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La Base Espiritual de la Igualdad
Bahá'í International Community

La Base Espiritual de la Igualdad
Declaración preparada para distribución en el Foro ONG ‘85, organizado en
conjunto con la Conferencia Mundial para el Estudio y la Evaluación de los
Logros del Decenio para la Mujer de la ONU.
Nairobi, Kenia
10-19 de julio de 1985



Con inspiración y autoridad tradicionalmente derivadas de la religión, los
valores morales y éticos han servido para definir las actitudes
individuales y para motivar y orientar la conducta humana.
La Fe Bahá’í está empeñada en el establecimiento de la justicia y la paz
sobre la tierra. Sus enseñanzas, enunciadas por el Profeta­Fundador,
Bahá’u’lláh, representan una matriz de valores que dan forma y significado
a la vida de 1os bahá’ís y sus comunidades y proyectan una visión de la
sociedad cuya base misma es espiritual. Es fundamental en la visión que
tienen los bahá’ís del mundo el concepto del carácter único de la raza
humana, del cual la igualdad del hombre y la mujer es un principio
espiritual y social fundamental y claramente establecido, conducente a la
integración personal y a la cohesión social.
El carácter de los preceptos y valores de la Fe Bahá’í’ tiene
consecuencias para la definición de la igualdad. A la vez que afirma que
«en realidad, Dios ha creado a toda la humanidad, y en la estimación de
Dios no hay distinción entre lo masculino y lo femenino», las enseñanzas
Bahá’ís afirman que los derechos de la mujer y el hombre «son iguales».
Por lo tanto, se establece como un derecho fundamental la igualdad de
ambos sexos. Los escritos bahá’ís prescriben, además, las medidas
necesarias para cambiar las actitudes individuales y para reparar las
injusticias de la sociedad. Entre estas medidas figuran la enseñanza
obligatoria universal, con énfasis especial en la enseñanza de la mujer;
la eliminación de los prejuicios y la participación de la mujer en
posiciones de adopción de decisiones en todos los sectores de la vida,
todos los cuales, en opinión de los Bahá’ís, tienen autoridad divina.
El concepto bahá’í de la igualdad basado en la espiritualidad enfrenta
directamente dos de los principales desafíos al establecimiento de la
igualdad del hombre y la mujer, a saber, la intransigencia de las
actitudes y la ausencia de un medio social que apoye los cambios.
El Cambio de Actitudes
Con respecto a las actitudes, algunas consecuencias importantes derivan de
un concepto de igualdad basado en valores espirituales. Por ejemplo, para
los bahá’ís la práctica de la igualdad del hombre y la mujer es un
precepto religioso, un aspecto del desarrollo espiritual que han de buscar
mujeres y hombres por igual en sus vidas cotidianas. El siguiente extracto
de los Escritos Bahá’ís describe simultáneamente el ideal y la meta de
desarrollo personal y prevé una sociedad en que la igualdad es la norma:
«En la estimación de Dios no hay distinción de sexo. Quien tenga un
pensamiento puro, una enseñanza superior, logros científicos mayores, y
se destaque en su filantropía, sea hombre o mujer … está facultado para
recibir la plenitud de derechos y reconocimiento; no hay diferencia
alguna».
La igualdad es a la vez una virtud y un derecho. Tan decidida afirmación
de la igualdad derivada de una fuente divina constituye una seguridad
clara de la igualdad, una seguridad que trasciende las dudas personales y
las barreras sociales y, por lo tanto, tiene profundo efecto sobre la
identidad del individuo y su sensación de valor propio.
Una nueva consecuencia de un concepto de la igualdad basada en la
espiritualidad es que la puesta en práctica de este precepto es una
obligación religiosa. La conciencia de esta responsabilidad sirve para
inspirar y motivar tanto al hombre como a la mujer a que ajusten su
conducta a este importante principio y a que establezcan la igualdad como
una práctica social aceptada y recompensada. Sobre la base de este
precepto no sólo se estimula sino que se insta a la mujer a aceptar la
responsabilidad por su desarrollo, a procurar la educación y el
perfeccionamiento de su carácter, a demostrar su potencial latente, a
participar en el mundo en general, a pasar a adoptar decisiones y a
esforzarse para lograr la paz universal. En estos empeños se le asegura a
la mujer que «Dios la confirmará en sus esfuerzos y actividades».
En la puesta en práctica de su responsabilidad espiritual, el hombre, a su
vez, es llamado a reconocer la igualdad de la mujer, porque «cuando los
hombres posean la igualdad de la mujer no habrá necesidad de que luchen
por sus derechos». Se instruye, además, a los hombres a que abandonen todo
vestigio de prejuicios, ya que «la suposición de la superioridad para el
hombre seguirá reteniendo la ambición de la mujer, la aspiración de la
mujer al progreso se verá obstaculizada por ella, y gradualmente perderá
las esperanzas». Finalmente, se insta a los hombres a que estimulen y
fomenten activamente el desarrollo de la mujer: «Esto la inspirará con
esperanza y ambición y aumentará constantemente sus posibilidades de
progresar».
Como el fundamento racional y, de hecho, la justificación de acción tanto
de la mujer como del hombre, es la obediencia al principio espiritual
universal, este marco de apoyo mutuo y de es fuerzo en cooperación para
lograr la meta de la igualdad da lugar al desarrollo más pleno del hombre
y la mujer y al enriquecimiento de la sociedad. De hecho, se logrará la
felicidad de la humanidad cuando el hombre y la mujer se coordinen y
avancen por igual, ya que cada uno es el complemento y el sostén del otro.
Además, como la igualdad es para los bahá’ís una obligación religiosa y el
desarrollo potencial de la igualdad espiritual es ilimitado, la práctica
de la igualdad del hombre y la mujer debe necesariamente seguir
evolucionando en el tiempo para ajustarse a las necesidades de una
civilización en constante progreso, en lugar de terminar una vez que se
logren ciertos derechos mínimos.
El Medio Social
La igualdad facilita un medio social que estimule y apoye activamente este
principio como un ingrediente necesario de la vida. El concepto Bahá’í de
una sociedad unificada y justa no sólo destaca la importancia de la
igualdad, sino que además traza medidas concretas que han de ponerse en
práctica para traducir la visión en una realidad social. Entre esas
medidas figuran el establecimiento de un sistema administrativo que
promueva activamente la igualdad de derechos para ambos sexos y asegure la
participación tanto del hombre como de la mujer en la adopción de
decisiones en la comunidad; un énfasis especial en la educación de la
mujer en parte para reparar las desigualdades del pasado y del presente;
la promoción de la educación universal con igual programa de estudios para
hombres y mujeres, a fin de dar igualdad de acceso a la mujer a todas las
esferas de estudio y el empleo, y la atención permanente a la asignación
de igual valor al trabajo realizado por ambos sexos, incluida la
importante contribución que hace la mujer a la sociedad como madre y
educadora de los niños.
Puede verse por lo tanto que la comunidad bahá’í a escala mundial
constituye un modelo de una sociedad en que tanto el individuo como el
grupo consideran la igualdad del hombre y la mujer como un valor
espiritual universal. Además, tanto el individuo como la sociedad se ven
estimulados a adoptar medidas para poner en práctica este principio. Sus
esfuerzos se entrelazan y refuerzan mutuamente, aumentando la aceptación y
la práctica de la igualdad, con lo cual se ayuda a eliminar la causa de
fricciones y desunión para reforzar los fundamentos de un mundo unido y
asentar las bases de la paz universal.
* Todas las citas de esta declaración proceden de los Escritos Bahá’ís.



Documento BIC #85-0000S
Traducido del original en inglés



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