un tiempo en que el Islám era asediado por los infieles y sus seguidores
acusados de herejes, cuando los Compañeros de Mu¥ammad eran
denunciados como repudiadores de Dios y seguidores de un brujo mentiroso.
En sus primeros tiempos, cuando el Islám aún estaba aparentemente
desprovisto de autoridad y poder, los amigos del Profeta, quienes habían
vuelto el rostro hacia Dios, dondequiera que fuesen eran acosados,
perseguidos, apedreados y envilecidos. En semejantes mo-mentos fue enviado
este versículo desde el cielo de la Revelación divina. Reveló una prueba
irrefutable y trajo la luz de una guía infalible. Mandó a los compañeros de
Mu¥ammad declarar a los infieles e idólatras: "Nos agobiáis persiguiéndonos;
y, sin embargo, ¿qué hemos hecho salvo creer en Dios y en los versículos que
se nos han enviado a través de la lengua de Mu¥ammad, y en los que
descendieron a los Profetas de antaño?" Esto quiere decir que su única culpa
era haber admitido que los nuevos y maravillosos versículos de Dios que
habían descendido a Mu¥ammad, así como los que habían sido revelados a
los Profetas de antaño, eran todos de Dios, y haber reconocido y abrazado su
verdad. Éste es el testimonio que el divino Rey ha enseñado a Sus siervos.
En vista de esto, ¿es justo que esos hombres rechacen estos versículos
recientemente revelados que han abarcado a Oriente y Occidente, y se
consideren los defensores de la verdadera fe? ¿No deberían más bien creer
en Aquel Que ha revelado estos versículos? En razón del testimonio que Él
mismo ha demostrado, ¿cómo no habría considerado verdaderos creyentes a
quienes han atestiguado su verdad? ¡No permita Dios alejar de las puertas de
Su misericordia a quienes se han vuelto hacia los versículos divinos y
aceptado su verdad, ni amenazar a quienes se han adherido a Su seguro
testimonio! Él, en verdad, demuestra la verdad mediante Sus versículos, y
confirma Su Revelación por Sus palabras. Él es, en verdad, el Fuerte, el Que
ayuda en el peligro, el Todopoderoso.
Y, asimismo, dice: "Y si Te hubiésemos enviado un Libro escrito en pergamino,
y lo hubiesen tocado con sus manos, seguramente habrían dicho los infieles:
'Esto no es más que brujería palpable'".98 La mayoría de los versículos del
Qur'án señalan este tema. En aras de la brevedad hemos mencionado sólo
estos versículos. Ahora bien, considera: en todo el Libro, fuera de los
versículos, ¿se ha establecido algún otro criterio para reconocer a las
Manifestaciones de Su Belleza, de modo que los hombres se adhieran a ella,
rechazando a las Manifestaciones de Dios? Al contrario, en todos los casos Él
ha amenazado con el fuego a quienes rechazan los versículos burlándose de
ellos, como ya se ha demostrado.
Por tanto, si apareciese una persona aduciendo una miríada de versículos,
disertaciones, epístolas y oraciones sin que las hubiese aprendido estudiando,
¿qué razonable excusa podrían aducir quienes los rechazan, privándose de la
potencia de su gracia? ¿Qué respuesta podrán dar cuando sus almas hayan
ascendido, abandonando su sombrío templo? ¿Podrían tratar de justificarse
diciendo: "Nos hemos aferrado a cierta tradición y, al no ver su cumplimiento
literal, hemos puesto semejantes reparos a las Personificaciones de la
Revelación divina, apartándonos de la ley de Dios"? ¿No has oído que entre
las razones por las que a algunos Profetas se les ha designado Profetas
"dotados de constancia" está la revelación de un Libro a ellos? Y, sin embargo,
¿podría esta gente tener motivo para rechazar al Revelador y Autor de tantos
volúmenes de versículos, ateniéndose a las palabras de quien neciamente ha
sembrado las semillas de la duda en el corazón de los hombres, y quien, a
modo de Satanás, se ha levantado para llevar al pueblo hacia los caminos de
la perdición y el error? ¿Cómo pudieron permitir que cosas semejantes les
privasen de la luz del Sol de la munificencia divina? Además de esto, si esta
gente evita y rechaza a semejante Alma divina y santo Hálito, ¿a quién, Nos
preguntamos, podrían aferrarse; hacia qué faz podrían volverse, salvo Su faz?
Ciertamente: "Todos tienen un punto en los Cielos hacia donde se vuelven".99
Te hemos mostrado estos dos caminos; toma el camino que desees. Esto es,
ciertamente, la verdad, y tras la verdad no queda nada sino el error.
Entre las pruebas que demuestran la verdad de esta Revelación está que, en
toda época y Dispensación, cuando quiera que se revelara la Esencia invisible
en la persona de Su Manifestación, ciertas almas humildes y liberadas de todo
apego mundano buscarían iluminación en el Sol de la Profecía y en la Luna de
la guía divina, llegando a la Presencia divina. Por esta razón, los sacerdotes
de la época y quienes poseían riquezas se burlaron desdeñosamente de esos
hombres. Así Él ha revelado refiriéndose a los errados: "Entonces dijeron los
jefes de Su pueblo que no creyeron: 'En Ti no vemos más que a un hombre
como nosotros; y no vemos que Te hayan seguido sino aquellos que son los
más viles de nosotros, los faltos de reflexión, ni os vemos con excelencia
alguna sobre nosotros; es más, os consideramos embusteros'".100 Pusieron
reparos a esas santas Manifestaciones y protestaron diciendo: "Nadie os ha
seguido excepto los despreciables entre nosotros, aquellos que no merecen
atención". Su objetivo era demostrar que nadie entre los eruditos, los ricos y
los renombrados creía en ellos. Mediante ésta y semejantes pruebas
pretendían demostrar la falsedad de Aquel que no dice sino la verdad.
Sin embargo, en esta muy resplandeciente Dispensación y poderosísima
Soberanía, un número de sacerdotes iluminados, de hombres de erudición
consumada, de doctores de sabiduría madura, llegaron a Su Corte, bebieron el
cáliz de Su divina Presencia y fueron investidos con el honor de Su muy
excelente favor. Renunciaron, por el amor del Bienamado, al mundo y a todo lo
que hay en él. Mencionaremos los nombres de algunos de ellos, para que
quizás esto fortifique a los pusilánimes e infunda valor a los tímidos.
Entre ellos estaba Mullá Æusayn, quien llegó a ser el recipiente de la
refulgente gloria del Sol de la Revelación divina. A no ser por él, Dios no se
hubiera establecido en la sede de su misericordia, ni habría ascendido al trono
de gloria eterna. Entre ellos también estaba Siyyid Ya¥yá, esa figura única e
incomparable en su época;
Mullá Mu¥ammad 'Alíy-i-Zanjání
Mullá 'Alíy-i-Basámí
Mullá Sa'íd-i-Bárfirúshí
Mullá Ni'matu'lláh-i-Mázindarání
Mullá Yúsuf-i-Ardibílí
Mullá Mihdíy-i-Khú'í
Siyyid Æusayn-i-Turshízí
Mullá Mihdíy-i-Kandí
Mullá Báqir
Mullá 'Abdu'l-Kháliq-i-Yazdí
Mullá 'Alíy-i-Baraqání
y otros, cerca de cuatrocientos en total, cuyos nombres están todos inscritos
en la "Tabla Guardada" de Dios.
Todos ellos fueron guiados por la luz de ese Sol de la Revelación divina,
confesaron y reconocieron Su verdad. Tal era su fe, que la mayoría de ellos
renunciaron a sus bienes y familia, aferrándose a la complacencia del
Todoglorioso. Dieron la vida por su Bienamado y lo entregaron todo en Su
sendero. Sus pechos fueron el blanco de los dardos del enemigo, y sus
cabezas adornaron las lanzas de los infieles. No quedó tierra que no bebiese
la sangre de esas personificaciones del desprendimiento, ni espada que no
hiriese su cuello. Sus actos, por sí solos, atestiguan la verdad de sus palabras.
¿No les basta a los hombres de este día el testimonio de estas almas santas
que se levantaron para ofrendar sus vidas a su Amado tan gloriosamente, que
todo el mundo quedó maravillado ante su sacrificio? ¿No es testimonio
suficiente contra la infidelidad de quienes, por una baratija, traicionaron su fe,
y trocaron la inmortalidad por aquello que perece, quienes cedieron el Kawthar
de la Presencia divina a cambio de fuentes salobres, y cuyo único objetivo en
la vida es usurpar la propiedad ajena? Así ves cómo todos ellos se han
ocupado con las vanidades del mundo, apartándose de Aquel Que es el Señor,
el Altísimo.
Ahora sé justo: ¿Es aceptable y digno de atención el testimonio de aquellos
cuyas obras concuerdan con sus palabras, cuyo comportamiento exterior se
ajusta a su vida interior? La mente se desconcierta al ver sus obras, y el alma
se maravilla ante su valor y resistencia física. O ¿es aceptable el testimonio de
estas almas sin fe, que no exhalan sino el aliento de sus deseos egoístas,
presos en la jaula de sus vanas fantasías? Al igual que los murciélagos de las
tinieblas, no levantan la cabeza de su lecho salvo para ocuparse de las cosas
pasajeras del mundo, y no encuentran descanso de noche si no es
empeñándose en promover los fines de su sórdida vida. Absortos en sus
planes egoístas, se olvidan del Decreto divino. De día se afanan con toda su
alma por conseguir beneficios mundanos, y de noche su única ocupación es
satisfacer sus deseos carnales. ¿Con qué ley o norma podrían justificarse los
hombres al adherirse a las recusaciones de almas tan limitadas y desconocer
la fe de quienes, por la complacencia de Dios, han renunciado a su vida y sus
bienes, su fama y su renombre, su reputación y honor?
¿No fueron considerados los sucesos de la vida del "Príncipe de los
Mártires"101 como los más grandes de todos los acontecimientos, como la
prueba suprema de su verdad? ¿No declaró el pueblo de antaño que esos
sucesos no tenían precedente? ¿No afirmaron ellos que ninguna manifestación
de la verdad había jamás demostrado tal constancia ni gloria tan evidente? Y,
sin embargo, ese episodio de su vida, como se sabe, comenzó en la mañana y
tuvo su fin hacia la mitad del mismo día, mientras que estas luces santas han
soportado heroicamente durante dieciocho años las aflicciones que, como
aguaceros, les han llovido desde todos los lados. ¡Con qué amor, devoción,
alborozo y santo arrobamiento sacrificaron sus vidas en el sendero del
Todoglorioso! Todos dan testimonio de esta verdad. Y, sin embargo, ¿cómo
pueden despreciar esta Revelación? ¿Ha presenciado época alguna
acontecimientos tan trascendentales? Si estos compañeros no fuesen los que
verdaderamente se afanan por llegar a Dios, ¿a quiénes podría tenerse por
tales? ¿Han sido estos compañeros buscadores de poder o de gloria? ¿Han
anhelado poseer riquezas? ¿Han abrigado deseo alguno que no sea la
complacencia de Dios? Si estos compañeros, con todos sus maravillosos
testimonios y prodigiosas obras, fuesen falsos, ¿quién, entonces, podría
dignamente pretender que tiene la verdad? Juro por Dios que sus propios
actos son testimonio suficiente y prueba irrefutable para todos los pueblos de
la Tierra, ¡si ponderasen los hombres en su corazón los misterios de la
Revelación divina! "¡Y aquellos que actúan injustamente pronto sabrán lo que
les espera!"102
Además, la norma de la verdad y la falsedad está indicada y designada en el
Libro. Deben necesariamente probarse con esta piedra de toque divinamente
señalada las demandas y pretensiones de todos los hombres, de modo que los
veraces sean conocidos y distinguidos de los impostores. Esta piedra de toque
no es sino este versículo: "Anhelad la muerte, si sois veraces".103 Considera a
estos mártires de sinceridad incuestionable, cuya veracidad la testifica el texto
explícito del Libro, todos los cuales, como has visto, sacrificaron su vida, sus
bienes, sus esposas, sus niños y todo cuanto tenían, y ascendieron a los más
elevados aposentos del Paraíso. ¿Está bien rechazar el testimonio que estos
seres exaltados y desprendidos dan de la verdad de esta preeminente y
gloriosa Revelación, y considerar aceptables las denuncias que contra esta
Luz resplandeciente han hecho esos hombres incrédulos, quienes por el oro
han renegado de su fe, y por su afán de mando han rechazado a Aquel Que es
el Jefe Supremo de toda la humanidad? Y esto a pesar de que su carácter les
ha sido ahora revelado a todos los hombres, que les han reconocido como
aquellos que de ningún modo renunciarían ni a una pizca, ni a un ápice de su
autoridad temporal a favor de la santa Fe de Dios, cuanto menos a su vida, sus
bienes o cosa parecida.
Mira cómo la divina Piedra de Toque, de acuerdo con el texto explícito del
Libro, ha separado y distinguido a los sinceros de los falsos. No obstante, aún
son inconscientes de esta verdad y, en el sueño de la negligencia, persiguen
las vanidades del mundo y se ocupan con pensamientos de vana autoridad
terrenal.
"¡Oh Hijo del Hombre! Muchos días han pasado sobre ti mientras te ocupabas
de tus fantasías y ociosas imaginaciones. ¿Hasta cuándo quieres dormir en tu
lecho? Alza la cabeza por sobre tu sueño, pues el Sol se ha elevado hasta su
cenit, y tal vez brille sobre ti con la luz de la belleza".
Ha de saberse, sin embargo, que ninguno de estos doctores y sacerdotes a
que Nos hemos referido estaba investido con la categoría y dignidad del
mando. Pues los jefes religiosos conocidos e influyentes, que ocupan los
puestos de autoridad y ejercen funciones de mando, no pueden de modo
alguno jurar lealtad al Revelador de la verdad, salvo quien sea la voluntad de
tu Señor. Con excepción de unos pocos, tal cosa nunca ha ocurrido. "Y pocos
de Mis siervos son los agradecidos".104 Así, en esta Dispensación, ninguno
de los sacerdotes renombrados, en cuyas manos estaban las riendas de la
autoridad sobre la gente, ha abrazado la Fe; por el contrario, se han opuesto a
ella con tal animosidad y empeño, que no ha escuchado oído, ni visto ojo
alguno cosa semejante.
El Báb, el Señor, el exaltadísimo -que la vida de todos sea sacrificada por Él-,
ha revelado específicamente una Epístola dirigida a los sacerdotes de cada
ciudad, en la cual ha expuesto plenamente el carácter del rechazo y repudio
de cada uno de ellos. "¡Por lo tanto, tened cuidado, vosotros que sois hombres
de discernimiento!"105 Al referirse a su oposición se proponía invalidar las
objeciones que pudiera hacer el pueblo del Bayán en el día de la
manifestación del "Mustagháth",106 día de la Resurrección Última, afirmando
que, mientras en la Dispensación del Bayán varios sacerdotes abrazaron la
Fe, en esta última Revelación ninguno de ellos ha reconocido Su pretensión.
Su propósito era prevenir al pueblo, no fuese que -¡no lo permita Dios!- se
aferrasen a pensamientos tan necios y se privaran de la Belleza divina. En
verdad, estos sacerdotes a que Nos hemos referido, en su mayoría no tenían
renombre y, por la gracia de Dios, estaban limpios de vanidades mundanas y
libres de los atavíos del mando. "Tal es la generosidad de Dios; a quien
quiere, Él se la da".
Otra prueba y demostración de la verdad de esta Revelación, que entre todas
las demás pruebas brilla como el sol, es la constancia con que la eterna
Belleza proclamó la Fe de Dios. Aunque era joven y de tierna edad, y la Causa
que revelaba era contraria al deseo de todos los pueblos de la Tierra: de
elevados y humildes, ricos y pobres, ensalzados y humillados, reyes y
vasallos, con todo, se levantó y la proclamó resueltamente. Todos saben esto
y lo han escuchado. No temía a nadie; no hacía caso de las consecuencias.
¿Podría manifestarse cosa semejante si no fuera por el poder de una
Revelación divina y la potencia de la invencible Voluntad de Dios? ¡Por la
rectitud de Dios, si alguien guardara en su corazón Revelación tan grande, el
solo pensamiento de tal declaración le confundiría! Si se apiñasen en su
corazón los corazones de todos los hombres, aun así vacilaría ante tan temible
empresa. Podría lograrlo sólo con el permiso de Dios, y sólo si el canal de su
corazón estuviese unido a la Fuente de la gracia divina y su alma tuviese
asegurado el sustento infalible del Todopoderoso. ¿Y a qué, Nos
preguntamos, atribuyen ellos tan gran osadía? ¿Le acusan de locura, como
acusaron a los Profetas de antaño? ¿O sostienen que Su motivo no fue otro
que la ambición de mando y el logro de riquezas terrenales?
¡Alabado sea Dios! En Su Libro, que Él ha titulado Qayyúmmu'l-Asmá, que es
el primero, el más grande y poderoso de todos los libros, profetiza Él Su propio
martirio. Allí se encuentra este pasaje: "¡Oh tú Remanente de Dios! Me he
sacrificado enteramente por Ti, he soportado imprecaciones sólo por amor a
Ti, y no he anhelado más que el martirio en el sendero de Tu amor. ¡Dios me
es Testigo suficiente, el Exaltado, el Protector, el Antiguo de los Días!"
Asimismo, en Su interpretación de la letra "Há", implora el martirio, diciendo:
"Me parece haber oído una Voz que llamaba en lo más íntimo de mi ser:
'¿Sacrificas lo que más amas, en el sendero de Dios, así como Æusayn, la paz
sea sobre él, ofreció su vida por Mi causa?' Y si no fuese Yo atento a este
inevitable misterio, por Aquel Que tiene mi ser entre Sus manos, si todos los
reyes de la Tierra se aliasen entre sí, serían impotentes para quitarme una
sola letra, cuánto menos aún pueden estos siervos que no son dignos de
atención alguna, y que en verdad son de los proscritos... Que todos sepan cuál
es Mi grado de paciencia, de resignación y abnegación en el sendero de Dios".
¿Podría afirmarse que el Revelador de tales palabras va por otro camino que
no sea el camino de Dios, y anhela otra cosa que no sea Su complacencia? En
este versículo hay oculta una brisa de desprendimiento que, si soplase
plenamente sobre el mundo, todos los seres renunciarían a su vida y
sacrificarían su alma. Reflexiona acerca de la infame conducta de esta
generación y atestigua su pasmosa ingratitud. Observa cómo han cerrado sus
ojos a toda esta gloria y vilmente dan caza a esos nauseabundos cadáveres,
en cuyo vientre se escucha el lamento de los bienes arrebatados a los fieles.
Y, sin embargo, ¡qué indecorosas calumnias han lanzado a esas Auroras de
Santidad! Así te referimos lo que han obrado las manos de los infieles,
quienes, en el Día de la Resurrección, han apartado su rostro de la Presencia
divina, a quienes Dios ha atormentado con el fuego de su propio
descreimiento, y para quienes Él ha preparado en el otro mundo un castigo
que devorará sus cuerpos y sus almas. Pues ellos han dicho: "Dios es
impotente, y está encadenada la mano de Su misericordia."
La constancia en la Fe es testimonio seguro y gloriosa prueba de la verdad.
Así el "Sello de los Profetas" ha dicho: "Dos versículos Me han envejecido".
Estos dos versículos se refieren a la firmeza en la Causa de Dios. Así Él ha
dicho: "Sé constante, como se te ha ordenado".107
Ahora, considera cómo este Sadrih del Ri¤ván de Dios, en la flor de Su
juventud, se levantó a proclamar la Causa de Dios. Mira qué constancia ha
revelado esa Belleza de Dios. El mundo entero se levantó para oponérsele,
pero fracasó miserablemente: cuanto más severa se hacía la persecución que
desataban contra ese Sadrih de la Bienaventuranza, más crecía Su fervor y
con más brillo ardía la llama de Su amor. Todo esto es evidente y nadie
discute tal verdad. Finalmente entregó Su alma y alzó el vuelo hacia los reinos
de lo alto.
Y entre las pruebas de la verdad de Su Manifestación estaba el ascendiente, el
trascendente poder y supremacía que Él, el Revelador del ser y Manifestación
del Adorado, solo y sin ayuda, ha revelado por todo el mundo. Apenas se
había revelado esa eterna Belleza en Shíráz, en el año sesenta, hendiendo el
velo del encubrimiento, cuando se manifestaron en todos los países los signos
del ascendiente, del poder, de la soberanía y de la fuerza que emanaba de
aquella Esencia de las esencias y Océano de los océanos. Tan es así, que en
cada ciudad aparecieron los signos, pruebas, señales y testimonios de esa
Lumbrera divina. ¡Cuántos son los corazones puros y bondadosos que
fielmente han reflejado la luz de ese Sol eterno, y qué numerosos son los
efluvios de conocimiento provenientes de ese Océano de sabiduría divina que
ha envuelto a todos los seres! En cada ciudad, todos los sacerdotes y
dignatarios se levantaron para oponerse a ellos y dominarlos, y se armaron de
malevolencia, de envidia y tiranía para destruirlos. ¡Qué grande el número de
esas almas santas y esencias de la justicia que fueron muertas, acusadas de
tiranía! Y ¡cuántas personificaciones de la pureza, que no mostraban más que
verdadero conocimiento y obras inmaculadas, sufrieron atroz muerte! A pesar
de todo esto, cada uno de estos santos seres, hasta en su último momento,
pronunció el Nombre de Dios, remontándose en el reino de la sumisión y
resignación. Tal era la potencia e influencia transformadora que ejercía sobre
ellos, que dejaron de abrigar deseo alguno salvo Su voluntad, unciendo su
alma a Su recuerdo.
Reflexiona: ¿quién es en este mundo capaz de manifestar poder tan
trascendente, tan vasta influencia? Todos estos inmaculados corazones y
almas sacrificadas, con absoluta resignación han obedecido a la llamada de
Su decreto. En lugar de quejarse, dieron gracias a Dios y, en medio de las
tinieblas, su aflicción no reveló sino radiante aquiescencia a Su voluntad. Es
evidente cuán implacable era el odio y cuán cruel la malevolencia y hostilidad
de todos los pueblos de la Tierra para con esos compañeros. La persecución y
tormento que infligieron a estos seres santos y espirituales la consideraban
como medio de salvación, prosperidad y éxito perdurable. ¿Ha presenciado el
mundo, desde los días de Adán, semejante tumulto, tan violenta conmoción?
No obstante todo su tormento y las numerosas aflicciones que soportaron,
llegaron a ser objeto del oprobio y la execración de todos. Me parece que la
paciencia fue revelada sólo en virtud de su valor, y la fidelidad misma sólo fue
engendrada por sus obras.
Pondera en tu corazón estos importantísimos acontecimientos, para que
comprendas la grandeza de esta Revelación y percibas su gloria asombrosa.
Entonces, por la gracia del Misericordioso, le será infundido a tu ser el espíritu
de fe, y habitarás y tomarás asiento en la sede de la certeza. El Dios único Me
sirve de testigo: Si meditaras un momento, admitirías que, aparte de todas
estas verdades demostradas y pruebas antes mencionadas, el repudio,
maldición y execración pronunciados por el pueblo de la Tierra son en sí la
prueba más poderosa y el más firme testimonio de la verdad de esos héroes
en el campo de la resignación y el desprendimiento. Cada vez que medites
sobre los reparos que han puesto los hombres, sean sacerdotes, eruditos o
ignorantes, más firme y constante serás en la Fe. Pues todo lo que ha ocurrido
ha sido profetizado por aquellos que son las Minas del conocimiento divino y
Recipientes de la eterna ley de Dios.
Aunque no pensábamos hacer mención de las tradiciones de una época
pasada, con todo, por Nuestro amor a ti, citaremos unas cuantas que son
aplicables a Nuestro argumento. Sin embargo, no Nos parecen necesarias,
puesto que lo que ya hemos mencionado basta al mundo y a todo cuanto hay
en él. En realidad, todas las Escrituras y sus misterios están condensados en
este breve relato. Tanto es así, que si una persona lo ponderase en su
corazón un momento, descubriría en todo lo que se ha dicho los misterios de
las Palabras de Dios y comprendería el significado de cuanto ha sido
manifestado por ese Rey ideal. Como los hombres difieren en su comprensión
y posición, haremos por tanto mención de unas cuantas tradiciones, para que
éstas den constancia al alma vacilante y tranquilidad a la mente agitada. De
este modo, el testimonio de Dios para los hombres, elevados y humildes, será
completo y perfecto.
Entre ellas está la tradición: "Y cuando el Estandarte de la Verdad es
manifestado, el pueblo de Oriente y de Occidente lo maldice". Se debe beber
necesariamente el vino de la renuncia, necesariamente deben alcanzarse las
sublimes alturas del desprendimiento, y necesariamente debe observarse la
meditación a que se refieren las palabras: "Una hora de reflexión es preferible
a setenta años de adoración piadosa", para que pueda descubrirse el secreto
del vil comportamiento de la gente, de esa gente que, a pesar del amor y
anhelo que profesan por la verdad, maldicen a los seguidores de la Verdad
una vez que Él Se ha manifestado. Da testimonio de esta verdad la tradición
mencionada más arriba. Es evidente que la razón de tal comportamiento no es
otra que la abrogación de las reglas, costumbres, hábitos y ceremoniales a
que han estado sometidos. Por lo demás, si la Belleza del Misericordioso
obedeciera las mismas reglas y costumbres que son corrientes entre la gente,
y si Él aprobara sus observancias, tal conflicto y daño de ningún modo se
manifestarían en el mundo. Esta exaltada tradición la atestiguan y verifican
estas palabras que Él ha revelado: "El día en que emplazará el Emplazador a
un asunto grave".108
El llamado divino del Heraldo celestial, procedente de detrás del Velo de la
Gloria, que invita a la humanidad a renunciar totalmente a aquello a que se
aferra, contraría su deseo; y ésta es la causa de las amargas aflicciones y
violentas conmociones que han ocurrido. Considera la forma de ser de la
gente: no hace caso de estas tradiciones bien fundadas, todas las cuales se
han cumplido, y se aferra a aquellas que son de dudosa validez, preguntando
por qué estas últimas no se han cumplido. Y, sin embargo, se ha manifestado
lo que a ellos les parecía inconcebible. Las pruebas y señales de la Verdad
brillan como el sol de mediodía, y, sin embargo, la gente vaga, perpleja y sin
objetivo, en el desierto de la ignorancia e insensatez. No obstante todos los
versículos del Qur'án y las tradiciones reconocidas que aluden todas a una
nueva Fe, a una nueva Ley y a una nueva Revelación, esa generación sigue
aún esperando ver al Prometido que ha de confirmar la Ley de la Dispensación
de Mu¥ammad. Los judíos y cristianos, de igual manera, hacen la misma
aseveración.
Entre las palabras que prefiguran una nueva Ley y una nueva Revelación
están los pasajes de la "Oración de Nudbih": "¿Dónde está Aquel Que es
preservado para renovar las ordenanzas y leyes? ¿Dónde está Aquel Que
tiene autoridad para transformar la Fe y a sus seguidores?" Asimismo, Él ha
revelado en la Zíyárat:109 "La paz sea con la Verdad renovada". Abú-
'Abdi'lláh, al preguntársele acerca del carácter del Mihdí, contestó, diciendo:
"Realizará lo que realizó Mu¥ammad, el Mensajero de Dios, y destruirá cuanto
ha habido antes de Él, así como el Mensajero de Dios destruyó los usos y
costumbres de quienes Le precedieron".
He aquí cómo, no obstante estas y otras tradiciones semejantes, vanamente
sostienen que las leyes reveladas anteriormente no deben de ningún modo
alterarse. Y, sin embargo, ¿no es el objeto de toda Revelación efectuar una
transformación del carácter total de la humanidad, transformación que ha de
manifestarse tanto exterior como interiormente, afectando su vida interior y sus
condiciones externas? Ya que si no fuese cambiado el carácter de la
humanidad, sería evidente la futilidad de las Manifestaciones universales de
Dios. En el 'Aválim, libro autorizado y bien conocido, consta lo siguiente:
"Aparecerá un Joven de los Baní-Háshim, Quien revelará un nuevo Libro y
promulgará una nueva ley"; luego siguen estas palabras: "La mayoría de Sus
enemigos serán los sacerdotes". En otro pasaje se cuenta que «ádiq, hijo de
Mu¥ammad, dijo lo siguiente: "Aparecerá un Joven de entre los Baní-Háshim,
Quien ordenará a los hombres jurarle lealtad. Su Libro será un nuevo Libro, y
Él llamará a los hombres a prometerle fidelidad. Severa es Su Revelación para
el árabe. Si oís acerca de Él, daos prisa en ir hacia Él". ¡Qué bien han seguido
las instrucciones de los imanes de la Fe y de las Lámparas de la certeza!
Aunque se expresa claramente: "Si escucháis que ha aparecido un Joven de
entre los Baní-Háshim que llama a los hombres a un nuevo Libro Divino y a
nuevas leyes Divinas, apresuraos a ir hacia Él", con todo, han declarado infiel
a ese Señor de la existencia y Le han acusado de hereje. No se han
apresurado a ir hacia esa Luz háshimí, esa divina Manifestación, salvo con
espadas desenvainadas y corazones llenos de malevolencia. Además, observa
cuán explícitamente se menciona en los libros la enemistad de los sacerdotes.
A pesar de todas estas tradiciones claras y significativas, todas esas alusiones
inequívocas e indiscutibles, la gente ha rechazado a la inmaculada Esencia del
conocimiento y de la santa prolación, volviéndose hacia los exponentes de la
rebelión y del error. A pesar de estas tradiciones escritas y de estas palabras
reveladas, sólo dicen lo que les sugieren sus propios deseos egoístas. Y si la
Esencia de la verdad revelara lo que les es contrario a sus inclinaciones y
deseos, inmediatamente Le denunciarían como infiel y protestarían diciendo:
"Esto es contrario a las palabras de los imanes de la Fe y de las luces
resplandecientes. No se estipula nada parecido en nuestra Ley inviolable".
Aun así, en este día, tan inútiles declaraciones han sido y siguen siendo
formuladas por estos pobres mortales.
Ahora bien, considera esta otra tradición y observa cómo todo esto ha sido
predicho. En el Arba'ín está escrito: "De entre los Baní-Háshim saldrá un
Joven, Quien revelará nuevas leyes. Llamará a los hombres hacia Él, pero
nadie atenderá a Su llamada. La mayoría de Sus enemigos serán los
sacerdotes. No obedecerán su Mandato, antes bien, protestarán diciendo:
'Esto es contrario a lo que nos ha sido transmitido por los imanes de la fe'". En
este día, todos repiten estas mismas palabras, ignorando totalmente que Él se
ha establecido en el trono de "Él hace lo que es Su voluntad" y habita en la
sede de "Él ordena lo que es Su deseo".
Ningún entendimiento puede concebir la naturaleza de Su Revelación, ni
conocimiento alguno comprender la amplitud de Su Fe. Todo dicho depende
de Su confirmación y todas las cosas necesitan de Su Causa. Todo salvo Él es
creado por Su mandato, y se mueve y existe por Su ley. Él es el Revelador de
los misterios divinos y el Expositor de la sabiduría antigua y oculta. Así se
relata en el Bi¥áru'l-Anvár, el 'Aválim y el Yanbú que «ádiq, hijo de
Mu¥ammad, dijo estas palabras: "El conocimiento es veintisiete letras. Todo lo
que los Profetas han revelado son dos de esas letras. Ningún hombre hasta
ahora ha conocido más que esas dos letras. Mas cuando el Qá'im aparezca,
manifestará las veinticinco letras restantes". Ahora, reflexiona: Él ha declarado
que el conocimiento consiste en veintisiete letras, y ha considerado que todos
los Profetas, desde Adán hasta el "Sello", son Expositores de sólo dos letras
suyas y han sido enviados con estas dos letras. También dice que el Qá'im ha
de revelar las veinticinco letras restantes. A juzgar por estas palabras, ¡qué
magna y sublime es Su posición! Su rango está por sobre el de todos los
Profetas, y Su Revelación rebasa la comprensión y entendimiento de todos sus
elegidos. Una Revelación tal que de ella, o bien los Profetas de Dios, Sus
santos y elegidos no han sido informados, o bien, en cumplimiento del
inescrutable Decreto de Dios, no la han dado a conocer. Semejante
Revelación trata de medirla esta gente depravada y vil con su propia mente
defectuosa, con su limitado conocimiento y comprensión. Si no se ajusta a sus
normas, de inmediato la rechazan. "¿Piensas que los más de ellos escuchan o
entienden? ¡No son sino como bestias! ¡Ciertamente, se apartan cada vez más
del camino!"110
¿Cómo -Nos preguntamos- explican ellos la tradición antes mencionada,
tradición que en términos inequívocos anuncia la revelación de cosas
inescrutables y la llegada de acontecimientos nuevos y maravillosos en Su
día? Sucesos tan asombrosos crean tal disensión entre los hombres, que
todos los sacerdotes y doctores sentencian a muerte a Él y a Sus compañeros,
y todos los pueblos de la Tierra se levantan para oponérsele. Así se ha
consignado en el "Káfí", en la tradición del Jábir, en la "Tabla de Fáimih",
acerca del carácter del Qá'im: "Manifestará la perfección de Moisés, el
esplendor de Jesús y la paciencia de Job. En Su día serán humillados Sus
elegidos. Sus cabezas serán ofrecidas como regalo, lo mismo que las cabezas
de turcos y de ilamitas. Serán muertos y quemados. El miedo se apoderará de
ellos; la consternación y alarma aterrorizarán sus corazones. Se teñirá la tierra
con su sangre. Llorarán y se lamentarán sus mujeres. ¡Éstos son en verdad
mis amigos!" Reflexiona: ni una sola letra de esta tradición ha quedado sin
cumplirse. En la mayoría de los lugares se ha derramado su bendita sangre;
en cada ciudad se les ha hecho cautivos, se les ha exhibido por todas las
provincias y, a algunos, se les ha quemado. Y, sin embargo, nadie se ha
detenido a pensar que si el Qá'im prometido hubiera de revelar la ley y
ordenanzas de una Dispensación anterior, ¿para qué, entonces, habrían de
consignarse tales tradiciones, y por qué habría de suscitarse tal disensión y
conflicto, que el pueblo creyera su obligación dar muerte a esos compañeros, y
considerara la persecución de esas almas santas como medio de lograr el
supremo favor?
Observa además cómo lo que ha sucedido, y los actos que han sido
perpetrados, ha sido todo ello mencionado en tradiciones anteriores. Así está
consignado referente a "Zawrá'" en el Raw¤iy-i-Káfí. Se narra en el Raw¤iy-i-
Káfí acerca de Mu'ávíyih, hijo de Vahháb, que Abú-'Abdi'lláh le dijo: '¿Conoces
Zawrá'?' Dije: '¡Que mi vida sea sacrificada por ti! Dicen que es Baghdád'. 'No',
respondió; y luego añadió: '¿Has entrado en la ciudad de Rayy?',111 a lo que
repliqué: 'Sí, he entrado en ella'. Después de lo cual preguntó: '¿Has visitado
el mercado de ganado?' 'Sí', le respondí. Dijo: '¿Has visto la montaña negra
que hay a la derecha del camino? Ésa es Zawrá'. Ochenta hombres, de entre
los hijos de algunos, serán allí muertos; todos los cuales serán dignos de
llamarse califas'. '¿Quién los matará?', pre-gunté. Respondió: '¡Los hijos de
Persia!'"
Ésa es la condición y el destino de Sus compañeros, y que fue predicha en
días pasados. Y ahora observa que, de acuerdo con esta tradición, Zawrá' no
es sino la tierra de Rayy. En ese lugar Sus compañeros han alcanzado la
muerte con gran sufrimiento, y todos estos seres santos han sufrido el martirio
de manos de los persas, como aparece en la tradición. Esto lo has oído y
todos lo atestiguan. ¿Por qué, entonces, esos hombres rastreros como
gusanos no se detienen a meditar estas tradiciones, todas las cuales son
manifiestas como el sol en su gloria meridiana? ¿Por qué razón se niegan a
abrazar la Verdad, dejando que ciertas tradiciones cuyo significado no han
comprendido les impidan reconocer la Revelación de Dios y Su Belleza y les
hagan habitar en el abismo infernal? Cosas semejantes no deben atribuirse
más que a la incredulidad de los sacerdotes y doctores de la época. De ellos,
«ádiq, hijo de Mu¥ammad, ha dicho: "Los doctores de la religión en esa época
serán los sacerdotes más malvados bajo la sombra del cielo. De ellos procede
la maldad y a ellos volverá".
Rogamos a los doctos del Bayán que no sigan esos pasos, ni inflijan a Él, en el
tiempo del Mustagháth, lo que han infligido en este día a Aquel Que es la
Esencia divina, la Luz celestial, la Eternidad absoluta, el Principio y Fin de las
Manifestaciones del Invisible. Les pedimos que no confíen en su intelecto,
comprensión y conocimientos, ni disputen con el Revelador del conocimiento
celestial e infinito. Sin embargo, a pesar de todas estas advertencias, vemos
que un hombre tuerto, quien es el jefe del pueblo, se levanta contra Nos con la
mayor malevolencia. Prevemos que en cada ciudad se levantará la gente
contra la bendita Belleza, y que los compañeros de ese Señor de la existencia
y Deseo último de todos los hombres huirán de las manos del opresor
buscando refugio en el desierto, en tanto que otros se resignarán y, con
absoluto desprendimiento, sacrificarán sus vidas en Su sendero. Creemos
poder distinguir a uno que tiene fama de tal devoción y piedad que los
hombres consideran su obligación obedecerle y estiman que es necesario
someterse a su mandato, quien atacará a la raíz misma del Árbol divino y con
todo su poder tratará de resistirle y oponérsele. ¡Tal es la índole de la gente!
Abrigamos la esperanza de que sea iluminado el pueblo del Bayán, se remonte
al reino del espíritu y habite en él, distinga la Verdad y reconozca la falsedad
disimulada con el ojo de la perspicacia. Sin embargo, se ha esparcido en estos
días tal olor de celos, que -lo juro por el Educador de todos los seres, visibles
e invisibles- desde el principio de la fundación del mundo -aunque no tiene
principio- hasta este día no ha surgido jamás tal malevolencia, envidia ni odio,
ni se presenciará cosa semejante en el futuro. Por cuanto algunos hombres,
que nunca han aspirado el perfume de la justicia, han alzado el estandarte de
la sedición, aliándose en contra de Nosotros. En todas partes distinguimos sus
lanzas amenazantes y por todos lados vemos volar sus flechas. Y esto a pesar
de que nunca Nos hemos gloriado de nada, ni hemos buscado tener
preferencia por encima de ninguna alma. Para todos hemos sido un amable
compañero y un paciente y cariñoso amigo. En compañía de los pobres hemos
buscado su amistad, y hemos sido sumisos y resignados en medio de los
eminentes e ilustrados. Juro por Dios -¡por el Dios único y verdadero!- que
aunque dolorosas han sido las aflicciones y sufrimientos que Nos han causado
las manos del enemigo y el pueblo del Libro, éstas no son nada, comparadas
con lo que Nos ha sucedido de manos de quienes dicen ser Nuestros amigos.
¿Qué más podemos decir? ¡El universo, si mirase con el ojo de la justicia,
sería incapaz de cargar el peso de estas palabras! En los primeros días de
Nuestra llegada a este país, al ver las señales de acontecimientos inminentes,
decidimos retirarnos antes de que éstos se desataran. Nos fuimos al desierto,
y allí, solo y apartado, llevamos durante dos años una vida de completa
soledad. De Nuestros ojos caían lágrimas de angustia y en Nuestro corazón
sangrante se agitaba un océano de dolor. Muchas noches no tuvimos alimento
para subsistir y muchos días Nuestro cuerpo no encontró descanso. ¡Por Aquel
Que tiene en Sus manos Mi existencia!, no obstante esta lluvia de aflicciones e
incesantes calamidades, Nuestra alma estaba envuelta en gozosa alegría, y
todo Nuestro ser mostraba indescriptible regocijo. En Nuestra soledad no
sabíamos del daño ni del provecho, ni de la salud o enfermedad de ninguna
alma. Sólo comulgábamos con Nuestro espíritu, ajeno al mundo y todo lo que
hay en él. Sin embargo, no sabíamos que la red del destino divino supera las
más vastas concepciones humanas, y el dardo de Su decreto excede los más
osados planes del hombre. Nadie puede escapar a los lazos que Él tiende;
ninguna alma encuentra liberación sino mediante la sumisión a Su voluntad.
¡Por la rectitud de Dios! Nuestro retiro no contemplaba regreso ni tenía
Nuestra separación esperanza de reunión. El único propósito de Nuestro
apartamiento era evitar llegar a ser objeto de discordia entre los fieles, fuente
de disturbio para Nuestros compañeros, medio para dañar a alguna alma, o
causa de dolor para algún corazón. Fuera de éstas no abrigábamos otra
intención, y aparte de eso no teníamos en vista otro fin. Y, sin embargo, cada
persona tramaba según su deseo y se guiaba por su propia ociosa fantasía,
hasta el momento en que llegó de la Fuente Mística el llamado que Nos
ordenaba regresar al lugar de donde habíamos venido. Renunciando a
Nuestra voluntad por la Suya, Nos sometimos a Su mandato.
¿Qué pluma puede describir lo que vimos a Nuestro regreso? Han transcurrido
dos años durante los cuales Nuestros enemigos, sin cesar y diligentemente,
han tratado de exterminarnos, lo que todos testifican. No obstante, nadie de
entre los fieles se levantó para prestarnos ayuda, ni ninguno se sintió
dispuesto a rescatarnos. Es más, en lugar de ayudarnos, ¡qué lluvia de
continuos pesares han dejado caer sobre Nuestra alma sus palabras y obras!
En medio de todo esto, henos aquí dispuestos a entregar Nuestra vida,
resignados enteramente a Su voluntad, fuera que por ventura, mediante la
cariñosa bondad y gracia de Dios, esta Letra revelada y manifiesta pudiese
entregar Su vida como sacrificio en el sendero del Punto Primordial, la
exaltadísima Palabra. ¡Por Aquel por Cuyo mandato ha hablado el Espíritu!, si
no fuera por este anhelo de Nuestra alma no Nos hubiéramos quedado ni un
solo momento más en esta ciudad. "Dios es Testigo suficiente para Nos".
Damos fin a Nuestro tema con estas palabras: "No hay poder ni fuerza sino
sólo en Dios". "Somos de Dios y a Él regresaremos".
Quienes poseen un corazón para entender, quienes han bebido el Vino del
amor y ni un solo momento han satisfecho sus deseos egoístas, verán las
señales, testimonios y pruebas que atestiguan la verdad de esta Revelación
maravillosa y de esta Fe trascendente y divina, resplandecientes como el sol
en la gloria del mediodía. Piensa ahora cómo los hombres han rechazado la
Belleza de Dios, aferrándose a sus deseos codiciosos. A pesar de todos estos
acabados versículos y estas inequívocas alusiones que han sido reveladas en
la "Más importante Revelación", que es el Depósito de Dios entre los hombres,
y no obstante estas evidentes tradiciones, cada una de ellas más clara que las
más explícitas palabras, los hombres han desatendido y rechazado su verdad,
aferrándose a la letra de ciertas tradiciones que, conforme a su entendimiento,
eran incompatibles con sus expectativas, y cuyo significado no han podido
comprender. Han destruido así toda esperanza, privándose del vino puro del
Todoglorioso, y de las aguas claras e incorruptibles de la inmortal Belleza.
Considera que hasta el año en que habría de manifestarse esa Quintaesencia
de la Luz está específicamente consignado en las tradiciones; sin embargo,
siguen desatentos, sin dejar un solo momento de ocuparse en sus deseos
egoístas. Según la tradición, Mufa¤¤al preguntó a «ádiq: "¿Qué dirás del signo
de Su manifestación, oh mi maestro?" Él respondió: "En el año sesenta, Su
Causa será revelada y será Su Nombre proclamado".
¡Qué extraño!; a pesar de estas explícitas y claras referencias, estos hombres
han rehuido la Verdad. Por ejemplo, se ha hecho mención en las tradiciones
del pasado acerca del dolor, encarcelamiento y aflicciones causados a esa
Esencia de la virtud divina. Está escrito en el "Bi¥ár": "En nuestro Qá'im
estarán cuatro señales de cuatro Profetas: Moisés, Jesús, José y Mu¥ammad.
La señal de Moisés es el temor y la espera; la señal de Jesús, lo que de Él se
dijo; la señal de José, el encarcelamiento y la disimulación; y la señal de
Mu¥ammad, la revelación de un Libro semejante al Qur'án". A pesar de esta
concluyente tradición, que en lenguaje inequívoco prefigura los sucesos del
presente día, no se encuentra nadie que haya prestado atención a esa
profecía, y me parece que nadie lo hará en el futuro, excepto quien sea la
voluntad de tu Señor. "Dios ciertamente hará escuchar a quienes sea Su
voluntad, mas no haremos escuchar a aquellos que están en sus tumbas".
Te es evidente que las Aves del Cielo y las Palomas de la Eternidad hablan en
doble lenguaje. Uno, el lenguaje exterior, está desprovisto de alusiones, y no
es oculto ni velado, para servir de lámpara de guía y luz de orientación, para
que los caminantes alcancen las alturas de la santidad y los buscadores entren
en el reino de la reunión eterna. Tales son las tradiciones no veladas y claros
versos ya mencionados. El otro lenguaje es velado y oculto, para que lo que se
esconde en el corazón de los malévolos sea manifestado y se descubra lo más
íntimo de su ser. Así «ádiq, hijo de Mu¥ammad, ha dicho: "Dios en verdad los
probará y los tamizará". Ésta es la norma divina, ésta es la Piedra de Toque de
Dios, con la cual Él somete a examen a Sus siervos. Nadie comprende el
significado de estas palabras salvo aquellos cuyo corazón está seguro, cuya
alma ha encontrado favor en Dios y cuya mente se ha separado de todo menos
de Él. En tales palabras, el sentido literal, tal como lo entienden los hombres,
no es lo que se ha querido decir. Así, se ha escrito: "Cada conocimiento tiene
setenta significados, de los cuales sólo uno es conocido por la gente. Mas
cuando aparezca el Qá'im, Él revelará a los hombres todo lo que resta".
También Él dice: "Pronun-ciamos una palabra y con ella queremos decir uno y
setenta significados; cada uno de estos significados podemos explicarlo".
Mencionamos estas cosas sólo para que la gente no se desconcierte al ver
que ciertas tradiciones y palabras aún no se han cumplido literalmente, y más
bien atribuya su perplejidad a su propia falta de comprensión y no al hecho de
que no se hayan verificado las promesas contenidas en las tradiciones, ya que
el sentido dado por los imanes de la Fe la gente no lo conoce, como lo
prueban las tradiciones mismas. Por tanto, no deben los hombres permitir que
semejantes palabras les priven de los divinos favores, sino más bien buscar
ilustración en los Exponentes reconocidos de aquéllas, para que les sean
descifrados y revelados los misterios ocultos.
Sin embargo, no vemos a nadie entre la gente de la Tierra que, con sincero
anhelo por la Verdad, busque la guía de las Manifestaciones divinas en lo
referente a materias abstrusas de su Fe. Son todos habitantes del país del
olvido y seguidores todos del pueblo de la maldad y la rebelión. Dios en
verdad les hará a ellos lo que hacen ellos mismos, y les olvidará como ellos
han desconocido Su presencia en Su día. Así es Su decreto para quienes Le
han negado, y así será para quienes han rechazado Sus signos.
Y terminamos Nuestra argumentación con Sus palabras -¡exaltado es Él!-: "Y a
quien se apartare del recuerdo del Misericordioso, le ataremos un Satanás y él
le será compañero fijo".112 "Y quien se alejare de Mi recuerdo, en verdad su
vida será miserable".113
Así fue revelado en otro tiempo, ¡si pudieseis comprenderlo!
Revelado por la "Bá'" y la "Há'".114
¡La paz sea con aquel que da oídos a la melodía del Ave Mística que llama
desde el Sadratu'l-Muntahá!
¡Alabado sea Nuestro Señor, el Altísimo!




GLOSARIO

'ABDU'LLÁH: Padre del Profeta Mu¥ammad. Pertenecía a la familia de Háshim,
la tribu más noble del clan qurayshí de la raza árabe, descendiente directo de
Ismael.
'ABDU'LLÁH-I-UBAYY: Destacado opositor de Mu¥ammad; llamado "Príncipe
de los hipócritas".
ABRAHAM: (véanse Génesis 11:25 y Contestación a unas Preguntas, cap. 4).
Es considerado por judíos, cristianos y musulmanes el Amigo de Dios, el Padre
de los Fieles.
ABÚ-'ABDI'LLÁH: Título del sexto Imám, Jáfar-i-«ádiq (el Verídico), bisnieto de
al-Æusayn. Murió en el año 765 d.C. envenenado por el califa abásí al-
ManÐúr.
ABÚ'ÁMIR: Monje oponente de Mu¥ammad.
ABÚ-JAHL: Literalmente, "Padre de la Insensatez". Llamado así por los
musulmanes. Fue enemigo implacable del Profeta.
'ALÍ: Yerno del Profeta y primero de los doce Imámes.
ALIF, LÁM, MÍM: Estas y otras letras inconexas encabezan veintinueve Súrihs
del Qur'án.
AMALECITAS: Arrojados de Babilonia en los primeros tiempos, se dispersaron
por Arabia hacia Palestina y Siria, hasta llegar a Egipto, país en el que crearon
su propia dinastía.
AÑO SESENTA: Significa 1260 d.H., 1844 d.C., año de la Declaración del Báb.
ATHÍM: Pecador.
'AVÁLIM: Colección de tradiciones shí'ahs.
BÁB (EL): "Puerta". El título asumido por Siyyid 'Alí-Mu¥ammad, el Precursor
de Bahá'u'lláh, y Profeta Fundador de la Fe Bábí.
Nació en Shíráz el 20 de octubre de 1819. Siyyid 'Alí-Mu¥ammad fue criado
por Su tío Æájí Mírzá Siyyid 'Alí, quien era comerciante. Ya de pequeño mostró
una sabiduría insólita a pesar de haber recibido muy poca formación escolar.
Ejerció como comerciante, profesión en cuyo desempeño ganó una elevada
reputación por Su justicia. En 1842 Se casó con Khadíjih-Bagum y tuvieron un
hijo, A¥mad, quien murió siendo aún niño. Siyyid 'Alí-Mu¥ammad declaró ser El
Báb, o "Puerta de Dios", el 23 de mayo de 1844.
El Báb fue encarcelado en Máh-Kú por orden del gran visir de Mu¥ammad
Sháh, Æájí Mírzá Áqásí. Más adelante el Báb fue trasladado a la prisión de
Chihríq. En 1848 el Báb fue sometido a un juicio ante los teólogos musulmanes
de Tabríz y fue castigado al bastinado. Mientras el Báb estaba encarcelado, un
grupo de bábís se reunió en Badasht. Fue allí donde (r)áhirih, audazmente,
rompió simbólicamente con el Islám apareciendo en público sin velo.
Entre los Escritos más importantes del Báb están el Qayyúmu'l-Asmá', el
Bayán persa y el árabe, Dalá'il-i-Sab'ih y el Kitáb-i-Asmá'.
Los bahá'ís veneran al Báb como el Precursor o el Heraldo de Bahá'u'lláh,
pero también como una Manifestación de Dios. El comienzo de la Era Bahá'í
se cuenta desde el día de Su Declaración. La Declaración del Báb, Su
nacimiento y el día de Su Martirio se consideran Días Sagrados bahá'ís en los
que se suspende el trabajo.
BAGHDÁD: Fundada por el califa al-ManÐúr en el año 762 d.C. en el sitio
ocupado por una aldea cristiana en la orilla oeste del Tigris. Durante 500 años
fue sede del Gobierno abásí.
BAHÁ: [árabe] "Gloria". Título con el que fue designado Bahá'u'lláh.
BAHÁ'U'LLÁH: Profeta Fundador de la Fe Bahá'í y la Manifestación de Dios
para este Día. Mírzá Æusayn-'Alí (Bahá'u'-lláh) nació el 12 de noviembre de
1817 en el seno de una noble familia de Núr en Mázindarán, Irán. Su madre
era Khadíjih Khánum y Su padre Mírzá Buzurg-i-Vazír, cortesano. Bahá'u'lláh
era descendiente del último rey de los Sásání: Yazdigird III.
En 1844 Bahá'u'lláh abrazaba la Fe del Báb. Pronto se significó como una de
sus figuras más destacadas.
En 1853, a raíz de un atentado contra el Sháh llevado a cabo por dos bábís,
Bahá'u'lláh fue encarcelado por cuatro meses en una prisión subterránea
conocida como el Síyáh-Chál, en (r)ihrán. Fue allí donde recibió por primera
vez la revelación de Dios.
Tras ser liberado, Bahá'u'lláh partió como desterrado a Baghdád. Las insidias
de Su hermano Mírzá Ya¥yá fueron el motivo de que Bahá'u'lláh Se retirase
voluntariamente a las montañas de Sulaymáníyyih por dos años.
En abril-mayo de 1863, Bahá'u'lláh declaró a Sus seguidores que Él era el
prometido predicho por el Báb. La Fiesta de Ri¤ván se celebra como el más
sagrado y más significativo de los Días Sagrados bahá'ís.
Debido a las intrigas del Gobierno persa, Bahá'u'lláh partió hacia
Constantinopla y, poco después, fue desterrado a Adrianópolis, donde
proclamó públicamente Su Misión mediante epístolas dirigidas a los reyes y los
gobernantes del mundo, por las que les exhortaba a establecer la paz mundial,
la justicia y la unidad.
A causa de la desleal conspiración de Mírzá Ya¥yá contra Bahá'u'lláh, las
autoridades turcas condenaron a Bahá'u'lláh a cadena perpetua en la ciudad-
prisión de 'Akká.
Allí sufrió durante dos años un estricto confinamiento, agravado por la trágica
muerte de Su hijo Mírzá Mihdí. A pesar de los infortunios y el aislamiento,
continuó Su proclamación a los gobernantes de la Tierra y la revelación de los
principios básicos que traerían un nue-vo orden mundial basado en la unidad
de la humanidad, la igualdad y la justicia.
Al suavizarse las condiciones de internamiento, Bahá'u'lláh y Su familia
pudieron mudarse a la casa de 'Údí Khammár, donde Bahá'u'lláh reveló el
Kitáb-i-Aqdas, el Libro de Leyes. En 1877 Bahá'u'lláh se estableció en la
mansión de Mazra'ih, donde residió dos años. Finalmente fijó su morada en la
mansión de Bahjí, donde falleció, a la edad de setenta y cuatro años, el 29 de
mayo de 1892. En Su Testamento, Bahá'u'lláh nombró a Su hijo mayor, 'Abdu'l-
Bahá, como Su sucesor e Intérprete autorizado de Sus enseñanzas.
Los Escritos de Bahá'u'lláh son considerados por los bahá'ís revelación de
Dios. Hasta el momento han sido reunidas unas 15.000 Tablas Suyas. Entre
sus obras mayores figuran: El Libro Más Sagrado (Kitáb-i-Aqdas), Las
Palabras Ocultas (Kalimát-i-Maknúnih), El Libro de la Certeza (Kitáb-i-Íqán),
Los Siete Valles, Los Cuatro Valles, el Sú-rih de los reyes (Súriy-i-Mulúk), las
Tablas a los reyes y a los gobernantes, la Tabla de la Rama (Súriy-i-GhuÐn),
La Tabla de la Sabiduría (Law¥-i-Æikmat), La Tabla de la Prueba (Law¥-i-
Burhán), La Tabla del Mundo (Law¥-i-Dunyá), Las Palabras del Paraíso
(Kalimát-i-Firdawsíyyih), Buenas Nuevas (Bishárát), Ornamentos ((r)arázát),
Efulgencias (Tajallíyát), Esplendor (Ishráqát), La Tabla del Carmelo (Law¥-i-
Karmil) y Epístola al Hijo del Lobo.
BANÍ-HÁSHIM: Familia a la que pertenecía Mu¥ammad.
BA(r)ÆÁ: La Meca.
BAYÁN: [árabe] Explicación, exposición o expresión.
El Bayán persa es la mayor obra doctrinal del Báb, descrita por Shoghi Effendi
en estos términos: "depósito de leyes y preceptos de la nueva Dispensación y
el tesoro que encierra la mayoría de las referencias y tributos del Báb, además
de Sus avisos referentes a 'Aquel Que Dios hará manifiesto'". Revelado en la
fortaleza de Máh-Kú, el Bayán persa comprende unos 8.000 versículos y está
dividido en nueve partes llamadas Vá¥ids, de diecinueve capítulos cada una,
salvo el último Vá¥id, que consta de diez capítulos. El libro, ha escrito Shoghi
Effendi, "debe ser considerado principalmente como un elogio del Prometido,
más que como un código de leyes y ordenanzas destinadas a servir de guía
permanente de futuras generaciones." En el tercer Vá¥id, el Báb hace
referencia específica al nombre del Prometido y anticipa Su Orden Mundial:
"Bienaventurado es aquel que fija su mirada en el Orden de Bahá'u'lláh y da
gracias a su Señor. Pues Él, sin duda, será manifiesto. De hecho, Dios lo ha
ordenado irrevocablemente en el Bayán." Esta declaración, según Shoghi
Effendi, merece ser considerada como una de las más significativas
registradas en cualquiera de los Escritos del Báb.
El Bayán árabe es una obra "menor y de menos peso" del Báb, revelado en el
fuerte de Chihríq durante los últimos meses de Su vida.
El término Bayán también se refiere a la Revelación del Báb como ha sido
registrado en Sus Escritos.
BIÆÁR: Referencia a una tradición shí'ah.
BIÆÁRU'L-ANVÁR: Recopilación de tradiciones shí'ahs.

CAIFÁS: Sumo sacerdote judío que presidió el tribunal que procesó y condenó
a Jesús.
CAÍN Y ABEL: Los dos hijos de Adán y Eva (véanse Génesis 4 y Qur'án, Súrih
5).
CALIFAS: Literalmente, "sucesores" o "vicarios". Los shí'ahs sostienen que los
sucesores del Profeta deben ser miembros de Su propia familia, pero no usan
el título de califa. El sultán de Turquía adoptó este título a comienzos del siglo
XVI.
COPTO: Los coptos eran descendientes de los antiguos egipcios. Los "septs"
eran las tribus de Israel.

DISPENSACIÓN: Período en que prevalece un sistema religioso.

ELIXIR DIVINO: Referencia simbólica al elixir de los alquimistas, que
presuntamente transformaba metales no preciosos en oro y, en sentido
espiritual, proporciona "poder celestial".

FARAÓN: Título común de los reyes de Egipto. Se sostiene corrientemente
que el faraón opresor fue Ramsés II (alrededor de 1340 a.C.), y que su hijo y
sucesor Merenptah fue el Faraón del Éxodo.
FÁ(r)IMIH: Hija de Mu¥ammad y Khadíjih. Se casó con 'Alí, primo de
Mu¥ammad, y tuvo tres hijos. Uno murió en la infancia. De los otros dos,
Æasan y Æusayn, arrancan los descendientes de Mu¥ammad conocidos como
Siyyides.
FÉNIX: Ave legendaria que vive sola y que, presa de las llamas por propia
voluntad, vuelve a resurgir de entre sus cenizas.

GABRIEL: El más alto de todos los ángeles, el Espíritu Santo. Su deber es
registrar los decretos de Dios. A través de él fue revelado a Mu¥ammad el
Qur'án.

HÁ: La letra H de los alfabetos árabe y persa. En la numeración abjad equivale
al número 5, y es idéntico al valor numérico de "Báb"; a veces se usa como
símbolo de Bahá'u'lláh. Véase Los Cuatro Valles.
ÆÁJÍ MÍRZÁ KARÍM KHÁN: Un shaykhí que hacía alarde de sabiduría en su
libro Guía para los ignorantes (Irshádu'l-'Avám).
ÆAMZIH: "Príncipe de los Mártires", título otorgado al tío de Mu-¥ammad.
HERODES: Herodes I ("el Grande"). Idumeo de raza, pero criado como judío.
Designado por el Senado romano como rey de Judea en el año 40 a.C.
Reconstruyó el Templo de Jerusalén.
ÆIJÁZ: Región de Arabia sudoccidental y tierra santa de los musulmanes, ya
que comprende las ciudades sagradas de Medina y La Meca y muchos otros
lugares relacionados con la vida de Mu¥ammad. La "lengua de Æijáz" es el
árabe.
HÚD: Profeta enviado a la tribu de 'Ad. Fue descendiente de Noé y es
mencionado en el Qur'án en el Súrih 7, 63-70; 11, 52-63; y 26, 123-139.
ÆUSAYN: Tercer Imám. Hijo de 'Alí y de Fáimih.

IBN-I-SÚRÍYÁ: Docto rabino judío del tiempo de Mu¥ammad.
IMÁM 'ALÍ: Primo de Mu¥ammad y primer discípulo suyo; esposo de la hija de
Mu¥ammad, Fáimih, y, a través de su hijo Æusayn, antepasado de Siyyid 'Alí
Mu¥ammad, el Báb.
'IMRÁN: Padre de Moisés y Aarón (Qur'án, Súrih, 3, 30 y Éxodo 6, 20).
'IRÁQ: En 1862 parte del Imperio Turco, fecha en que fue revelado el Kitáb-i-
Íqán. Capital, Baghdád. "Acentos de 'Iráq": el idioma persa.

JOSÉ: Hijo de Jacob; en el Qur'án aparece como Profeta inspirado.

KA'B-IBN-I-ASHRAF: Conspiró, junto con el archienemigo del Profeta, Abu-
Soyyan, para urdir la muerte del Profeta.
KA'BIH: La Caaba; literalmente, "cubo". Edificio de forma cúbica situado en el
centro de la Gran Mezquita de La Meca; contiene la Sagrada Piedra Negra. Es
el Qiblih (punto de adoración) del Islám y el objeto de peregrinaje para los
musulmanes. En los Escritos bahá'ís este término se usa metafóricamente y se
refiere a Bahá'u'lláh.
KÁFÍ: Importante colección de tradiciones shí'ahs. Jábir es la autoridad en que
se apoya la cita de la pág. 150.
KARBILÁ: Ciudad-Santuario del Imám Æusayn en 'Iráq y lugar de su martirio.
Está situada a orillas del Éufrates, aproximadamente a 90 km. al sudoeste de
Baghdád. Lugar de peregrinación de los shí'ahs.
KARÍM: Honorable.
KAWTHAR: [árabe( "Abundancia". Río del Paraíso, del cual proceden todos
los demás ríos. Una parte de sus aguas va a dar a un gran lago en cuyas
orillas van a descansar las almas de los fieles tras el terrible puente que se
sitúa por encima del centro del Infierno. De acuerdo con la tradición islámica,
el lago o río del Paraíso que Mu¥ammad vio en Su místico viaje nocturno.
KHAYBAR: Distrito montañoso en la frontera noroccidental de la India.
KÚFIH: Ciudad en el margen occidental del Éufrates, actualmente en ruinas.

LETRAS DE LA UNIDAD: Apóstoles del Profeta.
LEVIATÁN: Monstruo acuático no identificado. Quizá una ballena o serpiente.

MADIÁN: Ciudad y distrito a orillas del mar Rojo, al sudeste del monte Sinaí;
ocupado por los descendientes de Madián, hijo de Abraham y Queturá (véanse
Génesis 25; Qur'án: Súrih 7, 83).
MAGOS: Casta de sacerdotes y sabios entre los antiguos persas.
MANIFESTACIÓN: La naturaleza de un profeta o de la Manifestación de Dios
es descrita así en Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh (págs. 51-52): "Y
puesto que no puede haber un lazo de comunicación directa que una al Dios
único y verdadero con Su creación, y puesto que ninguna semejanza puede
existir entre lo transitorio y lo eterno, lo contingente y lo absoluto, Él ha
ordenado que en cada edad y dispensación un Alma pura e inmaculada se
haga manifiesta en los reinos de la tierra y del cielo... Estas Esencias del
Desprendimiento, estas Realidades resplandecientes son los canales de la
gracia de Dios que todo lo llena. Conducidos por la luz de indefectible guía, e
investidos con soberanía suprema, son comisionados para usar la inspiración
de sus palabras, las efusiones de su infalible gracia y la brisa santificadora de
su Revelación para limpiar, de todo corazón anhelante y de todo espíritu
receptivo, la escoria y polvo de las preocupaciones y limitaciones terrenales".
MECA (LA): Capital de Arabia, lugar donde nació Mu¥ammad. En ella se
encuentra la Ka'bih, el lugar más sagrado del Islám.
MEDINA: Literalmente, "la Ciudad", así llamada por haber dado asilo a
Mu¥ammad. Anteriormente su nombre era Yathrib. Lugar donde está enterrado
Mu¥ammad. En santidad sólo es superada por La Meca.
"MI'RÁJ": [árabe( La Ascensión de Mu¥ammad, la visión mística de Su viaje
nocturno, en el que fue transportado desde La Meca a Jerusalén y donde Le
fueron enseñados los Signos de Dios.
MOISÉS: Según los musulmanes, uno de los seis grandes profetas. Véase
Éxodo 4,16, donde Dios dice a Moisés: "Tú serás Dios para él"; y Éxodo 7,1:
"Te he puesto como Dios para el Faraón". Moisés guió el éxodo de Egipto,
acontecimiento fechado en torno a 1440 a.C.
MUFAææAL: Alusión a una tradición shí'ah.
MUÆAMMAD (Mahoma): Profeta del Islám y Revelador del Qur'án. Nacido en
agosto del año 570 d.C. Declaró su Misión en el año 613; huyó a Medina el
año 622 d.C. Véase Contestación a unas preguntas, cap. 7. Anunciado por
Moisés, Deut. 18, 15; y por Juan el Teólogo, Ap. 11 (véase Contestación a
unas preguntas, cap. 11).
MULLÁ 'ABDU'L-KHÁLIQ-I-YAZDÍ: Fue primero sacerdote judío, aceptó el
Islám incorporándose a la Escuela Shaykhí, y fue convertido a la fe bábí por
Mullá Æusayn.
MULLÁ 'ALÍY-I-BARAQÁNÍ: Tío de (r)áhirih, uno de los miembros más eruditos
y famosos de la comunidad shaykhí. Luego de convertirse a la fe bábí, llegó a
ser en (r)ihrán uno de sus más activos y capaces expositores.
MULLÁ 'ALÍY-I-BAS(r)ÁMÍ: Una de las Letras del Viviente. Enviado por el Báb
en misión especial desde Shíráz en 1844, fue el primero en sufrir y dar la vida
en el sendero de esta nueva Fe.
MULLÁ BÁQIR: Hermano de Mullá Mihdíy-i-Kandí, martirizado en (r)abarsí.
MULLÁ ÆUSAYN: El primero en creer en el Báb, la primera "Letra del
Viviente", el "Bábu'l-Báb", que significa "la Puerta de la Puerta", título que le
confirió el Báb. Nacido en 1813, fue durante nueve años discípulo de Siyyid
Ká1/2im, y durante nueve años seguidor del Báb. Fue martirizado en el fuerte
de Shaykh (r)abarsí el 2 de febrero de 1849.
MULLÁ MIHDÍY-I-KHÚ'Í: Compañero cercano de Bahá'u'lláh y maestro de los
niños de Su casa. Martirizado en (r)abarsí.
MULLÁ MUÆAMMAD 'ALÍY-I-ZANJÁNÍ: "Uno de los más capaces y más
formidables campeones de la Fe" (Dios Pasa, pág. 44), adalid de los bábíes en
lo que Lord Curzon llamó "el espantoso sitio y matanza" de Zanján, donde fue
martirizado junto con 1.800 condiscípulos. El Báb le dio la denominación de
Æujjat-i-Zanjání.
MULLÁ NI'MATU'LLÁH-I-MÁZINDARÁNÍ: Creyente bábí martirizado en Shaykh
(r)abarsí.
MULLÁ YÚSUF-I-ARDIBÍLÍ: "Letra del Viviente"; martirizado en Shaykh
(r)abarsí.
MUSTAGHÁTH: Literalmente, "Aquel que es invocado". Se refiere a la
aparición de Bahá'u'lláh en el tiempo anunciado por el Báb. El Báb había fijado
el límite de tiempo para la venida del Prometido como Mustagháth, cuyo valor
numérico, en el sistema abjad, es 2.001.

NABUCODONOSOR: Rey de Babilonia. En el año 599 a.C. tomó la ciudad de
Jerusalén y en el 588 la destruyó, trasladando a Caldea a la mayoría de sus
habitantes.
NADR-IBN-I-ÆÁRITH: Enemigo de Mu¥ammad.
NIMROD: En los comentarios islámicos se le representa como perseguidor de
Abraham.
NOÉ: Profeta a quien los musulmanes dan el título de "el Profeta de Dios"
(véanse Gén. 6, 10 y Qur'án, Súrihs 11, 71, donde se relata Su vida y el
Diluvio).
NUBDIH (ORACIÓN DE): Lamentación escrita por el Imám 'Alí.

PARAÍSO: Jardín celestial; estado de bienaventuranza. La Manifestación es
"El Ruiseñor del Paraíso"; Su Revelación, "el susurro de las hojas del Paraíso";
"El amor de Dios" es en sí mismo el Paraíso.
PÁRÁN: Párán es una cadena de montañas situadas al norte del Sinaí y al sur
de Seir; todas ellas consagradas como lugares de revelación. Temán queda al
noroeste de Edom, no lejos de Párán. Véase Hab. 3, 3. Moisés usa "Párán"
refiriéndose en especial a Mu¥ammad, y "Seir" refiriéndose a Jesucristo: "Dijo:
El Señor vino de Sinaí, y de Seir salió a ellos; resplandeció desde la montaña
de Párán, y vino con diez mil santos; con ley de fuego en Su diestra para ellos"
(Deut. 33, 2). Aquí predice Moisés la venida de tres revelaciones y tres
profetas, siendo el último de ellos Bahá'u'lláh. Ismael (Gén. 21, 21) es
considerado padre de los pueblos árabes, establecidos en Parán.
PENTATEUCO: Literalmente "el quíntuple volumen"; se refiere a los cinco
primeros libros de la Biblia.
PROLACIÓN: Acto consistente en proferir, pronunciar o expresar algo. Es
sinónimo de "palabra" y, por extensión, "palabra creativa".
PIEDRA FILOSOFAL: Sustancia que buscaban antiguamente los alquimistas
para transmutar mediante ella metales no preciosos en oro. En sentido
espiritual, gracias a su operación el alma adquiere la naturaleza divina.

QÁ'IM: El prometido del Islám.
QAYYÚMU'L-ASMÁ': Comentario al Súrih de José del Qur'án, escrito por el
Báb en 1844, cuyo primer capítulo fue revelado en presencia de Mullá Æusayn
en la noche del 22 de mayo de 1844. Según Bahá'u'lláh, el Qayyúmu'l-Asmá'
fue el primero, el más grande y el más poderoso de todos los libros del Báb.
Escrito en árabe, el Qayyúmu'l-Asmá' se compone de más de 9.300 versos,
divididos en 111 capítulos, cada uno de los cuales es un comentario sobre el
Súrih de José. Su propósito fundamental, ha escrito Shoghi Effendi, "era
pronosticar lo que el verdadero José (Bahá'u'lláh), en una Dispensación
posterior, padecería a manos de quien sería Su archienemigo y al mismo
tiempo hermano carnal".
Los bábís consideran el Qayyúmu'l-Asmá' libro sagrado. (Véase Dios Pasa,
pág. 23, para un esbozo de su contenido.)
QIBLIH (alquibla): Dirección hacia la que debe volverse el rostro durante la
oración. El Qur'án, Súrih 2, 136-145, establece La Meca como Qiblih de los
musulmanes.
QUINTAESENCIA: Supuesta quinta "esencia del cielo", que se suma a los
cuatro elementos de la tierra; por lo tanto, última o más alta esencia de algo.
QUR'ÁN: El Qur'án (en árabe, "recitación"), sagrada escritura de la fe
musulmana, fue revelado por Mu¥ammad. Sus versículos están reunidos en
capítulos llamados Súrihs. Contiene 77.974 palabras y es ligeramente mayor
que el Nuevo Testamento; fue compuesto en el transcurso de 21 años. El libro
completo no fue recopilado hasta después de la muerte del Profeta; pero se
cree que Él mismo dividió los Súrihs y dio a la mayoría de ellos sus títulos
actuales.

RAYY: Antigua ciudad cerca de la cual se fundó (r)ihrán.
RIæVÁN: Nombre del guardián del Paraíso. Bahá'u'lláh lo usa para designar el
Paraíso mismo.
RIK'ATES: Postraciones.
RÚZ-BIH: Persa que abrazó el cristianismo. Habiendo escuchado que un
Profeta iba a aparecer en Arabia, viajó allá y conoció a Mu¥ammad en Koba,
en Su huida a Medina. Reconoció Su posición y abrazó el Islám.

SABÁ: Ciudad de Arabia meridional, citada en Génesis 10, 28; I Reyes; II
Crónicas 9. Simbólicamente significa morada, hogar.
«ÁDIQ: Sexto de los Imámes shí'ahs.
SADRATU'L-MUNTAHÁ: Nombre de un árbol que los árabes plantaban
antiguamente al final de un camino para que sirviera de guía. Como símbolo
denota a la Manifestación de Dios en Su Día. En los Escritos bahá'ís, un
símbolo de la Manifestación de Dios, el "Árbol más allá del cual ni los hombres
ni los ángeles pueden pasar"; específicamente, Bahá'u'lláh. Algunas veces es
denominado el Divino o Sagrado Árbol del Loto. "Árboles de Loto Gemelos": el
Báb y Bahá'u'lláh.
SADRIH: Literalmente, "Rama".
«ÁLIÆ: Profeta de Dios que apareció antes que Abraham y que fue enviado a
la tribu de Thamúd en Arabia. Exhortó a las gentes a creer en Dios y dejar de
adorar ídolos, advirtiéndoles que si no respondían a este mensaje serían
sorprendidas por una calamidad y castigadas por Dios. Llegada la hora, un
terremoto aniquiló a toda la tribu excepto a «áli¥ y sus seguidores. Se le
menciona en el Qur'án, Súrih 7, 71-77. Algunos comentaristas lo identifican
con el Sala de Génesis 11, 13.
SALSABÍL: Literalmente, "que fluye suavemente". Fuente del Paraíso.
SÁMIRÍ: Mago empleado por el Faraón como rival de Moisés. Según los
musulmanes, fue él, y no Aarón, quien erigió el becerro de oro.
"SELLO DE LOS PROFETAS": Uno de los títulos de Mu¥ammad.
SHAYKH AÆMAD: Primero de los dos precursores del Báb; nacido en 1753
a.C., fundador de la Escuela Shaykhí y autor de 96 obras. Murió en 1831.
SHÍ'AH: (Shí'ahs). El problema de la sucesión divide al Islám generalmente en
dos escuelas de opinión. Según una de ellas, representada principalmente por
los shí'ahs, la regencia es un asunto espiritual que determina el Profeta y
quienes Le suceden; según la otra escuela, la de los sunníes, la sucesión se
determina por elección popular. El califa de los sunníes es el Defensor externo
y visible de la Fe. El Imám shí'ah es divinamente designado y está dotado con
sabiduría y autoridad sobrehumanas.
SHOEB: Sacerdote de Madián (Éxodo 2, 16-21). Moisés desposó a su hija con
él; Éxodo 18 le da el nombre de Jetró.
SHÍRÁZ: Capital de la provincia de Fars en Persia; lugar de nacimiento del
Báb y escenario de Su Declaración en 1844.
SINAÍ: Montaña donde Dios dio a Moisés la Ley. (Qur'án, Súrih 7, 139, y Éxodo
19.)
«IRÁ(r): Literalmente, "Puente" o "Sendero"; denota la religión de Dios.
SIYYID ÆUSAYN-I-TURSHÍZÍ: Un mujtahid, uno de los Siete Mártires de
(r)ihrán.
SIYYID KÁ»IM: Principal discípulo de Shaykh A¥mad y sucesor suyo. Æusayn
y otros distinguidos bábíes estaban entre sus alumnos. Murió el 31 de
diciembre de 1843.
SIYYID YAÆYÁ (SIYYID YAÆYÁ-I-DÁRÁBÍ), llamado VAHÍD: Distinguido
sacerdote de gran erudición que abrazó la fe bábí y fue martirizado después
del sitio de Nayríz el 29 de junio de 1850, diez días antes de la muerte del Báb.
«ÚFÍES: Orden de místicos musulmanes.
SÚRIH: Línea o hilada, como de ladrillos en una muralla. Término usado
exclusivamente para los capítulos del Qur'án, de los cuales hay ciento catorce.

TABLA: Término que designa una epístola sagrada que contiene texto
revelado. Se menciona en el Qur'án, Súrih 7, 142, que Dios dio la Ley a
Moisés en tablas: "Y le escribimos en tablas (alwá¥, plural de law¥)
advertencias sobre todo asunto".
(r)Á: (Tierra de): Provincia de (r)ihrán.
THAMÚD: Tribu de un antiguo pueblo camítico que habitaba las orillas del
Edom y que vivía en cuevas. Fueron casi exterminados por Quedorlaomer, el
conquistador elamita. Los sobrevivientes huyeron al monte Seir, donde
habitaban en el tiempo de Isaac y Jacob.
TRADICIONES: Relato autorizado de palabras inspiradas y hechos del Profeta
que se añade a la revelación contenida en el Qur'án.

'URVATU'L-VUTHQÁ: [árabe( El "Asidero Seguro". 'Abdu'l-Bahá ha escrito:
"Sabed que el 'Asidero Seguro' mencionado, desde la fundación del mundo, en
los Libros, Tablas y Escrituras de la antigüedad no es sino el Convenio y el
Testamento."

VOLUNTAD PRIMORDIAL: "La primera cosa que emanó de Dios es aquella
realidad universal... que el pueblo de Bahá llama 'la Voluntad Original",
(Contestación a unas preguntas, cap. 53.)

YAÆYÁ: Juan, el precursor de Jesucristo. Fue decapitado por Herodes.
YANBÚ: Recopilación de tradiciones shí'ahs.
YATHRIB: Nombre antiguo de la ciudad que pasó a ser Medinat-un-Nabí, la
Ciudad del Profeta, o brevemente Medina; la ciudad por excelencia.

ZAQQÚM: Árbol situado en las Regiones del Infierno.
ZÍYÁRAT: Tabla de visitación revelada por el Imám 'Alí.


NOTAS

PRIMERA PARTE

1. Qur'án 36:30.
2. Qur'án 40:5.
3. Qur'án 11:38.
4. Qur'án 71:26.
5. Qur'án 29:2.
6. Qur'án 35:39.
7. Qur'án 11:61, 62.
8. Abraham.
9. Qur'án 40:28.
10. Qur'án 2:87.
11. Qur'án 3:70.
12. Qur'án 3:71.
13. Qur'án 3:99.
14. Qur'án 3:7.
15. Qur'án 76:9.
16. Qur'án 5:117.
17. Qur'án 14:24.
18. La palabra griega (Thlipsis) tiene dos significados: "presión" y "opresión".
19. Mateo 24:29-31.
20. El pasaje es citado por Bahá'u'lláh en árabe y luego interpretado en persa.
21. Lucas 21:33.
22. "Lamentación" escrita por el Imám 'Alí.
23. Qur'án 55:5.
24. Qur'án 67:2.
25. Qur'án 76:5.
26. Qur'án 6:91.
27. Qur'án 41:30.
28. Qur'án 70:40.
29. Qur'án 82:1.
30. Qur'án 14:48.
31. Qur'án 39:67.
32. Alquibla, dirección en que se vuelve el rostro al orar.
33. Meca.
34. Medina.
35. Qur'án 2:144.
36. Postraciones.
37. En Meca; Qur'án 2:149.
38. Qur'án 2:115.
39. Qur'án 2:143.
40. Qur'án 74:50.
41. Qur'án 28:20.
42. Qur'án 26:19.
43. Qur'án 19:22.
44. Qur'án 19:28.
45. Mateo 2:2.
46. Qur'án 3:39.
47. Mateo 3:1-2.
48. Shaykh A¥mad-i-A¥sá'í y Siyyid Ká1/2im-i-Rashtí.
49. Qur'án 55:29.
50. Qur'án 51:22.
51. Qur'án 55:56.
52. Qur'án 2:87.
53. Qur'án 25:25.
54. Qur'án 25:7.
55. Qur'án 2:210.
56. Qur'án 44:10.
57. Qur'án 3:119.
58. El sexto Imám de los shí'ahs.
59. Qur'án 25:7.
60. Qur'án 4:45.
61. Qur'án 2:75.
62. Qur'án 2:79.
63. Qur'án 24:35.
64. Qur'án 9:33.
65. Qur'án 29:51.
66. Qur'án 2:176.


SEGUNDA PARTE

1. Qur'án 6:103.
2. Qur'án 3:28.
3. Qur'án 41:53.
4. Qur'án 51:21.
5. Qur'án 59:19.
6. Qur'án 2:253.
7. Qur'án 7:145.
8. Qur'án 6:35.
9. Isaías 65:25.
10. Qur'án 7:178.
11. Qur'án 11:7.
12. Qur'án 13:5.
13. Qur'án 50:15.
14. Qur'án 50:20.
15. Qur'án 17:51.
16. Juan 3:7.
17. Juan 3:5-6.
18. Qur'án 7:178.
19. Lucas 9:60.
20. Título del tío de Mu¥ammad.
21. Qur'án 6:122.
22. Qur'án 37:173.
23. Qur'án 9:33.
24. Qur'án 11:18.
25. Qur'án 35:15.
26. Marcos 2:3-12.
27. Qur'án 6:91.
28. Qur'án 15:72.
29. Qur'án 5:67.
30. Qur'án 48:10.
31. Qur'án 29:23.
32. Qur'án 2:46.
33. Qur'án 2:249.
34. Qur'án 18:111.
35. Qur'án 13:2.
36. Qur'án 17:44.
37. Qur'án 78:29.
38. Qur'án 57:3.
39. Qur'án 2:210.
40. Qur'án 28:5.
41. Qur'án 13:41.
42. Qur'án 3:183.
43. Qur'án 3:182.
44. Qur'án 2:89.
45. Qur'án 2:285.
46. Qur'án 54:50.
47. Qur'án 43:22.
48. El Báb.
49. Qur'án 2:19.
50. Qur'án 36:20.
51. Imám 'Alí.
52. Qur'án 2:85.
53. Qur'án 33:40.
54. Qur'án 6:103.
55. Qur'án 16:61.
56. Qur'án 21:23.
57. Qur'án 55:39.
58. Qur'án 55:41.
59. Baghdád.
60. Qur'án 10:25.
61. Qur'án 6:127.
62. Qur'án 2:136.
63. Qur'án 2:253.
64. Qur'án 8:17.
65. Qur'án 48:10.
66. Qur'án 33:40.
67. Qur'án 2:189.
68. Qur'án 17:85.
69. Æájí Mírzá Karím Khán.
70. Guía para los ignorantes.
71. Ascensión.
72. Árbol infernal.
73. Pecador o pecaminoso; Qur'án 44:43-44.
74. Honorable; Qur'án 44:49.
75. Qur'án 6:59.
76. Mago contemporáneo de Moisés.
77. Qur'án 7:57.
78. Qur'án 16:43.
79. Qur'án 29:69.
80. Ibídem.
81. Año 1260 d.H., que es el año de la Declaración del Báb.
82. Qur'án 2:1.
83. Qur'án 2:23.
84. Qur'án 45:5.
85. Qur'án 45:6.
86. Qur'án 45:8.
87. Qur'án 26:187.
88. Qur'án 8:32.
89. Qur'án 45:24.
90. Qur'án 29:23.
91. Qur'án 37:36.
92. Qur'án 40:34.
93. Qur'án 3:7.
94. Qur'án 45:22.
95. Qur'án 38:67.
96. Qur'án 34:43.
97. Qur'án 5:62.
98. Qur'án 6:7.
99. Qur'án 2:148.
100. Qur'án 11:27.
101. Imám Æusayn.
102. Qur'án 26:227.
103. Qur'án 2:94.
104. Qur'án 34:13.
105. Qur'án 59:2.
106. Aquel Que es invocado.
107. Qur'án 11:113.
108. Qur'án 54:6.
109. Tabla de Visitación revelada por 'Alí.
110. Qur'án 25:44.
111. Antigua ciudad cerca de la cual se construyó Tihrán.
112. Qur'án 43:36.
113. Qur'án 20:124.
114. B y H, que significan Bahá.

EL KITÁB-I-ÍQÁN

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