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Legislaciòn Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo
Bahá'í International Community

Legislaciòn Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo
Una declaraciòn presentada por la Comunidad Internacional Bahá'í al Comité
Preparatorio para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio
Ambiente y el Desarrollo (UNCED - Cumbre Para La Tierra).
Ginebra, Suiza
Agosto 1991



Hace poco más de cien años, en una serie de cartas enviadas a los
dirigentes de la época, Bahá'u'lláh habló de la humanidad como que entraba
a una etapa histórica que traería la reestructuración radical de la vida
sobre el planeta. Desafíos nunca antes vistos, dijo Él, pronto abrumarían
los recursos incluso de los países más avanzados. Podrían ser enfrentados
solamente por un sistema federado mundial cuyo órgano central fuese un
parlamento mundial representativo, dotado de poderes para crear un código
de leyes universalmente acordado y obligatorio. "La tierra es un sólo
país", afirmó Bahá 'u'lláh, "y la humanidad sus ciudadanos".
A medida que la magnitud, complejidad y urgencia de los problemas
ambientales se han ido imponiendo gradualmente a la opinión pública, la
lógica de esta prescripción se ha hecho cada día más aparente. La
maquinaria y procedimientos legislativos internacionales disponibles
demuestran ser inadecuados, ante todo porque se basan en leyes que rigen
naciones-estado. Para la Comunidad Internacional Bahá'í parece evidente
que, a no ser que se adopten nuevos pasos creativos para la
reestructuración del orden internacional, la degradación ambiental por sí
sola, con sus implicancias de largo alcance para el desarrollo social y
económico, conducir inexorablemente a un desastre de dimensiones
sobrecogedoras.
El procedimiento actual para la creación de legislación internacional
sobre el medio ambiente, que aborda solamente un problema a la vez, es
fragmentario y no sistemático. Se han adoptado convenciones, tratados y
protocolos sobre asuntos tan diversos como la protección de la capa de
ozono y el control del tráfico internacional de desechos peligrosos. Se
están negociando otras convenciones sobre cambios climáticos y sobre
diversidad biológica. Aún se han sugerido otras sobre temas como las
fuentes terrestres de contaminación marina. No existe un cuerpo único
responsable por la redacción de legislación internacional sobre medio
ambiente. Tampoco se han puesto de acuerdo las naciones del mundo sobre un
conjunto de principios en que se pueda basar la legislación ambiental. Más
aún, las naciones firmantes de los diversos instrumentos jurídicos son
raras veces las mismas. De esta manera es casi imposible armonizar o
combinar los acuerdos.
Es bien sabido que el procedimiento legislativo internacional es lento,
engorroso y caro. Una vez identificado un problema, se convocan reuniones
de expertos para preparar un borrador de acuerdo. El acuerdo es negociado
por los gobiernos interesados y es firmado en una reunión de
plenipotenciarios. Después de lo que a menudo es un largo período de
ratificaciones y agregados, la legislación entra en vigor, pero solamente
en aquellos estados que lo han firmado. Generalmente se establece una
secretaría que facilite y supervise la implementación de la convención. Si
es necesario modificar la legislación, como fue el caso en el Protocolo de
Montreal, en el que el deterioro de la capa de ozono sobrepasó lo
estipulado en el protocolo, la puesta al día puede ser tan lenta como la
adopción. Muchos países que tienen un número limitado de diplomáticos y
expertos no pueden enfrentar procedimientos tan demorosos y caros,
particularmente a medida que el número de negociaciones va en aumento para
responder a los urgentes problemas globales del medio ambiente.
El actual procedimiento ad hoc para la legislación ambiental sólo puede
llegar a ser m s inmanejable. Se han ofrecido numerosas proposiciones para
proveer mecanismos globales para crear y apoyar un modelo sostenible de
desarrollo. Algunos expertos aconsejan fortalecer el sistema existente de
la NU, reforzando los mandatos de agencias tales como el Programa de las
Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA), remodelando el Consejo
Económico y Social (ECOSOC), o utilizando el Consejo de Administración
Fiduciaria para la administración de ciertos recursos globales. Otros
sugieren crear nuevos cuerpos tales como un consejo para la seguridad
ambiental, un Tribunal Mundial de Justicia del Ambiente, o un cuerpo
internacional para negociaciones ambientales para que prepare, adopte y
revise la legislación internacional sobre asuntos que requieren acción
global.
Por muy bien motivados y de ayuda que son tales propuestas, parece
evidente para la Comunidad Internacional Bahá'í que el establecimiento de
un modelo sostenible de desarrollo es una tarea compleja con amplias
ramificaciones. Est claro que requerir un nuevo nivel de compromiso para
resolver problemas mayores que no est n asociados exclusivamente con el
medio ambiente. Estos problemas incluyen la militarización, la excesiva
disparidad de riqueza entre y dentro de las naciones, el racismo, la falta
de acceso a la educación, el nacionalismo irrestricto, y la falta de
igualdad entre mujeres y hombres. En lugar de un abordaje por partes
concebido para responder a las necesidades de naciones-estado, parece
preferible adoptar un acuerdo general bajo el cual se podrían promulgar
códigos internacionales específicos.
Soluciones de largo alcance requerir n una visión nueva y comprensiva de
una sociedad global, apoyada por nuevos valores. En opinión de la
Comunidad Internacional Bahá'í, la aceptación de la unidad de la humanidad
es el primer prerequisito fundamental para esta reorganización y
administración del mundo como un sólo país, el hogar de la humanidad. El
reconocimiento de este principio no implica abandonar lealtades legítimas,
la supresión de la diversidad cultural, ni la abolición de autonomía
nacional. Pide una lealtad más amplia, una aspiración mucho m s elevada de
la que ha animado el esfuerzo humano hasta ahora. Está claro que necesita
la subordinación de los impulsos e intereses nacionales a las exigencias
imperativas de un mundo unificado. Es inconsistente no solamente con
cualquier intento por establecer la uniformidad, sino con cualquier
tendencia hacia una excesiva centralización. Su meta est bien expresada en
el concepto de "la unidad en la diversidad".
Las Escrituras Bahá'ís visualizan el sistema federado mundial propuesto
por Bahá'u'lláh como uno "a favor del cual todas las naciones del mundo
voluntariamente habrán de ceder sus derechos de hacer guerra, ciertos
derechos de gravar impuestos y todos los derechos de mantener fuerzas
armadas, excepto con el propósito de mantener el orden interno dentro de
sus respectivos límites". Tal mancomunidad mundial incluiría "una
legislatura mundial, cuyos miembros, en calidad de fideicomisarios de toda
la humanidad controlar n, en última instancia, los recursos totales de
todas las naciones integrantes, y estatuirán aquellas leyes que fueran
requeridas para regular la vida, satisfacer las necesidades y ajustar las
relaciones de todas las razas y pueblos. Un poder ejecutivo mundial,
respaldado por una fuerza internacional, llevar a cabo las decisiones a
las que se haya arribado, y aplicar las leyes dictadas por esta
legislatura mundial, y proteger la unidad org nica de toda la
mancomunidad. Un tribunal mundial aplicar y dictaminar su veredicto
obligatorio y final en todas y cada una de las disputas que surjan entre
los diversos elementos constituyentes de este sistema universal". Bajo tal
sistema, "un código único de derecho internacional - producto del criterio
reflexivo de los representantes federados del mundo -será sancionado por
la intervención instantá- nea y coercitiva de las fuerzas combinadas de
las unidades federales...". Al mismo tiempo, "la autonomía de [los]
Estados miembros y la libertad personal y la iniciativa de los individuos
que la componen [serán] definitiva y completamente resguardadas".
Por lo tanto, la Comunidad Internacional Bahá'í urge al Comité
Preparatorio que considere iniciativas audaces y creativas para la
creación de maquinarias y procedimientos legislativos internacionales.
Ningún cambio real es posible sin visión. La Carta de la Tierra que se
propone puede contribuir mucho para articular una visión unificada para el
futuro y afirmar valientemente los valores sobre los cuales debe
descansar. Al trabajar sobre el texto, bien puede ser que el Comit‚
Preparatorio desee referirse a La Promesa de la Paz Mundial, una
declaración hecha a los Pueblos del Mundo que fue emitida por la Casa
Universal de Justicia en apoyo del A¤o Internacional de las Naciones
Unidas de la Paz (AIP).
Los bahá'ís en todo el mundo encuentran que el proceso UNCED es un
poderoso refuerzo del optimismo que ellos sienten para el futuro de la
humanidad. Nosotros creemos que, con el poder del reconocimiento universal
de los peligros que en la actualidad enfrenta el planeta, se puede inducir
a los gobiernos del mundo para que actúen con valentía en representación
de la raza humana como un todo. El resultado bien puede ser no solamente
una respuesta efectiva a los problemas de medio ambiente y desarrollo que
ahora nos enfrentan, sino también un paso enorme hacia adelante en la
construcción de un sistema federal que pueda abordar a la totalidad de los
desafíos que enfrenta una raza humana que se integra rá- pidamente.


BIC Document #91-0812S


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